jueves, 3 de marzo de 2022

El Bosque de los Zaragozanos

Reforestación. Esta es la palabra mágica que lava nuestras conciencias ambientales hasta dejarlas limpias e impolutas sin rastro de mancha consumista alguna. Consuma nuestros productos, son altamente contaminantes. Pero no se preocupe, por cada uno que consuma plantaremos diez árboles y todavía quitaremos más CO2 de la atmósfera que el que producimos. Cuanto más consuma menos efecto invernadero. De forma que, empresas y administración, se han puesto de acuerdo para detener el cambio climático. Incluso están en disposición de recibir las oportunas subvenciones locales, nacionales o internacionales. Lo decíamos en un artículo publicado en El País el 28 de noviembre del pasado año al analizar los resultados de la COP26, en la que se acordó destinar 16.500 millones de euros a reforestar.

El Bosque de los Zaragozanos  zaragozaonline

Claro que no se dice, ni en la letra pequeña, que lo único que hacen los árboles (unos más y otros menos) es “secuestrar” el CO2 y guardarlo, presto a soltarlo en cualquier momento. Por ejemplo, con ocasión de un incendio forestal. No lo hacen desaparecer milagrosamente, no. Pero el marketing (palabra inglesa que aparecerá varias veces a lo largo del artículo y que prefiero a “márquetin” que me suena a marco de cuadro chiquitín y a “mercadotécnica” demasiado larga) es el marketing, y los elementos publicitarios que conlleva parece que son fundamentales. Así que, en el anuncio que nos induce a consumir un producto muy contaminante aparecerán alegres familias retozando en un paisaje idílico plantando un delicado arbolito con una sonrisa de oreja a oreja, cantando y bailando una pegadiza melodía alusiva a las bondades de consumir el citado producto, entre las que destaca lo bien que se comporta con el planeta.

Nosotros plantamos un árbol  myxplora

Así que empiezan a proliferar iniciativas para crear bosques más o menos cercanos a las ciudades donde poder lavar nuestras conciencias consumistas. Y eso que no siempre reforestar es lo indicado, incluso en determinados casos es contraproducente. Entre estas iniciativas "boscosas" se puede destacar la del llamado Bosque Metropolitano de Madrid que, según la página web del municipio es “una infraestructura verde que se extenderá a lo largo de 75 kilómetros en la ciudad de Madrid, que contribuirá al reequilibrio de la ciudad, a la reducción de las emisiones de CO2, a la lucha contra el cambio climático, a la restauración ecológica y paisajística de zonas degradadas y a incrementar la oferta de itinerarios peatonales y ciclistas, así como beneficiar a la salud de la población”. Dios me libre de condenar tantas bondades ecológicas (solo falta la palabra biodiversidad) y salutíferas, mejor que se haga el bosque metropolitano que una M-55. Pero hacer estas cosas bien y sin objetivos espurios no es fácil.

El Bosque Metropolitano de Madrid  youtube
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Para ilustrar los problemas que este tipo de actuaciones traen consigo me voy a centrar en otro proyecto parecido pero que, casi desde su comienzo, se ha visto sometido a controversia. Me refiero al llamado Bosque de los Zaragozanos. Pero antes de seguir adelante tengo que decir, para que no queden dudas que, de ninguna manera, estoy en contra de estas iniciativas. Al contrario. Sin embargo, pienso que se debería de reflexionar un poco sobre las mismas para que, al final, no sean contraproducentes como fue el caso de tantas Agendas 21. Para empezar, el Bosque de los Zaragozanos no surge de la nada. El ayuntamiento de Zaragoza lleva varios años intentando hacer las cosas bien. Desde el Programa Life hasta el Plan Director de Infraestructura Verde lleva recorrido un largo camino en estos temas. Por cierto, este último ha sido premiado en el Congreso Europeo de Infraestructura Verde Urbana celebrado en Budapest el año 2017. Por tanto, no estamos hablando de una administración neófita en estos temas.

