domingo, 24 de marzo de 2013

Los territorios del turismo

Entramos en período de vacaciones. En España se llaman de Semana Santa y en otros países de formas diferentes, pero son las que suelen marcar el fin del invierno. Estos días se producen cientos de miles de desplazamientos con el objetivo de “hacer turismo”. Estoy convencido de que el turismo es la actividad más insostenible que existe porque consiste en desplazar millones de personas a muchos kilómetros de su residencia durante unos días y traerlas de vuelta, no se sabe muy bien con qué objeto (se habla de explorar lo desconocido, conocer otras culturas, y cosas así). Pero claro, estos desplazamientos consumen energía, suelo, materiales, contaminan y perturban los ecosistemas. En este artículo no voy a intentar un alegato en contra del turismo, sobre todo porque somos el segundo país del mundo en llegadas turísticas y es casi el único sector económico que en la actualidad aporta ingresos a nuestra economía. Pero sí me gustaría reflexionar sobre algunas cuestiones relacionadas con esta actividad que afectan de forma importante a la planificación urbanística y ambiental de nuestros territorios.

Turismo insostenible, aeropuerto de Schiphol  Papel en blanco

Hace ya algunos años, en unas Jornadas celebradas en la ETSAM que tenían por título “La sostenibilidad en el proyecto arquitectónico y urbanístico” y en un taller que llevamos entre Margarita de Luxán, José Ricardo Pérez, y yo mismo, titulado Turismo sostenible, ecoturismo, llegamos a unas conclusiones muy parecidas a las que presenté en el Congreso de Turismo del Mercosur en el año 2002 en Tucumán:
  • La actividad turística, tal y como se entiende en la actualidad, es básicamente, insostenible.
  • Su única justificación, de carácter local, es ayudar a reequilibrar las rentas entre la población del lugar y la foránea.
  • El valor ambiental del territorio es siempre superior a su valor turístico y, por tanto, la actividad turística nunca debería impedir el mantenimiento a largo plazo de los valores ambientales.
  • El turismo no debería contribuir a distorsionar los valores culturales del sitio.
Pero hay muchos tipos de turismo y sería bueno precisar algo más. Podríamos agruparlos en dos apartados: uno, basado en los valores del territorio, culturales o naturales; y otro, relacionado con algunas actividades, sobre todo de entretenimiento, no dependientes del mismo (o, por lo menos, no directamente).

Territorios del turismo  La Republica

Al primero podríamos llamarlo turismo “anclado”, ya que se basa en los valores del sitio. Y al segundo, turismo “flotante”, porque su objetivo consiste en reunir a un cierto número de personas para que se diviertan (independientemente de donde lo hagan) olvidándose de su lugar de residencia. Este segundo tipo de actividad turística descontextualizada, para poder prosperar, depende de una serie de factores clave: la seguridad, el clima, los precios, las comunicaciones, la capacidad de acogida y la capacidad de gestión. Si se dan buenas condiciones para los seis puede plantearse una industria turística masificada, con una incidencia importante en la actividad económica de un país o de un área geográfica determinada. Se trata de un turismo muy volátil y especulativo, aparentemente deseable, pero que puede convertirse con el tiempo en algo imposible de controlar y gestionar.

Ibiza, Privilege, se supone la mayor discoteca del mundo  Vicious

Ello es debido a que se trata de un producto muy sensible a dos elementos básicos: los precios y la seguridad. Bajos precios y elevada seguridad fidelizarán a los numerosos visitantes y harán que su número se incremente paulatinamente. Si ambos factores se mantienen el tiempo suficiente, en un contexto climático adecuado, surgirán de forma casi automática unas comunicaciones eficaces y una alta capacidad de alojamiento. Pero si cualquiera de los dos primeros factores evoluciona negativamente las masas de turistas se desplazarán a otros lugares de igual clima, parecida seguridad (incluso inferior) y precios más bajos. Esto es exactamente lo que hace por lo menos diez años se viene vaticinando que ocurrirá en España ya que una parte importante de su turismo es un turismo de estas características. Parece que los responsables políticos empiezan a notar que algo está cambiando y que sería bueno plantear la posiblidad de reconversión.

