domingo, 11 de marzo de 2012

Franzen, libertad, y la reinita cerúlea

Cenando hace unos días en Vitoria-Gastéiz con Elena, Luis y Rebeca, no se sabe muy bien cómo terminamos hablando del último libro de Franzen titulado, en español, Libertad. Pero, sobre todo, hablamos de las contradicciones con las que vivimos la mayor parte de nosotros y que se van agudizando conforme termina este período histórico y no acaba de alumbrar el nuevo. Me comprometí a escribir un artículo en el blog sobre el tema y les anticipé que en el título iba a figurar la reinita cerúlea. Los tres me insistían que, en lugar de la reinita cerúlea debería de figurar la Berula erecta, planta en peligro de extinción incluida en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas. No les he hecho caso, porque de habérselo hecho me habrían destrozado un título tan bonito (una reina chiquitita y, sobre todo cerúlea, siempre queda aparente, y el término erecta en el título de un artículo es demasiado explícito sexualmente) y me habría llevado a otros campos lejanos a los de Franzen que eran mi objetivo. Pero, en compensación, reproduzco en la imagen siguiente una foto del banco de germoplasma del Jardín Botánico de Olarizu que es, precisamente, de la Berula erecta.

Berula Erecta, banco germoplasma, Jardín Botánico de Olarizu

Creo que la primera vez que aparece de forma extensa la reinita cerúlea en el libro de Franzen es cuando Walter (nuestro protagonista, la novela tiene muchos otros personajes) junto a Lalitha, intenta convencer a Katz, famoso rockero y su amigo del alma, de que les ayude en un proyecto que tienen pensado y al que luego me referiré: “Una camarera (nada del otro mundo, Katz ya la conocía y la había descartado) les tomó nota de los cafés, y Walter empezó a contar la historia de la Fundación Monte Cerúleo. Vin Haven, explicó, era un hombre muy poco corriente. Él y su mujer, Kiki, eran unos apasionados amantes de las aves que casualmente también eran amigos personales de George y Laura Bush y Dick y Lynne Cheney. Vin había acumulado una fortuna de nueve cifras perdiendo dinero provechosamente en pozos de petróleo y gas de Texas y Oklahoma. Rondaba ya cierta edad y, como no había tenido hijos con Kiki, había decidido pulirse más de la mitad de la pasta en la preservación de una sola especie de ave, la reinita cerúlea, que, precisó Walter, no sólo era una criatura hermosa, sino además el ave canora en más rápido declive en América del Norte”. Aunque a Katz la tal reinita cerúlea no le impresionó demasiado (al verla en el folleto que le alargó Lalitha le pareció un ave anodina, azulada, pequeña y sin inteligencia), Walter continuó animadamente la explicación.

Reinita cerúlea, Wikimedia

“La reinita cerúlea, explicó Walter, se reproducía exclusivamente en los bosques caducifolios maduros de clima templado, y su principal bastión se hallaba en los Apalaches centrales. Existía una población especialmente saludable en el sur de Virginia Occidental, y Vin Haven, gracias a sus vínculos con la industria de la energía no renovable, había visto una oportunidad de asociarse a las compañías mineras del carbón a fin de crear una gran reserva privada permanente para la reinita y otras especies amenazadas que anidan en árboles caducifolios. Las compañías mineras tenían motivos para temer que la reinita pronto apareciese en la lista de animales amparados por la Ley de Especies en Peligro de Extinción, con nocivos efectos para su libertad de talar bosques y volar montañas. Vin creía que era posible convencerlas de que ayudaran a la reinita, a fin de evitar la incorporación del ave a la lista de Especies Amenazadas y cosechar un poco de buena prensa, tan necesaria, mientras se les permitía continuar con la extracción de carbón. Y así fue como Walter consiguió el empleo de director gerente de la fundación. En Minnesota, cuando trabajaba para Nature Conservancy, había fraguado una buena relación con los grupos de presión mineros, y era por consiguiente una persona anormalmente abierta al compromiso constructivo con el sector del carbón”.

El reino USA de la reinita cerúlea, Predicting Bird Habitat Quality

Ya casi tenemos todos los elementos que configuran la primera parte de lo que quería explicar: un par de ecologistas, un millonario enamorado de la reinita cerúlea, la propia reinita cerúlea, las compañías mineras y Katz, un personaje aparentemente fuera de lugar pero fundamental para explicar en el libro la evolucion de la familia norteamericana (cosa que no es el objeto de este articulo). Veamos la situación uno. Como al millonario le gustaría conservar el pajarito en peligro de extinción los ecologistas van a intentar llegar a un acuerdo con las compañías mineras. Para ello se comprarán 25.000 hectáreas en Virginia Occidental que se constituirán en la reserva, además de una zona de contención. Para poder pagar todo ello habría que permitir la extracción de carbón en casi un tercio de la reserva. A pesar de que la explotación rentable era una locura ecológica, si posteriormente se acondicionaba de forma adecuada se podrían mitigar los daños y, además “la gran ventaja de una tierra con los recursos mineros ya explotados era que nadie volvería a excavarla”. Por otra parte estaba la cuestión de Colombia donde nuestro pajarillo pasaba el invierno. Walter se dedicó a comprar grandes extensiones de bosques andinos en peligro de desaparición. Debido a que los nativos tenían la extraña costumbre de calentarse con la leña de los árboles había que suministrarles estufas solares o eléctricas para sustituir a las tradicionales.

