sábado, 20 de septiembre de 2008

La silueta urbana (skyline) de Madrid

Debo reconocer que me he pasado casi más tiempo decidiendo como titulaba este artículo que escribiéndolo. Todo el problema está, por supuesto, en la palabra "skyline". Lo normal es que el titulo fuera El skyline de Madrid, corto, conciso y sencillo de entender por todos los que tienen que entenderlo. Sin embargo... mis prejuicios lingüísticos y mi defensa a tope del castellano como lengua universal alternativa al inglés no me dejaba tranquilo. De forma que me dediqué a buscar otras posibilidades. "La línea del horizonte" no está mal, pero la palabra "del" entre línea y horizonte hace que cuando se acompaña de la ciudad de que se trate, no resulte bien. "La línea del horizonte de Madrid" ya no es lo mismo. Y "el horizonte" sin más parece indicar otra cosa (horizonte financiero, horizonte urbano, horizonte educativo). Luego está la palabra "panorama" pero tiene el mismo problema que horizonte. También "perfil urbano" podría utilizarse pero, generalmente, cuando se aplica a una ciudad es en el sentido de "Conjunto de rasgos peculiares que caracterizan a alguien o algo". De forma que, al final, me decidí por "silueta urbana" en el sentido de "forma que presenta a la vista la masa de un objeto más oscuro que el fondo sobre el cual se proyecta" entendiendo como tal la forma de la ciudad al proyectarse sobre el fondo más claro del cielo. Pero como seguramente, y de momento, iba a tener problemas con los buscadores decidí poner también la palabra "skyline" en el titulo.

La Cuatro Torres, desde el este, de La Galería de Cuellar

El caso es que me gustaría comentar algo sobre una cuestión que seguramente no se le habrá escapado a casi nadie: la aparición de cuatro grandes edificios en el azul tan especial (y tantas veces contaminado) del cielo de Madrid. Los cuatro edificios responden al absurdo nombre de "Cuatro Torres Business Area" y no es mi intención comentar sus características, su arquitectura, los problemas urbanísticos que probablemente plantearán cuando entren en carga o el grado de belleza o fealdad del que están dotados (en múltiples sitios de la red se pueden encontrar comentarios sobre estos temas), sino su influencia en la percepción de la ciudad.

Las Cuatro Torres desde el oeste, de Igv

Hay pocas ciudades que cuenten con una silueta urbana característica que las identifique de forma inequívoca: Nueva York, Toledo, Praga o Londres (también Los Ángeles, increíblemente), por ejemplo, pertenecen a este selecto grupo. De Nueva York la vista de Manhattan viniendo en barco desde la Estatua de La Libertad. De Toledo el casco histórico desde la entrada de la carretera de Madrid con el El Alcázar y la Catedral recortados en el horizonte. De Praga la vista de la ciudad vieja desde el puente de Carlos. De Londres el Támesis con el Parlamento, etc. De Los Ángeles, el centro de negocios surgiendo mastodóntico sobre una alfombra de pitufos unifamiliares (Kevin Lynch lo llama "el suburbio frondoso").

Los Ángeles, de shine

Luego hay otro conjunto de ciudades que, sin tener una silueta característica cuentan con algún elemento que las identifica de forma inequívoca. La Torre Eiffel en París, El Coliseo de Roma, la Acrópolis de Atenas o el Guggenheim en Bilbao. Madrid no se encuentra en ninguno de estos grupos.

El Guggenheim en Bilbao, de Wikimedia

En unas jornadas celebradas en el año 2006 sobre El Paisaje del Centro Histórico de Madrid, organizadas por el Ayuntamiento y en las que intervine con una ponencia que debe estar reseñada en algún artículo del blog, el director de cine Félix Murcia contaba (haciendo suyas las palabras de Ignacio Armada Manrique) que, para situar al espectador en Nueva York, Londres, París o San Francisco, bastaban uno o dos planos en cualquier película. Pues bien, para situar a Madrid se necesitaba poner el nombre. Dice Ignacio Armada:

