domingo, 12 de agosto de 2012

Las ciudades invisibles de Italo Calvino

“En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrán ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen. Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco la redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una enana; dos mellizas vestidas de coral”. Hoy quería hablaros de poesía. Y de ciudades, claro. Pero dado que estoy en vacaciones de verano no parece el mejor momento de intentar el cálculo de la sección de un colector de pluviales (cosa que mis alumnos saben que demuestra, más allá de toda duda razonable, la existencia de mayor incertidumbre en la técnica que en la poesía). Así que voy a comentar mi libro favorito de poemas sobre la ciudad.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles, Cloe  claudionimuc

Supongo que, por el título, ya lo habréis adivinado. Se trata de un escrito inclasificable que publicó Italo Calvino allá por el año 1972 como Le città invisibili: “Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades”. Su comentario, además, me va a servir de excusa para referirme a uno de esos grupos experimentales que proliferaron en la segunda mitad del pasado siglo XX. En el blog ya he escrito sobre algunos en La sociedad del espectáculo (Grupo Cobra, Movimiento Letrista, Internacional Situacionista), y en el artículo sobre Walkscapes (Grupo Stalker, Constant, Tony Smith). También en enero del año pasado os hablé de Umberto Eco y prometí en un futuro comentar algo de la semiología, la semiótica, los happening de los setenta, la teoría de la comunicación (Barbery, Mendoza y Ángel Ramos)… Todavía os los debo pero no tengo tiempo de todo, lo siento. Hoy me voy a referir a un grupo aparentemente alejado de la arquitectura y del urbanismo llamado Oulipo, cuya extraña denominación corresponde a las iniciales del llamado “Ouvroir de littérature potentielle”. Más o menos bien traducido: taller de literatura potencial.

Oulipo en Boulogne, casa de François Le Lionnais  oulipo

Se trata de un extraño grupo de gente que intenta la búsqueda de nuevas estructuras formales recogiendo la herencia del surrealismo y el dadaísmo. Se creó en el año 1960 por impulso de Raymond Queneau y François Le Lionnais. Intenta unir matemática y literatura. No creáis que Oulipo es historia. Podéis buscar qué pretenden, sus actividades del mes, bibliografía, enlaces, etc., en su página web. He traído este movimiento de “literatura matemática” al blog por dos razones. La primera es obvia: Italo Calvino fue miembro de Oulipo desde 1974 aunque desde su llegada a París en 1967 ya estaba relacionado con el grupo, y Le città invisibili es un ejemplo de la llamada literatura combinatoria. La segunda también se comprende rápidamente. Entiendo la arquitectura y el urbanismo, en parte, como un proceso artístico, y la generación de nuevas formas, sean arquitectónicas o urbanas, como una necesidad disciplinar. Lo vio claramente Javier Seguí hace ya bastantes años con su Seminario de Generación de Espacios Arquitectónicos. Además, como profesor, mi obligación es suministrar a los alumnos la mayor cantidad posible de instrumentos que puedan ayudarles a conseguirlo.

Raymond Queneau, fragmento de Photomaton, 1928  Queneau.net

A pesar de que recogen la herencia surrealista y dadaísta, luego transitan por caminos diametralmente opuestos. Ya vimos en otro artículo del blog la relación tan estrecha que se produce entre el azar y los postulados dadaístas y entre el subconsciente y los surrealistas, tratando de afirmar las vanguardias huyendo de la razón. Los “oulipistas” no niegan la razón, tratan de establecer un sistema “razonable” para impulsar la creatividad. El procedimiento básico se centra en las llamadas restricciones: acrósticos, palíndromos, lipogramas, anagramas, tutogramas. También en la combinatoria, la numerología o, incluso, la cábala. No es casual que Jorge Luis Borges, el “padre” de algunos de los autores adscritos a Oulipo, escribiera en Vindicación de la Cábala: “Esta idea prodigiosa de un libro impenetrable a la contingencia”. Llegan a afirmar en su propia página web: “Oulipo es el anti-azar”. El texto básico oulipiano es el libro de Queneau titulado Ejercicios de estilo publicado en 1947. También fue muy importante Cent Mille Milliards de Poèmes, que publicó en 1961, en forma de diez sonetos cuyos versos se pueden combinar entre sí produciendo millones de posibilidades. Entre otras cosas, a esto se refiere la llamada “literatura combinatoria”.

