martes, 26 de febrero de 2008

Sevilla, el edificio de "La Previsora"

En la entrada que escribí el 31 de enero titulada “Sevilla, paisaje desde la orilla derecha” me quedó la sensación de no haber diferenciado bien entre el paisaje de la ciudad visto al otro lado del puente de San Telmo y la arquitectura del edificio de Moneo. Paisaje que se configura mediante una serie de factores distintos y en cuya composición entran la Catedral, la Giralda, la Torre del Oro, el propio río, el perfil de la ciudad y, por supuesto, el edificio de La Previsión. Mi queja no iba dirigida precisamente hacia este último sino hacia una normativa urbanística que permite realizar obras de arquitectura en lugares "sensibles" de la ciudad (como el caso de la Torre de Valencia de Carvajal en Madrid respecto a la Puerta de Alcalá) sin que exista un estudio paisajístico previo de lo que puede suceder y de lo que sería deseable. Y todo ello independientemente del magnifico edificio que Moneo construyó para La Previsión Española (hoy Helvetia Seguros).


Mi buen amigo Federico García Barba que tiene un blog extraordinario llamado “Islas y Territorio” cuya lectura frecuente recomiendo, me envía un artículo que publicó en el año 1988 en el número 7 de la revista BASA del Colegio de Arquitectos de Canarias sobre el edificio de Moneo. El articulo me ha parecido de gran interés y le he pedido permiso para reproducirlo. Además complementa perfectamente la visión más turístico-paisajística que hice en la entrada del 31 de enero con otra más arquitectónica.


La parte gráfica la he organizado con las fotografías que me ha enviado Domingo Sánchez Fuentes, profesor de la Universidad de Arquitectura de Sevilla, que se ha tomado la molestia de realizarlas para ilustrar las palabras de Federico. Además me ha enviado una foto de cómo estaba el lugar antes de la construcción del edificio de Moneo. Imagen que ha conseguido a través del Catedrático de Historia Eduardo Mosquera a quien también le tengo que dar las gracias por su desinteresada ayuda tanto en mi nombre como en el de todos mis alumnos. Sin más reproduzco a continuación el articulo de Federico García Barba sin comillas ni cursivas para facilitar su lectura.


La sede de Previsora Española,
una obra sevillana de Rafael Moneo


El paseante perdido en el dédalo de callejuelas de la ciudad de Sevilla no puede sustraerse al encanto relacionado con la magia y el embrujo de su historia. En el barrio de Santa Cruz coexisten los coches de caballos y sus excrementos con el perfume de jazmín de los múltiples patios ajardinados, reflejando el carácter contradictorio y exuberante de la realidad cotidiana de Andalucía.

Este carácter contradictorio es extensivo a la tradición cultural hispalense, heredera del hedonismo árabe y del catolicismo dogmático posterior a la Contrarreforma, que se debate entre la riqueza de sus herencias y la voluntad de incorporarse a la renovación que está teniendo lugar en el conjunto del país para situarse en línea con el mundo desarrollado.

En este ambiente que impregna a Sevilla se ha producido la última obra de Rafael Moneo, el edificio que alberga a la sede de la compañía aseguradora Previsora Española, situada en el Paseo de Colón al borde del Guadalquivir y frente a la Torre del Oro. Este trabajo es fruto de la síntesis que este arquitecto realiza entre su gran bagaje cultural y la referencia a ciertas impresiones que ha entresacado de la propia ciudad; síntesis a la que, quizás, no son ajenos unos fervientes admiradores suyos, la última generación de arquitectos sevillanos con Ortiz y Cruz, Guillermo Vázquez y Víctor Pérez Escolano al frente.


La gran presencia de la ciudad en los momentos actuales del pensamiento arquitectónico es un campo de reflexión importante al que Moneo no es en absoluto ajeno, impregnando la arquitectura que realiza. La ciudad como soporte físico de la historia donde las distintas tipologías, los sistemas constructivos, las preexistencias y cualquier otro tipo de consideración sobre la urbanidad, tienen una influencia sutil en la conformación y desarrollo de los proyectos que este arquitecto viene construyendo en los últimos años.

En este sentido, el edificio de Previsora Española no podría entenderse sin comprender el peso determinante de su situación concreta dentro de Sevilla sino también, de la cultura de la ciudad en su conjunto, sin por ello renunciar a crear una arquitectura que trascienda este carácter local.


