lunes, 28 de enero de 2013

Servicios de los ecosistemas

Aunque el tema ya lo he tratado (sobre todo al hablar de la infraestructura verde) vuelvo a plantearlo porque para conseguir un acercamiento global al territorio desde el punto de vista del planeamiento no veo otra forma de hacerlo más que mediante unidades basadas en elementos de la naturaleza. Desde la ciudad, lo verde se entiende como esa cosa tan bonita a la que nos acercamos de vez en cuando provistos de nuestra cámara de fotos, zapatos de trekking, móvil, y demás artilugios necesarios para escalar las más altas montañas y vagabundear por territorios inexplorados. Pero esa cosa tan bonita es mucho más que algo bello. No es que la palabra “servicios” me parezca demasiado adecuada (más bien me suena a W.C.) para describir todo aquello que los ecosistemas nos dan para conseguir una vida digna y sana pero es la que tradicionalmente se viene usando, sobre todo desde que en el año 2005 las Naciones Unidas los definiera y evaluara. Y por eso he terminado por titular el artículo tal y como aparece arriba y no, por ejemplo, de forma parecida al informe cuya portada reproduzco en la imagen.

Todas las imágenes del artículo proceden de este informe

Resulta evidente que los actuales sistemas de planificación basados en considerar a la ciudad como el centro del universo han llegado a su colapso. Durante décadas las ciudades han sido seres extraterrestres posados sobre un territorio ajeno. Se hablaba del sistema de ciudades sin considerar nada más que las grandes aglomeraciones y las relaciones entre ellas. Todavía muchos estudios de planificación sólo saben diseñar estrategias basadas en la competitividad mundial y en situar a la ciudad que les ha encargado el plan en lo más alto de la clasificación con más crecimiento que nadie. Pero ya en la segunda década del siglo XXI estos planteamientos basados en el desarrollo porque sí (y sobre todo en el desarrollo que consiste en quitarle a los demás su cuota de riqueza o progreso), se está constatando que conducen a un callejón sin salida. Las ciudades más avanzadas, y no me refiero a las de mayor tamaño, vuelven ya la mirada a sus territorios. A esos territorios despreciados y degradados durante años, y empiezan a hablar de desarrollo endógeno. Algo es algo. No es suficiente, pero es un comienzo.

Mosaico de ecosistemas que conforman un paisaje cultural ideal

Es decir, se empieza a hablar de regiones con base no sólo económica o cultural, sino también natural. Áreas territoriales en las cuales la propia ciudad, la agricultura, la ganadería, la industria, los aprovechamientos forestales, las áreas de naturaleza más o menos virgen que quedan, deben pensarse como un todo. En este contexto el objetivo ya no es el crecimiento a cualquier precio, sino conseguir que los habitantes vivan de una forma digna y puedan realizarse como personas sin obstáculos debidos a las desigualdades o a la discriminación. Eso supone, por supuesto, que la naturaleza del territorio impone límites a la capacidad de acogida. Tradicionalmente estos límites se han superado mediante el transporte. Que no tenemos cereal suficiente, lo traemos de Rusia. Que no tenemos cobre suficiente, lo traemos de Chile. Que no tenemos petróleo suficiente, lo traemos de Kuwait. Que no tenemos espárragos suficientes, los traemos de Perú. Que tenemos que desprendernos de residuos nucleares, pues los llevamos a África. El problema es que este método funciona mientras el precio del transporte de toda esa energía, materiales y personas es asumible por el sistema. Pues bien, empieza a no serlo.

Marco para el desarrollo de los indicadores del informe

Parece evidente que si esto es así va a producirse un cambio radical en los instrumentos de planificación. Y este cambio pasa por una reconsideración del territorio y de sus posibilidades. Desde cosas tan elementales como los ámbitos (las unidades administrativas actuales son auténticas perversiones del sistema) hasta los objetivos, pasando por las formas de gestión o la reconsideración normativa del plan. Todos los profesionales del planeamiento estamos de acuerdo en que el plan (sobre todo el de urbanismo) tal y como lo conocemos hoy, por lo menos en España, está muerto. No sirve más que para enriquecer, tanto a corruptos como a inversores de buena fe (no corruptos). Desde luego para lo que no sirve es para adecuar recursos y servicios a las necesidades de las personas y organizarlos racionalmente asignándoles lugares en el territorio. Probablemente tan sólo la normativa y planificación de protección, tanto la cultural  como la ambiental, sean las únicas que, en estos momentos, mantienen un mínimo de coherencia y, aunque con grandes dificultades, están intentando salvar lo poco que queda.

