lunes, 2 de mayo de 2016

Contaminación visual

La expresión “contaminación visual”, aunque ya se empieza a utilizar en muchos países, todavía no está demasiado consolidada. Pero es que presenta peculiaridades que la hacen distinta a la acústica, del aire, del agua o de los suelos. Destinada en principio a expresar un exceso de carteles publicitarios en el espacio público de las ciudades y, por tanto, relacionada con el mundo de la publicidad, poco a poco ha ido ampliando su significado hasta abarcar en la actualidad una lista bastante grande de perturbaciones visuales que producen efectos indeseables en las personas afectadas. De los muy variados acercamientos que se producen relacionados con este tema, desde los económicos hasta los epidemiológicos, pasando por los perceptivos o los legales, voy a priorizar los que tienen que ver con el paisaje. Aunque es complicado moverse en un campo que está todavía en sus comienzos intentaré establecer algunas evidencias aunque sean mínimas. Y, sobre todo, plantearé mis dudas, que son muchas.

Paisaje urbano, contaminación visual  ecologiaverde

Ya la propia definición de lo que sea contaminación visual es controvertida. Incluso en aquellos países que han legislado ya sobre esta materia. Méndez, al hablar del caso de Venezuela define la contaminación visual como “el abuso de ciertos elementos ‘no arquitectónicos’ que alteran la estética, la imagen del paisaje rural o urbano”. Se supone, por tanto, que los arquitectónicos no entrarían en el concepto, lo que no deja de ser extraño ya que la arquitectura puede llegar a ser la mayor fuente de perturbación visual de un paisaje. Y Jerez, al estudiar las medidas legales para el caso de la ciudad de Guatemala afirma que “la contaminación visual es el cambio o desequilibrio en el paisaje, ya sea natural o artificial, que afecta las condiciones de vida y las funciones vitales de los seres vivos”. Para Fernández Muerza, es “cualquier elemento que distorsione la observación del paisaje natural o urbano”.

Paisaje natural, contaminación visual  allpe

Pero también se pueden encontrar otras definiciones en las normas de algunos países que ya han legislado sobre la materia. Así, en el artículo 71 de la Ley Orgánica del Ambiente de Costa Rica se podía leer ya en el año 1995 lo siguiente: “Contaminación visual: Se considerarán contaminación visual, las acciones, obras o instalaciones que sobrepasen, en perjuicio temporal o permanente del paisaje, los límites máximos admisibles por las normas técnicas establecidas o que se emitan en el futuro”. Y en el caso español también en la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía aparece la contaminación visual, aunque restringida al objeto de la ley: “Se entiende por contaminación visual o perceptiva, a los efectos de esta Ley, aquella intervención, uso o acción en el bien o su entorno de protección que degrade los valores de un bien inmueble integrante del Patrimonio Histórico y toda interferencia que impida o distorsione su contemplación”.

Antena en la Colegiata de Osuna  Jaime López

En casi todas las definiciones que he podido encontrar aparece, de forma directa o indirecta, el paisaje, sea natural, rural o urbano. Y también se señala este tipo de contaminación como un obstáculo a su contemplación, bien porque la impida o la distorsione. Incluso se llega a hablar de contaminantes. Por ejemplo, una de las más citadas en Internet (entre otros, en Mendez, aunque la fuente original no la he podido encontrar) la del Instituto Autónomo de Protección Civil y Ambiente de Chacao, Venezuela, se refiere a la “alteración visual de la imagen y fisonomía del entorno urbano causada por acumulación de materia prima, productos, desechos, abandono de edificaciones y bienes materiales, así como, violación en las densidades y características físicas de publicidad”. Como se observa, y aunque centrada en la ciudad, hereda el antiguo concepto de contaminación visual que la relaciona directamente con la publicidad, pero habla también de acumulación de materia prima, desechos, o abandono de las edificaciones.

