jueves, 18 de noviembre de 2010

Accesibilidad “universal”

Hace más o menos un mes tuvo lugar en la sede del ya desaparecido Ministerio de Vivienda la presentación del libro Accesibilidad de los espacios públicos urbanizados, redactado con motivo de la aprobación de la Orden Ministerial 561/2010, de 1 de febrero, por la que se desarrolla el documento técnico de condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación para el acceso y utilización de los espacios públicos urbanizados. Entiendo que esta Orden Ministerial tiene una gran importancia ya que permite unificar lo que las Comunidades Autónomas habían ido preparando, y desarrolla los criterios y condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación aplicables en todo el Estado presentados de forma general en el Real Decreto 505/2007, de 20 de abril. Es de aplicación a los espacios públicos de nueva creación, y a partir del 1 de enero de 2019 lo será "en aquellos que sean susceptibles de ajustes razonables, mediante las modificaciones y adaptaciones que sean necesarias y adecuadas y que no impongan una carga desproporcionada o indebida" (disposición transitoria, OM 561/2010).

Parte de la portada del libro

El libro que se presentaba lo considero de lectura recomendable para todos aquellos que, de una forma u otra, tienen relación con la construcción de la ciudad. Consta de tres partes. En la primera se analiza el contexto normativo. En la segunda se estudian los contenidos del documento técnico, y en la tercera se incluyen una serie de reflexiones y criterios relacionados con la accesibilidad en la ciudad. Al final de este articulo he incluido la referencia correspondiente así como el listado de colaboraciones de cada una de las tres partes. Todavía tengo en mi recuerdo aquel Manual para proyectar sin barreras arquitectónicas que Guillermo Cabezas Conde publicó en el año 1978 y que supuso un avance notable y una ayuda inestimable para muchos profesionales. A Guillermo Cabezas, arquitecto y profesor, fallecido en el año 2005, todavía no se le ha reconocido suficientemente su trabajo por parte de los arquitectos. Sirvan estas palabras de homenaje a su persona y de reconocimiento a su labor. Desde entonces han cambiado bastante las cosas e incluso el mismo concepto de “barrera arquitectónica”. El acto de presentación fue bastante animado y se dijeron cosas dignas de ser conocidas por más de las cerca de cien personas que llenaban la sala. Hubo intervenciones muy interesantes a cargo de Ángela de la Cruz, Fernando Alonso, Mario Calle, José Antonio Juncá, Marcos Montes o Javier García-Milá, entre otros. Afortunadamente parece que van a ser “accesibles a todos” a través de Internet. Cuando tenga el enlace lo pondré aquí mismo como hice en el caso del Libro Blanco. A mí me correspondió leer la conferencia inaugural. Las reflexiones que siguen están basadas en dicha conferencia.

Parte de la portada del manual de Guillermo Cabezas

El espacio público (calles, plazas, parques) ha cumplido muchas funciones a lo largo de la historia de la ciudad. Probablemente la más importante haya sido la de establecer un marco para la vida ciudadana. La ciudadanía se formó, y se forma en estos espacios. También en ellos se aprende urbanidad. Es decir, se aprende un tipo de convivencia distinta a la que se producía en las aldeas. Un tipo de convivencia que trata de regular la relación en el anonimato mediante la educación cívica. Pero a lo largo de la historia ha acumulado muchas más funciones. Ha sido el lugar de conflicto por excelencia o el sitio en el que la ciudadanía celebra sus fiestas o representaciones populares. También ha sido lugar de interacción entre desiguales. Esto se puede ver todavía en muchos lugares del mundo y en sitios y en momentos muy especiales. Particularmente en los centros urbanos tradicionales. Así, en Madrid, el día de Fin de Año en la Puerta del Sol, en Cibeles cuando gana el Real Madrid o en el paseo de la Castellana en casi cualquier tipo de manifestación. Pero estamos hablando de espacios representativos. Sin embargo hay otros espacios públicos, de carácter más doméstico, que están cambiando de forma acelerada. En estos momentos en nuestras universidades se está investigando qué ocurre con el espacio público. Hay una verdadera eclosión de tesis doctorales, artículos y trabajos centrados en el tema. Cuando la masa crítica de la investigación urbanística se dirige en una dirección se puede dar fe de que hacia allí está pasando algo.

