lunes, 3 de septiembre de 2012

El sprawl es bello

Me refiero al "sprawl" urbano, claro. Denostado en tiempos de la guerra fría por las izquierdas para las que cualquier parecido con el american way of life era la perversión y la podredumbre, el sistema de extensión urbana que se miraba en la ciudad de Los Ángeles es ahora estigmatizado por todos los que entendemos que el problema del siglo XXI es la llamada “sostenibilidad”. Nos repetimos una y otra vez que la ciudad difusa, la ciudad fragmentada, es el origen de todos los males de la urbanización actual. Porque produce ineficiencia en las comunicaciones horizontales, es causa de la mayor segregación socio-espacial de la historia de la urbanización, impide la socialización y la educación en la urbanidad, no permite el funcionamiento del sistema de equipamientos… Podría seguir y seguir. La pregunta es: ¿por qué este éxito tan enorme? Si es tan diabólico ¿por qué en un momento histórico determinado una parte importante de la humanidad ha optado por vivir siguiendo este modelo y no el de la ciudad compacta? Voy a intentar ejercer de abogado del diablo y trataré de mirar con buenos ojos al maligno.

Tad Lauritzen Wright, "Beautiful Urban Sprawl" (fragmento)
 Brusch marker on oak, 96x96 in., 2007  lauritzenwright

Y no voy a tener que esforzarme demasiado porque mi país es Galicia. Y el gallego, lo decía Castelao en Sempre en Galiza, “quiere una casa suya, independiente, con cuatro fachadas”. Lo que hay detrás son muchas cosas pero, en el fondo, subyace la necesidad de  una relación directa con la naturaleza y un enfoque rural radicalmente opuesto al modo de vida urbano. La ciudad por antonomasia, es decir la ciudad compacta, es un invento (como tantos otros) derivado de las necesidades de la guerra. La ciudad tal y como hoy la entendemos aparece realmente cuando surgen las murallas. Y las murallas no se construyen para impedir que los ciudadanos se dispersen por el campo dedicándose a romper alegremente los ecosistemas. Se construyen para defenderse de otros ciudadanos y separarse del mundo rural. Y, además, para conseguir que desaparezca una forma de vivir que dificulta bastante el control del territorio por parte del conquistador. Por supuesto no pueden desaparecer los oficios digamos “rurales”. Siguen existiendo la agricultura, la ganadería o los aprovechamientos forestales. Pero no lo “folk”, que ha terminado por sucumbir ante las exigencias del modo de vida urbano.

Una casa con “cuatro fachadas”, Terra Chá lucense foto del autor

Tampoco la extensión urbana de baja densidad es un invento de la ciudad jardín, como a veces se dice. Hay muchos territorios en todo el mundo que, tradicionalmente, han producido un sistema de asentamientos de este tipo. Básicamente territorios rurales. En España, toda la cornisa norte (Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi), pero también muchas áreas de huerta o alta productividad agrícola. Por tanto habría que empezar por diferenciar dos tipos de ocupación extensiva del territorio. Una derivada del sprawl producido por la dispersión centrífuga de las grandes ciudades. Y otra, histórica, resultado de las necesidades rurales. El problema aparece porque a esta ocupación histórica se le sobrepone un modo de vida esencialmente urbano. El resultado es la ineficiencia de la organización territorial de un patrón espacial del asentamiento disperso, adecuado a una forma de vida rural, funcionando según las exigencias de un sistema de transporte de mercancías y personas propio de la era del automóvil. Igualmente ineficiente, como ya hemos visto en otros artículos del blog (pero por motivos distintos), es la extensión centrífuga urbana construida según un "monocultivo" de ocupación del territorio caracterizado por las bajas densidades y la fragmentación.

Modo de vida urbano sobre patrón de asentamiento rural
 "N-550 Da estrada á rúa"  n550proxecto

La relación básica de la vivienda con el territorio en un medio rural muchas veces es la pura subsistencia. En cambio en una periferia metropolitana suele ser la necesidad de naturaleza aunque sea domesticada, los precios más bajos y la independencia. Todavía se repite en todas las reuniones de miembros de urbanizaciones el ideal que impregnaba ya los primeros estatutos de la Ciudad Jardín: cuantas menos relaciones legales entre vecinos, mejor. El modelo negativo sería el de las comunidades de propietarios de los bloques de vivienda colectiva que se tienen que poner de acuerdo para casi todo. Las interminables discusiones, las rencillas por tener que pagar la reparación del ascensor que “el del primero no usa para nada” o la limpieza de las arquetas que, sistemáticamente, obtura la del 5º D tirando lo que se le ocurre por el inodoro (por supuesto lo niega, pero todo el bloque sabe que es así). Y luego, claro, además de esta ventaja (vivir en la periferia fragmentada casi sin tener necesidad de ponerse de acuerdo con el otro) el habitante del mundo “sprawliano” es un ser consciente del paso de las estaciones, oye el delicado trino de los pajaritos e, incluso, puede plantar un rosal. Y todo ello por un precio, normalmente bastante más barato que en el centro.

Urbanización en la periferia sur de Madrid GoogleMaps

Pero, sobre todo, se trataba del modo de vida USA que nos “vendían” machaconamente como el ideal en el cine, en la prensa y, luego, en la televisión. Seamos sinceros, en un sistema ideal con energía barata e ilimitada ¿quién no prefiere, como decía Castelao, tener “una casa con cuatro fachadas”? Una casa con un terrenito en el que cultivar tomates o rosales, con espacio suficiente para no sentirse agobiado por los vecinos. Y si para ir al trabajo te acomodas en el coche, pones el aire acondicionado, conduces veinte minutos por la autopista y aparcas tranquilamente en el garaje donde tienes tu plaza reservada, llegarás al trabajo relajado y de buen humor. Luego, si por la tarde te vas al club social de la urbanización, haces unos largos en la piscina y te tomas un cubata charlando tranquilamente con los amigos, te sentirás burguesamente feliz. Claro, necesitamos autopistas de seis carriles para llegar al hospital o al Círculo de Bellas Artes en menos de hora y media. Si fuéramos poquitos, si la energía fuera barata e ilimitada ¿no es mejor esto que vivir en un apartamento rodeados de familias, de ruidos, de agobios, sin más relación con la naturaleza que un geranio en un maceta y un jilguero en una jaula? No, no creo que sea culpa del modo de vida americano, ni una imposición de los medios urbanos de comunicación. Es, sencillamente, que el sprawl como forma de ocupación extensiva del territorio, no es sólo bello, sino también lo más cercano al paraíso perdido. Pienso que hay muchas razones para mantener esta afirmación pero, por ejemplo, podríamos empezar por el tema de las densidades.

Superpoblación de ratas en el experimento de Calhoun Mente Inconforme

En los años sesenta del pasado siglo XX el naturalista John Calhoun realizó una serie de experimentos (hoy probablemente serían vetados por las organizaciones de defensa de los animales) con ratas. Colocó unos cuantos ejemplares en una situación ideal con comida, comodidades, etc. y dejó que se reprodujeran. Lo único que permanecía sin modificar era el espacio que tenían a su disposición. De forma que su “ciudad de las ratas” se fue superpoblando y se empezaron a incrementar el estrés y las agresiones. La violencia se convirtió en el eje de la vida de las pobres ratas y la situación se descontroló. Según un artículo de Ramsden en el Boletín de la OMS “le siguieron el canibalismo y el infanticidio. Los machos se volvieron hipersexuales, pansexuales y, con frecuencia creciente, homosexuales. Calhoun llamó a esta vorágine ‘hundimiento conductual’. La población se redujo, acercándose a la extinción. Al final de los experimentos, los pocos animales que quedaban habían sobrevivido con un costo psicológico inmenso: sin actividad sexual y totalmente retraídos se apiñaban en una masa sin ocupación. Incluso después de reintroducirlos en comunidades normales de roedores, estos animales ‘socialmente autistas’ permanecían aislados hasta la muerte”.

