sábado, 3 de diciembre de 2016

McDonough y Braungart: De la cuna a la cuna

En el año 2002 William McDonough y Michael Braungart publican el libro Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things. En su momento tuvo un impacto importante ya que parecía suponer un nuevo enfoque en la teoría del diseño. En esta serie de libros que todo planificador o diseñador urbano debería conocer (y que, poco a poco, voy completando) ya iba siendo hora de comentarlo. Para hacerlo, seguiré la traducción española titulada Cradle to cradle (de la cuna a la cuna): rediseñando la forma en la que hacemos las cosas. En realidad, aunque la traducción literal esté bien y la expresión “De la cuna a la cuna” haya hecho fortuna, probablemente una más adecuada sería “Del origen al origen”. En cualquier caso tuvo el mérito de señalar que eran posibles otros enfoques diferentes del diseño “sostenible”, tanto al tradicional como al de las 3R adoptado con entusiasmo por la ecología.

Cradle to Cradle, de la Cuna a la Cuna   ecologing

William MacDonough es un arquitecto norteamericano (aunque nacido en Tokyo en 1951). Fue decano de la escuela de arquitectura de Virginia y ha ganado importantes premios nacionales e internacionales. Fundador del estudio de arquitectura y diseño William McDonough and partners, ha llevado a cabo diferentes proyectos de arquitectura y urbanismo en todo el mundo. Ha diseñado desde zapatillas para Nike hasta un pueblo sostenible en China, Huangbaiyu. Bueno, el pueblo no es que haya tenido mucho éxito, de las 42 casas construidas sólo tres se han podido realizar de forma más o menos correcta ya que los problemas de diseño y coste eran demasiado importantes. El antropólogo norteamericano Shannon May, después de residir un año en Huangbaiyu (subvencionado por Intel) tuvo que marcharse desanimado ya que, según su opinión, no se trataba precisamente de un pueblo sostenible.

William MacDonough  inhabitat

Michael Braungart es un químico alemán nacido en 1958 en el pueblo de Schwäbisch Gmünd. Colaboró con Greenpeace como responsable de su sección química. Fundador de la International Umweltforschung GmbH (EPEA) en Hamburgo, imparte docencia en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Suderburg. Es doctor en química por la Universidad de Hannover desde 1985 y asesor científico del Hamburg Environmental Institute. Con William MacDonough, aparte de escribir juntos el libro que estamos comentando, funda la compañía McDonough Braungart Design Chemistry (MBDC), dedicada a proyectar soluciones sostenibles para la industria y al asesoramiento de instituciones y empresas aplicando un sistema de desarrollo sostenible basado (entre otras cosas) en la eliminación de residuos.

Michael Braungart  rsm

Sin embargo, el libro Cradle to Cradle no surge de la nada, cuenta con antecedentes que ya marcaban una dirección bastante clara. Habría que empezar por John T. Lyle, que en 1995 estuvo relacionado con MacDonough con ocasión de un taller con estudiantes y especialistas de todo el mundo y cuya influencia en el libro es evidente. Y es que Lyle llevaba desde los años setenta del pasado siglo XX poniendo las bases del llamado “diseño regenerativo”. Todo empezó después de haber realizado con sus alumnos de arquitectura del paisaje de la Universidad Politécnica de California en Pomona un trabajo de campo consistente en el diseño de una comunidad autosuficiente sin que se produjera menoscabo del medio ambiente. Podríamos simplificar sus propuestas diciendo que los sistemas regenerativos se asemejan a los ecosistemas en que no produccen residuos.

Lyle Center for Regenerative Studies, Pomona  cpp

También habría que citar al economista y arquitecto, Walter Stahel que, junto a Genevieve Reday, redacta en el año 1976 un informe para la Comisión Europea llamado The Potential for Substituting Manpower for Energy donde se ponen las bases de una economía en bucles (Economía Circular, concepto muy relacionado con el libro que estoy reseñando y al que dedicaré próximamente un artículo), mediante la que trataba de mejorar la creación de empleo y la competitividad minimizando el consumo de energía y la producción de residuos. Como se observa la cuestión de los residuos aparece siempre que se tratan estas cuestiones. Realmente fue Stahel a finales de esta década el que propuso la expresión “Cradle to Cradle” que luego serviría de título al libro de MacDonough y Braungart. Fue el fundador en Ginebra del Product Life Institute. Este informe fue publicado en 1982 con el título de Jobs for Tomorrow, the Potential for Substituting Manpower for Energy.

