martes, 3 de enero de 2012

Smart Cities, los inventos del TBO

Después de unos años en retirada las soluciones tecnológicas atacan de nuevo. Todos aquellos que conocen mi defensa de la eficiencia en el funcionamiento de edificios, ciudades y territorios, puede que se sorprendan de este ataque a una de las etiquetas (Smart City) que se presenta como la solución a nuestros males. Pero no creo que la serie de inventos que están apareciendo con el objetivo supuesto de mejorar el funcionamiento del sistema urbano resuelvan los problemas reales a los que nos enfrentamos. A mediados de los años cuarenta del pasado siglo XX el semanario de historietas cómicas TBO, el más famoso de la historia del cómic español, comenzó a publicar una serie humorística que tuvo diferentes nombres tales como Grandes Inventos o Inventos Prácticos, que se caracterizaba por organizar montajes sumamente rebuscados con objeto de solucionar problemas tontos, generalmente cotidianos. Sobre esta serie dice la Wikipedia (la cito, no como el Sr. Houellebeck): “En ella se describían pormenorizadamente inventos estrafalarios, a veces sumamente complejos, con una finalidad banal”.

Modelo de máquina llamadora para pulsar el timbre
Señalar en la imagen para verla más grande

Lo cierto es que se trata de una parte de mis recuerdos realmente maravillosa. Hay que reconocer que todos aquellos que hemos leído sistemáticamente al profesor Franz de Copenhague probablemente hayamos quedado bastante inmunizados frente a los alardes tecnológicos, arquitectura high-tech y demás muestras prodigiosas del pensamiento inventivo humano. Decía la publicidad del propio TBO reproduciendo uno de los “inventos” del dibujante Sabatés: “El profesor Franz, de Copenhague, propugna la creación de un periódico infantil nutritivo”. Efectivamente, según el reputado inventor, “los niños pasarán un rato placentero, leyendo las graciosas historietas de su periódico favorito, y después lamerán las páginas de éste, deleitándose con el dulzor de la tinta y el papel hábilmente combinados. Finalmente se comerán el periódico que, además de ser una deliciosa golosina, constituirá un alimento de alta calidad”. Es una pena que no se pueda hacer lo mismo con el ordenador en el que estáis leyendo este artículo. El hecho de que uno de los inventos, un cómic comestible, sirviera de publicidad al mismo, ya puede dar idea de la ironía que encerraban las historietas.

Periódico infantil nutritivo
Señalar en la imagen para verla más grande

Relaciono a continuación algunos ejemplos (correspondientes a diferentes dibujantes que se han encargado de los Grandes Inventos) para que los jóvenes que se han perdido tamaña aportación a la historia de la humanidad vayan rápidamente a la oficina de patentes, los patenten antes que nadie, y luego exijan el cobro de derechos de autor a través de la SGAE u organismos unicelulares parecidos cuyo objetivo sea patrimonializar privadamente el acervo cultural de la humanidad: dispositivo para hacer vino con zapatos viejos, bicicleta recoge basuras, suministro automático de leche para el bebé, aparato limpia narices, máquina para hacer cosquillas, huevos con cáscara de cristal, melones cuadrados, cepillito filarmónico, bicicleta para limpiar farolas, periódico infantil nutritivo, artilugio para brindar en mesas grandes, plataforma accionada por gallinas para subir el coche a casa, máquina para partir un piñón. En España se ha quedado para siempre la expresión “los inventos del TBO” como sinónimo de artilugio tecnológico creado para realizar una actividad normalmente cotidiana (ficticia o no), organizando un mecanismo cuanto más complicado mejor, y sin preocuparse de los problemas que pueda producir su funcionamiento.

Baldosas con sensores de lluvia, nieve o presión, Wifi y Bluetooth
Pavimentos inteligentes en la Puerta del Sol, Madrid, Xataka

La primera vez que oí la expresión Smart City me pareció que por fin se reconocía la necesidad de racionalizar la construcción de la ciudad. Sin embargo dudé un poco porque dadas mis escasas habilidades lingüísticas, y aunque casi todas las expresiones que conocía (smart phone, smart card, smart terminal) aplicadas a aparatos generalmente tecnológicos parece que se traducían por “inteligente” (teléfono inteligente, tarjeta inteligente, terminal inteligente), visto el tratamiento que se le daba a la ciudad no acababa yo de ver la inteligencia por ningún lado. Tampoco me cuadraba como relacionada con la elegancia, el buen tono y cosas así (to look smart, the smart set). Aunque como “ciudad lista” o más bien “listilla” quizás (sobre todo por parte de determinadas multinacionales). Con lo que sí estaba claro que se relacionaba era con la tecnología, pero no les debía de parecer una etiqueta demasiado “eco” o “verde” y la expresión technology city ni se la debieron plantear. En fin, independientemente de mis subjetivas y limitadas apreciaciones en este campo, se estaba consolidando la expresión con bastante fuerza entre algunos círculos dedicados a la planificación de áreas urbanas concretas tales como la energía, la movilidad o las infraestructuras.

Langfang “eco-smart city”, Master Plan en Inhabitat 
Premio AIA, ¿Alguién puede entender el “eco”? ¿y el “smart”?

Después de las ciudades sostenibles, las ciudades resilientes, las ciudades habitables, las ciudades sanas, las ciudades seguras, las ciudades bioclimáticas, las ciudades verdes o las ciudades de los ciudadanos, los que de una u otra forma nos relacionamos con la organización, diseño y planificación de esas cosas que algunos llaman ciudades teníamos otra etiqueta más, smart cities. Pero, en realidad ¿dónde ponen el acento las ciudades inteligentes? Se supone que en la inteligencia (o la listura) ¿qué es eso aplicado a una ciudad? ¿una ciudad piensa? ¿tiene alma? ¿se condena para siempre en el infierno si se porta mal? Uno teclea en Google smart cities y la primera página que aparece es www.smartcities.es (claro, busco desde España) correspondiente a una consultora. Supongo que habrá pagado a Google para que aparezca en primer lugar ya que en el que día que la visité tenía la fabulosa cifra total de 7.560 visitas aparte de haber registrado el nombre de “smartcities” antes que nadie. En cabecera aprecía el título siguiente: “Smart Cities: un primer paso hacia la internet de las cosas. Informe de la Fundación Telefónica para descarga (pdf)”. Así que me fui a la Fundación Telefónica y leí.

Dubai, una de las ciudades con mayor huella ecológica del mundo 
Además de ciudad sostenible ¿también smart city? FastCompany 
 
No necesité descargar el informe (para lo cual tenía que estar registrado, pero no me gusta que conozcan la dirección del correo más que a mis amigos y me parecía una villanía darles la que utilizo como sumidero de spam) ya que en la propia página se puede leer lo siguiente para sacarnos de dudas sobre lo que es una ciudad de este tipo: “Se define Smart City como aquella ciudad que usa las TIC para hacer que, tanto su infraestructura crítica, como sus componentes y servicios públicos ofrecidos sean más interactivos, eficientes y los ciudadanos puedan ser más conscientes de ellos”. Y más adelante: “El espectacular desarrollo de las tecnologías TIC relacionadas con la IoT en los últimos años (redes de sensores, RFIDs, etc.) y de las comunicaciones de datos móviles (M2M, Mobile Broadband, etc) amplia enormemente las posibilidades de mejora muchos servicios urbanos hasta cotas hasta ahora inimaginables, sólo limitadas por la capacidad financiera de los órganos de gobierno municipales” (curiosa forma de llamar a los Ayuntamientos, y no quiero hacer sarcasmos con el tema de la corrupción que ya está muy tratado). No fue necesario leer más. Una Smart City es aquella que utiliza los servicios de Telefónica.

Uso intensivo de las TIC Fundación Telefónica

Claro que también podemos leer una noticia del 24 de noviembre del servicio de prensa de otra afamada multinacional: “IBM ha presentado el programa Smarter Cities Challenge, cuyo objetivo es contribuir a que los sistemas y procesos urbanos de 100 ciudades de todo el mundo sean más eficientes, más sostenibles y, en definitiva, más inteligentes. Para ello, la Compañía donará servicios y tecnología por valor de alrededor de 50 millones de dólares, a lo largo de los próximos tres años”. El hecho de que IBM esté dispuesta a “donar servicios y tecnología por valor de 50 millones de dólares” a mí, particularmente, me resulta bastante emocionante. Así que, con toda rapidez, me desplacé al apartado de “Ciudades Inteligentes” que IBM tiene en su página web y leí: “Barrios seguros. Escuelas de Calidad. Vivienda asequible. Tráfico fluido. Todo es posible”. Tal muestra de optimismo me dejó, literalmente, paralizado por el ansia. De forma que abrí como pude (las manos me temblaban) los documentos disponibles en español. Su lectura me decepcionó un poco. Sobre todo el que se titulaba “Ciudades más inteligentes para un desarrollo sostenible”.

