viernes, 10 de octubre de 2008

El paisaje rural como patrimonio cultural

Cuando hablo con amigos de otros países no europeos (sobre todo de Latinoamérica) comprendo las profundas diferencias que se han producido en pocos años en relación con los modos de vida. Sobre todo en lo que se refiere a la relación entre el modo de vida rural y el modo de vida urbano. Cuando era un niño todavía alcancé a conocer como se vivía en una aldea de mi Galicia natal. Esta forma de vida, en la práctica, ha desaparecido ya en la mayor parte de los países desarrollados. Pero todavía tiene una gran importancia en continentes enteros. Sin embargo, su proceso de desaparición es más lento que lo fue en Europa aunque, desde mi punto de vista, sigue las mismas pautas en todos los sitios. Pautas que pasan por la aniquilación de una cultura (lo folk) por los medios de comunicación de naturaleza estrictamente urbana. Esta desaparición de toda una cultura está relacionada con los intentos románticos de mantener determinados paisajes culturales sin que subsista la razón de su existencia.


Si algo ha cambiado a una velocidad vertiginosa, aunque desde la perspectiva de las ciudades no lo parezca, es el llamado mundo rural. Probablemente se trata de un fenómeno del que todavía no nos encontramos a suficiente distancia como para realizar análisis medianamente fiables del mismo. Pero si echo la vista atrás (sin necesidad de acudir a los recuerdos de mi niñez), cuando en el año 1975 realizaba el trabajo de campo para mi tesis doctoral sobre los asentamientos rurales gallegos o, sólo un par de años más tarde, sobre el paisaje manchego, me doy cuenta del largo camino que se ha recorrido en poco tiempo. Hasta tal punto que el mundo rural de hoy en realidad, y trataré de argumentarlo más adelante, no es tal sino simplemente un mundo urbano algo alejado de las ciudades. Esta contraposición entre el mundo rural y el urbano se ha intentado superar con la creación de una tercera vía a imitación de ambas que no es ninguna de las dos y que se ha constituido en el verdugo de ambas. Por eso el material gráfico que incluyo trata de contraponer el mundo rural a esta forma mixta que adoptan las urbanizaciones periféricas de muchas grandes áreas metropolitanas y que imita las aldeas pero que, de hecho, las han condenado a su desaparición. Las fotos del rural gallego son algunas de las que hice para mi Tesis Doctoral en los años 1974 y 1975. El resto corresponden a la periferia de la ciudad de Madrid y están tomadas de Microsoft Virtual Earth. De esta forma también contrapongo los instrumentos únicos globalizados a la labor artesanal de una persona aislada.


Pero como ya he dicho al principio, esto no pasa en todo el planeta. En áreas geográficas muy extensas de África, de América Latina o de Asia, todavía el mundo rural tradicional, el que todos tenemos como arquetipo en nuestras mentes, tiene una importancia decisiva. No sabemos si el futuro de ese mundo rural será similar a la situación actual del mundo rural europeo pero, en cualquier caso, pienso que es interesante ver como hemos evolucionado y los retos a los que nos enfrentamos. Puesto que pretendo referirme al mundo rural, primero debería plantear cual es el objeto de mis intereses. Para ello, siguiendo el esquema clásico, debería contraponerlo al urbano.


Tradicionalmente, desde el célebre artículo de Louis Wirth titulado “El urbanismo como forma de vida”, publicado en la Revista Americana de Sociología, en 1938, la distinción entre lo rural y lo urbano se ha venido basando, esencialmente, en indicadores sociales. Es decir, que la hipótesis de su diferenciación se refiere esencialmente al modo de vida. Se han utilizado otros, sobre todo el tamaño y el tipo de actividad, aunque con escaso acuerdo entre los diferentes autores. Tres de los indicadores más importantes que atienden al modo de vida, se refieren a las relaciones, y son: la superficialidad, el anonimato y el carácter transitorio de las relaciones urbanas. Se supone, por tanto, dada la dialéctica en la que se ha movido tradicionalmente el binomio mundo rural-mundo urbano, que la vecindad, el conocimiento personal y las relaciones permanentes (incluso a través de generaciones) son características propias del mundo rural. A continuación incluyo un párrafo de este artículo:

Los lazos de parentesco y vecindad, y los sentimientos forjados durante generaciones de vida en común, de acuerdo con una tradición popular, probablemente falten -o, en el mejor de los casos, sean débiles- en una agrupación humana cuyos miembros sean de orígenes, antecedentes y niveles educativos tan distintos, como los que se dan en la ciudad. En tales circunstancias los mecanismos de la competencia y del control formal sustituyen a los vínculos de solidaridad que se establecen en una sociedad tradicional para mantenerla cohesionada”.


En el fondo, subyacen las teorías russonianas sobre el “buen salvaje”. En el año 1539, fray Antonio de Guevara escribe un librito titulado Menosprecio de corte y alabanza de aldea, donde ya se encuentran muchas de estas ideas. Como buen montañés (nació en Treceño), fray Antonio se decanta claramente por “el buen salvaje”. Así, en el capítulo V, que lleva por subtítulo “Que la vida de la aldea es más quieta y más privilegiada que la vida de la corte”, puede leerse:

No tiene poca bienaventurança el que bive contento en la aldea; porque bive más quieto y menos importunado, bive en provecho suyo y no en daño de otro, bive como es obligado y no como es inclinado, bive conforme a razón y no según opinión, bive con lo que gana y no con lo que roba, bive como quien teme morir y no como quien espera siempre bivir. En la aldea no hay ventanas que sojuzguen tu casa, no hay gente que te dé codaços, no ay cavallos que te atropellen, no ay pajes que te griten, no ay hachas que te enceren, no hay justizias que te atemoricen, no ay señores que te precedan, no ay ruydos que te espanten, no ay alguaciles que te desarmen, y, lo que es mejor de todo, que no ay truhanes que te cohechen ni aun damas que te pelen.

Es privilegio de aldea que para todas estas cosas aya en ella tiempo quando el tiempo es bien repartido; y paresce esto ser verdad en que ay tiempo para leer en un libro, para rezar en unas horas, para oyr missa en la iglesia, para ir a visitar los enfermos, para irse a caza a los campos, para holgarse con los amigos, para passearse por las eras, para ir a ver el ganado, para comer, si quisieren, temprano, para jugar un rato al triunfo, para dormir la siesta y aun para jugar a la ballesta.”


Claro, este es el mismo discurso que cuando Maria Antonieta decide hacerse “una aldea” en Versalles, con sus cabañitas, el río, las ovejitas, etc., mientras la Corona explotaba a los campesinos “reales” (o directamente les cortaba la cabeza). Digamos que esta es la parte “positiva” del mundo rural, o el mundo rural visto por un urbanita. Luego está el trabajo en el campo, con el ganado o en el monte, la maledicencia, la superstición, la falta de libertad que produce el que todos tus actos estén fiscalizados...Todo esto no es nada más que el comienzo. Es lo que sucedía al principio: la sociedad rural (a pesar de todo) como sociedad de solidaridad, y al sociedad urbana como sociedad alienada.