Manifestación en Madrid, Paseo de la Castellana (José Manuel González)

Trataré de resumir lo que pensamos que ocurre. En primer lugar resulta que el funcionamiento de la ciudad fragmentada de la periferia se está mimetizando en los centros urbanos “de toda la vida”. Resumiendo lo dicho en el artículo anterior de este mismo blog se podría decir que su característica fundamental es una fortísima segregación social, espacial y de usos. Esta separación en trozos de la ciudad unida a las bajas densidades obliga a grandes recorridos sólo posibles mediante el automóvil privado con altos costes energéticos, ambientales y sociales. Si no puedes conducir un coche olvídate de que existe el hipermercado, el gimnasio, la biblioteca o el centro de ancianos. No podrás llegar. Podría dedicar todo un curso a hablar de estas áreas urbanizadas cuyo espacio público es inexistente porque se ha convertido en espacio privado doméstico donde sólo me relaciono con mis iguales. O, como mucho, es el centro comercial (el lugar de mayor accesibilidad) donde van a pasear los ancianos si tienen la suerte de vivir cerca, nuestro hijos tienen su primer empleo, se interrelacionan con otros y, cualquier día, cabe dentro de lo posible que se casen en el hipermercado.

El Acuario del Centro Comercial de Dubai (gulfnews)
Uno de los mayores centros comerciales del mundo


Lo perverso es que esta periferia fragmentada es el espejo en el que se mira la ciudad tradicional, que hace lo que puede para parecerse a ella. Y lo hace con operaciones de rehabilitación que tras grandes esfuerzos solo consiguen una mayor segregación social y espacial, con diseños de nuestras calles y plazas que buscan, directamente, su actividad exclusiva como lugares de tránsito, o especializando piezas urbanas para simplificar su uso ¿Qué estamos haciendo mal para que vayan desapareciendo los espacios donde se pueda educar en la civilidad, dónde nuestros hijos se socialicen y aprendan a convivir con “el otro”?

Bancos anti-indigentes (El Mundo)

Ya os he hablado en un articulo anterior sobre El Libro Blanco de la sostenibilidad en el Planeamiento Urbanístico español. En uno de los puntos, el octavo, se recogen una serie de criterios. Uno de ellos, realmente básico, se refiere a la necesidad de “complejizar las áreas urbanizadas”. Exactamente lo contrario de lo que estamos haciendo. Dicho así en abstracto probablemente no se entienda muy bien pero voy a tratar de explicarlo. Para aumentar la complejidad de un sistema necesitamos aumentar su número de elementos y las interacciones entre ellos. Se trata de un principio fundamental extraído de la ecología. Pues bien, cada vez que expulsamos a un ciudadano de una calle, de una plaza o de un parque estamos disminuyendo la complejidad del sistema. Cada vez que recluimos en un espacio privado alguna de las funciones tradicionales del espacio público estamos disminuyendo la complejidad del sistema. Cada vez que diseñamos un banco para que sólo se pueda utilizar por una persona sentada y nada más con la excusa de que, de otra forma, lo va a usar un vagabundo para dormir estamos disminuyendo la complejidad del sistema. Y cada vez que disminuimos la complejidad del sistema lo estamos haciendo menos rico, más vulnerable, le estamos reduciendo posibilidades de funcionar adecuadamente. Estamos dejando de hacer ciudad.

Cartel, mapa de la Ciudad Prohibida, Bilbao (Kahlomedia)

Uno de los colectivos más reivindicativos en estas cuestiones es el feminista. Llevan años de lucha intentando conseguir que “toda” la ciudad sea accesible a las mujeres. Hace unos años el Ayuntamiento de Basauri confeccionó el “Mapa de la ciudad prohibida para las mujeres” y ahora muchos otros lo han hecho. En estos momentos el Consejo de Mujeres por la Igualdad de Bilbao tiene abierta una página para confeccionar precisamente este mapa a base de las aportaciones de las mujeres que lo deseen. Pues bien, precisamente coincidía (qué casualidad) que estas partes de la ciudad, poco a poco, entraban en una especie de espiral de degradación y terminaban por convertirse en Ciudad Prohibida para casi todos, eso si ya no lo eran de entrada. Es un ejemplo bastante claro de cómo la inseguridad se introduce en el espacio público cuando disminuye la utilización del mismo. Es decir, cuando se hace menos complejo. Si expulsamos de nuestras calles, de nuestras plazas o de nuestros parques a las mujeres embarazadas, a los ancianos, a los niños, a los ciegos, a los que tienen que desplazarse en silla de ruedas estamos destruyendo la esencia misma de la ciudad.