Andreas Gursky, May Day V (fragmento), 2007
 C-print mounted on Plexiglas, Matthew Marks Gallery

Claro, no somos ratas. Sin embargo, otros experimentos posteriores han demostrado de forma bastante evidente que densidad de población y desordenes mentales están correlacionados. Por ejemplo, los experimentos de la Universidad de Amsterdam y el Instituto de la Salud de Utrech, o las propuestas de Stokkols en los años setenta sobre los conceptos de densidad y hacinamiento. Resulta curioso que estas correlaciones no se producen con todas las enfermedades mentales (por ejemplo, no se ha conseguido demostrar la relación con la psicosis maníaco-depresiva, y sí con la esquizofrenia). Aunque también hay evidencias de la influencia de otros factores, como los genéticos o la pobreza, son demasiado los trabajos que relacionan densidad de población excesiva con diversos trastornos mentales (Sundquist, 2004) como para no tenerlos en cuenta. La idea que trato de plantear es que la búsqueda de las bajas densidades (Las “doce viviendas por acre” de Parker y Unwin), que es uno de los primeros elementos que caracterizan el actual sprawl urbano, probablemente tiene un fondo natural más que cultural. Y que se produce como una huida de las grandes aglomeraciones que necesitan de una serie de condiciones, y de una adaptación al sistema de vida que imponen, no siempre pensado para que la gente sea feliz.

Westholm Green (Letchworth) de Parker and Unwin  stevecadman

El tema es apasionante pero no es el que pretendo tratar hoy. Además habría que introducir otros elementos como el tamaño de la ciudad. Sólo como anécdota querría apuntar que los últimos trabajos que conozco parecen concluir que las condiciones óptimas para la salud mental se encuentran en las ciudades pequeñas e intermedias con densidades no demasiado altas, en contacto directo con la naturaleza y sin la excesiva sobrecarga estimular típica de las ciudades altamente tecnificadas. La “casa con cuatro fachadas” de los gallegos podrá ser muy insostenible pero, probablemente sea un ideal, no sólo de los gallegos, sino de cualquier ser humano. Por tanto, la ciudad deseada no parece estar en Manhattan (donde la tasa de psicólogos y psiquiatras por habitante debe ser de las más altas del mundo) o en el Ensanche de Barcelona. A menos, claro está, que uno tenga mucho dinero y pueda comprar una planta entera (mejor dos) en cualquier edificio que, por ejemplo, tenga vistas al Central Park. Es decir, con espacio suficiente y acceso a la naturaleza. Porque, aunque hoy no lo voy a desarrollar, el tema de fondo, en realidad, no son las altas densidades sino las deficientes relaciones sociales que traen consigo y las dificultades de acceso a las zonas verdes que funcionan como terapia natural ante el exceso de estímulos que se produce.

El acceso cercano a la naturaleza reduce el estrés
 Nueva York, Central Park, visitingdc

El segundo elemento que caracteriza esta forma extensiva de ocupar el territorio es la rotura de ciudad en miles de esquirlas, que aumentan de forma muy importante los bordes entre las áreas urbanizadas y no urbanizadas. Esto trae consigo que los ecosistemas naturales se conviertan en áreas de pseudonaturaleza impidiendo reciclar la entropía que, tradicionalmente, se encargaban de manejar. Pero justamente, este contacto con la naturaleza es lo que le falta al invento de “la ciudad”. Cuando en la asignatura de paisaje desarrollo el tema del jardín lo explico como recuerdo del paraíso perdido. El Jardín del Edén está ahí, como un ideal al que hay que tender. Cuando la humanidad es expulsada del Paraíso Terrenal, pierde una parte muy importante de su ser. Y trata de recuperarla en cuanto puede. Por eso, ese acercamiento a la naturaleza (aunque sea simplemente a su imitación), esa aproximación al borde de la ciudad desde el que se atisba esa parte perdida, tampoco es un invento de los “mass media”. Es tan natural como la cuestión de las densidades. Para que todos tengamos áreas no cementadas cercanas no hay más remedio que aumentar la longitud de los bordes. Si entendemos los ideales de belleza como arquetipos, el arquetipo estético de la ciudad sería la naturaleza. Eso sí, domesticada (urbanizada), por supuesto.

¿El sprawl urbano es bello? Sun Belt Sprawl, Nevada
 "Sin título XI", 2010, Christoph Gielen, The New York Times

Por tanto este tipo de sprawl urbano es bello. Claro, para conseguir esta “belleza” probablemente tengamos que machacar el planeta y hundir en la miseria las posibilidades de progreso real de nuestros descendientes. Y todo ello, no para volver al Jardín del Edén sino, simplemente, para atisbar un poco, lejanamente, como sería. El problema es que, en nuestro intento de perseguir un ideal ya hemos dado pasos irreversibles. El estado de nuestros territorios es el que es, y deberíamos dejar de lamentarnos para intentar encontrar salidas. Una vez planteada la situación sin tópicos (la gente no es imbécil y alguna ventaja le han debido de ver a este sprawl) habría que empezar a hablar de ventajas e inconvenientes. Como estos últimos ya los he repetido hasta la saciedad en muchos sitios, en lo que queda de artículo me centraré en algunas de las bondades que hacen todavía más bello este sprawl. No lo he dicho hasta ahora pero, claro, el título es un remedo de la campaña publicitaria de Adolfo Domínguez, “la arruga es bella” que intentaba romper una serie de tópicos sobre la forma de vestir. Mi objetivo es mucho más modesto: tratar de ver la organización de nuestros territorios con una óptica distinta que ayude a encontrar soluciones alternativas.

Flujos comerciales mundiales  Le monde diplomatique
Señalar en la imagen para verla más grande

Las preguntas iniciales serían: ¿es previsible una situación continuista respecto a la actual en relación con la organización social y territorial? ¿se pueden seguir manteniendo los actuales derroches en materia de transporte (de personas pero también de mercancías) con los problemas energéticos y de contaminación que conllevan? ¿es suficiente con aumentar las densidades de nuestras ciudades si seguimos trayendo petróleo en grandes barcos desde miles de kilómetros, productos manufacturados desde China o la India, cereales de Rusia, carne de Argentina o electricidad de las nucleares francesas? Es decir, ¿es suficiente que apretemos mucho a los urbanitas en ciudades congestionadas si resulta que los problemas de transporte horizontal (y, a veces, vertical) de mercancías y personas se refieren a los intercambios transcontinentales y de largas distancias? ¿no sería mucho más racional penalizar este tipo de intercambios? Y no es nada complicado hacerlo, sencillamente hay que poner a su verdadero coste el precio de la energía destinada al transporte. Porque claro, en el precio de la energía no están incluidas todas las externalidades ambientales que trae consigo su consumo. Y lo que estamos haciendo, en realidad, es subvencionar la ineficiencia y crear problemas con el clima.

