jueves, 3 de junio de 2021

La ciudad en la sociedad digital

En estos días de pandemia se han puesto a prueba, y en muchos casos se han agudizado, determinadas tendencias indicativas de cambios sociales de importancia que deberían incidir en varios de los elementos que conforman nuestros entornos, desde los más próximos a los más lejanos. Así, desde la necesidad de abordar la globalización de una forma distinta a la actual (que tiene demasiados fallos) hasta el diseño de la vivienda. También, por supuesto, en todo aquello que se refiere al proceso de urbanización y organización de la ciudad. Es un momento de gran interés porque todavía no hay certezas. En todo caso, solamente intuiciones. Lo que sí hay son muchas preguntas. Preguntas a las que hemos de responder con mayor o menor urgencia. De forma que en el artículo de hoy abundan las preguntas. En algunos casos se intuye la respuesta, pero en otros ni siquiera hay todavía ni una intuición.

Una sociedad digital  madrilanea

Decía que, en muchos casos, se han empezado a consolidar tendencias que ya apuntaban antes de la pandemia. Trataré de referirme exclusivamente a las que tienen que ver con lo digital ya que la sociedad del siglo XXI muchos la definen como digital. Habría que empezar por señalar como curiosidad la casi desaparición del término Smart City del imaginario urbano actual. Parece como si hubiera sido puesto en un segundo plano por la pandemia. Lo cual no deja de sorprender ya que, aparentemente, la pandemia ha traído consigo una mayor necesidad de control y de tener datos centralizados. Entonces, si una de las bases de las llamadas ciudades inteligentes es, precisamente el control y la centralización de datos, la pregunta sería ¿por qué este paso a un segundo plano? ¿es que no es capaz de dar respuestas al problema planteado por la covid-19? También pudiera ocurrir que los objetivos planteados por las ciudades inteligentes sean mucho más parciales de lo que casi todo el mundo pensaba.

El futuro parecía ser la "Smart City"  endesa

Partimos del hecho de que las llamadas TIC, que abarcan el conjunto de nuevas tecnologías solo posibles a partir de la generalización de los ordenadores e Internet, ocupan un lugar casi imprescindible en nuestras sociedades. Y que su aplicación a la urbanización parece algo de sentido común. Además, lo que diferencia a la ciudad inteligente de las anteriores es la posibilidad de contar con miles, con millones de datos y tratar de aprovecharlos. Para ello se trata de que, partiendo de fuentes muy diferentes (tales como aforos de calles, uso de cajeros, animación del espacio público, complejidad residencial y otros muchos)  sea posible determinar “patrones de comportamiento de los habitantes” (textual de IBM). Y ahí tropezamos con la primera dificultad. La pandemia ha modificado de forma dramática e imprevisible estos “patrones de comportamiento” al introducir nuevos condicionantes.

Radar covid19 y control de datos  eleconomista

Pero, probablemente, el rechazo no venga de la casi imposibilidad de determinar estos patrones en las condiciones actuales. Ya producía un cierto miedo pensar en manos de quién terminaban todos estos datos, pero si ahora añadimos que muchos de ellos, para que sean realmente de utilidad, rozan las parcelas más íntimas de la privacidad (como la salud, la enfermedad o la libre circulación) el rechazo es bastante comprensible. Ya en la sociedad previa a la pandemia en pocas propuestas se encontraban indicaciones sobre la forma de acceder a toda esta cantidad de información a pesar de que la mayoría de los datos no eran precisamente datos sensibles o que afectaran a la intimidad de las personas. Es decir, las respuestas a las preguntas ¿quién, cómo y cuándo? que resultan básicas en una sociedad democrática no existían en la mayoría de los casos o bien, no eran suficientemente claras. Por desgracia, esto que sucedía ya antes se ve todavía agravado en mayor medida en las circunstancias actuales.

