domingo, 3 de enero de 2016

Competitividad territorial

Hace unos días estuve en Bilbao en el tribunal de una excelente tesis doctoral titulada La Smart City como imaginario socio-tecnológico: la construcción de la utopía digital. Su autor es Manuel Fernández y el director Imanol Zubero. Se leyó en el departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad del País Vasco y espero que se publique pronto. Pero en el artículo de hoy no voy a tratar este tema ya que probablemente lo haré más adelante con ocasión de su publicación. Simplemente me va a servir de pie para centrarme en uno de los aspectos que trata la tesis. Cuando en la tercera parte plantea el análisis discursivo de la Smart City, Manu se refiere a nueve mitos que va estudiando uno a uno: el mito de la eficiencia operativa, el de la sostenibilidad, el de la competitividad, el de la integración, el de la simplificación, el de la neutralidad del dato, el de la despolitización, el de la suficiencia tecnológica y el de la deseabilidad intrínseca.

Construcción de la utopía digital  lasallebcn

Al leer la tesis destaca la importancia de la competitividad en la construcción del relato de la Smart City. Cuando analicé este apartado resurgieron mis antiguas querencias empresariales y pensé que sería interesante escribir algo sobre el tema. Por supuesto, relacionándolo con el territorio que es uno de los argumentos del blog. Así que, como ayuda para escribir el artículo, me dediqué a poner al día algunas ideas sobre competencia territorial. En la tesis se aportan muchos ejemplos del lugar destacado de la competitividad en la construcción de la utopía urbana digital, pero sólo voy a reproducir (sobre todo por lo poco difundido del trabajo) el que se refiere al Plan Nacional de Ciudades Inteligentes del Ministerio español de Industria, en el que se puede leer que el objetivo último es contribuir al desarrollo económico “maximizando el impacto de las políticas públicas en TIC para mejorar la productividad y la competitividad, y transformar y modernizar la economía y sociedad española mediante un uso eficaz e intensivo de las TIC, por la ciudadanía, empresas y administraciones”.

Plan Nacional de Ciudades Inteligentes  ministur

Este tema de la competitividad territorial es bastante confuso y difícil de resumir pero voy a intentarlo. Empezó en el ámbito de la empresa y fue evolucionando desde la primitiva concepción de Adam Smith para el que la competencia provenía de las diferencias “naturales” entre naciones que les permitían producir bienes a menor costo, hasta llegar a Porter que a finales de los años ochenta del pasado siglo introduce el concepto de ventaja competitiva. La ventaja competitiva la deriva del tamaño de la aglomeración, la diferenciación del producto y la innovación tecnológica. A pesar de que en estos enfoques las naciones tenían un papel esencial, la base era empresarial. Eran las empresas las encargadas de aprovecharse de las diferencias “naturales” y el tamaño de la aglomeración. También de propiciar la innovación y diferenciación del producto. Entre Adam Smith y Porter me he dejado por el camino otros autores como, por ejemplo, David Ricardo que introduce el tema, siempre conflictivo, de la productividad.

Ventaja competitiva  empresariados

Aquellos interesados en la cuestión de la competitividad empresarial pueden encontrar resúmenes de la evolución del concepto en varias publicaciones. En las notas finales incluyo algunas referencias que se pueden leer gratuitamente. El origen se encuentra en la competencia entre empresas aunque pronto se relaciona con ámbitos nacionales. Sin embargo, en la década de los noventa del pasado siglo XX, de esta competencia entre empresas y naciones se pasa a la competencia entre regiones y ciudades, destacando la importancia del entorno local. ¿De qué forma influye este entorno local a la hora de conseguir una mayor competitividad? Aunque existen bastantes posturas distintas, en la mayor parte de los casos irreconciliables, suelen destacarse dos elementos determinantes: la productividad y la calidad de vida. Ambos han dado lugar a controversias y discusiones sin fin. Y todavía hoy, probablemente no esté suficientemente claro el marco en el que nos movemos.

¿Las ciudades más conectadas serán más productivas?  lowcarbon

De todas formas, para algunos autores, los factores no se pueden resumir tan escuetamente. Ondategui y Gama, en un artículo que aparece referenciado en las notas finales, dicen: "Y, según Castells (1996) en este proceso de globalización, 'la competitividad ya no depende de los recursos naturales o energéticos, de la base industrial tradicional, de la posición geográfica, de la acumulación de capital o de la voluntad política de un estado protector'. Para Borja y Castells la productividad dependerá del funcionamiento eficiente del espacio urbano-regional, de su inserción en los sistemas de comunicación, de la buena información de los agentes económicos, de la cualificación de los recursos humanos, de la posibilidad de un proteccionismo exportador, de la eficacia y transparencia de las instituciones, de las acciones políticas aplicadas al territorio y de la definición y preparación de un proyecto de región (conocimientos, infraestructuras científicas y tecnológicas, planes urbanos) o ciudad."