La vida instrucciones de uso, Perec  mondrianetienne
Guía del recorrido por el edificio siguiendo el caballo de ajedrez

Ya sabéis que uno de mis autores favoritos en Georges Perec. Pues bien, Perec se integra en Oulipo en 1967, y dos años después publica en francés La Disparition, una novela escrita sin utilizar la letra e. Y eso que la letra e es la más abundante en ese idioma. Al mecanismo literario que se basa en esta restricción se le llama lipograma. Según Perec en esta obra “no hay una sola palabra fortuita, ya que todo tiene su justificación, y por tanto su significación”. Ya en otro artículo del blog comenté la obra de Perec, La vida instrucciones de uso. Entonces ya expliqué que la novela (por cierto, dedicada a la memoria de Raymond Queneau) estaba organizada en forma de rompecabezas siguiendo el recorrido de la pieza del caballo en el ajedrez. El prólogo se abre con una cita de Paul Klee que dice: “La mirada sigue los caminos que se le han reservado en la obra”, y luego puede leerse: “De todo ello se deduce lo que, sin duda, constituye la verdad última del puzzle: a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario: cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo; cada pieza que coge y vuelve a coger, que examina, que acaricia, cada combinación que prueba y vuelve a probar de nuevo, cada tanteo, cada intuición, cada esperanza, cada desilusión han sido decididos, calculados, estudiados por el otro”.

Manual de Ougrapo  Ougrapo

Ya me voy acercando a Las ciudades invisibles y a Italo Calvino. Pero antes querría explicar un poco porque me he detenido tanto tiempo en Oulipo siendo, básicamente, un movimiento que tiene que ver con la literatura. Ya conocéis mis simpatías por los intercambios entre campos creativos y de conocimiento. En estos momentos, que yo conozca, además de Oulipo existen: Oupeinpo, dedicado a la pintura, Oulipopo centrado en la novela policiaca, Oubapo aplicado a los tebeos, Ougrapo sobre el diseño gráfico, y un grupo “segregado” llamado El Álamo dedicado a las investigaciones informáticas relacionadas con el tema. Urbanistas y arquitectos trabajamos generalmente con procesos artísticos sometidos a diferentes restricciones: económicas, sociales, de entorno... Deberíamos conocer estos caminos creativos, esencialmente basados en el aumento de restricciones, como forma de estimular la inventiva. No se trata de formalizar a estas alturas un Ouurpo o un Ouarpo. Se trata de aprovechar en la medida de lo posible, todos los sistemas, sean experimentales o no, para conseguir aumentar las posibilidades creativas de conseguir nuevas formas urbanas y arquitectónicas. Algo que hoy necesitamos de manera imperiosa.

Italo Calvino y Jorge Luis Borges  shutupandbuckleup

Como ya dije al comienzo del artículo, Italo Calvino publicó Las Ciudades Invisibles en el año 1972. Aunque formalmente se integró en Oulipo en 1974, en realidad entró en su esfera de influencia desde su llegada a París en el año 1967. Es a partir de entonces cuando aparecen las cuatro obras que, generalmente, se adscriben a la llamada “época combinatoria”: Il castello dei destini incrociati, Le città invisibili, La taverna dei destini incrociati y Se una notte d'inverno un viaggiatore. Antes, ya había escrito un ensayo Appunti sulla narrativa come processo combinatorio y Ti con zero. Bien, una vez contextualizado el tema (espero, además, haber despertado algún interés por Oulipo) voy a tratar de comentar esta obra que me parece uno de los poemarios más grandes que se han escrito sobre la ciudad. Ya me he referido en otros artículos a mi debilidad por Borges. No tenéis más que fijaros en la parte superior de la página y, a mano derecha, aparece una frase suya que es como el compendio, el origen y el destino de lo que intento reflejar en el blog. Pues bien, Borges está en todas y cada una de las ideas, de las imágenes, del rigor literario, de Las ciudades invisibles.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles
Nora Sturges, óleo y acrílico, 2004  norasturges

Sólo esto ya sería suficiente para mí. Pero es que, además, el libro está organizado mediante una estructura puramente arquitectónica. Lo mismo que sucedía con el rompecabezas de La vida instrucciones de uso, de Perec, su construcción responde a las propuestas de Oulipo. Está organizado en nueve capítulos, digamos que, tradicionales. Es decir, con su número romano identificativo que comienza por el I y termina en el IX. Pero luego, la distribución de cada capítulo es otra historia. En realidad existen once temas que se van colocando por los diferentes capítulos. Por orden de aparición (que según sus palabras se corresponde con un cierto orden cronológico) son los siguientes: las ciudades y la memoria, las ciudades y el deseo, las ciudades y los signos, las ciudades sutiles, las ciudades y los intercambios, las ciudades y los ojos, las ciudades y el nombre, las ciudades y los muertos, las ciudades y el cielo, las ciudades continuas y las ciudades escondidas. Me he molestado en reproducir los nombres de todos los temas porque los urbanistas que lo lean estarán de acuerdo que se corresponden, en su mayor parte, con lo que podría ser un índice de un manual de urbanismo. Eso sí, bastante heterodoxo.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles, Ottavia: interpretaciones
Jane Krejberg, estudiante danesa de arquitectura  janekreijber

