domingo, 1 de marzo de 2015

Calles y vecinos

A veces ocurren milagros. No se puede calificar con otra palabra el hecho de que unos profesionales de la arquitectura, ante la falta de voluntad de ciertas formas de hacer política que no creen en la participación de los vecinos, que no los consultan, que no les explican qué va a ser de sus calles, de sus plazas, de sus árboles o de sus farolas, hayan dado un paso al frente impulsando un proyecto de diseño urbano alternativo al bendecido por el ayuntamiento, con objeto de generar un debate. Debate imprescindible si de verdad queremos otro urbanismo y otra ciudad más humanos. Esto ha sucedido en Valencia aunque no dudo que milagros parecidos puedan producirse (se estén produciendo) en otros lugares. Se trata del proyecto para remodelar unas calles transversales entre Colón y la Gran Vía del Marqués del Turia. Para aquellos que no conozcan bien Valencia hay que decirles que estamos en el Ensanche. Más concretamente en la parte norte de la Gran Vía, siendo Colón (más o menos) el límite con Ciutat Vella.

Situación de la actuación y distancias en bicicleta  PAM_PIHE_VLC

En el pasado mes de junio estuve dando una conferencia en el Botánico de Valencia y aproveché, como hago tantas veces,  para darme un paseo. Fui bordeando toda la Ciutat Vella por la calle Guillen de Castro, luego la de Xátiva y terminé mi paseo precisamente caminando por la calle Colón hasta llegar al Jardín del Turia. Así, a ojo, supongo que unos tres o cuatro kilómetros que seguramente se duplicaron porque la gracia es ir callejeando a izquierda y derecha, unos ratos por el ensanche y otros por la Ciutat Vella. Recuerdo haber estado en la plaza del Ayuntamiento y, al otro lado, haberme sentado a descansar un rato en una de las cafeterías del remodelado mercado de Colón. Tengo, por tanto, bastante reciente el recuerdo de estas calles y cuando José Luis Gisbert me escribió un correo enviándome el proyecto que habían hecho lo estudié con gran cariño. En principio pensé que era un encargo del Ayuntamiento y sólo me fije en detalles más o menos técnicos: pavimentos, circulación, vegetación… Me pareció bastante interesante.

Mapa de ruido de tráfico en la zona  Ayuntamiento de Valencia  PAM_PIHE_VLC

Pero luego leí más atentamente el proyecto y comprendí que su interés no residía sólo en la calidad técnica, sino en tratar de forzar un debate sobre el acondicionamiento de estas calles. La cronología sería la siguiente. El abril del año pasado se publica en la prensa que el Ayuntamiento tiene la intención de remodelar las calles Hernán Cortés y Pizarro (dos transversales entre Colón y la Gran Vía del Marqués del Turia). José Luis Gisbert y Pilar Ferreres, personalmente afectados por las obras, deciden enterarse de qué se iba a hacer. Solicitan información al ayuntamiento comunicando su interés en participar en el proceso, y en septiembre pueden consultar el proyecto en las dependencias municipales y tomar notas. Ante la falta de respuesta del Ayuntamiento, y vistos los problemas que detectaban, el 11 de diciembre deciden presentar un proyecto preliminar con una propuesta alternativa. En enero de 2015 reciben copia digital del proyecto aprobado.

Calle Hernán Cortés, soleamiento por horas  PAM_PIHE_VLC
 Problemas con la colocación de los árboles del proyecto municipal

En estos momentos la concejalía de urbanismo (siguiendo el proyecto del ayuntamiento) ha empezado las obras de remodelación de la calle Félix Pizcueta, paralela a Pizarro, estando aprobada la remodelación de uno de los cruces de Cirilo Amorós con un sistema muy parecido al utilizado en Ruzafa. Por supuesto que todas estas calles del Ensanche son similares (si bien las transversales entre Colón y Gran Vía sólo tienen 12 metros por lo que ha de extremarse el cuidado) y tanto la propuesta “oficial” como la alternativa podrían extenderse con toda facilidad al resto.  Resumiendo la situación: el ayuntamiento redacta un proyecto de remodelación, la prensa se entera, a través de la prensa también se enteran unos ciudadanos que (casualmente) son arquitectos y estos ciudadanos le dicen al ayuntamiento que “hay otras posibilidades”. Ante la falta de interés de la administración acerca de que los administrados digan lo qué les parece el proyecto, José Luis, Pilar y la gente que les ayuda, como ciudadanos directamente afectados, han convocado para día 5 de marzo en la sede del CTAV, situada precisamente en la calle Hernán Cortés, una reunión para explicarles a los vecinos y a los que trabajan en la zona que existen alternativas (por lo menos la suya) al proyecto municipal.

