
Lo que ya se intuía viene refrendado por los números. Así como las proporciones de viario, edificación y espacios libres es muy similar (las pequeñas diferencias las explica muy bien Miguel en el texto), donde aparecen las diferencias verdaderamente importantes es en la relación público / privado. La progresiva privatización de los espacios libres de las áreas urbanizadas (me resisto a llamarlas ciudades) y su conversión en nichos de relación entre iguales aparece de forma diáfana con los números que se muestran. Los espacios libres públicos en los desarrollos unifamiliares se reducen de forma dramática. Ahora no estamos hablando de las causas, ni tan siquiera de su pertinencia o no. Simplemente es así.
Los otros dos cuadros que he extraído del trabajo se refieren a la ocupación de suelo para usos públicos: espacios libres (solo los de titularidad pública), equipamientos deportivo (de uso publico) resto de los equipamientos públicos y viario. Y estos metros cuadrados se han puesto en relación con cada 100 m2 edificables y con cada vivienda.


Hay que hacer notar que esta distribución aparece en su mayor parte por las determinaciones propias de la legislación urbanística (es decir, no es imputable al equipo que ha redactado los planes) pero desde una perspectiva de eficiencia ambiental esto resulta indiferente. Las diferencias entre las relaciones por cada 100 m2 y por vivienda se explican sencillamente por las mayores dimensiones medias de las unifamiliares. Si ya es complicado de sostener la necesidad de ocupar el doble de suelo para viario cuando analizamos la relación entre m2 por cada 100 m2 edificables, el caso de los m2 necesarios por vivienda en todos los usos es, sencillamente, escandaloso.
Probablemente la construcción de viviendas unifamiliares tenga ventajas tanto para los promotores como para los residentes en ellas, pero al otro lado de la balanza es imprescindible poner los inconvenientes para poder sopesar más equilibradamente su utilidad y sus costes. Con ello no quiero decir que deba proscribirse esta tipología ni tratar a sus moradores como apestados (yo mismo sería uno de estos apestados) sino empezar a introducir en su valoración otros elementos hasta ahora no tenidos en consideración. A la vista de estos números, y de otros análogos que van apareciendo en cuanto alguien se toma la molestia de mirar, resulta imprescindible repensar muchas cosas. Y una de las que más urgen es el sistema de planeamiento.
Bien, para no terminar de forma muy seria y trascendental os recuerdo: esto prueba que, el niño y el anciano, conviene que se acuesten muy temprano.