Para que esta sociedad de solidaridad funcionara era imprescindible que se dieran, entre otras, dos condiciones: la primera, que tuviera un tamaño adecuado para que la mayoría de sus miembros se pudieran conocer; y la segunda, que fuera una sociedad “completa” en la mayor medida posible. Es decir, que la mayor parte de las actividades pudieran realizarse en el círculo cerrado de la aldea, con incursiones esporádicas a centros de mayor nivel. Es lo que me encontraba hace treinta años en mi recorrido por O Cebreiro o a Terra Chá: doscientos habitantes (eso con suerte), el bar, el maestro, el comercio en el que se podía encontrar de todo, el médico de vez en cuando, etc. Mientras tanto los urbanitas inventaban el reloj o necesitaban poner señales de tráfico en las calles. Digamos que existían dos culturas: la urbana y la tradicional (popular o “folk”, que de todas estas formas se la ha denominado).


Tenemos, por tanto, en el momento del crecimiento imparable de la urbanización, un territorio rural caracterizado por pequeños asentamientos en el que los aldeanos realizaban la mayor parte de sus actividades con incursiones esporádicas a “la ciudad” y con un modo de vida en el que el reloj era un objeto casi inservible y donde el tiempo discurría con ritmos distintos a los urbanos.


Pero ambas formas de vida han ido evolucionando y se han trasformado bastante. Un ejemplo: según Durán publica en su libro Agitadores, poetas, caciques, bandoleros y reformadores en Galicia a principios de siglo los gallegos podían leer más de cien periódicos agrarios. En la actualidad se cuentan con los dedos de una mano los periódicos de este tipo (y sobran los dedos). Aunque sea un tópico, no por ello deja de ser verdad: la forma de vida urbana es expansiva, colonial, y en la actualidad está eliminando progresivamente en todo el mundo la forma de vida rural. Es decir, que la evolución de la forma de vida rural consiste, esencialmente, en su desaparición. Sin embargo, no vaya a pensarse que la sociedad urbana no ha sufrido ninguna evolución y que ha vencido en toda regla, porque no es verdad.


Una de las carencias más significativas de la ciudad ha sido, evidentemente, el contacto con la naturaleza. Este problema se ha concretado específicamente en una de las formas que se han inventado los urbanistas para construir la ciudad. Me estoy refiriendo al movimiento de las “ciudades jardín”. Esta orientación, suficientemente conocida y utilizada hasta la actualidad por muchos urbanistas, presenta algunas características peculiares. La primera, se refiere a las bajas densidades: el lema de “las doce casas por acre”, al que se referían Parker y Unwin. En segundo lugar, la descentralización, con el objeto aparente de relacionar más directamente al urbanita con “el campo”. Y, la tercera, aunque no tan específica de este movimiento: la separación de funciones (es decir, la zonificación). Estas tendencias, originadas en el último cuarto del siglo XIX y comienzos del XX, llevadas al límite y deformadas convenientemente con las posibilidades producidas por la movilidad proporcionada por el automóvil privado han dado lugar a lo que muchos autores llaman “ciudad difusa”, “ciudad a trozos” o, simplemente “anti-ciudad”. Se trata del último episodio de aniquilación de la cultura rural por la urbana, y no sabemos hasta que punto, la tradicional del urbanita por otra nueva cuyas consecuencias no sabemos todavía calibrar suficientemente.


Hasta ahora, las ciudades se habían limitado a ocupar espacios más o menos concentrados y, más allá de los últimos bloques o de los más lejanos suburbios, se extendía aquello que genéricamente era “el campo”. En esta nueva y perversa modalidad, la ciudad tiende a ocuparlo todo apoyándose en las infraestructuras y basando su supervivencia en la movilidad originada por el automóvil.


Como ya he explicado muchas veces en foros muy distintos, la tendencia que se adivina es a vivir en pequeñas comunidades residenciales, separadas unas de otras, todas habitadas por personas de parecidas categoría económica y social, que van a trabajar a los grandes centros especializados o al interior de la ciudad tradicional, compran los fines de semana en grandes hipermercados donde, además, ya pueden ir al cine, bailar en una discoteca o cenar en un restaurante italiano. La nueva ciudad se va haciendo así a trozos, ocupando áreas de campo, y dejando espacios libres entre estos trozos. Pero esta progresiva rotura de la ciudad en partes pequeñas no produce espacios de solidaridad como eran las antiguas aldeas, porque en cada trozo no se integran todas las funciones vitales, si no al contrario, la separación se hace cada vez mayor: entre funciones, entre clases sociales, incluso entre espacios.


Este planteamiento no está todavía consolidado, pero se advierte claramente una mayor fragmentación social, mucho más dura e impermeable que lo hasta ahora conocido, con la población ocupando pequeñas islas de territorio, defendidas en algunos casos incluso por cuerpos de seguridad propios, y con un desconocimiento y, en gran medida, desprecio, por todo aquello que no les afecte directamente. Se trata de una nueva forma de vida que no es la urbana tradicional (ya que algunas de las características que hacían “libre el aire de las ciudades” han desaparecido) y que han estudiado sociólogos como Bauman. Físicamente, “el campo” se esfuma. En un libro escrito hace ya algunos años por mi compañero de departamento Ramón López de Lucio, puede leerse:

Ya no existe esa clara distinción paisajística y funcional entre ciudad -con sus distintos paisajes, épocas y estilos- y el campo. Este, a su vez, se disgrega en fragmentos que, de manera, azarosa, interponen separaciones mayores o menores entre las piezas urbanas. Y con frecuencia pierde su carácter primordial de base para las explotaciones agrícolas, hortelanas o forestales, para convertirse en baldíos semipermanentes o en depósito de detritus urbanos, cuya vocación básica parece ser la de esperar que a su vez les llegue el turno para convertirse en nuevos fragmentos de ciudad”.


Paralelamente, la vida en las aldeas también ha cambiado de forma muy acusada. Por una parte ha llegado la mecanización. Incluso determinadas labores que requieren aparatos muy especializados y costosos, como la cosecha o el rociado de insecticidas mediante avionetas, las empiezan a realizar empresas que contratan los propios interesados para esas labores específicas, con lo que el agricultor, cada vez más se convierte en un empresario que tiene que conseguir fondos europeos, gestionar créditos, contratar personal (normalmente sin cualificar, es decir que no son agricultores), etc. Por otra, el automóvil ha cambiado radicalmente sus posibilidades de movilidad. Ya no compra en el pequeño comercio de la aldea, y le apetece cada vez menos “ir a visitar los enfermos, irse de caza a los campos, holgarse con los amigos, passearse por las eras, ir a ver el ganado, jugar un rato al triunfo, dormir la siesta o jugar a la ballesta”, como nos decía Fray Antonio. Probablemente a menos de cincuenta kilómetros le espere un gran hipermercado, con cines o cafeterías y restaurantes. Así que el concepto tradicional de aldea también se va deshaciendo y, los pueblos se van pareciendo cada vez más a las islas urbanas en que se están convirtiendo las ciudades.


