domingo, 2 de abril de 2017

La ecología del miedo

Hace unos días, cuando estaba revolviendo entre escritos y documentos gráficos para preparar el artículo de este mes, oí en la radio (suelo tenerla como fondo) que se había producido un atentado en Londres en el puente de Westminster. Casualmente hojeaba un libro de Mike Davis titulado Más allá de Blade Runner. Control urbano: la ecología del miedo. Bueno, no se puede decir que sea propiamente un libro, por lo menos por su extensión. De hecho, la editorial Virus que fue la encargada de su edición en español, lo tiene entre su colección de “Folletos”. Son apenas setenta páginas en formato pequeño, poco más de media cuartilla, con una letra apta para vista cansada. Lo que son las asociaciones de ideas, inmediatamente me acordé de la lección que desarrollé a mediados de los años ochenta en la oposición a profesor Titular de Universidad sobre la ecología urbana y la Escuela de Chicago. Y entonces cambié el artículo que tenía pensado. Así que decidí escribir, una vez más, sobre seguridad.

LA 2019. Fotograma de "Blade Runner", Ridley Scott

A pesar de ser la seguridad urbana un tema recurrente en el blog (tema al que, además, he dedicado algunos trabajos de investigación y bastantes artículos y conferencias) nunca lo había abordado desde los nuevos enfoques que ha traído consigo el terrorismo global, y los cambios producidos en su orientación cuando ya se ve muy cerca el 2019, año en el que se desarrolla la trama de Blade Runner. Antes de la edición de Beyond Blade Runner: Urban Control, The Ecology of Fear (1992), Mike Davis ya había publicado una de sus obras más famosas, City of Quartz: Excavating the Future in Los Angeles (1990). En La ciudad de cuarzo, estudia los procesos socioeconómicos y culturales que condujeron a la destrucción del llamado sueño americano en el lugar que se suponía paradigma del mismo. Pero lo que le dio un cierto carácter premonitorio fueron los disturbios producidos en 1992, originados por la detención del taxista Rodney King y los sucesos posteriores, que confirmaban sus teorías.

LA abril 1992. Revuelta de Rodney King  contactomagazine

Pero para entender lo que Davis quiere decir en La ecología del miedo hay que explicar antes algo sobre la Escuela de Chicago y la llamada ecología urbana. Para eso hay que retroceder más de un siglo. En el año 1915 Park publica un trabajo titulado "La ciudad: sugerencias para la investigación del comportamiento humano en el medio urbano", que luego revisa en 1925, y donde plantea una vía de explicación de los fenómenos urbanos a partir de la biología. Y, más en concreto, a las relaciones entre territorio, lucha por la existencia y supervivencia del más fuerte. Puro darwinismo aplicado a la ciudad. Pero Park nunca desarrolla una teoría cerrada y acabada sino que son sus discípulos del departamento de sociología de la universidad de Chicago, donde recaló después de unos años probando diferentes actividades, los que lo hacen. De algunos de sus seguidores como Wirth, Hoyt, Harris, Ullman o McKenzie, me voy a fijar sobre todo en Burgess por ser la referencia directa de Mike Davis al hablar de la ecología del miedo.

Chicago 1920. Esquema del modelo de Burgess
 Señalar en la imagen para verla más grande  hofstra

Para Ernest W. Burgess la expansión urbana se produce mediante un modelo que explica el proceso atendiendo a dos variables: una relacionada con la centralidad y otra con la sucesión. De forma que las clases más poderosas económica y socialmente van ocupando los espacios más centrales desplazando al resto a la periferia. Estudia el caso de Chicago y supone que la ciudad se organiza en una serie de círculos concéntricos que se suceden a partir del centro de negocios CBD. Al CBD, con alta densidad y valor del suelo, le seguiría un anillo de una o dos zonas de transición con industrias, inmigrantes, alta criminalidad y escaso control social. Luego, otro círculo con viviendas de trabajadores y, por último, una zona residencial de clases acomodadas. Este modelo, al que se le pusieron muchas objeciones, fue modificado luego para explicar mejor el proceso, pero las bases y fundamento de todos ellos son las fuerzas biológicas de invasión, competencia, descendencia y simbiosis.