La reserva colombiana de la reinita cerúlea, ProAves Colombia

El tema lo resumía Walter en forma bastante concisa de la manera siguiente: “La cuestión es que la tierra sin edificar desaparece a tal ritmo que no tiene sentido esperar a que los gobiernos se ocupen de la conservación. El problema de los gobiernos es que los eligen mayorías a las que les importa un bledo la biodiversidad. Los multimillonarios, en cambio, sí suelen preocuparse por eso. Tienen un interés directo en evitar que el planeta se joda del todo, porque ellos y sus herederos serán los únicos con dinero suficiente para disfrutar del planeta. La razón por la que Vin Haven empezó a aplicar medidas conservacionistas en sus ranchos de Texas es que le gusta cazar las aves más grandes y contemplar las pequeñas. Un interés egoísta, desde luego, pero ahí sí tenemos todas las de ganar. A la hora de cerrar el hábitat para salvarlo del desarrollo urbanístico, resulta mucho más fácil convertir a un puñado de multimillonarios que educar al votante estadounidense, que está la mar de contento con su televisión por cable, su Xbox y su banda ancha. ‘Además, tampoco te conviene tener a trescientos millones de americanos paseándose por tus espacios naturales’ señaló Katz. ‘Exacto. Dejarían de ser espacios naturales’. ”

Admirando a nuestro pajarillo, Rutland County Audubon Society

Pienso que la situación número uno está claramente expuesta. He tardado un poco en llegar a este punto pero es necesario que mis lectores se sitúen cómodamente en la primera contradicción porque hoy el artículo va de contradicciones ecológicas, de contradicciones sostenibles e, incluso, de contradicciones ideológicas. De forma que, para conservar la reinita cerúlea es necesario permitir que la minería destroce el territorio, se queme carbón, se produzca CO2, se contribuya al calentamiento global y, de paso, algunos obtengan unos beneficios exorbitantes. Pero eso de ninguna forma es malo porque, en realidad, es mucho mejor que los ricos sean muy ricos (siempre que sean pocos) porque la huella ecológica que producen aunque consuman a tope es verdaderamente inapreciable al lado de la que puede producir la plaga de las clases medias aunque reciclen, ahorren energía, vayan en transporte público o coloquen sus millones de toneladas de bolsas de basura cada una en el contenedor correspondiente. Además, como bien le recordaba Katz a Walter “tampoco te conviene tener a trescientos millones de americanos paseándose por tus espacios naturales”. El que un ecologista bienintencionado pueda mantenerse medianamente cuerdo ante un panorama tan paradójico es bastante complicado y sólo posible recurriendo al alcohol o fumándose unos cuantos porros.

El paisaje ideal de la reinita, Predicting Bird Habitat Quality

Dadas la dificultades de ser ecologista contemporizando con una situación capitalista y neoliberal a tope uno podría pensar en volverse “sostenibilista” (la expresión es invento de Ricardo Aroca). Al fin y al cabo la sostenibilidad parece ser que está relacionada con la justicia intergeneracional, entre territorios, y social. Un “sostenibilista” lo tendría claro, la pérdida de la reinita cerúlea sería una simple anécdota al lado de los problemas del calentamiento global ¿para qué mantener un pajarillo anodino, azulado, pequeño y sin inteligencia, si todo el planeta se va al garete y no sólo desaparecerá la reinita cerúlea, sino también la no cerúlea, las personas y, probablemente, hasta las cucarachas? De forma que los ecologistas rama sostenibilidad (en el libro, supuestamente Jocelyn Zorn) cuando la compañía minera pretenda explotar, en su doble sentido de “extraer” y “explosionar”, el carbón de los campos de Virginia tratarán de impedir el paso a las máquinas y obreros al lugar, incluso enfrentándose con los ecologistas rama reinita cerúlea (nuestro protagonista Walter y su compañera Lalitha) que, sin entender nada de nada, piensan que ellos también son “de los buenos” y que todos, “aunque discrepemos en cuanto a los métodos, estamos en el mismo bando”.