Pavimento táctil indicador de direccionalidad
Imagen de la Orden VIV/561/2010, de 1 de febrero


La progresiva exclusión de grupos sociales y personas concretas de áreas urbanas cada vez mayores sólo conduce, como una espiral imparable, a su degradación y, en último término a la anulación de su funcionamiento como ciudad, es decir, como espacio de formación de la civilidad y de educación en la urbanidad. Además el diseño urbano tampoco está haciendo las cosas demasiado bien ya que los buenos sistemas de orientación, básicos para la llamada seguridad subjetiva, van siendo cada vez más rudimentarios. El ciudadano, para que use el espacio público debe sentirse cómodo cuando se encuentra en él. Y sentirse cómodo es sentirse con un mínimo de confortabilidad, seguro y sabiendo dónde se encuentra. Y esto tiene que ser válido para todos los ciudadanos sean hombres, mujeres, niños, ancianos, ciegos, pobres o ricos. Precisamente la esencia de la educación por la urbanidad consiste en tener la posibilidad de interactuar con el otro siempre que al otro le parezca bien. Esta relación sutil entre anonimato y posibilidad de acercamiento sólo se puede producir si tengo claro que, en caso de no querer, el otro no va a invadir mi intimidad. Eso es urbanidad. Pero, para que sea posible que el otro se acerque a mí, si eso interesa a los dos, tiene que estar ahí, al lado, no recluido en un gueto de acceso imposible.

Señalización, tamaño de letra y distancia de lectura
Imagen de la Orden VIV/561/2010, de 1 de febrero


La expresión “accesibilidad universal” me recuerda la de “soldado universal”, aquella película (Universal Soldier) de los años noventa dirigida por Emmerich y protagonizada por Van Damme y Lundgren. Ya entonces me pareció una traducción “demasiado literal”, pero bueno, relacionada con una película de esas características no pasaba nada. Ahora bien, la traducción de “universal accessibility” como “accesibilidad universal” me parece más discutible ya que su primera acepción en castellano es "perteneciente o relativo al universo" mientras que en inglés correspondería más bien a la segunda "que comprende o es común a todos en su especie, sin excepción de ninguno". Comprendo que es difícil encontrar una expresión que nos diga que las cosas (las ciudades están entre esas cosas) han de poder ser usadas por la mayor cantidad de gente posible procurando no excluir a nadie, ni por su género, ni por su edad, ni por su ceguera, cojera o pobreza. Es complicado. Cuando pensaba en cómo titular este artículo se me ocurrieron algunas variaciones . El titulo que más me gustaba era el de “Ciudades para todos”. Pronto me dí cuenta que ya lo había utilizado cuando reseñé una jornada en Barcelona en el Centro Francesca Bonnemaison. Además los buscadores probablemente no lo entendieran. De una forma u otra la tiranía de Internet se sobrepuso a mis intenciones y decidí que la expresión “accesibilidad universal” debería estar en el título. Eso sí, me rebelé un poco poniendo la palabra accesibilidad entre interrogaciones. Pero luego pensé que como la interrogación inicial resulta ser un carácter extraño en otros idiomas y teclados al final decidí poner la palabra universal entre comillas. No estoy todavía demasiado convencido pero bueno, es un indicativo de la dificultad de encontrar una expresión que resuma adecuadamente el tema.