Control urbano: la ecología del miedo de Mike Davis

Pues bien, en La ecología del miedo, Davis escribe que “Mi relectura del mapa de la estructura urbana proyecta a Burgess al futuro. Mantiene los determinantes ‘ecológicos’ como los ingresos, valor del suelo, clase y raza, pero añade uno nuevo: el miedo. (…) Dado que la vida de la ciudad, por tanto, se hace cada vez más insegura, los diferentes medios sociales adoptan estrategias de seguridad y tecnologías acordes con sus posibilidades. Como en la diana de Burgesss, el dibujo resultante se condensa en zonas concéntricas. El blanco de la diana es el centro de la ciudad.”  Luego explica algunas estrategias de seguridad seguidas por los negocios, las oficinas o los bancos, para blindarse en la medida de lo posible ante los disturbios que previsiblemente se van a producir debidos a las desigualdades crecientes. Incluso pueden considerarse como tales la aparición de los barrios cerrados, y los auténticos “bunkers” arquitectónicos que adoptan las clases acomodadas en sus residencias. En el artículo "Réquiem por el espacio público" ilustro algunos ejemplos del arquitecto Frank Ghery, un especialista en estas fortalezas.

LA área central, gentrificación por desplazamiento
Señalar en la imagen para verla más grande UCLA Berkley

A partir de entonces dan comienzo una serie de operaciones llamadas de remodelación, que Davis describe de forma magistral para el caso de LA, consistentes en segregar determinadas áreas urbanas hasta el paroxismo. Esta segregación iba, básicamente, enfocada a dar respuesta a los disturbios que se empezaban a producir debidos a las tremendas desigualdades socio-espaciales. De forma bastante sarcástica dice: “Persiste la retórica de la reforma urbana, pero se ha extinguido su substancia: reconstruir LA hoy simplemente significa cavar el bunker”. De manera que el miedo cambia el proceso ecológico darwiniano eliminando sobre todo las zonas de transición (los ecotonos si habláramos de ecosistemas naturales) creando auténticas fronteras urbanas, no sólo en sentido metafórico o psicológico sino auténticos muros. Incluso verdaderas fortalezas arquitectónicas mediante mecanismos que permiten a los guardias de seguridad, por ejemplo en el caso de los bancos, cortar los accesos en segundos o blindar con cierres metálicos escaparates comerciales y entradas a lugares de negocios.

LA diciembre 2014. Incendio intencionado en el centro.
 Esta vez no es un efecto de la pelicula de Ridley Scott  bbc

A todo esto se suma la videovigilancia (a la que ya he dedicado un artículo en junio de 2014 titulado "Espacios videovigilados") que, en la actualidad empieza a adquirir caracteres bastante preocupantes desde el punto de vista de la intimidad de las personas. Decenas de cámaras situadas en los lugares más sensibles ayudan a crear espacios de seguridad protectora en los que los viandantes se sienten más o menos a salvo. La sofisticación de estos sistemas puede llegar a ser espectacular, con software de reconocimiento facial, y aparatos que permiten detectar la existencia de armas mediante rayos infrarrojos y elementos parecidos a los que se usan en los aeropuertos. Y no es cosa de ahora, hace ya casi tres años saltaba la noticia de que los ferrocarriles alemanes estaban preparando su lucha contra los grafiteros mediante drones con cámaras. Por supuesto esto sucede de forma preferente en las zonas ricas, en los centros de negocios y en las piezas de “exportación turística” de la ciudad.