El Bosque de los Zaragozanos  zaragozabn
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Se puede leer en la página web del Ayuntamiento: “Queremos que Zaragoza sea un referente en sostenibilidad: un entorno repleto de espacios saludables y donde sea posible disfrutar del aire limpio. Por ello, impulsamos esta iniciativa colaborativa con la que se plantarán 700.000 árboles, tantos como habitantes tiene la ciudad”. Y, como objetivos prioritarios: mejorar la salud y aumentar la biodiversidad; reducir la huella de carbono y evitar el calentamiento global; avanzar en una ciudad más verde; fomentar la economía circular; y, contribuir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La verdad es que, probablemente, casi todos firmaríamos estos cinco objetivos. Y si se consiguen sin más que plantar árboles… (eso sí, 700.000) sería magnífico. Y es cierto que la reforestación trae consigo muchas ventajas, algunas de las cuales ni se mencionan en estos cinco objetivos. Por ejemplo, evitar la erosión del suelo. El problema es que todo esto depende de cómo y dónde se haga. Sobre todo en paisajes de estepa (como es parte del de Zaragoza) habría que discutir sobre la necesidad de plantar árboles.

Las zonas donde realizar las plantaciones

A mediados de abril del año pasado se presentó esta iniciativa como un ambicioso proyecto colaborativo que pretendía reverdecer 1.200 hectáreas con objeto de dotar a Zaragoza de un “cinturón verde”. Para ello el ayuntamiento contaría con el asesoramiento y la colaboración de la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES). En una primera fase los trabajos se centrarían en unas 700 hectáreas situadas en espacios adyacentes al Canal Imperial, el área entre Las Fuentes y la Z-30, en los márgenes del río Gállego, las riberas del Huerva al sur de la ciudad y los montes de Torrero. El resto se iría definiendo con posterioridad. Llama la atención esta escasa concreción del ámbito del proyecto desde el primer momento. Esto, según y como se mire, puede ser un problema o una ventaja. Por una parte, le quita rigidez, pero por otra, impide una programación a largo plazo absolutamente imprescindible en un proyecto como este.

Camión de compost descargado  heraldo

El bosque comienza su andadura en el entorno de la calle Juan Bautista de La Salle. Este espacio está situado al borde del Canal Imperial. Un mes después (a mediados de octubre) se trasladan 40 toneladas de compost procedentes del Complejo para el Tratamiento de Residuos de Zaragoza con lo que parece que se puede hacer realidad un comienzo de economía circular al utilizar parte de la basura generada por la ciudad. Pero surge la polémica. Por una parte se trae compost, pero por otra se ha eliminado la tierra fértil existente en la zona mediante un desbroce con maquinaria pesada. De forma que los colectivos ecologistas protestan airadamente de lo que se está haciendo en esta primera actuación. Y lo hacen, además, entre otras razones por cambios fundamentales en lo previsto para la zona en el Plan Director de Infraestructura Verde, o porque la plantación realizada tiene poco que ver con la vegetación del sitio.

Limpieza y desbroce de la intervención  arainfo

Y es que, efectivamente, la primera actuación que consistió en desbrozar el terreno allanándolo y utilizando para ello maquinaria pesada, no parece lo más adecuado para una zona que antiguamente se dedicaba a la agricultura pero que había sido, como dicen los grupos ecologistas “colonizada por especies propias de nuestro clima y suelo, habiéndose constituida una comunidad de vegetación predominantemente arbustiva que constituía un espacio de refugio, cría y alimentación para la fauna”. Todo ello, aparentemente, fue arrasado sin la más mínima consideración ni a la flora ni a la fauna que, trabajosamente, había ido cambiando de forma natural el paisaje hasta casi convertirlo en uno de carácter autóctono. ¿Y a cambio de qué? Sorprendentemente lo que se hizo fue una plantación de almendros rigurosamente alineados y con necesidades de riego importantes.

Protestas entidades ecologistas  arainfo

Y todo ello sin consideración a las propuestas previas derivadas de lo previsto en el Plan Director de Infraestructura Verde que pretendían la recuperación de la acequia de La Almotilla como corredor ecológico, evitando los tratamientos tradicionales de parques y jardines grandes consumidores de agua y con gastos elevados de mantenimiento. El problema de todo esto es más profundo. Deriva de la falta de participación. Por una parte, de los propios vecinos. Y por otra, de los expertos. Aparentemente, el proyecto se empezó a conocer en el mismo momento de su realización. Todo ello ha traído consigo protestas, reclamaciones de los grupos ecologistas y, también, la movilización ciudadana. No parece que la cosa haya empezado con buen pie. Incluso se ha denunciado oficialmente esta intervención por destrucción de hábitat y daños directos a especies catalogadas.

