miércoles, 5 de febrero de 2014

La jerarquía urbana, modelos clásicos

En mis tiempos de estudiante se veían las ciudades como una especie de quistes en el territorio, aparentemente ajenos al mismo, y relacionados entre sí mediante determinados sistemas casi todos explicados mediante modelos llamados de “jerarquía urbana”. En teoría, todo este enfoque clásico de la jerarquía urbana que descansaba en la idea de distancia, se ha venido abajo con la aparición de la civilización digital y los nuevos sistemas de difusión de la información, que han dado lugar a las "ciudades red". Habréis observado que tuve la precaución de empezar el párrafo anterior con la expresión “en teoría”. Y es que, a día de hoy, no tengo tan claro que la necesaria vuelta a la recuperación del espacio físico no ponga otra vez encima de la mesa la reconsideración de la distancia real como elemento fundamental de la organización del sistema urbano. Y, por tanto, la “jerarquía urbana” al modo tradicional recupere un papel central en la organización y comprensión de nuestros territorios.

W. Christaller. Das System der zentralen Orte in Süddeutschland

En cualquier caso, me parece importante recordar ciertas teorías (parece que olvidadas) que pueden hacer más comprensibles algunas posturas sobre el funcionamiento eficiente del territorio y de sus áreas urbanas. Este, y no otro, es el objetivo del artículo de hoy. Los que llevamos impresas en nuestros genes las explicaciones de Christaller, Von Thünen o Lösch, acerca del funcionamiento del sistema urbano, tendemos a pensar que las generaciones actuales también las llevan. Pero esto no es así. Cualquier conversación con un joven urbanista, geógrafo o planificador urbano, lo manifiesta con toda claridad. Casi todos los autores están de acuerdo en que el origen de estos enfoques podemos encontrarlo en Von Thünen, uno de los primeros teóricos que intentó establecer un modelo de estas características, y que la mayor parte de las propuestas proceden de la geografía o de la economía urbanas tradicionales.

Von Thünen y la renta de localización

Von Thünen nació en 1783. Sus estudios partieron de la observación de lo que sucedía con la explotación de su finca de Tellow, cerca de Mecklemburgo, analizando las relaciones entre ciudad (consumidor) y localización agrícola (productor). Partía de la necesidad de maximizar el beneficio de la renta agrícola que dependía del tipo de producción, la cantidad producida y la distancia al mercado. Concluía que en una llanura uniforme y con una ciudad en su centro, la renta era función del tipo de producción y de la distancia al mercado. Llegó a proponer una disposición de cultivos en círculos en torno a la ciudad: ganado de leche y cultivos de huerta, silvicultura y, más lejos, cereales. El resultado de sus reflexiones lo publicó en el año 1926, junto con Friedrich Perthes, en el libro Der isolirte Staat in Beziehung auf Landwirthschaft und Nationalökonomie ("El Estado Aislado en relación con la agricultura y la economía nacional").

Von Thünen y la renta de localización Wikipedia

Bueno, las críticas le llovieron de todos lados. Pero, sobre todo, por el hecho de que, según su planteamiento, los productos más pesados se obtenían más lejos con lo que el coste del transporte los penalizaba. Además intervenían muchos más factores que no consideraba, tales como el crecimiento de la ciudad que hacía más valiosos los terrenos próximos al centro. En 1842 publicó una edición revisada, ahora con Leopold de Rostock. Al final, sus planteamientos llegaron a admitirse con precauciones sólo para la explicación de las rentas agrícolas en función de la distancia a los mercados. Su importancia radica en que fue el origen de múltiples modelos de organización territorial basados en la llamada renta de localización. La renta de localización se apoyaba en dos elementos que han sido pulverizados con los sistemas modernos de transporte y conservación de alimentos: el tiempo que se tardaba en llegar a los mercados, básico para algunos productos perecederos, y el coste del hacerlos accesibles a los mismos.

La teoría del lugar central de Christaller

En realidad, los trabajos de Christaller tuvieron como referente los de Hans Bobeck (a quien citaba en su tesis doctoral) y, por supuesto, los de Johann Heinrich von Thünen. La importancia de Walter Christaller se deriva del hecho de que abandona el determinismo geográfico como base de la explicación de la organización del sistema urbano para centrarse en los aspectos económicos y sociales. En 1933 publica su obra fundamental Die zentralen Orte in Süddeutschland (“Los lugares centrales en Alemania meridional”), donde analiza la localización de las actividades de intercambio y la distribución de las funciones terciarias.