Razas ganaderas autóctonas amenazadas 
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Porque ese territorio tan olvidado, esquilmado y despreciado, es la base que permite la existencia de las ciudades y su funcionamiento. Aunque, desde una perspectiva urbana, a algunos les pueda parecer un tópico derivado de una visión romántica de la vida, sin naturaleza no serían posibles las ciudades. Ya hace años que vengo planteando esta cuestión en términos de orden y entropía. Pero no es necesario recurrir a logaritmos neperianos para darse cuenta de que la naturaleza, no sólo sirve para producir bienestar, sino que constituye la misma posibilidad de que existan urbanitas. Simplemente como recordatorio de lo que no hemos tenido en cuenta estos años me gustaría repasar algunos de los beneficios que esta naturaleza, entendida como un ejército de ecosistemas, nos suministra. Es lo que se conoce como “servicios ecosistémicos” o “servicios de los ecosistemas” propuestos, sobre todo, como una forma de ponerlos en valor. De los que más directamente dan soporte a las actividades urbanas y que, normalmente se organizan en redes sustituyendo con ventaja en muchos casos a la infraestructura gris, ya he hablado en varios artículos anteriores con el nombre de “infraestructura verde”.

Los impulsores del cambio en la biodiversidad

Existen diferentes clasificaciones de estos servicios. Para lo que pretendo ahora la elección de una u otra es casi irrelevante, ya que mi objetivo es dar un significado más intencional a expresiones muy de moda tales como desarrollo endógeno, resiliencia o territorios productivos. Por la sencilla razón de su accesibilidad, y porque suministra datos concretos para nuestro país, voy a seguir la propuesta de la Evaluación de los ecosistemas del milenio en España (EME) que comenzó en el año 2009 y todavía con algún capitulo en revisión. Vamos a empezar con algunos números impactantes: “De acuerdo con los cálculos realizados en este proyecto (informe Stern), la biodiversidad tiene un valor económico de entre 10 y 100 veces mayor que el coste relacionado con su conservación y que en la primera década del s. XXI se han perdido servicios por valor de unos 50.000 millones de euros anuales sólo en lo referente a los ecosistemas terrestres. Esta estimación es una aproximación conservadora ya que sólo contempla algunos de los servicios de los ecosistemas suministrados por la biodiversidad terrestre, obviando por el momento los ecosistemas marinos, los desiertos o los Círculos Polares”.

Suministros en función de la gestión realizada

En el informe los servicios se clasifican en tres grandes grupos. En el primero aparecen los llamados “Servicios de Abastecimiento”: aquellas contribuciones directas al bienestar humano que provienen de la estructura biótica y geótica de los ecosistemas. Entre estos servicios podemos destacar:
  • Alimentos procedentes de la agricultura, ganadería, pesca, acuicultura, apicultura, etc.
  • Alimentos obtenidos directamente de los ecosistemas naturales o poco modificados culturalmente.
  • Agua para consumo humano o para usos agrícolas e industriales.
  • Materias primas de origen biótico (madera, celulosa, fibra textil, etc.).
  • Materias primas de origen geótico (sal marina o continental).
  • Energías renovables (biomasa, hidroeléctrica, eólica).
  • Información genética usada en biotecnología.
  • Medicinas naturales, como las obtenidas a partir de plantas silvestres.
Es sencillo entender que la mayor parte de estos servicios son fundamentales, no sólo para la ciudad en concreto, sino para los seres humanos en general, vivan en ciudades, en áreas rurales, o en cualquier tipo de asentamiento que podamos imaginar. 

Estado de los ecosistemas en relación a los servicios

El segundo grupo está formado por aquellos servicios llamados “de regulación”, ya que se trata de contribuciones indirectas al bienestar humano producidas por el funcionamiento de los ecosistemas. Entre otras se pueden destacar las siguientes:
  • Regulación climática.
  • Regulación de la calidad de aire.
  • Regulación hídrica y depuración del agua.
  • Control de la erosión y fertilidad del suelo.
  • Regulación de perturbaciones naturales, como el control de inundaciones.
  • Control biológico, como el control de plagas.
  • Polinización de cultivos agrícolas y plantas aromáticas o medicinales.
Algunos de estos servicios son los que, en otros lugares del blog hemos llamado “infraestructura verde” porque, en muchos casos, pueden suministrarse o bien mediante obras artificiales (infraestructura gris) o aprovechando los propios ecosistemas. Por ejemplo, el control de inundaciones tal y como está planteado en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. La cuestión de la regulación climática es paradigmática en el caso de la arquitectura o el urbanismo bioclimáticos frente a la utilización de una infraestructura artificial tal como aparatos de calefacción o aire acondicionado.

Estado de los ecosistemas en relación a los servicios

El tercer grupo está constituido por los llamados “Servicios culturales”, es decir “aquellas contribuciones intangibles que la población obtiene a través de su experiencia directa con los ecosistemas y su biodiversidad”. Puede parecer anecdótico este grupo pero tiene también gran importancia porque está directamente relacionado con cuestiones de salud mental tal y como hemos visto en el artículo anterior y como se refleja en muchos documentos que contienen evidencias científicas al respecto. Como ya he dedicado varios artículos al tema lo dejo aquí:
  • Conocimiento científico.
  • Conocimiento ecológico local.
  • Identidad cultural y sentido de pertenencia.
  • Sentimiento espiritual y religioso.
  • Disfrute estético de los paisajes.
  • Actividades recreativas y de ecoturismo.
  • Educación ambiental.
Todas las cuestiones relacionadas con la identidad cultural y el sentido de pertenencia han sido otra de las constantes abordadas en los artículos del blog (por ejemplo, el dedicado a Patrick Geddes) y que necesitan ser adecuadamente valoradas por los planificadores.