El crecimiento de la población mundial

Vayamos a la situación dos. En realidad Walter en su juventud no estaba demasiado preocupado por la reinita cerúlea. Lo que de verdad le impedía dormir según Katz (su amigo del alma, y que luego le engaña con su mujer) eran otras cosas: “No recuerdo que te preocuparan tanto los pájaros cuando estábamos en la universidad. Por entonces, si la memoria no me engaña, el problema era más bien la superpoblación y los límites del crecimiento”. Walter le contesta que, precisamente, para eso le necesitan: “Verás, la depredación de nidos por parte de los cuervos y los gatos salvajes es una causa eficiente del declive de la reinita. Y la fragmentación del hábitat es una causa formal de eso mismo. Pero ¿cuál es la causa final? La causa final es el origen de prácticamente todos nuestros males. La causa final es el exceso de gente en el planeta. Esto se ve sobre todo cuando vamos a Sudamérica. Sí, el consumo per cápita está aumentando. Sí, los chinos están chupando ilegalmente los recursos de esa zona. Pero el verdadero problema es la presión demográfica. Seis niños por familia frente al uno coma cinco. La gente se desespera para dar de comer a los hijos que el Papa, en su infinita sabiduría, les obliga a tener, y entonces se carga el medio ambiente”. Luego Lalitha remacha diciendo que debería acompañarlos a Sudamérica: “Vas por esas carreteritas, y te envuelven esos humos de escape espantosos de los motores de mala calidad y la gasolina demasiado barata; las laderas de las montañas están todas deforestadas, y las familias tienen todas ocho o diez hijos... Es penoso”.

Emisiones totales de CO2

Walter le entrega a Katz un gráfico de barras dibujado sobre un papel plastificado y sigue: “Sólo en Estados Unidos la población va a crecer un cincuenta por ciento en las próximas cuatro décadas. Piensa en lo saturadas que están ya las zonas residenciales de las afueras, piensa en el tráfico y la expansión urbanística y la degradación del medio ambiente y la dependencia del petróleo extranjero. Y a eso súmale el cincuenta por ciento. Y eso sólo en Estados Unidos, que teóricamente es capaz de mantener a una población mayor. Y luego piensa en las emisiones de carbono globales, y en el genocidio y la hambruna en África, y las clases marginadas radicalizadas sin porvenir en el mundo árabe, y la sobreexplotación pesquera de los océanos, los asentamientos ilegales de Israel, la ocupación del Tibet, los cien millones de pobres en el Paquistán nuclear: no hay casi ningún problema en el mundo que no se pueda resolver, o paliar enormemente al menos, reduciendo la población. Y sin embargo -le dio a Katz otro gráfico- en 2050 tendremos otros tres mil millones de personas”.

Evolución de la población mundial

Y ahora llega la contradicción sostenibilista. A Katz aquello ya le sonaba más como propio de Walter, que le contesta que efectivamente “en la universidad ése era un tema que desde luego me preocupaba. Pero después, en fin, yo mismo me dediqué a la reproducción”. Pero la contradicción no termina en que hubiera traicionado sus principios teniendo hijos con Patty, su mujer, cosa que disculpa históricamente por el cambio de la moda de “los límites del crecimiento” a la moda “verde” o con la presentación del movimiento estadounidense Crecimiento Demográfico Cero como xenófobo y racista. Ya situado en el momento actual (y enamorado de Lalitha) ante la afirmación de que esta pretende operarse para no tener hijos, y después de una ardua lucha consigo mismo le pide que no lo haga porque, en fondo, “le apetecería tener hijos con ella”.  Ya sumido en un cúmulo de contradicciones, resulta que toda la operación de la reinita cerúlea no era más que una tapadera para obtener dinero de la Fundación con objeto que realizar una campaña anti-natalidad con lo que, en realidad, no se sabe muy bien si pertenece a la rama reinita cerúlea o a la sostenibilista. Para eso necesitan también la ayuda de Katz para que, con sus canciones difunda ese mensaje entre la juventud: “Sólo queremos que la gente se avergüence de tener más hijos. Como se avergüenza de fumar. Como se avergüenza de la obesidad. Como se avergonzaría de conducir un Escalade si no fuera por el argumento de los críos. Como debería avergonzarse de vivir en una casa de cuatrocientos metros cuadrados en una parcela de ocho mil”.