Jerarquía de los cinco primeros lugares centrales. W. Christaller.

Según Christaller la función principal de una ciudad es la de proporcionar bienes y servicios al espacio rural que la rodea e intercambiar los productos agrícolas que necesita. Los centros urbanos primarios, los más básicos (lo mínimo que se despacha en ciudad) están colocados estratégicamente de forma que la distancia máxima a la que se encuentra cualquier agricultor no supere una hora de camino. Este principio de organización basado en la distancia de 4 kilómetros al centro (que es lo que se recorre en una hora) da lugar a una distribución en triángulos equiláteros que se reagrupan en hexágonos regulares. Cada hexágono tiene, a su vez, un centro. Estos se organizan en otros mayores con su centro correspondiente y así sucesivamente. De forma que Christaller establece una jerarquía de lugares centrales con siete escalones: población de mercado, gran población, ciudad de subprefectura, ciudad de distrito, ciudad de prefectura, ciudad de provincia y capital regional.

Los tres principios de organización del lugar central
 Señalar en la imagen para verla más grande  hypergeo

Aunque el sistema pueda parecer muy rígido y ordenado Christaller introduce, además del principio del mercado visto en el párrafo anterior (Marktprinzip), el del transporte (Verkersprinzip) y el administrativo (Zuordnungsprinzip), que complican el modelo. Supone que el transporte alarga las áreas de influencia urbana en el sentido de las vías de comunicación. Además considera que un centro administrativo debe controlar siete centros de orden inferior frente a los tres que preconiza el principio de mercado. El modelo también fue criticado por muchas razones que no se le escapan a nadie. La fundamental es que, en la mayoría de los casos, el espacio físico real no es isótropo. A esta se añadieron muchas otras que le inclinaron a proponer otra medida de la jerarquía basada en el número de teléfonos por mil habitantes tampoco acogida con demasiado entusiasmo.

Las aportaciones de August Lösch

En 1939 el economista alemán August Lösch publicó Die räumliche Ordnung der Witrschaft (“Economía de la localización”), donde planeaba la cuestión de situar la actividad económica atendiendo a la organización regional. Ponía el foco en la economía y no en cuestiones geográficas o políticas lo que fue un avance importante. Llega a conclusiones que podrían asimilarse en cierta mediad a las de Christaller aunque partiendo de un enfoque diferente. Y no es el único (Edward Ullman, por ejemplo, también llega a algo parecido) lo que hace pensar a estudiosos como Claval que esta teoría era un concepto emergente que surgía en aquellos momentos de forma natural al estudiar el sistema urbano.

Formación de los hexágonos a partir de dos empresas
 al aumentar su número y cubrir todo el territorio

Su modelo se basaba en una llanura uniforme, con recursos repartidos por igual, y un área de mercado óptima definida por el radio mínimo necesario para la venta y el coste del transporte. En estas condiciones surgía un dibujo hexagonal con la industria en el centro. A partir de aquí propuso su concepto de redes de áreas comerciales. Las ciudades pueden verse, para su modelo, como concentraciones puntuales resultantes de la agrupación de industrias. Son tres los factores que organizan el sistema: la distancia, la producción a gran escala y la competencia. Supone la lucha entre dos planteamientos: el de obtener el máximo beneficio por parte del productor y el de reducir al mínimo la distancia por parte del consumidor. El resultado es también una red de hexágonos. Su planteamiento es más general y sistemático que el de Christaller aunque las críticas que se hacen a ambos son muy parecidas.

Otras formulaciones de la jerarquía urbana

Las propuestas anteriores de Von Tünen, Christaller y Lösch, dieron lugar a una bibliografía muy abundante y a formulaciones, sobre todo matemáticas, que le confirieron un cierto rigor científico. Una de las más conocidas es la fórmula de Beckmann que relacionaba el número de habitantes de la ciudad con su nivel jerárquico. De su comparación con los resultados de Christaller se deducen cifras comparables salvo en los primeros escalones de la jerarquía. Por ejemplo, en el nivel 7 (el más alto, correspondiente a una capital) la población del lugar central según Christaller es de 300.000 habitantes y según Beckmann de 325.000, con una población total del área de 2.025.000 habitantes según Christaller y 2.500.000 según Beckmann.