Estado de los ecosistemas en relación a los servicios

Yo mismo he propuesto en alguna publicación otra clasificación de estos servicios enfocada a la planificación urbana (más operativa y menos valorativa): elementos ecológicos, de infraestructura y de equipamiento. En cualquier caso, estos beneficios producidos por los ecosistemas sólo en casos muy excepcionales y puntuales han sido considerados a la hora de planificar nuestros territorios. Pero esta situación está cambiando. Cuando los recursos no pueden venir de fuera hay que buscarlos en casa. El problema es que muchas de nuestras casas (territorios) han sido ya desvalijadas. En este mismo informe puede leerse: “El ecosistema urbano considerado como un consumidor de servicios de otros ecosistemas ha incrementado la demanda del 84% de los servicios evaluados (16 de 19) en los últimos 50 años. Todos los servicios de abastecimiento, regulación y culturales han incrementado su demanda salvo tres que se han mantenido estables básicamente porque no son servicios que se puedan proveer desde el exterior. Por ejemplo, los relacionados con las zonas verdes en las ciudades, que son de regulación (polinización, fertilidad del suelo)”.

Los servicios en el sistema urbano

Recomiendo la lectura completa del informe (aunque tiene partes en revisión, se puede obtener gratuitamente en el enlace que figura al final del artículo). Para el análisis de la situación se han considerado ocho ecosistemas terrestres: bosque y matorral esclerófilo, bosque y matorral mediterráneo continental, bosques atlánticos, montaña alpina, montaña mediterránea, zonas áridas, ecosistemas macaronésicos y agroecosistemas. Cuatro ecosistemas acuáticos: marino, ríos y riberas, lagos y humedales de interior u acuíferos. También el litoral como ecosistema de transición y los ecosistemas urbanos. De todos ellos se hace un análisis desde el punto de vista de los servicios que suministran, el estado actual y su evolución previsible. Por supuesto que unos capítulos son más interesantes que otros, pero en general, el informe es de lectura bastante asequible e interesante. Hay muchos datos que pueden resultar sorprendentes. Por ejemplo, el hecho de que España es el país que más superficie protegida aporta a la red europea Natura 2000 con casi el doble de hectáreas que Suecia que es el segundo, y más del doble de lo que aportan Alemania, Francia o Finlandia.

Número de especies de plantas vasculares por área en Europa 
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De todos los sistemas considerados voy a comentar algunas de las conclusiones relativas a los Agroecosistemas ya que son los que ocupan la mayor superficie de suelo: más o menos un 60%. Aunque las cifras pueden variar, globalmente este es el orden de magnitud. Los principales servicios que produce son, claro está, los de abastecimiento alimentario a través de la agricultura y la ganadería, pero también provee muchos otros tales como “servicios esenciales de regulación (almacenamiento de carbono, fertilidad del suelo, regulación hídrica, polinización) y culturales (conocimiento ecológico local, recreación y ecoturismo, educación ambiental, conocimiento científico)”. En general, dice el informe, “los agroecosistemas españoles mantienen sus servicios de abastecimiento, aunque con pérdida de agrobiodiversidad, lo que incrementa la dependencia respecto a empresas suministradoras de semillas, los pesticidas y fertilizantes. A ello se añade un consumo de energía creciente. Aunque la capacidad de producir alimentos está asegurada, no se aprovechan las enormes posibilidades que ofrece el extenso espacio rural español para la producción ecológica y como opción atractiva para la calidad de vida”.

Los servicios en los agroecosistemas

Esta visión optimista desde el punto de vista del abastecimiento no se mantiene en lo referente a los servicios de regulación: “En cuanto a los servicios de regulación, son los que muestran un estado más débil. Cinco de ellos, los más asociados al mantenimiento de procesos ecológicos esenciales, no mejoran y mantienen una situación mixta, tanto los que podrían contribuir a moderar los efectos del cambio global (regulación climática, de la calidad del aire, de perturbaciones) como los que dependen de dinámicas biológicas (polinización, especies amenazadas). Dos se deterioran claramente, la regulación de la fertilidad del suelo – aumentando la dependencia de materias primas minerales, fertilizantes, en gran medida importadas-, y la regulación morfosedimentaria debido al abandono de usos. Por último, dos tienden a mejorar: la eficiencia en el uso del agua agrícola y los métodos de control biológico”.