Plantas de los proyectos municipal y alternativo
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Aunque seguramente no me voy a poder resistir a comentar algunos de los elementos de la alternativa, lo que quería destacar es que en el siglo XXI ya no podemos hacer el mismo tipo de urbanismo con el que Jules Hardouin-Mansart en 1699 proyectó la plaza Vendôme (una maravilla, por otra parte) en París, entre la Ópera y las Tullerías. La ciudad de este siglo la tienen que construir los ciudadanos. No los reyes, ni los alcaldes, ni los concejales de urbanismo, ni tan siquiera los arquitectos o los urbanistas. Mientras no lo consigamos, avanzaremos poco. Todavía en el siglo XX se podían alegar unas ciertas dificultades técnicas para hacer comprender al ciudadano la planta o la sección de un proyecto, pero en la era digital esta no es una excusa. Resulta que nos podemos poner en el medio de una recreación en 3D y pasear por la nueva calle, conducir el coche o jugar con nuestros hijos (digitalmente, claro). Y para hacerlo no es necesario comprender ninguna complicada sección transversal, tal y como se muestra en algunas de las imágenes de la propuesta alternativa.

Secciones de la propuesta alternativa de mejora
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Por otra parte, el acceso a la información de forma comprensible, es también posible. Está bien que la prensa lo difunda pero, además de por la prensa, los afectados deberían poder enterarse de cómo van a cambiar sus vidas (para bien o para mal, porque un proyecto de este tipo cambia la vida de las personas) mediante otros medios. ¿Es qué nuestros representantes no se han enterado que existe Internet, Twitter, Facebook, WhatsApp? ¡Ah! ¡Qué si, que se han enterado cuando hay elecciones y se trata de promocionarse políticamente! Estamos muy, pero muy necesitados de nuevas formas de gobernanza local acordes con el tiempo en que vivimos. Que signifiquen una comunicación fluida y transparente con el ciudadano. Continuamente oímos hablar de “Smart Cities”, nuevas tecnologías, SIG participativos y cosas parecidas. Pero, en realidad, una ciudad verdaderamente inteligente no es la que hace acopio de un montón de datos para beneficio de unos pocos que los dominan y controlan, sino la “ciudad de cristal” que reclama Saskia Sassen, en la que todos tienen la posibilidad de enterarse en forma comprensible de lo que está pasando y cómo nos afecta.

 Imagen de la propuesta alternativa de mejora  PAM_PIHE_VLC

Mientras que el administrado tenga que dirigirse a la administración para preguntar qué va a ser de su vida cotidiana y la de sus hijos en los próximos diez o quince años, porque nadie se ha dignado ni tan siquiera a comunicárselo, los complejos problemas que tendremos que afrontar en estos años que vienen no se van a poder resolver. Porque una parte importante de los mismos van a requerir, para su solución, una actuación proactiva por parte de la sociedad civil. Y hay que ir empezando a acostumbrarse. No se trata de plantear un “proceso de participación” al uso, como un mero elemento complementario o decorativo (a veces legal) de las decisiones del proyecto urbano y del planeamiento. Se trata de cambiar la forma de hacer el proyecto o el plan. Esto significa muchas cosas. Pero, sobre todo, significa que hay que recuperar el interés perdido por el ciudadano para intervenir directamente en la construcción de su ciudad. Casi nadie (excepto los muy ricos a los que no les importa equivocarse) dejarían en manos de otros la compra del sofá o el color de los muebles que van a poner en la cocina. Y sin embargo, “delegan” la decisión de lo que pase con su calle, sus árboles o sus bancos y papeleras. Porque, claro, no son “suyas”, o por lo menos no las sienten como tales.

Calle Hernán Cortés, situación actual  Google Street View

Comprendo que es complicado. Sobre todo porque la decisión sobre el sofá afecta a muy pocos, pero la decisión sobre el tipo de árbol que hay que poner en la acera no sólo afecta a los que pasan diariamente, sino a mucha más gente. Y además, no se trata de que todos los vecinos sean arquitectos, o diseñadores, o ingenieros. De lo que se trata es de conocer los puntos críticos de las decisiones y de poder discutirlos. Pongamos un ejemplo para bajar a la realidad. Simplemente mirando la imagen superior, la inferior y la siguiente podemos darnos cuenta de las dificultades. La situación actual de la calle Hernán Cortés (una de las afectadas) es bastante terrible ya que configura un espacio inhóspito, insano y feo. Además no hay sitio para aparcar. Si miramos en la figura de abajo la propuesta del Ayuntamiento probablemente para la mayor parte de vecinos representa un avance indudable: podemos aparcar. Incluso nos colocan algún árbol. Pocos, y en un sitio no demasiado adecuado, pero hay árboles. En el proyecto de Pilar, José Luis, Álvaro y Javier, (en la imagen que todavía está más abajo) todo se ve más amable. Hay muchos más árboles, animación, espacio para charlar, para jugar (incluso los bares podrán poner alguna terraza). Pero, seguro que de inmediato, la mayor parte de los vecinos notarán que no hay aparcamiento.