No toda la contaminación visual es publicidad  vanguardia

Estas aproximaciones desde el paisaje se pueden complementar con otras como, por ejemplo, las que provienen de la psicología ambiental donde se analizan los problemas que pueden producir determinados entornos saturados de estímulos. Se basan en los conceptos de sobrecarga y deprivación ambiental. No es el momento ni el lugar para abordar, ni tan siquiera de forma elemental, estos conceptos pero pueden ampliarse en los apuntes de Sergi Varela, Enric Pol y Tomeu Vidal del departamento de Psicología Social de la Universitat de Barcelona. Resumiendo mucho, podríamos decir que la contaminación visual se produce por una sobrecarga de estímulos en el paisaje. Claro que tampoco es demasiado interesante la deprivación ambiental resultado de una pobre estimulación visual. En ambos casos se producen reacciones indeseables aunque parecen más perniciosas las debidas a la sobrecarga ya que algunos estudios sugieren que la deprivación incluso puede ser conveniente en determinados casos.

Escasa complejidad puede producir deprivación  sibdom

La consecuencia de una sobrecarga de estímulos visuales es el estrés ambiental. Este estrés se manifiesta por molestias, malestar y síntomas de ansiedad. Varela, Pol y Vidal hablan de falta de concentración y alteraciones en la relación con los demás. Pero también advierten que los estudios sobre este tipo de estrés no son concluyentes fuera del laboratorio. De cualquier forma parece que sí se producen modificaciones en el comportamiento de las personas. Incluso algunos autores, como Rozadas, mencionan consecuencias físicas relacionadas, sobre todo, con el cansancio visual o dolores de cabeza. Parece evidente que, como cualquier otra forma de estrés, se producen efectos indeseables para la salud. Pero de lo que no hay duda es que existen consecuencias negativas relacionadas con la percepción de la escena urbana y que afectan a la identidad, la belleza, el arte, la cultura o la capacidad de comunicación de un lugar.

Sobrecarga de estímulos visuales  universiquiz

Según Rapoport parece que existe un límite máximo en la cantidad de información visual que el cerebro puede procesar. Algunos autores, como Jacobson, hacen propuestas numéricas (en bits por segundo) sobre esta cantidad pero pienso que se trata de un dato de relativo interés ya que no hay que considerar tan sólo datos fisiológicos (cantidad que el nervio óptico es capaz de transmitir al cerebro) sino también una parte importante de carácter más psicológico. En cualquier caso lo que sí parece razonable, como dice Rapoport, es suponer que existe una cantidad máxima que el cerebro humano es capaz de procesar (tasa de información utilizable) de tal forma que un escenario con una cantidad excesiva de elementos diferentes, sin relación entre ellos y de gran intensidad de estimulación, pueden llegar a producir problemas en el receptor. Las personas se sienten cómodas en determinados ambientes que no desembocan en estrés por exceso de estimulación o en aburrimiento por escasez de estímulos.

Otros tipos de contaminación son más fáciles de cuantificar  elpais

De cualquier forma, aunque podamos hablar de “contaminación visual” es obvio que se diferencia de otros tipos de contaminación ya que depende en buena medida de las características de cada individuo. Que yo sepa, hasta el momento, no se han establecido patrones de respuesta cuantitativos tales como que "a partir de los 75 decibelios, para el caso del ruido, se produce pérdida de oído a largo plazo". O que, "para exposiciones de larga duración en la contaminación por partículas MP10, una cantidad de 70 microgramos por metro cúbico está asociada a un riesgo de mortalidad a largo plazo un 15% mayor que si se trata de 20 microgramos" (según la OMS). La mayor parte de los trabajos sobre contaminación visual utilizan indicadores subjetivos. Es decir, se trabaja mediante preguntas relacionadas con la percepción de los impactos sobre la población. Otros datos se refieren sobre todo a la cantidad de carteles publicitarios o al porcentaje de ocupación de los mismos, bien en fachadas o en una escena completa.