Ejemplo de cruce al mismo nivel con señalización táctil
 
Imagen de la Orden VIV/561/2010, de 1 de febrero
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Hacer ciudades para todos es hacer ciudades. No me gusta hablar de ciudad “accesible”, lo mismo que no me gusta hablar de ciudad “bioclimática”. En el siglo XXI hay que darlo por supuesto. No podemos hacer ciudades que no tengan en cuenta el lugar donde están emplazadas, ni podemos hacer ciudades que excluyan a determinados colectivos porque no estamos haciendo ciudades, estamos haciendo otra cosa. La ciudad es, por supuesto, incluyente y bioclimática (entre otras muchas cosas). Pero decirlo es una cosa, estar convencidos es otra, y hacerlo es lo más complicado. Para ello necesitamos toda la ayuda posible. Los colectivos feministas han trabajado duro muchos años para conseguirlo y parte de sus reivindicaciones ya están incluidas en los manuales de diseño y planificación urbana. Han ayudado de forma determinante a hacer ciudades para todos, incluidas las mujeres. Otros colectivos lo tienen más difícil por la sencilla razón de que son mucho más minoritarios.

Cruce a distinto nivel, señalización táctil en esquinas
Imagen de la Orden VIV/561/2010, de 1 de febrero
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Desde mi punto de vista el comienzo del camino en la creación de una conciencia mundial respecto a algunos de estos colectivos comenzó con el “Programa de Acción Mundial para las personas con discapacidad” del año 1982. En España el hito fue la LIONDAU del 2003. Desde el punto de vista de los espacios públicos urbanizados lo fue el Real Decreto 505/2007 de desarrollo de la LIONDAU y ahora (como escribí al comienzo del articulo) lo es la Orden Ministerial 561/2010 de 1 de febrero por la que se desarrolla el Documento Técnico de condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación para el acceso y utilización de los espacios públicos urbanizados. Por supuesto que también las Comunidades Autónomas han legislado al respecto. En el libro puede encontrarse un articulo de Fernando Alonso y Eliana Pires titulado “La normativa autonómica de accesibilidad en los espacios públicos urbanizados” donde se estudia detalladamente lo legislado al respecto en las distintas comunidades autónomas. En una democracia una norma jurídica no es más que un acuerdo social puesto por escrito y, por ello, deberíamos estar felices de que la ciudadanía empiece a pensar en ciudades más inclusivas que excluyentes.

Ejemplo de cruce con isleta al mismo nivel de la calzada
Imagen de la Orden VIV/561/2010, de 1 de febrero
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En el párrafo anterior he dicho que una norma jurídica no es más que un acuerdo social puesto por escrito. Sin embargo, algunas veces, no toda la sociedad se siente concernida respecto a este acuerdo. Bien porque entiende que no le afecta, bien por estar en una postura disconforme con lo aprobado (acuerdo no significa unanimidad). Para que la 561/2010 de verdad suponga un avance en la creación de ciudades mejores se deberían de dar dos condiciones imprescindibles. Que el ciudadano la considere necesaria y que los encargados de diseñar las calles, amueblar las plazas o plantar los árboles, la apliquen. Para que el ciudadano la considere necesaria habría que explicarle que, aplicando esta norma, no sólo mejora la condición de determinados grupos hasta ahora excluidos del disfrute de la ciudad sino que mejora su propia condición como habitante de esa ciudad. Que la necesidad de que una acera tenga unas determinadas dimensiones mínimas beneficia a todos. Entre otras cosas porque cuanta más gente la use más seguro se va a sentir y menos posibilidades va a haber de que el espacio público que es de todos no se privatice en beneficio sólo de unos pocos y se convierta en un gueto.

Señalización táctil en vados de tres planos inclinados
 
Imagen de la Orden VIV/561/2010, de 1 de febreroen
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Además, el diseñador y el constructor de la ciudad deberían tener la norma siempre presente en su pensamiento. Una cosa es que conozcan su existencia (estoy seguro que todos los buenos profesionales la conocen) y otra es que la tengan interiorizada y que se considere de forma automática al proyectar o al construir. Es decir, por ejemplo, que no se haga el proyecto y “luego” se verifique si cumple la norma y se corrija el proyecto. Los que proyectamos tenemos claro que, de esta forma nunca salen bien las cosas. Además debería ser de enseñanza obligatoria en las Escuelas con asignaturas de urbanismo y planificación urbana lo mismo que el soleamiento, las condiciones acústicas o el viento. También los Colegios Profesionales en sus cursos de actualización deberían enseñar a sus colegiados que ha aparecido algo nuevo que es imprescindible que conozcan y manejen (algunos Colegios de Arquitectos ya lo han hecho o lo están haciendo). Esta es la lucha que es necesario emprender ahora que tenemos la norma. Hay que explicarla a toda la ciudadanía para que la conozca y la exija y a los profesionales para que la apliquen. Son mínimos, claro. Veremos que hacen las Comunidades Autónomas con ella. Pero sin esta exigencia de la sociedad y sin su conocimiento por parte de los profesionales se convertirá en papel mojado como tantas otras normas en este país.