La smart city de IBM de IBM 
Señalar en la imagen para verla más grande

Al final del documento se detallan los pasos que, según IBM, deben adoptar los responsables urbanos: “Decidir cómo debe ser su ciudad: crear su marca; adoptar políticas que conduzcan a un crecimiento basado en la cualificación, la creatividad y los conocimientos; optimizar los servicios orientándolos al ciudadano; emplear el pensamiento sistémico en todos los aspectos de la planificación y la gestión; desarrollar y aplicar las tecnologías de la información para mejorar los sistemas básicos de la ciudad”. Este último (el más importante según se dice textualmente) está basado en “el poder de la ingente cantidad de datos reales que ya se recogen sobre los patrones de comportamiento de los habitantes y los sistemas de la ciudad, procurando dotar a sus sistemas de tres niveles básicos de capacidad: recoger y gestionar el tipo adecuado de datos; integrar y analizar los datos; basándose en análisis avanzados, optimizar el sistema para lograr el comportamiento deseado”. No quiero poneros los pelos de punta pensando en Orwell pero si pincháis en la pestaña que dice “Sistemas” (está al lado de la que pone “Ciudades”) veréis que lo de Orwell es un juego de niños. En cualquier caso ya comprendo. Una Smart City es aquella que utiliza los servicios de IBM.

Los sensores nos rodean Living PlanIT Valley 
Señalar en la imagen para verla más grande

Pero no vaya a pensarse que Telefónica o IBM están solas en la lucha por la sostenibilidad del planeta. También Microsoft pone su granito de arena. Hace unos meses nos sorprendió la noticia de que la firma Living PlanIT liderada por un ex directivo de Microsoft y con la implicación total de esta compañía pretende construir una smart city cerca de Oporto en Portugal. La sostenibilidad y mayor habitabilidad va a ser conseguida a base de dotar a todos sus edificios y construcciones de variados sensores que se encargaran de detectar múltiples problemas de seguridad (no se especifica qué clase de seguridad: alimentaria, atracos, infidelidades, fuego, escapes de gas, libros incluidos en el Índice) y de otros tipos. Para ello todos estos datos se gestionarían, desde la plataforma Urban Operating System (USO), en tiempo real y en “la nube”, por los diferentes sistemas informáticos de control de infraestructuras, tráfico, distribución de energía, contaminación y otros. Se supone que un cuarto de millón de personas van a vivir en las mejores condiciones en unas 1700 hectáreas. Es coste estimado es de 10.000 millones de euros. Ya voy comprendiendo, una Smart City es aquella que utiliza los servicios de Microsoft.

Planta de la smart city de Paredes (Portugal) inhabitat 
Microsoft y Living PlanIT: Paredes (Oporto)

Sin embargo, no hay que ser tan negativos. Por supuesto que una empresa privada intenta vender sus productos y su objetivo es conseguir los mayores beneficios posibles para sus accionistas. Su comportamiento desinteresado sería perverso y pondría piedras en el engranaje del sistema. De forma que es comprensible que si alguna de ellas, bien sea Telefónica, IBM o Microsoft, ve un nicho de negocio intente explotarlo. Pero una ciudad es algo más que un nicho de negocio empresarial. Y el colectivo de sus habitantes sí que debería pensar inteligentemente. Claro que hay que aplicar las nuevas tecnologías en el siglo XXI. De hecho se están aplicando. No creo que vivamos en la edad de piedra ni que ningún planificador urbano piense que vamos a volver a la Edad Media con el “agua va” y cosas parecidas. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es pensar que las nuevas tecnologías van a solucionar problemas que son, esencialmente, políticos y éticos. El "asuntillo" de los límites del planeta no se resuelve sólo mejorando la eficiencia de nuestros sistemas. Por supuesto que hay que mejorarla. Pero ese no es el objetivo principal. El objetivo principal no es construir “ciudades inteligentes”, sino construir ciudades habitables y adecuadas a las condiciones del siglo que nos ha tocado vivir que es el siglo XXI.

Ranking europeo de ciudades inteligentes European Smart Cities 
De las 70 primeras: Pamplona (41), Valladolid (43), Oviedo (50)

La situación extraordinaria en la que nos encontramos es que, por primera vez en la historia de la humanidad, para seguir creciendo tenemos que impedir que otros crezcan si por crecimiento se entiende seguir consumiendo planeta. Porque resulta que ya hemos llegado al límite de su biocapacidad. Así de sencillo. Esta situación nos obliga a repensar la mayor parte de los planteamientos con los que hemos funcionado hasta ahora. No es suficiente con mejorar la eficiencia de los sistemas. Por supuesto que hay que hacerlo. Pero como dije en el Congreso de APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental) hace más o menos un mes en el CaixaForum de Madrid: “tenemos un enfermo al que hay que operar y pretendemos solucionar el problema con cuidados paliativos” (perdón por la autocita). Claro que son necesarios los cuidados paliativos, el enfermo no debe sufrir. Pero si pensamos que el objetivo es sólo que no sufra probablemente se morirá. El problema de las smart cities no es el intento de mejora en la eficiencia del sistema urbano. Es que este intento oculte el problema básico que debemos afrontar. La tecnología no es más que un instrumento. Y además, un instrumento que hay que aplicar con sumo cuidado no sea que estemos propiciando inventos del TBO, y que las soluciones aportadas sean puras banalidades, resuelvan problemas inexistentes o compliquen más las cosas de lo que están.

Foto de Jevons y portada The Coal Question
Puede leerse esta obra en la Open Library, foto UCL

Aún suponiendo que las smart cities aborden problemas relevantes y consigan resolverlos sin aumentar los costes ecológicos previos, además resulta que el planteamiento es bastante discutible desde el punto de vista teórico en algunos aspectos que no puedo resistirme a plantear (por lo menos de forma indicativa) aunque alargue excesivamente el artículo. La primera es que si se pretende racionalizar el funcionamiento de la ciudad para que consuma menos y contamine menos resulta imprescindible abordar la llamada “paradoja de Jevons”. Ya me he referido en otros lugares del blog al efecto rebote pero no estará de más recordarlo ahora. William Stanley Jevons fue un economista británico que en el año 1865 publicó The Coal Question donde planteaba la dependencia energética de Inglaterra respecto al carbón considerado como un recurso limitado. En esta obra Jevons trató algunas cuestiones que ahora nos pueden sorprender por lo modernas tales como el tema de los “picos” energéticos, la posibilidad de utilizar energías renovables como solución, o su escasa fe en medidas fiscales para reducir el consumo. Aunque las tesis de Jevons se han revisado posteriormente (Polimeri en su libro The Jevons paradox and the myth of resource efficiency improvements) parece que el problema se mantiene en la mayor parte de los casos (elasticidad ligada al precio) a menos que se activen medidas complementarias. Aquellos interesados en el tema pueden revisar también el llamado “Postulado Khazzom-Brookes”.

Efecto rebote: LEDs en edificios que probablemente no se habrían
iluminado por el gasto que supondría. Torre Agar, Barcelona, Techpin

En cualquier caso Jevons constató que “se trata de una confusión de ideas completa suponer que el uso eficiente del combustible equivale a una reducción del consumo. La verdad es exactamente contraria a este supuesto”. Hizo esta afirmación después de demostrar que las mejoras en la eficiencia que Watt introdujo en la máquina de vapor sobre el diseño de Newcomen aumentaron de forma notable el consumo de carbón. Se puede establecer incluso una fórmula matemática que expresa el efecto rebote, pero podría resumirse de una manera sencilla así: aumentos en la eficiencia reducen el consumo instantáneo pero la mejora el modelo trae consigo un aumento del consumo global. Esto significa que los planteamientos puramente tecnológicos no nos llevan a conseguir los objetivos marcados si estos objetivos son reducciones del consumo que permitan una más justa distribución de los recursos. Según Jevons tampoco parece que la vía de la imposición mediante tasas o impuestos haya dado resultado, de forma que la única solución razonable pasa por el cambio de modelo y de valores. Esto es lo que proponen aquellos que optan por el decrecimiento o la vías de desarrollo alternativas. No es ahora el momento de discutir el tema (hay un artículo en el blog sobre decrecimiento) pero es una objeción bastante importante a las propuestas tecnológicas de las smart cities.

Microsoft y Living PlanIT, smart city de Paredes (Porto, Portugal)
Película de terror ¿la bola verde será el cerebro de la ciudad? inhabitat 
 
El segundo problema se refiere a la propia consideración sistémica del planteamiento. Me refiero a la confrontación entre “ciudades resilientes” y “ciudades inteligentes”. Resulta que uno de los principios básicos de la sostenibilidad de los ecosistemas (de su resiliencia) es la diversidad. La diversidad huye del control centralizado de los diferentes subsistemas. A mayor dependencia unos de otros mayor es la probabilidad de que, ante una situación crítica, todo se venga abajo. Precisamente por lo que aboga la resiliencia es por la autosuficiencia de los diferentes elementos que componen el sistema. Cuanto más autosuficientes sean los susbsistemas más posibilidades hay de que todo funcione mejor. La existencia de elementos fundamentales para la resiliencia como son la redundancia (que es lo que primero que se elimina en aras de la eficiencia) o los ecotonos fuertes, diversos y con posibilidades de convertirse en sistemas nucleares, parece imprescindible. Sin embargo, la filosofía básica de las smart cities es justamente la contraria. La centralización e interdependencia de los diferentes procesos permite la racionalización y eficiencia del conjunto. Hay que hacer notar que este sistema que ahora se quiere aplicar a las ciudades ya hace tiempo que ha sido desechado por las mayores empresas del mundo que han optado (en aras precisamente de su resiliencia) de desprenderse de procesos, hacerlos autónomos y dejarlos que se las compongan por sí mismos.