De forma que la ciudad y la aldea la irse aproximando, se van pareciendo más y más. El proceso no es el mismo que hace un siglo. Entonces, la ciudad al crecer de forma compacta absorbía las aldeas, rehaciéndolas e integrándolas en la trama urbana. Ahora, normalmente la ciudad llega a ese campo rota en decenas de esquirlas urbanas mimetizadas por las aldeas en su crecimiento de manera que las modas, las construcciones arquitectónicas o las formas urbanas son similares. Es decir, que la aldea se convierte en una esquirla más de la ciudad aunque sus habitantes se dediquen a la agricultura o a la ganadería.


Este proceso de aniquilación de la cultura rural va acompañado de una recesión de la forma de vida urbana tradicional que, sin embargo, se opone tenazmente a desaparecer, porque los centros de las ciudades históricas se resisten a convertirse en lugares segregados social y espacialmente en los que el espacio público pase a ser una infraestructura de comunicación (peatonal o no) en lugar de un territorio de relación. Sobre este tema ya he dedicado muchas entradas en el blog. Sin embargo he escrito poco sobre el llamado “campo”. Este campo que todavía existe en partes importantes del planeta pero que en Europa ya ha desaparecido casi en su totalidad (todavía resiste alguna pequeña aldea gala…). Por supuesto que hay explotaciones ganaderas, agrícolas o forestales, pero el modo de vida que tradicionalmente iba ligado a ellas, no. Esta sensación de haber perdido algo irremplazable es la misma que tenía Roger Heim cuando denunciaba la desaparición de tantos “monumentos vivientes”. La diversidad cultural es tan importante para la Humanidad como la biodiversidad para la naturaleza. Cuando una lengua, una forma de vida, un oficio, se pierde, todos somos algo más pobres. En Europa hemos perdido ya la cultura que cimentó las ciudades que no es otra que la cultura rural, pero ahora estamos perdiendo también la cultura urbana tradicional. Por muchos Paisajes Culturales que queramos conservar como museos el daño está hecho.


El desprecio sistemático por las formas de vida alternativas, la condena a sus practicantes como apestados (a veces como locos fuera del sistema), nos conduce directamente a una forma de pensar única y a una cultura universal en la que todos hablaremos inglés, tendremos Windows (o Google), beberemos Coca-Cola, veremos a través de unas gafas con monturas rectangulares o nos desplazaremos a un museo del “cultivo en terraza” donde unos falsos agricultores subvencionados por la Unión Europea cultivarán productos hortícolas que luego quemarán porque no cumplen los requisitos agrícolas de homologación. O iremos a un restaurante al borde de un antiguo molino de agua donde una especie de molineros – animadores culturales nos enseñarán (mientras comemos) como se molía el trigo. La harina resultante luego se tirará al río porque, tanto los costes de transportar ese trigo como de comercializar la harina, hacen que lo único rentable sea el restaurante donde, por supuesto, la harina que se utilizará para hacer las comidas vendrá de no se sabe qué industria harinera situada en no se sabe qué país. Pienso que el concepto de Paisaje Cultural no se debería parecer a nada de esto. Cualquier día me invitarán a visitar el Parque Temático del Campo donde remedos de agricultores o remedos de ganaderos nos enseñarán como se aventa el trigo o como se conduce un rebaño. Eso sí, hasta que suene el timbre de salida, momento en el cual se vestirán como cualquiera de nosotros subirán en su coche y se encaminarán a la urbanización donde “viven” sin ver a nadie más que a sus iguales.


Lamento el tono del artículo (demasiado pesimista para lo que suele ser habitual en mí) pero recientes conversaciones acerca del llamado Paisaje Cultural y su significado sencillamente me han parecido una tomadura de pelo. Es evidente que Europa está decrépita pero ¿hasta el punto de intentar sustituir la realidad por una simulación con el exclusivo objeto de conseguir un beneficio económico? En un momento como este en el cual se está viniendo abajo todo el edificio neoliberal con el pensamiento único a la cabeza, y se está viendo que la globalización mal entendida nos hace tremendamente vulnerables a cualquier catástrofe ¿no sería bueno empezar a pensar de otra manera? ¿a admitir lo diverso? ¿a fomentar modos de vida alternativos? No se trata de negar la forma de vida actual ni propongo una vuelta al pasado. De ninguna manera, el pasado no volverá nunca. Lo que habría que pensar es en un futuro diferente, más rico en diversidad, sin monopolios de pensamiento ni de vida. El mantenimiento del Paisaje Cultural europeo no puede hacerse basado en la falsedad, la tramoya y el cartón piedra. El Paisaje debería ser, ante todo, la fachada de una vida que hay detrás. No la fachada sin nada al otro lado del muro. No se pueden resucitar los paisajes agrarios tradicionales a base de decoraciones subvencionadas. Ni los falsos pastores simplemente para que pongan una nota folk en un paisaje aburrido.


21 comentarios:

Anónimo dijo...

Al empezar a leer me vino a la cabeza algo que había leído sobre los ingleses y la India...decía algo así como que el campo en la India estaba muy vivo, que había que destruir todo ese entramado de relaciones tan peligrosas para la colonización...

Dices que "El Paisaje debería ser, ante todo, la fachada de una vida que hay detrás". ABSOLUTAMENTE DE ACUERDO. Me siento estúpida y vacía cuando visito un falso pueblo, con sus "souvenirs" made in china, sobre todo si tratan de imitar "lo tradicional", y como mienten en los folletos turísticos: no deje de comprar la cerámica típica, las cestas típicas, los dulces típicos....Y ya no se qué me deprime más, si los pueblos vacíos (no de gente) o los eucaliptos (los bosques vacíos).

Y no sólo estoy de acuerdo con eso. Con todo: "¿no sería bueno empezar a pensar de otra manera? ¿a admitir lo diverso? ¿a fomentar modos de vida alternativos? No se trata de negar la forma de vida actual ni propongo una vuelta al pasado. De ninguna manera, el pasado no volverá nunca. Lo que habría que pensar es en un futuro diferente, más rico en diversidad, sin monopolios de pensamiento ni de vida". Quizás si todos ponemos 50 euros para que se lleve a cabo una revisión del "aparato auditivo europeo", y sencillaemnte se comenzase a escuchar...No se, lo mejor que se me ha ocurrido de momento es echar el freno. E intentar conocer la realidad que me rodea y otros "puntos de vista" de la historia (europea).

