viernes, 3 de julio de 2020

Es urgente cambiar el modelo

Y lo es porque el sistema ya ha empezado a ajustarse solo. Es ya casi un mantra que repito como un loro en todas mis conferencias y escritos: hay que cambiar el modelo y controlar el cambio porque, de lo contrario, el sistema se va a ajustar por sí mismo. Y el problema es que el sistema no va a mirar si vamos a sufrir poco o mucho, quiénes van a sufrir y cuánto. Lo que es probable es que mucha gente vaya a sufrir mucho. Bueno, pues resulta que el sistema ya ha empezado a ajustarse. Y, por tanto, es ya una cuestión de urgencia el cambiar el rumbo para poder controlar el cambio. Y no se trata de la covid19, ni del cambio climático, ni de las cada vez más crecientes desigualdades. Se trata, sencillamente, de que estamos consumiendo planeta por encima de su biocapacidad y liquidando los ahorros producidos a lo largo de miles de años en forma de reservas energéticas, sumideros de contaminación o biodiversidad.

Es urgente cambiar el modelo  expansión

miércoles, 3 de junio de 2020

El paisaje de las ruinas y el tiempo

Toda persona interesada en el tema del Patrimonio Cultural, antes o después habrá tenido que enfrentarse con la palabra “ruina”. Bien desde el ámbito académico o de investigación. También desde la práctica cotidiana, teniendo que dar respuesta (a veces con carácter perentorio) a la pregunta de qué hacer con “estos restos del pasado”. Pero la “ruina” no son solo “restos del pasado”. Expresiones como “esta casa es una ruina”, o “ruinas modernas” (véase el magnífico libro de Julia Schulz-Dornburg) y otras análogas le conceden una dimensión diferente. Intentando darle sentido al término consulté el diccionario de la RAE que en su quinta acepción dice: “Restos de uno o más edificios arruinados”. Claro que si nos vamos al significado de “arruinar” volvemos al principio: “Causar ruina”. Aunque la segunda acepción de “arruinar” puede ser algo más explícita: “Destruir, ocasionar grave daño”.

 
Lluís Rigalt, Ruinas, 1865  mnac

domingo, 3 de mayo de 2020

City Beautiful Movement

Estos días en los que solo se especula con el covid19 (la mayor parte de las veces sin la reflexión ni el fundamento necesarios) la impresión es de que algo importante está cambiando. Algo, aparentemente, muy importante. En mi encierro “coronavírico” no sé cuántas veces habré escuchado la canción de Dylan “The Times They Are a-Changin'” pensando que, efectivamente, a este hombre le han dado el Nobel con toda justicia. Pero los recuerdos de 1964 unidos al confinamiento de 2020 me han llenado de melancolía. Y el estado de melancolía está muy bien para hacer un poema, pero es un desastre para pensar racionalmente. De forma que, para curarme de tanta melancolía me puse a leer Sin noticias de Gurb ya que, como el mismo Mendoza dice “no hay en él una sola sombra de melancolía”. El resultado “inesperado” ha sido este artículo sobre el City Beautiful Movement.

Ilustración del libro de Mulford Modern Civic Art pág. 219
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viernes, 3 de abril de 2020

F. Law Olmsted, parques en red

La vida personal de Frederick Law Olmsted es digna de una película. Nació en 1822 en una granja de Nueva York. Fue periodista, botánico y, además, uno de los padres de la arquitectura del paisaje. Investigó sobre la esclavitud en su país, fue el primer secretario de la Cruz Roja norteamericana y activista social. Se casó con la viuda de su hermano adoptando sus hijos, y en los últimos años de su vida, ya demente, residió en un hospital de Belmont que él mismo había ajardinado y donde murió en el año 1903. Esperando que alguien haga la película a la que me refería antes (igual ya se ha hecho), de momento le voy a dedicar este artículo, no a su vida, sino a una parte de su obra, que cuenta con hitos fundamentales en la historia del paisajismo. Y, además, porque muchos le consideramos como uno de los principales precursores del actual concepto de Infraestructura Verde.

Frederick Law Olmsted (1822-1903)  architecture

martes, 3 de marzo de 2020

Paseos urbanos

Hace ya muchos años (en mayo del 2008) publiqué en el blog un artículo titulado “Careri, el andar como práctica estética”, en el que comentaba el libro de este autor titulado Walkscapes. Careri formó parte del grupo Stalker que en los años noventa del pasado siglo proponía buscar la ciudad inconsciente en esos territorios de nadie, difusos, perdidos entre áreas de urbanización dura, para experimentar con ellos. Y el método para hacerlo lo llamaron transurbancia. Se trataba de pasear, de recorrer el territorio levantando mapas no convencionales. En el libro de Careri se hace un recorrido por tres momentos que caracterizan el tema: entre el Dadaísmo y el Surrealismo; de la Internacional Letrista a la Situacionista; y del Minimalismo al Land-Art. Momentos que se describen más detalladamente en aquella entrada del blog (y, por supuesto, en el libro Walkscapes, el andar como práctica estética).

El Paseo del Prado, Madrid  antena3

lunes, 3 de febrero de 2020

Hacerse un selfi en la Puerta del Sol

O manifestarse. O salir/entrar del intercambiador o del metro. O caminar hacia la Plaza Mayor. O acudir a los grandes centros comerciales. O fotografiar la placa con el kilómetro cero. O robarle la cartera a un turista. O tomar las uvas según marcan las campanadas del reloj (si hemos conseguido entrar). O sentarte unos minutos (pocos) al borde de cualquiera de las dos fuentes a consultar la guía o a beber un poco de esa botellita de agua que, afortunadamente, se me ha ocurrido traer en mi recorrido turístico. O comprarle un globo a Mickey Mouse para el niño. O buscar al oso y al madroño (que están un poco retirados) para poder decir a los amigos a la vuelta a casa que, en realidad, es un conjunto escultórico bastante vulgar pero que bien vale una foto. O averiguar qué es eso de la Mariblanca que aparece con el símbolo de la cámara de fotos en Google Maps y está al otro lado de la plaza.

Hacerse un selfi en la Puerta del Sol de Madrid  elperiodico

viernes, 3 de enero de 2020

Reivindicación de la ciudad

Este mes han llegado a mis manos dos libros que me han servido para reflexionar sobre el camino que han emprendido nuestras ciudades y su extraordinaria capacidad para reinventarse. Ahora que (sobre todo entre los arquitectos) se utiliza casi con cualquier motivo la palabra “resiliencia” es asombrosa la capacidad de resiliencia de esos prodigios maravillosos que llamamos ciudades. En un momento en el que parece que en la ciudad se condensan los mayores males que puede producir el ser humano tales como nuevas enfermedades derivadas de la contaminación y el estilo de vida, insolidaridad, soledad, delincuencia, e insostenibilidad radical si miramos al planeta, pienso que es el momento adecuado para reivindicar su utilidad, su capacidad de adaptarse a las circunstancias más adversas e (incluso) su belleza.

Portadas de los dos libros
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