Territorios del turismo  El Economista

De todas formas, el análisis de este turismo es muy complejo y no es el objeto del artículo de hoy. Le dedico unas líneas únicamente para intentar encuadrar el turismo basado en los valores del sitio. En este último caso se pueden distinguir, simplificando mucho, dos tipos distintos con potencialidades, requisitos y problemas muy diferentes: un turismo que podríamos llamar “cultural”, y otro “de naturaleza”. No es que la naturaleza no sea cultura y que los hechos del hombre no formen parte de la naturaleza, sino que con esta división simplemente intento diferenciar entre el conocimiento y disfrute de las obras humanas y de las de la naturaleza. Tampoco quiere decir que no se puedan producir ambos a la vez en el mismo territorio. Pero lo normal es que si el lugar cuenta con obras admirables de la creación humana tales como museos, catedrales o centros históricos (que suelen estar en sitios muy antropizados), no tenga panoramas naturales espléndidos, bosques vírgenes o ríos cristalinos.

Allá, a lo lejos, está la Gioconda (aparentemente)  Etreparisienne

Además, el denominado turismo cultural forma parte importante de la oferta turística europea mientras que el turismo de la naturaleza lo hace en muy escasa medida. Ello se refleja (como ya he denunciado en este mismo blog) en el intento de convertir el paisaje que es el sustento del turismo territorial o contextualizado en “paisaje cultural”. Es el panorama inverso al que se produce en buena parte de América y África. Las ventajas que presenta el turismo cultural son muy importantes. La primera es que cuenta con una altísima capacidad de carga. Las Meninas o La Gioconda se visitan aunque sea casi imposible su disfrute debido a la gran cantidad de gente que lo hace a la vez y aunque se vean delante de un cristal blindado y sólo durante breves minutos porque los que están detrás exigen rapidez para que la espera no sea eterna. El simple hecho de haber estado “en vivo” delante del cuadro es suficiente para la mayor parte de los turistas.

Para completar la visita de la mañana a La Gioconda 
 unas horitas en el Moulin Rouge por la noche Felixcasanova

Su principal ventaja es que se trata de un producto adecuado para casi todos (los viejecitos no tienen que trepar colinas disfrazados de exploradores). Sobre todo si luego por la noche se puede complementar la visita “cultural” con unas horas de can-can en el Moulin Rouge. Además es turismo urbano. Esto, que puede parecer baladí no lo es si lo que se pretende es que los habitantes se beneficien con la llegada del turista. Dado que el producto se encuentra en la ciudad, al turista no le queda más remedio que ir a ella y gastar en ella. Se trata, por tanto, de un turismo lleno de ventajas. Y por eso, países como Francia, España, Grecia, Egipto o Italia puedan plantearse el futuro en este campo con optimismo. Un país como España, con un medio natural prácticamente destrozado en sus zonas más valiosas por un planteamiento equivocado del turismo flotante, jamás podrá  pretender un turismo de naturaleza. Y cuando los problemas de seguridad dejen de afectar a los competidores las masas que buscan diversión a bajo precio, con seguridad y buen clima, se desplazarán a otros lugares. Pero si antes de que desaparezcan se consigue su reconversión en turismo cultural, probablemente esta fuente de ingresos se podrá mantener durante un tiempo.

