miércoles, 12 de noviembre de 2014

Feísmo y paisaje rural en Galicia

Cuando hablo del paisaje de Galicia con otros compañeros no gallegos (arquitectos, urbanistas, paisajistas) y se me escapa la palabra “feísmo” me miran desconcertados y, normalmente, me la hacen repetir. ¿Pero de qué me hablas? Sé que lo que viene a continuación es una larga explicación por mi parte, que no siempre llega a buen puerto a menos que pueda enseñarles un par de fotos. Lo cierto es que, como tantas cosas en Galicia, incluso con las fotos y la larga explicación, la realidad de nuestra tierra a veces es difícil de entender para el que no es de este país. Les resulta incomprensible que sean gallegas la mitad de las entidades de población de España cuando su superficie no llega al 6% del total nacional, que sea la parroquia la verdadera unidad territorial sin ser el gallego particularmente más religioso que el andaluz o el vasco, o que el conocido “por min, que chova” (que se suele ver como sumisión) sea un acto de rebeldía. El que, además, exista un concepto ¿arquitectónico? ¿urbanístico? ¿decorativo? llamado “feísmo” aplicado al paisaje ya supera su capacidad de intentar ponerse en nuestro lugar.

Esta foto resume todos los tópicos del feísmo rural
O Barco de Valdeorras, Rubén Vizcaíno en La Voz

De todas formas no creo que el feísmo, en su acepción extensiva, sea algo exclusivo de Galicia. Feísmo hay en todos los sitios. Aunque en otros territorios no parece que sea algo endémico y propio de su realidad profunda. Sobre todo si se trata de feísmo en el paisaje rural. Aunque se entiende que debe ser algo relacionado con lo feo, lo primero que debería de haber hecho era tratar de explicar qué era eso del feísmo. Dada la dificultad del tema espero que, al final del artículo, se pueda entrever algo. Desde luego el concepto no coincide con la definición del diccionario de la RAE en su única acepción: “m. Tendencia artística o literaria que valora estéticamente lo feo”. Pienso (y trataré de razonarlo) que se trata justamente de lo contrario, de la ausencia de valoración estética, o de la consideración del carácter secundario de esta valoración respecto a otras derivadas de la economía, la utilidad o la eficiencia. Digamos que se trataría de un movimiento contrario a toda la educación estética de arquitectos, urbanistas, artistas o diseñadores en general. Y, por tanto, de complicado encaje en sus criterios. La cuestión, lejos de ser anecdótica, ha producido ya (que yo conozca) por lo menos un Congreso, dos Foros y múltiples Jornadas y charlas relacionadas con el tema.

Uno de los foros del feísmo ya celebrados  difusora

Cuando pensé en escribir este artículo (hace más de un año), lo deseché de inmediato. Las dificultades de explicar un tema básicamente autóctono y la escasa aplicabilidad de las posibles conclusiones me lo desaconsejaron. Sin embargo, la reciente propuesta contenida en la nueva Ley del Suelo gallega que su gobierno pretende llevar al Parlamento en el verano de 2015 le dio un giro interesante al tema y, de alguna manera, lo hizo más universal. Voy a empezar por el final. Es decir, por la propuesta de la nueva ley que, en definitiva, pretende acometer parte del “problema” del feísmo gallego e intentar resolverlo. ¿A qué no adivináis de qué forma?: mediante multas de hasta 25.000 euros y posibilitando la ejecución subsidiaria por parte de la Administración para terminar las obras (supuestamente inacabadas, luego trataremos el tema) y pasando la factura al propietario. Para poder entender este complicado escenario no me queda más remedio, ahora sí, que explicar de una vez en qué consiste eso del “feísmo gallego”. Y lo primero que hay que decir es que la mayor parte de los conocedores del tema piensan que la palabra no es adecuada y no describe correctamente el fenómeno.

El paisaje no existe sin miradas  Jorge en Flickr

Los lectores de este blog y mis alumnos saben perfectamente que el paisaje, entendido como constructo estético, tiene que ver con una actitud. El paisaje aparece cuando alguien “mira”. El hecho de ponerse en actitud contemplativa es fundamental para entenderlo. El paisaje no existe si no existen miradas. Y, por supuesto, para que existan miradas tiene que existir alguien que mire. Pero, además, la mirada tiene que ser contemplativa, estética. En caso de que esto no ocurra sólo tenemos “objetos” en un territorio. O territorio. Este planteamiento es fundamental para entender el feísmo “gallego”. Recalco ahora la palabra “gallego” porque algunos especialistas en el tema engloban en el feísmo casi todo, incluidas arquitecturas de autor deleznables, urbanizaciones especulativas y operaciones de rehabilitación incomprensibles. Pero esto no es lo propio del feísmo gallego. En todo caso se viene a sumar al feísmo general y lo podemos encontrar en Barcelona, en Madrid, en la Costa del Sol, en las nuevas ciudades parisinas o inglesas, en Vigo o en Santiago.

Villa somier, imagen simbólica del feísmo rural gallego, Covas, Viveiro
“¡Eu si quero feísmo na miña paisaxe!”  Ergosfera

El feísmo gallego tiene una base rural evidente, aunque no todo es rural. Con un concepto laxo de lo que es rural, eso sí, y en cuya explicación no puedo entrar ahora. Eso no quiere decir que no se produzca también y casi por contagio, en zonas más urbanas o, incluso, en áreas históricas. El urbanita normalmente ve “el campo” como ese lugar donde se pasean los pollos crudos (según expresión de Julio Cortázar) y, por tanto, no como un escenario vital. Una plaza en su ciudad sí, es básicamente un escenario vital, y por tanto tiende a mirarla desde un punto de vista funcional, de confort o de seguridad. Y en una medida muy escasa como un lugar bello. Tiene que volverse turista, es decir voyeur, para apreciar la belleza de un sitio como algo prioritario. El problema del feísmo gallego no está en la mirada de sus habitantes que entienden el campo como su escenario vital. El problema está en la mirada de los urbanitas, acostumbrados a valorar el campo exclusivamente desde el punto de vista estético.

Hórreo “reciclado” en A Pastoriza  Marta Fernández en La Voz

Voy a intentar fundamentar esta postura analizando el feísmo como un conjunto de procesos que se producen a la vez. Me gustaría destacar dos. El primero, básico en cualquier sociedad rural (la que vive del campo, en parte o en su totalidad), es la utilización de materiales autóctonos. Los materiales autóctonos tradicionales, tales como la piedra y la madera, se siguen utilizando. Sin embargo, el rural se ha ido llenando de otros materiales antrópicos y ajenos al lugar que vienen de las ciudades y que, poco a poco, van ocupado más espacio en “el campo”. Un urbanita los tira al contenedor de basuras o al punto limpio. La sociedad rural los reutiliza. Y, a veces, de forma muy ingeniosa. Nos reímos (o por lo menos, esbozamos una sonrisa) cuando vemos fotos de ceniceros hechos con extintores, cerramientos de fincas con somieres o puertas con restos de carteles publicitarios. Pero, en el fondo, sabemos que nos están dando una lección de sostenibilidad. Y que eso es más racional que llevar la lavadora a un punto limpio, para que alguien la lleve a un vertedero, la entierre y ya no sirva para nada. De la lavadora vieja los "feístas" reutilizan el tambor, la carcasa, las gomas y hasta la tapa.

Foto de mi tesis doctoral, Nión, Bergantiños

Y esto no es de ahora. Cuando hice la tesis y me recorrí buena parte de la Galicia profunda tomando notas y haciendo fotos, ya observé tejados en que parte de la techumbre era de fibrocemento. Que algunas chimeneas ya no se hacían de piedra o ladrillo sino que se usaban tubos metálicos. Y que los somieres eran cerramientos perfectos y baratos. Inocente de mí (era muy joven) le llamaba al fenómeno “transculturación”. Según el diccionario de la RAE la palabra sólo tiene una acepción: “f. Recepción por un pueblo o grupo social de formas de cultura procedentes de otro, que sustituyen de un modo más o menos completo a las propias”. Fui incapaz de darme cuenta de que, en realidad, se trataba del proceso inverso al que pensaba. El rural gallego estaba adaptando materiales que venían de otros lugares a su cultura. En caso de no existir en su forma reciclada (y, por tanto, cumpliendo otras funciones) tanto la lavadora como el somier, o las señales publicitarias, los urbanitas que paseamos por el campo estaríamos más tranquilos porque nuestra mirada estética encajaría con la del mundo rural tradicional gallego basada en el granito, la teja, la madera, o la pizarra.

