martes, 13 de noviembre de 2007

Lugares que emocionan, el Peine del Viento

Los gritos destacaban sobre el ruido de las olas al romper en el acantilado. Al acercarme era cada vez más evidente que se trataba de una pareja que discutía de forma acalorada. Luego, cuando subí los primeros escalones pude verlos. De mediana edad, ambos vestían ropa deportiva y estaban sentados en una de las gradas. No pude saber de qué iba la controversia porque hablaban en euskera de forma que no hice mucho caso y continué hasta la última explanada.

Imagen extraída de Retrospectiva

Mis viajes de trabajo me han traído otra vez a Euskadi. Escribo estas notas desde un banco en la ladera del monte Urgull mientras miro (casi sin ver) la bahía de La Concha y la Isla de Santa Clara. No puedo quitar de mi mente la pareja que no hace más de dos horas discutía, al otro lado de la ciudad, al pie del Igeldo (o Igueldo como se pronuncia en castellano), de forma tan dramática. Confieso que hubo un momento en que llegué a asustarme porque en el lugar desde donde se contempla el conjunto de Chillida llamado El Peine del Viento (al final de Ondarreta) estábamos los tres solos. Empecé a pensar rápidamente qué actitud adoptaría si la discusión se convertía en agresión física entre ellos.

Imagen extraída del blog de Rafa Espada

Como otras veces, desde que lo he descubierto, cuando vengo a Donostia me gusta acercarme a este lugar, ver los hierros retorcidos que Chillida empotró en las rocas e ir comprobando como, poco a poco, el hierro trasmuta en piedra (aunque parezca físicamente imposible) y la piedra, rezumando óxido, se va volviendo hierro. Me encanta el ruido de las olas al romper en el acantilado y sentir la sal del agua cuando la espuma llega a la explanada. Como suele haber muchos turistas me apetece ir a la hora de comer, cuando sé que no hay nadie. Pero hoy el ritual se había roto porque aquella pareja lo estaba pasando realmente mal en aquel sitio que, para mí, era como una especie de paraíso doméstico.


Intenté concentrarme en los hierros y las olas y, de repente, me di cuenta de que no oía gritos. Miré hacia atrás y los ví, uno al lado del otro, la mano derecha de ella cogida a la izquierda del hombre, encima de los agujeros del pavimento donde el ruido de las olas llega de las profundidades y, con cada una, un chorro de aire salobre aparece como un géiser. Oí hasta cuatro veces rugir las olas debajo y, en cada una, el pelo de la mujer, largo y negro, se movía con el aire que salía por los agujeros. Luego se separaron, y sin decir palabra, caminaron hacia Ondarreta, uno a cada lado de la acera.


Me quedé solo, con los hierros de Chillida, las olas y el viento. Entonces no lo pude evitar, me acerqué a los agujeros del pavimento, extendí la mano y esperé a que el agua impulsara el aire para sentir su caricia en la piel. Subía la marea, claro, ya que en caso contrario esto no hubiera pasado. Dicen que cuando hay temporal, la espuma de las olas produce casi un auténtico géiser. Pero yo nunca he conseguido verlo. Luego caminé Ondarreta adelante, pasé el parque de Miramar, seguí por La Concha, me metí por la parte vieja, y luego subí por el lateral del monte Urgull hasta que comprendí que estaba cansado y me senté en el banco desde el que escribo.

Durante todo el camino, que transcurrió casi sin darme cuenta, pensaba una y otra vez en la extraña relación que se produce entre determinados lugares y algunas personas. Es como si el espíritu de algunos sitios trascendiera más allá de las percepciones individuales y adquiriera una extraña autonomía. Percibí claramente (es imposible razonarlo) que el verdadero artista del territorio es capaz de encontrar ese sentido y hacerlo visible a mucha gente. Por supuesto que este sitio era algo especial para Chillida. Pero sin Chillida probablemente no lo hubiera sido ni para mí, ni para la pareja que discutía. Como en el caso de las Quintanas de Santiago tampoco ahora he inventado nada. Me he limitado a mirar y a sentir.