Argentina, Mendoza, Rafting en el río Autel  Darío Granato

Pero aquellos lugares que no tengan la suerte de contar con una herencia cultural como la europea (propia o en “depósito”) sólo podrán ofrecer, o bien turismo flotante o bien turismo de naturaleza. El turismo de naturaleza comparte algunas de las características del turismo cultural pero presenta peculiaridades que lo convierten en uno de los productos turísticos de tratamiento más difícil y complejo. Probablemente la más importante es que el territorio no se puede trasladar. Si el territorio presenta elementos de interés, estos elementos sólo se pueden consumir “in situ”. Se cuenta entonces con una base sólida para poder ofrecer algo. Pero su principal diferencia es que su capacidad de carga (tanto ambiental como turística) suele ser baja o muy baja. Así como casi todo el mundo está dispuesto a ver La Gioconda entre decenas de turistas, no lo estaría si se tratara de una maravillosa puesta de sol en el lago Victoria. En este caso la existencia de algunos cientos más de acompañantes y el lago infestado de plásticos y botellas vacías de refrescos sería un problema importante.

Lago Victoria, Tanzania, Lukuba Island  Cananga

Además, los destinos de turismo de naturaleza suelen evolucionar según un modelo que, a menos que se controle, termina con una minusvalía muy importante de su naturalidad (que es la base de su valor turístico). El modelo que más suele utilizarse para su estudio está basado en las propuestas de Butler y Walbrook (1991) y Burton (1995). En él que se pueden distinguir una serie de períodos. Todo empieza con el descubrimiento de la zona por un pequeño número de turistas científicos. Los accesos son difíciles (normalmente a través de ríos o de vehículos todo terreno) lo que supone largos viajes, pero también un bajo impacto ambiental. Y todo termina cuando ya casi no se puede hablar de un turismo de naturaleza: aparece una red de caminos pavimentados, se construyen aparcamientos y hoteles, e incluso surgen desarrollos urbanos condicionados al establecimiento o no de figuras de protección. Todo este proceso pasa por diferentes etapas y, por fortuna, no siempre se llega a la última. Los territorios que están en las primeras fases son los más escasos y, por tanto, los que tarde o temprano, serán más valiosos.

El turismo de naturaleza pasa por diferentes fases  Cabalgando los Andes

Como puede comprenderse la capacidad de carga es muy diferente según el período evolutivo de que se trate. La comunidad residente debería de tener conciencia de en qué momento se encuentra su territorio y en qué estadio quiere parar la evolución del modelo. O establecer estrategias diferentes en lugares distintos de las áreas afectadas. Una parte muy importante del territorio europeo está en el último nivel. Es decir, que a Europa le resulta muy difícil ofrecer turismo de naturaleza en sus primeros estadios evolutivos. Para conseguir este tipo de turismo un europeo, en muchos casos, está dispuesto a recorrer grandes distancias y pagar altísimas sumas de dinero. Por ejemplo, por un safari fotográfico en el Tanzania un alemán está dispuesto a pagar 5.000 euros o más por diez días. En general, cuando se llega al último nivel, el turismo de naturaleza tiende a  convertirse en turismo flotante y el impacto sobre el medio es irreversible. Es lo que ha sucedido en muchos lugares de la costa española. La única salida es reconvertirlo en turismo cultural (si se está en condiciones de hacerlo, claro).

