martes, 27 de enero de 2009

Paisaje desde mi habitación

Durante unos días he estado recluido en la habitación de un hospital madrileño. Quien haya estado en esta situación ya puede comprender que no se trata de un sitio demasiado animado. Afortunadamente la habitación que me tocó en suerte tenía un enorme ventanal (casi toda la pared) desde el que se veía un panorama extraordinario de la Sierra de Madrid. De forma que la situación de poder observar desde la cama, el sofá o dando un paseo, semejante vista constituía la mejor terapia para alguien que ama el paisaje. La apreciación no era solamente mía. Todo el que se acercaba a visitarme (poca gente porque mis amigos ya saben que no me gustan las visitas cuando estoy enfermo) antes de decirme si tenía buen o mal aspecto, cómo me encontraba, etc., indefectiblemente hacían referencia a las maravillosas vistas. No es que tuviera celos de tan extraordinaria visión pero alguna vez, incluso llegué a cerrar las cortinas para que las visitas se fijaran en mi.

El paisaje como terapia, la Sierra de Madrid, de Carlos Sieiro

Además me ingresaron justamente después de las grandes nevadas que se produjeron en toda España y la verdad es que la Sierra estaba esplendorosa. Luego, la niebla, las nubes corriendo a toda velocidad, el sol… El espectáculo fue maravilloso (ya en casa, casi me están dando ganas de volver). Bien, el caso es que me pareció imprescindible “inmortalizar” la situación haciendo una serie de fotografías que me recordaran para siempre el espectáculo. Pero el resultado fue desconcertante. En realidad, la Sierra sí que se veía, pero era una parte bastante pequeña del fotograma (y eso que las fotos las hice desde la terraza y no desde el interior de la habitación) y, además, quedaba como “sepultada” bajo una masa de elementos artificiales que, en realidad, constituían la parte esencial de lo fotografiado.

Paisaje desde mi habitación

Después de ver las fotos volví a mirar tras el cristal. Era evidente que ni yo, ni mi familia, ni las visitas, habíamos visto la realidad del panorama a través del gran ventanal de mi habitación. Habíamos visto lo que queríamos ver. Es decir, habíamos eliminado una parte importantísima de la “fotografía” para quedarnos sólo con la parte “agradable”. Porque aquello tenía tres planos, y sólo el plano lejano había sido objeto de nuestra consideración. Tanto el primer plano como el plano medio, sencillamente los habíamos despreciado. La razón estaba bastante clara y tiene que ver con algunas cuestiones perceptivas que me gustaría debatir un poco. Se trata, una vez más, de presupuestos básicos del paisajismo, sobre algunos de los cuales ya he escrito en entradas anteriores.

El plano lejano

En realidad, si uno observa el primer plano puede decirse que la calidad arquitectónica no es muy evidente (¡). Se trata de una zona de servicios del hospital en la que se amontonan extractores, aparatos de aire acondicionado, tuberías de saneamiento y otros elementos de parecido interés y que se caracterizan, ante todo, por su belleza peculiar (lamento ser tan irónico pero, después de haberme percatado de que la vista de la Sierra iba acompañada indefectiblemente de este muestrario de instalaciones se me atragantó un poco). Pero este primer plano para la mayor parte de los espectadores del paisaje serrano sencillamente se obviaba.

Primer plano “arquitectónico”

Lo mismo se podría decir respecto al plano medio en el que se distinguían en una mezcla absolutamente anárquica y azarosa entre otros elementos igualmente bellos: un mástil de iluminación con, al menos 12 focos; una gran torre del tendido eléctrico con los cables correspondientes; la antena repetidora de móviles; un enorme anuncio de venta de un solar con sus vallas de cerramiento; las vías del tren; la M-40; decenas de báculos de iluminación; una parada de autobús; unos pocos árboles perdidos en el mar de “ruido” urbano.