Hablando de transculturación… hórreo con placas solares y
bomba de calor en A Fraga, Moaña  Federico Suárez en La Voz

Ahora tendría que explicar la diferencia entre mundo rural, sociedad rural y cultura rural pero lo voy a dejar para otro día. Sobre todo porque el mundo rural y la cultura rural ya han desaparecido prácticamente en nuestro país. Queda la sociedad rural que entiendo como aquella que vive en todo o en parte del campo. Queda también la agricultura, la ganadería y los aprovechamientos forestales de subsistencia, tan importantes en momentos de crisis como los que estamos pasando. Pero el patrón, la vara de medir la belleza del campo que los urbanitas tenemos en la cabeza es la de la cultura rural tradicional. Y ahí está parte del problema y el porque desde el mundo urbano, se denuncia esta falta de concordancia. Si los urbanitas viéramos el campo como escenario vital las cosas serían de otra manera. Prefiero no meterme ahora con el feísmo urbano porque ese es más universal y, por tanto, no tópicamente gallego. Aunque la magnitud del desastre es cualitativamente y cuantitativamente mucho mayor (dentro de unos días tengo que ir a Sevilla y sólo pensar en la torre omnipresente desde cualquier punto de la ciudad me pongo de mal humor) en el feísmo urbano.

La puerta de un ascensor cerrando herméticamente un
cobertizo rural  Casasoá, Maceda  Pablo Fernández en La Voz

El segundo proceso importante que me gustaría abordar se refiere a la relación entre vivienda, territorio y familia. Cuando era estudiante de arquitectura tenía un profesor del que me acuerdo hasta del nombre (Espinosa, no sé qué habrá sido de él) que hizo que la clase se enamorara de un grupo de arquitectos ingleses llamado Archigram (eran los años sesenta). Lo que proponían era una arquitectura industrial de consumo masivo de capsulas desechables, acoplables entre sí según fuera necesario. Lo que salía al final era una especie de monstruo de la razón, pero que nos hizo pensar en la necesidad de que la arquitectura pudiera adaptarse a las necesidades de las familias (vamos a llamarles así) que la habitan y a su evolución en el tiempo. Sin embargo, lo más simple es que si una pareja de urbanitas tienen un bebé y no cuentan con una habitación para cuando crezca un poco, cambien de casa y problema resuelto. Entre otras cosas porque no tendrán sitio donde acoplarle una capsula más a las que ya tienen. Pero, además, porque la capacidad de trasladarse de una sociedad urbana es una de sus características básicas y desmonta, en parte, el concepto de vivienda ampliable. En las ciudades, claro.

Necesitamos otra habitación (capsula adicional)

Pero no sucede lo mismo cuando se trata de una sociedad rural que vive del territorio. No puedes trasladar el territorio. Y, además, normalmente tienes sitio para “acoplarle otra cápsula” en caso de necesidad. De forma que una construcción en el campo no se termina nunca. Hay que dejar la construcción preparada para poder subirle una planta, o que se queden dos habitaciones sin cerrar. Que sí, que si sobra el dinero lo cierro todo. Pero estamos hablando en muchos casos de agricultura o ganadería “de subsistencia” y el nombre nos debería indicar dónde está el problema. A un arquitecto normal le encargan una obra, hace el proyecto, luego la obra se construye, certifica el final y se pide la correspondiente célula de habitabilidad para poder habitar lo construido y engancharla a las redes. El problema es que en una sociedad rural la construcción no se concibe casi nunca como totalmente terminada, tiene “estados intermedios”. Estos estados intermedios no suelen considerarse desde el punto de vista de la arquitectura canónica. Y prefiero no hablar de las construcciones agrícolas complementarias tales como graneros, hórreos, cobertizos, cuadras o almacenes cuyas necesidades cambiantes son tan evidentes que hasta un urbanita las comprende.

Se puede ampliar una cuadra casi con cualquier material
En este caso se “reciclan” los restos de una iglesia románica
No he conseguido averiguar el sitio  Daniel González en La voz

Y eso por no hablar de cuestiones puramente económicas. Hace unos días estuve en el SB14 en Barcelona. Se trata de un Congreso sobre Construcción Sostenible y, aparte de volver totalmente desilusionado y pensando hacer un artículo que se titulara algo así como “El discurso de la sostenibilidad está agotado”, lo que saqué en claro fue que la gente no rehabilitaba porque no se había hecho suficiente publicidad al respecto. Tan peregrina conclusión de una de las mesas más importantes en la que, como fila cero, estaban los directores generales de arquitectura (o similares) de varias comunidades autónomas, me dejó sumido en el desánimo. ¿Pero no se dan cuenta de que la gente no tiene para comer? ¿Y en esas condiciones se van a poner a rehabilitar? Aunque le machaquen en la televisión que en 20 años ahorrarán lo suficiente como para amortizar la inversión, el problema es que no tienen dinero para invertir. Y ese problema no está dentro de veinte años, está en pagar la luz mañana. Eso es lo que sucede con muchas casas “no terminadas” del feísmo galaico. No es que la gente las quiera así, es que esperan mejores tiempos para acabarlas. Van construyendo su vivienda digamos que por etapas en función de sus posibilidades económicas.

Al anuncio de la Xunta publicado en la prensa gallega
“Queremos velo así” (queremos verlo así), muchos le contestaban con esto:
“Eu tamén, pero non teño cartos” (yo también, pero no tengo dinero)

Ya vamos viendo que el llamado “feísmo” tiene bastantes connotaciones que escapan a un análisis tradicional tanto de la arquitectura como del urbanismo. En una página web llamada Ergosfera (pongo el enlace al final) se pone bastante énfasis en otro elemento que no me gustaría dejar pasar. Toda esta forma de ¿construir? surge, a la vez, en muchos puntos de Galicia. Los ejemplos de las bañeras, los somieres, los carteles publicitarios, los tambores de las lavadores, los edificios sin enfoscar, a medio terminar, con escaleras exteriores sin cubrir, con los pilares al aire, las paradas de los autobuses con sofás de desecho y persianas recicladas, no son algo propio da Terra Chá o de Montes o de As Mariñas, se han ido produciendo casi a la vez en toda Galicia, sin que los medios de comunicación las difundieran (hasta ahora). Se habla entonces por algunos autores de cultura libre, cultura popular ¿inteligencia colectiva?

¡Una pena! no se me ocurrió como ponencia para el SB14
Parada con persianas y sillas, A Veiga, A Bola  X M Fernández en La Voz

El párrafo anterior me sirve de disculpa para tratar de razonar sobre el significado de arquitectura popular, arquitectura culta, paisaje popular, paisaje culto, paisaje urbano, paisaje rural, y tantos otros adjetivos que podrían añadirse a las palabras arquitectura, paisaje o urbanismo. Pero, básicamente, querría centrarme en dos y sin perder mucho tiempo en explicaciones. Aunque no sea fácil de entender, si uno se pregunta en su base profunda de cultura urbana sobre el significado de las formas rurales, las asocia inevitablemente a la naturaleza perdida, al buen salvaje, al uso de los materiales de la zona, a la comunión con la tierra, al lento paso de las estaciones, a la ausencia de reloj. Casi nunca a la contaminación, a los pesticidas, a la degradación del suelo, a la explotación del trabajador, a la pérdida de biodiversidad, al mantenimiento con un coste ecológico desmesurado de un ecosistema en estado de perpetua juventud. Es decir, la vara de medir belleza de los paisajes rurales para el urbanita es el de un paisaje romántico actualmente inexistente (o, por lo menos, yo conozco muy pocos, casi ninguno en Galicia). 

A veces se producen extrañas criaturas arquitectónicas
no exentas de cierta belleza  transgresora galiciaenfotos

Bien, como siempre he tardado pero creo que ya puedo abordar el planteamiento que quería. Por supuesto que no he analizado el “feísmo gallego”. Sería necesario un trabajo más profundo (seguro que ya existe alguna tesis, y en caso de no haberla debería hacerse) que desentrañara con evidencias las "tripas" del fenómeno. Sólo trataba de poner al lector de otros lugares como Colombia, Andalucía, Cuba o Extremadura, alejados de nuestra forma de enfocar las cosas, en condiciones de entender un fenómeno bastante local, pero que valida una regla más general: el paisaje no se cambia poniendo multas. Y mucho menos el paisaje rural. La pregunta pertinente sería: ¿Por qué cambiar un paisaje antrópico? A lo que, de forma políticamente correcta, podría responderse: porque la gente lo demanda. La segunda pregunta, no tan pertinente (si la acompañamos de otras bastante impertinentes): ¿Qué gente demanda este cambio? ¿Los que viven en esos entornos? ¿Los qué vienen de afuera, por ejemplo en visitas esporádicas al campo (ese lugar donde los pollos se pasean crudos)? ¿Los turistas? Si el paisaje fuera natural las preguntas serían distintas, pero estamos ante un paisaje creado por humanos resultados de unas condiciones vitales concretas y específicas. 