Nivel de afectación a los servicios de los agroecosistemas 
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Respecto a los servicios culturales cinco de ellos "aumentan su importancia, debido principalmente a las demandas de la población urbana: servicios de educación, disfrute estético y espiritual, actividades deportivas, etc.; pero ello ocurre en paralelo a una pérdida del conocimiento ecológico local y el deterioro del sentido de identidad y pertenencia de las sociedades rurales. El peligro de terciarización del espacio rural –siguiendo un modelo tipo parque de ocio, con uniformización de contenidos- y la preponderancia de servicios desligados del carácter y función agraria de estos ecosistemas, es muy evidente”. También se destacan en el informe otros problemas relacionados con este ecosistema como, por ejemplo, la pérdida del acervo genético y cultural de la agricultura y ganadería tradicionales. Pérdida que podría impedir un mayor rendimiento, por ejemplo, en la comercialización ecológica ya que, aunque se han producido algunos avances en lo “bio” no se han producido en consonancia con lo que ha ocurrido en otros países. Probablemente sería necesario un apoyo institucional y social decidido para modificar la esta tendencia.

Mosaico de ecosistemas que conforman un paisaje cultural ideal

Estamos en un momento francamente interesante tanto desde el punto de vista de los cambios en la organización social como de nuestros territorios. La necesidad de compatibilizar la vuelta a “la tierra” con una visión de “la Tierra” como un sistema global, está obligando a replantear las bases de un mundo heredado de la Revolución Industrial y que está dando sus últimos estertores. Y esto va a afectar también al planeamiento. La prueba de que algo se mueve es que no son pocas las universidades y centros de investigación en los que estos temas empiezan a considerarse se forma prioritaria. Por no alejarme demasiado del lugar donde trabajo a mi propio grupo de investigación se le ha concedido un I+D+I que lleva por título “Integración de los espacios agrarios periurbanos en la planificación urbana y territorial desde el enfoque de los servicios de los ecosistemas”. Trabajo que se está desarrollando en estos momentos. Y con este mismo enfoque dirijo dos tesis doctorales. Probablemente falta todavía tiempo para que investigaciones de este tipo puedan concretarse en recomendaciones a las que sea sensible la sociedad y puedan ser asumidas por los políticos, pero el camino no parece que pueda ser otro que el de los “servicios de proximidad”. Es decir, el acortamiento de las distancias entre servicios (tangibles o intangibles) y población, frente al dominante en la actualidad que es justo el contrario: buscar estos servicios cada vez más lejos.


Referencias:
  • Los informes de evaluación de los ecosistemas del milenio pueden encontrarse en la página web Millennium Ecosystem Assessment.
  • Para el caso español la página con los informes es la de Ecomilenio donde, además hay noticias, enlaces y la agenda de actividades del EME.
  • El Informe de Síntesis del EME de septiembre de 2011 (el que he comentado en el artículo) puede encontrarse en la página web Ecomilenio.es, y obtenerse gratuitamente bien por capítulos o en su totalidad.
  • El Informe de Resultados del EME de marzo de 2012 puede encontrarse en esta misma página web de Ecomilenio.es y obtenerse gratuitamente por capítulos (aunque algunos están todavía en revisión).
  • Existen muchas publicaciones interesantes pero, por su carácter intermedio entre la divulgación y el rigor recomendaría la titulada “Servicios de los ecosistemas y el bienestar humano” coordinada por Nekane Viota y Maider Maraña, de Unesco Etxea, publicada en el año 2010. Puede obtenerse en pdf en este enlace.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Profesor Fariña, quería hacerle dos rápidas y escuetas pregunta:
1. ¿"Ecosystem services" podría ser traducido como "recursos de los ecosistemas" en lugar de "servicios de los ecosistemas"?
Me resulta más fácil entenderlo con esta expresión, pero no sé si sería correcto.
2. Dentro del ecosistema, los beneficios que aporta el paisaje estarían dentro del punto 3, ¿verdad? (cultural services)
Gracias y saludos.
Judit.
P.D. Por favor, si alguien lo lee, me aclararía mucho saber su opinión.

José Fariña dijo...

Judit: ya puedes imaginar si lees el primer párrafo del artículo que la palabra "servicios" no me gusta demasiado. Sin embargo no es exactamente igual a "recursos". Aunque la acepción 7 del diccionario de la RAE cuando dice: "Conjunto de elementos disponibles para resolver una necesidad o llevar a cabo una empresa", parece aplicable a lo que queremos decir normalmente se suele utilizar para cosas que, por ejemplo, no son un "equipamiento", una "infraestructura" o un "proceso". De cualquier forma "servicios" es la expresión que se va imponiendo en la literatura especializada (a pesar de las muchas discusiones entre expertos) y pienso que ya es inamovible.
Respecto a tu segunda pregunta depende de cómo consideres el paisaje. Si es simplemente desde el punto de vista estético probablemente sea lo que dices. Sin embargo la visión de un paisaje natural puede considerarse también como un elemento relacionado con la salud mental de las personas (por ejemplo, con la recuperación de las puntas de estrés) y, desde esta óptica, se diferencia poco de un servicio como puede ser el de rebajar los niveles de contaminación aérea.
Probablemente no haya conseguido resolver totalmente tus dudas pero es que las preguntas que haces no creo que se puedan contestar con un sí o un no.