Al parecer la competitividad ya no depende de los
 recursos naturales o energéticos  minutoya

Si repasamos la bibliografía, no siempre se concluye que calidad de vida y competitividad estén relacionadas de forma determinante. En los casos más radicales sólo se le da importancia a la productividad. El problema es que, aunque el concepto de competitividad empresarial está bastante estudiado y definido, no se puede trasladar directamente puesto que los objetivos de una empresa y de un territorio no parecen los mismos. De todas formas también hay que considerar que cuando se habla de competitividad territorial se suelen mezclar tres ámbitos diferentes: el de las naciones, el de las regiones y el de las ciudades. Aunque ya en párrafos anteriores hemos mencionado a las naciones, muchos de los elementos con los que se intenta caracterizar a la competitividad territorial se refieren precisamente a ellas cuando la realidad es que no son aplicables ni a las ciudades ni a las regiones debido a muchas razones pero, sobre todo, a las relacionadas con el poder político. Además, y esto lo trataremos al final, el comportamiento es diferente según el tamaño y población del territorio.

El programa LEADER de la UE busca mejorar la
 competitividad del territorio rural  somontano

Pero las cosas se complican todavía más si se plantean otras cuestiones que podríamos denominar colaterales al tema. Así sucede si añadimos algunas palabras concretas a la expresión "competitividad territorial". Por ejemplo, la palabra rural, respecto a la que la UE y su programa LEADER dijeron muchas cosas en su momento. O turística, con todo el tema de los destinos asociados a las redes. También se utiliza a veces la palabra sostenible, así cuando Canzanelli habla de soste-competitividad. O el desarrollo económico local, esta vez referido a los procesos endógenos y limitados. También la salud, así se suele hablar de ciudad sanas y competitivas (?) Y podríamos aumentar el ruido si planteamos las relaciones entre competitividad y competencia. Incluso si añadimos todo el campo de la planificación estratégica. Pero me voy a tratar de centrar en el análisis clásico y para ello voy a seguir la pirámide de Lengyel que, por su claridad, también utilizan otros autores. Aunque para algunos sea excesivamente esquemática, ordena con bastante coherencia los elementos más importantes.

La pirámide de Lengyel  del artículo referenciado
 Señalar en la imagen para verla más grande

De cualquier forma el tema es controvertido ya que los problemas no sólo proceden de los factores elegidos sino también de la indefinición de algunos términos. Como se puede ver en la figura de arriba, en la cima aparece la “calidad de vida” que es el objetivo último a conseguir. Y aquellos que siguen el blog ya saben las dificultades que encuentro siempre que me tropiezo con esta expresión y lo nervioso que me pongo al mencionarla. Los indicadores que nos definen en la práctica el concepto varían casi tanto como los autores. Van desde la esperanza de vida o el índice de suicidios, hasta otros más sutiles como ¡la felicidad! Se puede hablar del tema desde un punto de vista económico, social o psicológico. Y si no está claro el objetivo a conseguir ya se pueden comprender las dificultades para señalar el camino. Pero vamos a presuponer que el tema de la “calidad de vida”, “estado de bienestar”, y otros similares está resuelto, con lo que podemos centrarnos en los supuestos elementos de qué dependen.

Incluso se elaboran índices subjetivos de calidad de vida
 como este de Numbeo. Verde más calidad rojo menos  europapress

Así como en la parte superior de la pirámide hay un único elemento, en la inferior vemos hasta ocho: estructura social, económica, actividades de innovación, centros de decisión, accesibilidad, formación de la mano de obra, entorno e identidad regional. Estos elementos configuran los cinco factores que determinan las posibilidades competitivas del territorio: investigación y desarrollo, capital humano, inversión extranjera, pymes e instituciones y capital social. Esta forma de organizarlos engloba bastantes cosas aunque se diferencia, por ejemplo, de la que en párrafos anteriores hacían Borja y Castells. Pero si se repasa la bibliografía veremos que hay bastantes más propuestas que pueden dar lugar a índices de competitividad distintos. Incluso algunas recurren a técnicas de análisis multivariante para obtener factores críticos. Si a todo esto sumamos las dificultades estadísticas, inherentes a los ámbitos territoriales, nos encontramos ante un panorama complejo difícil de sistematizar.