En el caso de las 135 grandes áreas metropolitanas USA en 1993
 la ley rango-tamaño de Zipf se ajusta bastante bien. Diagrama Gabaix

Una de las leyes más conocidas en la ley rango-tamaño. Se le atribuye a Zipf, pero algunos tratadistas ponen los fundamentos en otros autores anteriores. Así, Carter habla de Félix Auerbach en una publicación de 1913; y Derycke, de Singer y Gibrat en 1938. La ley, tal y como la propone Zipf en 1969, establece una relación matemática entre la población de una ciudad de rango (n) y la población más habitada de un país. La teoría de Zipf puede explicarse acudiendo a la llamada fuerza de “diversificación”: la población tiende a distribuirse en multitud de pequeñas comunidades. Pero, a la vez, existe otra “de unificación” que resulta de la concentración de la población. Si llamamos (Pn) a la población de rango (n), (P1) a la población de primer rango, (r) el rango de la ciudad, y (q) una constante, entonces:

Pn = q (P1/r)

Como los cálculos realizados en ciudades americanas condujeron a un valor de (q) muy cercano a 1, la fórmula final sería:

Pn = P1/r

Esto quiere decir que si los habitantes de la primera ciudad de un país son (P), los de la segunda serían la mitad, los de la tercera un tercio, y así sucesivamente. Si se admite la ley rango-tamaño (al fin y al cabo se trata de un ley empírica) la teoría de Christaller sería, en parte, contradictoria con ella ya que postulaba una distribución escalonada y ordenada por categorías, frente a la de Zipf que supone el establecimiento de una relación continua.

La ley de Reilly relaciona tamaño de la población y distancia  hofstra

Otro conjunto muy importante de modelos son gravitacionales. Probablemente el más didáctico sea el de Reilly. Cuestionaba la base de la teoría del lugar central según la cual los consumidores acuden siempre a la ciudad más cercana. Según su modelo, basado en la ley de la gravitación universal de Newton, un comprador situado en un lugar intermedio entre dos ciudades se siente atraído por ellas en función del número de habitantes de cada una y en razón inversa el cuadrado de la distancia a las mismas. Esta ley ayuda a la comprensión del sistema de ciudades, y todavía hoy se usa (con la de Huff) para determinar los flujos comerciales de los consumidores, aunque plantea bastantes problemas. Probablemente el más importante sea que la existencia de demasiadas zonas correspondientes a productos distintos no permite proponer un límite único. Aunque en los modelos más modernos la distancia se sustituye por el tiempo, no siempre consigue explicar de forma satisfactoria como funciona el sistema.

Confrontación de los modelos con la realidad

Todos estos planteamientos se han puesto a prueba verificando si, realmente, las cosas funcionan así. Los resultados han sido dispares pero han permitido afinar bastante los modelos teóricos. Uno de los primeros en perfeccionar la teoría de los lugares centrales, base de muchos de los modelos de jerarquía urbana, fue Walter Isard, uno de los padres de la ciencia regional, que en 1956 propone “que el área de mercado no sea sólo función de la distancia, sino también de la densidad; la dimensión de las áreas de mercado es más reducida en las zonas muy pobladas; y el precio del transporte de los bienes no pasa a ser prohibitivo ni limita las áreas de mercado a no ser que la densidad sea muy baja” (Bailly).

Walter Isard, padre de la ciencia regional, profesor en Cornell  CornellAAP

Pero probablemente fue Berry en sus publicaciones de comienzos de los años setenta del pasado siglo XX quien consiguió resolver algunos de los problemas más importantes de la teoría del lugar central. A partir de los resultados de una serie de encuestas que realizó en los mercados de Iowa consiguió establecer una jerarquía de lugares centrales en función de los comercios más significativos. De su análisis se derivaron una serie de correcciones sobre los planteamientos anteriores. Por ejemplo, la venta de un bien varía según el tipo de empresa que vende el producto y según la competencia existente. Además, para que se venda un bien con un beneficio normal es necesario un mercado con un tamaño mínimo. Es decir, existe un umbral por debajo del cual nada funciona. Según estudios posteriores este umbral es un elemento básico que no había sido considerado anteriormente pero que se revela como fundamental.