Anónimo dijo...

Gracias por las respuestas!
Sí, es cierto que recurso sería aplicable sin problemas a los servicios del tipo 1, pero no al resto.
En cuanto a la consideración del paisaje... obviamente depende de la definición y aproximación al concepto. ¡Me ha gustado ese enfoque de incluir el paisaje como un agente "regulador", al igual que el ecosistema es un regulador climático! Esto está muy relacionado con los trabajos de Stephen y Rachel Kaplan (aunque ellos dirían que el paisaje funciona, además de como recuperador del estrés, como recuperación de la "atención directa" o fatiga mental; diferencian ambos conceptos). No sé si ha hablado de ellos en el blog pero sería muy interesante. Atentamente (y muy agradecida)
Judit.

José Fariña dijo...

Judit: sí, efectivamente, en varios lugares del blog se menciona a los entornos restauradores y a Kaplan. Que recuerde (así, de memoria) en los artículos de "Espacio público y vivienda", "Naturaleza en la ciudad" e, incluso, en el dedicado a las "Rotondas". No sé si en alguno más. Mi interés por el tema de los "entornos restauradores" me lo despertó José Antonio Corraliza ya hace algunos años cuando trabajábamos juntos en los informes previos al Plan de Paisaje de Madrid. Respecto a la cuestión de la recuperación de las puntas de estrés en diferentes ámbitos hay bastantes evidencias científicas. En la bibliografía del informe "Delivering Healthier Communities in London" que comento en el artículo anterior hay algunas referencias en el apartado de salud mental. Pero no hay ninguna duda de que las zonas verdes y, en concreto, el paisaje natural está relacionado con la salud mental y, por tanto, se puede considerar también un sistema de regulación. Sobre todo de la excesiva cantidad de impactos que producen los ámbitos urbanos, por ejemplo en forma de contaminación visual. En este sentido, lo mismo que las hojas fijan las partículas de contaminación aérea, la belleza del paisaje que producen los elementos de naturaleza en la ciudad "limpia" los impactos excesivos de la publicidad, semáforos, congestión, etc.

Antonio Folgado dijo...

Pepe: siempre me sorprendes con los temas de las entradas. Y el caso es que todas ellas, desde la del grafiti a la de los servicios ecosistémicos, tienen un hilo argumental que las relaciona entre sí. Prueba de que detrás está un pensamiento coherente. Hace mucho que no vienes por nuestra tierra, te echamos de menos. Anímate. Unha aperta.

Anónimo dijo...

Debate interesante y necesario. Nos encontramos en un momento apremiante en muchos aspectos. El urbanismo, la planificación, la ciudad, los entornos periféricos de la misma, las grandes extensiones agrícolas industrializadas, el campo, el mundo rural y finalmente el medio natural, se están revisando. Los esquemas tradicionales de configuración y funcionamiento de los ambientes antes mencionados, se han quedado obsoletos, no satisfacen las necesidades humanas en el nuevo contexto socio-político-geo-económico en el que nos movemos. Las relaciones entre los medios antropizados y los ecosistemas de los que dependen está en entredicho.

Por un lado el sistema trae consigo una fuerte inercia que impide que el proceso de transformación sea más rápido, por otro lado, las salidas creativas y adaptadas, bien entendidas, y originadas en el entendimiento profundo y en la esencia de los retos actuales, se abren paso iluminando el camino.

Parece claro que el nuevo paradigma va anidando en las mentes más despiertas, y que cada vez más gente es más consciente de lo imparable del proceso de cambio y de la importancia y trascendencia del mismo.

Pese a todo, es necesario cierto nivel de coherencia, desde la escala del individuo hasta la escala ejecutiva de la sociedad al completo. Algo que todavía no se está produciendo con suficiente intensidad.

Me sorprende leer términos tan modernos que describen conceptos tan tradicionales. "Endógeno"...

Un saludo,
Adri

José Fariña dijo...

Adri: me alegra que aparezcan de nuevo tus comentarios, los echaba de menos.

Juan Cervera dijo...

Estos artículos son fantásticos para tener una visión comprensiva y diferente a la habitual de las relaciones de los humanos con su territorio. No estoy demasiado de acuerdo con la consideración de las ciudades como un ecosistema. Ni tampoco de los agroecosistemas. Pero la construcción puede servir como analogía. Esta forma de estudiar las relaciones entre natura y ciudad es, como poco, sorprendente. Ahora entiendo un poco mejor los artículos sobre infraestructura verde que has publicado en el blog en varios momentos. Gracias por difundir estas cosas "en abierto" y no solo para tus alumnos. En algunos cursos en los que se aprende mucho menos se cobra mucho más.