Luego, cada tema se distribuye en cinco artículos. De tal forma que, por ejemplo, tenemos: 'las ciudades y el deseo 1'; 'las ciudades y el deseo 2'… y así, hasta cinco con todos los temas. En total, cincuenta y cinco artículos, cada uno de ellos dedicado a una ciudad concreta que lleva el nombre de una mujer. Así: 'las ciudades y el deseo 1' está dedicado a Dorotea o 'las ciudades y el nombre 5' a Irene. El primer capítulo tiene diez artículos. Luego, todos los demás son de cinco, excepto el último que vuelve a ser de diez. La distribución de temas en los capitulos no es aleatoria. Los temas van apareciendo, se van intercalando con otros, y luego desaparecen. Así, sólo hay artículos de las 'ciudades y la memoria' en los capítulos I y II. En cambio, 'las ciudades sutiles' forman parte de los capítulos I, II, III, IV y V. Si se analiza la distribución de temas por capítulos se encuentra una evidente simetría. Es bueno dedicar unos minutos a leer el índice para entender la arquitectura del libro. Bueno, ya llevo tres folios y, en realidad, hasta ahora no he dicho ni una sola palabra de poesía, y poco de ciudad ¿o sí?

Zaira  chourmo

La poesía y la ciudad aparecen cuando uno lee cada uno de los artículos. Para ello no es necesario preocuparse del número, ni del capítulo, ni del tema. Sólo abrir el libro y dejarse llevar: “En esta ola de recuerdos que refluye, la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos”. En Zaira nos habla de las 'ciudades y la memoria', y en Armilla de las 'ciudades sutiles': “Si Armilla es así por incompleta o por haber sido demolida, si hay detrás un hechizo o sólo un capricho, lo ignoro. El hecho es que no tiene paredes, ni techos, ni pavimentos: no tiene nada que la haga parecer una ciudad, excepto las cañerías del agua, que suben verticales donde deberían estar las casas y se ramifican donde deberían estar los pisos: una selva de caños que terminan en grifos, duchas, sifones, rebosaderos. Contra el cielo blanquea algún lavabo o bañera u otro artefacto, como frutos tardíos que han quedado colgados de las ramas. Se diría que los fontaneros han terminado su trabajo y se han ido antes de que llegaran los albañiles; o bien que sus instalaciones indestructibles han resistido a una catástrofe, terremoto o corrosión de termitas”.

Armilla, fragmento, tinta china y acuarela, 1995
Emanuele "Piero" Pierobon  pieroweb

El libro consiste en una serie de relatos de viaje que Marco Polo hace a Kublai Kan, emperador de los tártaros. Calvino toma a Marco Polo como paradigma cultural del viajero, siempre llegando y a la vez partiendo de ciudades que se van acumulando en la memoria. El viajero, al final del viaje, siempre llega a una ciudad. La ciudad de llegada es entonces la ciudad del deseo. Y la ciudad del deseo se hace de sueños y de memoria: “Al hombre que cabalga largamente por tierras selváticas le acomete el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isadora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracoles marinos, donde se fabrican según las reglas del arte catalejos y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres encuentra siempre una tercera, donde las riñas de gallos degeneran en peleas sangrientas entre los apostadores. Pensaba en todas estas cosas cuando deseaba una ciudad. Isadora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isadora llega a avanzada edad. En la plaza está la pequeña pared de los viejos que miran pasar la juventud; el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos son ya recuerdos”.