Sensores diversos irán apareciendo en las calles inteligentes
Orwell, te lo has perdido. Smart Cities Platform, Urenio

Para terminar de señalar algunas de las dificultades que veo en estos planteamientos centralizadores sólo quisiera destacar otra de las que me preocupan especialmente. Ya hace tiempo que vengo proponiendo que la alternativa al modelo actual pasa por reforzar las identidades locales de forma que los territorios se empiecen a volver más autistas, más encerrados en sí mismos, con objeto de evitar el mayor peligro del siglo XXI, el pensamiento único. Quisiera diferenciar ahora, y de forma especial, el pensamiento único del pensamiento planetario. Así como el segundo ha sido una de las mayores conquistas de la humanidad el primero es la amenaza más directa a la misma. La tentación de imponer sus tesis de los que tienen las palancas del control, se acrecienta notablemente cuando se puede acceder a una gran cantidad de datos que se cruzan, analizan y organizan para evitar “las anomalías”. Estoy hablando de Orwell, claro. Pero no sólo de Orwell (es decir, de la ficción) sino de los servicios de inteligencia, del espionaje industrial, de la publicidad, del marketing y de los robots buscadores en Internet, por ejemplo. Los sensores de temperatura que se pretenden colocar en las viviendas de la smart city portuguesa permiten monitorizar la temperatura de los inmuebles en tiempo real y los de movimiento la actividad que se produce. El problema es que todo ello está controlado por no se sabe muy bien por quién y de forma no transparente. De nada de esto se habla cuando se diseña un sistema de este tipo. Y es de lo que hay que hablar. Colocar un sensor de temperatura es una tontería y diseñar un sofware que lo controle también. Lo que ya no es tan tonto es proponer como se gobierna toda esta información.

Profesor Lucifer Butts y la servilleta que funciona sola
Máquina de Rube Goldberg sitio oficial de Rube Goldberg

Es realidad, más que hablar de smart cities habría que hablar de “ciudades estúpidas” (stupid cities) o “ciudades tontas” si empezamos a pensar que la solución de nuestros problemas es tecnológica. La tecnología puede ayudar pero el foco no hay que ponerlo ahí. La dificultad está en dotarnos de instrumentos de organización verdaderamente participativos que permitan que una sociedad con una cultura específica, anclada en un territorio, con relaciones no depredatorias sobre el mismo, se aglutine en torno a valores con los que la mayor parte esté de acuerdo. Hablar de tecnología (y no quiero insultar a nadie) es algo simple. Incluso puede ser muy divertido como han demostrado los inventos del TBO. Como divertimento podemos intentar algunas cosas aunque resulte evidente a veces que estamos matando moscas a cañonazos o que, simplemente, estamos matando el tiempo. Los inventos del TBO no son originales, claro (como tampoco lo son las smart cities, en otro artículo hablaré del tema). En USA las máquinas de Rube Goldberg son famosas desde que en 1914 dibujara el primer invento titulado “Automatic Weight Reducing Machine”. Y en Inglaterra William Heath Robinson también dibujó máquinas improbables, desvencijadas que apenas funcionan mediante retoques imposibles.

Copenhagen Wheel, la smart bicycle, ¡quiero una!
Señalar en la imagen para verla más grande, Walyou

Hay que dar la bienvenida a la tecnología como ayuda para que nuestras ciudades funcionen mejor. Pero es que algunas de las innovadoras propuestas merecerían figurar como inventos del profesor Franz de Copenhague o asimilarse a las excéntricas máquinas de W. Heat Robinson. Innovaciones como la Copenhagen Wheel, una bicicleta con una rueda que nos informa en tiempo real de la contaminación, el estado de la calzada (supongo que si hay baches o si el piso está deslizante), o de la densidad del tráfico, no tienen nada que ver con la nueva organización urbana. O el CO2GO, una aplicación para el iphone que nos dice el CO2 que generamos identificando si vamos a pié, en bici o en coche, se han expuesto en un reciente congreso sobre smart cities. Por supuesto que hay cosas más serias e interesantes. En este mismo congreso el teniente de alcalde de Sant Cugat habló de que Plan Local de Innovación persigue dos objetivos: la "Ciudad Verde" junto a la "Ciudad Digital". Juntas las dos confluirán en la "Ciudad Inteligente". Y yo con estos pelos. Lo más asombroso es que ya se hacen estudios como el presentado recientemente en otro evento celebrado recientemente en Madrid en el que una consultora IDC clasifica las ciudades españolas según su “inteligencia”. Para lo que utiliza 94 indicadores y 23 criterios de evaluación. No coincide demasiado con la europea que reproducimos más arriba pero es que criterios e indicadores deben ser distintos (supongo, no quiero pensar mal).

Matriz del índice de ciudades inteligentes de España, IDC
Señalar en la imagen para verla más grande Computing

Como puede verse en el cuadro las ciudades menos smart (no sé si calificarlas directamente de más tontas o estúpidas, en el informe se las denomina discretamente followers) parece que son Las Palmas de Gran Canaria, Badalona, Badajoz, Sabadell, Jerez de la Frontera, Alcorcón, Salamanca o Vigo. Aunque dada la dificultad de interpretación de lo que aparece en los ejes igual me equivoco. Pero las más inteligentes (el top5) para asombro del personal (Anton Ozomek, oído al parche) resultan Málaga, Barcelona, Santander, Madrid y Donosti. De ninguna manera estoy en contra de que se innove. Todos mis alumnos saben que soy orteguiano hasta la médula. Y para Ortega, la técnica es lo específico, lo esencial, del hombre. Pero a veces la tecnología, esa hija no reconocida de la técnica, se comporta de una forma tan rastrera que casi dan ganas de repudiarla. Resumiendo este artículo tan largo: necesitamos soluciones tecnológicas para los cuidados paliativos de un enfermo que empieza a sufrir en muchos lugares del mundo, pero tenemos que saber que estos cuidados paliativos no lo van a curar y que, en algunos casos, pueden ser contraproducentes. Nuestras ciudades tienen que reorganizarse de nuevo como lo hicieron después de la Revolución Industrial. Pero esta reorganización va a venir de la mano de un cambio en la forma de pensar, en los valores y en los objetivos. Para terminar, por favor, dejemos de ponerle etiquetas a la pobre ciudad, ya no aguanta con el peso de más. Comprendo que las empresas tienen que vender y, para la venta, el marketing y los slogans son fundamentales. Pero los ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI no tienen que comprar una ciudad nueva a ninguna empresa privada (básicamente porque en estos momentos no hay dinero para hacerlo), tienen que construirla entre todos.



Materiales

Afortunadamente para el artículo de hoy esta sección (que es en la que más tiempo invierto) ya la tenía hecha. Y es que Manu Fernández de Ateneo Naider en “Ciudades a escala humana” hace una recopilación muy buena de referencias sobre el tema de las smart cities (leer también los comentarios al artículo). Incluso ha refundido en Scribb un documento con el título de “Smart City. Tecnologías emergentes para el funcionamiento urbano” que recopila lo que ha escrito al respecto. De forma que lo único que tengo que hacer es poneros el enlace que es este:


Por desgracia casi todas están en inglés (aunque sus artículos no). Como este blog lo lee bastante gente en Latinoamérica y muchos me escriben porque tienen problemas con este idioma he tratado que las imágenes (y, por tanto, los enlaces preceptivos) sean de páginas en español aunque sólo he podido conseguirlo en algunos casos. Por cierto, os recomiendo la lectura regular de “Ciudades a escala humana” de Manu en Ateneo Naider. Veréis que no está incluida en la sección de “Artículos en otros blogs” ya que no he podido al no tener feed asociada (o asociado según se traduzca por fuente o canal), pero la podéis encontrar en el apartado “Páginas de interés” aunque, claro, no salta cada vez que hay un artículo nuevo.

33 comentarios:

Antonio Folgado dijo...

Pepe: qué articulo más cojonudo, el planteamiento me parece impecable. Y la denuncia que haces de lo más duro que he leído sobre el tema. Además me "emociona" particularmente que Vigo esté entre las ciudades más estúpidas de este pais. Ya lo venía sospechando ya ja ja. Cousas veredes, unha aperta.

Anónimo dijo...

Antón, o de Vigo ten gracia. E o escrito tamén ¿cando volves outra vez?. Felicitacions a o amigo Fariña. Saludos porteños a todos desde la smart city más estúpida del mundo: Buenos Aires. Xoan B.

Anónimo dijo...

WOW!Ha sido impresionante.He estado leyendo reflexiones en estado germinal que aún no se habían desarrollado del todo...

Me ha encantado esa manera sutil de darle un puñetazo en toda la nariz a la tecnología que pretende autodenominarse: "portadora de la solución" a favor, exclusivamente, del capital (una vez más), en pro de la verdadera técnica. Que nos ayuda, nos acompaña y nos modifica.