Plaza de aparcamiento con acceso desde paso de peatones
Imagen de la Orden VIV/561/2010, de 1 de febrero
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Muchas veces se habla de ciudades sostenibles para decir, casi de inmediato, que las ciudades son insostenibles. Pues mire usted, no es así. La prueba evidente de que las ciudades son sostenibles es que han perdurado hasta hoy. Además lo cierto es que han tenido bastante éxito, hasta el punto de que la forma de vida urbana ha desbancado a otras que han tenido menos suerte o no han sabido adaptarse como la rural. Precisamente esta capacidad de adaptación de la ciudad es la que me hace tener esperanza. Estamos en un momento crítico. Es decir, en un momento de cambio. El péndulo que, hasta ahora, había basculado hacia lo individual hay indicios de que, poco a poco, va a retornar hacia lo colectivo. Colectivo debería significar inclusión, respeto por el otro. Pienso que ya ha llegado la hora de hacer ciudades para todos. Porque las ciudades que hemos construido durante un cierto período de tiempo eran ciudades para algunos: básicamente para varones, sanos, con trabajo, de treinta y cinco años, uno setenta y cinco de estatura, setenta y tres kilos de peso, visión estándar (se permitían gafas o lentillas correctoras), buena forma física, vestidos adecuadamente, de raza caucásica y heterosexuales. Claro que si este tipo de ciudades tenían posibilidades de sobrevivir en su contexto histórico, en estos momentos de crisis con exigencias planetarias que nos acucian y exigencias locales imposibles de soslayar, lo tienen difícil. Nuestro espacios públicos, esencia de la civilidad, precisan de toda la ayuda posible. Necesitamos construir ciudades inclusivas y diversas. Ciudades complejas.


Alonso López, F. (coor.): Accesibilidad en los espacios públicos urbanizados, Centro de Publicaciones de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Vivienda, Madrid, 2010. NIPO: 751-10-015-6. ISBN: 978-84-96387-54-6
Coordinación con el Ministerio de Vivienda: Ángela de la Cruz Mera (Subdirectora General de Urbanismo), Ana Belén Moreno Inocencio (Consejera Técnica), Paloma Pozuelo Guilló (Consejera Técnica).

Artículos incluidos y sus autores:
1.1. Ángela de la Cruz: El documento técnico de condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación para el acceso y utilización de los espacios públicos urbanizados: el contexto normativo de la accesibilidad en España.
1.2. Fernando Alonso y Eliana Pires: La normativa autonómica de accesibilidad en los espacios públicos urbanizados.
1.3. Rafael Reyes y Ana María Viéitez: La normativa de accesibilidad en los espacios públicos urbanizados de distintos países y su aplicación a la configuración del itinerario peatonal.
1.4. Nieves Peinado: El Diseño para Todos a través de las normas técnicas.

2.1. Consuelo del Moral: Panorámica general de los contenidos del documento técnico.

2.2. Mariano Calle, Eliana Pires, Rafael Reyes y Ana María Viéitez: El itinerario peatonal accesible: columna vertebral y garantía de continuidad en la accesibilidad de los espacios públicos urbanizados.

2.3. Fernando Alonso: Utilización de pavimentos táctiles en la ciudad: elementos y consideraciones para una señalización universal.
3.1. Christian Kisters y Marcos Montes: Peatones y vehículos, una coexistencia necesaria. Accesibilidad y modalidades de coexistencia de peatones y vehículos.
3.2. José Antonio Juncà: Mobiliario urbano en clave de accesibilidad universal.
3.3. Carmen Jáudenes y Begoña Gómez: Información y comunicación accesible para personas con discapacidad auditiva en los espacios públicos urbanizados.
3.4. María Jesús Vicente y Concepción Blocona: Señalización y comunicación accesibles para la discapacidad visual en el medio urbano.
3.5. Xavier García-Milá, Ignasi Gustems y Marta García-Milá: La accesibilidad universal en la dinámica de transformación de la ciudad. Accesibilidad urbana: reivindicación, racionalización y síntesis.