Ojos capaces de ver desde cualquier sitio  nydilynews

Luego están las zonas que en el modelo de Burgess eran de transición y que daban paso a los barrios de trabajadores. Estas zonas de transición eran el germen de las bandas de adolescentes, semillero a su vez de la delincuencia organizada. Pero así como en Chicago este sistema se producía de forma intersticial y aparecía cuando ante el empuje de negocios e industria (o por la invasión de los negros, los asiáticos o los latinos) las clases medias retrocedían a otros lugares, en LA las bandas aparecen prácticamente en casi todas las áreas. De forma que el miedo ha polarizado la ciudad. Por una parte, en áreas más o menos seguras por contar con medios de defensa frente la delincuencia o ante aquellos que se rebelan contra la situación establecida. Y por otra, las zonas urbanas que cada vez ocupan una mayor extensión en las que tanto la seguridad objetiva como la percibida son muy bajas. De forma que el miedo ha introducido un elemento claro de distorsión en el modelo darwiniano de Burgess.

LA diciembre 2015. Por amenaza no especificada
cierran novecientos centros educativos  tn

Davis analiza la reacción que se produce ante este estado de cosas y habla de los llamados “barrios de control social” que se manifiestan por su forma jurídica de disciplina espacial. Los clasifica en barrios de supresión en los que la lucha se centra en los grafiteros y la prostitución, los de aumento como zonas libres de droga, y los de contención para mantener a los más desfavorecidos en zonas concretas evitando que se diseminen por toda la ciudad. Para conseguirlo se pueden plantear algunas formas de actuar que están directamente en el borde del fascismo y de los sistemas discriminatorios más perversos. Desde “portales de seguridad” con criterios biométricos de acceso a determinadas áreas hasta patrullas vecinales, pasando por los “consejos consultivos de protección comunitaria”. En definitiva, segregación socio-espacial especialmente virulenta sin espacios de transición.

LA como distopía ciberpunk en "Blade Runner"  wpgallery

Davis se pregunta: “¿Cómo acabará esta pesadilla? A Burgess no le interesaban mucho las fronteras urbanas. Su diana Chicago simplemente se desvanecía en la ‘zona de paso’ y, más allá, en el Cinturón del Maíz. Los límites urbanos de Distopía, sin embargo, son un problema fascinante. En Blade Runner, hemos de recordar, la megalópolis oscura da paso de forma inverosímil, en su límite exterior, a Ecotopía, bosques siempre verdes y una vida salvaje en libertad.” Y la respuesta que se da a si mismo no es muy esperanzadora: “No habrá final feliz semejante para el Los Ángeles del 2019 que se nos viene encima.” Recuerdo al lector que esta publicación es de 1992 cuando todavía no había pasado todo lo que ha pasado luego. También recomiendo en este punto buscar en Google, en Vimeo o en Youtube el vídeo titulado “Megacities, urban future, the emergercing complexity” publicado por The Intercep (dura menos de cinco minutos) y visualizar como ve el Pentágono nuestro futuro en el 2030 y la forma de defensa que prepara ante lo que se avecina.

Megaciudades 2030, visión distópica del Pentágono  theincercept

Ante este panorama, la primera idea que surge es pensar si, realmente, este tipo de ciudades son viables como marco de convivencia social y no deberíamos empezar a desmontarlas con mucho cuidado. O, en cualquier caso, no fomentar su proliferación y desarrollo. Davis escribe sobre la casi imposibilidad de controlar determinadas áreas urbanas en las grandes ciudades como Los Ángeles (o como México D.F., Nueva York o Shanghái). Y eso sin hablar de su costo ecológico y económico. Mientras escribía este párrafo me asombraba de la repercusión mediática conseguida por un único individuo, pertrechado por dos armas letales “altamente sofisticadas” como un cuchillo de cocina y un coche alquilado, y capaz de burlar todos los controles de seguridad de una policía altamente eficiente como la inglesa justo a las puertas del Parlamento, consiguiendo que el miedo se apoderara una vez más de Londres.

Londres 2017. Atentado en el puente de Westminster   ecodiario

Pero no son solo los casos de Londres, Berlín o Los Ángeles, que podemos considerar grandes ciudades, sino también Niza y otros muchos lugares más pequeños. Y es que el miedo se ha apoderado como un virus de los ciudadanos alentado básicamente por los “mass media” y las redes sociales. En otros lugares del blog ya hemos hecho notar la diferencia entre la seguridad objetiva y la llamada seguridad subjetiva que es, esencialmente, una percepción de seguridad relacionada directamente con el miedo. Ya lo planteaba Mike Davis en 1990 en La ciudad de cuarzo: el miedo está cambiando los presupuestos y el funcionamiento de nuestras ciudades. Incluso los procesos de segregación espacial y desigualdad, de forma que se empieza a poner en un primer plano el control como sistema de organización prioritario. Determinados edificios, urbanizaciones, áreas centrales o turísticas, se están convirtiendo en áreas de seguridad subjetiva prioritaria, dejando a su suerte el resto de zonas urbanas.