Calle Hernán Cortés, proyecto municipal aprobado  PAM_PIHE_VLC

Probablemente el equipo redactor de la alternativa intentará razonar que va en beneficio de la salud que la contaminación se fije en las hojas de los árboles, que haya que andar aunque sea sólo un poco desde el aparcamiento hasta el domicilio, que pueda funcionar mucho mejor el comercio de proximidad, que tengamos mayores posibilidades de socialización para nuestros hijos que, a pesar de todo, se pueda seguir accediendo en coche (aunque eso sí, muy despacito) para aquellos que lo necesiten, que vaya a disminuir de forma muy apreciable la contaminación acústica y que se rebajen notablemente los niveles de estrés de los vecinos. Todo esto lo razonarán y lo discutirán unos y otros. Al final, es muy posible que el equipo redactor del proyecto alternativo vea frustradas sus expectativas y se decida que más vale aparcamiento en mano que salud volando. Y, seguramente, los vecinos se equivocarán. Pero lo importante no es decidir lo mejor o lo peor (o decidir bien o mal), lo importante es saber a la hora de elegir qué nos dejamos en el camino. Y luego diremos: “mira, pues José Luis tenía razón, el tener el aparcamiento a la puerta era menos importante, hubiera preferido que mis hijos jugaran en una hermosa acera y los viera desde la ventana en lugar de tener que estar soportando el ruido y el humo de los coches. Cuando remodelen la calle de Isabel la Católica les contaremos a los vecinos nuestra experiencia”.

Calle Hernán Cortés, propuesta alternativa  PAM_PIHE_VLC

Y es que en este campo tan complejo se hace camino al andar. Llevo algún tiempo “predicando” la vuelta a lo local. Habría que empezar por cosas como estas. Probablemente es bastante complicado que, de entrada, una persona no especialista entienda el concepto de área de reparto y las implicaciones que conlleva delimitarla de una forma u otra. Pero igual de probable es que se percate de inmediato mirando el dibujo de arriba del significado de que una acera sea de cinco metros o de cincuenta centímetros. O que considere mejor plantar en su calle un árbol de alineación no alergógeno que otro más bonito pero que pueda producir problemas a su salud. Pero para que no toda la carga de la crítica caiga sobre los hombros del ayuntamiento de Valencia (que he tomado solo como ilustración) voy a contar mi propia experiencia en la urbanización en la que vivo. En mi caso no me enteré de nada hasta que no empezaron las obras pero, probablemente, si mi hubiera enterado por la prensa como en el caso de José Luis y Pilar, no hubiera tenido el valor de hacer lo que ellos hicieron. A lo mejor porque soy ya más viejo (menos joven) y me he vuelto cómodo.

Los autores del proyecto alternativo han pensado hasta en los bordillos
 Señalar en la imagen para verla más grande  PAM_PIHE_VLC

Hace unos dos meses el pequeño mundo cotidiano de la urbanización en la que vivo vio rota su tranquilidad de muchos años sin problemas, sin ruidos, sin gastos ni dispendios (es una de las primeras urbanizaciones construidas en España en régimen de cooperativa), por la irrupción inesperada de la maquinaria “constructiva”. Se empezaron a levantar parte de las calles para hacer zanjas y en el pequeño jardincillo que está entre las dos calles se quitaron todos los árboles y se empezaron a abrir agujeros por doquier. Un poco preocupados preguntamos a los obreros que abrían diligentemente las zanjas si es que se iban a construir trincheras para una futura guerra. La respuesta fue que iban a colocar farolas. ¡Farolas! A nuestras pobres y sostenibles farolitas que habían cumplido su misión de forma humilde, pero eficiente y barata (ya estaban superamortizadas) a lo largo de más de treinta años les había llegado su jubilación. Pero el caso es que las farolitas lucían muy bien, no daban signos aparentes de deterioro y su único pecado es que estaban embutidas (literalmente) en los muros de separación entre parcelas. Es decir, en los terrenos propiedad de los cooperativistas y no en la vía pública.