Imagen de la Tierra desde el espacio

El desgraciado Walter vive sin vivir en él. En el incidente en los terrenos de la Fundación mientras Lalitha intentar solucionar el problema del acceso a la reserva, desesperado, se retira a rumiar su enfado en el interior del coche y a insultar iracundamente a los que considera causantes de cargarse el planeta: “En las dos semanas y media transcurridas desde su encuentro con Richard en Manhattan, la población mundial había aumentado en siete millones de personas. Un aumento neto de siete millones de seres humanos -el equivalente a la población de Nueva York- destinados a deforestar montes y contaminar arroyos y cubrir prados de asfalto y tirar basura plástica al océano Pacífico y quemar gasolina y carbón y exterminar otras especies y obedecer al puto Papa y producir familias de doce miembros. Desde el punto de vista de Walter, no existía en el mundo mayor fuerza del mal que la Iglesia católica, ni causa más perentoria para la desesperanza respecto al futuro de la humanidad y del asombroso planeta que se le había concedido, aunque cabía reconocer que en esos tiempos la seguían muy de cerca los fundamentalismos siameses de Bush y Bin Laden. Walter no podía ver una iglesia ni el letrero «Los hombres de verdad aman a Jesús» ni un símbolo de un pez en un coche sin notar una opresión de ira en el pecho”. Aunque no quiero estropearos el desenlace por si decidís leer el libro, sólo querría informados para completar el sombrío panorama de su vida, que Walter hacia el final de la novela se retira a una urbanización de nueva construcción frente al lago de Canterbridge Estates (dispersión, antropización de la naturaleza, etc.) donde, en una situación de soledad casi completa, se dedica a luchar contra los gatos de sus vecinos que espantan y cazan pájaros. En particular contra Bobby el gato de Linda (una de sus vecinas) que "capturaba y jugueteaba y descuartizaba, y luego a veces comía un poco, pero normalmente se limitaba a abandonar el cadáver" de cualquiera de sus queridas avecillas.

Picasso, “Gato atrapando un pájaro”, París, 1939

Pero bueno, ya puesto a escribir sobre las contradicciones y las dificultades de vivir en una situación como la que pasa actualmente la humanidad intentando hacer algo para resolverlo, también debería mencionar la otra cara de la moneda: el comportamiento desvergonzado de algunos personajes que se aprovechan de un sistema capitalista que se encuentra en estado cataléptico sin capacidad de reacción y con unos "mercados" al borde del suicidio por pura indecencia. Después de terminar de leer el libro de Franzen recordé (era inevitable) Solar de Ian McEwan. El título no se refiere precisamente a un solar considerado como predio edificable por contar con los servicios necesarios, sino que hace alusión al sol como fuente de energía renovable. Solar a pesar de que muchos lo califican como libro de humor es, probablemente, uno de los relatos más pesimistas que he leído últimamente. Trata de un premio Nobel de Física (Michael Beard) que después de años de adocenamiento acaba por dirigir un instituto para la investigación de energías renovables. El instituto está empeñado en construir una turbina eólica individual. A todo el mundo le parece una idea inútil por muchas razones pero sirve para mantener en pie un tingladillo de intereses de todo tipo, básicamente personales. El cinismo del autor aparece en muchos lugares a lo largo de la narración como, por ejemplo, cuando Michael, como premio Nobel, recibe una invitación para ir al Polo Norte a contemplar de cerca el “calentamiento global”.

Ian McEwan en la expedición al Ártico, The Guardian

Nos cuenta el autor respecto a este viaje al frío polar: “Entre los invitados figuraban veinte artistas y científicos preocupados por el cambio climático, y, oportunamente, a sólo dieciséis kilómetros de distancia, había un glaciar en dramático retroceso, del que periódicamente se desgajaban bloques de hielo tan grandes como una mansión que iban a parar a la orilla del fiordo. Les atendería un chef italiano «de renombre internacional», y un guía pertrechado de un rifle de gran calibre mataría si fuese necesario a los agresivos osos polares. No habría deberes académicos —bastaría la presencia de Beard— y la fundación correría con todos los gastos, mientras que la culpable descarga de anhídrido carbónico de veinte vuelos de regreso, trayectos en motonieve y sesenta comidas calientes al día servidas en condiciones polares la compensarían plantando tres mil árboles en Venezuela, tan pronto como se localizase un lugar adecuado y se sobornara a unos funcionarios”. La descripción de este viaje, inspirado en que hizo el propio Ian McEvan pocos años antes y con parecido motivo, no tiene desperdicio y describe el mismo género de contradicciones que denuncia Franzen en Libertad.