La imagen tópica y externa del “campo” que busca el turista
probablemente se parezca a esta  TysMagazine

¿Realmente es la gente del rural gallego la que demanda un cambio en el paisaje en el que vive? ¿O son los urbanitas, los urbanistas, los arquitectos, los gestores del turismo los que realmente lo demandan? Antes de seguir sólo quiero recalcar que estoy hablando “exclusivamente” del feísmo rural. Entendiendo por tal el paisaje que se produce en aquellos lugares dedicados a la agricultura, la ganadería o los aprovechamientos forestales. No de zonas urbanas, ni "cosas" parecidas, sino de los lugares en los que habita la gente que se dedica a estas labores. Y no tengo nada claro que esta gente quiera cambiar su paisaje. Es más, aunque quiera, en muchos casos no me parece que pueda ni que sea conveniente. Actualmente el rural gallego está absorbiendo una parte de la crisis (como ha hecho históricamente, por otra parte) de la sociedad urbana. Y lo está haciendo con una grandísima dignidad (como siempre) adaptándose con gran rapidez a las circunstancias. Es decir, reciclando, eliminando lo que no es imprescindible, y dejando margen suficiente para evolucionar si las circunstancias personales o globales cambian. O marchándose, que es otra forma igualmente digna de afrontar la crisis, cuyas consecuencias, también relacionadas con el feísmo, no voy a tratar hoy.

La imagen tópica del Camino de Santiago probablemente
se parezca a esta (aparte del cubo de basura)  Marilo Marb en Minube

¿Esto es poco racional? No me lo parece. ¿El resultado en un paisaje feo? Pues mire usted, depende de la vara de medir belleza que utilice. Si es la vara de medir belleza del turista, bastante feo, efectivamente. Pero claro, el turismo (ese gran invento) es la única industria que dicen funciona en este país y hay que cuidarlo, hay que mimarlo. El problema es: ¿A costa de quién? Parece evidente que pasa lo mismo que en protección del patrimonio urbano o natural: a costa del propietario. Y si el propietario no cumple, le obligamos. Y, además, le ponemos una multa. Es decir, al propietario de un curruncho de tierra (o dos) que está consiguiendo mantener a buena parte de una sociedad ociosa (obligada por el paro, por supuesto) con enormes dificultades, le cargamos además con la cruz de que mantenga un paisaje rural canónico que, en la actualidad no es más que un decorado, con el objetivo de que (por ejemplo) el Camino de Santiago atraiga cada vez a mayor cantidad de turistas para que se beneficien algunas operadoras turísticas, frecuentemente radicadas fuera de Galicia, y algo del sector servicios. Lo he dicho muchas veces, no es bueno fiarlo todo a un mismo cultivo. Y el cultivo turístico, tal y como lo conocemos hoy, parece que tiene sus días contados.

La viñeta resume perfectamente el artículo de hoy
O Bichero comentado en El Faro de Vigo 11/06/2013

Ha sido un artículo duro y me ha costado escribirlo, pero todos los que leéis el blog ya sabéis mis ideas sobre el futuro del sector turístico y la actual apuesta económica de priorizarlo a toda costa. Además, en este caso, se produce una alianza con arquitectos (no todos), urbanistas (no todos) y urbanitas en general (casi todos), cuyo concepto romántico del paisaje y su necesidad de crear una cultura estética que abarque a la sociedad entera, se sobrepone a cualquier otra consideración. Los paisajes, y sobre todo los paisajes agrarios, no se crean como la aldea culta que quería la Reina María Antonieta en Versalles o los jardines ingleses cuidados hasta la última hierba para que parezcan naturales. Surgen de unas labores y unas necesidades agrícolas, ganaderas o forestales. Por eso es casi imposible (a menos que se invierta mucho dinero por todos) el mantenimiento de un paisaje cultural agrícola o una arquitectura popular en el medio rural, a menos que se reproduzcan las circunstancias que los originaron. Por eso parece irracional tratar de mantenerlos obligando a los propietarios a hacerlo. Bastante tienen con lo que tienen. Otra cosa distinta son los paisajes urbanos y la arquitectura derivada de las necesidades urbanas. Otro día escribiré sobre ello porque el planteamiento debería ser radicalmente distinto. Probablemente aquí sí las multas tengan algo que decir, pero por otros motivos.


Sitios de interés:
  • Ergosfera. Asociación universitaria de estudiantes de arquitectura. Cuenta con bastante documentación sobre el tema, tanto en su página web como en el blog. También los podéis encontrar en Facebook. Es particularmente interesante la sección “Eu tamén quero feísmo na miña paisaxe” donde plantean una visión (que coincide bastante con la mía, aunque sólo para el rural) un poco distinta a la políticamente correcta de “Hay que acabar con el feísmo”.
  • Chapuzas galegas. Se trata de una sección de La Voz de Galicia. Supongo que conforme vayáis pasando los álbumes de fotos correspondientes a los diferentes años aparecerá una sonrisa en vuestras caras. Es bueno y sano sonreír. Pero yo preferiría que lo vierais como una muestra del ingenio de mis compatriotas para vivir de la forma más eficiente posible. Incluso cuando se usan los tambores de las lavadoras como macetas para adornar dignamente un ambiente complicado. Buena parte de las fotos de este artículo proceden de estos álbumes de la Voz. Para ahorrar espacio en los pies de fotos simplemente he puesto La Voz. Aquí tenéis el enlace al último álbum, el resto los buscáis para entreteneros un poco.
  • En las redes sociales. También habría que mencionar, tal y como se me hace notar en uno de los comentarios, la existencia de  la página de Facebook "Canibalismo urbanístico, tamén chamado Feísmo" con más de 3.500 seguidores fijos y 10.000 visitas semanales, y la cuenta de  Twitter @MaltratoPaisaxe que en un año ha publicado casi 7.000 entradas sobre el asunto, y con más de 1.300 seguidores fijos. Ambas páginas administradas por el arquitecto Carlos Henrique Fernández Coto. Como puede advertirse se trata de un tema bastante polémico.

47 comentarios:

Anónimo dijo...

No soy de aquí, aunque mi madre lo es y mi relación con galicia siempre ha sido constante y fuerte, de hecho ahora vivo aquí y puedo afirmar que entiendo y comparto el término feismo. De hecho pienso que es hay tres grandes pilares que soportan ese feismo y que probablemente serán reciclados de vete tú a saber donde. Por un lado están las administraciones que no aunaron unas normas estéticas y sobre todo las llevaron a cabo, en el medio rural, limitándose sólo a las áreas de afección del Camino de Santiago que están sometidas a criterios tan poco estéticos como pintura blanca para fachadas, aquí en Galicia, será por el fuerte sol.
Por otro lado está la gran cantidad de construcciones fruto del "ti vai facendola e xa veremos" y que posteriormente se legalizan. En su mayoría son casas que no están supervisadas por ningún técnico competente que hombre, algo de estética le daría, sino que el promotor y algún amigo albañil va haciendo sin ningún criterio estético y a ratos. Así encontramos fachadas de color lila intenso, otras sin pintar y con la última ampliación aún de ladrillo sin enfoscar y esa multitud de "no acabados" que pueblan el paisaje gallego.
Por último y aquí se me cabrearán mucho, está la idiosincrasia gallega. Donde el autoabastecimiento es una cultura inherente en todo paisano de aldea. Para qué hacer un cierre como dios manda, si tengo unos palos de escoba y unos somieres que me sirven igual...
Cuando uno pertenece a otra comunidad autónoma donde aprecias enormemente el paisaje verde, porque es algo a lo que sólo optas en cierta estación del año, te das cuenta de la potencialidad de un paisaje como este. Para mí es enormemente triste irme a pasear al monte por un camino que no conoce más que los del lugar y encontrar todo tipo de desperdicios abandonados allí, con el esfuerzo que ello supone y sin que a una enorme mayoría le importe. Me da mucha rabia que esa magia del paisaje gallego no esté sustentada por una construcción rural acorde y como merecería como han hecho en otras comunidades autónomas.
Una última reflexión me lleva a pensar que si se cuidaran mínimamente estas cosas, Galicia sería el gran punto de encuentro del turismo rural que ahora sólo se sustenta en la fragilidad del Camino de Santiago y de la comida. Galicia debería ser mucho más que eso.

Antonio Folgado dijo...

Pepe: diste en el clavo. El feísmo en el rural no es el feísmo urbano. Y las cosas las tengo claras en los extremos. Por ejemplo, en el centro de Pontevedra o en una aldea de Terra de Montes. El problema es que en Galicia la mayor parte del suelo no es totalmente urbano ni totalmente rural. Me parece que lo que dices se puede aplicar sin problemas tanto al rural-rural como al rural-urbano. Respecto la comentario del Anónimo que se me ha adelantado esta vez estoy de acuerdo en parte con lo que dice. Pero, de ninguna forma, en convertir el rural gallego más el semi-rural al que me refería antes, en un Parque Temático del "campo". Sólo el que no conoce el funcionamiento de Galicia puede pretender que esto sea una salida. Sí, convertir pequeñas áreas en parques temáticos para turismo rural, podría ser una opción para conseguir alguna renta complementaria. Pero Galicia ha podido sobrevivir a través de los siglos mediante una agricultura de subsistencia de la que se deriva buena parte del entendimiento de su paisaje.