En fin, no sabía que habías estudiado el paisaje manchego. Castilla La Mancha era nuestro destino inicial de este verano, pero el calor nos hizo recorrer el norte. Cada vez que nos preguntaban a dónde íbamos y contestábamos a Castilla La Mancha la respuesta era: "¡pero si ahí no hay nada!", y yo decía o pensaba: precisamente por eso, porque no hay "nada".

Este viernes he cogido en la biblioteca unos cuantos libros que tenía pendientes, y uno de ellos es "Los asentamientos rurales en Galicia". Quizás he leído el epílogo antes que el libro...

Olivia

Anónimo dijo...

Hola Jose, primero enhorabuena por el blog. Me parece indispensable que aún haya sitio para las reflexiones "amplias", más allá del clásico formato post...

Tras leer el artículo sobre el "mundo rural" nos ha sorprendido la coincidencia con algo que estamos trabajando ahora en ergosfera, y que publicamos justo el mismo día y también hablando del caso gallego:¡extra! ¡extra! ¡EL MUNDO RURAL DESAPARECIÓ ANOCHE SIN DEJAR RASTRO!
http://ergosfera.org/extraextra/2008/10/10/%C2%A1extra-%C2%A1extra-%C2%A1el-mundo-rural-desaparecio-anoche-sin-dejar-rastro/

Nos encantaría saber qué te parece la opción de "pseudo-especializar" los pequeños núcleos de población y que ésta parta de testar otras formas de democracia en lugares cuyo "tamaño" haría los experimentos más viables...

"Una de las paradojas que produce la anacrónica diferenciación entre lo rural y lo urbano es que nos vuelve incapaces, como ciudadanos, de entender que más allá de subvencionar al mundo rural, la ciudad está “pagando” la factura de su modo de vida urbano. El territorio ocupado por estructuras de producción agrícola o ganadera es hoy por hoy exactamente igual de urbano que el “centro financiero” de cualquier ciudad. La palabra rural ya sólo se mantiene como patrimonio cultural de una determinada manera de entender y vivir en el mundo."

Andrés dijo...

Hola JF,

sí es cierto que el mundo urbano han ido convergiendo hacia un punto intermedio difuso e in cierto; si este modelo intermedio resolviera las carencias de uno y otro, pues fenomenal... Pero, como bien observas no ha sido así, y en esta convergencia (al menos en España) todo han sido pérdidas: no sólo para el modelo rural, sino también para el urbano sensato que existía.

Un abrazo afectuoso, y hasta otro momento. ;D Am

Anónimo dijo...

"La descentralización con el objeto aparente de relacionar más directamente al urbanita con el campo"...Sinceramente, la persona que quiere estar más relacionada con el campo, (y con todas las cosas que ello conlleva), dudo que se refugiara en esas pequeñas unidades residenciales al borde de grandes ciudades, vivir en el campo es mucho más que todo eso. Es ser consecuente con lo que ese medio de vida te proporciona, es saber entenderlo, amarlo, respetarlo y mantenerlo. NO es aparentar que te importa el campo, y tampoco es que desde la ventana del salón se vean árboles.

El mundo rural ha desaparecido tal y como lo conocíamos.Es una realidad, es una pena y es un fracaso cultural de una importancia incalculable. Con el mundo rural se han ido formas de vida, de subsistencia, formas de afrontar la relación con el planeta, muy válidas y por cierto, muy sostenibles. Todo porque el Ser Humano quería más y más, necesitaba más desarrollo, en todos los aspectos intelectuales y económicos; generando un desarrollo incompatible con otros sistemas, mal entendido y destructivo. No va a volver el pasado, y claro que no tenemos que volver a él, todos tenemos productos de este desarrollo que no estaríamos dispuestos a abandonar, la cuestión está en otro punto del debate ¿porqué no se han pensado fórmulas de compatibilización entre mundo existente y mundo emergente?,¿no sabíamos?,¿no nos ha preocupado?o es que ¿no interesaba?, y ¿a quién no le interesaba?...Realmente la vida actual rural, además de ser residual dentro de la extendida forma de vida urbanita, no está movida por los mismos principios y actividades que antaño.
Me hace gracia Fariña cuando pone siempre el ejemplo de los Hipermercado "sobrefuncionalizados,donde lo mismo se plancha un huevo que se fríe una camisa. Siempre me han resultado lugares con unos niveles de falsedad muy elevados, empezando por la propia arquitectura y acabando por el modo en que el ser humano se comporta dentro de los mismos(y he observado mucho al respecto).
Y me pregunto ¿qué satisfacción genera habitar esos espacios?¿qué vivencias tan increíbles aporta?...

Un saludo

Adri

Martín dijo...

"Pautas que pasan por la aniquilación de una cultura (lo folk) por los medios de comunicación de naturaleza estrictamente urbana. Esta desaparición de toda una cultura está relacionada con los intentos románticos de mantener determinados paisajes culturales sin que subsista la razón de su existencia."
No consigo comprender la primera mitad, aún cuando de la segunda entiendo que se refiere al egoísta modo de vida del "difuso-urbanita" que contamina de industrialidad el mundo rural. Supongo que ese especimen es una especia invasora.

Alfonso dijo...

Estimado profesor,
me ha parecido acertadísimo su artículo una vez más. Verdades como puños. Y no es que se ponga pesimista, es que dice las cosas como son, no se disculpe.
El llamamiento final es enormemente sugerente, pensar otros modos de vida, mirando hacia adelante, y utilizando el leve recuerdo que nos quede de lo que tuvimos.
Por otra parte el tema parece más que oportuno en estos momentos en los que se está volviendo con una ingenuidad insultante a aludir al concepto de "huerto urbano" una y otra vez. A mí eso, de momento, me sigue pareciendo como las figuritas de Lladró de pastorcitos, no sé. también se escucha mucho lo de "vivero de empresas" y chorradas por el estilo. El anhelo por consumir productos "orgánicos" es una obsesión ya para muchos. Y está claro que si fuesen orgánicos no habría para todos. Será que en el fondo todos estamos añorando ya esto que nos hemos cargado. Hay también neo-rurales de diseño, los de la "vida lenta", pero eso es como disfrazarse ahora de visigodo, no sé.
Pero quién sabe, igual algún día seamos capaces no sólo de producir algo dentro del planeta-ciudad (cuando no quede nada fuera de él desde donde importar coas "orgánicas"), sino además recuperar con ello valores sociales que nos hagan vivir mejor. Así es como me gusta interpretar su brillante artículo.
Ojalá.

Anónimo dijo...