Los ocho elementos de la base  del artículo referenciado

Pero se puede intentar. Ibarra-Armenta y Trejo-Nieto agrupan todos estos estudios en tres grandes bloques. El primero, formado por aquellos que entienden esta competencia como un mecanismo de mercado en el que “las actividades económicas se distribuyen a través de las regiones”. El segundo, tiene que ver con las posibilidades de atraer inversión al territorio considerado “reduciendo o minimizando el nivel impositivo o creando preferencias impositivas”. Y el tercero, que busca aumentar la competitividad promoviendo de una forma u otra la región, haciéndola más atractiva y deseable para el inversor: “De forma similar, Gordon (1999) describe la competencia como una mera estrategia de promoción de las regiones y no necesariamente como un proceso de creación de capacidades competitivas”. En este punto tendría que plantear la cuestión de las relaciones entre competitividad y competencia pero me llevaría por otros caminos que distraerían del objetivo principal.

Seminario de Barcelona  pdfconclusiones

Y eso que también voy a dejar de lado la cuestión de la llamada “cohesión social” y su relación con la competitividad. En marzo de 2015 se celebró en Barcelona un Seminario sobre competitividad territorial  y cohesión social en el que se enfrentaban los dos argumentarios territoriales de la UE (solo faltaba la desigualdad). Como resultado se firmó por "los alcaldes, alcaldesas, presidentes, presidentas y representantes políticos de la metrópolis europeas", una declaración llena de tópicos tal y como corresponde al resultado de este tipo de reuniones. Destaca, sin embargo, el punto cinco por su concreción: “Solicitar a la Unión Europea un trato diferencial en la gestión de los recursos del presupuesto europeo para el período 2014-2020 y post 2020, especialmente respecto a la gestión de los Fondos Estructurales y de Inversión y el Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas (Plan Juncker)”. No quiero se mal pensado pero tal parece que este era el objetivo más o menos oculto.

Segunda mesa redonda del seminario de Barcelona  pdfconclusiones

El seminario se organizó en torno a cuatro ejes: competitividad, gobernanza, cohesión social y cooperación. No me resisto a reproducir los ítems del apartado competitividad: "Fomentar la innovación urbana y las Smart Cities, reequilibrar la economía de las metrópolis a nivel territorial y sectorial, potenciar las ciudades secundarias y distribuir la economía, ser atractivo como territorio y atraer economías basadas en el conocimiento, garantizar un desarrollo urbano sostenible y eficiente, mayor financiación estatal y de la Unión Europea hacia las metrópolis, los flujos de la economía son cada vez más inter-metropolitanos y menos interestatales". De acuerdo, todas las palabras-clave juntas: innovación, Smart Cities, reequilibrio, desarrollo sostenible, economías basadas en el conocimiento y flujos inter-metropolitanos. Si las vais salpicando en vuestros textos seréis políticamente correctos hasta el paroxismo. Prefiero no reproducir los epígrafes que corresponden a la cohesión social pero si añadís a las palabra anteriores la de: fragmentación social, participación ciudadana, educación, calidad de vida y bottom-up, ya tenéis el ideario completo.

La expresión “cohesión social” tan querida en la UE nos
 permite proponer imágenes tan enternecedoras como esta   iuic

Lamento haber sido tan obscuro en el tema de hoy y poco conclusivo pero cuando hablamos de competitividad es complicado separar la retórica de lo esencial (a veces me parece que todo es retórica menos el poder del dinero). También siento no haber dedicado más que dos párrafos a la cuestión de la cohesión social, al parecer tan importante en la UE, y que suele enfrentarse al termino puro y duro de competitividad para dulcificarlo, pero trataré de abordarlo otro día que esté menos sarcástico y más positivo. Podría resumir toda la digresión contenida en párrafos anteriores en unas líneas. El concepto de competitividad, tan claro en el ámbito empresarial, se vuelve casi incomprensible cuando se convierte en la expresión “competitividad territorial”. Y esto se debe a razones análogas a las que expliqué en su momento en el artículo de abril sobre "Identidad y marca ciudad", y también a que hay muchas capas superpuestas que impiden establecer un discurso coherente. Veamos algunas de estas capas.