Simplemente apuntar que aunque consigamos tener ciudades más sostenibles, más autosuficientes, en términos energéticos, no es el único criterio, que creo, debemos englobar en la palabra sostenible.

Las materias primas con las que se construyen la mayor parte de los cacharritos electrónicos que consumimos, no sabemos de dónde salen. Ni con qué procedimientos, ni por parte de quien, ni con qué justicia social se materializan.

Podremos, debemos mejorar nuestros índices y balances a nivel local, sería deseable conseguirlo a nivel nacional, pero el debate seguirá a nivel planetario.¿cómo somos en conjunto?

Además se me ocurre que mientras pensamos en las ciudades, y en su eficiencia, se está produciendo un éxodo bastante importante del medio urbano al rural. Así que sólo por coger la delantera a la nueva ubicación de seres humanitos, deberíamos ir pensando en todo la cuestión urbano-rural, de manera integral.

Me parece una barbarie que Zaragoza se encuentre entre las ciudades top ten...¿Será por la expo?¿será por la zona de nueva urbanización ArcoSur?¿será por las casas ilegales que han crecido como setas en toda la zona periurbana?¿será por el lamentable estado de algunos barrios tradicionales de la ciudad?¿porque no se ha proyectado ni una zona verde en condiciones desde el Parque Grande que ya cuenta con varios siglos de vida, y tampoco es santo de mi devoción?

En definitivas cuentas ¿por qué será?. Siento terrible curiosidad por conocer con exactitud esos indicadores. Deben ser como poco graciosos.

Un saludo Fariña,gracias por una entrada tan impecable.

Adri

Emprendedores dijo...

A pesar de que no esté de acuerdo en muchos de los razonamientos, creo que es importante que las voces "disidentes" también se hagan oir.

Felicidades por el post.

Alberto Luis Delgado dijo...

No entiendo muy bien que diga el autor que se necesitan "soluciones tecnológicas para los cuidados paliativos" cuando es evidente que "las soluciones tecnológicas" sólo benefician a los países con tecnologías avanzadas. Quiero recordar a los españoles que los problemas de muchas ciudades en muchos países del mundo no se van a resolver poniendo "baldosas inteligentes" en las calles. Que nos sentimos estúpidos por determinadas ONGs que muy bien intencionadas ponen ordenadores de bajo consumo de conexión satelital mediante placas solares en suburbios que a los diez días de irse los promotores se desconfiguran, dejan de funcionar y quedan reducidos a juguetes para los niños. Que nos sentimos estúpidos ante determinadas compañías que intentan vendernos soluciones cuya principal virtud es que necesitan un mantenimiento continuado que no podemos pagar ni tenemos técnicos para hacerlo cuando lo que necesitamos son viviendas que no queden sepultadas por corrimientos de lodos o sismos grado cuatro. Que nos sentimos estúpidos de que los europeos y los americanos quieran vendernos una tecnología que no necesitamos ni nos sirve para nada mas que para llenar los bolsillos de los que ya tienen. Claro que para una ciudad europea los "cuidados paliativos" puedan hacerse mediante soluciones tecnológicas pero que el ochenta por ciento de la población mundial vive en ciudades en las que las "soluciones tecnológicas" son basura. Dado que en el mundo en el que vivimos la tecnología hay que comprarla y cuanto más avanzada más cara pues resulta que la tecnología lo único que consigue es agrandar la diferencia entre países pobres y ricos y entre clases sociales. Siento ser tan pesimista pero es lo que vivo desde que me levanto y eso que soy un privilegiado. Con el resto de cosas del post estoy de acuerdo, gracias por decirlas sobre todo desde donde las dice. Espero que no le traiga problemas. Ah, le quería decir a ADRI que comenta también el post que SÍ SABEMOS de donde salen la mayor parte de las materias primas para hacer todos esos aparatos. Y sobre todo de donde salen LAS IMPRESCINDIBLES. Y su costo para determinados países.

derzu dijo...

bastante de acuerdo con lo expuesto en el artículo. sin embargo, una apreciación. SMART es un acrónimo de las siguientes palabras:

specific
measurable
appropriate
realistic
time bound

una red de carril-bicis y un sistema de alquiler publico de bicicletas podría perfectamente entrar dentro de estos parámetros.

probablemente ninguno de los ejemplos expuestos en tu artículo lo haría.

como todo hoy en día, una buena idea hecha con buena voluntad acaba por ser devorada por la maquinaria capitalista, empresarial, mediática o como queramos llamarlo. lo mismo podríamos decir de los "eco", "sostenible", "solidario", "cultural" y parecidos.

José Fariña dijo...

Antonio y Xoan: moitas gracias.

Adri: ¿qué sería de este blog sin ti?

Emprendedores: la misión de este blog es precisamente razonar a ser posible para entendernos. Me hubiera gustado que nos explicaras qué razonamientos no compartes y por qué. Estoy deseando que alguien me convenza de algunas cosas, porque sería para mí un alivio en la incertidumbre en la que me muevo últimamente. De verdad, no es ninguna ironía.

Alberto Luis: tienes toda la razón. En Europa muchas veces nos creemos el ombligo del mundo y frecuentemente olvidamos que no es así. Efectivamente en determinadas situaciones los "cuidados paliativos" no van precisamente por caminos tecnológicos. Y probablemente aquí en Europa muchas veces tampoco. Pero en determinados contextos creo que sí. Por ejemplo, en cuestiones energéticas las posibilidades de conseguir mejoras todos los especialistas están de acuerdo en que son muy altas.

Derzu: también tienes razón. SMART como acrónimo es un conocido recordatorio de una forma de definir objetivos en teoría de proyectos. Si hubiera puesto las letras en mayúsculas habría podido hacer unos cuantos juegos de palabras con ello. Claro que también es el acrónimo de otras cosas tales como "Services Management And Releasy Tweaking" o "Self Monitoring Analysis and Reporting Technology" y, entonces, habría tenido que explicarlo todo. De forma que preferí plantearlo como una palabra inglesa en lugar de un acrónimo. Que, de cualquier forma, es como normalmente se entiende aplicada a la ciudad (excepto, probablemente, por aquellos que están en el mundo del marketing). Gracias por hacerlo notar, me hubiera resultado un artículo mas divertido considerando ambos significados.

@SilvestreVivo dijo...

Felicidades por el artículo, profesor Fariña. Hace ya algo más de tres años recibí una clase suya en el Master en Ciudad y Arquitectura Sostenibles en la ETSA de Sevilla, y la verdad es que no pude estar más en sintonía con usted desde aquel momento y con casi todos los artículos que escribe en el blog.
En mi blog www.urbanadigital.com , he escrito bastante sobre SmartCities pero, a medida que profundizaba en el el asunto, me empezaba a recorrer un escalofrío muy intenso por el cuerpo, viendo todas las "bondades" que este nuevo paradigma nos podría brindar. Eso me llevó a escribir un post que titulé "la revolución energética no será tecnológica", y en donde quise hacer un paralelismo más entre internet y energía, con el fin de intentar explicar que en definitiva, es la sociedad la que da valor y pone en carga la tecnología que el propio hombre ha creado.
Un ejemplo muy claro son las redes sociales. Antes de la creacion de Facebook o MySpace, internet tenía ya un largo recorrido como sistema y tecnología, pero fue la mente humana la capaz de crear un nuevo marco relacional que en la mente de los creadores de internet, no tenía cabida o al menos margen imaginativo.
Otra de las cosas que me empezó a preocupar investigando en SmartCities, era la cantidad de empresas que estaban desempeñando recursos en investigación sobre este concepto y ciertamente, aún más miedo me daba por lo "orwelliano" del imaginario de futuro que quería vender.
En definitiva, y no quiero extenderme más, habrá que aceptar esta nueva tecnología que llegará, como llegó Intetnet, y que deberá "acomodarse" como lo han hecho los SmartPhones o otros accesorios; sólo confío en que la última palabra del uso y su aplicación en la ciudad la tengamos los ciudadanos.

Saludos
Silvestre Vivo (www.urbanadigital.com)

Arturo dijo...

Fariña, al volver de mis viajes de Navidad me he encontrado con este articulo. Clarificador y divertido. Sin embargo me parece excesivamente pesimista sobre las posibilidades de la técnica para sacarnos adelante en la situación que estamos. En realidad, como bien dices al final la técnica es lo fundamental al hombre y el progreso habido hasta ahora se debe a ella. Me gustaría que tus alumnos lo leyeran a la vez que la entrada que has escrito sobre el curso de Ortega "Meditación de la Técnica". Arturo T.

Anton Ozomek (Geógrafo Outsider) dijo...

Estimado José, me sorprende y llena de orgullo ver mi nombre escrito en uno de tus artículos, sobre todo si, como el de hoy es un magnífico ejemplo de reflexión que sabe poner los puntos sobre todas y cada una de las íes en el dogmático mensaje de políticos y empresarios sobre las smart cities, que yo siempre he preferido traducir como “ciudad de los listillos” o también como “ciudad de los vivos” (pero no en su primera acepción sino en la sexta según el DRAE: “listo, que aprovecha las circunstancias y sabe actuar en beneficio propio”… y que en inglés podría traducirse por “sneaky”, según definición del Merriam-Webster Dictionary). Hace semanas ya que leí que la ciudad de Málaga ocupaba el “number one” de las “smart cities” españolas pero aún me brotan sinceras y profundas carcajadas cada vez que alguien me lo recuerda.