Iniciativas de datos abiertos en España  jacastaño

Pero el problema no sería solamente el de acceso a los datos, también lo sería la forma de hacerlos comprensibles. Porque resulta que las ciudades tienen que construirlas los ciudadanos. Pero para que esto sea posible deberían tener los conocimientos suficientes para entender el significado de algunos elementos críticos que guían la toma de decisiones. En el momento actual, y salvo algún caso excepcional esto no sucede. Ni tan siquiera se intenta que suceda. Y debería ser el primer objetivo de una Smart City verdaderamente democrática. No la propuesta de una toma de decisiones básicamente automática y basada en la eficiencia del sistema para (por ejemplo) controlar el tráfico, sino una ayuda a una toma de decisiones políticas relacionada con las necesidades prioritarias de los ciudadanos.

La paradoja de Jevons, Manchester s. XIX  gooddallartists

Y es que, desde que Jevons enunció su célebre paradoja, el resultado no puede limitarse a conseguir una mayor eficiencia del sistema, hasta ahora objetivo central de la mayor parte de las ciudades inteligentes. William Stanley Jevons fue un economista británico que en el año 1865 publicó The Coal Question donde planteaba la dependencia energética de Inglaterra respecto al carbón considerado como un recurso limitado. Aunque su tesis ha sido revisada posteriormente, en el fondo subsiste la base de su planteamiento cuando afirma que “se trata de una confusión de ideas completa suponer que el uso eficiente del combustible equivale a una reducción del consumo. La verdad es exactamente contraria a este supuesto”. Hizo esta afirmación después de demostrar que las mejoras en la eficiencia que Watt introdujo en la máquina de vapor sobre el diseño de Newcomen aumentaron de forma notable el consumo de carbón.

¿Y si la eficiencia no fuera el objetivo?  bloggarrigues

Por supuesto, esto no significa que se deba aumentar la ineficiencia del sistema para ver si a sensu contrario conseguimos disminuir el consumo global, sino que, como se demostró luego, para que aumentos en la eficiencia instantánea consigan reducciones globales del consumo es necesaria la colaboración del consumidor y los cambios en los hábitos de consumo. Es decir, se necesita un ciudadano partícipe en las decisiones con conocimiento del significado de los elementos críticos. Y eso que hablamos de eficiencia, de algo que (como ya hemos dicho) hasta ahora se ha considerado la base de una ciudad inteligente. ¿Pero qué sucede si el objetivo fundamental deja de ser la eficiencia del sistema para, por ejemplo, ser el de una ciudad más saludable? ¿Son compatibles ambos objetivos? Y en caso de que no lo sean ¿cuál sería la prioridad? ¿se podría dejar en “manos” de una máquina?

Impulso definitivo al teletrabajo  niusdiario

Pero sin llegar al extremo de la Smart City (que pretendía ser el modelo de la ciudad digital, aunque ya se ha planteado la dificultad de responder a las expectativas en una situación límite como la actual) se han ido exacerbando otras tendencias más parciales que parecían no terminaban de despegar. La primera y más evidente es el teletrabajo. Se venía planteando su necesidad, sus bondades, incluso su sostenibilidad. Ya hace algunos decenios que Peter Hall escribía que se trataba del futuro y que las ciudades deberían de considerarlo. Pero el caso es que no terminaba de despegar. Bastaron unos meses de covid-19 para que, por ejemplo, en España se publicara el Real Decreto-ley 28/2020 del trabajo a distancia.
         En la exposición de motivos de dicho Real Decreto-ley puede leerse: “De otro lado, la crisis sanitaria ha hecho que el trabajo a distancia se mostrara como el mecanismo más eficaz para asegurar el mantenimiento de la actividad durante la pandemia y para garantizar la prevención frente al contagio. Durante la crisis sanitaria no solo se ha reforzado la tendencia a la normalización del trabajo a distancia que ya se anticipaba con anterioridad a la misma, sino que incluso su utilización se ha llegado a configurar como preferente”.