Safari en Tanzania  PlayadelCarmen

La otra cuestión es cómo conseguir que la comunidad residente pueda apropiarse de las plusvalías generadas por el uso de su territorio. Es decir, de qué forma puede conseguirse una trasferencia de rentas entre el habitante de Tanzania y el turista que viene de Berlín. Si la operadora turística y la companía aérea son alemanas, el hotel y la organización del safari son de Chicago y los 4x4 ingleses. ¿Qué queda para los residentes? Se trata de un nuevo colonialismo y, para muchos, tiene un nombre: “secuestro del territorio”. Son riesgos a controlar en el turismo de naturaleza:
  • Que acabe por convertirse en turismo flotante, sin la salvaguarda de un turismo cultural (también basado en el territorio) detrás.
  • Que se supere la capacidad de carga para que funcione en el estadio más conveniente según el tipo de interés que contenga ese territorio.
  • Que el control de lo que está sucediendo con el territorio pase de la comunidad y sus representantes políticos a las empresas turísticas y operadoras. Normalmente este tipo de empresas no atienden a los requerimientos del territorio y suelen tener muchas dificultades para pensar en los impactos (sobre todo en los irreversibles) que produce la actividad turística.
  • Que los beneficios obtenidos se desplacen mayoritariamente a otros lugares, en lugar de servir para aumentar la calidad de vida de los residentes. Como el territorio no se puede llevar sencillamente se secuestra. El problema es que muchas veces, una vez obtenido el rescate, el territorio secuestrado no es más que un cadáver.
Pero también hay beneficios. El turismo de naturaleza puede constituirse en el elemento catalizador de un desarrollo controlado de la economía local: como generador de empleo y como creador de riqueza. Nunca se debería plantear un turismo intensivo si la base es un territorio más o menos "virgen" con determinados valores ambientales. Ya que de lo contrario en un plazo muy corto de tiempo estas bondades desaparecen y, con ellas, la gente que resulta atraída por las mismas. Hay que planificar modelos de turismo más artesanales, con una utilización extensiva y controlada del territorio.

Migajas flolkclóricas para los residentes, el secuestro del territorio  El País

Otra ventaja es que, aunque el impulso necesario (al no existir externalidades de las cuales pudieran apropiarse los particulares) deba venir de la administración, se puede conseguir con un esfuerzo inversor muy pequeño y con unos gastos de explotación y mantenimiento mínimos. A pesar de ello, la actividad o actividades que se propongan han de ser interesantes también para la población local, de forma que si no se observa pronto una cierta afluencia de visitantes, por lo menos la inversión (aunque pequeña, siempre importante para la economía de la administración) no se pierda y pueda ser utilizada para mejorar las condiciones de vida de la comunidad. Una vez planteado lo anterior, estamos ya en condiciones de dar respuesta a una pregunta clave: ¿cuáles son las cuestiones básicas que posibilitan un turismo basado en la naturaleza sin deterioro del medio natural, o incluso de forma que pueda llegar a ser beneficioso para éste?

Artesanía mapuche Milvia Raquel en Picasa

En primer lugar resulta imprescindible controlar su evolución si se desea continuidad. El control se puede hacer de muchas formas pero, en cualquier caso, su finalidad última es la de mantener los valores del territorio. Para ello la sociedad puede valerse de diferentes técnicas: no abrir viarios, controlar de accesos, prohibir determinados usos del suelo, concienciar ecológicamente el visitante, etc. (incluso, directamente, mediante patrullas policiales de vigilancia). Sin embargo las más efectivas suelen ser las que prohíben la urbanización a determinados niveles y las que limitan los usos del suelo. En general las prohibiciones de urbanizar tienen que ser más estrictas cuanto menos antropizado esté el territorio. La experiencia de nuestro país nos enseña que los valores patrimoniales existentes en un territorio, ante la más mínima debilidad de las autoridades, terminan siendo apropiados por los particulares, se consumen en un plazo de tiempo muy corto y acaban por desaparecer de forma irreversible.

El parque nacional de Doñana vigilado por el Seprona La Información 
 Diez agentes de la Guardia Civil se encargan de su custodia

Frecuentemente se olvida que las limitaciones de uso del territorio siempre deben de hacerse de acuerdo con la población residente e intentando que ésta se beneficie de alguna forma. Resulta imposible el mantenimiento de limitaciones de uso si la población residente no está de acuerdo. En el caso de que no fuera posible que se beneficiara directamente de la actividad turística la sociedad debería compensarle. Otra cuestión importante a considerar es que no siempre coinciden los valores dignos de ser conservados desde el punto de vista de la ecología y los culturales del territorio (por ejemplo, el paisaje). Hay que recordar que el paisaje es un constructo cultural cuya belleza, en muchas ocasiones, está muy alejada de su interés ecológico. El turismo puede ayudar a conservar aquellos paisajes que la sociedad considera, por ejemplo, bellos, pero no muchas áreas cuyo interés ecológico no entiende. Además, muchas veces, la capacidad de carga de un territorio desde el punto de vista turístico no coincide con la de sus valores naturales. En este caso siempre debería de prevalecer la segunda.