¿Son de verdad más eficientes las grandes concentraciones?  Pigu23

Hace ya un par de años que tengo más o menos clara la necesidad de cambiar los sistemas centrífugos de organización del territorio por otros centrípetos pero, para ello no se pueden considerar ya los asentamientos de forma puntual (como un sistema de fuerzas) sino como superficies que ocupan áreas territoriales significativas. Es decir, cambiar número de habitantes por hectáreas. Habría que empezar a reconsiderar el tema de las regiones. No mediante la fórmula tradicional de reequilibrar territorios ya que los territorios nunca se pueden equilibrar porque no son isótropos, sino pensando en bio-regiones funcionales y culturales. Esto está directamente relacionado con la autosuficiencia, productos autóctonos, materiales de la zona y eliminación en la medida de lo posible de los desplazamientos de personas, materia y energía. En un contexto de este tipo (ver Pueblos en Transición, Infraestructura Verde Urbana o Recuperando a Patrick Geddes) el enfoque cambia bastante. La prioridad deja de ser la ciudad concentrada para convertirse en la región autosuficiente. Y en una región autosuficiente, dependiendo de su vocación y posibilidades, deberían tener cabida muchas formas de asentamiento diferentes. Entre otras, claro, la llamada ciudad fragmentada o difusa. Es decir, el sprawl entendido como ocupación urbana extensiva.

Agricultura de proximidad, huerta de Valencia  urbanazos

Si se pretende una agricultura y una ganadería diferentes a las actuales probablemente “la casa con cuatro fachadas” de Castelao sea una alternativa razonable, y la dispersión rural tenga salida dirigiéndose al mismo sitio del que procedía. Determinados productos deberían ser cultivados por el consumidor o lo más cerca posible del mismo. No es normal que un pepino cultivado en Almería sea consumido en Hamburgo a 2.600 kilómetros de distancia. Lo ideal sería cultivarlo en nuestro huerto. Y en caso de no haber huerto, o para determinados productos agrícolas o ganaderos, casi imposibles de conseguir de forma autosuficiente, habría que hablar de agricultura o ganadería de proximidad. Sólo en casos muy especiales sería necesario recurrir a cultivos más lejanos. Soy consciente de que esta propuesta implicaría un cambio radical en el comercio mundial y en la forma de vivir. Pero no creo que la alternativa, concentrar a la mayor cantidad de consumidores muy cerca los unos de los otros hasta el límite del hacinamiento, produzca resultados suficientemente importantes como para afrontar el problema de la sostenibilidad de una forma creíble. Esto en lo que se refiere al tema de la alimentación. De igual forma habría que plantear la cuestión del agua o de los residuos. También aquí hay ventajas que no debería desaprovechar una organización extensiva del territorio.

El transporte de materiales incluye también los residuos
 África, sumidero de residuos peligrosos del mundo  Gente Fina

El otro gran problema es el relativo al consumo energético. Y aquí las ventajas se pueden extender, tanto a la ocupación extensiva originada por el sprawl urbano como a la de origen rural. Probablemente este sea el campo en el que se están dando los pasos más importantes. Aunque hasta ahora las grandes compañías suelen preferir sistemas de distribución y generación energéticos jerarquizados, no siempre este tipo de organización es la mejor. Tampoco es el momento de plantear esta cuestión, pero se empieza a considerar la generación distribuida como la más eficiente y no sólo desde el punto de vista de los costes. Por supuesto que estoy hablando de energías renovables y de autosuficiencia. Aquellos que se han acercado, aunque sea sólo asomándose, al campo de la arquitectura bioclimática y al concepto "cero emisiones" saben que, si existe alguna posibilidad de intentarlo es, precisamente, en viviendas unifamiliares. Pero los sistemas de generación distribuida están dando un paso más y ya se habla de los sistemas de generación distribuida en red. Y es que las redes deberían ser la base conceptual de la solución para los territorios difusos y fragmentados. Y no sólo en materia energética, sino también en comunicaciones, relaciones sociales y equipamientos.

Electricidad, generación distribuída  Guía Básica de la Generación Distribuída

Durante seis folios he realizado el ejercicio de enfrentarme al maligno mirándolo con buenos ojos. Espero que, a pesar de todo, después de esta lectura nadie en su sano juicio llegue pensar que la organización ideal de nuestros territorios sea su ocupación extensiva y que las ciudades deberían construirse mediante millones de casitas unifamiliares. Para mí el sprawl urbano sigue siendo el maligno (a pesar de ser bello). Pero hay dos cuestiones evidentes. La primera es que cientos de miles de hectáreas de nuestros territorios están así organizadas. Lo están ya. No se trata de ningún proyecto. Y hay que darles una salida que, por supuesto, no es la demolición. La demolición agravaría todavía más el problema ya que tiene un costo ecológico superior a los beneficios que produce (si exceptuamos el efecto ejemplarizante). Por tanto el objetivo debería ser aprovechar las bondades. La segunda es que un sistema urbano verdaderamente resiliente ha de ser complejo, ha de contar con todas las formas de organizar el territorio adecuadas a su bio-región. Es decir, desde las grandes ciudades con altísimas densidades hasta superficies del territorio sin huella humana. También, y según los casos (pero, probablemente, nunca de forma exclusiva o mayoritaria) en forma de “doce casas por acre”. 

¿Territorio agrícola? Noooo… sembrado de casas
 Sprawl urbano de Los Ángeles, Gamut’s Edge

Os habréis dado cuenta de que ni me he molestado en definir el sprawl urbano. He utilizado directamente el término no en su traducción literal, sino haciéndolo sinónimo no sólo de extensión urbana dispersa y fragmentada, sino también incluyendo patrones de asentamiento que no se corresponden con la extensión de ninguna ciudad sino con la ocupación rural del territorio reconvertida al modo de vida urbano. Cuando hace ya bastante años hice mi tesis doctoral sobre el rural en Galicia me pasé meses intentando distinguir entre población dispersa, diseminada y concentrada. Sobre los conceptos de rural y urbano. Ahora me doy cuenta de que era irrelevante. Lo verdaderamente importante eran las formas de vida. Cómo los aldeanos que ocupaban aquellas casas (casi todas con cuatro fachadas) se relacionaban entre ellos, dónde compraban y cuándo, a qué sitios iban a divertirse, cuánto dinero ganaban, cómo lo gastaban, cuántos hijos tenían, en qué trabajaban. En el título podía haber utilizado la expresión “ciudad difusa” como se suele denominar en Italia, o “ciudad fragmentada” que es la que suelo utilizar yo mismo. O, sencillamente, ciudad dispersa. Pero, probablemente, de no haber usado sprawl el artículo hubiera salido en menos buscadores.

Ejemplo de organización poco compleja y jerarquizada
 El tráfico en Lisboa, oct 2009, proyecto CityMotion, MIT  pmcruz

A estas alturas de la vida ya pocas cosas me parecen evidentes pero, probablemente, en materia de organización del territorio pienso que nuestros esfuerzos deberían centrarse de forma prioritaria en tres campos. El primero está relacionado con la complejidad. Para que nuestros territorios sean verdaderamente complejos, deben albergar formas de asentamiento variadas, acordes con las regiones de las que forman parte. Deben tender a la autosuficiencia. Sin hacer de ello un dogma, claro. Si en nuestra región no hay litio pues no hay litio, pero no vamos a dejar por ello de tener un móvil. Eso sí, nuestro móvil probablemente debería ser mucho más caro (dependiendo del coste real del transporte) que en una región que contara con abundantes reservas de este mineral porque allí, probablemente, debería ser donde se fabricaran las baterías. Y dentro de la variedad que sea necesaria para que nuestro territorio sea complejo y adecuado a sus condiciones naturales, sociales y económicas bio-regionales, una parte del patrón de asentamiento sería fragmentado, disperso o difuso, claro que sí. Incluso Le Corbusier en su propuesta de La Ville Contemporaine distribuía los habitantes así: 400.000 en cuatro rascacielos; 600.000 en bloques continuos de varias plantas; y 200.000 en casas jardín.