Perdona que me haya extendido tanto, cosa que no hago normalmente, pero en un artículo sobre Galicia me he sentido casi obligado. Unha aperta.

Manel Alois dijo...

Estamos ante un ejemplo práctico casi perfecto de la dificultad de mantener un paisaje de forma artificial. Y como esta dificultad se amplifica de forma muy grande al tratarse de un paisaje rural. Los paisajes esclerotizados -parados en el tiempo- sólo se pueden mantener como museo. Si se trata de que sean el resultado de una forma de vida concreta que afecta a muchas personas resulta inútil intentar hacerlo. Se podrá mantener un tiempo limitado invirtiendo una buena cantidad de recursos pero a la larga tiene que desaparecer. A menos que se proponga como decorado. Como dice el autor un paisaje agrario es el resultado de la vida. Si lo que se trata es de atraer al turista entonces montemos enormes tramoyas siempre que la inversión en decorados la podamos recuperar luego con los deseados ingresos turísticos. Si el paisaje trasluce honradamente la vida de los habitantes sólo lo podremos cambiar cambiando esa vida. Todo lo demás son engaños.

Enxebre dijo...

Comparto sólo en una pequeñísima parte el comentario de Anónimo. No sé cuanto tiempo llevará viviendo en Galicia, pero todavía no entiende demasiado. Se queja de que el "autoabastecimiento" sea una "cultura inherente en todo paisano de aldea". Es posible que hace quince o veinte años esto fuera un problema. Hoy está en el camino del cambio de cultura y de valores que tienen que producirse sino queremos irnos todos al carajo. En cambio Fariña lo ha entendido mejor. No solo por ser gallego sino por ser un defensor clásico de la "sostenibilidad". Sé que ahora no le gusta que se le relacione con la palabra debido a que ha sido prostituida por unos y otros. Pero la imposibilidad de un consumo creciente hasta el infinito en un planeta finito la sigue manteniendo como bandera.
Lo mejor según Vd. es que se lleve todo al vertedero y se siga consumiendo sin fin. Aunque apenas se tenga para comer hay que sustituir los somieres de Villa Somier por unos bonitos cierres prefabricados de Construcciones Castro. O mejor todavía, aparte de las labores normales, dedicar un par de horitas al día a extraer piedra de la cantera, luego picarla y hacer un cerramiento "bonito" y "autóctono" para que el turista se haga una foto al lado con la vacas, o mejor gallinas en el momento actual porque una vaca es una cuenta corriente y no hay muchas cuentas corrientes, el perro, los verdes árboles y, a ser posible, un aldeano creíble con pantalones de pana y boina.

Anónimo dijo...

Estupenda reflexión, totalmente de acuerdo con sus conclusiones. Gracias por la claridad. Espero que lo lea alguien de la Xunta antes de que aprueben la Ley del Suelo. Un saludo!
La Urbana
laurbana.com

Iago Valverde dijo...

Muy acertada su reflexión.
El problema no reside tanto en los “problemas” estéticos que le resultan feos a los urbanitas que visitan lo que llamamos “rural”. El gran problema es el demográfico, envejeciendo de la población en este espacio, y la falta de un modelo claro para el futuro de este territorio. Ya que en Galicia, este espacio rural no es ajeno a lo urbano, forma parte de un complejo espacio hibrido, lo “rural” es estructural dentro del desarrollo urbano. El turismo siempre se ha considerado el salvador de todo, pero el capital aportado es ridículo en un territorio que tiene que sostiene un gran número de población. Y no se le ofrecen alternativas, e incluso la mera supervivencia de costumbres le resulta incómoda a los urbanitas: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/2014/09/02/multan-750-euros-ganadero-excrementos-vacas/0003_201409S2C3991.htm?idioma=galego
Y la administración que hace?
La Xunta: ni está, ni se le espera.
*Me parece muy curioso, que el mismo día haya publicado un artículo acerca de este tema.(en galego: http://arquitecturadegalicia.eu/revista/2014/11/feismos-imbeciles-e-escuros) Enfocándolo en el contenido clasista, procedente de los medios de comunicación y en la confusión que provoca en el paisanaje. E incluso lo hemos ilustrado con la misma viñeta de Luis Davila!(http://obichero.blogspot.com.es/). Un dibujante que visibiliza muy bien los conflictos entre en viejo sistema agrarios y la cultura urbana.

José Fariña dijo...

Gracias por las aportaciones de todos. Ha sido tal la avalancha de comentarios en poco tiempo que ni he podido contestar o precisar algunas cosas. Me gustaría dejar claro que:
1.-No desprecio para nada el turismo (ese gran invento). Es más, pienso que se trata de una salida evidente para algunos territorios. Lo que no creo es que todo el rural gallego se deba (y se pueda) dedicar al turismo. Por supuesto que aquellas zonas que se dediquen a un aprovechamiento turístico deberán de estar cuidadas para que los turistas encuentren lo que buscan. Pero es una locura pensar que todo el rural gallego se pueda convertir en un Parque Temático Rural. E incluso en estas áreas pienso que el turismo debe de proporcionar rentas complementarias, nunca ser de carácter intensivo. Además, el turismo intensivo (excepto casos puntuales) tiene un futuro bastante incierto.
2.-Efectivamente, en la Galicia actual establecer una línea entre rural y urbano es extremadamente difícil. En muchos casos, imposible. Estoy de acuerdo con Antonio que casi todo es una mezcla compleja. Pero pienso que las ideas que he intentado esbozar son válidas para casi todo el territorio excepto para el que es claramente urbano, bien por el hecho de estar inserto en una realidad urbana o por “vivir urbanamente”.
3.-Me interesaría mucho más un proceso como el que se llevó a cabo en su día para la rehabilitación del casco histórico de Santiago, que el sistema de sanciones y ejecución subsidiaria. Se trata de ir poniendo, poco a poco, a la población de parte de la rehabilitación (ya que, en el fondo, de eso hablamos) mediante ayuda técnica, incentivos y comprensión de los problemas. Desde este punto de vista, si me parece una medida adecuada la también prevista en la futura ley del suelo gallega de permitir la rehabilitación de casas en el rural construidas antes de 1975. Habría que ver si se acompaña de las correspondientes ayudas para incentivarla y que no se atienda exclusivamente a la estética del edificio sino que se tengan también en cuenta consideraciones energéticas y funcionales.

Manel Alois dijo...

Estoy de acuerdo con este último comentario de Fariña respecto al turismo. El rural gallego no se puede convertir en un parque temático. Pero también es verdad que determinadas zonas sí que se podrían dedicar en forma parcial al turismo. Y, en ese caso, se podría intentar que respondieran a las expectativas del visitante. Pero ello requeriría señalarlas, planficarlas y ayudarlas a rehabilitarse para adaptarlas a las necesidades del turismo rural. Por supuesto, con obligaciones correlativas por parte de los propietarios si se les conceden determinadas ayudas o beneficios.

Marina Alonso dijo...

Hace mucho que no comentaba en el blog, pero el tema de la belleza y la fealdad del paisaje me atrae así que voy a reanudar mi relación con los cometarios ya que la lectura nunca la he dejado.
Es verdad que llama la atención tanto edificio sin acabar y tanta "basura reciclada". Lo de la "basura reciclada" lo he encontrado en otros sitios digamos que "pobres" y siempre lo he asociado como elemento característico de determinados territorios no muy "ricos". Lo de tantos edificios sin terminar aparentemente si que es bastante característico del paisaje gallego. Entiendo que, básicamente, estas son las dos cosas a las que se refiere el "feísmo". Y desde el punto de vista perceptivo, y todavía más para un arquitecto, son claramente feas. Eso no quiere decir que no sean adecuadas a un modo de vida que es lo que parece que dices. A lo mejor habría que replantearse, precisamente, ese modo de vida. Pero creo que deberían ser los gallegos los que decidan como vivir. Si el turista viene y no le gusta, pues se irá. Esa es la parte negativa de las posibilidades de desarrollo de Galicia. Francamente, es complicado.

José Fariña dijo...

Marina: gracias por volver a comentar. Aprovechando lo que dices me gustaría precisar una cosa más que no aparece ni en el artículo ni en los comentarios anteriores. Un elemento más que ayuda a explicar este resultado es la estructura de la propiedad de la tierra en Galicia. Es decir, el parcelario. Esta subdivisión casi hasta el infinito de la propiedad hace existan muchas cercas de separación entre parcelas con infinitas servidumbres de paso, lo que origina lo que en paisaje se llama un "grano fino". Pero no sólo el grano fino sino la actividad que origina este grano. Esto también sucede en otras partes del norte de España pero no con la radicalidad de Galicia. Además, el sprawl rural histórico hace que existan multitud de pequeñísimos asentamientos (más 30.000 según el INE, la mitad de todos los españoles) que multiplican los edificios, los accesos, los locales complementarios y otros. Esta base de dispersión y diseminación es específica del paisaje gallego y es la que hace que no pueda ser tratado de la misma forma que el de Huelva, País Vasco o Segovia. Casi nada en urbanismo y territorio se produce por azar. Se debe a unos procesos bastante concretos, en algunos casos mucho más difíciles de controlar que otros. En el caso gallego, Marina (estoy de acuerdo contigo) francamente complicados de controlar.