Las pintadas ¿Contaminante visual? Granada  Ideal

Como vemos, se trata de un campo del que todavía no tenemos certezas (casi en ninguno de sus aspectos). Y todavía podemos entrar en discusiones más enconadas si nos planteamos el tema de los contaminantes. Aquí sí que existen notables divergencias. Desde aquellos que se centran exclusivamente en la publicidad, hasta los que piensan como posibles focos contaminantes los cables, la basura, las antenas, las pintadas, los coches, o incluso la propia arquitectura. Existen bastantes trabajos que han intentado identificar estos contaminantes visuales. En casi todos se pregunta a la población. Como ejemplo voy a comentar el que realizó Carmen Arelys Méndez en Venezuela, en el Barrio Obrero de la ciudad de San Cristóbal publicado en la revista Gestión y Ambiente en el año 2013. Lo he elegido por utilizar una metodología parecida a la de otros muchos trabajos con objetivos similares, y porque se puede encontrar en Internet de forma sencilla y gratuita (ya sabéis que lo intento siempre que puedo).

La basura ¿Contaminante visual? Madrid  aavvmadrid

Carmen Arelys organizó un cuestionario dividido en tres partes. La primera se refería al estilo de vida de los sujetos e incluía cuestiones de carácter general. En la segunda trató de averiguar el concepto de contaminación visual mediante preguntas abiertas. Y en la tercera utilizó un sistema de encuesta para que los participantes trataran de identificar sobre siete fotografías aquellos elementos que, según su opinión, pudieran estar contaminando visualmente el espacio público y qué tipo de molestia les producían. Como ya dije anteriormente, todavía estamos en una fase bastante embrionaria de las investigaciones sobre el tema y ni tan siquiera somos capaces de identificar si, realmente, determinados elementos podemos calificarlos de contaminantes y cómo influyen sobre la percepción del espacio público. Lo que parece fuera de toda duda es que la publicidad, el cableado, las pintadas o la basura se identifican como elementos contaminantes no sólo en los resultados de este trabajo, sino también en muchos otros.

Contaminantes visuales identificados por la población
 Señalar en la imagen para verla más grande  Arelys Mendez

Pero el tema no acaba sólo con la identificación de los contaminantes. El verdadero problema es llegar a determinar en qué momento la publicidad, el cableado, las pintadas o la basura se convierten en contaminación visual. Respecto a la publicidad, en algunos países incluso existe normativa reguladora, que la prohíbe o la limita en cierta medida. En ningún caso he conseguido averiguar la base o los estudios en los que se apoyan las normativas que, por ejemplo, limitan los carteles a un tanto por ciento de la superficie de fachada. Y las dificultadas se multiplican si intentamos cuantificar cables, basura o pintadas. Pero, desde mi punto de vista, no se trata de considerar de forma separada los contaminantes visuales, sino entender las interacciones que se producen entre ellos al actuar de forma conjunta. Es posible que determinada ordenanza que limita la publicidad impida una contaminación por la misma, pero la contaminación de la escena urbana puede aparecer cuando a la publicidad se le suman los cables, las antenas, los coches, las pintadas o la propia arquitectura.

La contaminación visual como suma de contaminantes  ecogeeksta

Pasa igual que en los estudios de paisaje cuando se analizan de forma separada los elementos que lo conforman y se pierde la visión global del mismo. La saturación de estímulos no tiene necesariamente que proceder de una única fuente. Es posible que una ordenanza que limite al 10% la publicidad en la superficie de una fachada no impida que la escena urbana esté contaminada al sumarle muchos otros focos que no son publicidad. Si ya la decisión sobre si se debe limitar al 10%, al 25% o al 50% es controvertida porque, generalmente, y tal y como hemos dicho en el párrafo anterior, no tiene base alguna, estos límites deberían variar en función de otros factores. Entre ellos, por supuesto, la propia tolerancia de la población o el tipo de escena urbana. Vemos, por tanto, que se necesita investigar más en estas cuestiones dado que, aparentemente, las bases científicas en las que se basan determinado tipo de limitaciones aparentan ser, como mínimo, bastante arbitrarias.