Me resulta verdaderamente claro el comentario de Alfonso al artículo de Fariña, claro, directo y sincero. Realmente me siento identificada con lo que Alfonso denomina "y chorradas por el estilo", y es que en nuestra escuela se dicen muchas, pero muchas, algunas muy graves; y todas generadas desde la más completa ignorancia, y sólo buscando la justificación más oportuna y a la moda, a ser posible, que legitimice su sueño formal y el embelesamiento mental que le producen esas formas, ideas y colores, salidas de su mente superficial e interesada, y de su mano cultivada en tantas y tantas horas de estudio de lo expresivo en lo gráfico; y no de un estudio en profundidad de la cuestión acompañada de una guía teórica indispensable que permita entender cómo la propuesta adquiere una dimensión práctica, una dimensión real, que en caso de constituir una reflexión sincera y construible, permita su formalización material.
Y sucede que en nuestra disciplina el lenguaje nos juega malas pasadas, y el alumno ávido de éxitos académicos, contamina su mente con la confusión que le produce la diferencia entre lo que dice que está haciendo y lo que realmente hace;y aun cuando parece que los dibujos responden más a sus palabras, perdidas en un aula con sillas y mesas revueltas, en las que las clases se disponen entre orador y alumnos, en el eje perpendicular al que se presupone de uso habitual; que a su conocimiento sobre los temas que maneja con soltura y desparpajo, ayudado en su verborrea espontánea por lecturas mal comprendidas de diversos campos, muy a menudo incompatibles, pero hermanados a la perfección en su mente y en su proyecto.
Y sucede casi siempre que para el que sabe lo que hay, o por lo menos ha conocido parte de lo que había, efectivamente, resulta insultante, como indica Alfonso. Sobre todo porque podemos caer en un fenómeno que es todavía más grave: creer que estamos acometiendo el problema, y que estamos proponiendo soluciones válidas.
En fin,no es pesimismo una vez más, es que hace falta mucha dosis de realidad en este mundillo nuestro...

Un saludo
Adri

flaf dijo...

Bien podemos entender que la vida rural ha cambiado mucho debido, entre otras cosas, a la emigración a la ciudad o la explotación urbanística de segunda residencia que existe en ciertos puntos cercanos a grandes nucleos urbanos; pero la sensación tanto de paz como de naturaleza o paisaje inherente al pueblo sigue existiendo (o al menos es así como yo lo siento cuando voy al mio), esa conciencia de gran vecindad donde el saludo no es negado a nadie, es más, casi es obligado saludar por la calle cuando te cruzas con alguien aún no conociéndole. Lo mismo pasa en ciudades pequeñas (soy de Ávila)que el concepto de barrio, de comunidad sigue estando, no se niega el saludo o la pequeña conversación de portal con los vecinos. Digo esto porque en Madrid es totalmente imposible, al menos en los lugares donde yo he vivido, la vida comienza dentro de la casa de cada uno, y todos somos extraños aún viviendo pared con pared. También la vida está más ligada al coche, a entrar por el garaje evitando así cruzarse con nadie, y al final es verdad que "el roce hace el cariño".
¿Cuánto puede esto implicar en el territorio rural? Es cierto que lo que antes eran terrenos de cultivos ahora son, en su mayoría, tierras perdidas. Pero intentando mantener una lógica urbanística y evitando el desarrollo de adosados o urbanizaciones aisladas y autosificientes se podría seguir manteniendo una sensación de pueblo más coherente, comprensible y agradable. Y esas tierras perdidas ya reverdecerán o se asilvestrarán, pero mantendrán su carácter de parcelación, sus lindes, sus arboles frutales, las acequias y las obligaciones de paso unas con otras.
He de decir que estoy ahora mismo pensando en mi pueblo que aún no ha sido colonizado por la construcción de unifamiliares; los emigrados de entonces (mi familia por ejemplo) siguen volviendo a sus hogares de toda la vida y las pocas nuvas viviendas se mantienen dentro de la almendra urbana, no excediendo los límites urbanos. Aunque supongo que todo cambiará debido a que está en desarrollo un nuevo Plan General con intenciones tanto de agrupación parcelaria como de convertir gran parte del terreno dedicado a huerta en solares urbanizables.
Por cierto, soy del grupo de la optatica de "territorio y paisaje" y es un placer intervenir por primera vez en este blog; nuestro proyecto de "CAbanillas Mistico" se ha transformado en "Guadalix Desconocido". Aún no hemos empezado más que con un análisis del entorno y la "no"intervención está por llegar.
http://guadalixdesconocido.blogspot.com
Las clases van muy bien y esperamos su pronta recuperación.
Saludos
José

Anónimo dijo...

Adri, no se si darte las gracias por pensar, por ver o por explicarte tan bien...Recuerdo el primer día de clase de Proyectos...

"...todos tenemos productos de este desarrollo que no estaríamos dispuestos a abandonar..."
No se, lo veo tan negro a veces que estaría dispuesta a renunciar a mucho por evitar... Y no se si es mi imaginación, pero cada vez veo más gente buscando en la basura...y más temprano, incluso con luz de día...

"...(y he observado mucho al respecto).
Y me pregunto ¿qué satisfacción genera habitar esos espacios?¿qué vivencias tan increíbles aporta?..."
Los que se preguntan ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿quienes somos?...no saben lo que son preguntas trascendentales, ¡los grandes misterios de la humanidad!... ¡este sí que es un misterio!
No se si es la dinámica en la que nos encontramos inmersos. Aunque te agote (no se los demás, pero yo he comprado en el carrefour y agota) ir al carrefour es "lo mejor que puedes hacer". El sábado no trabajas. Pasear es una pérdida de tiempo, para eso ya está el domingo, para pasear y ver escaparates. Si hay una exposición interesante, también es una pérdida de tiempo porque el arte no lo entiendo. ¿Hacer ejercicio? ¿Jugar con los niños? No, no, lo único que se me da bien es el sofá... No se me ocurre qué hacer y allí tengo de todo para matar el aburrimiento...
Cuanto más alienados nos mantengan, tanto mejor, que así consumimos más.

"¡extra! ¡extra! ¡EL MUNDO RURAL DESAPARECIÓ ANOCHE SIN DEJAR RASTRO!" Muy bueno... aunque creo que todavía hay rastro, aunque tengan ochenta años y no les quede mucho por desaparecer...


"El territorio ocupado por estructuras de producción agrícola o ganadera es hoy por hoy exactamente igual de urbano que el “centro financiero” de cualquier ciudad" Tienen vacas y compran en el carrefour. Necesitan un mueble y ya no hay carpintero en el pueblo (creo que alguno queda). Además sería más caro que el contrachapado que le trae el nieto del IKEA y que "queda muy bonito". Y se publican pequeños libros de asociaciones culturales del tipo "A cantería, un oficio a se extinguir". Lo rural ya no es peligroso para el sistema, así que ¿por qué no quedar de "progres" y subvencionar para montar todo este circo y acallar a los tontos melancólicos que se apenan por su desparición?