Creando Patrimonio, Llanes, Cubos de la Memoria, Ibarrola  Efeverde

Una comunidad no debería de basar su principal función exportadora únicamente en el turismo de naturaleza. Su techo es muy bajo y su capacidad de crecimiento pequeña. Inevitablemente tiende a derivar en turismo flotante con mucha mayor capacidad de crecimiento pero también con una altísima volatilidad. Lo ideal sería que parte de ese turismo se reconvirtiera en turismo cultural. Los “monumentos” aunque no se tengan se pueden conseguir. Por ejemplo, el campo de pararrayos de Walter de María en Quemado, Nuevo México. Los túneles solares de Nancy Holt, en el desierto de Utah, el dique del puerto de Llanes de Ibarrola o el museo Guggenheim en Bilbao. Pero no todo el turismo cultural son monumentos: la gastronomía, las ferias y congresos o las fiestas populares, por ejemplo, también. La existencia de un turismo cultural "complementario" ayuda a rebajar la presión sobre el turismo de naturaleza, si se consigue que sea un turismo no volátil mediante técnicas de anclaje al territorio.

Todavía pueden salvarse, Torres del Paine, Chile  Sernatur

Aunque debería parece obvio, la planificación turística no debe realizarse al margen de la planificación ambiental o la urbanística. Los planes de protección del medio natural y los planes de desarrollo turístico no se deben de redactar, aprobar y gestionar de forma independiente. En cualquier caso la planificación ambiental debería de prevalecer sobre la turística (y por supuesto sobre la urbanística) atendiendo al principio de precaución. Lo ideal sería lograr un instrumento de planificación integrado que aprovechara los beneficios turísticos para conservar el medio natural y mejorar la calidad de vida de los residentes, incluyendo también el desarrollo urbanístico. Por último, aunque probablemente tenga tanta importancia o más que todas las indicaciones anteriores: de nada sirve una buena planificación si luego no se gestiona de forma adecuada. El enfoque de usos múltiples del territorio (pero usos controlados) así como los modelos cooperativos o basados en organismos mixtos, deberían de presidir los intentos de gestión turística y ambiental del territorio. Para terminar, y aunque no querría hacerlo en un tono pesimista, habría que ir empezando a replantear la industria turística, su techo y sus posibilidades, con unos precios de los desplazamientos al doble o al tripe de los actuales. Todos los datos que me van llegando de diferentes fuentes coinciden en que uno de los problemas a resolver en el siglo XXI va a ser el de los costes de los desplazamientos de mercancías y personas. Y una industria cuya base fundamental es, precisamente, el transporte de personas (cuanto más lejos, mejor) debería estar pensando alternativas.

14 comentarios:

Alicia dijo...

Veo que me has hecho caso en parte al tratar el tema del turismo pero como ya has reflexionado sobre el de naturaraleza espero ansiosa el de los centros históricos. Puro turismo de "territorio" submodalidad "cultural" al que te refieres en el artículo. Que, por cierto, como siempre es muy clarificador. Gracias por seguir con esto año tras año.

Eduardo dijo...

A veces me digo: -Voy a leer algo del blog de Fariña- sólo para evadirme y olvidar el terrible contexto que nos rodea. Es curioso que hagas tan pocas alusiones a lo que está sucediendo con los políticos, con la enseñanza, con una falta de ética en la sociedad que empieza a ser terrible. Es curioso sobre todo conociéndote: -¿cómo eres capaz de abstraerte de todo eso y escribir, por ejemplo, sobre el grafiti, los servicios de los ecosistemas o, como en el caso de hoy, pensar en el futuro de cosas tan impensables ya para muchos como es el turismo?

Un abrazo. Eduardo F.

José Fariña dijo...