Coridon dijo...

Además de cerrar con somieres también es posible cerrar con persianas. La Voz de Galicia de hoy:
http://media.lavozdegalicia.es/scale.php?i=/default/2014/11/13/00121415876762295112698/Foto/.jpg&h=541px

Marina Alonso dijo...

Coridon, no si ejemplos hay a patadas. Sin más que salir de casa en el pueblo de Pontevedra donde vivo, andas 100 metros y puedes fotografiar cuatro o cinco chapuzas y mandarlas a la Voz. Pero me parece a mí que de lo que se trata de de saber por qué se produce esto, sus ventajas e inconvenientes y, si de verdad, es tan nocivo como algunos dicen, cómo cambiarlo. Pero de forma razonable, en los sitios que sean especiales y "a cambio de qué".

Alberto dijo...

Creo que todo esto del feísmo gallego no es para tanto. Tanto el "reciclaje" como la no terminación de las casas es lo típico de cualquier rural (en la Mancha se produce también). Lo que sucede es que, debido al minifundio, hay muchísimas más casas rurales y más cerca unas de otras por lo que el fenómeno es mucho más aparente.

José Fariña dijo...

Alberto: lo que dices es muy importante. Estoy totalmente de acuerdo en que el feísmo rural es muy parecido en todos los sitios. Lo que de verdad diferencia al caso gallego en precisamente "la densidad de lo feo". En un campo extensivo en el que el parcelario de terrenos de buen tamaño (y no constituido por minúsculas parcelas, los curruchos que llamo en el artículo) nos ofrece una imagen de construcciones agrícolas francamente separadas unas de otras, el impacto visual es muy diferente. Si acumulas en una fracción pequeñísima del territorio nacional LA MITAD de las entidades de población pasa lo que pasa. No es que el agricultor o el ganadero gallego sea particularmente más abandonado que el aragonés o el andaluz. Es sencillamente que hay muchas más cercas, construcciones, caminos, vertederos, y demás elementos antrópicos que, todos juntos en muy poco espacio, ofrecen una imagen incomprensible para el urbanita. Si a esto le sumamos la casi inexistencia de límites visuales entre lo rural y lo urbano (cosa que no sucede en otros sitios del norte de España también con una alta dispersión rural) la impresión es que todo el territorio es una especie de caos desordenado. Ayer, volviendo de Sevilla en el AVE, me fui fijando en que, en realidad, el feísmo rural gallego es un feísmo rural español (y probablemente europeo) intensivo, derivado de la estructura de la propiedad y del disperso rural histórico. No creo que la solución sea pone multas o sustituir subsidiariamente cientos de miles de metros lineales de cerramientos "reciclados", o enfoscar y pintar por el mismo método decenas de miles de construcciones agrícolas tales como cuadras, naves, cobertizos o viviendas "a la espera". Repito, eso en el rural, lo urbano es otra cosa.

Anxo dijo...

Ya se han dicho muchas cosas en comentarios anteriores algunas muy interesantes. Con casi todas estoy de acuerdo. Pero hay alguna que no se ha mencionado que es la peculiaridad "estética" de Galicia. Esta peculiaridad viene de tiempo atrás. Hasta tal punto que algunos de mis maestros en la Facultad llegaban a inventarse un estilo nuevo que llamaban "el barroco gallego". En general, a los gallegos nos da igual cualquier tipo de construcción, excepto la de piedra. La piedra es, esencialmente el material de Galicia. Sea en barroco, neoclásico o popular. Y lo demás es igualmente deleznable. Dado que ahora nada se puede hacer en piedra todo es feo. Es así de sencillo. No importa que un edificio de ladrillo esté enfoscado y pintado o no. Es de ladrillo lo que significa: de desecho, no perdurable. A mí me parece que, además todo lo que se ha dicho, también pasa esto. Non sei que pensaredes.

José Fariña dijo...

Anxo: Por supuesto que el material que mejor define a Galicia es la piedra. Mi padre definió O Carballiño como “navío de pedra ancorado nun mar de piñeiros” y pienso que está definición puede ser aplicada a cualquier pueblo o aldea de Galicia. Mira, en el artículo de este mismo blog llamado “A Illa das Esculturas, Pontevedra” que escribí hace unos cuantos años (creo que fue en el 2009) reproducía unos versos de Celso Emilio Ferreiro que no me resisto a copiar (la traducción al español, aunque no creo que sea necesaria, la podéis encontrar en ese mismo artículo) y que pertenecen al libro de poemas “Longa noite de pedra” que guardo como un tesoro porque me acuerdo de Celso Emilio escribiendo cuidadosamente la dedicatoria:

“O teito é de pedra.
De pedra son os muros
i as tebras.
De pedra o chan
i as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fenestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazós dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra.
I eu, morrendo
nesta longa noite
de pedra.”

Pero de ahí a afirmar que todo lo que no es piedra es basura deleznable… Es posible que esa fuera la sensación hace unos cuantos años (muchos) pero hoy en día las formas, los materiales, las modas, se han descontextualizado, y una pared de ladrillo enfoscada y pintada (incluso con salpicón de conchas de mariscos en el zócalo ja ja) puede ser tan lucense como otra de lajas de pizarra. Aunque probablemente estaría mejor en Pontevedra, lo digo por lo del salpicón de conchas de mariscos.

Andrés dijo...

Jaja, ¡me ha encantado! Y he reído mucho (por ese sentido del humor tan autóctono que no mencionas entre esas virtudes del principio). Un fuerte abrazo desde Montpellier. Andrés

José Fariña dijo...

Andrés: no sabía que te habías vuelto gabacho. Enhorabuena por el taller en la ENSAM de Montpelier. Un abrazo.

Breogán dijo...

Discusiones de este tipo tenían que hacerse por la Xunta antes de lanzar propuestas poco meditadas. Felicito al autor por plantear ¡desde Madrid! una discusión como esta. Cosas así hace falta decirlas. Mi aportación es la siguiente. Si de verdad se quiere dedicar parte del rural gallego a construir un parque temático del rural, lo primero que habría que hacer es determinar qué zonas. Estudiarlas. Y solo entonces tomar decisiones atendiendo al estado y necesidades de cada una de ellas. Pero nunca una norma uniforme para toda Galicia.

Fernando M. García Martín dijo...

Me sigue sorprendiendo su capacidad José. De un texto que pudiera parecer al principio ligero y con mucho humor, acabamos hablando del feismo como una característica del paisaje y hasta le aplicamos una densidad (ando tan metido en mis investigaciones que para mí la densidad lo es todo :P).

Antes de la larga lista de comentarios, que han enriquecido mucho el artículo, hablamos que si se cambiase 'paisaje gallego' por 'huerta murciana' el texto describiría perfectamente este último caso más cercano a nosotros. De hecho coincidimos en que el minifundismo (o microfundismo) era decisivo para la proliferación del feismo e incluso discutimos también sobre cuál de los dos casos era más denso en esta característica.

José Fariña dijo...

Fernando: veo que sigues trabajando con tu huerta de Murcia tan ilusionado como siempre. Sí, estoy de acuerdo contigo que, en ciertos aspectos, la huerta de Murcia puede ser asimilable, en parte, al territorio gallego. Sobre todo en la tremenda reconversión que están sufriendo las viviendas de rural a urbano, lo que produce lugares "híbridos" que no se sabe muy bien a qué responden. Por un lado está el abandono del rural y su envejecimiento galopante y, por otro, la reconversión de aquellas zonas más próximas a la ciudad en un auténtico sprawl que sigue las formas de vida más urbanas. Esto da lugar a unos nuevos paisajes, generalmente incomprensibles, que no responden a las pautas habituales y que se entienden como "feos". Se trata de un tema claramente de investigación y de bastante interés.

Bernardo Toledo dijo...

Realmente el turismo se está comportando como un cáncer para muchas cosas. Desvirtúa lo que es propio de cada territorio y lo sustituye por lo genérico. Elimina las costumbres relacionada con la historia de una comunidad las convierte en una comedia. Termina con los paisajes agrarios y naturales y los convierte en parques temáticos. Y, sobre todo, crea una dependencia nefasta del turista. Las comunidades pasan de ser relativamente autosuficientes y se convierten en dependientes de las llegadas del que huye de su lugar de origen. Pero huye un tiempo limitado. Además es una industria altamente sensible a muchas variables: precios, transporte, seguridad, alojamiento, márketing. modas... Como dice Fariña, todavía como complemento tiene un pase. Pero como única actividad "de exportación"... Estamos volviéndonos locos.

iKandonguera dijo...