Los países, las regiones, las ciudades en pugna
por venderse en un mercado global  sinoconcep

En primer lugar, la que se refiere al propio concepto, su objetivo último y los caminos para llegar a conseguirlo. Lo que sea calidad de vida es susceptible de diferentes interpretaciones y, además, no está claro que sea realmente el fin perseguido. En segundo lugar, porque muchas veces se mezclan los ámbitos al referirse al territorio: no es lo mismo competitividad territorial nacional, urbana o regional. En tercer lugar resulta que la dimensión también varía: una región o una ciudad global no pueden perseguir los mismos objetivos que una ciudad media o pequeña y, por tanto, las estrategias y las posibilidades no deberían de ser las mismas. Sería también necesario advertir que la pretensión de muchas ciudades de conseguir ser globales y crecer y crecer de forma indefinida está, en bastantes casos, en contradicción directa con la necesidad de incrementar (o, por lo menos, mantener) la “calidad de vida” de sus habitantes. Que, en teoría, debería ser el objetivo último de todo este montaje. Por otra parte, en un contexto en el que hemos sobrepasado la biocapacidad del planeta en buena parte debido a los intercambios energéticos, de mercancías y de personas, deberíamos cuestionar muy seriamente este objetivo de muchas ciudades y regiones de convertirse en globales.

Burgos, ¿necesita ser una ciudad global?  burgosciudad21

Aparte de que las que no consigan este objetivo se podrían considerar “ciudades de segunda” (secundarias según la nomenclatura del seminario mencionado anteriormente), ciudades que han fracasado en el noble empeño de venderse mediante una adecuada campaña publicitaria. Y eso sin contar con que si, además, no son Smart Cities deberíamos hablar de ciudades estúpidas. Es decir, que los cientos de miles de ciudades no globales tendrían sobre sí el estigma de ser ciudades secundarias (y, en su caso, estúpidas) al servicio de las de primer orden. En resumen, ciudades fracasadas. Y ello a pesar de que sus habitantes no encuentren trabas para su desarrollo físico o mental, o sean más felices que los de esas ciudades de éxito tan inteligentes. Esta es la consecuencia de un sistema que pretende crear una identidad competitiva para que se lucren determinadas multinacionales de cuyo nombre no quiero acordarme. Bueno, ya he conseguido terminar hablando también del mismo tema con el que empecé el artículo: ciudades "inteligentes". En fin, habría que dedicar mayores esfuerzos a las ciudades pequeñas y a las intermedias, las realmente generadoras de desarrollo económico local y la base de un futuro posible de este planeta. Pero esa ya es otra historia menos competitiva.



Notas. He procurado que todas las referencias del texto se puedan obtener de forma gratuita en Internet (lo suelo hacer siempre que puedo). Los artículos y ponencias mencionados han sido los siguientes:  
  • La pirámide de Lengyel citada en muchos sitios tiene su origen en un artículo publicado en el nº 3, año 2004, de la revista Acta Oeconomica (pp. 323-342) titulado “The pyramid-model: enhancing Regional Competitiveness in Hungary”. El pdf se puede obtener gratuitamente en este enlace. Pero una revisión mejor explicada también se puede encontrar, esta vez aplicada a las regiones de los países europeos en transición de la Europa central, en otro artículo de Lengyel, I. y Rechnitzer, J. publicado en el número de verano del año 2013 en Macrotheme Review (pp. 106-121) titulado “The competitiveness of Regions in the Central European Transition Countries”. Podéis encontrarlo en este otro enlace.
  • Un excelente acercamiento al estudio de la competencia territorial y sus diferentes enfoques se puede encontrar en el artículo de Cristina Isabel Ibarra-Armenta y Alejandra Berenice Trejo-Nieto titulado “Competencia territorial: Un marco analítico para su estudio” publicado en el número 44, año 2014, de la revista Economía, Sociedad y Territorio, vol. XIV (pp. 49-78). El pdf en este enlace.
  • Sobre el tema de indicadores hay muchos trabajos. Me ha parecido interesante por resumir muchas cosas el artículo de Julio César Ondategui y Rui Gama titulado “Competitividad territorial y sistemas de innovación: una propuesta de indicadores a escala urbana” publicado en Coimbra en el nº 21/23, años 2002-2004, de la revista Cadernos de Geografía, (pp. 105-113). Se puede conseguir gratuitamente en este enlace.
  • Aunque en el artículo me he referido más bien a las ciudades y regiones, respecto a la competitividad territorial en el ámbito rural podéis leer el Cuaderno 6, fascículo 1 del Observatorio Europeo LEADER publicado en el año 1999 titulado “Competitividad territorial. Construir una estrategia de desarrollo territorial con base en la experiencia de LEADER”. El enlace para bajar el pdf es este. Si lo que os interesan son los indicadores relacionados con la competitividad territorial en el ámbito rural podéis leer en este enlace el artículo de Consuelo del Canto Fresno titulado “Nuevos conceptos y nuevos indicadores de competitividad territorial para las áreas rurales” publicado en el nº 20, año 2000, de la revista Anales de Geografía de la Universidad Complutense, (pp. 69-84).

6 comentarios:

Juan Cervera dijo...