Y si aún te quedan ganas de seguir inhalando el tóxico humo de las medias verdades y verdaderas mentiras que tratan de vendernos estos vivos, te recomiendo encarecidamente que visites la web del “Club Málaga Valley” y podrás darte un reconfortante baño del más puro chovinismo “malaguita”, incluyendo un póster al más burdo estilo “copypaste” -que diría un informático- por el que otro de estos vivos que nutren las “smart cities” cobró nada más y nada menos que 4.000 eurillos de las arcas municipales (http://manueldavidmoreno.files.wordpress.com/2010/10/img_0329.jpg). Como éste hay innumerables ejemplos, y así hasta pasar de la risa al llanto al ver cómo tanto caradura y sinvergüenza aprovecha cualquier oportunidad para transformar las buenas intenciones -la tecnología bien entendida, como medio de mejorar las condiciones de vida y no de crear nuevas marginalidades y engaños, como bien denuncia Alberto Luis Delgado en su comentario- en otra forma más de enriquecerse de forma injusta así como de controlar la información vaya usted a saber para qué “orwellianos” o “huxleyanos” fines. Personalmente, me quedo con un único adjetivo para calificar mi idea de ciudad: HUMANA, así, en mayúsculas, porque desde Munford, Dickens, Virilio, Jacobs y un larguísimo etcétera, el objetivo no puede ser sino lograr que la gente viva mejor en las ciudades (¿no era esa la idea nacida en el neolítico?) que en otros lugares. Y cuando decimos “gente” nos referimos a todos, sin excepción, y, por supuesto, sin limitarnos a los listillos, a los vivos que se han apoderado de las “smart cities” en su propio y exclusivo beneficio.

Disculpa, José, la extensión y el desorden de ideas en mi comentario, sobre todo porque tu artículo me gusta tanto (como dice Adri. “wow!”) que podría pasarme horas comentando las muchas e interesantísimas claves que tan acertadamente vas desgranando y que espero sirvan a muchos políticos, urbanistas, arquitectos… como píldoras que “abran el apetito” de pensar, repensar e incluso “requetepensar” otra vez más qué ciudades queremos para vivir.

Saludos cordiales desde la smart city number one… o como “gustan” decir por estos lares: “capital del Sur de Europa” (nueva carcajada).

P.D. La referencia al TBO es, sencillamente, acertadísima.
P.D. (II): recomendable conocer el proyecto nUNDO (http://www.nundo.org/)

José Fariña dijo...

Al leer el comentario de Arturo, me he dado cuenta de que hay muchas formas de entender la relación entre tres conceptos (ciencia, técnica y tecnología) que debería aclarar para que fueran comprensibles algunas de las cosas que digo en el articulo. Además debería dejar claro que es mi postura personal, no precisamente compartida de forma unánime.
Si entendemos la ciencia como el conjunto de conocimientos "obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales" y la técnica como aquello "perteneciente o relativo a las aplicaciones de las ciencias y las artes" (definiciones de la edición vigésima segunda del Diccionario de la Lengua Española de la RAE), entiendo la tecnología como el resultado de relacionar la ciencia con la técnica tomando en consideración la estructura económica, social y cultural con objeto de resolver problemas concretos. Así entendida la relación entre estos tres elementos espero que quede claro el último párrafo del artículo cuando hablo de la tecnología como "esa hija no reconocida de la técnica". Claro, no es hija sólo de la técnica sino también de la ciencia (tiene padre y madre) aunque, a veces, debido a la desviación producida por la economía, la cultura o la sociedad "se comporta de una forma tan rastrera que dan ganas de repudiarla".
Ya aclarada esta cuestión espero que se entienda que, para muchos de nosotros, la única esperanza de salir adelante es el pensamiento y la racionalidad. Y hablar de pensamiento y racionalidad es decir que necesitamos de la ciencia, necesitamos de la técnica (y del arte, se me ha olvidado pero, oportunamente, aparece en la definición de la RAE) y, por supuesto, de la tecnología. El problema es que, de las tres (o las cuatro) la que, por definición, más posibilidades tiene de "contaminarse" es la tecnología. Porque la tecnología es, justamente, la encargada de enfrentarse a los problemas concretos e intentar resolverlos en un contexto socioeconómico determinado. Esta "contaminación" adopta muchas formas, algunas denunciadas en este artículo y en muchos otros, como la de pretender resolver problemas que no existen, o decir que se resuelven problemas cuando en realidad sencillamente se trasladan a otros sitios o se camuflan. Pero lo peor es cuando se pretenden resolver problemas éticos, ideológicos, sociales o políticos mediante artilugios mecánicos.
Nuestro pensamiento (incluso nuestra intuición) debería tratar de identificar claramente el problema y procurar los medios para hacerlo, diferenciando los que se pueden resolver mediante procedimientos técnicos con la tecnología adecuada de los que no. Conseguir un mayor rendimiento en las redes eléctricas es diferente a intentar un cambio en el sistema de valores sociales. Las nuevas áreas urbanas que surjan del intento de resolución del problema de los límites del planeta necesitarán de soluciones tecnológicas, por supuesto, pero el cambio fundamental será en el sistema de valores y, por tanto, en los objetivos. Vender que lo fundamental de la ciudad del futuro es eso que se conoce como “smart city” es, hablando claramente, un engaño. Me reafirmo en lo dicho "los cuidados paliativos no curan", independientemente de que sean necesarios. Que lo son. Por supuesto que hay que aplicar la tecnología a la resolución de los problemas urbanos. Pero sólo de determinados problemas muy concretos que, además, no son los más importantes. Mi temor es que la idolatría por los artilugios nos impida ver la realidad del problema. Bueno, lo dejo porque, prácticamente he escrito otro artículo.

Anónimo dijo...

Yo creo que el "efecto rebote" que la tecnología lleva implícita, sobra, es suficiente en sí mismo, para entender el comportamiento "rastrero", no tanto por parte de la misma, sino de quien la idolatra, justifica y aplica sin mediación de la racionalidad.

Evidentemente los leds consumen menos energía, pero han ocultado el debate de fondo, la cuestión esencial, el pregunta clave: ¿es necesario, sostenible, razonable y básico, iluminar la torre Apgar?, probablente la respuesta es NO, un no rotundo...Ya...Pero si la iluminación consume menos...Ya...Pero ¿consume no?, pues eso.

La tecnología nos embelesa con sus promesas de ahorro de energía, eficiencia, sostenibilidad, ecologismos, etc, etc... Se autoetiqueta para sanar conciencias, y embaucar, en un último coletazo de capitalismo exacerbado, a cuantos más mejor. Es la obra final, la obra maestra, de un sistema económico, y de un modelo social, con fecha de caducidad.

No caigamos en tal vil engaño, no una vez más.

Un saludo,
Adri

Enrique Cortes Navarrete dijo...

Estimado José, te saluda Enrique Cortes, soy del Perú y fui alumno tuyo en el Máster de Planeamiento Urbano de la ETSAM en 2006, he leído algunos artículos de blog que me ha un gustado, este ultimo me parece interesante, lo único que te puedo decir, es que el ser humano tiene una capacidad increíble por deformar y abusar del propio desarrollo que ha creado, los excesos siempre son malos y veces los cometemos por ignorancia, falta de criterio o por un tema lucrativo, siempre he creído que la sostenibilidad más que una cosa de moda, es la búsqueda del equilibrio, el equilibrio de no consumir más de los que produces, el equilibrio de no destruir tus fuentes de producción y nada, no sé si Portugal tenga suficiente dinero para hacer un “smart city” con los problemas económicos que tiene, pero bueno, la crisis económica y social de occidente nos debe hacer reflexionar sobre el tema de los excesos en el desarrollo tecnológico y como debe estar bien orientado.
Felicitaciones por tu blog, muy interesante

Marc-cb dijo...

BRAVO!
A eso le llamo yo llevarnos a todos al piso... y totalmente de acuerdo con lo de "evitar el mayor peligro del siglo XXI, el pensamiento único"

Fernando Tomás (IDOM) dijo...

Hola,
Hablo primero por alusiones, como administrador del blog http://www.smartcities.es
Si aparecemos en primera página en google, quiero creer que no es por suerte sino por un trabajo bien hecho de posicionamiento, fruto de mi experiencia como blogger de casi 8 años. Aunque quizá sea sólo casualidad, quien sabe.
En todo caso, admito que estuve listo reservando el dominio antes de que este concepto se hiciera popular en España al nivel que lo es hoy.
No hemos pagado nada a Google, se lo aseguro.

Efectivamente el blog está promovido desde una consultora, IDOM, donde trabajo y donde he montado un grupo de trabajo en Smart Cities, intentando aprovechar el hecho de que en la misma firma tenemos ingenieros de telecomunicación, industriales, expertos en energía y en infraestructuras, y también arquitectos, especialistas en edificación y en planificación territorial, para impulsar proyectos que vayan más allá de la tecnología y tengan como fin la mejora de las condiciones de vida en las ciudades, en todo tipo de ciudades. (en nuestras viejas ciudades europeas, en las ciudades americanas pensadas para el coche, pero también en las complicadas y populosas ciudades emergentes de todo el mundo)

Personalmente soy Ingeniero de Telecomunicación, pero mi aproximación a este tema, hoy en plena ebullición, quiere ser general, y no tecnológica, aunque siempre desde la humildad y poniendo al ciudadano (que a fin de cuentas es el componente, el motor y el usuario de la ciudad) en el centro de la escena.