 

7 comentarios:

Eduardo dijo...

En términos generales estoy de acuerdo con lo que dices. Pero observo algunas contradicciones que no soy capaz de resolver por más vueltas que le doy al tema. La que más me preocupa es cuando afirmas que cuantos más elementos mejor porque aumenta la complejidad del sistema. Incluso pones la foto de unos bancos anti-indigentes como diciendo que estos bancos que impiden que los marginales se apoderen de ellos no son muy buenos para el funcionamiento del espacio público. No acabo de ver como una madre con su hijo usa mejor el parque si los bancos están llenos de indigentes, drogadictos o ladrones, el césped con jeringuillas y todo lleno de escupitajos, que si dicho parque no cuenta con esta "complejidad" del sistema. Es decir comprendo que se haga accesible a las mujeres, a los ciegos, a los viejos, a los que se desplazan en una silla de ruedas, pero ¿a los drogadictos que cuando se colocan pueden estar fuera de sí, o peor cuando tienen el síndrome de abstinencia? ¿a los ladrones que van por allí a ver lo que pescan? No me parece que esto sea aumentar la complejidad del sistema. Esta contradicción entre la necesidad de aumentar la complejidad y la seguridad que necesita el usuario de las calles, plazas o parques no acabo de conciliarla en algunos casos. Gracias de todas formas porque, como siempre, lo que escribes tiene la virtud de ayudarme a clarificar algunas cosas que muchas veces ni tan siquiera me había planteado.

José Fariña dijo...

Eduardo, perdona que haya tardado tanto tiempo en darle paso a tu comentario pero este fin de semana he estado en Santiago y, hasta hoy, no he tenido ocasión de hacerlo. La duda que planteas es efectivamente "la duda" sobre el significado de la complejidad social. En general, cuando decimos que no es demasiado bueno que determinados grupos se apoderen de los espacios públicos pienso que esto es válido para inmigrantes, drogadictos, vagabundos, descuideros, ricos, clases medias, adolescentes, ancianos, o integrantes de bandas. Suena duro eso de decir "ponga un pobre en su parque" (o un colgado, o un vagabundo o un anciano). Pero lo contrario, es decir "expulse a un pobre de su parque" (o a un colgado, un vagabundo o un anciano) es lo que produce la exclusión, la segración, los guetos, y la formación de nichos de iguales que, según los sociólogos, lleva directamente a la pérdida de conciencia de la existencia "del otro". Por supuesto que el parque se convierta en un lugar de tráfico de drogas es una aberración exactamente igual que la otra. Cuando un grupo expulsa a cualquier otro las posibilidades de interacción y de educación en la civilidad se expulsan también. Suena duro decirlo pero la expulsión de los marginales de amplias zonas de nuestras ciudades de forma que queden "limpias" relega a estos marginales precisamente a lugares donde se juntan con sus iguales constituyendo, a su vez, lugares marginales, prohibidos, cerrados. Auténticas cárceles sociales sin posibilidad de reinserción ni cambio. Las cosas, claro, no son tan en blanco y negro como las he dibujado, normalmente tienen matices y habría que ir planteando, caso a caso, qué tipo de actuación sería mejor o peor y para qué. Es posible que los bancos anti-indigentes en algunos casos estén recomendados y habría que analizar el caso concreto. Pero, de forma general, la expulsión "del otro" para que queden solo "mis iguales" parece que resulta normalmente empobrecedor para la ciudad. Hay formas bárbaras de expulsión pero hay otras más sutiles. En el caso de determinados colectivos (como los que han de desplazarse en silla de ruedas o los ciegos) basta sencillamente con no hacer accesibles esos lugares. Hoy, precisamente, trato de estos colectivos que, muchas veces, resultan sencillamente invisibles.

Anónimo dijo...

El tema de restar grados de complejidad, y por tanto de libertad, al espacio urbano es tremendamente interesante. Y al contrario de lo que se piensa, o lo paradójico que pueda resultar, a mayor determinismo de diseño y mayor material invertido en él, menor grado de libertad.