Isadora, “Vecchi Panteschi”  pantelleria

De forma que, cada capítulo empieza con puntos suspensivos […] que abren un diálogo soñado, imaginado, entre Marco Polo y Kublai Kan y que da paso a los artículos que describen las diez o las cinco ciudades que componen cada uno. Y que se cierra con otra reflexión y otros puntos suspensivos que nos remiten a otro espacio temporal diferente. En la edición de mi libro (ignoro si está también en otras) se incluye una introducción que, en realidad, es una conferencia que pronunció Calvino en 1983 para los estudiantes de la Graduate Writing Division de la Columbia University de Nueva York, en la que el autor destaca la importancia de estos diálogos en la estructura del libro. Las ciudades se entienden como alegorías de la vida: “Lo que le importa a mi Marco Polo es descubrir las razones secretas que han llevado a los hombres a vivir en las ciudades, razones que puedan valer más allá de todas las crisis. Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos. Mi libro se abre y se cierra con las imágenes de ciudades felices que cobran forma y se desvanecen continuamente, escondidas en las ciudades infelices”.

Baucis, fragmento, Incisione all’acquaforte e acquatinta, 2003
Colleen Corradi Brannigan  cittainvisibili

Espero que algunos de vosotros os animéis a leer este libro. Mi recomendación es que lo hagáis como os apetezca. Es decir, leedlo como os lo pida el cuerpo. Saltando de aquí para allá de forma azarosa (leer algunos de los artículos no lleva más de dos minutos). O bien, empezando por el primero a acabando por el último. También podéis agruparlos por temas. O caminando de los extremos hacia el centro: “Pero está también la otra vertiente, la que sostiene que el sentido de un libro simétrico debe buscarse en el medio: hay críticos psicoanalistas que han encontrado las raíces profundas del libro en las evocaciones venecianas de Marco Polo, como un retorno a los primeros arquetipos de la memoria, mientras estudiosos de semiología estructural dicen que donde hay que buscar es en el punto exactamente central del libro, y han encontrado una imagen de ausencia, la ciudad llamada Baucis. Es aquí evidente que el parecer del autor está de más: el libro, como he explicado, se fue haciendo un poco por sí solo, y únicamente el texto tal como es autorizará o excluirá esta lectura o aquélla. Como un lector más, puedo decir que en el capítulo V, que desarrolla en el corazón del libro un tema de levedad extrañamente asociado al tema de la ciudad, hay algunos de los textos que considero mejores por su evidencia visionaria, y tal vez esas figuras más filiformes («ciudades sutiles» u otras) son la zona más luminosa del libro”. En cualquier caso, si es que todavía no lo habéis leído, leedlo. No os arrepentiréis. Eso sí, no es precisamente una novela de acción. Quien busque acción que lea, por ejemplo, a Michael Crichton o a Dan Brown.

Diomira, tinta y óleo  señalar en la imagen para verla más grande
Mauricio Pettinarolli, El Bolsón, Patagonia  mauriciopetinaroli

La entrada de hoy contiene muchas citas literales. Pero es que la poesía, y este libro es poesía aunque esté escrito en forma de prosa, es imposible de resumir o trasliterar. Empecé con una cita de la ciudad de Cloe y, simétricamente, terminaré con otra de las primeras páginas del libro extraída del artículo número uno de las 'Ciudades y la memoria', que ya sabéis a estas alturas del blog (después de cinco años de relaciones) es el tema con el que me siento más identificado: “Partiendo de allá y caminando tres jornadas hacia Levante, el hombre se encuentra en Diomira, ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas en bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro que canta todas las mañanas sobre una torre. Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades. Pero es propio de ésta que quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas juntas sobre las puertas de las freidurías, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, sienta envidia de los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices”.

22 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuántas cosas que desconozco, le juro que nunca había oído hablar de OULIPO. Después de haber leído el artículo me he ido a la biblioteca de mi papá y he encontrado el libro. Me esperaba en ese estante desde que recuerdo pero nunca se me había ocurrido leerlo, gracias por recordarme que estaba ahí. He leído unas cuantas páginas y ha sido un descubrimiento placentero. Yo también lo recomiendo. Alberto Eduardo G.

Alicia dijo...

Mi vida ha cambiado poco desde mi comentario de abril. Hastío. Mi ordenador. Mi habitación. El facebook, el autocad. La prima de riesgo todavía está más alta. José, y tú sigues escribiendo un mes y otro mes sobre esas cosas tan especiales. Te pregunto otra vez ¿cómo eres capaz de hacerlo? No he ido a ningún sitio porque la alternativa es ir con mis padres a Torrevieja. Así que aquí estoy, cuatro meses más abajo en la escala del desánimo. Si no tenéis el libro de Calvino está en la red gratis a poco que busquéis algo. En castellano, en italiano, en inglés o en francés. No doy las direcciones porque seguro que José las censura. Alicia en el País de las Maravillas.

José Fariña dijo...