Plano medio urbano

Se podría decir que el acto perceptivo de apropiarse de un paisaje es propio de cada individuo pero tiene pautas comunes en todos los que lo observan. Sin estas pautas comunes la existencia del “paisajista” tal y como se entiende no tendría razón de ser. El descubrimiento de estas pautas comunes ante un paisaje es lo que se le pide al profesional. Una de ellas es, precisamente, el hecho de ver “sólo lo que se quiere ver”. Ello no quiere decir que el resto de la escena no quede grabada (por lo menos subconscientemente) en la memoria. El hecho de que a veces se vea sólo lo bello y otras sólo lo feo probablemente dependa de la circunstancia en la cual se encuentre el espectador. Aquellos que hayan leído otras entradas sobre paisaje en este blog ya conocen mi teoría sobre la necesidad de que el sujeto se ponga en actitud contemplativa ante el objeto para que se pueda decir que estamos ante un paisaje. Y que esto es lo que corrientemente sucede ante un paisaje de naturaleza.

La ciudad como escenario: ágora de Atenas, de dearqueología

Pero ya no lo es tanto ante un paisaje urbano en que el sujeto se encuentra más en el papel de actor. De los tres planos que componían el panorama que veía desde mi habitación, el primer plano era claramente arquitectónico, el plano medio urbano y el lejano de naturaleza. Respecto al primer plano era evidente que, tanto los visitantes como yo mismo lo considerábamos como escenario donde se desarrollaba un rol: el mío como enfermo y el suyo como visitante de enfermo. El segundo tenía casi las mismas características lo que implicaba que se veía como el sitio donde se desarrollaba el rol ciudadano, y sólo el tercero se consideraba como paisaje. Por eso todos hablábamos del maravilloso paisaje que se veía desde mi habitación. Es que, tanto el primer plano como el medio, no los considerábamos como formando parte del mismo. Eran sencillamente escenarios más o menos adecuados para desarrollar nuestros roles ciudadanos en los que la belleza tenía un puesto secundario. Puesto que sobre el plano lejano había poco que decir (aparte de su belleza y otras consideraciones paisajísticas ya muy estudiadas y sabidas) me centré en el análisis de los planos cercano y medio. La pregunta sería ¿por qué en estos casos la vista se entiende como un escenario urbano y no como un paisaje urbano? Dicho de otra manera ¿por qué el sujeto se pone en actitud de actuar (desarrollar un rol) y no de contemplar (desarrollar el rol específico de admirar estéticamente una porción del territorio)?

La ciudad como paisaje: Salzburgo, de Juan

Lo que voy a decir ahora es, sencillamente, una intuición, una hipótesis de trabajo que habría que demostrar pero que, probablemente explicaría, por lo menos, este caso. La respuesta podría ser que, ante un encuadre urbano o arquitectónico normalmente el ciudadano (un urbanita en un tanto por ciento muy elevado de casos) tiende a ponerse en actitud de actuar. Es decir, que el encuadre se ve como el escenario donde actúa normalmente. Sólo tiende a ponerse en actitud de contemplar si ese escenario le resulta muy desconocido (y, por tanto, ajeno) y, además, bello. Los escenarios ajenos y feos no tienden a verse como paisajes (es decir, el sujeto no se pone en actitud contemplativa ante ellos) sino como escenarios de inseguridad o de indiferencia para desarrollar su papel ciudadano.

Ciudad, escenario y paisaje: Paseo del Prado, Madrid, de skyscrapercity

Ante un territorio urbano el paisajista (aparentemente) debería considerar dos aspectos: la adecuación de ese territorio para desarrollar eficientemente el rol ciudadano del sujeto y su embellecimiento para que pudiera plantear su contemplación como paisaje. Tradicionalmente ambos aspectos han correspondido a profesiones distintas: el primero a los planificadores, urbanistas, ingenieros y diseñadores urbanos; y el segundo a los paisajistas. Pienso que no debería ser así por múltiples razones que, algún día, trataré de explicitar en otra entrada del blog. Pero el hecho real es que suele suceder de esta manera. Probablemente la excepción sea el campo del diseño urbano, normalmente en manos de arquitectos (a los que suelen mover, además de la eficacia y la eficiencia, la belleza) que normalmente intentan, aunque no siempre de forma explícita, aunar ambos aspectos, escenario y paisaje, en un único proyecto.