La mayor parte de la costa española es una inmensa ciudad extensiva
 Todas las líneas rojas sobrepasadas, Oliva, Valencia, Google Maps

El segundo esfuerzo debería estar centrado en saber qué regiones han llegado ya a la línea roja en cantidad de hectáreas dedicadas a la ocupación urbana extensiva. Me temo que en buena parte de nuestro país ha sido sobrepasada. Aunque determinarla no es tan sencillo. Sobre todo si entendemos el territorio como un conjunto de bio-regiones con tendencia a ser autosuficientes. Porque todo se complica si pensamos no sólo en regiones naturales sino que consideramos como parte de su ser, la historia, la cultura, las personas, los caseríos y las ciudades. Las ciudades han dejado de estar en un territorio que las soporta como se entendía hasta hace poco, es que forman parte indisoluble del mismo, “hacen” territorio. Pero me parece bastante claro que este es el enfoque de la ciudad del siglo XXI. En cualquier caso, aunque tengamos mucho sprawl urbano de tipo extensivo y la situación no pueda llegar a convertirse nunca en ideal, hay que trabajar para aprovechar las ventajas. Y, por supuesto, si hemos sobrepasado las posibilidades del territorio, no seguir ahondando en el error. Claro que este sprawl es bello, pero mucho dulce puede hacer que nos atragantemos y terminemos ahogados en un mar de viviendas con cuatro fachadas (o con dos si se trata de trenecitos de adosados).

"Siempre hay que coger la mitad, para que no se acabe la caza"
 Rodaje de "Tasio" (Montxo Armendáriz, 1984)  kabemayo

Y el tercero, por supuesto, es la preservación de la naturaleza. Sin áreas naturales no es nada posible. Ni la ciudad compacta, ni las extensiones urbanas de baja ocupación, ni las áreas rurales. Muchas sociedades se comportan de forma realmente bestial y egoísta: “que conserven ellos”. Una parte muy importante de las regiones más dinámicas del mundo basan su prosperidad en que otras estén bajo el listón del nivel de pobreza conservando para ellas. Pero desde el punto de vista territorial este modelo de ocupación centrífuga del territorio no tiene futuro por muchas razones. Sobre todo, por su ineficiencia y por la dilapidación de recursos que conlleva. En realidad las cosas no son tan complicadas. Cada hábitat cuenta con recursos capaces de mantener determinada cantidad de animales y plantas (incluidos los humanos). Es conveniente no agotarlos porque, de lo contrario, entraremos en una situación regresiva. Cuando el padre de Tasio, en la película dirigida por Montxo Armendáriz, descubre que coge huevos de los nidos le dice: “siempre hay que coger la mitad, para que no se acabe la caza”. Hay grupos humanos que no sólo están cogiendo todos los huevos del hábitat donde viven, sino también los de todos los nidos que existen. Están dejándonos en un planeta sin caza.


Nota 1: al subir el artículo al blog me acabo de dar cuenta de su extensión. Me he pasado como tres folios (literal, no estoy parafraseando la expresión “tres pueblos”). Espero que me disculpéis, es verano y me he dejado llevar por la inercia de estar sin horarios.

Nota 2: escribí esta entrada incentivado por un enlace que me envió mi amigo Emilo Luque relativo a un artículo firmado por Echenique, Hargreaves, Mitchell y Namdeo, publicado en el número 78 de JAPA, y que viene a añadir más leña al fuego de la polémica en relación al maligno (es decir, al sprawl urbano entendido como ocupación extensiva y fragmentada del territorio). Maligno que, para algunos, tiene más ventajas que inconvenientes. O, por lo menos, no parece que la alternativa, la ciudad compacta, sea tampoco un ente celestial lleno de bondades.

Nota 3: ya  puede comprenderse que, en el inglés, la palabra sprawl puede jugar con sus dos acepciones. La de extenderse, desparramarse, o la de adoptar una postura desgarbada (aunque también puede indicar comodidad) despatarrándose. La del desparrame sería una buena imagen referida al crecimiento centrífugo de las ciudades. Pero no me he atrevido a titular “El desparrame urbano es bello”, por las connotaciones de juerga y disipación que podría dar a entender.

32 comentarios:

a1 dijo...

totalmente de acuerdo. para consumir local hace falta produccion local, para produccion local hace falta reducir el tama;o de las explotaciones y aumentar el numero de gente que trabaja en ellas pero hacerlo a base de que cada quien tenga un huerto a 30km de su vivienda tampoco tiene mucho sentido pues es un consumo brutal de energia pero que viva todo el mundo en en campo con una hectarea de tierra tampoco es viable con la poblacion actual y ademas requeriria(para que tuviera algun sentido hacerlo) el que tampoco sus trabajos siguieran centralizados en ciudades. Pero hay que reducir poblacion, MUCHO. A mi como poblados me gusta la forma de quesitos de unos 150m de diametro con una plaza en medio cerrada al trafico y en cada rebanada una vivienda en el lado de la plaza con algo de jardin y una media hectarea de terreno (mas que suficiente para mantener a una familia) y una rebanda por quesito que fuera comunitaria (piscina o charca, jardines, edificio comunitario para lo que se tercie zoan de juego etc etc), los quesitos irian ordendos de forma similar a las ciudades interconectadas del modelo de meadows peero mucho mas pegadas y con bosque entre medio para surtir de combustible, hierbas, y aire. pero esta el problema de que la legislacion es una puta mierda y ahi seria ilegal tener una pu;etera gallina en la parcela y no digamos ya una cabra, tal vez se puede hacer de forma privada metiendolo dentro de una finca mas grande como si legalmente fueran viviendas de trabajadores para hacer un primer pueblecito asi y luego ya esperar a que cunda el ejemplo y cambien las leyes....por supuesto para que fueran lo mas autosuficientes posible no puede ser una aldea de todo informaticos...hacen falta carpinteros, granjeros, gente con conocimientos medicos, etc etc y al partir de una iniciativa privada (y de que tendria que ser en usufructo para hacerlo con las leyes actuales) se podria imponer a la gente que tuviera que aceptar 1 aprendiz(que perfectamente puede ser que su propio hijo le acompa;e al bosque a pasear recogiendo las plantas con que tintar una tela... no trabajos forzados...
con 1millon por quesito hay de sobra (muy muy de sobra, sobre todo compartiendo arquitecto para agilizarlo todo y promoviendo la autocosntruccion) y por eso precio por familia en una ciudad solo obtienes un estudio en un barrio malo.

Juan Alberto dijo...

Lo de las ratas es total. ¿De verdad que en el artículo de la OMS pone textualmente?: "Los machos se volvieron hipersexuales, pansexuales y, con frecuencia creciente, homosexuales. Calhoun llamó a esta vorágine ‘hundimiento conductual’. La población se redujo, acercándose a la extinción. Al final de los experimentos, los pocos animales que quedaban habían sobrevivido con un costo psicológico inmenso: sin actividad sexual y totalmente retraídos se apiñaban en una masa sin ocupación". Tienes razón, no somos ratas, pero da que pensar sobre el tema de las densidades. Gracias por la entrada, como siempre: excelente. Juan Alberto C.