Las antiguas farolas, muy dignas ellas

Esta supongo que fue la disculpa para “hacer algo en época de elecciones”. Me niego a creer que algún amigo de algún edil tuviera una fábrica de farolas, pero tal y como se planteó el tema da pie a pensarlo. Las nuevas farolas ya están erectas en sus puestos, cambiando totalmente la estética de nuestras calles y arrinconando a las humildes y baratas farolitas que pagamos todos los miembros de la cooperativa en su momento. Pero, por ahora, las únicas que iluminan son las de toda la vida. Supongo que en unos días, las desconectarán y pasarán a mejor vida siendo sustituidas por unos soberbios palos gris obscuro coronados por unas lámparas leds de impresión. Supongo, porque nadie nos ha dicho nada. Es posible que en alguno de los periódicos locales se haya escrito algo, o en la página web del Ayuntamiento se publicara el acuerdo de aprobación del proyecto o de adjudicación de las obras. Pero ninguno de los vecinos que hemos estado hablando entre nosotros sobre el tema sabíamos nada. El problema es que los vecinos teníamos mucho que decir al respecto pero nos hemos encontrado con los hechos consumados.

Las nuevas farolas, el poderío

Y lo que podríamos decir son cosas de sentido común. Por ejemplo, dado que los soberbios palos erectos (con una leve curvatura en su parte más elevada) había que ponerlos en suelo público, pues resulta que las fantásticas aceras cuya anchura está comprendida entre los noventa centímetros y un metro (incluido el bordillo), de que están dotadas nuestras calles quedan todavía más inútiles. Antes, cuando aparecía un coche todavía te podías refugiar en la acera y andabas tranquilamente. De uno en uno, eso sí. Ahora no. Sencillamente, entre el muro, el coche y la farola no cabe una persona. Y eso por no hablar del cochecito de un bebé o del carro de la compra. Otra ventaja es que las han colocado a una altura tal que iluminan perfectamente la segunda planta de nuestras casitas con la posibilidad añadida de abrir la persiana y ahorrar una parte de la factura de la luz. Si las anteriores bastaban y sobraban (buena prueba de ello es que, supongo que para gastar menos, se encendían una sí y otra no) y era suficiente ¿a qué viene esta orgía de luz? Si el Ayuntamiento nos hubiera informado, se hubiera puesto en contacto con nosotros, es muy posible que las cosas fueran distintas.

No se pasa ni de perfil

Probablemente les hubiéramos hecho ver a nuestros mayoritariamente votados representantes que bastaba sustituir progresivamente, según fueran pasando a mejor vida, las luminarias de las ya instaladas farolas por otras de bajo consumo, y adaptarlas para que no hubiera contaminación lumínica, con lo que habríamos podido seguir con nuestras aceras (estrechitas pero dignas) y con el dinero ahorrado de la nueva instalación se hubiera podido pintar la guardería municipal situada a unos metros y muy necesitada. A la mayor parte no nos hubiera importado ceder al Ayuntamiento el derecho de superficie del trocito de muro. O expropiarlo, ya que sería mucho más barato que la solución de cambiar toda la instalación. Por otra parte, y ya con las farolas erectas, si se hubiera contado con nosotros podríamos haberle ahorrado al servicio de inspección del Ayuntamiento bastante trabajo si nos hubieran preguntado sobre la calidad de la instalación, de la pintura y (en su momento, cuando las enciendan) de la iluminación producida. Podríamos decirle, farola a farola, las que están pintadas de forma chapucera, las que están erectas pero torcidas, o las que tienen su base desplazada y otras menudencias.

Y luego, no es solo la farola, sino las obras para arquetas, conexiones…

Pero claro, “no hay cauces” para nada de esto. ¿De verdad estamos en el siglo XXI? ¿Qué es eso de las TIC con que nos bombardean constantemente? ¿Existen, o son como los OVNIS, es decir TICNIS? Cuando algunos de nosotros hablamos de una nueva gobernanza local nos estamos refiriendo justamente a este tipo de cosas. No se trata de hacer la revolución, ni de plantear modificaciones traumáticas del sistema. Se trata de hacer ciudades transparentes. Cuando hace más de dos años escribí el artículo del blog titulado “Hacia un urbanismo de código abierto” me refería a esto. Ahora parece que este ya no es el objetivo. A lo que aspiran todos los políticos locales es a que su ciudad sea una “Smart City”. Supongo que algunas compañías de esas que venden, gestionan o mantienen el software propietario que ata los ayuntamientos de por vida a Cisco, Microsoft o IBM, estarán encantadas. Y que se relamerán de gusto los que puedan tener acceso a gigas de datos que pueden cruzar impunemente para tener una información que nadie más tiene. Y que, por supuesto, vale oro.