Influencia de la gestión de residuos en USA
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El mismo Stahel junto con Börlin en otro informe llamado Economic Strategies of Durability – longer product-life of goods as waste prevention strategy, demuestra (analizando treinta casos de estudio) que una economía circular es más rentable que una lineal y que su éxito depende de la reestructuración de la industria y su entorno. Este informe no estuvo exento de controversia y se alzaron algunas voces reivindicando, frente al sistema “De la cuna a la cuna”, otro basado en el más tradicional “De la cuna a la tumba” (Cradle to Grave) contrario a la economía circular y que, según sus defensores era además compatible con el sistema actual. No querría meterme ahora en esta polémica sino, simplemente señalar que el libro que comentamos no surge de la nada sino que es el resultado de un posicionamiento ante un sistema que, ya veremos es muy complicado de aplicar en la práctica, pero con bases teóricas muy fundamentadas.

El modelo tradicional: de la cuna a la tumba  C2Cplatform

Bien, ya va siendo hora de hablar del libro en sí. Las 186 páginas de la edición en castellano se dividen en seis apartados: 1.-Cuestión de diseño. 2.-Por qué lo menos malo no es bueno. 3.-Eco-efectividad. 4.-Basura = Alimento. 5.-Respetemos la diversidad. 6.-La Eco-efectividad en la práctica. Por el nombre que tienen los seis capítulos ya se puede comprender que se trata de un libro que se lee sin dificultad. Además, incluye ejemplos que lo hacen más comprensible, e incluso (a trozos), hermoso. Por otra parte no es muy extenso y está bien editado. Pero lo importante del libro se encuentra en los conceptos que están detrás de las palabras. Conceptos que, según hemos visto, no son propiamente originales sino que están basados en un conjunto de ideas que, desde la publicación en los años sesenta del pasado siglo de Silent Spring de Rachel Carson, se han ido consolidando (Lyle, Stahel, Reday, Börlin…) y ampliando.

Primavera y un cerezo en flor  Irene Montero en pinterest

Veamos cuales son. La idea principal es que deberíamos imitar a la naturaleza. Por muchas razones pero una muy importante para el funcionamiento del sistema económico es que la naturaleza crea valor. Hay un párrafo en el libro en el que hablan del cerezo, que se repite en muchísimos sitios de internet (tantos que no me resisto a transcribirlo porque a mucha gente de debe parecer de interés): “Cada primavera saca miles de flores, que más tarde caen al suelo: eso no parece muy eficaz. Pero las flores se convierten en alimento de otros seres vivos, así que su abundancia es tanto segura como útil, ya que contribuye a la salud de un próspero sistema interdependiente. Además, el árbol produce múltiples efectos positivos, emite oxígeno, transpira agua o crea un hábitat, entre otros. ¡Y encima es bonito!”. Claro, el problema es la forma de conseguirlo. El cerezo lo ha conseguido, parece que los humanos no.

La ecoeficiencia no es suficiente
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En el año 1992, en la Segunda Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro (más conocida por Cumbre de Río), se creó un foro llamado Business Council for Sustainable Development en el que se gestó el término de eco-eficiencia. Básicamente lo que se proponía era limitar la cantidad de emisiones peligrosas producidas por la industria. A partir de este planeamiento surge la llamada regla de las tres erres adoptada de inmediato por los movimientos ecologistas. Aunque es bien conocida por los lectores del blog voy a recordarla: reducir, reutilizar, reciclar. Reducir el consumo y los desechos. Reutilizar, darle a cualquier objeto producido otra vida útil. Reciclar, convertir desechos en productos nuevos. Esta regla de las 3R ha llegado a popularizarse masivamente y ha contribuido a que el sistema productivo se vea desde otra perspectiva.