Imagen extraída de Wikimedia

Pienso que, simplemente el hecho de conocer El Peine del Viento merece una visita a Donostia. Para cualquiera. Pero para aquellos que pretenden entender y trabajar el paisaje es imprescindible. Además este lugar no es sólo Chillida. Pienso que es también una de las obras fundamentales del arquitecto Luís Peña Ganchegui (podéis encontrar aquí una entrevista donde explica su relación con Chillida y la génesis y desarrollo de esta obra extraordinaria, incluso su queja sobre el material utilizado como pavimento).

Por la mañana había estado en el ensanche que, probablemente, sea el ejemplo más depurado y bello que nunca se haya realizado de esta forma tan específica de crecimiento urbano, y luego había caminado a lo largo del Urumea hasta llegar al Kursaal. Lo siento, pero esta obra de Moneo sigue sin emocionarme (y eso que es uno de mis arquitectos preferidos) aunque al propio Chillida tampoco le hacía demasiada gracia. Quizás tenga que ver con el "ruido visual" que forma el entorno comercial que ahora le rodea y los grandes carteles anunciando bodas y convenciones o con el hecho de que haya dejado de ser roca para convertirse en casa. Me interesa mucho más la lucha del Urumea con el mar en una desembocadura que los diques y escolleras han convertido en un circo para potenciar la playa de la Zurriola. Detrás, el Kursaal indiferente, relegado a una "segunda línea de mar", ajeno al drama del sitio y rodeado de explanadas sin alma ni objeto.

Foto aérea de Google Earth

Es posible que otro día que vuelva por aquí, probablemente de noche, cuando del lugar sólo quede el ruido de las olas y la humedad salobre, y los cubos de Moneo, (iluminados por ese resplandor interior que aparece en todas las fotos) floten en medio de la nada pueda llegar a emocionarme. Cuando ocurra os lo contaré. Y entonces os hablaré de arquitectura porque hoy sólo quería escribir sobre sitios y emociones.

9 comentarios:

hansbrinker dijo...

Sin duda son lugares fantásticos los que relatas. El único que echo en falta es el paseo nuevo, que lleva desde el puerto de Donosti, bordeando la costa, hasta el Kursaal. Allí la escultura de Oteiza, no tan emocionante como la de Chillida, pero digna aun y todo, ofrece un espectáculo diferente, un dialogo con la otra esquina de la bahia, con Chillida. Los días de mala mar, cuando en el peine las olas salen por los agujeros, aquí demuestran su indomabilidad, pasando por encima de todo lo que se atreva a plantarles cara.
Encontrar luego el Kursaal iluminado de noche, llegando desde el boulevard, y luego rodearlo llegando a la playa, te hará verlo de otra manera, desde allí se ve todo diferente, con el frente de la ciudad detrás, como la punta de un gran iceberg...

Anónimo dijo...

En realidad yo me he dado cuenta de que los lugares que más me emocionan son aquellos que descubres sin presupuestos de partida, por sorpresa y sin exigencias de ningún tipo. Además refuerzan los sentimientos que generas, hacia los lugares que sientes, las experiencias vitales acumuladas en ellos, de toda clase...
Es curioso además, el ambiente en el que los descubres por primera vez, te llega a impactar bastante;
yo estuve en el peine de los vientos en primero de carrera, con compañeros de clase, de noche, apenas tuve percepción visual, salvo por las tenues iluminaciones de parte de la costa cercana, la verdad es que aquello estaba casi a oscuras, y sólo se escuchaba el sonido de las olas, y sólo se veían las sombras de los hierros, reconozco que el lugar tiene alma...No he vuelto a acercarme hasta allí,a veces me llegan recuerdos sobre aquella vivencia, y sobre lo que evocó en mi imaginación, y sobre la aportación sentimental que supone en general a mi forma de ver, entender y respetar el medio que nos reodea.
Me parece una actuación muy buena, muy sentida, casi sacada de las profundidades más valiosas del artista.
Visité Chillida Leku y no me aportó nada en comparación con el Peine de los Vientos.
En relación a los lugares que emocionan...Hoy me ha pasao una cosa curiosa, andaba por Gran Vía, lugar que no me emociona,y corría un viento endemoniado, frío y rápido, que me recordaba al cierzo de mi tierra, que tampoco es lo que más me apasiona de allí, precisamente; pero la mezcla de ambos tenía un sabor agridulce que me ha hecho reflexionar sobre este tema de los lugares que emocionan...
Fariña esto no es broma, te animo a escribir un libro sobre la percepción de los lugares a través de las relaciones interpersonales,la verdad es que te encuentras siempre con las situaciones más insospechadas en los lugares más mágicos de nuestro territorio.Ja!
Un saludo:Adri

José Fariña dijo...