Eduardo: poco más o menos me pasa lo que a ti, que el blog me sirve de evasión de una realidad terrible. Ya sabes que por mi profesión como docente universitario estoy casi siempre rodeado de jóvenes (además, casi todos alevines de arquitecto). Escribo sobre temas no comprometidos para intentar mantenerme a flote en medio de tanta desesperación. Y para dar un poco la sensación de normalidad. Alguien tiene que pensar sobre cómo hacer bien las cosas dentro de la profesión de cada uno. Los médicos tienen que seguir curando aunque la sanidad pública la desmantelen. Los planificadores tienen que seguir planificando, y los enseñantes enseñando, aunque una casta degenerada (aunque en su momento no lo fue) de políticos sin ideas y sin proyectos esté terminando con todo. Pero precisamente en estas circunstancias es cuando hay que hacer las cosas lo mejor posible sin escatimar esfuerzos. Ya he dicho muchas veces que estamos en una situación de crisis, y aunque esta vez sea muy importante, las crisis pasan. Y cuando pase hay que estar preparado para los nuevos tiempos. Podríamos estar hablando mucho rato del tema pero no creo, como dices, que exista una falta de ética en la sociedad. Mas bien me parece lo contrario, que justamente la sociedad civil es el último reducto de una ética perdida por los intelectuales (que casi ya ni hay) y, sobre todo por las clases dirigentes que están dirigiendo como por inercia, sin convicciones, sólo defendiendo su parcela de poder y no a la sociedad que dicen representar. A veces he pensado abrir otro blog dedicado sólo a Política (con mayúscula) en el que escribiéramos aquellos que nuestro fin último no fuera el poder, sin profesionales de la política, sin defender banderas ni patrias, sólo convicciones personales y proyectos comunitarios y cívicos. Pero luego pienso: "zapatero a tus zapatos" (que nadie piense en el otro Zapatero) y me pongo a escribir sobre paisaje o urbanismo. Gracias por levantar la liebre y dar pie a que explique mi postura. Un abrazo.

Anónimo dijo...

El artículo me ha suscitado reflexiones varias, sobre el turismo y el paisaje. Pero más que debatir sobre ellas, en realidad tengo mucha curiosidad por saber su opinión sobre dos cuestiones, un tanto ligeras.

La primera: ¿por qué cree que hay ese "ansia" de viajar, de conocer lugares nuevos, cuanto más remotos y prístinos mejor? (no en todas las personas, pero en algunas sí)?

La segunda: Si no viajamos en Semana Santa, ¿qué planes alternativos podrían igualar la emoción de un viaje? :)

Judit.

José Fariña dijo...

Judit: no sé que contestarte, son preguntas bastante personales. Es decir que, probablemente, haya tantas respuestas como personas. Pero nunca he eludido una pregunta, así que te contesto.
Creo que las personas tienen un interés innato por descubrir (un director de trabajos de investigación no puede pensar de otra manera). Y descubrir, explorar, está muy relacionado con el viaje, con el ansia de conocer cosas nuevas. Por tanto, el viaje, al Nuevo Mundo a las Indias a la Luna, forma parte de la naturaleza humana y, desde mi punto de vista, es bueno y contribuye al desarrollo intelectual de los seres humanos. Pero una cosa es el viaje como descubrimiento y exploración, y otra "hacer turismo". Es cierto que "hacer turismo" tiene una base en esta curiosidad pero, tal y como está hoy planteado, tiene que ver más con un producto de consumo. Es decir, muchas veces no se viaja por descubrir sino por consumir. La publicidad del viaje como producto de consumo ha llegado a pervertir de tal modo la situación que, en realidad, uno se va a un hotel de Cancún a encerrarse una semana sin salir del hotel "descansando" ¿Para eso es necesario ir a Cancún? Tengo amigos que han estado dos semanas y no se han bañado en el mar, no han visto una sola ruina y no se han enterado de que estaban allí. ¿No hubieran podido hacerlo igual en un hotel al lado de su casa? Lo mismo que los ingleses que se van a emborrachar durante el fin de semana a Lloret o a Ibiza. Es lo que hablaba sobre el "turismo flotante". Puedo entender el turismo de territorio. Ver un león en una reserva natural en Tanzania impresiona y no es lo mismo que verlo en un zoo. O pasear por Teotihuacan es una experiencia irrepetible. Pero ¿pasarte una semana en Ibiza bailando toda la noche y durmiendo todo el día? ¿no lo podrías hacer igual más cerca de donde vives?
Respecto a la segunda pregunta no la entiendo muy bien. ¿Una chica joven como tú preguntándome por planes alternativos a viajar? Cientos. Desde tomar un aperitivo con los amigos en un bar hasta ir a ver una obra de teatro (que, por cierto, se necesita que la gente acuda en masa o nos vamos a quedar sin teatro), un concierto, leer un libro o pasear por Madrid Río. Que disfrutes estos días, y si viajas que te resulte reconfortante. Por cierto, gracias por comentar y preguntar.