En este caso, la relación con el lugar concreto se establece mediante el rastreo de los elementos determinantes de la forma exterior del edificio, entre los que destaca notablemente la presencia en el paisaje urbano inmediato de los dos monumentos sevillanos por excelencia, la Torre del Oro y la Giralda, con las que trata de establecer un diálogo que rehuye conscientemente cualquier tipo de confrontación. Para ello, se recurre a la contraposición de una horizontalidad muy marcada frente a la verticalidad de las torres.


Cuando se observa desde la orilla del barrio de Triana, al otro lado del Guadalquivir, la inserción del nuevo edificio en el frente urbano es cuando las razones compositivas de la fachada ejecutada se comprenden en toda su magnitud y en la que el mascarón realizado sobre su acceso principal adquiere significado como elemento que establece una conversación con el skyline de la ciudad.


El contextualismo que está en la base de esta obra se puede rastrear también en el análisis de los trazados que han pautado el desarrollo del trabajo. Aquí es obligado señalar el completo respeto a las alineaciones definidas en el planeamiento y el tratamiento dado al problema originado por las ruinas de la antigua muralla que conectaba el bastión de la Torre del Oro con las defensas de la ciudad, consistente en una sutil rotura de la continuidad horizontal en la planta baja y un vacío en la entreplanta superior que permitiría el rescate de los restos existentes.


Esta vinculación del edificio con las antiguas defensas es reforzada con el tratamiento dado a la esquina definida por la confluencia entre el paseo de Colón y la calle Almirante Lobo. El uso masivo del ladrillo y el troceamiento del paño que se remata en punta de flecha podrían sugerir nuevamente la representación de las ruinas de la muralla.


El diseño concreto de la fachada, en la cual la definición de su sección y la escala son cuestiones capitales, busca apoyarse en la reinterpretación de ciertos temas tipológicos y constructivos típicos de la cultura local. La presencia recurrente del motivo horizontal es una pauta definida que impregna la formalización de la fachada en la que se alude a los ejemplos de la arquitectura pública sevillana que se basan en la definición de un zócalo con dos plantas superpuestas. Aquí el zócalo se trata con ladrillo visto lo que confiere rotundidad al encuentro del edificio con la calle, mientras que las plantas superiores se aligeran mediante el empleo de enfoscados y la rotura de la fachada que se abalcona.


Al objeto de permitir las aberturas necesarias en la planta baja, sin perturbar su imagen maciza, se recurre al empleo de elementos de cerrajería a la manera local, lo que le confiere a la fachada de una cierta figuratividad. Así, las verjas y las chapas de hierro fundido aparecen en la base del edificio siguiendo una tradición para la protección de los edificios al paso de carruajes que se puede observar en los palacios y casas de la parte antigua de la ciudad. Este zócalo se remata con un paño macizo de ladrillo con esgrafiados horizontales que sirven para enmascarar una entreplanta interior y contribuye a dar una mayor rotundidad al basamento del edificio que queda definido con un juego difícilmente equilibrado entre lo macizo y lo translucido.

El primer nivel es tratado con un cierto carácter monumental para lo que se emplea una magnífica columnata de piezas de mármol de Macael, enmarcadas en pilastrones de ladrillo aplantillado. La tímida monumentalidad así sugerida, quiere destacar la singularidad particular de este edificio al que es obligado dotar de una representatividad propia como sede principal de la compañía en la ciudad. A esta columnata se le contrapone un pequeño alero que arroja una línea de sombra que vuelve a recomponer la horizontalidad de la fachada.


La última planta vuelve a recuperar una formalidad más cotidiana mediante la disminución de la escala según una sucesión de columnas más pequeñas que definen una estructura abalconada en la que el tema horizontal queda definitivamente subrayado mediante el empleo de una potente cornisa a modo de remate.

A la fachada a sí definida en el proyecto se le ha sumado durante la obra un pequeño frente sobre la última cornisa que sirve de soporte al rótulo de la empresa grabado en la superficie de ladrillo, sirviendo más adecuadamente a la transición con la cubierta. Este sistema compositivo de la piel del edificio hace alusión no solo a los edificios públicos sevillanos, sino que atiende a modelos más antiguos que estuvieron en el origen de los tipos palaciegos de la arquitectura del renacimiento florentino. Las fachadas de esos palacios están compuestas en base a la definición de unos órdenes horizontales y una última planta abierta con estructura de columnas bajo tejado de anchas cornisas serían un precedente cualificado y de las que el Palazzo Davanzati es un ejemplo característico.