¿Cómo influirá el teletrabajo en el diseño urbano?  theconversation

La pregunta es este caso sería ¿de qué forma repercute el teletrabajo en el diseño y la organización de nuestras ciudades y viviendas? El cambio más evidente se refiere a la movilidad, pero hay otros mucho más sutiles y que deberían de empezar a ser estudiados, ya que un sistema que parece va a afectar a una parte significativa de los trabajadores tiene que introducir modificaciones en su forma de vida y, por tanto, en el uso de las ciudades. Si se plantea que los desplazamientos al trabajo han organizado hasta el momento una parte importante de nuestras áreas urbanas habría que analizar otras alternativas en el supuesto de una modificación (no radical pero sí a considerar) en los mismos. Si añadimos que el cambio de modelo ya planteado antes de la pandemia estaba centrado en la ciudad de cercanía, con reducciones en estos desplazamientos, la cuestión parece relevante.

Plataforma logística de Amazon en Illescas, 200.000 m2  cadena

Otra de las bases de la ciudad tradicional (incluso, para muchos, su origen) es el comercio. Ya antes de la pandemia se veían signos de cambio. El comercio a distancia empezaba a dar sus primeros pasos con sugerencias importantes en lo que se refiere a los espacios de almacenamiento, a los de distribución y, sobre todo, al sistema de reparto. La cuestión de “la última milla” empezaba a ser considerada sobre todo por los expertos en movilidad que veían un grave problema que se les venía encima ya que, en realidad, las ciudades no estaban preparadas para abordarlo. Pero este enfoque afectaba también a la viabilidad de los grandes centros comerciales e, incluso, al comercio de proximidad. Lo mismo que en párrafos anteriores me refería al teletrabajo también ahora podríamos hablar del “telecomercio”.

Plataforma de comercio de Getafe  paginaweb

Grandes empresas como Amazon abrieron brecha, pero la pandemia también ha acelerado el proceso. Hasta tal punto que una noticia que leí hace un par de días me impactó de forma notable. Resulta que una población de tamaño medio como es Getafe en la Comunidad de Madrid, y en la que vivo, ha inaugurado la que llaman “Plataforma de Comercio de Getafe”. Dice textualmente la noticia que leí ayer en Getafe Actualidad:
         “Más de 40 comercios y establecimientos adheridos en una experiencia piloto pionera en España que tiene por objetivo convertirse en una suerte de ‘Amazon’ local. La Plataforma de Comercio de Getafe, impulsada por el Ayuntamiento de la localidad a través de GISA, es ya una realidad, poniendo a disposición de los vecinos y vecinas una gran variedad de productos y servicios a un solo clic para facilitar las compras desde sus hogares (…) los getafenses pueden realizar sus compras en comercios de proximidad de alimentación, panadería y dulces, encurtidos, dietética, ferretería, droguería, higiene, moda, servicios, belleza, joyería y relojería, perfumería o tecnología, además de acceder a ofertas diarias, información de los establecimientos, tienda online y la posibilidad de gestionar citas previas o de recoger los productos en tienda”. Y los primeros meses los envíos los pagará el Ayuntamiento.

Aprovisionarse de alimentos ya no es necesario con la telecomida  eldiario

No está claro que iniciativas como la señalada en el párrafo anterior vayan a salir adelante. Sin embargo, son indicio de que “algo” está pasando. Algo que, probablemente vaya a modificar de forma sustancial nuestras relaciones de consumo. Y no se refiere exclusivamente al hecho de “hacer la compra” es que se amplía también al de “hacer la comida”. Empiezan a proliferar negocios que podíamos llamar fábricas de comidas (porque no son restaurantes) en determinados lugares de nuestras ciudades. Fábricas de comidas que se encargan de cocinar y distribuir lo cocinado a restaurantes, pero también a domicilios particulares. Estas cocinas industriales están empezando a levantar protestas entre los vecinos porque producen olores, ruidos, aumentos en la circulación por el acopio de materiales y la distribución de comidas…

Manifestación en Madrid contra las “cocinas fantasma”  larazon

También hace tan solo unos días podía leer en la página web de TeleMadrid que: “Malos olores y un trasiego constante de coches y motocicletas. Es lo que denuncian los vecinos de Legazpi que viven rodeados de unas enormes chimeneas industriales. Pero lo peor es que están al lado de un colegio, el Colegio Miguel de Unamuno y los padres de los alumnos están que trinan por la próxima puesta en funcionamiento de una nueva instalación de 'cocinas fantasma' en la calle Alejandro Ferrán, nº 8”. Y todo ello al amparo de una ordenanza que permite la instalación de panaderías y pastelerías (obradores). Y los ejemplos se podrían multiplicar. La pregunta en este caso sería ¿cómo el urbanismo puede dar respuesta a estos nuevos planteamientos, algunos de los cuales chocan frontalmente con lo establecido como canónico?