Fragmento de dibujo del proyecto alternativo  PAM_PIHE_VLC

Ya no está de moda la expresión “urbanismo de código abierto”, pero sigue siendo imprescindible conseguir ciudades transparentes, lo que significa una gobernanza diferente, con una información comprensible que llegue a la mayor parte de los ciudadanos, de forma que la sociedad civil pueda intervenir directamente en la gestión de lo local con conocimiento de lo que hace. Y para eso sí que necesitamos ciudades que sean sabias, no listillas (aunque los listillos son otros). No estamos propugnando un cambio en el sistema democrático, eliminar los partidos y el sistema representativo. Estamos planteando que lo local no se puede gestionar ni tratar de la misma forma que el gobierno de un país, ya que se trata del escalón de poder más cercano al ciudadano. Y que estamos en el siglo XXI. Y que algo se supone habrá cambiado en las posibilidades de intercambiar información entre unos y otros. ¿Sólo a mí me parece raro que, desde Getafe, me pueda enterar en tiempo real de los crímenes que ocurren en Chicago simplemente entrando en la página web de la policía de esa ciudad y que no me entere de que van a cambiar las farolas de mi calle hasta que no aparecen los bulldozer?


  • Nota: Si queréis saber como evoluciona este caso de participación ciudadana en Valencia con un proyecto alternativo al oficial, podéis seguirlo en la página web de PAM_PIHE_VLC. También en ella hay un enlace para acceder a un documento resumen del proyecto de 12 páginas al final del cual hay otro, mediante el que podéis bajaros el documento completo de 77 páginas. Os aconsejo que lo miréis con interés, merece la pena.

14 comentarios:

Antonio Folgado dijo...

Pepe: había moito que non comentaba, pero hoxe non puden resistilo. O blog segue sendo do mellor que se pode encontrar. Este artigo, en concreto, di moito máis que moitos editoriais. Escribo en galego porque penso que se entende sen problemas. Tes razón, a política local debería ser moi diferente, por desgracia e cunhas eleccións enriba comprobamos, unha vez máis, que isto non é así. E se isto non cambia, a forma de construír a cidade tampouco cambiará. Unha aperta,

José Fariña dijo...

Antonio: gracias, te debería dar matrícula de honor por ayudarme tanto con los comentarios que haces. Por si "alguien" pudiera sentirse aludido en la cuestión del idioma (ya sabes que me tomo con mucha seriedad que este sea un blog en castellano con las mínimas palabras posibles en inglés, por ejemplo) voy a traducir tu comentario: "Hacía mucho que no comentaba, pero hoy no pude resistirlo. El blog sigue siendo de lo mejor que se puede encontrar. Este artículo, en concreto, dice mucho más que muchas editoriales. Escribo en gallego porque pienso que se entiende sin problemas. Tienes razón, la política local debería ser muy diferente, por desgracia y con unas elecciones encima comprobamos, una vez más, que esto no es así. Y si esto no cambia, la forma de construir la ciudad tampoco cambiará. Un abrazo". No te enfades mucho, piensa que hasta me he atrevido a traducir unos versos de Celso Emilio Ferreiro en el artículo "A Illa das Esculturas, Pontevedra". Gracias una vez más, unha aperta (penso que isto non hai que traducilo ja ja).

Antonio Folgado dijo...

Pepe: Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir. Unha aperta.

Alicia dijo...

La verdad es que Antonio tiene razón. Yo por lo menos no detecto en ninguna de las campañas que ya se empiezan a producir dentro de las múltiples elecciones que nos acosan, nada que tenga que ver con cambios reales en el sistema de gobernanza y el uso de las nuevas tecnologías. Ni tan siquiera en Podemos que a priori debería proponer algo diferente. Desde mi ignorancia de la admón no parece tan complicado Cosas tan obvias como las que se describen en el artículo no creo que sea tan complejo ni costoso hacerlas. Más bien lo que me parece es que hay miedo por parte de todos. Por parte de los que administran a perder el poder y por parte de los administrados a tener que preocuparse de cosas de las que progresivamente se habían despreocupada. Pero se ve tan claro que esto no puede seguir así que de una forma u otra el tingladillo tiene que reventar. Y me parecer que por donde es más facil que reviente es por el urbanismo. Veremos.

Sal·lus dijo...