Gustavo Lezcano dijo...

Judit, respecto a la utilización de la palabra recursos para referirse a los servicios de los ecosistemas estoy de acuerdo con Fariña que no son lo mismo pero, tampoco sería algo muy desastroso. De hecho se suele utilizar en muchas ocasiones sin que nadie se rasgue las vestiduras, de forma que si la usas tampoco sería un crímen. Respecto al tema del paisaje soy bastante escéptico respecto a la cuestión de la belleza, etc. y lo veo más desde el punto de vista de la identidad. También, como dice Fariña, y si nos centramos en el paisaje natural, sus propiedades "curativas" son evidentes.

Luičenko dijo...

Hola Pepe,
Perdona, pero creo que esta vez no estoy de acuerdo con el articulo, pues se soslayan aspectos que pienso son claves para dar luces a los conceptos que describes (Servicios ambientales y Capital Natural). El problema de dichos conceptos es epistemológico… o sea, de fondo. La idea que esta detrás es la monetarización de esos servicios… (Costanza y otros…). Cruzando eso con la formidable descripción que hace Naredo de Economía, Economía Ambiental y Economía Ecológica y entendiendo los ámbitos de cada una de ellas (apropiación, etc., bien sabido así es que no es necesario insistir allí) queda claro que lo que se presenta como una “solución” al valorar esos servicios no es tal. ¡Pero claro! ¿O estamos de acuerdo en que el problema es de mercado? Falla de mercado, dirán los economistas… ¿O de asignación de valor monetario a esos servicios? Por supuesto que no, si eso es solo crematística (dinero por el dinero, y ya hemos visto con la crisis donde nos ha llevado ese paradigma…) y nuestro problema sigue siendo ecológico (termodinámico, a la Georgescu-Roentgen, para buscar un punto de encuentro Pepe!)… y luego cuando se aplican definiciones como “capital natural” se me ponen los pelos de punta. ¿Capital natural? Perdón, ¿A que tasa de descuento? Porque se trata de un concepto que tiene que ver con la evaluación (estrictamente) monetaria de la naturaleza… léase bien CAPITAL… VAN, TIR, etc., eso es lo que hacen…
Luego hay que tener bien presente que las implicaciones “practicas y operativas” en el uso de tales expresiones son bien perversas…
Creo que lo peor que podemos hacer aquellos a quienes todavía nos importa la naturaleza es entrar en la monetarización de aquello cuyo valor transciende el mero valor de cambio ($$)…
Un Abrazo!

José Fariña dijo...

Gustavo: Gracias por contestarle a Judit. De todas formas lo que tenía que estar haciendo esta chica es ir terminando la tesis (Judit: todavía sigo esperando tu correo invitándome a la lectura de tu tesis, ya sólo queda un año).

José Fariña dijo...

Luis: aunque no estés de acuerdo con el artículo yo si estoy de acuerdo con tu comentario. Efectivamente, todos aquellos que me conocen saben perfectamente que estoy en contra de valorar en $$ la naturaleza. Pero otra cosa distinta es valorar "los servicios" que esta ofrece en sustitución de otros (o sin sustituirlos) digamos que más grises en lugar de más verdes. Lo único que quiere decir esto es que no es posible, ni deseable, una valoración económica en términos contables de los ecosistemas como tales (como base de la existencia de los humanos, de las ciudades, de la técnica, de nuestra realidad) pero sí que es posible establecer una contabilidad, aunque no sea monetaria, de los pluses que nos ofrece utilizar una infraestructura verde en lugar de una infraestructura gris para la regulación de inundaciones, o un equipamiento como un parque para realizar ejercicio físico en lugar de un gimnasio. Lo que ha permitido el concepto es traer a la conciencia ciudadana que los ecosistemas NO SÓLO son esas cosas etéreas que los ecologistas dicen que son fundamentales para nuestra pervivencia como que exista mayor diversidad biológica, sino que, además, producen beneficios tangibles directos y constatables. De todas formas tengo claro que tu afirmación acerca de nuestro desacuerdo es retórica ya que solemos estar bastante de acuerdo en estas cosas y que, en realidad, quieres distraerte un poco en la Chequia profunda, discutiendo conmigo. Lástima no habernos visto el otro día en Madrid y haberlo discutido en persona. Un abrazo fraternal.

Gema dijo...

Enhorabuena por el blog, no lo conocía, pero lo que he podido ver sobre el paisaje me ha parecido muy interesante, por eso he publicado un post poniendo un enlace al tuyo en el blog de Jardinería y Paisajismo que edito.(http://jardineriaypaisajismo.blogspot.com.es/2013/02/visitando-blogs.html).
Saludos cordiales.

Anónimo dijo...