Otros siglos, otros tiempos, división del trabajo, especialización
 “Tiempos modernos” Charles Chaplin  sospechososcinefagos

En los análisis de Berry también se pone de manifiesto que en la jerarquía de los lugares centrales tienen una gran importancia la especialización, la división del trabajo, y el hecho de que las familias ya no puedan bastarse por sí mismas como antiguamente. Llega así a un modelo de países formados por un conjunto de regiones metropolitanas interdependientes. Dice (citado por Bailly): “De este modo, la especialización espacial, antes que la superposición de niveles análogos en una jerarquía de lugares centrales, nos facilita la comprensión de las más modernas formas metropolitanas de la geografía del comercio”. Sin embargo, trabajos y estudios posteriores han constatado que las cosas no son tan sencillas ya que el comportamiento del consumidor es mucho más complejo. Y que, para el caso de las zonas metropolitanas, la explicación que ofrecen estos modelos (aún con las cautelas apuntadas), está bastante alejada del funcionamiento real del sistema.

Su importancia en el siglo XXI

Aunque pienso dedicar otro artículo a los modelos de jerarquía urbana en el mundo actual, no quisiera terminar sin decir algunas palabras el respecto. Sobre todo para situar adecuadamente estas teorías aparentemente obsoletas. En general, la utilización de modelos teóricos para explicar sistemas complejos, aunque tuvo su momento de auge importante, actualmente está bastante desacreditada. A mi juicio, equivocadamente. Es posible que un modelo no sirva como sistema de previsión en una situación real, pero su utilidad es incuestionable cuando se trata de un recurso didáctico (e incluso analítico). La comprensión, aunque sea simplificada, del funcionamiento de los procesos, es vital para conseguir detectar los elementos críticos. Lo que ocurre es que no se pueden pedir peras a un olmo. Es decir, no se puede pretender que un modelo funcione como la realidad. Sobre todo cuando trabajamos con mecanismos no lineales o cuyo comportamiento varía de forma muy apreciable debido a variables en principio de escasa entidad que se desprecian de entrada o que funcionan mediante saltos y umbrales.

Mapa mercados financieros dibujado con algoritmos genéticos PhysRev82

Es cierto que los modernos sistemas de tratamiento de la información están empezando a proponer métodos diferentes. Unos basados en algoritmos prestados de diferentes áreas del conocimiento como la ecología, la genética o la física; y otros en la recopilación de grandes cantidades de datos, prácticamente inmanejables hace pocos años. Sin embargo, estos últimos han traído consigo la renuncia a la comprensión de los procesos subyacentes, dejando todo el mecanismo de decisión “en manos” de programas que determinan qué nichos de mercados, dónde vender, de qué manera hacerlo y cómo inducir a comprar. Google no mide distancias, ni situaciones políticas, ni tan siquiera anímicas. Le importa poco si el consumidor vive en una ciudad de rango 3 o de rango 7, si es un lugar central o periférico. Sólo le importa saber si la IP a la que envía la publicidad cuenta con las condiciones necesarias para ser sensible a la venta que le propone independientemente de cualquier otra consideración.

El mapa de Internet  internetmap

Pero es que el mismo concepto de jerarquía ha cambiado. Los lugares centrales empiezan a priorizarse relacionándolos con el número de intercambios en Internet por mil habitantes, la cantidad de líneas de banda ancha o el número de fotos colgadas en Panoramio. Lo más importante de todo esto es la desvinculación con el concepto de distancia física. Parece como si las ciudades fueran elementos flotantes en un magma irreal, desvinculados de cualquier cosa que no sea una imagen creada por el marketing, ajenas al territorio, a los árboles, a los alimentos o al agua. Y, sobre todo, ajenas a las relaciones físicas entre ellas, que es la diferencia básica respecto a la etapa anterior. Es como si la red de caminos, carreteras, ríos, canales o mares, se sustituyera por una red virtual cada vez más centrada exclusivamente en el intercambio de información. Se puede ver como la consecuencia de la progresiva eliminación del concepto de distancia y su sustitución por el de instantaneidad. Pero la realidad es tozuda y se empeña en decirnos que es necesaria el agua para beber y el pan para comer. Que hay cosas que son instantáneas, o casi, porque su traslado se realiza a un coste prácticamente nulo. Pero esto no va a ser siempre así. Empieza a no serlo, sobre todo porque los costes ecológicos son ya inasumibles y los monetarios lo serán pronto. De forma que pronto vamos a tener que hablar, otra vez, de la distancia como elemento básico de los sistemas urbanos.