En este sentido, el blog es un recopilatorio, una herramienta, por un lado de visibilidad de la compañia, y por otro lado de recopilación de tendencias y opiniones interesantes. Lo posteado no refleja necesariamente nuestra opinión, pero si que consideramos necesario difundirlo y en todo caso, importante conocer y ser reflexionado.

Las tensiones en la propia definición de lo que debe ser una Smart Cities entre las empresas tecnológicas, los operadores de telecomunicaciones, la universidad y las propias administraciones son una "lucha fundacional" en si apasionante.

Así, agradezco mucho este post y su opinión al respecto, por lo capacitada y porque, al final, va en la línea que estoy persiguiendo: poner cabeza a todo esto.

Un cordial saludo.

Antonio Folgado dijo...

Pepe: pienso que tu comentario del 15 de enero contestando a Arturo deberías incluirlo como anexo del artículo ya que es bastante esclarecedor. Unha aperta.

Anónimo dijo...

Hola, sin duda es un buen artículo por dar otra versión que no solemos escuchar y por la cantidad de comentarios que ha generado. Yo que soy más de leer que escribir, como me ha tocado la fibra sensible voy a opinar ya que se puede.
Estaba buscando información acerca de este concepto y me encuentro con esto, estoy de acuerdo en que todas estas etiquetas como eco-nosequé o smart-nosecuantos no son más que invenciones de políticos, consultoras, grandes empresas y pseudo-técnicos para poder vender humo y conseguir pasta.
También de acuerdo en que hay un problema gordo de fondo que es, desde mi punto de vista, que hoy por hoy lo que mueve el mundo es el dinero. Pusieron todos esos led en la torre porque les pagaron y el que pagó pensó que iba a conseguir más dinero poniéndolos. La gente ya no se conforma con tener cubiertas las necesidades básicas, quieren todo lo que tiene el resto y para eso intentan conseguir más dinero. Los paises intentan crecer más y más y tener más dinero y si la tecnología le permite ahorrar para comprar e invertir más y como consecuencia ganar más dinero bien venida sea.

Pero el culpable de todo esto no es la tecnología sino el hombre, y mientras los que mandan no cambien o les hagan cambiar de opinión la tecnología está ahí, y si hay un cambio de parecer y un día revestir una torre con led sea un absurdo, la tecnología seguirá ahí como instrumento para el buen hacer de los hombres.
Soy técnico y parte activa en todo esto como suponeis, lo de smart-city es un nombre a algo que lleva muchos años fraguandose. Yo personalmente, y pese a que hay veces que lo pretenden, nunca hago nada que no tenga sentido o que no sea para mejorar las cosas y gasto el dinero de los demás como si fuera el mío. He comprobado con datos objetivos como las cosas bien hechas mejoran la vida de la gente aunque no se den cuenta porque no ven las cosas de manera global.
Soy de Vigo y no estoy de acuerdo con ese estudio que, por lo que se ve no ha profundizado demasiado. Vigo en los últimos años a dado los pasos más importantes para ser una "SmartCity" pero esos pasos son cosas que la gente no ve. En los próximos años espero que se vayan viendo los frutos. Por favor el que sea Vigués que deje ya de compadecerse y de hacer crítica destructiva y que levante la cabeza.
Saudos

Fiorella Tortora dijo...

Querido José,
no sé si hay mucha telepatía entre nosotros o el hecho de ser tu alumna condiciona bastante mi manera de pensar. Acabo de leer tu texto y abrazo completamente las consideraciones producidas al respecto.
Justo ayer mi novio me señaló un articulo inglés sobre la smart city de Songdo, Corea del Sur (creo que te hayas ya enterado de este caso).
El periodico la resaltaba como ejemplo de alta eficiencia y sostenibilidad...
Queremos empezar por el hecho que la ciudad ha sido construida sobre una isla artificial???? Esto es sostenible?
A mi me parece que nos está iendo la olla, permitime la expresión y que nos se estamos abandonando cuerpo y alma en las manos de las multinacionales.
Estamos perdiendo cualquier tipo de capacidad crítica respecto al ser humano y al bienestar de la ciudadania.
Nos quieren controlar en cada momento. Quieren que tiramos a la basura nuestros cerebros.
Todo lo que dices sobre la palabra "smart" es algo que deberíamos tomar en consideración.
Recuerdo cuando en Madrid empezaron a salir los smart phones.
El abuso de la herramienta era y seguramente es aún vergonzoso.
De repente la gente para llegar desde la glorieta de Bilbao hasta Iglesia necesitaba (y necesita) de un navegador satelital. Mas veces he tenido irónicos debates sobre el tema y también ahora que vivo en una ciudad donde efectivamente necesitaria un "ayuda tecnológico" para desenvolverme con mas rapidez, sigo con la idea que quiero "perderme" por las calles... porque perder la ruta muchas veces significa descubrimiento, experiencia, memorización... percepción de lo que es un tejido urbano... su estratificación... su esencia.
Tampoco quiero afirmar que el uso de ciertas tecnologías no tengan que contribuir y facilitar la gestión de algunos problemas del sistema urbano, pero no quiero que mi casa y mi vida esten controladas por un "control hub" o un "TelePresence Screen" que detecte si o como tengo que cambiar la bombilla de mi cuarto!! Estoy extremizando es evidente, pero que es de verdad lo que se entiende con los términos "smart", "verde", "sostenible"??
Hojeando algunos de los ultimos topicos de proyectos europeos, he notado que muchos de ellos empujan hacia la smart grid y las smart cities.
Al parecer nos estamos dirigiendo muy rapidamente hacia estos modelos.
Los hilos de la globalización van tejiendo sus encajes en cada pieza de este inmenso mosaico.
A veces me acaricia la idea que deberíamos volver a una vida bucólica. Esto de momento es lo único que me parece sostenible: el campo... posiblemente libre de cualquier contaminación desconocida (como pasa en mi tierra) y de extendidos parques de "atracciones tecnologicas" sosteniblemente invasivas.
Circulan demasiadas "green lies" en este mundo.
Se sigue especulando sobre el sistema Tierra y es espantoso.

Como siempre gracias por tu sabiduría.

Te mando un abrazo from London... perdona las eventuales faltas, sobre todo aquellas debidas al teclado italiano. Fiorella

José Fariña dijo...

Perdonad que haya tenido unos días abandonado el blog pero ya sabéis que, a veces, mis "giras" de cursos y conferencias me separan del mismo (lo que, por otra parte, no deja de ser interesante para poder ver las cosas con perspectiva).

Antón: tienes razón con el proyecto nUNDO. No lo conocía y tiene buena pinta. Lo seguiré más a fondo, gracias por la referencia.

Enrique: estoy de acuerdo en lo que dices sobre el equilibrio. Equilibrio y sentido común deberían ser parte de nuestro norte cuando tratamos con cosas prácticas. Por desgracia ambas cosas no son muy "normales" en el mundo actual.

Marc-CB: Gracias por tu apreciación.

Fernando Tomás: en este blog nadie tiene que recurrir a contestar por alusiones. Se puede escribir lo que se quiera sin cortapisas. Los únicos correos que no expongo a la lectura de todos son los que incluyen insultos a cualquier persona o apreciaciones relativas a delitos sin probar (por ejemplo, recientemente he censurado a una persona, además anónima, que llamaba corrupta a otra con nombres y apellidos cuando ningún tribunal había dictado sentencia sobre que esa persona había incurrido en el delito de corrupción). Además tu correo es sumamente sensato y equilibrado, cualidades que según contestaba a Enrique anteriormente, son difíciles de encontrar en los tiempos que corren. Google no suele colocar a ninguna página en primer lugar por "suerte". Lo suele hacer, bien porque cobra por ello, o por una serie de indicadores que nadie conoce pero que parecen, en la mayoría de los casos, bastante objetivos. Por tanto, si no habéis pagado será porque os lo merecéis. Respecto a mi opinión sobre las "smart cities" me parece que está bastante clara. Pienso que, en la construcción de la ciudad, hay otras prioridades. Además, a mucha distancia. Pero eso no invalida que sean necesarios los avances tecnológicos siempre que se apliquen equilibradamente y con sentido común. Lo que de verdad me subleva es el asunto de las etiquetas. Lo de ciudad verde, ciudad ecológica, ciudad humana, ciudad sostenible, ciudad inteligente, tendría algún sentido si se tratara de poner el acento en un aspecto concreto. Pero la mayor parte de las veces estas etiquetas se plantean con vocación de universalidad. Es decir, cuando se afirma: "lo fundamental en una ciudad es que sea inteligente, si su ciudad es inteligente de forma mágica resulta que son posibles los barrios seguros, las escuelas de calidad, la vivienda asequible y el tráfico fluido". Estupideces de este tipo son las que enfollonan todo. Porque puede resultar que las gente se las crea. Y nuestro alcalde resulta que es un estúpido por no contratar a IBM y no ponernos en el top-ten de las smart cities. Y por eso, por no hacerlo, resulta que nos ofrece barrios inseguros, escuelas de mierda, viviendas para ricos y un tráfico permanentemente colapsado. xxxxxxxxx dddddddddssssssssssss.