noticias dijo...

me ha gustado más el ultimo comentario suyo como el articulo :))

Juan Cervera dijo...

Muy oportuno el artículo. Realmente ver las cosas desde perspectivas diferentes resulta bastante interesante. Siempre había entendido el turismo como algo deseable pero ya veo que no en todas las circunstancias lo es.

Bernardo Cuesta dijo...

Me reconforta que alguien piense como yo -y lo escriba- sobre el turismo como consumo. La respuesta que le ha dado el autor a Judit creo que la debería de incorporar al artículo ya que aclara muchas cuestiones. Es evidente que por el camino consumista por el que vamos el sistema no tiene solución. Se necesita cambiar el modelo. El capitalismo neoliberal atroz que corroe a las personas y a las sociedades ha llegado a su fin. Mientras existía algo a lo que oponerse -marxismo, comunismo- funcionó mal que bien, pero tal y como se manifiesta ahora, sin ataduras ni límites, solo funciona para perpetuarse a sí mismo y para beneficiar a los que tienen la sartén por el mango. Bernardo.

Anónimo dijo...

José: totalmente de acuerdo. Yo he tenido la suerte de visitar algunos lugares cuasi-vírgenes de la geografía española, y he pensado si lo mejor no es dejarlos para el que los encuentre, que no se facilite su visita. Esto, al menos, hasta que el grueso del pueblo sea consciente de que dejar basura, colillas, sanitarios usados (un clásico) y demás porquerías es, cuanto menos, muy reprochable. Puede parecer elitista, y lo es, aunque no debería serlo. Un abrazo. Javier M. Fernández-Rico.

Antonio Folgado dijo...

Pepe: menos mal que no he leído el artículo antes de irme de vacaciones. En parte se me hubieran atragantado. Sobre todo sin leer la contestación que has dado al comentario de Judit que me ha parecido perfecta y ha hecho que me sintiera menos culpable por haberme ido, prrecisamente, a Cancún. Aunque ya conocía tus planteamientos sobre el turismo de naturaleza siempre está bien darles un repaso. Estoy de acuerdo con el comentario de Alicia y espero que no te olvides de dedicar un día un artículo al tema del turismo en los centros históricos porque, siendo como eres picheleiro, debes llevar el tema en la sangre. Unha aperta.

laurbana dijo...

Estupendo y muy prolijo artículo. Estoy muy de acuerdo con todo este análisis.
También soy de Santiago, por lo que me interesará mucho saber tu opinión sobre los centros históricos. Además he en mi blog alguna vez he reflexionado sobre esto, a raiz de la instalación de un teleférico en Gaia-Oporto: http://laurbana.com/blog/2012/07/03/para-que-sirve-un-teleferico-que-no-sirve-para-nada/

Anónimo dijo...