Nota: quien esté interesado en estos temas deberá acudir a libros de Geografía Urbana o Economía. La ventaja es que no hay que buscar en los escritos el último año para conocer los fundamentos. Es suficiente cualquier manual básico de hace unos años donde podrá encontrarse abundante bibliografía y referencias a los textos originales. El problema es que no se pueden encontrar en formato digital y que están casi todos agotados. Pero una visita a una biblioteca nunca está de más.
  • Se puede empezar por un clásico: Carter, H.: El estudio de la geografía urbana. Hay varias ediciones en inglés (The Study of Urban Geography, 1972) y la que yo he usado en español está editada por el antiguo IEAL en 1983 traducida por Joaquín Hernández de la tercera edición inglesa de 1981.
  • Otro libro muy claro y de bastante interés es el de Bailly, A. S.: Lórganisation urbaine. Théories et Modèles, publicado en París por el Centre de Recherche d´’Urbanisme en 1975. Hay traducción al español.
  • He obtenido también algunos datos del libro de Pierre-Henri Derycke: L’Économie Urbaine, publicado por Presses Universitaires de France en el igualmente lejano año de 1970. Creo que está también traducido al español ya hace bastante tiempo.
  • Sobre el modelo rango-tamaño resulta interesante la lectura del artículo de Horacio Capel titulado “La validez del modelo rank-size” en la Revista de Geografía de la Universidad de Barcelona. Aunque es del año 1972 puede darnos una idea de cómo se veían entonces estos temas. Tiene, además, una bibliografía bastante interesante y se puede conseguir gratuitamente en este enlace.

11 comentarios:

Demangeon dijo...

Buena entrada. Es cierto que el uso de modelo matemáticos ha sido minoritario en la geografía humana española y supongo que también en el urbanismo, no tanto en economía urbana donde el modelo de localización de Alonso-Muth-Mills sigue siendo en gran medida el centro de la disciplina.

Muy de acuerdo en que el uso de modelos tiene una serie de ventajas incontestables. Como recursos didácticos, como organizadores de la materia básica de la disciplina, como organizadores de temas de investigación, como modelos ideales ante los que comparar los muchos otros factores que influyen en la realidad (es decir como guías para la investigación empírica), como posibles herramientas de ordenación si se quiere seguir criterios de minimización de costes y maximización de utilidad etc. En ese sentido los modelos (actualizados) de Von Thünen para localización agrícola, de Alonso-Muth-Mill para localización urbana, de Christaller y Lösch para las redes de núcleos, de Wilson para la interacción espacial etc siguen siendo las tramas básicas para organizar las disciplinas que tratan con el funcionamiento de los sistemas territoriales. Sin entender esos modelos simplificados difícilmente se puede entender la complejidad real de los sistemas urbanos y regionales.

Un saludo

Antonio Folgado dijo...

Pepe: con tanto temporal como tenemos por aquí casi no hay ganas de nada. Reanudo mi colaboración contigo como comentarista del blog diciendo algunas cosas sobre modelos desde mi experiencia ajena al urbanismo. Los modelos son uno de los pilares sobre los que avanza la ciencia. O es lo que yo entiendo desde mi campo. Todavía más radical: sin modelos probablemente no existiría la ciencia. Luego los modelos se confrontan con la realidad y se modifican. Y esto es válido, tanto para las ciencias físicas como para las sociales. También es verdad que la forma en la que se proponen los modelos es diferente hoy que hace unos años. A lo mejor sólo porque los ordenadores han cambiado la perspectiva. Estoy deseando leer la segunda parte del artículo que según los últimos párrafos promete. Unha aperta explosivamente ciclogénica con olas de doce metros.

José César dijo...

Agradecido por una explicación tan clara de un tema tan complejo. José César desde Colombia.

Manel dijo...

Este tipo de modelos todavía se pueden rastrear en territorios como el gallego con una gran herencia rural. Pero me parece que en las urbes metropolitanas son ya reliquias del pasado. Sobre todo los de Christaller y Von Tunen, claramente agrarios. Pero estoy de acuerdo con José César que el artículo es un prodigio de claridad y concisión.