Anónimo del 12 de enero: por supuesto que Vigo no es ninguna ciudad estúpida. Lo han demostrado los vigueses a lo largo de los años posicionándose como un referente en Galicia para muchos temas. Las variables con las que se ha realizado el estudio son unas variables que, estoy bastante seguro, algunos no hubiéramos utilizado para definir una ciudad como inteligente. Aunque la elección de variables se me antoja complicada. Sobre todo porque esa etiqueta tiene una contraparte peyorativa. En definitiva pienso que los que han inventado la etiqueta han sido bastante poco "inteligentes".

Fiorella: me alegro que te hayas animado a escribir en el blog. Lo de las "atracciones tecnológicas" está bien. Vamos a tener que empezar a llamar a estos inventos del TBO aplicados a las ciudades "gadgets urbanos".

Anónimo dijo...

Interesante artículo, sin duda ha sido una buena lectura. El tema de las Smart Cities siempre me resultó controvertido. Primero de todo, suele hablarse de ellas empleando mucha filosofía, mucha palabrería pero poco fondo. Hasta el momento no he visto ni un nuevo modelo de gestión ni un nuevo modelo de negocio ni un nuevo modelo de relación. Deberíamos ordenar conceptos, reflexionar sobre qué modelo de ciudad necesitamos, qué problemas tenemos y qué herramientas tenemos para resolverlos. Puede que parezca que tan sólo menosprecio el trabajo ajeno pero, sinceramente, lo del smart esta generando mucho humo, muchas expectativas pero poco fondo.

Alberto dijo...

ja ja muy bueno... como dirían en el propio TBO "instructivo a la par que divertido". Pero tienes más razón que un santo. Al final todo está montado para que las empresas nos esquilmen. Para eso se montan ¿cuánto faltará para que quiebre todo esto? Alberto

Ignacio de Frutos dijo...

Está claro que el uso de la tecnología no es en sí mismo ni bueno ni malo, como la mayoría de las cosas. Todo depende del uso lógico y racional que se haga de ella. El agua ni es buena ni es mala. Si bebo un par de litros al día de manera habitual parece ser que es bastante beneficioso. En cambio, si bebo diez mucho me temo que sus efectos serán bastante nocivos.

Es obvio (yo al menos así lo creo) que nos encontramos en los albores de la tercera gran revolución en la historia del ser humano sobre este planeta. Primero fue la agrícola. Luego la industrial, hace algo más de 200 años y por último la tecnológica. Y fundamentalmente Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Es evidente que el transcurso de los años el desarrollo e implantación de las TIC deberá ( o debería) surtir un efecto considerable de cambio sobre ciudades, espacios metropolitanos y territorios, como ya lo supusieron las dos anteriores revoluciones. Lo que no está nada claro es cómo y de qué manera eso va a suceder. De momento parece que nadie ni desde la esfera pública ni privada tiene interés en que nada cambie. Lanzo algunas preguntas: ¿ Por qué aún es necesario que una persona trabaje en una silla de 9 de la mañana a 7 de la tarde de manera continuada durante 5 días? ¿no sería posible que esa persona trabajara tres días desde casa y se comunicara con sus compañeros de trabajo por medio de internet y telefonía móvil? Los otros dos días podría ir a su centro de trabajo y resolver temas que deba hacerse en persona. Nos ahorraríamos atascos en horas punta, contaminación por exceso de largos desplzamientos, exceso de infraestructuras, ahorro en metros cuadrados necesarios para albergar a todos los trabajadores a la vez etc etc etc.

Y por otro lado si se hiciera una correcta implantación de las TIC en el ámbito rural quizás se conseguiría volver a equilibrar nuestro defenestrado territorio. Hoy el ámbito rural ya no debería ser sinónimo de lugar triste, apartado, olvidado, sin futuro. Ni relacionarlo únicamente con actividades ganaderas o agrícolas. Hoy un punto de acceso a Internet supone un lugar de comunicación e intercambio con todo el planeta, este ese punto de acceso en la 5ª Avenida o en una pequeña aldea de Las Hurdes. Y hay probablemente mucha gente con profesiones creativas y liberales en general que no necesitan una dependencia diaría y permanente de estar ubicado en una gran metrópolis. Excepto en zonas de montaña, rara es la población por pequeña que sea que este a más de 2 horas en coche de una capital de provincia. Y posiblemente es más eficiente hacer ese trayecto dos veces al mes (por ejemplo) que ser sometido a un atasco diaro en la M40 de Madrid. Y entre el ámbito rural y las grandes ciudades existen una innumerable red de ciudades intermedias de entre 20.000 y 100.000 habitantes.

No quiero complicar mucho más las cosas pero creo que ademas de crear Smart Cities se debería plantear la idea de una manera racional, eficiente y lógica de crear Territorios Inteligentes con el apoyo de las nuevas tecnologías. Es obvio que en el mundo no urbano la huella ecológica del habitante es infinitamente menor que en una gran ciudad, siempre que se consiguiera una red de servicios básicos que no hicieran necesarios los trayectos en coche de manera excesiva. Soy consciente de los muchos detractores que tiene esto y que hoy en día aún pertenece al inalcanzable ámbito de la utopía.

Un saludo

Manu Fernández dijo...

Hola Jose:

He estado fuera y desconectado varias semanas y hasta ahora no había podido leer este artículo. Desde luego, es el "tema" del momento, pero creo que pasará, como todo. La famosa etiqueta está haciendo, por ahora, demasiado ruido, y entran demasiados temas al mismo tiempo, así que es difícil navegar entre tanta confusión. Pero es evidente que la relación entre la ciudad y las tecnologías va a ser fundamental. Por eso es importante estar en el debate, en especial desde otros campos de conocimiento y práctica que parecen no levantar tanto la voz como lo hacen las compañías tecnológicas. Precisamente porque sabemos de la complejidad de la ciudad, hay que explorar estos temas desde la sociología, desde el urbanismo, la ciencia política, el diseño, etc. Porque lo esencial no es el "smart" sino el "city". Parece una obviedad, pero tratando de estar cerca de este tema, cada vez veo más claro que hay que decirlo por muy obvio que sea. Principalmente, porque si las empresas quieren aportar soluciones, sólo acertarán si entienden bien cómo funciona una ciudad. ¿El ejemplo más claro? Todo lo que están etiquetando como smart en relación a la seguridad. Convendría que leyeran a Jacobs, por ejemplo, para entender cómo funciona la seguridad en la ciudad.

Gracias por referenciar mi blog y el trabajo de análisis que he hecho sobre el tema.

Por cierto, la feed de mi blog no es muy visible pero existe: http://www.ateneonaider.com/blog/feed/4427

Un placer conocerte en San Sebastián en el congreso de EQUIciuDAD. La próxima, a ver si podemos charlar más tiempo.

Anónimo dijo...

La visión crítica que se ofrece en este artículo me parece muy interesante y sirve de ayuda para afrontar el fenómeno smart con cierta distancia y algo de escepticismo, frente al marketing utilizado, de forma lícita, por las empresas tecnológicas y prestadoras de sevicios urbanos.

Por cierto, estas empresas ya vienen vendiendo desde hace tiempo sus productos y servicios a los ayuntamientos bajo el lema de la sosteniblidad: gestión del agua y de los residuos.

El fenomeno smart city se puede contemplar como una gran campaña de publicidad montada por estas empresas para seguir vendiendo sus productos y servicios y ofrecer otros nuevos.

Quizás la novedad -aparte de las avances tecnológicos introducidos en los bienes y servicios que ofertan- está en la forma de pago. En un período de crisis, con unas administraciones sin recursos, se les ofrece que paguen con lo que ahorren en la prestación de los servicios, como consecuencia de aplicar las innovaciones tecnológicas. El caso de la gestión del suministre de energía para el alumbrado y demás instalaciones públicas es paradigmático.

En suma, en esto como en todo, no hay que dejarse sugestionar por la publicidad.

Enhorabuena por el artículo y por el debate suscitado.

Pedro

Etrusco dijo...

Yo Creo que es importante la gestión de la ciudad desde la tecnología. En general toda nueva propuesta genera resistencia. Acepto que se trata de una propuesta de grandes corporaciones dirigida a vender sus productos tecnológicos, pero sin duda van a ayudar a conocer y entender como funciona la ciudad a través de la gestión en tiempo real y la integración de la información en un software adecuado. Pero claro queda sin resolver el tema fundamental que es la sustentabilidad urbana donde la eficiencia ambiental, energética, etc., juega su rol entre otras cosas. Pero no le pidamos esto a las corporaciones. Se lo tenemos que pedir a mi entender a los urbanistas que aún no han avanzado en la compresión de esa compleja red que es el asentamiento urbano sobre bases científicas. Tal vez esa es la deuda de los urbanistas.

José Fariña dijo...