Alicia: te veo un tanto desanimada. No sé quién eres y es complicado contestar adecuadamente en esas condiciones. En cualquier caso te diría que las ciudades, los paisajes, los territorios, están para vivirlos. Pero para vivirlos realmente, no en forma digital. Para llegar a Isadora, (“Al hombre que cabalga largamente por tierras selváticas le acomete el deseo de una ciudad”) el viajero tiene que desearla porque es la ciudad de sus sueños. Pero para desearla tiene antes que cabalgar “largamente por tierras selváticas”. Pienso que el desánimo de los jóvenes (y espero que no te sientas aludida, es un comentario de carácter general) se deriva, en parte, del hecho de que la sociedad actual todavía no se ha adaptado a las nuevas formas de intercambio con la realidad. En mis tiempos de juventud estos intercambios eran mucho más directos (en cierta medida, brutales), locales y contradictorios. Hoy, entre nosotros y la realidad de las cosas se interponen una serie de “capas” (como sistemas operativos Windows o Mac, es decir, ajenos a la línea de comandos) que parecen facilitarnos la vida pero que, en realidad, la limitan enormemente. La limitan porque la simplifican, no asumen las contradicciones (cuando aparecen hay que reiniciar) y nos alejan del núcleo de las cosas para centrarnos en lo accesorio. Pero esto pasará. Comprendo que los que hemos vivido otro tipo de relación con las personas y las cosas lo tengamos más fácil y nuestro desánimo sea menor. Pero a la larga, en el supuesto de que sobrevivamos físicamente, no sabremos qué hacer con estas nuevas formas de intercambio y, entonces, nuestro desánimo será esencial e irreversible y, en cambio, vosotros viviréis en una realidad que ya será la vuestra. Espero que esto responda a tu pregunta de cómo soy capaz de seguir escribiendo: es que en la sociedad actual (que es la sociedad que mi generación ha creado) lo tengo más fácil que tú.

Anónimo dijo...

Este libro fue un regalo que un novio de escuela me hizo hace tiempo. En la página en blanco escribió una nota...Decía así: "Porque un día encontrarás tu lugar en la creación de las ciudades del hombre".

Italo Calvino lleva a un extremo mágico algunas de las realidades de la ciudad que conoce, para imaginar unas nuevas...Una lectura imprescindible, de relectura obligatoria. Por varios motivos, pero no lo voy a explicar mejor que tú, José, así que ahí lo dejo.

El desánimo que cunde entre la población joven, entre la que me incluyo, no es otro que el reflejo de la incapacidad de generar una nueva situación. No sólo estamos cansados de lo que había, sino de no ser capaces de inventar algo nuevo. El desánimo juvenil es la pereza frente al acto imaginativo, frente a la voluntad personal de cambio, frente a la necesidad de colectivizar las iniciativas. Es la mismísima expresión del intento, infructuoso, de permanecer en un estado de inercia permanente, de una realidad caduca, casi ya pasada, de la que intentamos seguir extrayendo, egoístamente, lo que nos interesa y demonizando lo extrictamente complementario, a lo anterior.

Vivimos en una paradoja constante. En una contradicción eterna. Y la ciudad se hace eco de ello una vez más.

Alicia: comprender lo que uno hace en el presente, es cosa del futuro. Nunca sabrás para qué perseveras en una realidad personal y emocional de semihastío, hasta que esa misma sensación, te conduzca a la siguiente. La escala del desánimo es algo real que ayuda en el camino personal. Aún así, reconozco que en el meollo de esa situación, es necesaria una buena dosis de ánimo externo. Y música, cantidades ingentes de música. (Es el único antídoto que he encontrado al envenenamiento por "exceso de autocad". Jaajaja!!!)

¡ánimo!

Saludos a todos,

Adri

José Fariña dijo...

Adri: tu novio tenía buen gusto. No creas que hay mucha gente que haya leído este libro de Italo Calvino (y menos que lo regale dedicado). Veo que has vuelto al blog, te echaba de menos. Efectivamente, la situación que describes es la típica de las crisis. Por eso le decía a Alicia que mi generación está más cómoda que la vuestra, porque no sentimos la imperiosa necesidad de crear algo nuevo, sólo dejar que lo viejo muera dignamente. En cambio, aunque aceche el desánimo, la ilusión de que, tarde o temprano, encontraréis vuestro sitio (que será diferente al caduco del presente) no os la puede quitar nadie.

Eduardo dijo...

Libro glorioso este que comentas. Eso sí, para leer a pequeños sorbos. No es cuestión de darse un atracón de imágenes. Como Alberto Eduardo, yo tampoco había oído hablar de Oulipo. Me ha parecido genial lo del libro de Perec sin la letra e. Leo bastante bien francés así que trataré de buscarlo.

victor dijo...