José Fariña dijo...

Juan Alberto: eres más incrédulo que Santo Tomás. Vale, si quieres meter el dedo en la llaga puedes leer el artículo entero, la referencia es: Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2009;87:82-82. doi: 10.2471/BLT.09.062836. Si te interesan estos temas de Salud y Urbanismo puedes leer regularmente el blog del Colectivo Lazareto al que pertenecemos algunos médicos y urbanistas. Está en el listado de blogs a la derecha (si últimamente no tiene actividad puede estar oculto, pulsa en "mostrar todo" para que aparezca).

José Fariña dijo...

A1: Los quesitos de 150 metros de diámetro me han llegado al alma. Pero lo que me ha parecido más genial es lo del millón por quesito. Es verdaderamente ingeniosa la posibilidad de compartir arquitecto para abaratar los costes. Lo que sí es cierto son los problemas que crea la legislación para un funcionamiento distinto de este sprawl. No es que te prohíban tener una gallina, o un pequeño cerdito (bueno, una vaca en un adosado es casi impensable) es que no te dejan ni cambiar el color de la fachada, y la belleza y la multiplicidad de usos es fundamental para la felicidad. Ahora, eso sí, una agrupación de quesitos todos llenos de informáticos... si, por lo menos hubiera algún juez para compensar... Un conjunto de quesitos llenos de informáticos y jueces catapultarían a la fama a nuestro "poblado" autosuficiente y, probablemente, conseguirían que se cambiaran las leyes. Lo de estar cerca de la naturaleza para aprovisionarnos de hierbas y de aire es también fundamental. Sin hierbas y sin aire no hay vida. La risa es bella, salud.

Juan Alberto dijo...

Gracias por el link. Ya lo he leído, está interesante el articulo. Juan Alberto C.

victor dijo...

El debate actual se dispersa entre ciudades, ciudades-region, sostenibilidad, complejidad, resilencia, participación, densidad, y mil cosas mas. Con el concepto de bio-región pones en relación todos estos temas y ademas incluyes la realidad construida pensando en directrices o politicas viables para obtener un futuro mejor.
El problema no es campo o ciudad sino unidad mínima de conjunto campo-ciudad, ecosistema autosuficiente y en equilibrio. Esta unión es posible siempre que exista una relación de igualdad entre ambos ademas de unas mismas bases culturales, pero ¿cómo podremos salvar la divisiones teritoriales existentes?, ¿generará la geopolítica ciudades-estado en lugar de bio-regiones?.
Son necesarias dos fuerza opuestas para alcanzar el punto de equilibrio pero al centrar el discurso en la ciudad estamos desequilibrando el sistema. Aunque se haya superado el conflicto campo-ciudad, resulta obligado reflexionar sobre este binomio.

José Fariña dijo...

Víctor: ese que destacas (el de las divisiones territoriales) es uno de los problemas. Ya lo denunciamos Naredo y yo en en Libro Blanco del Planeamiento Urbanístico Español como una de las dificultades más importantes a las que se enfrenta la organización espacial de nuestros territorios. Pienso que se debería incluir en la más general de la necesidad de un cambio en la organización política de nuestra sociedad. Es obvio que el sistema demócratico de organización social con la división en países, con el mandato a los partidos políticos para que "decidan por nosotros", con la profesionalización de la política y con un capitalismo feroz que se ha adueñado del mundo mientras los países son incapaces de oponerse conjuntamente, tiene los días contados. Los que nos dedicamos a la planificación física lo notamos en nuestra parcela específica pero, estoy bastante seguro, el cambio en el campo concreto de nuestra actividad sólo puede venir de un cambio social. Mientras tanto hacemos lo que podemos poniendo parches (en algún sitio he llamado a esto "cuidados palitativos"). El 15-M y su "no, no nos representan" lo visualizó muy eficazmente. Hace ya muchos años, y de forma visionaria, Arnold Toynbee hablaba de "gobierno local en la base y mundial en la cumbre". No creo que un plantemiento realista del cambio esté muy alejado de esta propuesta.

Jaime dijo...

Fariña, este último comentario me parece muy importante. El siglo XX tuvo un momento en el que parecía que las cosas iban a cambiar. Fue el mayo del 68, pero el intento se cerró en falso. Por desgracia el sistema encapsuló los cambios, los aisló y terminó por digerirlos. Para el segundo intento, primaveras árabes, 15-M, etc., el sistema ya tenía práctica de encapsular, aislar y digerir y lo ha hecho mucho mejor. De facto estos movimientos ya están encapsulados, aislados y digeridos. El objetivo a conseguir parece claro pero nadie parece saber como hacerlo.

victor dijo...

La curiosidad me lleva a buscar bio-región para conocer algo más de este concepto.

Si introduzco "bio-region" en Google aparecen:
- En España: portales de biotecnología en varias comunidades autonomas.
- En America : regiones asociadas al turismo rural.
- En Australia: regiones o ecosistemas naturales.

Si la busqueda es "bioregion un habitat" aparece:

- Guia para el desarrollo de comunidades sostenibles en Barcelona
http://www.ecointelligentgrowth.net/esp/04pro_11.html

Buscando directamente en organismos internacionales o en el ministerio de fomento:

UN-Habitat http://www.unhabitat.org/categories.asp?catid=671&q=bioregion

- THE CONTENT OF URBAN PLANS: local, bioregional and global ecosystem, which are used by cities and other settlements ... rather than from the local bioregion, and the green spaces and waste...
www.unhabitat.org/downloads/docs/GRHS2009/GRHS.2009.3.pdf

- RESPONSES TO CLIMATE CHANGE MITIGATION IN URBAN AREAS: tems far beyond the urban bioregion as sinks for their emissions. The patterns of modern urbanization have thus been highly dependent on the functioning of...
www.unhabitat.org/downloads/docs/GRHS2011-5.pdf

- Part V. Future Policy Directions - UN-Habitat: fuels, and by creating offsets in the bioregion. This can be enforced through planning schemes that mandate standards for significant reductions in carbon in all...
www.unhabitat.org/downloads/docs/GRHS2009/GRHS.2009.5.pdf

- SUSTAINABLE URBAN ENERGY: in their localities could invest in the development of renewables in the bioregion. This would also help spur economic develop- ment outside cities and improve...
www.unhabitat.org/downloads/docs/11115_1_594431.pdf

- Planning Sustainable Cities: Policy Directions: regeneration by creating offsets in the bioregion. Incentives or requirements for buildings to meet green-building standards have been used in some cities as ...
www.unhabitat.org/downloads/docs/GRHS2009Abridged.pdf

Ministerio de Fomento introduciendo "region" aparecen varios proyectos

- PROYECTO SUPER: planificación de ciudades sostenibles desde los servicios ambientales proporcionados por los ecosistemas y la resiliencia - Investigación http://www.fomento.gob.es/MFOM/LANG_CASTELLANO/DIRECCIONES_GENERALES/ARQ_VIVIENDA/SUELO_Y_POLITICAS/ACTIVIDAD/URBAN_NET/INVESTIGACION/CONV_2008/SUPER.htm
-SUPERCITIES: políticas sostenibles de usos del suelo para crear ciudades resilientes - Investigación http://www.fomento.gob.es/MFOM/LANG_CASTELLANO/DIRECCIONES_GENERALES/ARQ_VIVIENDA/SUELO_Y_POLITICAS/ACTIVIDAD/URBAN_NET/INVESTIGACION/CONV_2008/SUPERCITIES.htm

Si consideramos a UN-habitat como parte del gobierno mundial en la cumbre -organismo transnacional que elabora directrices utilizadas como bases para desarrollar leyes nacionales-, y a los estados-nación como intermediarios con los gobiernos locales, solo nos quedaría crear el gobierno local en la base.