Desde mi punto de vista es imprescindible la tecnología para gestionar algunas ciudades (no todas) pero, desde luego, nunca gestionarla "desde" la tecnología. Lo que sí me parece imprescindible es gestionarla "desde el ciudadano". Si se pierde la perspectiva humana la tecnología (en si misma) no tiene objeto. Todavía más, cuando los objetivos puramente tecnológicos (o los económicos) se ponen por encima de los sociales o los personales empezamos a tener un problema. Gracias por expresar tu opinión y contribuir al debate.

gersonbeltran dijo...

Mi más sincera enhorabuena, acabo de compartirlo en facebook, Twitter y linkedin y está ardiendo, un gran artículo que, independientemente de consideraciones o discusiones, aporta muchísimo valor a este mundo lleno de tecnología y vacío de humanidad, y eso que soy un enamorado de Internet, pero del Internet de las personas y, como buen geógrafo, del territorio red. Siempre me he quejado de la tontería de las Smart Cities vendidas desde lo público pero eran quejas de salón, al lado de esto tan sólo me queda aprender y dar las gracias por compartir este tremendo esfuerzo. Un saludo.

Anónimo dijo...

Me gusta el tratamiento que se da a la tecnología como herramienta y no como fin. Es decir, como el fuego prometeico que nos salvará. Por si misma la tecnología no hace nada, somos nosotros los que la utilizamos y decidimos que hacer con ella. Pese a tener ciudades tecnológicamente inteligentes no tenemos porqué dejar nosotros de pensar.

La ciudad es del ciudadano!

Juan Manuel Zaguirre (ZFA) dijo...

Quisiera contribuir a este debate a través de una recopilación de reflexiones ya realizadas por otras disciplinas que desde siempre han pretendido influir en todo aquello relacionado al planeamiento y que entre todos han convertido a esta disciplina específica de la arquitectura en una práctica léxico-jurídico-administrativa. Ya desde el año 1915 los grandes pensadores han competido por poner nombre y apellidos a aquello que por definición era incomrensible a las racionales mentes humanas. Con una periodicidad aproximada en torno a los 20 años se ha rebautizado a la ciudad en función de las inquietudes y modas del momento. Todo este esfuerzo léxico gira en torno a la pretensión constante en la búsqueda de una definición sintética hacia los sistemas complejos que caracterizan a los asentamientos urbanos que por; no ser lineales, dependientes en el tiempo, irreversibles, autoorganizativos, inteligentes, emergentes, múltiples, diversos, simultáneos, aleatorios e interdependientes esquivan tal pretensión haciendo vulnerable en poco tiempo lo que se pensaba definitivo. De ahí la incerteza ante tal promiscuidad de definiciones. Sin embargo, más allá del neologismo, que a menudo nos es familiar no por su veracidad sino por su uso habitual, está el reconocimiento implícito o explícito en todos ellos de que el modelo o los modelos urbanos pre-existentes están, en buena medida superados (J. V. Rufí 2003). Muchos han entendido a la urbanística como generadora de un léxico creativo, sintético y agudo, donde las frases son más que palabras concatenadas, potencia los significados etimológicos con sentido analítico y con proyección académica. De ahí la gran cantidad de definiciones bipolares que transcienden más allá de su sencilla gramática gracias a la combinación de significados entre vocablos emparejados. La urbanística entendida por las disciplinas no arquitectónicas ha enriquecido extraordinariamente el glosario académico, asumiendo la innovación léxica como recurso ordinario para dar explicación y sentido a los nuevos retos y demandas de una sociedad en continuo dinamismo. Pero no deja de ser una banal paradoja todo este esfuerzo, con fecha de caducidad predeterminada, ante la imposibilidad hoy por hoy de pretender comprender y mucho menos controlar la realidad y devenir de las aglomeraciones urbanas, tanto del primer mundo como la del resto de mundos, que cada día toman ya una ventaja considerable a este primer mundo condenado a la rigidez tecnocrática y ahora ya también tecnológica. Esta práctica interdisciplinaria, impuesta por un sistema cada vez más intervenido por los intereses particulares y partidistas, se encuentra ya a absoluta distancia de la práctica del planeamiento entendida como proyectación urbana. Ya en los años 70 Solà-Morales combatía intelectualmente la pretensión de un urbanismo como mezcla de diferentes disciplinas equilibradas en la misma proporción en que se decía que las ciudades mezclaban sus diferentes problemas. Mientras en la urbanidad avanzada se pone el empeño del ordenamiento y desarrollo urbano en las nuevas tecnologías, que si bien debemos convivir con ellas pero no de forma tan exhaustiva, en las incipientes urbanidades en desarrollo, o sea aquellas que utilizan casi el 80% de la población mundial, siguen demandando las condiciones básicas (parcelación, urbanización y edificación) que la teoría de la forma urbana proyectada lleva analizando desde 1969.Con todo esto lo que pretendo decir es que no nos dejemos llevar de nuevo por eslóganes lexicamente atractivos cocinados por los laboratorios mediáticos de las grandes multinacionales, con la intención de impresionar a los políticos y entornos influyentes para la venta masiva de sus preciados y caros productos. Desde el academicismo deberíamos relativizar estos posicionamientos que buscan soluciones inmediatas pero sin dejar de minusvalorar el potencial, que usado en su justa medida, permitirá avanzar en el estudio y análisis propositivo de aquello que de momento hoy nadie es capaz de sintonizarlo en una o dos palabras, por muy cool que sean.

Unknown dijo...

Excelente. Estupenda explicación de cómo se montan negocios a partir de palabras: sostenibilidad, transversalidad, smart city, smart growth, ecogreen ... Supuestamente palabras que ligan desarrollo y servicio social.
Pero en cuanto analizas quién decide que es lo que esta bien y para quién: políticos, ideólogos de cuenta corriente .., las relaciones entre las palabras que nos venden se rompen.

Juan Murillo Arias dijo...

Estimado José, trataré de ser conciso:

El hecho de partida: es cierto que el discurso de ciertas empresas, como CISCO, SIEMENS o IBM deja patente su sesgo comercial, al fin y al cabo su objetivo es vender sus productos/servicios en el campo de la gestión urbana. Sin embargo esto no debería parecernos tan negativo, en tanto se refleje en mejoras patentes para los ciudadanos, y para el conjunto de la sociedad.

Respecto a las reticencias recogidas en la entrada: la paradoja de Jevons no es aplicable a este campo, en tanto se refiere a bienes de consumo en fase de expansión (evolución creciente desde un consumo nulo hasta un consumo X). Me explico: según el ejemplo del automóvil, desde el momento en que éste se hace extensivo a la clase media a partir de los años 50-60, a pesar de que individualmente cada modelo consumiera la mitad que sus predecesores, al aumentar exponencialmente el numero de ellos, el consumo global de combustible aumenta... este caso sencillamente no guarda paralelismo con el de los consumos energéticos/hídricos de la ciudad. El metabolismo urbano YA está funcionando (no se trata de un "producto" en implantación, como lo fueron el automóvil o la locomotora en su día), toda nueva medida que surja y que logre reducir los insumos que YA se están produciendo ha de ser bienvenida.

Por último, lograr mejoras en la gestión apoyándonos en las TIC no es en absoluto incompatible con que la ciudad sea "de/para los ciudadanos", es más, las nuevas tecnologías favorecen los procesos de "abajo a arriba", y pueden lograr que las propuestas de los usuarios puedan ser escuchadas, y que su influencia sea mayor.

El verdadero problema es, como suele ocurrir, de capacidad "humana" de "digestión" y de gestion. Tenemos los medios técnicos, ¿pero existe la voluntad política y la capacidad para tomar decisiones que mejoren la ciudad, y hagan más fácil la vida de los habitantes de nuestras "smart cities"?. De nada sirve tener "n" sensores de contaminacion si los datos, una vez interpretados y transformados en información, no llevan a una toma de decisiones inteligentes que hagan cumplir los objetivos de reducción de la polución, del mismo modo que no sirve de nada invertir 70 millones de euros en un túnel como el de Sor Ángela de la Cruz si posteriormente se permite que su embocadura sea un perpetuo atasco debido a un estacionamiento en doble fila permanente que constriñe la entrada al túnel a un solo carril, y esto, a la vista de sendas webcam. Son dos ejemplos de cómo en demasiadas ocasiones el problema no es de falta de información/monitorización, sino de cómo la tratamos, y de si los gestores actúan en consecuencia.

En fín, es el factor común de tantos problemas... ¿acaso los objetivos del milenio (erradicacion del hambre, educación universal, acceso al agua potable) no responden a problemas no técnicos, sino políticos/de gestion?

Un saludo, y gracias por la entrada, tan elaborada.

Luis dijo...

Gracias Fariña. Reconfortante tu artículo. Es lo que puedo decir ahora. Me reconforta

Anónimo dijo...

Esto de la smart city suena a la ciudad de los espabilados: los que no pagan licencias, los que conocen a los que hacen las leyes, los que especulan, hacen negocios estupendos sin trabajar o se aprovechan de las necesidades de todos para hacer suculentos negocios. La ciudad de los listos lleva inventada en españa mucho tiempo y es la que ha llevado a la creacción de la burbuja inmobiliaria y de la crisis originada por su explosión