Solúcar PS10 Planta solar termoeléctrica de torre, Abengoa Solar

Pero Solar es mucho más bestial que Libertad. En realidad Franzen sólo plantea de forma accesoria el problema del fin de una era feliz sin límites planetarios. Como ya dije algo más arriba, su intención es, más bien, describir los cambios que se están produciendo en el sistema familiar norteamericano. Digamos que he seleccionado del libro aquello que me interesaba particularmente para el artículo pero no me gustaría que creyerais que el foco está puesto ahí. Lo digo por si alguien se decide a leerlo y luego me echa la culpa de que se ha encontrado con otra cosa. En cambio el libro de McEvan sí está más centrado en describir las ruindades del mundo de intereses en torno a la ciencia, de las fundaciones pretendidamente salvadoras del planeta que, en realidad, se mueven por motivos personales y corporativos, y de las propias empresas y empresarios que deciden lanzarse a la cruzada del cambio climático para obtener todo el beneficio posible. El protagonista Michael Beard, aparte de premio Nobel, es "egoísta, bebedor, mujeriego compulsivo, mentiroso, infiel, cobarde y canalla". En la novela hay infidelidades, un cadáver, un ente candoroso e inocente (que sin embargo es el verdadero inventor, el amante de la mujer de Beard y, además, el cadáver) que piensa en la salvación de la humanidad a través de la imitación tecnológica del mecanismo de la fotosíntesis, una Fundación para las energías renovables y un robo de las ideas de este ente candoroso e inocente por el canalla premio Nobel.

John Tenniel (1820–1914) Through the Looking-Glass, Wikipedia

Hace unos días cuando volvía de unas jornadas en Valencia me encontré en el tren con Mariano Vázquez. Le comenté mi intención de escribir este artículo y mis dudas sobre la conveniencia de hacerlo por lo que podría suponer de desánimo para los jóvenes (sobre todo para mis alumnos). Sin embargo, después de sopesarlo y ver los pros y contras, creo estar de acuerdo con su afirmación de que saber que “esto es lo que hay” siempre es mejor que cerrar los ojos a la realidad. A pesar de lo expuesto en párrafos anteriores pienso que si el mundo avanza (y lo hace aunque a veces no lo parece) se lo debemos a todos aquellos que se dedican a defender a la reinita cerúlea admitiendo que puede haber cosas más importantes que defender. A los que están convencidos de que el calentamiento global que padecemos hoy es de origen antrópico y luchan por evitarlo aunque, en el fondo, reconocen que podría ser debido a un ciclo natural. También a los que piensan que todos, humanos y no humanos, tenemos iguales derechos pero que, a veces, podría haber excepciones. En fin, a los que sus ideas les llevan a vivir en contradicción permanente, a dudar en casi todas las acciones que emprenden y a replantearse muchas veces el sentido de lo que hacen. Es decir, a todos aquellos que son libres. Me gustaría que los que piensan que sus ideas no sólo son las únicas sino también las verdaderas, los sectarios que además pretenden imponerlas a los demás y los que se aprovechan de unos y de otros, se liberen de sus cadenas y entren de una maldita vez en el mundo de Alicia (para lo cual tendrán previamente que atravesar el espejo, cosa altamente improbable) y puedan llegar a decir que “el rey rojo fue parte de mi sueño… pero también es cierto que yo formé parte del suyo”.

Nota: la reinita cerúlea, chipe cerúleo, cerulean warbler, sylvette atzree, pappelwaldsänger, bijirita cerulea, reinita azulosa, parula cerulea, mariquita-azul, azuurzanger (Dendroica cerulea) es una especie de ave paseriforme de la familia de los parúlidos que existe realmente (todavía).

17 comentarios:

Antonio Folgado dijo...

Pepe: ya me iba faltando "tu artículo". El de hoy es duro. Casi parece granito gallego. Espero que tus alumnos entiendan el mensaje y no se queden en las anécdotas. No había leído el libro de McEwan pero voy a ver si lo consigo. Algunos todavía están en la prehistoria y no se han enterado de que el mundo ha cambiado en los últimos treinta años más que en todos los anteriores y siguen pensando en países, en gremios, en valores luteranos o en clases sociales. En el cielo y en el infierno cuando lo único verdaderamente real es el purgatorio. Supongo que lo del alcohol y los porros no es más que un eufemismo y que valdría igual la ipad, el móvil, el prozac, los viajes o el fútbol, todos ellos igualmente narcotizantes. Como siempre, sutilmente, dices muchas cosas. Gracias por seguir con esto. Unha aperta.

yon dijo...

Estimado Jose, tu reinita cerúlea me ha recordado a nuestro carricerín cejudo, pajarillo de poco más de 8 gramos que se pone las botas a comer en los humedales de Salburua antes de seguir viaje camino de África; su localización y defensa fueron un argumento más a la hora de conseguir integrar ese espacio natural en la trama urbana de Vitoria; cuando he podido explicar el Anillo Verde he recurrido a esta paradoja: el urbanista más sesudo siempre podrá apoyarse en un humilde pajarillo para justificar sus decisiones, no hay excusa y además es mucho más divertido;
enhorabuena por blog y saludos

Eduardo dijo...