Gràcies José Fariñas per un article tan lúcid i interessant sobre els carrers de València i els plans urbanístics de l'ajuntament i la necessitat d'un canvi de paradigma a causa de la participació del veïnat amb les noves tecnologies... i gràcies a Antonio per escriure en gallec, en efecte s'entén tot, en ser el castellà, el català i el gallec llengües romàniques tan semblants o similars... El que no entenc és per què s'ha de pressuposar que un espai és només, en exclusiva, en castellà, posem per cas, i no es pot escriure o parlar en una altra llengua, com passa al parlament de Madrid... que no es permet expressar-se en gallec, català o èuscar i obliguen a tots a parlar en espanyol... Però, evidentment, els ciutadans no podem imitar vicis tan inconvenients i autoritaris, perquè creguem en la llibertat d'expressió i en la participació lliure i igualitària, com en els afers de participació urbanística de la ciutadania... No hem de demanar excuses per expressar-nos en la nostra llengua... vaja, no pense demanar-li permís ni perdó a ningú per expressar-me com considere més convenient. Salut!

Anónimo dijo...

Lo que han hecho con las farolas de su urbanización no sé si legalmente se puede considerar un atentado urbanístico, pero sin duda se trata de un atentado contra el espacio urbano, ocurrencia de algún iluminado, nunca mejor dicho.
Si las aceras de por sí eran de una dimensión estricta, inhabilitarlas me parece sencillamente demencial, y que encima hayan tenido que pagar los vecinos por ello, sobretodo no siendo una necesidad imperiosa y habiendo otras soluciones mejores. No sé, pero el responsable de tal actuación debería responder por ello de alguna manera.
Y para más inri, al final colocan unas farolas que contaminan lumínicamente el ambiente... es que no han dado una.
Tratándose de una trama urbana tipo urbanización hubiera sido más sencillo consultar a los vecinos afectados que en el caso de Valencia, ya que la escala de la intervención es mucho mayor.
En el caso de Valencia, lo sintomático es la falta de ambición urbana por parte del ayuntamiento, que parece no ven más allá de cuestiones de aparcamiento y no consideran en absoluto cuestiones de calidad urbana.
Toda iniciativa popular por una ciudad mejor me parece absolutamente loable, al igual que su artículo, que me ha resultado muy interesante.
Enhorabuena y gracias.

Marta dijo...

Vivo en Pamplona, una ciudad que cuenta con una gran calidad de vida desde el punto de vista urbanístico. Hace un par de años al Ayuntamiento se le ocurrió hacer unos presupuestos por barrios participativos, por lo que asignó una cantidad de dinero a cada barrio y abrió un canal para que los vecinos pudiéramos aportar sugerencias para gastar dicho dinero en el barrio. La verdad es que al principio me mostré un poco escéptica, ya que me parecía mucho trabajo y que el resultado no iba a servir para nada, pero al fin opté por realizar una propuesta, como muchas otras personas y colectivos que acudieron a la cita. Me llamó gratamente la atención de que mi propuesta había sido presentada por otras personas del barrio con las que yo no había hablado, por lo que me parecía que era una propuesta que podría ser aceptada. La propuesta era muy sencilla y fácil de llevar a cabo sin gastar mucho dinero y consistía en lo siguiente: el barrio en el que vivo es la Rochapea, un barrio construido extramuros en la parte baja de la ciudad muy cercano al centro histórico y con un río en el que el ayuntamiento ha ejecutado un parque fluvial con muchas zonas verdes y dotacionales, además ha sufrido en los últimos años una gran trasformación urbanística, ya que era un barrio tradicionalmente agrícola y las huertas se han convertido en casas, bulevares, calles,… de dicha transformación urbanística el ayuntamiento ha recibido varios solares dotacionales situados junto al río en la parte baja de las murallas que se encuentran sin edificar. Todos estos solares se han convertido en aparcamientos provisionales ya que todo el casco histórico de Pamplona es peatonal, y además se ha construido un ascensor que conecta la parte baja de la muralla con el centro histórico, lo cual hace que todo el mundo que trabaja o viene de visita al centro histórico aparque en los aparcamientos provisionales de las parcelas dotacionales y suba al centro en el ascensor. El citado ascensor que en un principio se vendió como una infraestructura para los vecinos de la Rochapea (los originarios del barrio son generalmente personas mayores) ha resultado un problema de tráfico y contaminación en la zona. En uno de los solares convertidos en aparcamiento, antes había una plaza con un edificio utilizado por los vecinos de la Rochapea para sus actividades y formaba parte del camino para acceder al casco histórico, ahora los vecinos de la parte vieja de la Rochapea tienen que acceder al centro a través de coches aparcados por una zona a medio urbanizar o dar un rodeo a dicho aparcamiento. Resumiendo, la propuesta básicamente era convertir dichos aparcamientos en otro tipo de dotación para el barrio (las parcelas dotacionales objeto de un área de reparto deben tener un uso al servicio del área que las cede). La respuesta del ayuntamiento fue un simple correo diciendo que el coste de la propuesta era más elevado que el presupuesto otorgado al barrio sin más explicación o detalle. Nada más se ha sabido de dicho presupuesto participativo ni se ha ejecutado ningún tipo de obra ni de servicio con el dinero asignado salvo algunos arreglos del mobiliario urbano…. ¿le puede quedar a alguien ganas de seguir participando??????????