También la banca digital  cepymenews

Y, hasta ahora, tan solo he mencionado el trabajo, el comercio o la comida. Pero debería de extenderlo a una multitud de actividades que han sufrido cambios debido a la pandemia. Entre otras, determinados servicios. Desde la educación hasta la cultura, pasando por los bancos, han tenido que modificar (como mínimo) sus herramientas. El caso de los bancos es significativo. Ahora mismo se están planteando despidos masivos propiciados por la conversión de parte de la banca presencial en banca digital. En algunas zonas rurales casi todo el comercio es ya a distancia. Y, en algunos casos, los vecinos se agrupan en torno a alguna persona de confianza para que haga los pedidos de todos ya que, una población envejecida tiene miedo de que le roben por Internet. Y, por supuesto, este sistema tampoco necesita dinero físico.

Plataforma tele enseñanza UPM  moodleupm

Para terminar esta serie de ejemplos que podría continuar páginas y páginas me voy a referir a la enseñanza porque a ella me he dedicado muchos años. Ya en mis tiempos jóvenes cursé una parte de la licenciatura de Derecho en forma no presencial en la por aquel entonces nueva Universidad Nacional de Educación a Distancia. La experiencia como alumno fue buena. Ya como docente, y obligado por la pandemia, me he dado cuenta de que una parte de la enseñanza universitaria puede realizarse sin mayores problemas a distancia. No toda, por supuesto. La combinación de enseñanza presencial y a distancia probablemente sea lo adecuado. Y tampoco estoy seguro de que esto vaya a funcionar con todos los niveles de enseñanza.
         Sin embargo, actos académicos que antes sería casi impensable llevarlos a cabo de forma no presencial, tales como lecturas de tesis doctorales, congresos, seminarios o conferencias, estamos viendo que se pueden desarrollar ¿perfectamente? con distintos miembros de tribunales, oyentes, panelistas o conferenciantes, localizados en lugares muy distintos del planeta, a veces separados por miles de kilómetros.

Un nuevo mundo de pantallas ha venido para quedarse  briconatur

La sociedad del siglo XXI es digital y deberíamos asumirlo. Pero si los habitantes de las ciudades quieren que estas ciudades estén cada vez más adaptadas al lugar, a la cultura, a la identidad de las personas que viven en sus casas y en sus calles, y que sean el marco adecuado de convivencia y progreso, necesitan tener el control de los procesos que se desencadenan en las mismas. En un momento en el que hasta las propias relaciones sociales están sufriendo profundas modificaciones derivadas de la digitalización (hasta tal punto de que se habla de relaciones virtuales en redes sociales digitales) no podemos seguir pensando que la construcción y la organización de nuestras ciudades se haga como se hacía en el siglo XIX. ¿O quizás sí? En cualquier caso, hay que estar atento a lo que está sucediendo, parece importante.
         Estamos en el momento de las preguntas, luego (como en cualquier proceso de investigación) vendrán las hipótesis, los datos, el análisis y las conclusiones. Y es que el momento es complicado: emergencia climática, sociedad digital, pandemia (y las que vendrán), crisis económica, aumento de las desigualdades... De lo que no hay duda es de que, como diría Bob Dylan (he elegido la versión española un tanto punk de Loquillo del mítico himno The Times They Are A Changin', porque la letra me gusta más que la de la mayoría de las traducciones al uso): “Venid y reuníos dondequiera que estéis, las aguas han crecido sin vuestro control, así que mejor que aprendáis a nadar, u os hundiréis sin salvación. Porque los tiempos están cambiando, porque los tiempos están cambiando, porque los tiempos están cambiando sin remisión”. 
 
 
 
 
 
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