Sr. Fariña, leí su contestación el mismo día que la escribió (gracias!) pero he esperado un tiempo para "contraatacar"

Me interesaba su opinión sobre el viaje, o el turismo, porque últimamente tengo la sensación de que viajar, conocer, hacer turismo, etc. está bien, pero en realidad conlleva una cierta dilapidación de recursos de la que no somos conscientes. Por otro lado, es verdad que el turismo de Cancún o de Ibiza tienen poco de descubrimiento y mucho de consumo, pero ¿no es acaso mejor que estos miles de personas se dirijan a estos centro que ya están "adaptados" y no a selvas vírgenes, a safaris, aldeas mayas, o a montes españoles que -afortunadamente- son poco solicitados? Es decir, que a veces hay cierta superioridad por parte del "viajero no convencional", pero en realidad, si todos hiciéramos lo mismo, habría que declarar reservas grandes áreas del mundo.

Hay personas que se quejan de que la gente es consumista y hace viajes en masa, pero los viajes "privados", a sitios recónditos, a zonas prístinas, creo que tienen más impacto que el resto.

No sé, y por otro lado pienso que a veces viajar está sobrevalorado. Que volamos a la otra punta del globo esperando encontrar "lo desconocido, lo auténtico, lo recóndito" e igual nunca hemos pasado por esa calle de nuestra ciudad que tiene una casa tradicional de 60 años que resiste entre bloques de pisos modernos, y quizás también merecería un poco de nuestra atención.

En fin, me interesaba saber su análisis para contrastarlo con el mío :)

Y respecto a planes para estas vacaciones, es cierto que hay muchos y muy variados, lo pregunté porque hoy por hoy parece que si no viajas eres una persona "poco aventurera" o convencional.

En fin, ideas que rondan por mi cabeza sin mucho orden, mientras trabajo en esta tesis del paisaje tan bonita y tan costosa a la vez :D

Saludos a todos!
p.d. No quiero presionar, pero para cuando un nuevo post... aunque sea de libros, o de vacaciones, o de tesis.

Judit.

Fernando Agudo dijo...

Hay muchas cosas que están cambiando y una de ellas es el turismo. La mayor contradicción en el turismo de naturaleza se produce cuando se regula el acceso al territorio. La situación aparece maravillosamente descrita en el libro de Franzen -titulado Libertad- y comentado en otro artículo del blog cuando el protagonista constata que la única alternativa a la conservación en la situación actual pasa por pagar grandes cantidades de dinero para poder acceder a determinados territorios. Entonces, Fariña: ¿sólo los ricos o los muy ricos tendrán posibilidad de hacerlo? ¿no es una situación de injusticia radical que por el mero hecho de no tener dinero no pueda acceder a impresionantes paisajes naturales por ejemplo de bosques vírgenes que, en teoría, son de todos?

José Fariña dijo...

Fernando: perdona que no te haya contestado antes pero he estado fuera y tenía mucho trabajo acumulado. Por supuesto que ese que planteas es uno de los problemas básicos de la conservación. Y todavía más grave, algunos parques están pensando cobrar la entrada. Hace tiempo que planteo que un conjunto de funciones de las zonas verdes es la de equipamiento. Muchos equipamientos cobran por su uso ¿por qué las zonas verdes no? A la alegación de que se trataría de un bien básico ¿es que no se cobra por el agua que es un bien básico? ¿o por el pan? Pronto, con la disculpa de necesitar descontaminarlo nos impondrán una tasa por respirar. La mezcla de capitalismo y estado del bienestar trae consigo estas contradicciones. Contradicciones, desde mi punto de vista, imposibles de resolver y que manifiestan claramente que el capitalismo tal y como está hoy planteado ha agotado su ciclo. La sociedad del siglo XXI necesita otro sistema alternativo. Pero mientras aparece tenemos que ir tirando con lo que tenemos. En el tema que nos ocupa una solución (mala, pero solución) es determinar los mínimos necesarios (sean zonas verdes, agua o aire) y estos hacerlos gratuitos. Y todo lo que pase de estos mínimos tasas progresivas en función del consumo.