¿Cómo cuantificar la cantidad de cables contaminantes? correodelsur

Quizás por eso algunas legislaciones, como la del Patrimonio Histórico de Andalucía, obliguen a considerar el problema pero dejan la solución en manos del planeamiento o de las ordenanzas municipales. Así, el artículo 19.2 de esta ley (14/2007, del 26 de noviembre) dice los siguiente: “Los municipios en los que se encuentren bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía deberán recoger en el planeamiento urbanístico o en las ordenanzas municipales de edificación y urbanización medidas que eviten su contaminación visual o perceptiva”. Aunque ya en la legislación española sobre Patrimonio Histórico se prohibía la colocación de publicidad, cables, antenas y conducciones aparentes, en los Monumentos y Jardines Históricos, hasta esta ley andaluza no se ha planteado el tema como tal contaminación visual. Estamos ante la primera norma autonómica española que aborda la contaminación visual como problema específico y parece lógico que sea todavía poco concreta.

Córdoba. El Cristo, los faroles… y la procesión de antenas  abc

Pero es que, además, en el artículo 19.2 de la ley andaluza del Patrimonio Histórico también se identifican, aunque sin llamarlos así, los elementos contaminantes a considerar cuando se dice que: “Tales medidas comprenderán, al menos, el control de los siguientes elementos: a) Las construcciones o instalaciones de carácter permanente o temporal que por su altura, volumetría o distancia puedan perturbar su percepción. b) Las instalaciones necesarias para los suministros, generación y consumo energéticos. c) Las instalaciones necesarias para telecomunicaciones. d) La colocación de rótulos, señales y publicidad exterior. e) La colocación de mobiliario urbano. f) La ubicación de elementos destinados a la recogida de residuos urbanos”. Como vemos están casi todos los “contaminantes visuales” que aparecían en el trabajo de Carmen (y en otros muchos) excepto los automóviles, los solares sin edificar o “el pobre diseño arquitectónico”. Parece que en algunos (no en todos), si existe un cierto acuerdo.

Osuna, iglesia de Sto. Domingo, contenedores de residuos Jaime López

Espero que las consideraciones anteriores puedan despertar el interés y muevan a la apertura de nuevas vías de investigación (sobre todo entre los jóvenes) en un campo que está muy necesitado de certezas. Aunque en mi caso particular me interesan las aproximaciones que tienen que ver con el paisaje sea natural, urbano o rural y la perturbación de su contemplación, comprendo que existen otros aspectos igualmente importantes. Y aún en el  campo del paisaje encontramos determinadas situaciones que podríamos considerar de urgencia. Sobre todo, algunas que se pueden relacionar con el Patrimonio Cultural y que son las que, por ejemplo, se reflejan en la ley andaluza de 2007. O, sin llamarle “contaminación visual”, en otras normas jurídicas parecidas tales como la ya mencionada anteriormente del Patrimonio Histórico Español de 1985, que en su artículo 19.3 dice: “Queda prohibida la publicidad comercial y de cualquier otra clase de cables, antenas y conducciones aparentes en jardines históricos y en las fachadas y cubiertas de los Monumentos declarados de interés cultural”.

Percepción de los efectos de la contaminación visual en Quito
 Señalar en la imagen para verla más grande  Fuentes y Argüello
Eso no quiere decir que otros enfoques relacionados con sus efectos sobre la salud o la seguridad no deban ser considerados también de forma prioritaria. La excesiva estimulación publicitaria en carreteras puede dar lugar a accidentes de tráfico con resultado de muerte o lesiones graves y, por tanto, es de altísimo interés. El problema causado en los conductores ha sido uno de los primeros en regularse. En España la ley 25/1988, de 29 de julio, de Carreteras, en su artículo 24.1 dice: “Fuera de los tramos urbanos de las carreteras estatales queda prohibido realizar publicidad en cualquier lugar visible desde la zona de dominio público de la carretera, sin que esta prohibición dé en ningún caso derecho a indemnización”. Claro que los numerosos resquicios legales que ha dejado la expresión “fuera de los tramos urbanos”, y la normativa autonómica y ordenanzas locales, han conseguido que una gran parte de los lugares más conflictivos estén sobresaturados con decenas de carteles que tratan de llamar la atención de los conductores sin que nadie haga nada al respecto.