Regla de las tres erres

Sin embargo, para toda esta corriente que estamos analizando y en la que está el libro de McDonough y Braungart, esto no es suficiente. Y no lo es por la sencilla razón de que no elimina el problema sino que lo minimiza. Es decir, lo único que se consigue es alargar la agonía. El hecho de que reduzcamos al mínimo los desechos no significa que no se produzcan desechos. Y al ritmo de consumo actual, con una población en el planeta que ya supera los siete mil millones y medio de habitantes, el sistema de las 3R no cura la enfermedad. Estamos ante la aplicación de cuidados paliativos para un enfermo que tiene los días contados. No se trata de hacer las cosas menos mal, sino de hacerlas bien. Este cambio de óptica es lo que se intenta con el sistema de “La cuna a la cuna”. Y lo que se propone es el cambio del término eco-eficiencia por el de eco-efectividad. Claro, no se trata de sustituir una palabra por otra, sino plantear el tema desde otro punto de vista ligeramente distinto.

Un bote de pintura puede contaminar millones de litros de agua  slovak

Se puede leer en el libro de McDonough y Braungart: “Sinceramente, la eco-eficiencia sólo hace que los sistemas antiguos y destructivos lo sean un poco menos. En algunos casos puede incluso ser más perniciosa, porque su funcionamiento es más sutil y con consecuencias a largo plazo. Un ecosistema puede realmente tener más posibilidades de retornar a un estado sano y completo después de un rápido colapso que deje algunos nichos intactos, que tras un proceso lento, deliberado y eficiente de destrucción de la totalidad”. Así planteado, el sistema tradicional que se está siguiendo (por ejemplo, en casi todos los sistemas de certificación energética o de sostenibilidad) relativo al ciclo de vida del producto parece que no cumple la expectativas necesarias. La base fundamental del sistema podríamos resumirla en la expresión “basura cero”. Pero esto es fácil de decir pero muy difícil de hacer.

Desechos tóxicos  ecositio

Para ello proponen que diferenciemos el metabolismo biológico del técnico. Los objetos habría que diseñarlos de dos formas. Aquellos totalmente biodegradables que no sea necesario reciclar, y aquellos fáciles de reciclar. Los problemas suelen aparecer cuando se juntan ambos. Desde esta perspectiva se entiende que el ciclo técnico debería de imitar al biológico. Como se puede ver en el esquema de abajo se considera a todos los materiales que forman parte de un proceso productivo como nutrientes, de forma que unos son técnicos y se rigen por el planteamiento de ser el origen de otros, y los demás son biológicos constituyendo la base de la vida de otros seres. Aunque la propuesta no parece diferenciarse demasiado de los planteamientos tradicionales y no es revolucionaria, permite una visión del problema desde otra perspectiva distinta. Este cambio en la óptica es, para mí, la verdadera aportación de la propuesta.

El ciclo biológico y el técnico
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En el capítulo titulado “Basura = Alimento” se incluyen algunos ejemplos ilustrativos de esta forma de ver las cosas. Desde industrias textiles en las que el agua se devuelve con una calidad mayor que cuando entra, hasta automóviles en los cuales todas sus piezas se pueden aprovechar cuando termina su ciclo de vida. Esta diferencia entre metabolismo técnico y biológico es importante ya que, aunque en el biológico no se produce degradación en las sucesivas “reencarnaciones”, en el técnico es más complicado conseguirlo. Por eso resulta imprescindible que no exista una disminución del valor del producto. Es decir, que los productos se diseñen de forma que se puedan reciclar “hacia arriba” (sin que su calidad empeore en el ciclo siguiente), oponiendo esta situación que se podría llamar upcycling a la corriente de downcycling.

Más allá del reciclado  Furrer y Shutterstock en gbtimes

Se puede leer en el libro de McDonough y Braungart  que: “Hay que rediseñar las cosas pensando en el uso presente y futuro de los materiales. Una parte retornará a la biósfera, otra parte se quedará necesariamente en la tecnósfera. Los nutrientes tecnológicos como el plástico, el cristal o los metales se tienen que reutilizar. Los nutrientes biológicos, como la madera, el algodón o el corcho son compostables y pueden volver a la tierra”. Pero esto sólo es una parte. En realidad, para que sea posible se tienen que dar algunas condiciones adicionales (que también están en la base de la llamada Economía Circular). Además de separar los materiales según su ciclo biológico o técnico y planificar un sistema de gestión de nutrientes que nos diga qué hacer con los materiales al terminar su ciclo, hay que fabricarlos con un consumo mínimo de agua que se devuelva a la naturaleza en iguales o mejores condiciones de las que estaba, mediante energías renovables y con criterios de responsabilidad social.