Es verdad que me falta hacer el recorrido que dices y ver el Kursaal de noche. Estoy deseando hacerlo. Sin embargo me temo que no consiga despegarme de la geografía. Como a Chillida, me parece que está bien, pero la emoción del sito es otra cosa. La verdad es que Oteiza también hace cosas extraordinarias y tengo que ver el contrapunto al Peine al otro lado de la bahía. Sin embargo, esa "cosa" especial que tienen determinados artistas como médium entre el territorio y el espectador, no es tan fácil de encontrar. Es decir, la relación entre el intérprete y el paisaje que se produce en este caso (por ejemplo) es incuestionable como lo atestiguan cientos de personas que lo perciben. Es lo que entiendo por land-art. Otra obra de Chillida en la que sucede esto también (desde mi punto de vista) es el "Elogio del Horizonte" en Gijón. Un día escribiré algo también de esta magnífica obra.

Adriana, gracias por la idea del libro. Sin embargo, te asombrará saber que hace un mes he puesto un contador de visitantes en el blog (un contador interno porque me da un poco de reparo exhibirlo y, además, odio el récord y las competiciones), y que desde entonces he tenido más lectores (hemos tenido más lectores) que en quince años que lleva el libro "La ciudad y el medio natural" en la calle. Entonces, para qué un libro si tenemos este blog. Otra cosa sería un libro de lujo en papel especial, con fotos espectaculares... probablemente muy caro ecológicamente.

Bueno, no creas que en todos los lugares me pasan cosas, lo que sucede es que cuando me pasan me apetece contarlas. Todavía me quedan unas cuantas que algún día iré escribiendo (más las que se vayan produciendo, claro).

Federico García Barba dijo...

No olvidar pasar por el restaurante de Juanito Cojua en el casco viejo y comer un plato de judías de Tolosa.

José Fariña dijo...

Federico: eso ya haría el día redondo. Por desgracia para cenar es un poco excesivo, y a la hora de comer estaba en Ondarreta. Enfin, no se puede tener todo.

Anónimo dijo...

¿dices que a la hora de comer no hay nadie? bueno es saberlo. La única vez que estuve fue en una excursión con proyectos y había tal cantidad de gente que ni me fijé que hubiera agujeros en el pavimento. Ahora que he leído tu escrito cuando vuelva lo mirare de otra forma. En estos sitios debería haber algun manual de instrucciones o una explicacion de que va porque sino te lo pierdes. Deberían poner tu escrito o algo parecido en una plaquita en le sitio y asi nos enterariamos. Roberto.

José Fariña dijo...

Roberto: hay un concepto que se llama "capacidad de carga turística" que, obviamente, has tenido la mala suerte de sobrepasar cuando has ido de excursión con tus compañeros de proyectos. Pero esa actividad está sujeta a otro tipo de emociones que tampoco hay que menospreciar, por supuesto. Las amistadas que se hacen en esos viajes son tan importantes como cualquier peine que peina el viento. Espero que otra vez que vayas tengas más suerte.

rafa espada dijo...

Muchos dosnostiarras lo visitan a diario, es el final de un bonito paseo que empieza en Sagües. Y un destino de turistas, así que fuera de horas "normales" es fácilmente visitable.

Lo más bonito es estar sentado un rato observando a la gente, las olas, etc... uno de los sitios a visitar con calma.

Anónimo dijo...

Pensaba que sólo nosostros y los compañeros a los que hacías referencia en los primeros escritos del blog, frecuentaban este blog...y me sorprende enormemente los datos que citas en relación a los lectores de tu libro y los visitantes del blog...realmente sorprendente.Pues si es así te animo a que no dejes de escribir en el blog. Aunque claro aquí entraríamos a hablar de cuestiones de propiedad intelectual y demás cuestiones económicas para las cuales este sistema todavía no está sofisticado, por lo menos tal y como entendemos actualmente las cuestiones de publicaciones y demás...Bueno, un saludo a todos: Adri