En los telediarios se redescubre a Gordillo, el alcalde de Marinaleda, y en Cataluña se repiten sus acciones. El diario sur.es pública: "Proponen el axarco frente al euro para usar una moneda con valor real". A los políticos les parecen locos, pero que jueguen que jueguen. Si estos mitos de la transición son capaces de generar otros nuevos, surgiría el cambio social.

De nuevos mitos surgirán nuestros nuevos paisajes.

José Fariña dijo...

Estoy teniendo problemas con los comentarios. Sé que hay tres antes del de Víctor (al que he podido dar salida) pero los demás el dios de Blogger no me deja. Lo siento pero es que ni tan siquiera los puedo leer.

Victor: gracias por el "vaciado" de la red. El concepto de bio-región en realidad se está construyendo en estos momentos. Lo cierto es que deberíamos encontrar un nombre porque, probablemente, el de bio-región intenta indicar que se mezclan el de "región natural" (por lo de bio) y el antiguo concepto de "región" que tiene más que ver con la actividad económica y con las tradiciones sociales y culturales. Pero estas nuevas áreas territoriales deberían incluir, además, todo lo que hemos aprendido sobre sostenibilidad. Es decir, aquello referente a la autosuficiencia, emisiones cero, etc. Poco a poco se va perfilando pero lo cierto es que todavía no está claramente definido y asentado. Es un bonito momento desde el punto de vista creativo.

a1 dijo...

Que linka mas chulos victor!! Gracias por compartirlos :)

Eduardo dijo...

Diría que es un artículo poco hipócrita. Ya va siendo hora de que se digan algunas cosas sin centrarse en lo políticamente correcto. El sprawl tiene cosas buenas. Claro que las tiene. Y como dice Fariña, la gente no es imbécil y si se van a vivir a las unifamiliares por algo será. Economía, relaciones personales, contacto con la naturaleza. Me ha gustado lo del mundo "sprawliano". Sería un ente intermedio entre el urbanita y el paleto. Aunque este último sea una especie en peligro de extinción y ya casi imposible de encontrar. ¿Y tú qué eres? Soy un sprawliano, vivo en la urbanización Las Jaras. Se dicen tantas cosas en este artículo que voy a tener que leerlo varias veces y pensar a toda presión. Un saludo.

Andrés dijo...

No entiendo bien si Eduardo, aquí arriba, se refiere con "hipócrita" al artículo de Fariña o a otro que haya salido en los comentarios.

A mí el de José me parece todo lo contrario: una buena dosis de anticorrección política, comenzando por el mismísimo título y siguiendo por las tesis que defiende, recuperando los mejores ingredientes de su socarronería gallega. Enhorabuena por eso al autor.

Y también por hacerse eco de uno de los que son contados temas fundacionales (los que siempre vuelven, aunque sean llamados de maneras diferentes) del habitar, como es la necesidad de estar con los pies en el suelo. Él sabe, y lo hemos discutido animadamente en otros sitios, cuánto me gusta y preocupa todo lo referente a la implantación de la casa, a la necesidad de atornillarse a un sitio y entorno concreto.

Un abrazo a todos, y hasta pronto. AM.

Andrés dijo...

¡Glups! retiro la duda sobre la frase de Eduardo, porque en una segunda lectura queda claro que llama al artículo "poco hipócrita", y no "un poco hipócrita"? Lo siento, saludos. AM.

Eduardo dijo...

Andrés, debería haber dicho "nada hipócrita" en el sentido de que una parte de los teóricos de la organización del territorio cuando se refieren a la "sostenibilidad" predican una cosa y creen otra. En muchos casos incluso viven otra. Por lo menos Fariña, y de ahí el "poco hipócrita", dice algunas cosas políticamente incorrectas. Diría, ítem más, urbanísticamente malsonantes. Afortunadamente. Ya era hora de que se dijera que no todo debe ser ciudad compacta. Y que, según y como, la ciudad compacta puede llegar a ser un asco.

Nota: he pinchado en Andrés y me ha llevado a tu página. Veo que Fariña también la tiene en su bloroll. Me parece bastante interesante, la apunto.

Manuel Carrero de Roa dijo...

Más que incorrección política, yo creo que en esta entrada el profesor Fariña comparte con nosotros sus dudas e incertidumbres sobre una cuestión en la que lleva muchísimo tiempo trabajando, lo cual resulta fascinante. Abandonar las certezas y las verdades absolutas para exponer públicamente las contradicciones y poner en cuestión tus propios argumentos, cuando eres una autoridad en la materia, únicamente está al alcance de unos pocos sabios. Y nos recuerda que sólo cuestionándonos constantemente todo lo que hacemos o descubrimos podemos avanzar en el conocimiento. Una vez más, enohrabuena y muchas gracias.

s.gdm dijo...

Inevitable relacionar este tema controvertido con uno de categoría superior a la controversia, que considero inmanente a lo que entendemos por fenómeno urbano y es el de la sostenibilidad vs. humanidad y con ésto me refiero a superpoblación. En el año 1974, Isaac Asimov (para mi un referente imprescindible) ofrece una conferencia que se titula "El Futuro de la Humanidad"; la lectura no tiene desperdicio y es interesante porque muy pocas veces se puede escuchar o leer a alguien que se exprese de forma tan clara y contundente sobre temas que motivan tanta superstición en el colectivo. Es probable que ahora, casi 40 años después de haberse realizado esta conferencia y viviendo en ese futuro -con sus diferencias- que pronosticó Asimov, se pueda finalmente metabolizar criterios sobre el manejo de los recursos del planeta y con recursos se debe entender también la reproducción humana, un tema controvertido del cual casi nadie se atreve a hablar.

Saludos.

sabrina gaudino

Anónimo dijo...

Creo que algo básico es conocer las necesidades reales de vivienda de un territorio. Para ello precisamos conocer la población y su conducta reproductiva. La cantidad de gente en determinada edad, y los patrones de conducta.

Por otro lado es necesario no dejar consumir más territorio del necesario en ese "menester". Pero todo ello con unas reglas económicas claras del juego. Si hacemos escasear el bien inmueble, no me quiero imaginar la carrera especulativa tras una sutil subida de la demanda...No fijaremos precios, para que no se nos tache de anti-libre mercado, pero tampoco dejaremos que sea el capital privado o el "privatizado", el que lleve la sartén por el mango.

El Sprawl es bonito, pero únicamente si es real y controlado. Y si los que lo habitan saben entender dónde están.

Con real me refiero a que sirva a su esencia. Si estás en el medio rural, te debes adaptar a ese medio de vida, con sus ventajas, y sus inconvenientes. Si estás en el medio urbano, debes vivir según otras premisas. Quererlo todo...Sabemos a lo que nos conducimos.

Con lo de controlado me refiero a que sea ordenado y óptimo. Es decir, a que esté pensado, y a que esté pensado desde el beneficio común y no desde el interés privado.

Vivir en comunidad es muy difícil en algunas comunidades, e imposible en otras. Y no por la orientación del piso, o por las "calidades" del interior. Sino por la falta de educación de la sociedad en la que vivimos.

A mi todo esto me recuerda al Titanic, en mi cabecita resuena aquello de primera clase, segunda clase, tercera clase...