Fariña: tienes razón, algunos vivimos sin vivir en nosotros. No es que la situación actual justifique nada porque no hay nada que justificar, ni siento que deba justificarme ante nada ni ante nadie. Pero es cierto que hay demasiada intolerancia. Y demasiados sabios que saben poco. Pero sobre todo hay necios. Hace dos días y ayer ví unos cuantos necios homenajeando a los muertos en el 11-M ¿cómo es posible tanta iniquidad? ¿No se os caía la cara de vergüenza viendo el espectáculo tan bochornoso de la división en el recuerdo de unos pobres trabajadores víctimas de la intolerancia viniera de donde viniera? ¿es qué no eran tan intolerantes los que los recordaban como los que pusieron las bombas? ¿cómo es posible una manipulación tan extraordinaria? ¿es que nadie dice nada? Por supuesto que los que estaban hace unos días en el homenaje no eran criminales. O por lo menos eso espero. Pero si intolerantes. No sé si más o menos que los otros, me da lo mismo. Y necios. Pero por este camino, si no somos capaces de salvar a la reinita ¿cómo pretendemos salvar al planeta?
Tienes toda la razón, lo más asqueroso de nuestro ser aparece cuando TENEMOS LA NECESIDAD DE IMPONERNOS AL OTRO. Bueno, ya he dicho bastante y perdona que me haya desviado del objeto de este blog pero es que me lo has puesto a huevo. Como ya te he dicho alguna vez puedes censurar íntegramente el comentario si piensas que no es pertinente.

José Fariña dijo...

Eduardo: nunca censuro nada excepto que se insulte a personas concretas o se atribuyan a las mismas acciones delictivas sin pruebas o sin juicio previo. Sólo recuerdo haber censurado un único comentario en el que se adjetivaba de prevaricador a un ciudadano sin que hubiera sido declarado como tal en un juicio. Efectivamente tu comentario está alejado de los motivos por lo que escribí el articulo, que no son otros que denunciar las dificultades que los planteamientos de la llamada sostenibilidad (sustentabilidad) encuentra, ante una sociedad cada vez más instrumentalizada por unos medios de comunicación que utilizan la información como elemento de consumo y no como base de reflexión. Pero no importa. En el fondo estamos hablando de lo mismo. El proceso de "digestión" de la misma palabra "sostenible" apenas ha durado tres años. En tres años ha sido masticada, digerida y defecada, de forma que ha perdido todo su poder (incluso el simbólico). Lo mismo que le había pasado antes a "lo verde", lo "eco", lo "natural" o lo "bio". Hablamos de intolerancia, pero todavía cuando el enfrentamiento es ideológico merece todos mis respetos. El desplome moral aparece cuando "el mercado" (también se puede hablar de "los mercados" ja ja como si hubiera varios y no fueran todos el mismo) se apodera del problema y decide convertirlo en dinero. Entonces surge "el sistema" (así, con comillas) que se encarga de aniquilar a cualquier ser humano o no humano que se oponga a su única finalidad programada. Porque el único objetivo del "sistema" no es conservar la reinita cerúlea, ni procurar el bienestar de las personas, ni tan siquiera mantenerlas vivas. Su único objetivo es crecer para aumentar sus beneficios. Algunos piensan que si se consigue este objetivo se consiguen también los otros. Perdonadme si cometo el pecado de dudarlo.

Juan Cervera dijo...

Veo que la cosa se pone interesante. Yo sólo quiero decir algo muy corto. El libro de Franzen no me ha gustado mucho. Es verdad que plantea lo que dice Fariña pero esto ya ha sido novelado en otros sitios. También dice que el centro de la historia no es este. Y es verdad. Pero, por lo menos a mí, el cambio en los valores de la familia americana no me interesa demasiado. En cambio, el libro de McEwan sí que me supuso un impacto importante. Os lo recomiendo aunque, la verdad, a mí me gustó más "Expiación". Pero el tema seguramente le gustará a la gente que lee el blog. Un saludo.

Manuel Carrero de Roa dijo...

De Franzen en "Libertad" me asombra su capacidad par manejar todas las escalas, desde la doméstica, íntima, describiendo con maestría las contradicciones y dilemas de los protagonistas, hasta la global, en la que demuestra un entendimiento extremadamente lúcido de algunos de los retos a los que nos enfrentamos como especie. Hay que ser muy fino para desenmascarar con esa elegancia las nuevas estrategias que el sistema capitalista de explotación del territorio va diseñando para justificarse: "la gran ventaja de una tierra con los recursos mineros ya explotados era que nadie volvería a excavarla", absolutamente incontestable. Como todas las buenas lecturas, nos plantea nuevos interrogantes y dudas. Es bastante desquiciante buscar por un lado siempre la certeza y la verdad, y al mismo tiempo aceptar la incertidumbre, y poner constantemente todo en cuestión, pero supongo que, como dicen en el Bairro Alto, es nuestro "fado". ¿Acabaremos todos como nuestro entrañable Walter, retirados en una casita al borde de un lago, defendiendo a los pajarillos de los gatos del barrio? Gracias y enhorabuena por otra brillante entrada, José. Una sugerencia literaria perfecta para tus alumnos.