Este post me ha recordado a dos escritores, tambien italianos, que han reflexionado sobre la ciudad:

Giovanni Papini, "Novisimas Ciudades", "Cadáveres de ciudades" y de "La ciudad avandonada" -Gog-

Cesare Pavese, preocupado siempre por el paisaje y el conflicto campo-ciudad. "La ciudad-campo de los primeros libros se ha convertido en el titanismo-olimismo del último. Anhelas la campiña, el titanismo -lo salvaje-, pero aprecias el buen sentido, la medida, la inteligencia clara de los Berto, de los Pablo, de las aceras." -El oficio de vivir El oficio de Poeta-

Gracias José por compartir conocimientos y opiniones.

Alicia dijo...

Adri, no creas que no me atiborro de música... Mastodon, Nuevo Orden, Amadeus... y todo lo que pille. Ya se sabe que el tablero de dibujo, sea una pantalla o una mesa, es el mayor consumidor de música que existe.

Anónimo dijo...

Muchas gracias José, lo tomaré como un gran cumplido...Quiero que sepas que aunque no siempre tengo todo el tiempo que me gustaría para comentar tus entradas en el blog, SIEMPRE las leo.

Como ya te he comentado en alguna ocasión, este es uno de esos espacios con alma de oasis informativo y cultural, con esencia independiente, en los que me refugio a menudo. Me gustan tus inquietudes, pero más el legado cultural que estás dejando en la red, de forma gratuita. Lo que haces, no tiene precio. Lo vivo como un regalo. NO es sólo digno de alabar el hecho de que lleves a cabo esta tarea, sino la intensidad y calidad con que la realizas.

Respecto a "nuestro lugar", como futuro colectivo social, creo que en el estado presente en el que nos encontramos se producen más a menudo salidas personales, que "soluciones" generales. Quién sabe si en un futuro se buscarán fórmulas más colectivas...En todo caso, este aspecto en sí mismo, revela algunas de las claves del cambio de paradigma social, político y económico que vivimos: el humano empieza a despertar,se hace consciente de su estado, de su repercusión en el mundo, tanto a través de la situación social físicas, como en su reflejo virtual. Las redes sociales están propiciando un intercambio de información, y a veces, también desinformaicón, a considerar. El hecho de que los soportes tradicionales del comercio, las relaciones interpersonales e incluso las formas de trabajo y vida, hayan variado sustancialmente, no iba a pasar desapercibido.

Al margen de pequeñas extracciones, a modo de conclusión, de lo que podemos analizar en la realidad más inmediata. Debemos emprender reacciones inmediatas de puesta en valor de recursos personales (y valen: intelectuales, materiales, artísticos, laborales...), que cumplan con los siguientes preceptos básicos:
-sostenibilidad
-reversibilidad
-solidaridad...

Debemos solucionar la ecuación que permite obtener los ingresos que podamos, sin generar perjuicios graves a la justicia económica, social y medio ambiental. Ahí es nada.

El mundo no da para más. Y después de tanto buscar, hemos encontrado el final.

Ahora toca volver a los orígener y "reeditar" las formas de relación, las formas de consumo de territorio, las formas de trabajo...En definitiva.Al menos en el primer mundo, toca rediseñar la presencia del hombre occidental y sus necesidades.

Lo que indudablemente, se traducirá en la arquitectura que precisará y en las ciudades que habitará.

Ese será nuestro papel personal en todo este proceso; además del laboral, si nos inmiscuimos en él de forma profesional.

Un saludo a todos,

Adri

Antonio Folgado dijo...

Pepe: recién llegado de esos mundos de afuera y después de unos días de desmaletar y adaptarme al hogar, por fin he tenido un rato para leer. Y para recordar lo leído. Que libro más bello el de Italo Calvino. No sé si será una errata pero en la ilustración observo que a Baucis le llamas Bauci. Además he ido a buscar tus citas en mi libro y a repasar aquellas ciudades que más te han llamado la atención y observo que la traducción de Diomira no coincide con la que yo tengo. Sobre todo al final. También es muy bonito tu artículo. Sobre todo cuando se lee un sábado por la tarde tranquilamente sentado en un sillón en una casa cualquiera de Diomira después de haberla deseado con toda la fuerza cuando andaba por esos países extranjeros que parecen tan cerca pero están tan lejos. No me he olvidado del tema de A Coruña y la Torre de Hércules pero lo dejaré para otro día, no quiero romper los momentos buenos de la vida con mala leche. Unha aperta.