Vallas publicitarias y surtido de contaminantes en la A-42, Madrid

Para terminar, simplemente querría recordar que el artículo 20.2 del actual texto refundido de la Ley del Suelo y Rehabilitación Urbana española, aprobado por Real Decreto Legislativo 7/2015 del 30 de octubre y de aplicación en todo el territorio nacional, dice que: “Las instalaciones, construcciones y edificaciones habrán de adaptarse, en lo básico, al ambiente en que estuvieran situadas, y a tal efecto, en los lugares de paisaje abierto y natural, sea rural o marítimo, o en las perspectivas que ofrezcan los conjuntos urbanos de características histórico-artísticas, típicos o tradicionales, y en las inmediaciones de las carreteras y caminos de trayecto pintoresco, no se permitirá que la situación, masa, altura de los edificios, muros y cierres, o la instalación de otros elementos, limite el campo visual para contemplar las bellezas naturales, rompa la armonía del paisaje o desfigure la perspectiva propia del mismo”. A pesar de su aparente “modernidad” dicho párrafo es copia prácticamente literal de la del artículo 70 de la antigua Ley del Suelo franquista de 1956 que, como vemos, ya legislaba contra la “contaminación visual” producida en determinados paisajes. Vivir para ver.


Nota. A continuación incluyo una relación de los trabajos citados a lo largo del texto y, donde ha sido posible, las páginas de internet donde encontrarlos. También algún otro enlace que puede ayudar a la mejor comprensión del tema, sobre todo en lo que se refiere a la contaminación visual en el medio natural que casi no he comentado.
  • Fernández Muerza, A.: "Contaminación visual", Eroski Consumer, 1 de septiembre de 2006. Enlace a la página.
  • Fuentes Correa, V., Argüello Mejía, A.: "Indicadores de contaminación visual y sus efectos en la población", Enfoque UTE, V.6-N.3, pp. 115-132, Sep.2015. Enlace a UTE para acceder al pdf.
  • Hess, Alina A.: "Contaminación visual. Indicadores de vallas", Universidad del nordeste, Comunicaciones científicas y tecnológicas, Resistencia, Argentina, resumen T-024, 2006. Enlace al pdf.
  • Jacobson, H.: “The informational capacity of the human eye”. Science vol. 113, nº 2933, pp. 292-293, 16-03-1951. Enlace al pdf a través de Science.
  • Jaime López, F.: La contaminación visual o perceptiva en el Patrimonio Histórico. Una breve aproximación para el caso de Osuna". Cuadernos de los amigos de los museos de Osuna, nº 14, pp. 98-103, 2012. Enlace al pdf a través de Dialnet.
  • Jerez Paredes de Sajché, M. T.: Eficacia de las medidas legales existentes para evitar la contaminación visual en la ciudad de Guatemala. Tesis Doctoral, Universidad de San Carlos de Guatemala, 2007. Enlace al pdf.
  • Kamičaitytė-Virbašienė, J., Godienė, G., Kavoliūnas, G.: "Methodology of Visual Pollution Assessment for Natural Landscapes", Journal of Sustainable Architecture and Civil Engineering, Vol. 4 No. 13, pp. 80-88, 2015. Enlace al pdf a través de KTU.
  • Méndez Velandia, C. A.: "La contaminación visual de espacios públicos en Venezuela", Revista Gestión y Ambiente, vol. 16 - nº 1, pp. 45-60, mayo de 2013. Enlace al pdf.
  • Nami, P., Jahanbakhsh, P., Fathalipour, A.: "The Role and Heterogeneity of Visual Pollution on the Quality of Urban Landscape Using GIS; Case Study: Historical Garden in City of Maraqeh", Open Journal of Geology, pp. 20-29, Published Online January 2016. Enlace al pdf.
  • Rapoport, A.: Aspectos de la calidad del entorno. Colegio Oficial de Arquitectos de Catalunya y Baleares, Barcelona, 1974.
  • Rozadas, N. H.: "Contaminación visual", Revista Equipo Federal del Trabajo, nº 15, 04-08-2006. Enlace a la página.
  • Sagot Rodríguez, A.: "La contaminación visual en la normativa costarricense. Un enfoque crítico de la ley orgánica del Ambiente y su reglamentación". Actualidad Jurídica Ambiental, 29 julio 2013. Enlace a la página.
  • Varela, S., Pol, E. y Vidal, T.: "Psicología ambiental. Variables ambientales y comportamiento". Corresponde a la unidad didáctica 4 del curso de Elementos Básicos de Psicología Ambiental de la Universitat de Barcelona. Enlace a la página.
  • Yilmaz, D., Sagsoz, A.: "In the Context of Visual Pollution: Effects to Trabzon City Center Silhoutte", Asian Social Science, vol. 7, nº 5, pp. 98-109, May 2011. Enlace al pdf a través de la revista.