Espacios funcionalmente abiertos, precisan medidas proyectuales que observen un espectro amplio de actividades humanas, y por tanto que no nazcan del "eslogan" o de la imagen, sino de su esencia. Ya, hoy en día, en cualquier escala del diseño que nos movamos, se precisa una gran capacidad, para proveer el mayor grado de polivalencia posible, de versatilidad, y por tanto de rendimiento, si nos acercamos a términos más económicos.

Los lugares con grados excesivamente bajos de libertad,es decir, aquellos que nacen determinados,"condenados", suelen fracasar y a menudo son causa de sucesivas intervenciones, infructuosas. Mientras que otros en los que no se ha intervenido con objetivos finalistas, se convierten en verdaderos centros vitales de la ciudad.

NO ha existido en España mayor operación de segregación y clasificación de individuos, que la actividad urbanística, desarrollada en los últimos 15 años; intencionada o no.

Definitivamente, una pérdida y un empobrecimiento generalizado para la sociedad española en su totalidad. Podemos sentirnos afortunados, los que nos hemos desarrollado como personas en otra realidad. Los que hemos debido interactuar con una sociedad mucho más plural que la actual, pese a lo que otros opinen, (aun cuando fenómenos sociales como la inmigración o la marginación, eran hechos residuales, totalmente anecdóticos). Decimos vivir en sociedades multiculturales, pero la realidad es que la ciudadanía se mueve en entornos mucho más cercanos e inmediatos, y por tanto pequeños; pero casi siempre entre iguales.

A esto debemos añadir la tendencia al individualismo, propia de sociedades avanzadas,la escasez de tiempo y la falta o imposibilidad de asociacionismo; que finalmente terminan de enmarcar el cuadro social en el que pretendemos "hacer" ciudad.

Les estamos negando a las generaciones venideras la oportunidad de conocer diferentes realidades...Y esto,a mi modo de entender, es muy peligroso.

Vivimos tiempos extraños...

Un saludo:

Adri

Anónimo dijo...

Definitivamente, una pérdida y un empobrecimiento generalizado para la sociedad española en su totalidad. Podemos sentirnos afortunados, los que nos hemos desarrollado como personas en otra realidad. Los que hemos debido interactuar con una sociedad mucho más plural que la actual, pese a lo que otros opinen, (aun cuando fenómenos sociales como la inmigración o la marginación, eran hechos residuales, bastante anecdóticos). Decimos vivir en sociedades multiculturales, pero la realidad es que la ciudadanía se mueve en entornos mucho más cercanos e inmediatos, y por tanto pequeños; pero casi siempre entre iguales.

A esto debemos añadir la tendencia al individualismo, propia de sociedades avanzadas,la escasez de tiempo y la falta o imposibilidad de asociacionismo; que finalmente terminan de enmarcar el cuadro social en el que pretendemos "hacer" ciudad.

Les estamos negando a las generaciones venideras la oportunidad de conocer diferentes realidades...Y esto,a mi modo de entender, es muy peligroso.

Vivimos tiempos extraños...

Un saludo:

Adri

Andrés dijo...

Querido Fariña: simpatizo especialmente con tu disgusto por el uso reduccionista de términos "globales" y demasiado genéricos (como el tan manido "sostenibilidad", o este mismo de "accesibilidad") para describir lo que por definición es un organismo complejo e intrincado, como la ciudad. Saludos afectuosos, Andrés.

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el articulo, felicitaciones desde Argentina!

Irene Raya dijo...

Me ha parecido muy interesante este artículo. Estoy totalmente de acuerdo en que los conceptos de accesibilidad se deben aplicar desde el inicio en un proyecto y no pasar luego la ficha de cumplimiento que toca.
Otro punto a comentar es la aplicación de esta norma. Algunos arquitectos con los que me he encontrado (y además profesores) consideran que como en Catalunya tenemos el Código de Accesibilidad, esta normativa no la aplican. Ante este panorama es difícil cambiar las cosas en relación a la accesibilidad. Espero que la gran mayoría de los arquitectos utilicen el sentido común y tengan un poco más de sensibilidad hacia un buen común.