José:
¿Gracias por esta entrada! Creo que es necesario hablar claramente de este tema porque, además, están empezando a utilizar términos opuestos -"bonitismo", he visto en La Voz de Galicia hace poco- que pretenden dar claves para enmendar el entuerto.
Los anuncios de la Xunta, contrarios al "feísimo", que he podido ir viendo en la prensa, dan una imagen estereotipada de lo que debe ser la arquitectura del rural que daría un conjunto mucho peor, sin duda que el que se está produciendo de modo natural.
Veo otra cosa que no tiene en cuenta la nueva ley, que no solo es la arquitectura sino, sobre todo, la forma de ordenar los cultivos lo que hace un paisaje de aspecto desaliñado...esas plantaciones caóticas de eucaliptos aparentemente llenos de telarañas, que se entremezclan con "millo", con nada, con rojos, pastos, etc., en tiritas estrechitas que dan un aspecto al conjunto de puzzle sin acabar...
En todo caso, feo no quiere decir nada, es una simple opinión... y no puede costar a nadie una multa de 25.000 euros una simple opinión estética. Es un error de la Xunta, que supone echar balones fuera, echar la culpa a los paisanos en vez de asumir los agujeros de la propia gestión...

Carlos Henrique Fernández Coto dijo...

Ha olvidado mencionar en "Páginas de interés" la página de facebook "Canibalismo urbanístico, tamén chamado Feísmo" que es la que más imágenes, enlaces y participación tiene en las redes, con más de 3.500 seguidores fijos y más de 10.000 visitas semanales.
También la cuenta de twitter @MaltratoPaisaxe que en un año ha publicado casi 7.000 entradas sobre el asunto, y con más de 1.300 seguidores fijos.
Ambas páginas son administradas por Carlos Henrique Fernández Coto, arquitecto

Se agradece las incluya en dicho apartado, porque son de interés sobre el mal llamado "feismo"

José Fariña dijo...

Carlos: aunque no suelo incluir nunca referencias a Facebook ni a Twitter (todos mis alumnos conocen mis reticencias al respecto en temas de enseñanza, reticencias que ahora sería largo de justificar) pienso que tienes razón y que, en este caso, es ineludible hacerlo ya que parte de los argumentos son, como mínimo, discutibles y es bueno “oxígeno externo (o airearse fuera)”. Te he hecho caso y ambas referencias las he incluido en el apartado de Sitos de Interés. Gracias.

Polieno dijo...

Se me olvidaba, felicidades por el artículo.

Anónimo dijo...

Si el idioma lo va haciendo el pueblo (y los gallegos ya afearon el suyo "castrapeando"), el paisaje será reflejo de la población que mora en él (y demuestran que poco les interesa su país). Con más y mejor educación (y menos pobreza)se evitarían ciertas cosas y se corregirían otras.
Saludos.
Xosé Bergantiños

Alfonso dijo...

Hola
Por cuestiones laborales viajo a Galicia de forma constante y siendo Asturiano siempre me ha llamado mucho la atención el "paisaje" gallego, tanto en los núcleos urbanos como en la zonas rurales que simplemente considero un reflejo de lo urbano.Sobre todo comparándolo con Asturias, ya que tanto por orografia, historia y concentración parcelaria son muy similares y sin embargo se han desarrollado modelos de forma muy diferente.
Particularmente y siendo un simple observador considero que las administraciones han tenido una gran parte de culpa de esta situación porque han permitido "el todo vale". La urbanización de la periferia de las ciudades refleja un descontrol total, ninguna planificación que desemboca en esta situación y si se produce esto en las ciudades no me extraña que se desarrolle también en la zona rural.
También se refleja en las plantaciones masivas de eucaliptos (especie alóctona)que resulta dañino para el medio ambiente (es admisible un porcentaje de superficie siempre y cuando se limite la expansión).
Me gustaría conocer vuestras opiniones con respecto a los diferentes desarrollos de ambas zonas que a su vez tiene tantos rasgos en común ...
saludos

Pilo Sierra dijo...

Me parece muy interesante y necesaria la reflexión de esta entrada sobre un canibalismo arquitectónico que -entre otras cosas- depauperiza de forma dramática nuestro paisaje. Lo que no entiendo mucho es la relación que ello pueda tener con el turismo. No soy partidario del turismo masivo pero sí de un turismo de calidad, de naturaleza, gastronomía, cultura. Y les aseguro que no es el turismo quien ha hecho estas chapuzas por todo el territorio, ni se hacen para el turismo -otra cosa son las urbanizaciones sin acabar y otras depravaciones urbanísticas, pero como ya ha señalado el autor, eso es otro tema que se superpone con el específico del feísmo-. Antes al contrario, trabajando en el sector turístico, es muy triste recorrer paisajes hermosísimos por toda Galicia y tener que borrar de la vista con la imaginación tanto edificio horrible y casi decirle a los visitantes: ¿se imaginan qué bonito sería esto sin la penosa intervención del hombre? Pues eso pasa en toda Galicia. ¿Cuantos pueblos emplazados en ubicaciones maravillosas, son un absoluto atentado a la vista, al gusto y al paisaje? Pues la gran parte de los que uno recuerda. Los que están bien conservados son excepcionales. Uno entiende la especial idiosincrasia de esta tierra, pero tiene que hacer un enorme esfuerzo para seguir amándola incondicionalmente cuando es solo en los lugares aún vírgenes donde puede escapar de ese feísmo que aflora por donde quiera que uno pasa, con honrosas excepciones como dije, pero muy escasas.

Ignacio Agulló dijo...

"Pero, básicamente, querría centrarme en dos y sin perder mucho tiempo en explicaciones.". Será mi percepción, pero no quedó rama por visitar ni perdiz por marear.

José Fariña dijo...

Pilo: no, si yo no estoy en contra del turismo (ese gran invento). Lo que estoy en contra es que, con la disculpa del turismo, pretenda convertirse todo el rural gallego en un parque temático y se les haga pagar a los gallegos por ello. Ya se ha dicho en comentarios anteriores que, probablemente, lo adecuado sea "acondicionar turísticamente" determinadas áreas del rural. Siempre y cuando se obtenga un rendimiento que se quede en Galicia y no caiga la inversión exclusivamente en manos de los que menos tienen, claro. También estoy en contra del turismo como única (o casi única) industria. Los lectores del blog y mis alumnos tienen bastante claros los peligros del monocultivo, sea del tipo que sea: agrícola, social, cultural, industrial o estético.

Anónimo dijo...

Pues a mí me mola la puerta del ascensor. Mucho más que los edificios de Calatrava.

Anónimo dijo...

Coas desfeitas realizadas pola Xunta que autoridade moral ten para demonizar o rural?
Un somier te solución mais a cidade da cultura, as pistas forestais, os paseos maritimos e os recheos vai ser que non.

Pilo dijo...

Precisamente lo que comento es que existe turismo no invasivo y de calidad, y personas que buscan espacios naturales vírgenes y auténticos. Pues ese perfil de público, incluidos los gallegos que hacemos turismo interior, no podemos más que lamentarnos de tantos entornos privilegiados acuchillados por el feísmo. Yo viví en uno de los pueblos más turísticos de Irlanda y no había NADA fuera de sitio. Teniendo mucha más densidad de turismo que nosotros estaba mucho más cuidado. Luego, como dije, está la especulación urbanística, y el construir hasta el último metro de costa, de lo que el pinchazo de la burbuja nos ha librado un poco, pues era una tendencia que iba a más. Pero ese es otro tema. Para mí, lo incomprensible es que se construya sin control y tan mal. Y no sólo las casas que quedan a medio hacer sino muchas que están terminadas pero son adefesios, no en el terreno minifundista más o menos individual y aislado, sino en el centro mismo de los pueblos. Por eso señalo que hay arquitectura y arquitectura igual que hay turismo y turismo. Bien entendidos, ninguna de esas actividades tendría que ser una amenaza para el entorno.

Francisco Miranda dijo...

Precisamente en Cantabria cuesta bastante encontrar ejemplos de feismo como los que se exponen en el post.

Por Asturias la última moda son los buzones de correos que aprovechan microondas averiados. Hay que tener en cuenta que ya no se entregan cartas a domicilio en muchos núcleos rurales y la correspondencia se queda en la carretera de acceso a la finca.

De acuerdo en que los somieres no molan estéticamente pero queda claro que los de zona rural somos expertos en reciclaje.

Si lo feo en Galicia llama más la atención es porque con tanta belleza de fondo contrasta más que en Mayorga de Campos.

Studio1 dijo...

Hola José, felicidades por el artículo, soy geógrafo, he llegado hasta aquí a través de meneame.net y me parece una gozada que estos temas susciten interés en la gente. Estoy completamente de acuerdo en el análisis sobre el sistema de penalizaciones que se quiere llevar a cabo mediante la Ley de Suelo y que ven en el paisaje rural un cuadro ante el que deleitarse el urbanita y no un sistema vivo. En mi forma de analizar el mundo se trata de un parche más para proteger un sistema que refleja sus estragos en el territorio.