La ciudad crea el paisaje: Toledo según El Greco, de wikipedia

La diferencia, por tanto, entre el paisaje de la naturaleza y el paisaje urbano es muy importante pero no tanta como puede parecer. Depende, esencialmente, del sujeto perceptivo. Porque el sujeto perceptivo del paisaje de naturaleza también puede considerarlo como un escenario donde desarrolla su rol (de agricultor o ganadero, por ejemplo, pero también de alpinista o promotor turístico) en cuyo caso su actitud ante el mismo no es precisamente contemplativa. A lo largo de este blog se puede ver mi interés por planteamientos paisajísticos a través del sujeto más que desde el objeto, porque entiendo que esta es la forma genuina de enfrentarse al tema por parte de un paisajista. Ello no quiere decir que se deba de despreciar al objeto (al contrario). Pero el campo de estudio del objeto debería estar más centrado, probablemente, en otras profesiones que lo analizan más particularmente. Por ejemplo, en el caso de la naturaleza: ecólogos, biólogos, naturalistas, ingenieros de montes o agrícolas. Y en el caso de la ciudad: planificadores, arquitectos, urbanistas, gestores o ingenieros. La realidad, naturaleza o ciudad, es compleja y global y los acercamientos parciales a la misma deberían ser sustituidos por otros de carácter más holístico e interdisciplinar para no cometer errores, muchas veces, irreparables.


7 comentarios:

zu dijo...

¡Hola José!
Me enteré de tus problemas de salud y de que ya estás con ganas de incorporarte. Señal de que todo ha ido bien, eso espero y me alegro. Te envío un abrazo muy fuerte desde mi esquina entre paisajes.
¿Cómo podría adjuntarte una foto de las vistas desde mi estudio en Vitoria? Es un ventanal en chaflán. El paisaje, al igual que "desde tu habitación", tiene un primer plano arquitectónico, uno medio de escenario urbano y tres planos lejanos (uno para cada ventanal) en los que contemplo Olárizu, Los montes del Sur de Vitoria, y la Sierra de Badaya al Oeste (a esto hay que sumarle las puestas de sol), todo un privilegio teniendo en cuenta que vivo en el centro.
En este caso el primer plano es escenario doméstico de cotidianeidad, donde el espacio del estudio se amplía para formar parte de los salones y cocinas de los habitantes de esos espacios, directamente es el paisaje-escenario donde vivo. Una sensación sumamente agradable me invade al sentir a la gente descansando en sus hogares, junto a sus televisores, cocinando sus cenas tras un día largo de trabajo. Concepto de escenario que vivo y en el que estoy a gusto en la medida que estos habitantes lo están. Sensación de seguridad.
A partir de aqui el escenario urbano, plano medio, es sólo un acompañamiento de estos espacios, su parte exterior.
Y, finalmente, el único paisaje que contemplo como tal, es aquel que pertenece al medio natural, lejano. Que siento tan cerca, con el que me oriento, con el que percibo el paso del tiempo, las estaciones, las grandes nevadas de estos días. En mi caso, este es el paisaje con el que me relaciono con el exterior, con el aire libre.
Cuando pienso en salir a la calle es hacia ese paisaje donde me dirijo.
Me alegro mucho de que vuelvas a estar entre nosotros, y espero pronto hacer una escapada a Madrid y poderte hacer una visita.

Carolina dijo...

Veo que establece una diferencia muy marcada entre paisaje urbano y escena urbana que no acabo de entender muy bien y de la que no encuentro referencias en ningún lugar ¿sería posible que la explicara un poco más? Me interesa mucho porque estoy haciendo una tesis de grado sobre vocabulario del paisaje. Este blog me resulta de una gran profundidad, afortunadamente no se parece a otros que se limitan a incluir bonitas imágenes y textos para leer en medio minuto. Gracias.

José Fariña dijo...