Es complicado tratar un tema como este desde la ordenación del territorio. Pero me parece que es imprescindible. No desde la planificación estratégica que da por supuesta la necesidad de competir. Tampoco desde la planificación física que, normalmente ni se lo plantea. Probablemente sea desde la política el enfoque más adecuado. Pero, todavía mejor sería que existiera un campo intermedio ¿planificación regional? que considerara la competitividad como una variable a debatir. Normalmente los llamados planes territoriales se reducen a imponer limitaciones casi todas sobre usos del suelo incompatibles con su conservación. Habría que tratar de introducir el tema de la competencia para abrir esta caja de los truenos, que funciona soterradamente, para sacarla a la luz.

Fernando Salgado dijo...

Zygmunt Bauman en su libro "¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?" recoge una cita de Coetzee publicada en "Diario de un mal año" que no me resisto a copiar: "La afirmación de que nuestro mundo debe dividirse en entidades económicas competitivas porque eso es lo que pide la naturaleza, es exagerada. Las economías competitivas aparecieron porque decidimos crearlas. La competencia es un sustituto sublimado de la guerra. La guerra no es en absoluto inevitable. Si queremos la guerra, podemos elegir la guerra; pero si queremos la paz, también podemos elegir la paz. Si deseamos la rivalidad, elegiremos la rivalidad. Sin embargo, en vez de ello podemos elegir la colaboración amistosa".
El problema, según Bauman, es que nuestro mundo "no resulta idóneo para la coexistencia pacífica... ha sido dirigido hacia otras formas en que la colaboración y la solidaridad no sólo son impopulares, sino que suponen una elección difícil y costosa". Ese es el problema, que la elección de la solidaridad en lugar de la competitividad, nos la ponen muy complicada aquellos a los que les interesa que la situación no cambie: ese 10% de la población que acapara el 85% de la riqueza mundial. Hay que conseguir territorios más solidarios y menos competitivos o estaremos en un callejón sin salida. Os recomiendo el libro de Bauman, a mí me impactó.

José Fariña dijo...

Fernando: gracias por la referencia. Efectivamente, el libro de Bauman parece interesante. A ver si consigo recuperar algún rato perdido entre tesis y tesis y puedo leerlo. Porque tiene razón Juan y es imprescindible cambiar el modelo y también los instrumentos.

Carmen Moreno Balboa dijo...

Enlazando con la cita de Fernando, las formas de colaboración y solidaridad son impopulares hasta casi poder afirmar, como se recoge en el artículo con respecto a las ciudades, que las personas que las practican son "estúpidas" o "fracasadas". Hasta casi el final del artículo me preguntaba: ¿ciudades competitivas en qué, para qué, con qué objetivo? me quedo más tranquila sabiendo que no está claro. Si bien en relación al concepto de calidad de vida me hace pensar en los recientes Reyes Magos y sus regalos a los niños, ¿qué nos hace más felices tener más o saber que alguien piensa en mi?, es fácil trasladar la pregunta a las ciudades desde le punto de vista del ciudadano: ¿qué me hace vivir mejor?: los datos, la tecnología, ... o que me atiendan, me ayuden y "piensen en mi".
Tampoco entiendo bien los ejes del seminario europeo en cuanto a competitividad y cooperación, no sé como puede ser compatible. En todo caso si desde la UE se tratan los dos ejes en igualdad de condiciones, seguiremos en un mundo competitivo en lugar de cooperativo y así nos va...

Fernando Salgado dijo...

José, seguro que te gustará, sobre todo después de tus comentarios en el artículo de del 2007 "Zygmunt Bauman: Modernidad Líquida". Por si a tí o a alguien le puede interesar hoy publican en Babelia, el suplemento de El País, una entrevista a Bauman. También se puede acceder en el siguiente link
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/30/babelia/1451504427_675885.html

Alicia dijo...

Creía que sabía algo sobre el tema de la competitividad territorial, pero después de haber leído el artículo y los comentarios, ya no estoy tan segura. Sobre todo me entran muchas dudas con todo lo relacionado con las diferencias entre competitividad entre empresas y entre territorios. Pensaba que todo era más sencillo: ofrezco más que el otro y más barato -en el fondo debido a la productividad-. O también: ofrezco algo que nadie más puede ofrecer. Pero ya veo que con los territorios no se pueden trasvasar las cosas de forma tan sencilla. Fariña tiene razón en que, a diferentes objetivos -y el de un territorio no puede ser ganar dinero- no se pueden usar las mismas herramientas. En el fondo podríamos decir que una ciudad no es una empresa, ni una región es una empresa, ni un país es una empresa.