Anónimo dijo...

Antonio, no nos conocemos personalmente, pero no sabes cómo me ha reconciliado con mi trabajo de simple y vulgar arquitecto municipal en una pequeña pero muy compleja población del área metropolitana de Barcelona, leer atentamente tu reflexión. Gracias de verdad.

Anónimo dijo...

José, disculpa. En mi comentario anterior te llamé Antonio por error. Después de leer tus reflexiones, leí también las opiniones y me hice un lío. Si puedes hacerlo, y decides aprobar el comentario, por favor corrige la errata. Gracias y un saludo.

José Fariña dijo...

Sal.lus y Antonio: lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir (es verdad, tanto el gallego como el catalán se entienden perfectamente, el vasco no).
Marta: tienes razón. Hay "participaciones" contraproducentes que, en realidad, funcionan como "contraparticipaciones" y desaniman al ciudadano. Estamos en un momento en el que hay que recuperar el interés y la ilusión para que la gente se anime a que, entre todos contruyamos la ciudad. Gracias por hacer un comentario tan extenso.
Ánonimo del 2 de marzo: no se puede (o yo no se hacerlo) corregir un comentario que no sea mío. Pero publicando los dos queda aclarado. Yo, de joven, también he sido municipal de un ayuntamiento madrileño y te comprendo perfectamente. Ánimo, la labor de arquitecto municipal es de las necesarias e ingratas. Un abrazo.

Miguel Gómez Villarino dijo...

Compartiendo el espíritu del artículo (comparto un proyecto de "custodia urbana" llevada a una aplicación móvil, quien le interese, https://www.cumapp.org/) hay una precisión respecto a algo que se dice que me gustaría hacer, pq creo que es importante: se suele establecer "que es momento que la ciudad del siglo XXI la hagan sus ciudadanos", como si, en una idea lineal del progreso, avanzáramos hacia eso. Realmente es al revés, la ciudad histórica la hacían en realidad la suma de muchos particulares, y puntuales intervenciones públicas. La planificación urbanística ha ido progresivamente sacando la capacidad de autocosntruir y autoconfigurar del ciudadano, con muchos efectos positivos sin duda, pero con este reverso de hacer deal individuo un ser inane y dependiente de la profesionalización técnica y la administración, que, eso sí, puede "opinar". El gran error del avance de la técnica, en este caso instrumentada en la planificación, a mi modo de ver, es su voluntad de abarcar "todo". De controlar desde el detalle hasta el plano general. Hoy en día, desde latinoamérica en concreto, algunas de las dinámicas urbanas más interesantes, cabe encontrarlas por ejemplo en Medellín, donde la administración ha encontrado la manera de compatibilizar la autoconstrucción de los barrios obreros, con intervenciones públicas puntuales -infraestructuras, equipamientos-, que dan coherencia y sentido al conjunto urbano espontáneo de las barriadas. Me recuerda por ejemplo a la irrupción de la Plaza Mayor, en el tejido medieval del centro de Madrid. Una obra pública en medio del "escipiente" orgánico y vivo de la ciudad. No es algo trasladable a las ciudades del primer mundo, desde luego, pero en definitiva cabe hacerse la pregunta de si será suficiente esa ciudad de conocimiento, ciudad de cristal, en que el ciudadano ve y conoce, y puede corroborar que el "sistema" esté haciendo su trabajo "desde su sillón" -una especie de visión nórdica de la sociedad perfecta y plácida- en un mundo en que la mayoría carece de medios materiales cotidianos, o si ese camino no es en realidad un camino ciego, y sería considerable bajar al barro de la acción física y la responsabilidad real, no sólo de supervisor, del individuo.

CMBALBOA dijo...

aunque un poco tarde, no me resisto comentar, y aunque no me corresponda a "Anonimo" del 2/03, le diré que los arquitectos municipales no somos ni simples ni vulgares, dada la complejidad y trascendencia de nuestro trabajo, al menos en nuestro entorno.
Alicia, casi mejor no oir nada en las campañas sobre participación puede ser buena señal, teniendo en cuenta para lo que sirven y lo que se cumplen.
En cuanto a la experiencia de Marta, yo creo que habrá que seguir intentándolo. .. considero que para funcionen tiene que estar muy claro el objetivo y los medios si no, da lugar desengaños de este tipo.
y en cuanto al artículo, que también me reconcilia con mi trabajo y profesión, creo que sí se producen casos de participación: dirigida y espontánea; pero la "administración" es tan compleja que es muy difícil llegar a conseguir el objetivo; claro que el objetivo de unos -pocos o muchos- no es el objetivo de todos (no existe) ni de la mayoría. Como bien dices, José, seguramente los vecinos elijan aparcar en la puerta, y eso ya lo saben los políticos, así que para qué darle más vueltas...
También creo que las cosas cambian cuando la sociedad, o sea todos -o muchos- forzamos para que eso ocurra. Así que enhorabuena a los compañeros de Valencia de PAM-PIHE-VLC, espero que hayan iniciado un camino sin marcha atras...