Zu, que suerte tienes con las vistas desde tu estudio. Aunque en Vitoria, la verdad, es que muchas habitaciones tienen vistas maravillosas porque, hasta ahora, ha conseguido mantener una elevada proporción de naturaleza "bien colocada" en el tejido urbano, tanto el plano lejano, como en plano urbano medio. A ver si me recupero pronto y aparezco un día por ahí. Un abrazo.

Carolina, a lo largo de este blog he explicado en varios sitios esta distinción entre paisaje y escena. Pero voy a intentar resumirla. Para mí la "escena", que casi siempre es urbana y casi nunca de naturaleza, es el lugar donde la persona desarrolla su rol específico, de ciudadanía, trabajo, estudio o diversión. Y, por tanto, debe responder a estos requisitos. Sus valores son la eficacia y la eficiencia. También puede haber "escenas de naturaleza" ya que hay trabajos, diversiones, etc., que se desarrollan en el medio natural. Para que un lugar cambie de "escena" a "paisaje" tiene que producirse una actitud de contemplación por parte del sujeto. Es decir, el sujeto se libera de todos los roles que desarrolla en o ante el objeto y se queda, únicamente, con el de contemplar. En este caso su valor es la belleza. Es mucho más difícil que esta actitud se produzca ante un objeto urbano que ante uno de naturaleza. Por eso, muchas veces, cuando se habla de paisaje urbano, en realidad estamos hablando de escena urbana. No sé si habré sido suficientemente claro pero trataré, en un próximo artículo, de desarrollar este tema algo más ampliamente. Me alegro que te guste el blog, bienvenida.

Federico García Barba dijo...

El problema que tenemos con el tratamiento del paisaje es que estamos ante un concepto confuso y que tiene aproximaciones muy diversas.
En una época en que todas las disciplinas técnicas e intelectuales quieren participar en los procesos de decisión se vuelve algo complicado discernir cuales son las razones y técnicas más relevantes para que sean esas las que lleven la voz cantante. Cuando quieren intervenir en la gestión y diseño del paisaje arquitectos, ingenieros, geógrafos biólogos, abogados etc. y si seguimos más allá, antropólogos, artistas, escritores y comunicadores de todo tipo, aviados vamos.
En principio, me parece bien la distinción de que en los espacios más vírgenes y naturales deben decidir los especialistas, ecólogos, ingenieros de montes, etc. y en la escena urbana deben de llevar la dirección los de nuestro gremio, urbanistas y sobre todo, esa nueva profesión que surge en nuestro país, los diseñadores del paisaje en la ciudad. Es decir, aquel landscape architect americano que se dedica a la formalización de plazas, calles, parques, etc.
En Holanda, existe todavía un rango intermedio entre el planificador y el paisajista que es el urban designer, aquél que establece los parámetros básicos de aprovechamiento edificatorio y también, las formas generales del espacio público.
El problema es que en nuestro país no se tiene claro que categoría profesional es la adecuada para abordar estas cuestiones y se las disputan especialistas en jardinería, arquitectos, ingenieros agrónomos, biólogos, etc.
Creo que la componente artística o estética es fundamental y no se reconoce habitualmente. De todo ello, y de la actual tensión generada por el asunto ese de Bolonia, creo que se debería debatir sobre estas cuestiones para aclarar que tipo de perfiles profesionales serán necesarios en el futuro.
Me alegro que estés de vuelta para conversar de estas cosas.

Alfonso dijo...

¿Está usted ya de vuelta? Ojalá, es ud. muy NECESARIO.
El post da que pensar. Y yo seré un poco rebuscado para variar.
Si desde que los tomates perdieron su aroma brotó la oferta exclusiva de los productos "orgánicos", o desde que nuestro olfato decidió atrofiarse la "aromaterapia" es un producto comercializable y rentable, pues entonces no cabe duda de que si alguien por fin considera el paisaje de la habitación de hospital como merece, ése hospital cobrará extra por ello. Pero nos queda el consuelo de que:
1.-el paisaje no es 100% controlable más allá de la parcela que nos ocupe, por lo que la profundidad será una entelequia a resolver mediante recursos escenográficos con mayor o menor fortuna.
2.-también quien se encargue de proyectar un hospital público podrá tener esto en cuenta, afortunadamente.
3.-por fin una utilidad posible para ciertos suelos no urbanizables: proteger el paisaje de parcelas vecinas destinadas a usos con ciertos condicionantes. ¿Es una servidumbre gratuita o gravable? En cualquier caso quien busca terreno para un nuevo hospital confiemos en que lo considere, porque eso es Urbanismo.
Oiga, le queremos recuperado, en su línea y por muchos años.