Eduardo dijo...

Fariña: no dudaba que no me ibas a censurar el comentario. Pero era "políticamente correcto" decirlo. A cambio he conseguido una sabrosa reflexión por tu parte sobre la necesidad de un cambio de modelo. Reflexión que suscribo enteramente y te perdono la duda final porque la comparto. Un abrazo.

Ángela dijo...

De acuerdo con Eduardo, lo del 11-M fue una vergüenza. Fariña ¿sería posible que hicieras algún artículo acerca del monumento desde el punto de vista paisajístico? Gracias.

José Fariña dijo...

Ángela: supongo que te referirás al monumento a las víctimas del 11-M que está en Madrid, en la glorieta de Atocha. La verdad que es no lo había pensado pero, ya que lo mencionas, pienso que, efectivamente podría dar lugar a un artículo interesante considerando no sólo el monumento sino todo el espacio de Atocha. A ver si tengo tiempo para estudiarlo y escribirlo porque me parece que puede tener bastante interés.

Ángela dijo...

Sí, a ese me refería. Gracias.

Anónimo dijo...

Hemos tocado HUESO Fariña... Este es el principio y el fin de todo análisis, estudio y debate de urbanista (y me atrevo a decir que de arquitecto también)como técnicos y de ciudadano del mundo, en general, a día de hoy.

¿Podemos vivir sin pensar? La respuesta es sí.¿Debemos hacerlo?La respuesta es no.

La contradicción vital se plantea diariamente, en acciones muy cotidianas; porque arrastramos toda una inercia conductual regida por un sistema económico en declive, pero vivo. Simplemente hay que adaptarse cuanto antes.Será necesario introducirnos en un nuevo panorama guiado por un nuevo paradigma, que permita adaptar estas conductas y acciones hacia otros modelos, con otros fines, y otros mecanismos de generación.

Respecto a los niveles de CO2 y el supuesto cambio climático, creo que todavía queda mucho por decir, apareció de la nada, cuando las causas que se esgrimen argumentando su presencia, existían desde mucho antes. Creo que tal y como vino se irá, es un concepto...A veces, lo siento como muy vacío, como muy etéreo, superfluo y genérico. No representa lo que mis sentidos detectan. Mi organismo padece la contaminación y degradación de los soportes vitales, con más intensidad y gravedad que los supuestos efectos que anuncia el supuesto cambio climático: deshielo de los polos, aumento del nivel del mar...Sin negar que se pudieran llegar a producir.

El Cambio Climático,de hecho, no está respaldado por toda la Comunidad Científica ¿qué se esconde detrás de esa disensión?
¿Intereses económicos, la tapadera de la realidad?

Sin embargo, lo que ese concepto ha conseguido enmascarar en sus definiciones en su imagen y en lo que de él se desprende, se quedará con nosotros...Quizá para siempre.

Me refiero al control artificial del clima, que se ha instaurado entre nosotros como uno más, pasando desapercibido y acomodándose tranquilamente en algún lugar entre la derecha del padre, y la izquierda del pueblo amansado, aborregado y distraído.

Quizá ése es el nuevo paradigma, del que tanto se habla y se especula, que no va a basarse tanto en lo ecológico y natural, en la vuelta a los valores y al medio rural; sino en lo manipulado, lo controlado y lo antinatural. Con especial hincapié en el agua.

El "pulso" se está produciendo en estos momentos...mientras "quinceamos mayos" y "huelgueamos", por motivos que nada tienen que ver con los realmente cruciales, basales y radicales.

¿Control del agua? Hay muchas maneras de llevarlo a cabo: dispersando nubes con diferentes sustancias (yoduro de plata, diatomeas...)para eliminarlas; estimulación de nubes en base a diferentes procedimientos, para generarlas...Pero la joya de la corona es, sin lugar a dudas, el programa de modificación de la ionosfera.

La naturaleza tal y como la conocíamos, o tal y como era hace cientos de años, ha desaparecido. Cuando yo nací ya se empleaban sistemas de control del clima, no puedo decir, pues, que haya conocido la naturaleza sin alteraciones sustanciales.

Respecto a la Reineta Cerúlea...Voy un poco más allá Fariña, no creo que la esté en peligro de extinción sólo por la desaparición de su hábitat: hay más amenazas. Mucho más invisibles, sutiles y abstractas. Que afectan a una cantidad innumerable de plantas y animales, en diversos ecosistemas. NO agua = no vida.

(continua)

Anónimo dijo...