Finalmente aclarar que lo que planteas Fariña, no es sino una vuelta a la racionalidad, de una historia muy reciente en España, en la que la Economía Real, guiaba unos patrones conductuales en donde no cabía el despilfarro y la lujuria, afortunadamente, ni para los ricos ni para los pobres.

Estas recomendaciones, estos consejos humanitarios y esta guía de buenas prácticas humanas, es algo con lo que muchos actuamos y vivimos cada día, pero en lo que muchos todavía no ven una salida o solución clara. La inercia de este tiempo inmediatamente anterior, es demasiado fuerte.

Me siento como los bebés adoradores del becerro de oro, aguantando el chaparrón de Moisés tras la recogida de los diez mandamientos.

Y siento pena y lástima por aquellos que tan cegados por pasado, no son capaces de vislumbrar mínimamente el futuro más inmediato.

La energía manda, ayer, hoy y mañana.

A espabilar.

Un saludo,
Adriana

Alberto dijo...

Me parece que el resumen podría ser: cada territorio y cada población que lo colonizan debería tener su propia forma de construir la ciudad adaptada a ambos. No son buenas las soluciones universales aplicadas a la ciudad y al territorio. La ciudad compacta no es buena en sí misma y el sprawl no es malo en si mismo, sólo son adecuados o inadecuados al territorio y a la cultura de la población que los construye. Alberto.

Enrique Cortes Navarrete dijo...

Estimado Jose, intente mandar un comentario pero blogger me bloqueaba el envio, bueno ¿que relacion tiene este tema con las agrociudades en España e Italia? ¿Podria ser un nuevo paradigma?
saludos

Enrique Cortes Navarrete dijo...

Si bien el sprawl y la agrociudad son dos cosas distintas, ¿podria ser esta ultima la solución territorial a la primera, y por ende ser rescatado como una nueva visión de ciudad en relación con la naturaleza? saludos

José Fariña dijo...

Sabrina: estoy de acuerdo contigo que, esencialmente, el problema de la Humanidad es un problema de superpoblación. A este respecto hay dos posturas que, desde mi punto de vista, tienen que ver más con la ética que con la ingeniería (entendiendo la eficiencia y la racionalidad como tal). La primera es actuar ya. Es decir, adecuar el crecimiento de la población a las posibilidades del planeta y a las necesidades de confort de los humanos. Esto se haría esencialmente controlando la natalidad de forma consciente. La segunda es: "Dios proveerá". Es decir, no controlar nada. Posiblemente nos sucedería algo parecido a los ratones del experimento de Calhoun con el mismo resultado de parar el crecimiento pero con una degradación personal y de las relaciones sociales muy importante. La cuestión es básicamente ética por lo que es complicado hablar racionalmente de ella. De forma que no se habla. Sencillamente se oculta que, en realidad, este es el problema. Pero está ahí, debajo de casi todo lo que hacemos, soterrado, enturbiándolo todo.

José Fariña dijo...

Enrique: desde mi punto de vista el experimento de las agrociudades es interesante y digno de seguir. Sin embargo no creo en las soluciones únicas y universales. Más bien pienso en lo contrario: cada ciudad deberá adaptarse a su territorio y posibilidades adoptando las formas concretas más racionales que, normalmente, incluyen diferentes tipologías. Claro que tener una periferia agrícola es muy bueno. Siempre que sea posible, porque muchas ciudades están situadas en territorios donde esto, sencillamente, es una locura: bien por falta de agua, porque el terreno no es adecuado o porque resulta más sostenible y eficiente dedicarse a otra cosa. Entiendo que, por ejemplo, buena parte de las ciudades inglesas puedan tener un cinturón agrícola que las haga más sostenibles pero seguro que esto no pasa con algunas rodeadas de territorios desérticos. Con un precio real de la energía estas ciudades irán languideciendo porque su mantenimiento se volverá imposible y poco a poco desaparecerán de sitios donde nunca deberían haber aparecido. Y si lo han hecho ha sido debido a anomalías evidentes del sistema. Siento ser tan duro pero estamos en momentos críticos y no se puede andar con "paños calientes". Lo que siguen el blog ya conocen que, desde hace muchos años, vengo proponiendo territorios asimétricos derivados de su anisotropía. Esto significa que parte del planeta jamás ha debido de ser colonizado por la urbanización. Gracias por el comentario.

Jorge Castañón dijo...

Y para los urbanistas amantes de la ciencia ficción y de las smart cities les recomiendo "La trilogía del sprawl" de William Gibson: Neuromante, Conde Cero y Mona Lisa acelerada. El espacio global de la información (la matriz) y la extensión (sprawl) de las megalópolis. Qué os divirtáis.

Stepienybarno dijo...

Felicidades, José, por el artículo. Está bien ver el problema siempre en toda su complejidad y extensión. Muchas veces, por las prisas o por ser demasiado categóricos, es cierto, que ensalzamos, con demasiada facilidad, ciertas opciones y no buscamos lo que puedan tener de bueno las que hemos denostado.
Desde nuestra propia experiencia práctica, después de vivir un año en Roma y otro en Valencia, nos escapamos la pequeña Estella, donde hemos hecho nuestra vida durante ocho años. Una vida apacible, tranquila, con la naturaleza a dos pasos, sin mucho tráfico, con buena cohesión social… en fin, muchas ventajas.

Como bien dices, la clave no es compactar y densificar a lo bestia; la realidad es bastante más compleja y en este mismo blog, por suerte, tenemos la suerte de seguir aprendiendo mucho ella. Gracias.

Anónimo dijo...

Profesor Fariña, sólo dos anotaciones rápidas:

1.- POR FAVOR, siga haciendo sus artículos tan extensos (o más) como hasta ahora, como si se tratasen de capítulos de libros que usted gentilmente pone al alcance de todos nosotros de manera gratuita. Sigo muchos blogs, de muchas temáticas diferentes, y estoy HARTA de esos post mínimos e irrelevantes con que los blogger quieren "recompensarnos". Aprendo TANTO TANTO de este blog...

2.- Como estudiante de doctorado, aprecio mucho sus posts sobre estos temas: la investigación, cómo trabajar, consejos, vivencias... ¿Para cuándo otro nuevo artículo?

Un cordial saludo!! J.

Miguel Gómez Villarino dijo...

Atractivas algunas de las provocadoras visiones y el punto de vista de abogado del diablo que se toma, pero a los demás, como a un buen juez, nos toca ponernos por encima de la relativa demagogia de un abogado o un fiscal para extraer una cierta síntesis. Las periferias urbanas actuales tienen, en efecto, un origen tan desconectado de la ciudad jardín como los barrios de bloques recientes, respecto a la cité radieuse de Le Corbusier. Sus fundamentos tienen más que ver con corrientes sociales, funcionales, demográficas y de avances técnicos, que con idealismos y propuestas teóricas.

Dicho esto, podemos puntualizar alguna cuestión en la línea de encontrar unos pocos invariantes objetivos al dilema: en primer lugar una cosa son los suburbs en Inglaterra y la Norteamérica verde, y otra los chalets o adosados en el secarral madrileño. Por otra parte, hablando de densidades, es evidente que una densidad extrema es peor que la muy baja propia de las periferias, la cuestión está en saber si el "espectro" óptimo, o mejor valorado, se encuentra más próximo a uno u otro extremo. Algunos creemos que las densidades típicas de cierta ciudad compacta, son preferibles porque el tipo de vida y relaciones que posibilitan tienen más estrecha relación con las capacidades psico-físicas de las personas: permiten “ver gente”, moverse sin intermediarios –coche-, interrelacionarse, una cierta independencia de tecnologías, etc. Por supuesto, la densidad es solo un dato y dependerá, por ejemplo, como se organice espacialmente, si de una forma más o menos humana.