No estoy del todo de acuerdo en su análisis sobre el proceso del feismo. El feismo tanto en las ciudades como en el campo es la representación espacial del sistema capitalista llevado a sus límites. A alejar tanto el territorio de los ciudadanos que procuran incluso dolor visual y una mala salud paisajista, porque el paisaje no sólo se mira, se vive. En las ciudades se manifiesta en forma de nuevas construcciones ciertamente grotescas y en el campo en forma de feísmo.
Muchas veces éste va ligado al reciclaje y no reciclaje por conciencia ecológica, sino reciclaje por necesidad. Necesidad que nace del abandono de estos entornos que tanta riqueza nos han dado en el pasado y que están condenados a desaparecer e intentan subsistir. Por ello el feísmo se produce en más lugares que Galicia. Pero quizás es en esta comunidad junto con Asturias (de dónde soy) dónde más se hace notar.

Tampoco estoy de acuerdo en su apreciación de feismo y construcciones sin acabar por razones de un cambio continuo. Las construcciones no se acaban por que el concepto estético se está muriendo con los propios pueblos, es esa la única razón. Cuando los pueblos estaban vivos, la arquitectura y su belleza era el reflejo del poder de las familias y por lo tanto se acababan las obras, cosa que hoy en día no.

Lo mismo podríamos decir de los materiales.

Hoy en día ¿que persona cabal de pueblo te recomendaría volverte y vivir de una economía de semiabastecimiento? , en mi opinión una pequeña minoría, ya todo el mundo rural ha interiorizado que sus pueblos están muertos sin remedio y entonces ¿para que procurar una cultura estética? de ahí la manifestación del feísmo.

Anónimo dijo...

He vivido en el rural gallego buena parte de mi vida. Por motivos personales y laborales he tenido tambiäen que vivir o cuando menos he tenido la ocasion de conocer el rural de otras partes de Europa, particularmente en Escandinavia, Alemania, Irlanda y Francia (Bretanöa y Normandia)...perdon por la falta de tildes, no uso un teclado espaöol)...En estas latitudes el feismo es una fenomeno muy poco comun o hasta inexistente por lo que he tenido ocasion de ver...En Alemania del Este tal vez si se puede ver algo parecido ( y en otros paises de la ex-orbita comunista), pero en cualquier caso en un mucho menor grado y debido a factores historicos de sobra conocidos.

No creo que la causa exclusiva del feismo en Galicia se trate tanto de un cuestion ligada a factores superestructurales (carencias o fracasos administrativos en el ambito de la regulacion/normativizacion de la estetica arquitectonica)o a falta de recursos tecnicos o economicos (causas infraestructurales) sino mas bien a la propia carencia de sentido estetico y de la proporcion... que algunos puedan pretender , ( bajo otra denominacion mas maquilada )justificar como caracteristica del acervo identitario gallego.

Sin necesidad de irse a latitudes del Norte de Europa, basta darse un paseo por Cantabria y Pais Vasco para ver que el feismo es minimo en comparacion con Galicia.

Una pena y un ejemplo de como la pobreza de espiritu engendra otro tipo de pobreza con manifestaciones mas tangibles.

Anónimo dijo...

Excelente artículo. Expuesto de forma clara y brillante. Siempre me ha sorprendido la diferente vara de medir que los técnicos de la Administración y los políticos tienen respecto la los requisitos que un propietario debe cumplir en el campo y en la ciudad. Los tediodos trámites que suelen durar meses para una simple licencia o la negativa a cooncederla simplemente porque se ubica en un lugar"bonito" aunque sea necesario para la subsistencia. Vivo y trabajo en Cantabria donde la situación se me antoja peor. El comite de "expertos" autonomicos que deben autorizar los usos del suelo rústico son simples urbanitas de los que nombras en el artículo. La misma situación se repite en nuestro órgano ambiental. Yo que trabajo con ellos me niego a admitir que un simple cambio de ventanas en un municpio rural deba costar tres veces lo que en la ciudad "para que no desentone" y sea de madera, o las fachadas de piedra...La situacíón acaba en abandono... No se puede hacer nada en el medio rural que no guste a los urbanitas. Gracias por escribir de forma tan clara e inteligente lo que muchos pensamos desde hace tiempo.

Ismael dijo...

Soy gallego y arquitecto. Creo que la conclusión a la que llega se deriva muy lógicamente de las premisas: la falta de medios y lo práctico por encima de lo estético. Pero creo que hay además una falta de aprecio por lo nuestro, una escasa autoestima que se nota también en la forma en que se habla el gallego, trufado de palabras castellanas. Me viene a la mente lo que hacía César Manrique en Lanzarote, le explicaba a los campesinos como disponer sus vides protegidas por grava y rocas ¡y parece ser que le hacían caso! Y es que hacer las cosas de otra forma no siempre es más caro, sobre todo si el resultado es funcionalmente mejor. Si hay que evitar esa limahoya y ese paño de ladrillo visto de las fotos es, también, para evitar la humedad.

Iago Valverde dijo...

Me indignan los comentarios a cerca de mi idioma. Creo que estáis ignorando que su uso durante siglos fue despreciado, o incluso prohibido, y aún permanecen fuertes prejuicios contra él. Frente al castellano, el idioma de la burguesía urbana y de todo aquel trepa que quisiera medrar en la sociedad tradicional. Cuando el pueblo en su mayoría galegoparlante, se comunicaban con los “señoritos” y la “gente bien” desarrollaba un idioma híbrido, mezcla del propio y del castellano. El “castrapo” es el resultado de la hegemonía del castellano. Al igual que el “feísmo” es el resultado de la hegemonía urbana sobre el territorio.
Al habitante rural se le ha ridiculizado desde el poder por usar el galego. Tachado de paleto e ignorante. Y él evidentemente trata de adaptarse al idioma de prestigio, el castellano. Cambiando su idioma como puede, introduciendo palabras del castellano en el suyo. Y ahora resulta, que si no habla bien el galego, que habla feo, que es su culpa y es ridiculizado también por los urbanitas que han aprendido el idioma en los libros de texto.
De manera pareja, el mundo rural se ha despreciado y ridiculizado por “lo urbano”. Tachado de atraso e ignorante. El rural se adapta a ideas urbanas, imitando las formas de prestigio, crecimiento en altura, empleo de nuevos materiales, tirando abajo “lo viejo”, abandonado las casas de aldea y construyendo chalés. Y ahora resulta, que si es feo, que no lo hace bien, que es su culpa, y es ridiculizado también por los urbanitas que han creado una idea bucólica de lo rural viendo los anuncios de leche.

Fabio dijo...

Estoy en desacuerdo con este artículo, que justifica el feísmo como inevitable, comprensible y casi deseable adaptación rural a las duras circunstancias actuales frente a las absurdas demandas estéticas de los urbanitas y de los turistas.

Pues no señor: hay muchísimas sociedades rurales en todo el mundo mucho más pobres que la gallega capaces de adaptarse al mundo actual y de sobrevivir con pocos recursos y al margen del turismo sin cargarse todo su patrimonio artístico, cultural y arquitectónico. Lo de mi tierra Galicia es simplemente falta abismal de cultura y de amor por lo propio, que ha acabado arrasando todos los núcleos de población de menos de 50.000 habitantes (y amplias zonas de las ciudades). No hay explicación y justificación que valga.

Y no nos confundamos: la bañera de abrevadero o el somier como cierre son anécdotas: el problema es tirar casas de piedra para edificar adefesios de ladrillo visto, desechar la teja tradicional por uralitas o pizarra en zonas costeras, edificar chalets de estilo supuestamente 'suizo' (jamás verás un chalet en Suiza tan horrendo y poco integrado en el entorno), construir edificios de 8 pisos en un pueblo pequeño y entre fincas, dejar medianeras sin ventanas 10 veces más amplias que la fachada...

Por cierto, es verdad que las multas por si solas no arreglan el problema, pero pueden ayudar: aunque en países como Francia, Alemania la sensibilidad cultural sea tal que a ningún granjero se le ocurriría construir de forma distinta a la tradicional, lo cierto es que hay estrictas normativas constructivas que determinan cómo se debe construir para preservar el legado rural.

José Fariña dijo...