En Huesca capital no llueve desde Diciembre, vamos camino de los 4 meses. En los pirineos ha nevado apenas para cubrir el suelo durante algunas semanas, pero enseguida empezó a derretirse. Curioso porque atraviesas la frontera y el panorama no tiene nada que ver.¿Dónde está el agua?

Tenemos más motivos para hablar de cambio climático en España, porque las supuestas consecuencias aquí, son más evidentes que en otros lugares. Es un discurso que ha calado en la población porque la celeridad de los cambios en el medio ha sido vertiginosa.

Resulta paradójica y curiosamente que el supuesto cambio climático afecta a unos países más que a otros. Intrigante...más cuando se hablaba de un efecto planetario, que nos unificaba y nos abrazaba fatalmente, pero por igual...

Respecto al aumento de población mundial, poco más se puede decir. La responsabilidad de saber en qué planeta nos encontramos, recae sobre nosotros. El problema es que los que sabemos esto poco más podemos hacer, con una tasa de natalidad del 1.5, puedes acabar teniendo medio hijo, o ninguno. Pero la realidad es que muchas personas aspiramos a tener algún descendiente, no más de dos, e incluso no más de uno o ninguno, según se tercie, nadie se pone exigente a día de hoy... Los que desconocen los datos, y no observan a su alrededor, los que no disponen de información, ni de métodos anticonceptivos, son los que dan vida a más número de personas. ¿Qué se puede hacer frente a eso?

Yo, hoy, me desnudo Fariña, no en pro del pesimismo, sino en pro de la realidad, a favor del "esto es lo que hay", de la mano del CONOCIMIENTO y de la RESPONSABILIDAD que tenemos acerca de estos acontecimientos que se están produciendo, y sobre los que debemos actuar de alguna manera:

Asumiéndolos y aguantándolos, o enfrentándonos a ellos. Pero no esta pasividad ignorante y pasota que nos rodea, nos contamina y nos denigra como especie.

Hoy me descubro ante un mundo de colores agridulces, de valores perdidos y de luchas únicamente emprendidas...Hoy me destapo ante la necesidad de una sociedad CONSCIENTE. Hoy me alzo a favor del CONOCIMIENTO de la realidad y por el abandono de un maltrecho pesimismo, paralizante y exhausto.

Un abrazo a todos los seres humanos CONSCIENTES,
NO es un camino fácil, pero en realidad, es el verdadero.

Adri

Anónimo dijo...

Fariña, nuy buen articulo demasiado deprimente ¿no hay salida personal o la personal es la única salida? Creo que más bien lo primero. No queda más posibilidad que volver a lo colectivo. Enrique Latorre.

Sara dijo...

La verdad es que Ian McEwan nunca me ha gustado demasiado. Dices que es más bestial que Franzen. Y tan bestial. Más que bestial, violento. A pesar de que a "Amsterdam" le dieron el premio Booker no me gustó nada. Tampoco me gustó "Solar" que me parece una novela desatinada, sin objeto, sin finalidad e, incluso, chapuceramente escrita. Cierto que trata un tema de interés y el mundo que describe es bastante peculiar, pero como novela no la recomendaría. Mucho mejor Franzen, sin comparación. "Libertad" es una novela bien escrita, estructurada con elegancia, que quiere decir algo y que plantea la situación actual de la sociedad USA con mucho realismo.

Andrés dijo...

Apoyo la petición de Ángela para un artículo de Fariña sobre Atocha. Sería una buena continuación a aquél de hace un tiempo sobre la Plaza de Castilla, y que iba sobre lugares urbanos con mala suerte: éste sería sobre lugares con mala suerte y... marcados por la tragedia, y de cómo el diseño urbano, o la escultura, o cualquier tipo de intervención posterior es capaz -o no- de revertir ese destino. ¡1abrazo fuerte Fariña! Andrés

José Fariña dijo...

Si que tengo en la cabeza el tema de Atocha pero todavía tiene que esperar un tiempo porque no acabo de verlo claro. Sobre todo porque conocí muy bien la Atocha del escalextric (fue mi barrio de adolescencia) y ese conocimiento convertido en nostalgia me deforma demasiado la realidad actual. Fue una pena que no estuviera en miércoles en Madrid, podríamos habernos visto en la ETSAM. Espero que la charla haya sido un éxito. Un abrazo.

Andrés dijo...

Pues con más razón (lo de Atocha) ;-) Siento no haberte avisado con anticipación de mi paso por la ETSAM. Había pensado hacerlo sobre la marcha, si el horario congestionado (tenía que dar una clase de máster, luego otra de grado, todo en la misma tarde) me lo acababa permitiendo: pero al final no fue así. Esto, y que tú no estuvieras, lo pone más fácil para la próxima vez, en que prometo no fallar. Un abrazo, A.