Los "mass media" y las redes sociales amplifican el miedo  uruguayaldia

Los dos miedos de la ciudad tradicional se derivaban, por una parte de los "revolucionarios" que pretendían terminar con el status quo, y por otra de los delincuentes que trataban de aprovecharse del mismo. Para controlar a los primeros el urbanismo respondió convirtiendo el espacio público en un lugar transparente, un perfecto panóptico que facilitara la vigilancia policial de “las masas”. Respecto a los segundos ya se ha hablado suficientemente a lo largo de bastantes artículos del blog, pero los intentos de control están basados sobre todo en el cambio de la “vigilancia natural” por un proceso evidente de conversión del espacio público tradicional en un espacio privado (urbanizaciones, manzanas cerradas, centros comerciales) en el que se puede poner en marcha controles de acceso bastante eficientes. Todo ello trae consigo la conversión de una ciudad “de ciudadanos libres” en una ciudad de “ciudadanos controlados”. En suma, lo que se ha venido denominando la “ciudad bunker” o “ciudad fortaleza”.

Solo faltaban concertinas en los accesos  elimpulso

La pérdida de libertad en favor de la seguridad se va consolidando como una característica clave en la ciudad del siglo XXI. El problema es que, para que determinados ciudadanos se sientan seguros en sus áreas urbanas controladas, el resto se ve obligado a vivir en unas condiciones de inseguridad inaceptables. Es precisamente la imposibilidad de control en estas enormes megaciudades lo que ha llevado a pensar al Pentágono que en el 2030 el tipo de guerra al que va a tener que enfrentarse el statu quo va a ser muy diferente a todo lo conocido. Y no sólo por la aparición del terrorismo (que, al fin y al cabo, se limita a crear miedo) sino porque los sistemas convencionales de control de una inmensa muchedumbre de desheredados de la fortuna se vuelven inoperantes al aumentar su número. Las crecientes desigualdades que eliminan paulatinamente las clases medias, acaban igualmente con los espacios de transición que permitían un control bastante efectivo de los sin nada que perder, al quedar sus espacios muy alejados de los más privilegiados.

París 2014. La torre Eiffel blindada por el ejército  parismatch

Esta imposibilidad de control en las enormes ciudades que se están creando en muchos lugares del mundo va a introducir cambios drásticos en su organización. Dado que los sistemas de planificación están obviando clamorosamente el problema, esta reorganización solo puede producirse al margen de la misma. Según el planteamiento que hacía Davis en 1992, la introducción del miedo en la ecología urbana va a ser determinante en la conformación de esos objetos que ya no tengo claro que se vayan a llamar ciudades (por lo menos lo que siempre hemos entendido que eran ciudades). El que lleguen a ser tan ciberpunk como el Los Ángeles 2019 de Ridley Scott en Blade Runner, o se parezcan más a la Ecotopía rural de 1999 de Ernest Callenbach con capital en San Francisco, es cosa que se me escapa aunque me temo lo peor. Pero, en cualquier caso, la ecología del miedo producto directo de los mass media y de las redes sociales en la era de la postverdad, está produciendo ya cambios críticos importantes en el modelo de ciudad percibido por el ciudadano.