Huber Giraldo G dijo...

Cordial saludo José.
Soy un lector habitual de tu invaluable Blog, que aporta muchísimo al conocimiento e investigación del desarrollo urbano de nuestras ciudades y el territorial. En esta oportunidad y motivado por el interesante artículo “Calles y vecinos”, el cual comparto en su totalidad, he decidido poner a tu consideración las siguiente reflexión y si lo consideras conveniente, anéxalas a los valiosos comentarios de tus lectores.

De acuerdo con la premisa inicial, de la ausente información, no inclusión o no consulta de los vecinos en las decisiones en la intervención del proyecto de espacio público con origen institucional, que remodelará unas calles transversales en la ciudad de Valencia y el hecho de que unos profesionales de la arquitectura “hayan dado un paso al frente impulsando un proyecto de diseño urbano alternativo al bendecido por el ayuntamiento”, y en consideración de las ideas expuestas por Miguel Gómez Villarino, expongo de manera resumida las siguientes consideraciones:

Es evidente que es necesario lograr un mayor interés y un verdadero compromiso de los ciudadanos, para participar de manera activa en las decisiones de intervención de los espacios públicos que usa y disfruta de manera cotidiana y que determinan en buena medida la calidad de vida del vecindario. La tarea que se impone, pues, es hallar la forma de hacer converger las propuestas de uno y otro proyecto, en un escenario de participación comunitaria en donde las decisiones puedan ser ponderadas a la luz de directrices de un urbanismo sostenible, con lo cual se podrá superar de manera efectiva la recurrente disociación entre necesidades y deseos de los ciudadanos.

No obstante también será necesario contar con el acompañamiento de profesionales del diseño urbano, que a manera de “facilitadores, ilustradores y pedagogos” arrojen luz sobre el analfabetismo y simplismo espacial que muchos ciudadanos tienen para identificar los mejores atributos y beneficios del diseño urbano. Igualmente habrá que incluir consideraciones que ponderen las relaciones y significados del espacio público como continente de expresión y resultado de la ordenación espacial, la historia local, la memoria colectiva, las costumbres, las celebraciones, el juego, el encuentro ciudadano, el interacción y la conversación ciudadana, asociada al uso y apropiación del espacio público existente, dado que los mismos hacen parte de la dimensión existencial del espacio, que es un continuo socio-histórico, físico urbano, de memoria colectiva, de expresión cultural.

Estamos hablando, por lo tanto, de un nuevo ciudadano, que asume las decisiones de intervención del espacio público, desde el imaginario social y cultural, para lo cual las propuestas de intervención en juego, deberán ser “enseñadas” y “aprendidas”, para que los ciudadanos desde la participación, puedan “leer” las propuestas y decidir sobre la solución espacial con la cual deciden “escribir” la ciudad desde el consenso. Por supuesto, esta iniciativa es de largo o mediano plazo, para lo que habrá que trabajar desde el estímulo social, la motivación a la participación ciudadana y la exigencia a las instituciones gubernamentales, para que se posibiliten procesos de participación ciudadana en las intervenciones del espacio público, ya anticipadas en el derecho a la ciudad.

De esta manera los ciudadanos se hacen artífices de su propio entorno urbano, dirimen de manera civilizada y humana sus diferencias, idean con imaginación y creatividad social y cultural sus entornos urbanos; autoconstruyen colectivamente su vecindario. Los ciudadanos adquieren identidad, responsabilidad y sentido de pertenencia con el lugar, incrementan la dimensión espacio-temporal de su vida urbana, salen a la calle, al bulevar, el paseo, al encuentro con la comunidad en un entorno con el cual se halla identificado, como una verdadera paideia ciudadana.
Atentamente
Huber Giraldo Giraldo

José Fariña dijo...

Huber: gracias por el comentario. Hacía mucho tiempo que no sabía de tí, me alegro que el blog permita mantener algunos lazos con alumnos tan distantes en el espacio (y en el tiempo ja ja). Un abrazo afectuoso.