Sr. Fariña, tiene mucha razón, lo que debería estar haciendo ahora mismo ¡es la tesis! Pero como todos los días, una de las primeras cosas que hago por la mañana es pasarme por el blog a ver si hay "algo nuevo".
Me ha halagado y sorprendido mucho (sobre todo esto último) que recuerde mi estado de doctoranda. :D
En menos de un año, espero invitarle a mi presentación. Saludos cordiales a todos.
Judit.

Anónimo dijo...

En realidad, Fariña, no he dejado de entrar por el Blog y leer los artículos, con mayor o menor asiduidad. La cuestión es que no siempre dispongo del tiempo y el convencimiento personal, para aportar algún comentario; motivo por el cual, aparentemente, aparezco y desaparezco de este espacio virtual.

Sucede a menudo que me encuentro muy atareada buscando salidas personales a la situación global...Lo que de alguna manera eclipsa otros aspectos.

Es difícil reinventarse en una sociedad estática, inerte y estéril. Socialmente establecida y mentalmente anulada. Es complejo explicar lo que uno desea aportar y promover, y muy difícil de materializar. Aunque afortundamente, "los jóvenes" contamos con recursos y herramientas importantes, pero sobre todo con una mentalidad, una actitud y unas necesidades muy diferentes a las de las generaciones inmediatamente predecesoras.(Salvando las excepciones, o al menos así es la mayor parte de las personas con las que me relaciono).

La visión de las orejas del lobo está siendo lo suficientemente clara y concisa. Salvo para el que no lo quiera ver.

Motivo por el cual la relación con el medio, con el entorno, y a gran escala, con el territorio, están cambiando. La realidad se impone una vez más, y la que hay: es la que tenemos.

Cada vez más gente es consciente de que la etapa que atravesamos precisa de cambios profundos, de revisiones commpletas, y que, por ello, no va a ser precisamente corta o pasajera. Por eso una parte del colectivo profundiza en razonamientos y análisis más profundos, de la realidad global, y que abarcan muchos más parámetros, adoptando soluciones mucho más adaptadas, mucho más complejas y mucho más eficaces.

Otro tipo de soluciones se esfuman con la misma rapidez que se generaron y no constituyen pilares fundamentales a los que aferrarse a medio y largo plazo. Generando una sensación falsa de avance, o progreso a nivel de sociedad.

El "callejón sin salida" persiste, pese a los intentos mentales, más que de otro tipo, de algunos sectores de la sociedad, de pretender hacer ver y creer al resto que "esto es cuestión de tiempo", o "todo volverá a la normalidad". Entendiendo por "normalidad" una situación pasada, calificable de muchas formas, pero de cien maneras explicada y analizada por su increíble grado de "excepcionalidad".

Las soluciones reales a este desfase general, y a la degradación total de este sistema caduco e incapaz, pasa por una tormenta de intereses enfrentados, tras los que no sabemos, hoy, si llegará la calma.

De momento las riendas de las alternativas a los retos propuestos, deben ser asumidas por el pueblo, por el simple hecho de que las consecuencias de no hacerlo recaerán sobre él mismo. Y por otro lado, porque siempre ha sido así. Los mecanismos y fórmulas institucionales y públicos, han dado suficientes muestras de ineptitud al respecto. Sumándose a la incultura y a la ignorancia popular de una manera totalmente fuera de lugar y de todo sentido común. O realizando otra lectura, de una manera totalmente justificada por el interés particular e individual.

Actualmente se encuentran soluciones e ideas más importantes e interesantes, y menos relacionadas con el interés particular, entre ciertos sectores de la población llana, que en el ámbito institucional...

Y esto da qué pensar.

Un saludo,
Adri








Bernardo Cuesta dijo...

Me parece un gran peligro cualquier intento de valorar monetariamente los ecosistemas. La cuestión de los ecosistemas del mileno siempre me ha parecido una forma de introducir cuestiones neoliberales en área a las que no se pueden aplicar estas teorías. Bernardo.

José Fariña dijo...

Bernardo: básicamente dices lo mismo que Luis (Luicenko) y la contestación es muy parecida exceptuando que no entiendo muy bien el tema del neoliberalismo. Me parece que este tipo de cuestiones trascienden las ideologías. Como le decía a Luis, hay aspectos de los ecosistemas imposibles de valorar económicamente (por ejemplo, sus funciones ecológicas). Pero las de infraestructura o equipamiento pienso que se pueden valorar perfectamente y que, además, es bueno que se haga para que se puedan internalizar determinados costes que nunca se consideran.

uno_mas_otro dijo...