Elementos críticos: gestión del agua y uso de renovables  expansión

La cuestión de la responsabilidad social es importante y significa que en el diseño del producto deberá considerarse al personal encargado de su fabricación, y las empresas deben incluir en el plan y en toda la cadena de suministro las cautelas necesarias para asegurar que no se estén violando los derechos fundamentales y que los trabajadores no se conviertan, a su vez, en un elemento “tóxico” más de la producción. La cuestión de los tóxicos (ahora hablo de las substancias nocivas) y la salud, de una larga tradición desde la publicación de Silent Spring de Rachel Carson, también tiene una gran importancia en este sistema. Todo esto hay que conseguirlo de forma que se elimine del proceso cualquier elemento que pueda producir problemas a la salud de las personas, tanto de las que lo fabrican como de las que lo consumen. Es decir, que todos los componentes químicos o físicos que intervienen sean seguros desde el punto de vista de la salud.

MBDC Empresa creada por McDonough y Braungart
 Señalar en la imagen para verla más grande  MBDC

Al llegar a este punto probablemente los lectores del artículo estarán diciendo que, por supuesto, todos estamos de acuerdo con esto. Incluso en el año 2016 nos pueden parecer un conjunto de lugares comunes y que no aportan demasiado a la perspectiva que tenemos actualmente de los procesos de fabricación y consumo. Sin embargo esto no era así a comienzos de este siglo cuando McDonough y Braungart escribieron el libro. Y, además, como hemos visto, en realidad las ideas ya estaban incluso explícitas en muchos sitios diferentes, desde principios de los años setenta del pasado siglo XX. Pero como tantas cosas en el mundo actual un lema o un adjetivo afortunado a veces hacen más desde el punto de vista social que cientos de páginas de sesudas investigaciones, y la expresión “de la cuna a la cuna” frente a la “de la cuna a la tumba” ha hecho fortuna. Es algo así como “el desarrollo sostenible”, “la infraestructura verde” o las “Smart Cities”. El problema, por supuesto, es llevar todo esto a la práctica.

Certificación C2C
 Señalar en la imagen para verla más grande  MBDC

Para conseguirlo McDonough y Braungart pensaron que una de las formas de hacerlo era mediante un sistema de certificación. De forma que crearon la empresa MBDC y se pusieron a ello. Ahora mismo existe un certificado Cradle to Cradle (C2C) en sus modalidades bronce, plata, oro y platino y ya hay bastantes productos que cuentan con esta distinción. Comprendo que son necesarias las entidades de certificación. También comprendo las urgencias vitales en un mundo como el actual, lo que significa que también comprendo que un planteamiento teórico con muchos elementos positivos se intente convertir en un negocio. Pero mire Vd., en el año 1924 el diario español ABC correspondiente al jueves 24 de julio publicaba la siguiente fábula (luego retomada por Victor D’Ors en una de sus publicaciones y que recogí en un artículo del blog dedicado a Cortázar), y que voy a adaptar convenientemente al tema que nos ocupa:

La fábula del ABC del 24 de julio de 1924
 Señalar en la imagen para verla más grande  ABC

Un químico alemán (que podría ser perfectamente Braungart acompañado por su amigo y sin embargo arquitecto McDonough) en Torres Vedras, obtiene macarrones de las piedras (proceso industrial muy interesante siempre que no se desprendan productos tóxicos); después invierte la operaciones y obtiene piedras de los macarrones (por ejemplo, para revestir la ciudad de la cultura de Santiago sin necesidad de traerlas en barco desde Brasil). Total, que el alemán las piedras deja idénticas que están (perfecta operación industrial mediante la cual entramos en un ciclo infinito entre piedras y macarrones de forma que ambos se van convirtiendo sucesivamente uno en cuna del otro). Esto enseña que el niño y el anciano deben de acostarse muy temprano (prístina conclusión que nos lleva a obtener el certificado C2C mención platino del niño, del anciano, de los macarrones y de las piedras).