José Fariña dijo...

Gracias a todos por vuestros ánimos. Y no sólo a los que lo habéis manifestado en estos comentarios sino a los que os habéis puesto en contacto conmigo a través de correos, teléfono, cartas o mensajes. Todavía me queda un postoperatorio largo y latoso, pero lo peor ya ha pasado. Progresivamente me iré reincorporando a la vida normal (empiezo mañana), a las clases, a las conferencias, a los viajes. Pero, de momento el médico no me deja ir tan rápido.

Federico, estoy de acuerdo en que la componente estética está frecuentemente despreciada en los análisis de paisaje (sea urbano o natural) siendo la base del concepto. Dice el Diccionario de la Real Academia respecto al paisaje: Extensión de terreno que se ve desde un sitio; Extensión de terreno considerada en su aspecto artístico; Pintura o dibujo que representa cierta extensión de terreno. Desde mi punto de vista la segunda acepción en la clave para entender algunas cosas. El problema es que, tradicionalmente, los arquitectos (educados para lidiar con los aspectos estéticos y artísticos de la realidad) se han mantenido muy alejados del paisaje. En el caso del paisaje natural por su falta total de conocimiento de los procesos y conceptos que sustentan el territorio de la naturaleza (otros profesionales con menos escrúpulos y sin tener tampoco ni idea de las cuestiones estéticas se han atrevido con ello). Y en el caso del paisaje urbano porque, directamente, les interesaba más la escena urbana mucho más cercana al entendimiento tradicional de la arquitectura. No propugno que el paisajismo quede en manos exclusivamente de arquitectos pero se trata del típico campo transversal en el que muchos profesionales son necesarios (también arquitectos).

Alfonso, pienso que la construcción de hospitales tiene mucho que mejorar. Y no sólo las vistas desde las habitaciones. Ahora que mi relación con ellos es la de usuario me doy cuenta cuantos errores cometemos los arquitectos. Por ejemplo ¿ningún arquitecto ha pensado que cuando un enfermo va en camilla, está en la cama, le someten a un tratamiento de radioterapia o le hacen una resonancia y se pasa horas y horas acostado sólo ve los techos de las habitaciones? ¿por qué todos los techos son absolutamente deprimentes, llenos de luces que deslumbran y obligan al enfermo a cerrar los ojos si quiere sobrevivir? ¿no le han dicho nunca que se trata de un sistema de tortura muy utilizado? Podría seguir así horas y horas pero no creo que merezca la pena. Como muestra basta lo dicho.

wiener dijo...

Ring de Viena. 16 de Febrero de 2008
Quería subir una fotografía que tomé esta misma mañana, pero parece ser que no puedo. La imagen correspondería al Ring de Viena, en la parte correspondiente al Hofburg (el Burg Ring), y aparece todo nevado. (Hoy ha amanecido todo blanco, y lleva nevando todo el día, con ventisca; de hecho, aún sigue.)
Quería decir acerca de la nieve que es curioso el efecto que hace sobre el paisaje; sería interesante debatir la fusión de planos que hace tan alucinante. Desaparecen bordillos, aceras y mobiliario, y empieza a haber una continuidad del primer plano al fondo. De la superficie habitable a los tejados, y al cielo encapotado.
¡Qué sabia la naturaleza! cuando te da un clima frío y con poco sol, te da la nieve que refleja hasta el infinito la luz quebrada del invierno.

Gute besserung.
Álvaro