He leído algo acerca del funcionamiento del cerebro (muy poco todavía para sacar conclusiones, pero voy a ser atrevida). Parece ser que el hemisferio izquierdo del cerebro, el que rige la parte derecha, domina sobre el hemisferio derecho, que evidentemente, rige el lado izquierdo. Que este hemisferio dominador es el resposable del lenguaje, la lógica, lo lineal, racional, temporal... (así de memoria). Y que el hemisferio dominado es el responsable de lo no verbal, la intuición, lo espacial, no racional... Que el sistema educativo potencia y premia el hemisferio izquierdo, y olvida y desprestigia el derecho. Y se me ha ocurrido que no sólo el sistema educativo lo hace, sino el SISTEMA con mayúsculas. El hemisferio derecho es el responsable de ver las relaciones entre las cosas y éstas como un conjunto, y actuamos como si sólo existiese el mañana sin pensar en las consecuencias...
Es lo de siempre... No se, quizás sea sólo una estupidez

Olivia

José Fariña dijo...

Gracias por vuestros elogios y también por señalar los aspectos negativos que encontráis en los artículos (algunos por correos privados, os animo a que los hagáis públicos, tanto unos como otros). Me hubiera gustado iros contestando a cada uno conforme iba recibiendo comentarios pero he tenido una semana bastante complicada (pero bien, todo estaba previsto) y no he podido. Trataré de hacerlo la próxima vez.

Olivia, "Los asentamientos rurales en Galicia" fue el primer libro que publiqué. En realidad se trataba del resumen de mi tesis doctoral titulada "Propuesta de un modelo restringido sobre las formas de asentamiento de la población rural en Galicia". Como resulta que ganó el premio de tesis doctorales del antiguo Instituto de Estudios de Administración Local tuvieron que publicármelo. Pero en su publicación sufrió varios recortes, unos hicieron que ganara en legibilidad pero otros (particularmente en el apartado gráfico) mermaron mucho sus aportaciones. Visto en la distancia me siento casi como un notario que levanta acta del estado del rural gallego en los años setenta del pasado siglo. Por otra parte, como nadie más lo ha hecho (sólo mi padre se acercó al tema pero desde otra perspectiva) casi es la única fuente a la que acudir. Pero, ni se hacían propuestas (la única era considerar a la parroquia como unidad elemental de asentamiento) ni casi me atrevía a pronosticar el futuro de estas aldeas lo que, ahora, a toro pasado, es muy sencillo. Por otra parte podrías desarrollar algo más tu idea sobre los hemisferios cerebrales y el funcionamiento social. A priori parece una idea interesante.

Me ha interesado leer lo que habéis publicado en "ergosfera" y coincido casi plenamente en el diagnóstico. No tengo tan claro que haya que especializar los pequeños núcleos de población. Lo que estoy proponiendo, no sólo para los ex-asentamiento rurales sino también para las nuevas periferias metropolitanas, es huir de las soluciones únicas. La diversificación en las soluciones con modelos que incluyan soluciones con planteamientos muy distintos pienso que es el futuro. Como veréis, algo de esto va a aparecer en el siguiente artículo del blog que trata de las ecoaldeas. Pero, además de ecoaldeas hay que hacer algo con la ciudad fragmentada de las periferias (que incluye parte de los antiguos "núcleos" rurales). Y aquí también hay que apostar por la diversificación pero intentando un funcionamiento más racional que no implique cientos de viajes generados en automóvil privado (que es, seguramente, hacia donde conduciría vuestra "pseudo-especialización"). Al contrario, una de las propuestas de diversificación pasaría por concentrar servicios y equipamientos en lugares ya existentes de alta centralidad como pueden ser los centros comerciales. Centro comerciales con bibliotecas, ambulatorios, locales para la juventud y la tercera edad, en funcionamiento casi continuo podrían ahorrar muchos viajes de un fragmento a otro de la periferia. Habría que fomentar el tele-trabajo en algunos de los pequeños asentamientos que podrían funcionar en forma de red para lo cual se necesitaría una infraestructura mínima ahora inexistente... Variedad, diversidad de soluciones.

Adri, veo que te estas radicalizando por momentos. Enhorabuena. Eso es lo que espero de los jóvenes. No se puede ser conformista a los veintitantos, hay que intentar arreglar el mundo. Sobre todo si esos intentos van acompañados de un pensamiento racional (como es tu caso) que ponga el contrapunto al romanticismo.

Martín, a veces de tanto escribir lo mismo doy por supuesto que casi todos han leído en algún momento determinados párrafos. Y, entonces simplifico. Pero tienes razón, el párrafo no se entiende demasiado. Me estaba refiriendo a que, en el mundo rural, el medio de transmisión de información es, básicamente, la tradición oral y (por ejemplo en la arquitectura popular, ver Drew: "Tercera generación" o Alexander "Un lenguaje de patrones") el método de ensayo y error. Este medio de transmisión no tiene nada que hacer frente a los periódicos, la radio o la televisión, propios de la cultura urbana que han terminado con la tradición oral y otras formas no invasivas de cultura. Respecto a la segunda parte tampoco la he debido de explicar muy bien porque en ningún momento pretendía referirme a ninguna "especie invasora" (a menos que se entienda que hombres y mujeres lo son) que contamina de “industrializad” el mundo rural. Me refería, más bien, a los intentos de la Unión Europea, siguiendo el modelo suizo basado en gastar enormes cantidades de dinero para mantener decorados rurales, de subvencionar prácticas agrícolas no rentables para intentar mantener determinados paisajes tradicionales.

Alfonso, tienes razón con buena parte de los llamados "huertos urbanos". Sin embargo, los intentos de diversificar los modelos de arquitectura, asentamientos y actividades no me parece mal. Si en el patio del adosado, en vez de una cespedera plantáramos tomates probablemente sería mejor. Si no tenemos adosado, algo parecido a un huerto urbano podría servir para acercar el producto al consumidor a la vez que la naturaleza al urbanita. Deberíamos de empezar a huir del pensamiento único y de las soluciones perfectas (y, por tanto, únicas) como del mayor mal que nos acecha en este siglo. Creo que te equivocas en el tema de "la vida lenta". No se trata de disfrazarse de visigodo. Es que, aunque no te lo creas, hay bastante gente que piensa de forma distinta a como pensamos tu y yo y actúa en consecuencia. Yo no vivo "lentamente" ni está, de momento, en mis expectativas vitales hacerlo. Sin embargo, creo firmemente que mi deber como urbanista o como arquitecto es posibilitar otras formas de vida alternativas. Porque cuanto mayor sea la diversidad de culturas, de enfoques vitales, más fuerte se hará la Humanidad. Hay que aprender de la Naturaleza que es diversa y, gracias a ello, pletórica y maravillosa y está muy bien preparada para resitir las perturbaciones externas que aparecen de vez en cuando (incluso las debidas a la antropización, ya se está defendiendo).

Flaf, ¡qué pena lo del Cabanilla místico! habría sido divertido un intento de intoxicación controlada. He entrado en la página y ya veo que estáis recopilando información. Intentaré ir a veros la semana que viene si los médicos que dejan un respiro pero sé que con Ester estáis perfectamente atendidos. Tienes razón en que, además del mundo rural y las grandes áreas metropolitanas todavía existen los pueblos (lo mínimo que se despacha en urbano antes de descender al mundo rural) y las ciudades intermedias. Algún día tendría que hablar también de esto porque, para algunos estudiosos, se trata del futuro (o del ideal de vida del futuro) y se propone como solución a los problemas del actual caos en que están sumidos nuestros territorios.