Maria Cifuentes dijo...

Estimado José,

¡Qué buena entrada para la reentré! Poética y práctica.

Lo que más ‘envidio’ de los grupos de las vanguardias, sean Oulipo, los situacionistas o cualesquiera, es que se veían, quedaban y hacían cosas juntos. Me parece tan difícil socializar a través de la red, por mucho que la inmediatez permita estar con otros en el mismo momento.

Será quizás porque este mes he disfrutado del contacto y la conversación presenciales con amigos de hace mucho tiempo, o menos. Me doy cuenta de que soy muy materialista en cuanto al estar; o estoy en cuerpo y alma o estoy menos de la mitad.

Claro que nuestra extraordinaria adaptabilidad hará que las nuevas generaciones no sientan ese ‘estar a medias’ de cuando uno está virtualmente, pero de momento y para mí no es comparable.

Dicho esto ¡qué gran ventaja poder comunicarse y leerse cuando uno quiera, con personas tan inspiradoras como las que registra este blog!
Buen comienzo de curso a todos,

María C.

José Fariña dijo...

Antonio: Tienes razón (como siempre). Es Baucis, la "s" se me quedó en el aire al teclearla. Y el caso de Diomira, como la traducción me resultaba incompresible justo en el párrafo que me interesaba, me fui al original y el resultado es una especie de mezcla pero que pienso se entiende y responde a lo que el autor escribió. xdddddios... creo que soy bastante cuidadoso con lo que escribo (casi hasta la paranoia) pero con lectores como tú no me puedo descuidar ni una letra. Gracias por leerlo todo tan atentamente y por tus comentarios, casi voy a tener que cambiarle el nombre el blog e incluir también el tuyo.

María: me temo que la "vuelta al cole" este año va a estar movidita. Necesitamos mucha poesía y mucha esperanza (de la otra, con mayúscula, no tanta).

rrozaba dijo...

Hola, soy un lector asiduo de tu blog (por el cual te felicito), aunque hasta ahora no me había animado a hacer un comentario. Me gustó mucho Las Ciudades Invisibles, sobre todo por su capacidad poética y evocadora, que como bien señalas debe ser casi imposible de transmitir sin recurrir a citas literales. Es un nivel poético sencillo, pero al que muy pocos autores podrían permitirse aspirar. Para mí es lo mejor de la obra, y supongo que en eso estarías de acuerdo conmigo. Del resto, de la "arquitectura interna", no tengo la misma opinión. Por supuesto que es un ensamblaje ingenioso, muy estudiado y perfecto, pero a mí no me resulta tan espontáneo y natural, no me parece lo mejor de la obra. Creo que es demasiado literal y evidente. Creo que en todas las grandes obras de literatura la "arquitectura interna" de la obra está siempre bien resuelta, pero a mí al menos me gusta más cuando es implícita, cuando no puede adivinarse en el índice, ni siquiera después de haber leído el libro, cuando probablemente siga una mecánica secreta que sólo el autor conozca, y acaso sólo a medias. En cualquier caso, se trata de un libro excepcional. ¿Podrías recomendar algún otro libro sobre la ciudad que se lea de manera semejante (que no sea un tedioso manual sobre las variables que inciden en su estudio)? Un saludo.

José Fariña dijo...

rrozaba: te contesto a bote pronto y casi sin pensarlo.

Me debería reprimir y decirte simplemente que tu compañero Víctor ya te ha dado algunas pistas. Pero bueno... No soy capaz. Sobre todo porque efectivamente me da pie para que complete algunas cosas. Efectivamente Giovanni Papini es uno de los antecedentes de Calvino, y también de Borges. Y los tres relatos que aparecen en "Gog" (otro de esos libros inclasificables, pero básicos): "La ciudad abandonada", "Novísimas ciudades" y "Cadáveres de ciudades", son magistrales. Además, te recomendaría que leyeras, casi al final de Gog, "La vuelta de Pitágoras" que probablemente exprese mucho mejor que yo la cuestión de los números en relación con la poesía (y con la vida). Porque las restricciones numéricas no son tan elementales como aparentan. No por la estructura en sí y la organización del escrito, sino por las obligaciones y condicionamientos que implica. De todas formas estoy contigo en que la estructura explícita de "Las ciudades invisibles" es demasiado obvia. Pero trata de investigar la implícita (Estoy leyendo "Criptonomicon" de Neal Stephenson y estoy aprendiendo que en los números hay que buscar detrás de lo aparente).