¿De la cuna a la cuna? ¿De la cuna a la tumba?  angelescordoba

Para terminar he introducido algo de humor en un tema muy serio por dos razones de peso. La primera, para que mi amigo Antonio Folgado no diga que estoy perdiéndolo (me refiero al sentido del humor). Y la segunda, porque determinadas cosas muy serias a veces hay que tomarlas de forma menos seria ante la inmensa tarea que tenemos por delante. El problema no es saber qué hacer. Más o menos, en estos momentos tenemos bastante claros algunos de los elementos críticos sobre los que hay que actuar para enderezar el rumbo de una nave que va directa a los acantilados. Lo que ya tenemos bastante menos claro es cómo llevar estos principios a la práctica y, sobre todo, cómo convencernos todos de la necesidad de hacerlo. En algunos temas, como el cambio climático, ya le empezamos a ver las orejas al lobo, pero en cuanto distinguimos sus contornos, cerramos los ojos (a veces conscientemente) para que siga la duda que nos permita disculparnos por no hacer nada.

 
Nota 1.-El libro de William McDonough, Michael Braungart comentado hoy se publicó por primera vez en inglés en el año 2002 por la editorial Nort Point Press en USA con el título de Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things. La edición en español que he manejado lleva por título Cradle to cradle (de la cuna a la cuna): rediseñando la forma en la que hacemos las cosas. Fue publicada por la editorial McGraw-Hill en el año 2005 y la traducción de la primera edición inglesa es Gregorio Pérez Van Kappel. Cuenta con 186 páginas distribuidas de la siguiente manera: Agradecimientos; Prólogo a la edición española; Introducción: Este libro no es un árbol; 1: Cuestión de diseño; 2: Por qué lo menos malo no es bueno; 3: Eco-efectividad; 4: Basura = Alimento; 5: Respetemos la diversidad; 6: La Eco-efectividad en la práctica; Notas.

Nota 2.-Aparte de los enlaces que aparecen en la fotos del texto tienen también bastante interés los siguientes: Página web MacDonough; Página web de Braungart; Página de MBDC; La opinión de Shannon sobre el pueblo sostenible chino de Huangbaiyu.

6 comentarios:

Javier Gracia Loriente dijo...

Hola Jose:
Tendrías que traer este libro a Zaragoza en la proxima edicion ...
Un abrazo Jose.

Antonio Folgado dijo...

Pepe: Te leo desde La Rochelle, es lo que tiene el estar jubilado, y veo que no has perdido el sentido del humor -afortunadamente- porque la fábula del químico de Torres Vedras aplicada a Braungart es de típica socarronería galaica. Unha aperta.

Julio Alberto dijo...

Profesor: gracias por la molestia que se toma de ponernos convocatorias de becas, congresos, etc. No sabe la importancia que tienen para algunos de nosotros que trabajamos aislados y no tenemos noticias de algunos eventos.

José Fariña dijo...

Julio Alberto: Aunque no tengo acceso a todas las convocatorias os pongo aquellas de las que me voy enterando (sobre todo las que me vienen a través de las Universidades) y que tienen relación con la temática del blog. Hay bastantes páginas que reseñan estas cosas pero suelen ser generalistas y es complicado encontrar aquellas de interés para los que me leéis.

Joaquín Lorenzo dijo...

Como las anteriores me parece una magnífica recensión de un libro fundamental. A pesar de la ironía con la que se trata al final del artículo no puede dejar de reconocérsele a los autores su gran contribución al debate de qué estamos haciendo con un planeta que ya casi no puede soportar el peso de tanto desecho. Todo el mundo se centra en el problema de la energía cuando tal y como yo lo veo el gran problema son los resíduos. Y ahí está casi todo por hacer. Me gustaría que los gobiernos y las entidades de certificación empezaran a considerar el verdadero problema al que nos enfrentamos en el siglo XXI. Gracias por traer estas cosas al blog de un arquitecto.

José Fariña dijo...

Joaquín: estoy de acuerdo contigo sobre que el gran problema son los residuos. Habría que añadir el agua que también ya está empezando a asomar la patita. Respecto a que un arquitecto se preocupe de estas cosas me parece de lo más natural. Junto con otros profesionales nos encargamos de urbanizar el planeta y nuestra responsabilidad es mucha.