Anónimo dijo...

“Ya no es cierto, aunque te lo muestren en poemas, desdéñalo.//
Y admite que la vida aldeana es una vida de dolor.”

Raymond Williams, filólogo, crítico literario y padre de los estudios culturales, empleaba este par de versos del poeta inglés George Crabbe como ritornello constante en su magnífico “El campo y la ciudad”, que seguramente conozcáis. Crabbe y otro puñado de escritores recordados por Williams vieron a Inglaterra convertirse en el taller del mundo durante el despegue industrial de la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX. A través de la denuncia literaria del ocaso de la vieja vida rural, Williams pretendía mostrar la falsedad de la poesía pastoral dominante en la época.

Sin embargo Crabbe (y Williams) iban más allá: la desaparición de la sociedad aldeana podía alimentar un nuevo mito sobre la dorada edad pretérita, pero la penetración paulatina de la manufactura y los comerciantes y empresarios urbanos en el tejido rural servía a muchos, en definitiva, para abandonar el último peldaño de la miseria inglesa… y acceder al penúltimo. Crabbe (y sobre todo Williams) se criaron en un entorno rural, conocieron las penalidades del campo y tuvieron la suerte de que éste entrara en la órbita de la ciudad, permitiéndoles el acceso a una nueva dimensión de oportunidades.

Cuando releo el libro pienso en mis abuelos, en la dureza y el tedio de esa vida telúrica que experimenté directamente y sin quererlo, de sol a sol como suele decirse, durante los interminables veranos que pasé trabajando en el campo en mi infancia manchega. También los abuelos de Williams, a los que dedica su libro, eran trabajadores rurales. Recordándolos al preparar su trabajo, el autor debe de haber meditado más sobre el destino de aquéllos que recibieron el ‘campo’ que los ingleses estaban desmantelando en el XVIII que sobre el eclipse del paisaje tradicional, sin que esto impida una profunda consciencia de esa pérdida irreparable y su repercusión social y ambiental.

Algo similar me ocurre, José, al leer esta entrada de tu blog, que me parece transita por esa cuerda de alambre en la que tan difícil es mantener el equilibrio entre las solicitaciones de lo viejo y lo nuevo, cuando nuevo y viejo pintan negros desde la perspectiva de la justicia social.

En algo sí que leo un espíritu fresco, firme y sano por tu parte: comparto tus dudas acerca de los discursos en torno al ‘paisaje cultural’, tan fácilmente manipulables desde arriba. De nuevo esto me retrotae a la Inglaterra del XVIII, en la que los miembros de la ‘gentry’, los nuevos ricos del comercio que se retiraban a la tierra tras una carrera de riesgo y éxito, inventaron el paisajismo y el jardín pintoresquista como un dispositivo de placer que, dispuesto en torno a sus casas solariegas, impedía la visión de sus propiedades agrarias, roturadas y explotadas sistemática y geométricamente, y de esos miserables animales, sus jornaleros.

Un fuerte abrazo y toneladas de ánimo en estos días difíciles.

a s b

Federico García Barba dijo...

Me ha parecido muy interesante la reflexión. Sobre todo ahora que vivimos rodeados intelectualmente por una especie de idea romántica y esteroptipada del retorno a la vida campesina.
Creo que en nuestros paises y regiones ya no va a ser posible. Y la idea de la extensión de la diversidad en los modos de uso del territorio me parece muy inteligente.
No obstante, echo en falta una reflexión sobre la experiencia estética del paisaje que algunos reclaman proteger (vease, la Carta de la Convención Europea del Paisaje que España acaba de ratificar)y esa manía de burocratizar la salvaguarda de un espacio que desaparece mediante normas como los planes y leyes sobre la cuestión paisajística tal y como la conciben los geografos y otros profesionales de nuevo cuño.

Anónimo dijo...

Pensando en la manera de poder vivir de otra manera... si quieres salir de aquí ¿cómo podría vivir?¿de qué? Aún suponiendo que tienes casa y tierra, te lo ponen realmente difícil. Y me he dado cuenta, o he visto el rural con otros ojos: ¿tan mal estabas? lo siento, no me había dado cuenta. Casi te dan ganas de llorar cuando comprendes realmente el alcance de todo este sistema, de esta estructura demencial. Como nos hacen entrar, nos dan unos valores, y como aún dándote cuenta de que no quieres esos valores, lo atado que estás para poder cambiar algo. Ves que la gente se ha pasado la vida trabajando ¿para qué? Un piso, un coche, cosas, una estúpida casa.... si en vez de esto se hubiesen hecho con una pequeña casa y algo de tierra... Y estas cosas les han hecho ser cada vez más egoístas, individualistas, envidiosos, infelices... o al menos es lo que he visto en la gente que me rodea. Y como los padres descargan sobre sus hijos...Un sábado-noche no hace mucho le dije a mi novio (es raro eso de “mi novio”): “¿Sabes lo que realmente me apetece? Estar sentada en una mesa cunha “tasa de viño”, con gente como mis abuelas o mis tíos...” Un amigo que estudia sociología me dijo que para él, al final, existen como diversas capas de realidad posibles o algo así. Llevo un tiempo hablando con mis abuelas realmente bien. Hablamos de cosas, no se, de la vida, de sus vidas, de la sociedad (de una manera nada técnica)... y puedo proponerles una revolución que me escuchan sin asustarse y sin pensar que soy terrorista o algo así, por mucha televisión que vean. En “As Encobras” me gusta cuando el señor describe: “non faltaban tódolos días dúas ou tres horas de leria. Porque traballabamos moito, pero tamén descansabamos moito. Non é como aghora, que todo é televisión, e ti falas, eu calo.”

.”Por muchos Paisajes Culturales que queramos conservar como museos el daño está hecho “
“¿no sería bueno empezar a pensar de otra manera? ¿a admitir lo diverso? ¿a fomentar modos de vida alternativos? “

Lo intento, de verdad que lo intento. Pero mientras el sistema no cambie, la estructura... mientras la gente no sea más libre, abandone esos estúpidos valores que nos ha calcado, se respeten... no se.

Me alegro de que estés mejor

Olivia

Anónimo dijo...