Y luego, claro, algunos ensayos que se leen casi sin sentir. A mí, uno de los libros que más me ha enseñado y de los que más he disfrutado ha sido "Las ciudades en la Edad Media" de Henry Pirenne. Si pasas de la Edad Media a los fundamentos de la ciudad actual "Los orígenes del Urbanismo Moderno" de Leonardo Benévolo, y para lo que nos espera "Ciudades para un pequeño planeta" de Richard Rogers. Los tres están muy bien escritos y no se caen de las manos.

Hay muchísimos más que te podría recomendar pero, probablemente, sería contraproducente que reprodujera una larga lista bibliográfica de lecturas. De todas formas no puedo dejarlo sin decirte que investigues a Baudelaire, el "flâneur", Benjamin y "los Pasajes" (escribe Benjamin en el buscador del blog), o Marcel Duchamp. Y si hablamos de poesía Ezra Pound y tantos otros. En fin, lo dejo.

rrozaba dijo...

Muchas gracias. El libro de Papini ya antes me suscitaba curiosidad, así que empezaré por ahí. En general creo que suelen ser mejores pocas recomendaciones certeras que una larga lista (igualmente certera) que al final uno no sabe por dónde comenzar y, las más de las veces, cae en el olvido. Me los apunto todos, y seguiré por aquí.

Proyecto Sapere Aude dijo...

Hay libros que dejan una huella muy profunda en tu interior. Te cambian, te hacen parte de ellos, se apropian de ti. Esos libros que cautivan son los que permanecen en la memoria próxima de cada uno de nosotros, es una sensación de completes, de felicidad, de unión. En mi caso uno de estos libros es Se una notte d'inverno un viaggiatore (Si una noche de invierno un viajero…), un libro escrito en 1976 por Italo Calvino.

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http://proyectosapereaude.blogspot.mx/2012/11/se-una-notte-dinverno-un-viaggiatore.html

Gerardo dijo...

La mejor reseña que he leído sobre un libro fundamental. Deberían de aprender muchos profesores de literatura como se hace "animación a la lectura". Les he pasado a mis alumnos el enlace, estoy seguro que muchos leerán el libro. Gracias. Gerardo Amengual.

Gerardo ML dijo...

Repito, más o menos, el comentario que envié ayer y que ahora sé que no llegó. Ya me extrañaba que no apareciera publicado. Solo era para darle las gracias por la ayuda que me ha supuesto la lectura de esta reseña de Calvino a la hora de organizar mi comentario para el libro. Su punto de vista me ha sido de mucha utilidad -he citado el blog- a la hora de realizar mi trabajo mensual para la universidad y suya es parte de la culpa de la máxima nota que me han dado.

Francisco Roncero dijo...

Gracias, maestro. Uno de los mejores comentarios de libros que he leído nunca. Y además ¡se entiende todo! Eso sí, leerlo entero lleva más de un cuarto de hora. Pero incluso eso, lo considero algo positivo acostumbrados como estamos a leer tres líneas de un tuit o los titulares de los periódicos. Es una gozada seguir los vericuetos de un tema y sus contextos. También ayuda que es verano y las urgencias quedan aparcadas.

Maria dijo...

saludos... muy bueno el blog! entre Baucis e Irene cual es su ciudad favorita y porque?

José Fariña dijo...

María: me alegro que te guste el blog. Respecto a tu pregunta, como siempre, uno de inclina por usa cosa u otra debido a factores que pueden parecer circunstanciales. Como ciudad, Irene me seduce más. Tiene cosas terribles (sobre todo para los residentes), pero el hecho de que esté al borde de uno de los paisajes más queridos para mí como es el altiplano... es definitivo. Claro que Irene es para verla desde fuera. No es para vivirla, es para soñarla desde el mundo duro del altiplano. Quizás es que mi pasado cuasi rural, de pueblo, me incline por Irene frente a Baucis, allá arriba, en las nubes, subida en zancos y sin contacto con la tierra. Hay quien dice que sus habitantes aman tanto la tierra que, por eso mismo, se separan de ella, pero yo no me lo creo.

Alberto Luis dijo...

Extraordinaria la reseña del libro de Calvino. Nunca hubiera pensado que una reseña me pudiera emocionar. Ya sé el ejemplo que puedo poner a mis alumnos de como se hace el comentario de un libro. Y lo increíble es que la haya encontrado en un blog de urbanismo. Enhorabuena y gracias por compartir gratuitamente un trabajo así. Alberto Luis Peinado.