Plantación de almendros junto al Canal  heraldo

Lo cierto es que a mediados de octubre empiezan a plantarse almendros y en la primera quincena de noviembre las entidades colaboradoras que son muchas (desde Avanza Zaragoza hasta El Corte Inglés, pasando por Levitec o IASOL) rematan el marketing de esta primera parte terminando las plantaciones en sus espacios de 1.000 metros cada uno. Ya en diciembre unos 400 alumnos de 5º y 6º de primaria, después de participar en un taller del ayuntamiento en el que se trató de inculcarles la importancia de los “bosques isla” para mejorar la biodiversidad, realizaron las primeras plantaciones en el Vedado de Peñaflor. Para ello utilizaron especies propias del sitio tales como pino carrasco, encinas y sabinas. También arbustos tales como enebros, olivillas o coscojas. Luego, y hasta hoy, se suceden los apadrinamientos de árboles o apoyos al proyecto por diferentes empresas.

Plantaciones por alumnos en el vedado de Peñaflor  periodicoaragon

Todavía queda algo que contar. A finales de enero de este año se presentan tres proyectos a la convocatoria de subvenciones de la Fundación Biodiversidad: humedales de los Campos del Canal, rehabilitación del cauce urbano del Huerva y recuperación de parte del parking sur. Todos ellos relacionados con el proyecto del Bosque de los Zaragozanos. Pues bien, cuatro organizaciones ecologistas han dirigido una carta a dicha fundación en la que argumentan a lo largo de diez folios que la solicitud incumple los criterios de sostenibilidad y resiliencia. Termina diciendo que: “Existen daños ya irreversibles en el primer proyecto iniciado y para los otros dos proyectos solicitados el Ayuntamiento debería realmente modificar los criterios con los que ha actuado hasta el momento”. La carta está firmada el día 2 de febrero.

Apadrinar un árbol cuesta 10 €  ayuntamiento
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Parece que la confrontación está servida. Algo que, en un proyecto de este tipo, nunca debería ocurrir. Pero todavía hay otro tema que comentar: la implicación de la gente de Zaragoza. Para saber algo más me he ido a la web del Bosque de los Zaragozanos (supongo que también de las zaragozanas). En el apartado “Apadrina un árbol” he señalado el recuadro correspondiente a “Ciudadanía” y me he encontrado que, para apadrinar un árbol tengo que pagar 10,00 €. No importa que esté muy concienciado, en caso de no tener dinero no puedo apadrinar nada. Esto me frustra un poco, pero pienso que, probablemente, sea una forma efectiva de implicarse. Claro que si señalo el apartado de “Empresas y entidades” mis posibilidades son mucho mayores. A saber: Colaboración en la plantación (lo que ofrece “mayor visibilidad y notoriedad”); amplificador (también ofrece “notoriedad y visibilidad”); campaña de redondeo y campaña de céntimos solidarios, igualmente con variadas posibilidades de “notoriedad y visibilidad”.

En la parte urbana del Bosque también protestas  peridodicoara

Lo cierto es que hay demasiados puntos oscuros y contradicciones. No suelo escribir estos artículos en primera persona, pero he hecho una excepción para ver si podía llegar a sentirme implicado. No solo no lo he conseguido, sino que algunos de los planteamientos de la propuesta no termino de entenderlos. En particular, el de la participación. Me ha gustado el tema de los colegios, e incluso la forma de implicar a las empresas a pesar de que, en el fondo, sea puro marketing, aunque comprendo que sea lo que buscan.
         Sin embargo, la relación con las personas no expertas y con los expertos, parece poco adecuada. La gente corriente (los no expertos) debería de poder participar en algo más que no fuera apadrinar un árbol por 10 €. Es como si el dinero pudiera lavar conciencias, y si no tienes te quedas con la mancha ambiental de por vida. Parece que tampoco se ha contado con otros colectivos como asociaciones de vecinos. Y la no participación de los expertos como los ecologistas es incomprensible, lo que ha llevado a cometer errores importantes. Esperemos que el primer ensayo de esta iniciativa, que todavía lleva poco tiempo, sirva para retomar la buena dirección con el acuerdo de todos.

 
 
 
 
 
 
 
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