Nota 1.-Los dos libros de Mike Davis mencionados en el texto son los siguientes:
  • Davis, Mike (1990) City of Quarzt: Excavating the Future in Los Angeles, Verso, New York. La misma editorial publicó una segunda edición en el año 2006 que incluía un prefacio del propio autor describiendo los cambios producidos en LA desde finales de los ochenta cuando se escribió el libro. En el 2003 la editorial madrileña Lengua de Trapo publica la traducción al español de Rafael Reig con el títlo Ciudad de cuarzo. Arqueología del futuro en Los Ángeles.
  • Davis, Mike (1992) Beyond Blade Runner: Urban Control, The Ecology of Fear. Open Magazine Pamphlet Series, nº 23, Open Media, Westfield, NJ. Esta primera edición fue revisada en 1995. En español hay una edición titulada Más allá de Blade Runner. Control urbano: la ecología del miedo, de la editorial Virus de Barcelona en su colección "Folletos" publicada en 2001 y basada en la edición inglesa revisada de 1995.

Nota 2.-Las referencias a la Escuela de Chicago se pueden encontrar en muchos sitios pero las que he introducido en el texto son las siguientes:
  • El trabajo de Park al que me refería en el texto titulado "La ciudad: sugerencias para la investigación del comportamiento humano en el medio urbano" fue publicado originalmente en American Journal of Sociology, 20 (marzo, 1915) pp. 577-612. Revisado y publicado después en The City (1925), pp. 1-46 y recogido en Human Communities. The City and Human Ecology (The Collecter Papers of Robert Ezra Park, vol.II), Free Press, Glencoe (Illinois) a cargo de Everett C. Hughes, Charles S. Johnson, Jitsuichi Masouka, Robert Redfield y Louis Wirth. En The City se puede encontrar también la propuesta de Burgess del famoso modelo de sectores concéntricos.
  • El trabajo de Park está traducido al español junto con otros textos en el libro Robert Ezra Park, La ciudad y otros ensayos de ecología urbana, ediciones del Serbal, Barcelona, 1999, pp. 49-85. Los originales de Park se acompañan de una introducción, comentarios, bibliografía y anotaciones de Emilio Martínez.

Nota 3.-Puede resultar interesante confrontar la visión de las megaciudades que tiene el Pentágono para el año 2030 con el controvertido trabajo de la UCLA titulado Urban Displacement Project. Y, como contraste, ambos con la Ecotopía de Ernest Callenbach (en cualquier caso una novela interesante cuya lectura recomiendo) que, de forma extraña aparece en el artículo de Mike Davis, pero que puede servir como contraste utópico a la distopía de Blade Runner :
  • El vídeo creado por el ejército USA y utilizado por la Pentagon’s Joint Special Operations University se titula “Megacities: Urban Future, the Emerging Complexity.” Su duración es de unos cinco minutos y describe el problema de orden público que pueden crear las megaciudades. Fue utilizado como parte de un curso avanzado de combate anti-terrorista. Puede encontrarse en este enlace junto con un artículo donde el propio Mike Davis se manifiesta sobre el vídeo.
  • Respecto al controvertido y conflictivo proyecto de la UCLA se trata de una iniciativa que pretende entender la naturaleza de la gentrificación producida en las ciudades de Los Ángeles y San Francisco. Como está bastante detallado en la página web correspondiente (incluidos los casos de las áreas de estudio) dejo que el lector se haga su propia composición de lugar del tema. El enlace a la página es este.
  • Del libro de Ernest Callenbach no conozco ninguna traducción al español. Pero la referencia original es la siguiente: Callenbach, Ernest (1975): Ecotopia: The Notebooks and Reports of William Weston, la primera edición fue de la editorial Banyan Tree Books que era del propio Callenbach. Dos años después Batam Books publicó otra edición que es más conocida ya que se puede encontrar en algunas bibliotecas. Pero hay más ediciones. Entre otras, una del 2005 con ocasión del 30 aniversario por Heyday Books, y también en el 40 aniversario de Epistle Edition. Incluso hay una precuela Ecotopia Emerging, publicada en 1981. Cualquier día dedicaré un artículo a Callenbach cuya figura va adquiriendo cada vez un mayor interés.

12 comentarios:

Antonio Folgado dijo...

Meu fillo... cada vez mellor. Unha aperta

A Rodicio dijo...