15 comentarios:

Orozco F. J. dijo...

Claro y entretenido. Por fin alguien me explica a qué se llama contaminación visual. Es una cuestión de la que se habla mucho pero, en definitiva, nadie explica claramente las cosas. Por lo que veo se trata de un concepto bastante poco definido. Los ayuntamientos, responsables en buena parte de los casos de este tipo de contaminación, si es que se le puede llamar así, deberían potenciar trabajos al respecto. Muy esclarecedora al entrada.

Will dijo...

En Costa Rica ya hemos considerado el problema hace años. Desafortunadamente los resultandos no han sido apreciables. Supongo que debido a la circunstancia que señala en el texto de la falta de bases firmes en las que asentar la legislación. Muy interesante entrada.

Gerardo dijo...

Tema complicado. Sobre todo porque existen cuestiones comerciales de por medio. Por ejemplo, el tema de la publicidad en carretera con anuncios luminosos de tal potencia que casi deslumbran al conductor. Todo esto no está regulado. A ver me dan ganas de poner una denuncia, pero eso de hacer de Quijote cuando los que tienen que hacerlo ni mueven un dedo... Gracias por el artículo. Gerardo M.

Alicia dijo...

¡Menuda cantidad de posibles trabajos abre este artículo!

José Fariña dijo...

Alicia: sí, en parte con esa intención lo he escrito ¿por qué no te animas? Aunque no estés en Madrid ya sabes que podrías contar con mi ayuda.

Alicia dijo...

Gracias, pues no creas que no lo pienso, pero déjame que termine el trabajo que tengo ahora que me está colapsando todo. Y tengo casi para un año de colapso.

Antonio Folgado dijo...

Pois en Galicia co feísmo hai unha boa contaminación visual... Unha aperta.

José Fariña dijo...

Si, é unha forma de velo. Unha aperta.

Eduardo dijo...

La verdad es que se trata de un problema menos anecdótico de lo que parece. Algunas fotografías de las que incluyes podrían parecer trucos fotográficos pero no lo son. La mayor parte de los que vivimos en las ciudades podríamos hacer fotos todavía más tremendas. Y es que la organización visual de nuestros paisajes urbanos es un caos. Hasta ahí todos de acuerdo. El problema viene luego ¿Cómo resolvemos el caos? ¿Cómo apuntan los gallegos con su feismo, es decir, poniendo multas? ¿Proponiendo modelos de paisaje urbano como se hace en determinados manuales de ciudades inglesas? Lo único que parece claro es que hay que limitar la publicidad. En un artículo que hiciste hace años que se llama "No puedes zapearlo, no puedes ignorarlo" se plantea el tema con mucha claridad. Por cierto, si alguien no lo ha leído que lo busque en el buscador del blog y que lo lea. Es realmente esclarecedor. Y respecto a lo temas del Patrimonio en España está muy claro, el problema es que no se cumple la ley.

Nacho dijo...