Profesor, sus artículos son una fuente de inspiración cualitativa. A ese nivel, me resultan acertados sus diagnósticos, y valoro la prudencia de sus propuestas [la que, por lo que sea, es bastante extraña 'chez' los políticos]. Son estimulantes para encontrar respuestas al cómo.
En esta dirección aporto comentarios en dos contribuciones consecutivas.
El cómo que centra mi interés de su exposición es la compatibilización de la visión local-global y la conexión de diagnósticos y propuestas con prácticas asumibles por la administración y la política.
El origen de esos intereses y la forma de abordarlos radican en un entendimiento fenomenológico de la realidad, que distingue en ella tres ámbitos constitutivos interconectados: funcional [con carácter cualitativo], operativo [el de la materialización concreta y por tanto con carácter cuantitativo] y relacional-organizacional [con carácter mediador, facilitador].
Según ese planteamiento, la monetización no debería ser más que un instrumento facilitador para casar recursos con necesidades, privilegiando la salud del funcionamiento; [salud en un sentido amplio, con sus connotaciones de buen estado en el presente y de durabilidad en el tiempo].
Funcionalmente, la disponibilidad de los recursos [el abastecimiento] está condicionada por los servicios reguladores, y su accesibilidad y usabilidad por los servicios de 'acondicionamiento' [que incluiría la entrega y la generación de condiciones de aprovechamiento].
Volver a dar valor al planteamiento endógeno [cómo interaccionan los diversos elementos y agentes del ámbito 'local', en los territorios de proximidad] parece necesario y el gran reto, es visualizar su interacción con los mecanismos de funcionamiento globalizado:
- por un lado, cómo 'satisfacer necesidades aquí' influye en 'la salud, la disponibilidad y el acceso a recursos allí' [relaciones local-local a distancias macros],
- por otro lado, cómo influye y es afectado lo endógeno por las dinámicas globales de la tierra como 'actor-elemento individual'.
El volver la atención hacia lo endógeno, deriva en considerar la conveniencia de economías de proximidad. ¿Es una solución en sí misma? ¿responde a todos los criterios: socio-culturales, económico-ecológicos, considerando la durabilidad funcional como la forma de plasmar la solidaridad para con los que no están pero vendrán?
El caso es que, en ese contexto globalizado, hecho posible sobre un esqueleto energético de viabilidad incierta por cuestiones físicas, económicas-sociales y medioambientales, ¿no pasa a ser necesario monitorizar el valor añadido que las diversas multitudes locales aportan en el contexto global para resolver las necesidades emergentes en sus versiones locales correspondientes?, ¿dónde se genera ese valor y cómo compararlo en un contexto de funcionamiento globalizado?;
¿es la planificación territorial consciente de su originalidad endógena?
Lástima que la ciencia económica decidiese formalmente incapacitarse para monitorizar una economía de necesidades y originalidades... [Como la ciencia 'formal' investigar las relaciones causa-efecto para conformarse con la estadística].

El caso es que son necesarios mecanismos de comunicación que permitan entendimientos 'suficientes' para cuadrar esos tres niveles solapados que hacen posible la vida: local, local-local, local-macro [ámbito relacional-organizacional].
Desechar algo porque no funciona bien, es gasto de recurso y contradictorio con un plateamiento 'natural' [y en el caso de una disciplina del conocimiento, una aberración histórica que puede resultar pretenciosa]: si se pueden identificar sus vacíos, y los resquicios que dan lugar a usos viciados, establezcamos mecanismos de revisión y control, hagamos posible el cambio, pero no nos cerremos en banda y ejerzamos de una manera tan extremista como los que, explotando los defectos, hacen inaccesible la participación del resto.
Existen instrumentos para abordar la complejidad.

uno_mas_otro dijo...

...existen instrumentos para abordar la complejidad.
Aunque el ayuntamiento de Madrid en los diagnósticos publicados como preavance del nuevo plan general [que quizá no sean las versiones definitivas sobre las que trabajan sus técnicos], obvie lo que significa ser una ciudad global y todavía esté más próximo a la versión convencional de la planificación que a la que mira a la realidad y a sus retos a los ojos, con todos sus recursos y consciente de sus debilidades; y que de acuerdo a ello y sus necesidades establece objetivos y compone y valora estrategias combinando los elementos disponibles.
Justamente, en cuanto a las prácticas asumibles para la política [que concierne a la operatividad del sistema], usted habla de la contribución de la universidad. Respecto a los trabajos de investigación y el funcionamiento de las universidades, cabe preguntarse: ¿qué se prima? ¿Cómo se mira a la complejidad?, ¿cómo se cubren los vacíos de competencias que la profesión muestra? El planteamiento, ¿también es endógeno? ¿todavía?

Anónimo dijo...

¿Que relación tienen el paisaje con los servicios ecosistémicos ?
¿Porque consideraríamos un paisaje como servicio ecosistémico?
Gracias.

Paula dijo...

No sé que pensará Fariña al respecto pero a mí me parece que el Paisaje es, precisamente, uno de los servicios que nos ofrecen los ecosistemas. Y lo creo por muchas razones. Porque proporciona salud mental a la ciudadanía en forma de vuelta a la naturaleza y de belleza. Porque ayuda a mantenernos sanos físicamente. Porque nos enseña, en su misión educadora, el significado de lo natural y lo rural.