domingo, 4 de noviembre de 2007

Áreas perceptivas 2: delimitación

Dando por buenas las propuestas de Kevin Lynch sobre el mapa mental de la ciudad planteamos un sistema organizado en tres niveles. El primero estaría constituido por una serie de puntos singulares (incluso áreas de pequeñas dimensiones que se comportaran como tales) que básicamente funcionarían como identidades de reconocimiento y, en algunos casos, como símbolos. Luego, en segundo lugar, toda una red de recorridos que unirían entre sí los puntos singulares y que servirían de orientación, garantizando la accesibilidad de las referencias. Y, por último, un tercer nivel que llamaríamos “áreas perceptivas” y que sería el encargado de rellenar los espacios entre recorridos constituyendo el sustrato del paisaje urbano. Entendemos las áreas perceptivas como zonas de nebulosa (imágenes poco precisas) que se sitúan a los lados de los recorridos cuando el sujeto se desplaza de una referencia a otra en la ciudad. Este carácter borroso hace que solamente destaquen algunos de sus rasgos. Incluso puede ocurrir que el sujeto ni tan siquiera se haya adentrado en ellas y su imagen sea la correspondiente a la fachada del recorrido o, como mucho, a lo que ve de las calles transversales.

 Los parques suelen marcar límites a las áreas perceptivas  google sw

Desarrollo del trabajo

Nuestro trabajo comenzó por detectar las referencias. Los mojones (o nudos, según las traducciones) de la propuesta de Lynch no se correspondían exactamente con nuestros puntos singulares ya que también, en parte, los nodos compartían estas características. De forma que los llamamos puntos – ancla ya que su labor básica es de reconocimiento y son los apoyos imprescindibles para que los recorridos sirvan como ejes orientadores. La identificación de estos puntos es básica ya que constituyen los cimientos de todo el entramado mental de la ciudad. Se nos ocurrieron varias técnicas para detectarlos. Utilizamos una mezcla de centralidades y lugares de máxima frecuentación turística (que era la más barata ya que el presupuesto era verdaderamente exiguo).

Puntos - ancla

La detección de los recorridos constituyó la segunda parte del proceso. Los recorridos nos parecían esenciales en la vivencia de la ciudad porque, en realidad son los encargados de organizarla. Permiten orientarse, desplazarse y tener una idea global o de partes importantes de la misma. Su análisis y caracterización resulta determinante, no sólo para mejorar la legibilidad urbana sino para conseguir un funcionamiento más eficiente. Por supuesto que los recorridos dependen esencialmente del medio de transporte. Sin embargo, las diferencias perceptivas entre sistemas de transporte en la calle – corredor (que era en la que estábamos trabajando) convergían de forma muy evidente. Así que estas diferencias se difuminaban hasta casi desaparecer. Esto nos permitió plantear la identificación de recorridos basada en flujos peatonales y de transporte privado y colectivo (excluido el metro cuyas paradas entendíamos que, en todo caso, funcionan como referencias) considerados conjuntamente. Así planteado el tema fue relativamente sencillo determinar las calles de mayor flujo que unían entre sí los puntos – ancla.

Recorridos

Una vez identificados los puntos – ancla y los recorridos sólo quedaba acotar las áreas perceptivas. Esto se hizo dividiendo los recorridos en tramos (entre intersecciones) y realizando una ficha por tramo, tratando de anotar las características perceptivas de lo qué había a cada lado del tramo. Como resultado del análisis de las fichas estábamos ya en condiciones de afirmar si cada tramo se comportaba como un separador o una travesía.

Básicamente un separador tenía “cosas diferentes desde el punto de vista perceptivo” a ambos lados, mientras que una travesía tenía “cosas parecidas”. La verdad es que la detección de estas “cosas diferentes o parecidas desde el punto de vista perceptivo” no fue tan sencilla. El método incluía un análisis morfotipológico de los tejidos, un estudio de su evolución histórica y un estudio basado en las fichas de percepción (que incluía la actividad real que se producía en la zona) realizadas mediante trabajo de campo, tramo a tramo. También se hizo un estudio fotográfico muy elaborado que permitió completar en equipo el análisis perceptivo y que luego posibilitó la validación mediante una encuesta de relación entre fotos realizada a cuarenta participantes. Por último, se grafiaron las áreas perceptivas simplemente dibujando los recorridos que se comportaban como separadores y eliminando las travesías.

Áreas perceptivas

El resultado final fueron 16 áreas que organizaban perceptivamente el centro de Madrid (conjuntamente con puntos – ancla y recorridos). El resultado de la validación fue positivo lo que confirmaba, tanto la existencia de las dieciséis áreas como la metodología adoptada. En realidad el trabajo era una primera aproximación ya que, además de las áreas perceptivas se detectaron sub-áreas y hubiera sido necesario algo más de tiempo (y medios) para saber su carácter y significado.


1 comentario:

Sálvora Feliz Ricoy dijo...

Siempre me ha parecido muy atractiva la relación que existe entre la morfotipología de una ciudad y las áreas perceptivas, y las no-coincidencias que pueden existir entre ellas. De hecho, lo asumo como una evolución histórica de la ciudad donde (y me refiero a las ampliaciones más recientes y no al casco antiguo), se establece una morfología, que se rellena constructivamente con unas tipologías que, dependiendo de las tendencias de la época y de las decisiones del arquitecto, se decantan por un tipo de estética y otra. Lo entiendo como una sucesión de etapas que el ciudadano suele vivir como un conjunto, y como tal, en algunas ocasiones éste se vive no tanto como una contigüidad de áreas perceptivas sino por la sucesión de una a otra, lo que dificulta la delimitación de determinadas sucesiones con un solo recorrido.

Sálvora Feliz Ricoy