Después de leer este artículo me ha entrado una cierta depresión. Sobre todo cuando dice que el planeamiento ignora el problema. Creo que no es que el planeamiento ignore el problema, es que no sabe que hacer ante esas ciudades enormes que crecen, crecen y siguen creciendo sin que nadie les ponga límites. Es más, a casi todo el mundo les parece algo bueno. La mayor ilusión de cualquier gobernante de casi cualquier ciudad es que su ciudad crezca y crezca, cuanto más mejor. Pero parece casi de sentido común que, a partir de un determinado tamaño, se hace incontrolable. No solo desde el punto de vista de la seguridad, sino desde casi todos. Por la escala el planeamiento urbano se está convirtiendo en muchos sitio en planeamiento territorial, lo que ocurre es que en lugar de árboles, ríos y montañas nos encontramos con calles, edificios, y millones de personas que se extienden a lo largo y lo ancho de cientos de miles de metros cuadrados en una gran parte de los casos en unas condiciones indignas y sin la menor posibilidad de establecer relaciones verdaderamente humanas con el resto de urbanitas. Deberían establecerse otros ideales de vida, por lo menos que se tendiera a ellos. La referencia a la novela de Callenbach me parece fundamental y, en parte, me he decidido a escribir este comentario por ser una de mis favoritas. Por cierto, el vídeo del Pentagono sí que deprime, ¡qué horror lo que piensan va a pasar!

José Fariña dijo...

Antonio: Outra vez o primeiro...

Ángeles: no te deprimas. Las cosas son como son. Pero es cierto que el problema de querer ser cada vez más grandes es un cáncer que corroe la mayor parte de las ciudades. Hace años que intento demostrar que el funcionamiento de las ciudades intermedias sería el ideal y que luego iría empeorando hacia arriba y hacia abajo. Es decir, peor cuanto más pequeñas y cuanto más grandes. Hace años que estoy intentando que "alguien" me financie un trabajo de este tipo (requiere conseguir una gran cantidad de datos) pero, hasta ahora, no lo he conseguido.

Anónimo dijo...

El problema de la seguridad como bien apunta el autor del artículo, tiene que ver más que con la organización física de la ciudad con el tipo de sociedad que estamos creando. Una sociedad en la que los valores de solidaridad se sustituyen por la competencia "caiga quien caiga". Y en estas condiciones ya se puede apelar a la "vigilancia natural" y otros sistemas parecidos se cae por su propio peso. La única solución sería poner un guardaespaldas a cada ciudadano. Y aún así ¿quién defiende al guardaespaldas? Mal arreglo le veo. Antonio.

Franky dijo...

Los Ángeles es un monstruo donde más que viviendas hay, como vulgarmente se dice, "moriendas". Donde se invierte en desplazarse de un sitio a otro más de un sexto de la vida de una persona. Donde se producen unos niveles de desigualdad insufribles. Donde las relaciones entre sus habitantes son más que beneficiosas perniciosas. Donde el nivel de violencia resulta de la exasperación de las ambiciones nunca alcanzadas. En suma, peor que la peor de las distopias que se cuentan por ahí. Afortunadamente solo ¿viví? cinco años en ese infierno que algunos llaman ciudad.

Alicia dijo...

Fariña: Otra vez, ahora en Estocolmo. Tenías razon, ya no sólo pasa en las grandes ciudades, desde el atentado de Niza cualquier lugar se puede convertir en diana de un ataque terrorista. Y la forma en que tratan el tema los medios es parte del problema. Por lo que se sabe han sido tres muertos y ocho heridos. Más o menos las victimas diarias por accidentes de carretera en España. ¡Qué tratamiento informativo tan distinto en uno y otro caso! Así es como una sociedad puede entrar en sicosis. Lo que no veo es qué se puede hacer desde el diseño urbano para cambiar la situación. Dices que el planeamiento ignora clamorosamente el problema pero ¿cuál es la solución?

José Fariña dijo...