La inevitabilidad del anuncio en un lugar público lo hace particularmente odioso cuando te percatas de la imposición que supone. Está bien que los pongan en la TV porque si no quieres verlo la apagas. O en algunas páginas de internet. O en los libros. O en la radio. En todos estos sitios puedes evitarla. Pero no en el espacio público. Por eso es necesaria la regulación de toda la plublicidad en lugares "inevitables" tendiendo a su desaparición. O sea, sólo permitiéndola en casos excepciones y justificados. Aparte de todo lo que se dice en este artículo que me parece razonable y de conocimiento necesario habría que empezar a solicitar a los políticos en sus programas una actitud clara y transparente ante este problema que casi nunca se menciona.

Adolfo dijo...

Por fin otro artículo sobre paisaje. Lo esperaba con interés. Además que trata un tema crítico como es el de las distorsiones que se producen en su contemplación debido a la acumulación de objetos ajenos al mismo. Aunque en el paisaje urbano la cuestión es bastante controvertida pienso que en el paisaje natural es bastante más clara: cualquier elemento antrópico que se introduzca es contaminación. El problema es ver la cantidad admisible de contaminación y está muy relacionado con lo que se ha venido llamando fragilidad. Quedaría el paisaje rural me parece que todavía más complicado que el urbano. Estoy de acuerdo es que resulta necesario empezar a producir trabajos de investigación relacionados con el tema.

Javier Ricardo Simón Niño dijo...

Felicidades por la entrada, una entrada que daría para hablar horas y horas: contaminación visual, feismo, falta de sensibilidad... Pero existe una contaminación tanto o más dura que la descrita en el texto: me refiero a la contaminación visual de las pequeñas cosas que conviven en el espacio urbano y, generalizando, en el paisaje.
Hace algún tiempo definí en un escrito como "arquicepción" la capacidad de descubrir los pequeños detalles de la arquitectura cotidiana: la candidez de una construcción popular, sin autor conocido, que deviene en poderío por ser fiel a las raíces de su entorno; el lenguaje cómplice del profesional que sólo se expresa libre en el pequeño detalle compositivo con el que trata de comunicar su idea de arquitectura y de las relaciones con el entorno construido; los intentos de muchos de nosotros para conectar con el hilo de la historia del lugar. La arquicepción es ese sentido que nos permite percibir inmediatamente el juego pausado, brillante, apresurado o tosco de los elementos menores que conviven en el espacio urbano, entre si y con los edificios que les rodean.
Por formación, o deformación, muchos nos hemos acostumbrado a escudriñar constantemente nuestro entorno cotidiano, y percibimos inmediatamente cualquier nimio cambio que afecte a las relaciones entre el trazado urbano, los edificios y el mobiliario de la ciudad, en cualquier combinación, comparando constantemente los encuadres que nuestra mente ha archivado anteriormente con la configuración espacial de ese momento determinado en que la arquicepción nos avisa, generalmente con una sensación de desconcierto, de que algo ha cambiado. Y es entonces cuando descubrimos que alguien ha cerrado la terraza con una galería de aluminio en el séptimo piso, que el ayuntamiento ha colocado un nuevo “mupi” en el bonito fondo de perspectiva de la calle; que la marquesina de la parada está situada en el peor sitio de entre los funcionalmente posibles, o que los nuevos contenedores de basura entorpecen la visión lejana de un conjunto de fachadas muy interesante.

En los últimos tiempos este sentido perceptivo particular, no hace sino disparar alertas para avisarnos constantemente de situaciones desagradables en nuestro entorno cotidiano. A la, generalmente, mala calidad de la arquitectura comercial cotidiana hemos de unir la falta de sensibilidad de los responsables de señalizar, iluminar, amueblar y reparar nuestras ciudades…y del personal encargado de las obras específicas: ¡parece que estuviesen aplicando el manual de construcción de la ciudad según principios antiestéticos! Si hay un fondo de perspectiva interesante en una calle, ¡ahí se ordena colocar un poste multiseñalización! Si una calle en curva nos seduce con la emoción del descubrimiento paulatino de un edificio ¡inmediatamente se nos aparece un conjunto de contenedores de vidrio, papel y plástico! Si se ha recuperado para la ciudad un paño de piedra de un edificio antiguo ¡un eterno cartel de la institución que malfinanció la obra ocupa lugar preeminente! Si se repara una rotura en una vía adoquinada ¡la falta de recursos económicos justifica el relleno con un pegote de asfalto!