Anónimo dijo...

Sr. José Fariña:
!cuántos recuerdos me trae esta entrada del blog¡.
Desde la Geografía, se hicieron algunas publicaciones y Tesis teniendo el modelo de Christaller como referente metodológico, especialmente en la década de 1980.
Al citado Horacio Capel habría que añadir los nombres, entre otros, de Joseba Juaristi Linacero y de Joaquín Bosque Sendra, que contribuyeron al uso y difusión de este y otros modelos (Reilly, por ejemplo). Todo ello dentro de la Geografía Cuantitativa, enmarcada en la corriente neopositivista.
Creo que no lo había dicho al comienzo: enhorabuena por esta (y otras) entrada en el blog.
José Cortizo. Departamento de Geografía y Geología, Universidad de León.

Eduardo dijo...

Es verdad lo que dices acerca de la distancia y la instantaneidad. Pero pienso que aunque se vuelva a considerar como factor determinante no tendrá el mismo sentido que en estos modelos. Me gustaría saber tu opinión sobre la posibilidad de que la distancia no se considere en relación al tiempo como antes sino en relación al coste. Dependiendo del producto a trasladar ya que no es lo mismo uno que otro. Sobre todo para aquellos en los que el tiempo no sea determinante.

José Fariña dijo...

Eduardo: se han propuesto muchos elementos distintos para sustituir a la distancia. El mismo Christaller lo hizo. Sin embargo las cortas distancias, la proximidad, son algo más que un elemento de un sistema. Representan muchas cosas que tienen que ver con el conocimiento entre personas, el amor a la tierra, sistemas de gobernanza diferentes a los actuales, utilización de materiales y soluciones autóctonas seguramente más adecuadas que las foráneas… Todo esto (y más) hará que las distancias reales (no el costo, ni el tiempo) sean cada vez más importantes a la hora de considerar las relaciones entre ciudades, y de estas con su entorno territorial. Es lo que hace que tengan sentido la bio-regiones en todas sus escalas y una organización del territorio y de los sistemas urbanos basada en la proximidad física. Por lo menos eso es lo que me parece a mí en estos momentos.

Fernando M. García dijo...

Saludos profesor,

Tenía pendiente de leer este post porque estuve sumergiéndome en el tema hace unos meses en una exploración que acabó siendo aplazada, aunque con el paso del tiempo parece haber encontrado un orden otra vez en mi cabeza y probablemente vuelva a emprenderla. Me desconcertó que, como comenta al final del artículo, los referentes en la materia databan de los años 60 y 70 y no encontré hitos significativos posteriores, por lo que me quedé con la sensación de estar perdiéndome algo que no debiera obviar para los fines que tenía.

Mi intención era distinguir un grupo concreto de ciudades del sistema urbano español que, según mi hipótesis, se conforma a lo largo de las últimas décadas con el crecimiento del mundo urbano en detrimento del rural. De acuerdo al número de habitantes de los municipios, la regla rango-tamaño de Zipff se cumplía bastante fielmente (intento dejar enlace a fb https://www.facebook.com/photo.php?fbid=534625136622460&l=b4212c7eee) y por la evolución de la población hasta el siguiente nivel también podría deducirse que ese nuevo tipo surgía en los últimos años, y es más, que suponía un porcentaje significativo de la población nacional. Pero claro, dar por cierta la hipótesis únicamente por un criterio de población parecía ser excesivamente simplista. ¿Un grupo de ciudades pertenecían a una misma categoría simplemente por su número de habitantes? o ¿el número de habitantes dependía tanto del rango de una ciudad, y por lo tanto de sus funciones sociales, económicas, territoriales, etc?.

El problema es que incluir más criterios convierte la tarea en terriblemente complicado de acuerdo a los métodos encontrados. A mi, particularmente, me dejó un poco perplejo que métodos tan sencillos como la regla rango-tamaño se ajustaran tan bien a la realidad...aunque cuanto hacías un segundo análisis existían demasiadas particularidades que era difícil no considerar que se estaban saltando la regla.