Este sistema de coronación de los edificios adquiere un relieve particular en la geografía andaluza sometida a la fuerte presencia solar y en la que la relación entre la luz y la sombra es tan patente. Así, la cornisa es un motivo recurrente en alguna arquitectura sevillana última apareciendo como elemento de remate de obras como la casa Uthna Hus de Guillermo Vázquez y el edificio de viviendas de la calle Hombre de Piedra de Antonio Cruz y Antonio Ortiz.

En la Previsora Española, la especialidad interna se caracteriza por la fuerte influencia que han supuesto las vinculaciones urbanas que antes se señalaban. La geometría definida por las alineaciones ha generado una planta irregular en la que resulta difícil entender la disposición compositiva lo que induce a considerar el edificio en cuanto fachada a la que se adosan los espacios necesarios para albergar los usos que demandaba el programa.


En esta organización interior adquiere un carácter preponderante la localización de los accesos en las esquinas, actuando, en el caso del acceso principal situado en la esquina central, como rótula en la que se sitúa el núcleo de las comunicaciones verticales del edificio. Además, el empleo de altorrelieves de bronce en estos mismos accesos contribuye a acentuar la representatividad del edificio en su conjunto, eliminando la ambigüedad en su comprensión.

Esta manera de colocar los umbrales huye de la manera clásica de organización de los planos exteriores en la arquitectura palaciega, evidenciando así su espíritu contemporáneo. La rotula definida por la entrada principal en la esquina, contradictoria hasta cierto punto con los usos y percepciones tradicionales de una puerta, supone la génesis de los espacios interiores de circulación que se interconectan en altura mediante un vacío que recorre todas las plantas tras la fachada.


Este espacio iluminado cenitalmente y tratado con la aplicación masiva del ladrillo roturado en horizontal, es heredero en cierto sentido, del carácter ambiental de un anterior trabajo del arquitecto, el Museo de Mérida, en el que los grandes paños de ladrillo, bañados tenuemente por una luz que viene de lo alto, recuerdan a la calidad ambiental del vestíbulo del edificio sevillano. Este vestíbulo de acceso queda configurado, en última instancia, por un pavimento que rememora en su geometría la difícil trama compositiva de la planta.

En su conjunto, la organización de las distintas plantas se diseña atendiendo a la dotación del programa requerido con una gran flexibilidad en la respuesta espacial en la que los lugares de trabajo son ampliamente diversos, desde el pequeño despacho hasta la gran sala de contratación y salón de actos en planta baja, configurando un edificio típicamente administrativo.


El recurso generalizado a los materiales y técnicas tradicionales del lugar es algo evidente en esta obra. Ladrillos aplantillados, cerrajería de fundición, mármoles, tejas, etc. Son materiales que se utilizan para ofrecer una multiplicidad de figuraciones que se comprometen en el ejercicio proyectual con la voluntad de hacer arquitectura marcada, no solo por la impronta del lugar, sino también por el espíritu de la época. Como señala el propio autor en la memoria del trabajo: Se persigue una arquitectura que, reconociendo el peso que todavía tienen algunas estructuras formales del pasado, no renuncia a la incorporación de lo contemporáneo ni en técnicas ni en estética y gustaría ser calificada como de realista y por ende contemporánea actual.

Autor: Federico García Barba



Espero que después de estas dos entradas, cuando vayáis a Sevilla, tengáis todavía más motivos para acercaros a la Torre del Oro, admirar también el edificio de Moneo, cruzar al otro lado por el puente de San Telmo y caminar por Triana al borde del río gozando de un paisaje urbano espléndido (eliminando de vuestra percepción, si podéis, todas esas “pequeñas minucias” en las que estáis pensando y que ahora no vienen al caso).


2 comentarios:

Federico García Barba dijo...

Muchas gracias por la publicación de algo que escribe hace tantos años en homenaje al maestro Moneo

Anónimo dijo...

Fariña: a veces nos resulta complicado localizar sitios o edificios como este de Moneo que, por lo que decís ssería bueno que conociéramos. Yo he estado varias veces en Sevilla e ignoraba su existencia. Fui a ver la Torre del Oro pero no se me ocurrió que un edificio tan interesante pudiera estar al lado. En las revistas de arquitectura sólo suele aparecer lo último, lo más moderno. Así que a los que somos más jóvenes se nos ocultan todas estas maravillas que ya tienen años. Está bien que pongas cosas de este tipo en el blog. La próxima vez que vaya a Sevilla iré a verlo. Teníais que hacer un libro sobre los lugares y los edificios que no debería perderse un arquitecto, y sobre todo un estudiante de arquitectura al visitar una ciudad. Marga.