Después de leer esta visión tan lúcida de la evolución del mundo rural en el que yo también me crié, me he acordado de este anteproyecto de ley de la COmunidad de Madrid, con el que me he tropezado, y que espero sea una broma.
El título ya escama "Anteproyecto de Ley de viviendas rurales sostenibles", y el texto y las intenciones que hay detrás son aún peores.
Os copio algún pasaje de la exposición de motivos, porque quedan para los anales del disparate:
"Una aspiración de los ciudadanos hoy en día es la de poder vivir en el campo y trabajar en la ciudad. La presente Ley de Viviendas Rurales Sostenibles responde a ese
anhelo de los madrileños por vivir en entornos menos urbanizados en contacto con la Naturaleza."
Un modo de vida más próximo a la Naturaleza no conlleva necesariamente una renuncia a las ventajas y posibilidades que proporciona la ciudad, y a la vez aporta indudables beneficios tanto para el individuo que lo elige como para el medio ambiente."
"De un lado, el contacto inmediato con la Naturaleza mejora la calidad de vida del individuo. De otro, cuando el ciudadano establece su vivienda en el campo,
entendiendo por tal el suelo rural, se convierte en un agente activo en su cuidado y conservación, pues se ha demostrado que el abandono es una de las principales causas
de deterioro del mismo."


Desde luego cualquier interés por el paisaje y el desarrollo del mundo rural brilla por su ausencia.

Por favor José si lo conoces y sabes algo al respecto te agradecería un comentario, y alguna idea para echarlo atrás...

Un saludo

yago dijo...

Hola José. Supongo que conoces esta inciativa e Habitat Social, que trabaja en el límite geográfico entre campo y ciudad. Su proyecto Hortas na cidade dos barrios se define así: "Iniciativa para a hibridación das dinámicas urbanas e rurais mediante
a recuperación de hortas nas aforas da cidade da Coruña". http://habitatsocial.coop/experiencias.html . Un saludo.

José Fariña dijo...

Yago: la verdad es que no conocía la iniciativa pero me parece muy interesante. Además, en un país como Galicia con una tradición rural muy arraigada lo suyo es que los gallegos vayamos por delante en este tipo de cosas. Por desgracia esa misma tradición rural nos hace más conservadores (en el sentido no ideológico del término) y, muchas veces impide el desarrollo, consolidación y réplica de experiencias valiosas. He estado leyendo detenidamente toda la página y muchas de las propuestas están en la línea de innovación más avanzada según lo que conozco de otras similares.

FTF dijo...

Perdón por irrumpir en sus comentarios. Nací en la Gallaecia, aunque emigrado con 14 años a Madrid y cercano a los 70. Me gustaría preguntar al autor y/o comentaristas por las razones de ser del sistema disperso de asentamientos del mundo rural gallego, sobre todo del interior (Lugo y Orense). ¿Motivos religiosos, la parroquia? No me convence. ¿Sistema de concesiones a antiguos exlegionarios romanos?, ¿quizá la escasa influencia del sistema mediaval de burgos de otras regiones? Porque me llama la atención que se haya producido cuando desde una perspectiva económica es poco eficiente. Mayores costes por distancia; lejos las fincas; inexistencia o débiles economías de aglomeración, baja socialización y solidaridad vecinal, etc. Seguro que hay alguna (muchas) explicaciones ya escritas. Gracias.

José Fariña dijo...

FTF: no interrumpes nada. Además, aunque lo has escrito en un artículo ya antiguo está muy relacionado con el último sobre el sprawl. Por supuesto que hay bastantes publicaciones que explican el disperso rural. Que no es sólo de "la Gallecia" como dices sino de todas las áreas rurales con un clima y un suelo que permite los cultivos más o menos intensivos. Desde la campiña inglesa, a la alemana, pasando por Euskadi. Ya hace más de un siglo que Walter Christaller propuso la teoría de los lugares centrales que partía de lo que llamaba la ciudad-mercado (lo mínimo que se puede despachar en ciudad) con un entorno aproximado de 4 kms de radio de la que dependía todo el rural del exágano que se formaba al unirla con los demás. A partír de ahí explicaba la organización del todo el territorio y las ciudades de niveles sucesivos.

Debes de tener encuenta que la eficiencia no se consigue de la misma manera si hay o no automóviles privados. Y antes de los años cincuenta del pasado siglo XX había muy pocos. De forma que la eficiencia era la que permitía los traslados a pié, en carro o en caballerías al lugar de intercambio primario de los productos agrarios o ganaderos. La respuesta a tu pregunta daría para escribir un libro. Unha aperta.

FTF dijo...

Muchisimas gracias

Kilama dijo...

Muchísimas gracias!

pepelob dijo...

don José:

He descubierto el blog en el último post del sprawl y como ahora el tiempo es amplio me estoy actualizando desde los primeros artículos de Sostenibilidad. Mil gracias.

Estos días de octubre unos amigos preparamos una salida al norte territorial de Palencia, y como opción a hacer una salida de bici turística paralela al Canal de Castilla les propongo la alternativa de las ermitas del románico. Como conocía la zona de los años ochenta y ahora he vuelto, les mandé un mail donde dejaba impresiones de mi sentir del cambio percibido, justo el que tú reflejas en este artículo. Esto decía:

Quiero decir que aquí –más arriba en Asturias aún no tanto-, no podemos buscar una aportación de nuestra condición de urbanitas en huída al “campo” primigenio. Lo rural de siglos ha fenecido en estos dos decenios casi definitivamente en esta zona, y bueno, no es como el entorno rural de Madrid, tristes dormitorios en gran manera aunque cueste decírnoslo, pero en fin.

Cuando estuve pro primera vez en Moarves para ver el pantocrátor de la fachada frontalmente, año 1980, me subí con permiso de los labriegos que estaban echando heno al sobrao de planta alta; me dejaron con gusto, entonces nadie se acercaba a este lugar; en el 2000 vuelvo, pero se había transformado en casa rural y me cobraban por subir a planta alta, un dormitorio.

La parte media entre Foldada y Salinas la hice en coche con mis tías la pasada semana de paso a Aguilar de Campoó, y constato una diferencia no trivial comparando con los viajes de los noventa: 1 los pueblos están ahora todos asfaltados/ hormigonados en sus viales -no animales domésticos o apenas-; 2 en este viaje último ya no hay etnia del lugar, o como mucho son ya generaciones pasadas por filtro urbano, la siguiente generación. Entonces nuestro paseo será de turista en bici en entorno de “gran museo étnico” natural: no somos ya “viajeros”.

Esta idea de cierta prevención o rechazo a mirar al pasado a través de elementos urbanos o decorativos hoy ya fuera de su uso me repele si voy a integrarme en una expedición turística (expediciones ajenas generalmente a actitudes críticas), de ahí el mail preventivo para situar posiciones.

Pienso que este rechazo a visualizar el entorno rural ya fenecido con el endulzamiento nostálgico que da el marco de lo restaurado es lo que podemos percibir en el escritor viajero Bruce Chatwin, y sorprende más por su pasado como director dos años de Shoteby´s en Londres a primeros de los sesenta: siendo gran especialista en antigüedades llega a renegar de ellas por su condición de objetos de cambio pero ya sin uso, como se desprende de la lectura de su novela Utz –atípica guía que recomiendo para arquitectos y asimilados en visita a Praga-.

Gracias José y paso al siguiente tema.

Pepe Lobato