Al final, creo que optaré por una aclaración como la de Vinuesa en La población de las ciudades medias españolas (1989): "Dentro de los análisis urbanos y territoriales son frecuentes las ambigüedades terminológicas e incluso conceptuales. El título de este artículo podría ser un ejemplo de ello y, por tanto, parece oportuno comenzar por definir su contenido y justificar su alcance. Se trata de hacer una valoración geodemográfica (...) de un conjunto de ciudades diferenciadas, fundamentalmente, por el tamaño de su población." Y, a partir, de esta aclaración, recuperaré el objetivo general del estudio.

PD: Sobre información estadística de las ciudades españolas considero muy interesante las publicaciones de María Dolores Aguado Fernández.

José Fariña dijo...

Fernando: coincido casi enteramente con tus apreciaciones. El problema de estos modelos (que ya se detectó muy pronto) fue la aparición de las grandes áreas metropolitanas, conurbaciones y megalópolis. En ellas todos estos planeamientos saltan por los aires lo mismo que las fronteras de las ciudades. Porque claro, ¿hasta dónde llega New York, o Madrid, o Barcelona? ¿Para determinar el número de habitantes (por ejemplo) hay que basarse en las divisiones administrativas? Concretando en una variable: las relaciones residencia-trabajo básicas para un entendimiento simple de la mayoría de los modelos de desplazamientos, son casi imposibles de aclarar en las grandes áreas conurbadas que son la base del actual sistema urbano. Pienso que, en estos momentos, los intentos de explicar de forma global el funcionamiento de las ciudades no se pueden plantear a partir de este tipo de enfoques. En cambio me parece que son muy importantes desde el punto de vista didáctico (haciendo notar que no es una explicación de la realidad urbana sino un intento de aclarar las relaciones entre algunos de sus elementos), y para el análisis de variables concretas. Cada vez entiendo más que la clave de la comprensión global está en el análisis político, social y económico. En las decisiones conscientes de los ciudadanos. Es decir, en el sistema de "gobernanza" (usando una palabra que odio pero a la que no he encontrado sinónimo en castellano).
La otra vía que se intentó también en un momento histórico (y que ahora se está empezando a retomar basada en las posibilidades de la civilización digital) es la de la "caja negra". Pero claro, eso es renunciar de entrada a cualquier explicación racional. Aparte de que, metodológicamente, tiene problemas graves como el hecho de ser casi imposible la reproducción del experimento en condiciones urbanas reales. En fin, estamos en un momento bastante interesante desde el punto de vista de la investigación ya que hay mucho trabajo por delante.

observer dijo...

Gracias por la interesantísima entrada, un lujo semejante acopio de referencias y adtos.
Sin embargo, no sé hasta qué punto estos planteamientos métricos son compatibles con la economía moderna y la "evaporación" de los fenómenos de valor, en consonancia con la dialéctica que propones entre distancia e instantaneidad. Por todos los flancos, lo local tiende a desaparecer, tanto por la virtualización de las figuras simbólicas que constituyen nuestro imaginario, como por la mundialización de la cadena producción-consumo y la consiguiente puesta en crisis de la relación entre un "centro" y su área de influencia. Desde la cibernética o la ecología el concepto mismo de centralidad es inaceptable (pues un sistema se define como conjunto de relaciones en el que todas y cada una de ellas son importantes y necesarias) pero sobrevive como figura ideológica, pues establecer centralidades permite ordenar los fenómenos de manera sistenática (del mismo modo que el 0,0,0 de los eje X,Y y Z, que "No existen" pero sirven para referir todos los fenómenos que suceden a su alrededor).

José Fariña dijo...

Observer: sí, efectivamente, tienes razón. De hecho, la última parte del artículo va en esa dirección. El primer problema es que, en realidad, son evidentes las fortísimas centralidades económicas que acompañan una aparente descentralización de otros temas. Y el segundo es que esa tendencia a la desaparición de lo local, en parte debida a estas centralidades económicas que conllevan también otras cosas, es perversa. Y lo es por muchas razones, desde la reducción de la "biodiversidad cultural", hasta los altísimos costes ecológicos y económicos sobre los que se sustenta. Algunos pensamos que la única salida a una situación aparentemente sin salida es, precisamente, la recuperación de lo local. Por supuesto que es algo muy complicado, sobre todo porque a las economías que tienen las riendas del poder centralizadas en muy pocas manos, no les interesa lo más mínimo. Gracias por el comentario.