Alicia: me temo que para la cuestión del terrorismo poco podemos hacer desde el diseño y la planificación urbana. Otra cosa diferente es respecto a la delincuencia y la seguridad subjetiva. Pero quería decirte que Estocolmo no es una ciudad que pudiéramos llamar "pequeña". Ni siquiera intermedia. Cuenta con más de dos millones de habitantes en su área metropolitana y es, además, una ciudad puntera en muchas cosas. Es decir, una diana bastante clara. Puedes leer, si todavía no lo has hecho, el artículo sobre Hammarby Sjöstad que publiqué en el blog en marzo de 2010 (¡Ya hace más de siete años y parece que fue ayer!). De todas formas sí que se podría hacer algo, y no sólo en el tema del control de accesos, sino intentando ir sustituyendo los no-lugares globalizados y en los que el anonimato permite casi cualquier cosa en verdaderos lugares relacionados con la identidad local. Y, aunque no pudiéramos evitar al cien por cien el problema del terrorismo, de cualquier forma mejoraríamos la seguridad subjetiva. Y, sobre todo, construiríamos ciudades más humanas y solidarias.

Anónimo dijo...

Alicia tiene razón. No veo que se puede hacer desde la construcción de la ciudad, más bien parece un problema social. Sí, la teoría de Davis explica mejor que la de Burgess el tema de la localización pero también la explicaba mejor la de Harris y otros. Pero todas son explicaciones teóricas. Entonces desde la práctica de los que tienen que enfrentarse con el día a día de la ciudad no veo qué se puede hacer. De todos modos gracias por estos artículos tan alejados de lo que se puede leer en otros sitios de internet y de las redes sociales. Son como un soplo de racionalidad y aire fresco.

Gerardo R. dijo...

Por desgracia es un caso de bastante actualidad. La diana, como dice Davis, sigue siendo el centro pero el virus empieza a mutar de forma alarmante. Acabo de leer el caso de las procesiones de Sevilla. Más que los centros típicos empiezan a ser las aglomeraciones y, en general, cualquier "diana" con repercusión mediática. Esto empieza a tener al aspecto. Gerardo R.

José Fariña dijo...

Anónimo del 12 de abril y Gerardo: Perdonad que no haya dado antes paso a vuestros comentarios pero estos días de vacaciones he estado bastante desconectado ja ja. En cualquier caso coincido con la dificultad de abordar el tema si dentro del parámetro de seguridad consideramos también el terrorismo. Pero eso no quiere decir que tengamos que abandonar. Pienso que sí se pueden hacer cosas al respecto, siempre que no nos enfrentemos a enormes masas de gente casi siempre localizadas en lugares que no están pensados para una evacuación rápida y segura. Respecto a las medidas preventivas es todavía más complicado ya que uno de los principios básicos del delincuente como es el de salir indemne de la actuación delictiva, no lo podemos considerar en algunos de estos casos. Y el control de accesos (por lo menos de personas, otra cosa son los vehículos) cuando se reúnen enormes cantidades de gente en espacios no confinados es casi imposible. No quiero ni pensar en las enormes posibilidades que ofrecen los drones, no desde la prevención como escribo en el artículo sino desde la comisión de una acción terrorista, para saltarse casi cualquier control de accesos en el espacio público.

Fernando dijo...

Fariña, no me resisto a copiar un párrafo de un libro de Byung-Chul Han que acabo de leer. Estoy seguro de que te gustará porque va mucho en la línea de lo que repites una y otra vez y además está relacionado bastante con lo que trata el artículo de este mes. Ahí va:

"Ese violento poder de lo global que todo lo nivela reduciéndolo a lo igual y que erige un infierno de lo igual, genera una contrafuerza destructiva. Jean Baudrillard señaló que la vesania de la globalización engendra terroristas a modo de dementes. Según eso, el penal de Guantánamo sería el equivalente a los manicomios y las cárceles de aquella sociedad disciplinaria y represiva que, por su parte, engendra delincuentes y psicópatas".

Está extraído del libro "La expulsión de lo distinto". Por cierto, gracias por haberme descubierto a Han. Sus análisis me parecen esclarecedores.

José Fariña dijo...

Fernando: no he leído ese libro de Byung-Chul Han pero, como comprenderás (después de la cita que me parece muy sugerente) trataré de leerlo en cuanto tenga un rato libre. Gracias por la referencia.