Por último, comentar que más que en la cuestión formalista de si el poblamiento es disperso o concentrado, se trata de interpretar de si no estamos haciendo poblamientos “alien”, sin vinculación con el territorio, y con una muy débil con una posible comunidad urbana, ya que las relaciones tienden a establecerse en red y por mecanismos tecnológicos: estos hogares modernos son como terminales, conectados por las tecnologías y los vehículos, con otros sitios “convencionales”. La idea de espacio público se desvanece. En ese sentido, la vivienda aislada del norte, por ejemplo, tenía un fuerte arraigo con el territorio –del q p ej. extraía los materiales- y relación funcional con su entorno físico, a diferencia del chalet moderno. Esas familias, por lo demás, vivían en relaciones funcionales con las familias y comunidades de su entorno, al menos de forma mucho más intensa de lo que sucede en un barrio de adosados actual.

Esta artificialización y desarraigo de la instalación o dispositivo contemporáneo –ya sea de viviendas, ya de centrales de energía, ya de cualquier actividad humana- respecto del territorio, y la dislocación de actividades humanas en funciones simples –por ejemplo, como se dice aquí, se disocian las áreas de producción y de consumo a escala global- la hemos tratado, por si interesase a alguien, aquí, en el blog de Melissa:

http://www.melissaconsultoria.com/2012/09/17/energía-territorio-y-paisaje-sinergias-y-disarmonías/

Gracias

Ignacio de Frutos dijo...

No creo que el contacto con la naturaleza reduzca el stress. Más bien diría que por primera vez desde que el hombre es hombre, desde que surgió el homo sapiens sapiens (hace unos 200.000 años), su contacto con los ciclos naturales ha sido siempre directo e inmediato y está enraizado en la base misma de su ser más profundo. Asistimos al primer momento en muchas decenas de miles de años en el que la especie humana ha sido despojada de esa relación inmediata con, llamémoslo, el entorno natural. Es obvio deducir que esa situación está suponiendo un proceso de adaptación casi traumático. El peaje que hay que pagar para vivir en las grandes ciudades en muchas ocasiones es demasiado alto.

Me interesa profundamente ese concepto de bioregión. Quiero ahondar un poco más en él. Me entusiasma la posibilidad de reordenar el territorio de una manera más eficiente. Integrando todas las escalas, desde las grandes metrópolis hasta las aldeas más pequeñas. Ay! ese mundo rural tan olvidado. En el imaginario colectivo se sigue relacionando lo rural casi exclusivamente a actividades agrícolas y ganaderas. Y hoy, con una conexión a Internet de banda ancha, en la aldea más recóndita de Castilla, de Asturias (o de donde sea) se tiene acceso a casi, casi, casi tanta información y se tiene acceso a tanta comunicación como en el centro de Manhattan. Comprar libros, acceder a las redes sociales, descargar artículos científicos, hablar con mi hermano que vive en Taiwan, intercambiar emails y tener reuniones online con clientes y compañeros de trabajo. ¿Por qué debo hacer todas esas actividades en mi apartamento carísimo y pequeñísimo en el centro de una gran ciudad ruidosa y atestada de gente y no en una casa en un pequeño pueblo a 70, 80 o 100 km de una gran ciudad, (y mucho mucho menos de una ciudad mediana) a la que puedo acceder en coche, si me organizo bien la agenda, 2 o 3 veces al mes? Evidentemente ni todo el mundo puede (ni quiere) irse a vivir a una ciudad pequeña (menos de 5000 hab.), a un pueblo o a una aldea). Pero con una política eficiente y activa de recuperación del mundo rural, donde se proporcionaran, poco a poco y paulatinamente, servicios y dotaciones a sus habitantes (empezando por una buena conexión a Internet, hoy inexistente), es probable que surgiera un interés creciente en una vuelta al campo como lugar ya no exclusivo de actividades agrícolas y ganaderas. ¡Cuánto trabajo apasionante para arquitectos (rehabilitando y construyendo con cabeza), urbanistas y planeadores del territorio! Se recuperan zonas muertas o quasi abandonadas y se descongestionan grandes áreas metropolitanas.
Evidentemente aquí en España esto ni nos lo planteamos. Planificar territorios, bioregiones, etc supone colaboración y entendimiento entre comunidades autónomas. Y en este país eso es impensable. En Francia al menos han tratado de dar un impulso a estos asuntos por medio de la DATAR (Délégation à l'aménagement du territoire et à l'action regionales). Aunque imagino que con la coyuntura actual las prioridades son otras.
José, como siempre gracias por sus artículos y el gran tiempo que dedica a ellos de una manera desinteresada. Esté para mi ha sido profundamente inspirador.
Hasta pronto

José Fariña dijo...

Ignacio: no es una cuestión de creencias. Está verificado que la recuperación de las puntas de estrés en zonas verdes es el doble de rápida que en áreas cementadas. Otra cosa distinta es la causa de qué esto ocurra. Probablemente lo que apuntas sea cierto y esa separación traumática a la que aludes tenga mucho que ver.
Respecto al tema de la bioregión si estoy de acuerdo contigo en su interés desde el punto de vista de organización del territorio. En lo que, probablemente, discutiríamos (hace mucho que no nos vemos y discutimos) es en lo referente al modo de vida. Ya conoces mi teoría sobre la imposibilidad de una vida "campestre" con las comodidades de la ciudad. Es, simplemente imposible (económica y ecológicamente), por ejemplo, tener un hospital a media hora de cualquier punto del territorio. Y quien dice un hospital, dice agua corriente, saneamiento, energía, fibra óptica... Ya me entiendes. Me parece bien que algunos decidan irse a vivir al campo, pero no viviendo como en una ciudad. La cuestión del modo de vida y el lugar donde se vive no es en absoluto irrelevante.

Ignacio de Frutos dijo...

José,

yo creo que estamos de acuerdo pero lo decimos de manera distinta. Estoy totalmente de acuerdo que los niveles de stress se reducen en áreas verdes y abiertas, es decir, donde hay un mayor contacto directo con el medio natural. Lo que me refería es que es una pena que hayamos optado por un modelo de asentamiento que en su misma concepción nos produce stress. Respecto al resto de su contestación sigo teniendo muchas dudas al respecto y numerosas discrepancias. Lo mejor es que algún día pudiéramos charlar al respecto ya que me parece un tema apasionante.

Un abrazo grande. Ignacio

José Fariña dijo...

Ignacio: tienes razón en que hay que discutirlo. Me parece que se trata de un debate clave en la organización de los futuros territorios. Cuando te pases por el despacho podríamos dedicar un tiempo al análisis de las ventajas e inconvenientes de poblar el campo por urbanitas. Puede ser una discusión sustanciosa (me relamo ja ja).

Javier Gullón Altadill dijo...

Sencillamente apasionante este tema. Creo que no se está haciendo una lectura adecuada de la crisis que actualmente vivimos. Para mí, en definitiva, se trata de una auténtica crisis cultural que solicita nuevos paradigmas. Quizá ya no tenga sentido la sobreocupación urbana y sea necesario repensar lo rural como medio de producción arraigado en cada zona que, particularmente, supondría también un atractivo turístico ...