Fabio: me parece muy bien su opinión. El problema es que no estamos en el siglo XII y la globalización ha traído consigo otra forma de vida. En el artículo no trato de justificar nada sino, sencillamente, de analizar la cuestión. Además hay que plantearlo en el contexto del problema del siglo XXI que es la sostenibilidad. Como he reiterado en muchos sitios (y en este blog también) los desplazamientos horizontales de materiales, energía, agua, personas, etc., son la clave para entender el mundo actual. Por ejemplo, los materiales de construcción. Si se lee los comentarios anteriores verá que entiendo la piedra como el material tradicional gallego. Incluso lo he ilustrado con un poema de Celso Emilio Ferreriro. Pero claro, si hacer un muro de piedra (aunque no sea de cantería) cuesta al sumar el material más la mano de obra algo así como diez veces más que un muro de ladrillo y tenemos dificultades con nuestra economía a nadie en su sano juicio se le ocurriría hacer un muro de piedra. Y así con todo.
Sí, claro, he estado en algunos países muy pobres en los que se mantiene la tradición del adobe, pongamos por caso. Pero es que, claro, un muro de adobe en esos sitios es mucho más barato que otro de ladrillo. Además creo que ha quedado claro a lo largo de la discusión que el problema específico de Galicia lo es por una serie de factores propios de nuestro país (predominio de lo rural de subsistencia, el minifundio, la densidad de los cerramientos y el número de asentamientos la mitad de los españoles). Y así con todo.
Claro que se trata de una cuestión complicada pero pienso que debatiendo entre todos podremos hacer algo de luz para luego tomar las decisiones que sean más acertadas. Pero lo que no me parece es que la solución sea poner multas. Un paisaje antropizado siempre es el resultado de una sociedad que vive de una forma determinada. Pretender cambiar el paisaje sin cambiar la sociedad y su forma de vida, es hacer decorados (teatro, puro teatro). Gracias por discrepar, sólo discrepando se pueden ver la cosas de forma diferente, tener pensamientos alternativos, y salir de los atolladeros sin enfangarse todavía más.

Ismael dijo...

Iago, siento que no me hayas entendido bien, o que yo no me haya sabido explicar, porque yo no he dicho que el hablar el gallego mezclado con el castellano sea culpa del habitante rural. Tienes mucha razón en que eso es el resultado de siglos de imposición y desprecio. Lo que quería decir es que esos siglos de opresión han afectado enormemente nuestra autoestima, nuestra capacidad de valorar lo nuestro, nuestro idioma, nuestro paisaje... Hemos acabado dirigiendo contra nosotros mismos el menosprecio que hemos sufrido por parte de otros.
La falta de autoestima no es nunca culpa de quien la padece, sino consecuencia de la falta de valoración que se ha percibido en el entorno.

verdeden dijo...

Creo que la reflexión es interesante, pero parte de un concepto de paisaje creo que erroneo y nos hace ver de forma más complicada el feismo.
Si consideramos al paisaje el resultado de la interacción con la naturaleza, entonces vemos que el factor socioeconómico es un factor importante que ayuda a comprender fenómenos como este (ya sea el feismo rural o el urbano). Si reducimos el concepto de paisaje por la mirada de alguien, simplemente nos dejamos muchas cosas por el camino y el paisaje se vuelve un concepto subjetivo que puede ser considerado según la persona que lo contempla, y entramos en conflicto con sus habitantes, los mismos que lo han creado.

Solo de esta forma se puede entender este y otros paisajes causados por los pueblos debido a tal o cual razón. Y también se puede entender que en Galicia destaca más que en otros lugares.

José Fariña dijo...

Verdeden: claro que existen muchas formas de acercarse al paisaje y cada uno puede definirlo como le parezca. Pero lo conflictos surgen cuando cuándo se trata de "preservarlo" o "mejorarlo" o "restituirlo a sus valores originales". Es decir, cuándo interacciona con cuestiones económicas. Todos los que nos dedicamos al planeamiento lo tenemos bastante claro. Ya puedes hacer una clasificación de los paisajes según el criterio que consideres conveniente, que si se trata de una simple descripción o de una tipología no incordia. Los problemas aparecen cuando, por ejemplo, un paisaje muy valorado impide que una zona se pueda urbanizar para "conservarlo". Y ahí si importa la razón por la que lo pretendes conservar. Entonces, hablar de forma genérica diciendo, por ejemplo, que responde a la forma de vida del agricultor gallego no me sirve de nada.
Yo sólo conozco tres razones por las que se deba preservar un paisaje: por criterios identitarios sobre los que deberían responder los que se sientan identificados con ese paisaje; por criterios estéticos que ya llevan implícita una vara de medir belleza por parte de determinada cultura; o por criterios económicos muy relacionados con los estéticos y simbólicos y que también llevan implícitas varas de medir belleza y, además, espectáculo. Normalmente los criterios estéticos incorporan ya casi todo eso que echas de menos y, sin que te des cuenta, está contenido en la mirada. Y, por supuesto, tal y como yo lo entiendo el paisaje es algo eminentemente subjetivo. Comprendo que se pueda entender como el resultado de las dinámicas que se producen sobre un territorio. Es decir, como geografía. O que alguien los pueda entender como representativo de algo. Esas formas de verlo no incordian excesivamente, sólo clasifican o describen. Y, probablemente, sean necesarias por ejemplo desde el punto de vista geográfico. Pero, qué casualidad, siempre que aparece la palabra paisaje en la legislación aparece asociada a la palabra belleza. Los ecosistemas son “representativos”, las formaciones geológicas “singulares”, pero los paisajes son “bellos”.
De ahí el problema del feísmo. El feísmo surge cuando aparece una vara de medir belleza por algún lado. Si esta vara no existiera no hablaríamos de feísmo, hablaríamos que casas que están a la espera de su ampliación, cierres económicos, hórreos reciclados, o puertas de ascensor aprovechadas para cobertizos. La discusión no está ahí, está en la vara de medir belleza que se utiliza. ¿La del labrador gallego o la del turista (o el urbanita) que va a presenciar un espectáculo estético? Me alegra que me hayas permitido aclarar algunas cosas de la entrada.

Anónimo dijo...

A miña opinión; o feismo existe si. Pero en gran parte por necesidade. Fai a nos fun ate O Piornedo, e atopei cun veciño. Pregunteille porque se tellaban agora as pallozas con "uralia" ou chapa. E dixome "porque non bonito non se vive" Canta razón ten. Porque en primeiro lugar ninguen sementa xa centeo porque non compensa, compensa máis o eucalipto ou o forestal, porque non queda ninguén que sepa (si houbera) usar esa palla de centeo e colocala axeitadamente, porque so fillos dos que sabían tiveron que emigrar porque senon morrían ca fame no rural...Sabe algún canto custa un bebedeiro exterior para vacas? Por riba de 300 euros. Sabe vostede canto queda libre por litro de leite? menos de 1 ct.. Entón a xente ten que amañarse co que ten o redor, unha bañeira si. Ou un somier facendo de cancela si. Ou unhas persianas recicladas porque a deputación en lugar de facer un centro social acondicionado para a xente maior gastouse os cartos en non se sabe que pero que lle da mási votos. Enton os maiores van a parada de buses parolear e como bos sabios protéxense do sol. Feismo si, pero ¿quen o provocou?¿quen o fomentou? Eu teño clara unha cousa, a xente que vive non rural non. A miña opinión.

Anónimo dijo...

Interesante artículo el cual no es la primera vez que lo leo. Siendo gallego me da pena como cada vez más el paisaje y el territorio de esta preciosa tierra llamada Galicia está cada vez más atacada por la mano del hombre. Coincido totalmente con el diagnóstico pero no puedo comprender como es algo que se tiene que aceptar por el simple hecho de que los tiempos son así y el modo de vida actual no ha hecho más que potenciar y extender estos "atentados" al rural y a los parajes naturales de Galicia. Me cuesta entender que se pueda llamar y aceptar esta situación como algo que es sostenible y muy práctico porque es una forma de adaptarse de la sociedad rural gallega a una situación socioeconómica tanto general como particular. Hay otras sociedades europeas que también han tenido y pasado por dificultades socioeconómicas bastante adversas y por fortuna, han sabido valorar y respetar ese paisaje rural y natural. Gente con dificultades y bajas posibilidades económicas hay en todas partes pero no en todas partes (por fortuna) se ha optado por lo que en el artículo se llama reciclaje y se entiende como algo sostenible. Más bien es una falta de respeto, educación y sobre todo conciencia este tipo de acciones. El rural gallego y también los parajes naturales ya están bastante castigados por la acción del hombre cada vez que intervienen en ellos, no sólo porque cada vez hay menos parajes que estén bien preservados y en los que además de basura, uno se encuentra construcciones de dudosa legalidad o arreglos con cemento u otros materiales ajenos a un ecosistema. Si no que la antropización es mayor y más agresiva. Es insostenible y ambientalmente muy reprobable que se den situaciones como la de encontrarse en el medio del campo una cisterna abandonada y reutilizada. Poco sostenible veo yo en eso al encontrarse algo ajeno al mundo natural e incluso rural, que ya no sólo provoca un fuerte impacto visual y el llamado feísmo, si no que también es muy dañino ambiental y ecológicamente.

El tema en sí es complejo, pero no puedo entender como en otros países europeos estas situaciones se dan menos que aquí y hay más respeto por el patrimonio rural, ambiental y arquitectónico. No creo que sea sólo una cuestión de capacidad económica, y tampoco creo que sea una cuestión de estética.