No se si para estas pequeñas cosas se puede luchar con una ley, con una ordenanza o si se trata de una pérdida de sensibilidad que las sociedades actuales imponen a las personas contra la que nada se puede hacer ya y de la que no son conscientes en ningún grado. ¿Formación de la sensibilidad estética? ¡que utopía en estos tiempos!
Por si a alguien le interesa dejo el enlace a mi escrito sobre la "arquicepción":

http://entreellapizylapiedra.blogspot.com.es/2013/11/la-arquicepcion.html

Gracias por la entrada y enhorabuena.

Jose R. Moreno dijo...

Hoy es posible hacer una búsqueda en la web sobre “contaminación visual” y conseguir miles de entradas que hagan referencia a este tema.
No fue tan simple en la segunda mitad de los años noventa, cuando tuve la oportunidad de participar como coordinador y editor, en los grupos de trabajo que abordaron los diversos estudios de una ambiciosa iniciativa promovida por el Departamento de Urbanismo de la Diputación Foral de Bizkaia.
Estos estudios hicieron una extensiva definición de este concepto, aún sin llamarlo por este nombre, incluyendo en el todo aquello que siendo suficientemente visible, reflejara abandono de actividad, descuido o falta de mantenimiento, desorden o intrusión visual, y banalidad.
El objetivo, para completar el gran esfuerzo de corrección ambiental de las distintas administraciones, era la definición de las actuaciones necesarias para evitar la transmisión de una imagen negativa del territorio que disuadiera la inversión económica, o el turismo, y favoreciera conductas en la población de mayor atención y cuidado del entorno.
Para ello se definió como ámbito prioritario de actuación el conjunto de corredores de mayor visualización, asociados a la red de carreteras principales, y ferrocarril, con especial atención a las “puertas de entrada” desde otros territorios, incluyendo puertos y aeropuerto.
Se definieron tres líneas estratégicas de actuación. Propuestas Normativas, a introducir en los diferentes escalones del planeamiento territorial y urbanístico; una batería de Planes Sectoriales, para tratar individualizadamente las problemáticas detectadas; y un conjunto de Actuaciones Integradas, una selección de espacios donde se daban una especial concurrencia de alteraciones visuales.
El calendario aproximado del proyecto fue el siguiente:
1995: Tres estudios previos sobre experiencias internacionales de recuperación visual del territorio (incluyendo el Programa de limpieza y mejora de las Rutas Olímpicas. Barcelona 1992), Definición previa del ámbito de estudio y del marco normativo y de planificación.
1996-97: Redacción de la Primera Fase del “Plan de Recuperación del paisaje urbano de Bizkaia”. Comunicación de referencias y resultados en las 1ª Jornadas Internacionales El Paisaje recurso económico. Bilbao, 29-30 de mayo de 1997.
1997-98: Redacción de la Segunda fase del Plan. Comunicación de referencias y resultados en las II Jornadas Internacionales, Bilbao, 25-26 de junio de 1998.
1999: III Congreso de la Asociación Española de Ingeniería del paisaje, Bilbao (Marzo, 1999): El Paisaje Urbano y Periurbano. Presentación de los resultados finales del Plan.

José Fariña dijo...

José: gracias por la información. Sería interesante saber en qué quedó todo. Parece un trabajo interesante, contrastado en Jornadas y Congresos y que debería haber servido como base de otros posteriores.

María dijo...

Me parece que la cuestión debería reducirse a la publicidad. El resto es "feismo" como dicen los gallegos, caos, desorden, suciedad. Pero la expresión debería reducirse a la publicidad en la vía pública imposible de evitar para el viandante. Ese es el verdadero mal de muchos paisajes urbanos.