La Cornisa de Madrid, de Daniel Meyer

"Ciudades europeas como Londres, París e incluso Berlín con su puerta de Brandemburgo -y no digamos Roma o Venecia-, también cuentan con una suerte de sky-line al que han recurrido no pocas veces los cineastas autóctonos, e igualmente los foráneos que han localizado allí sus filmaciones. Es algo que explicaban en los años sesenta desde Alfred Hitchcock a François Truffaut y que se puede resumir en el siguiente lema: si vas a rodar en una ciudad con un edificio famoso, localiza la acción en ese lugar. No sólo la imagen aporta información sobre el escenario; además, el espectador se sentirá inconscientemente cómodo y satisfecho al poder contemplar lo que en definitiva esperaba ver. Si una película transcurre en Londres, necesitamos ver el Big Ben. No podemos por menos de preguntarnos por qué eso no ha ocurrido en el cine español, ni antes ni ahora, respecto a Madrid".

Madrid, La Cibeles a finales del s XIX, de Madripedia

Dice Félix Murcia (ahora cito palabras suyas) que "hasta ahora las imágenes icónicas de Madrid más utilizadas en el cine han sido La Cibeles, la Puerta del Sol o la Puerta de Alcalá, que como se puede comprender no sobrepasan su identificación nacional demasiado allá". Su tesis es que a los madrileños no les interesa esta identificación. Es más, siempre han procurado confundir al forastero cambiando continuamente la ciudad (coincide con mi teoría sobre su alta tasa de renovación urbana) "desde las primeras obras de derribo, en 1809, que José Bonaparte ordenó llevar a cabo en torno al Palacio Real; desde cuyo comienzo, cuando se pregunta cómo es Madrid, se viene respondiendo invariablemente que: se sabrá cuando lo acaben". Podríamos concluir que lo característico de Madrid es no tener nada característico (claro está, todo el tiempo estamos hablando de imagen) y si aparece algo cambiarlo de inmediato por otra cosa. En un trabajo que hice ya hace algunos años precisamente sobre el tema de la imagen y la identidad nos dedicamos a buscar los recuerdos que los turistas se llevaban de Madrid. Efectivamente, algunas Cibeles en miniatura, puertecitas de Alcalá de lo mas kitsch y, sobre todo, muñequitos con traje andaluz, toreros, pequeños mañicos, abanicos, galleguiños de todos los tamaños con gaitas incluidas... todos los pueblos de España estaban representados (incluidos los propios madrileños, claro, pero como uno más). No sé si ahora la situación habrá cambiado mucho, pero supongo que, en esencia, seguirá igual.

Densidad de fotos en Panoramio, casco antiguo y Castellana

Por cierto, y haciendo un inciso, Ignacio Armada se refiere también al skyline: "En el abc de la narrativa fílmica estadounidense, existe desde hace décadas un recurso muy empleado, conocido como sky-line. Esa línea del cielo, que supone tomas aéreas de los horizontes y lugares más relevantes o identificables de la urbe, con planos picados y cenitales, permite al cineasta, generalmente, realizar una virtuosa economía en el desarrollo del relato, puesto que mientras contemplamos el inicio de la película con los títulos de crédito y de vanidad del equipo técnico y artístico, a la vez nos situamos rápidamente en el lugar de la acción sin necesidad de prolegómenos". Esto por si alguien entendía que el término no era básicamente paisajístico. Aunque primitivamente en inglés se refiera a la línea del horizonte tanto urbana como no urbana ya vemos que en este caso se centra en las áreas urbanas. Y todavía hay interpretaciones mucho más restrictivas que entienden la expresión relacionada sólo con el recorte sobre el cielo de las torres y edificios altos.

Vista de Madrid desde el suroeste, de FJP

El caso es que esta falta de identidad de la ciudad se ha mantenido también en su silueta. Aunque la imagen panorámica de Madrid cambia de forma notable según el punto de vista (no es lo mismo viniendo por la carretera de Valencia que por la de A Coruña) se podría describir como bastante homogénea en su estrato construido. Un cuerpo de edificación bastante compacto que sigue las ondulaciones del terreno y del que no sobresalen por su altura demasiados edificios y un basamento de vegetación variable según los lugares desde donde se mire. Este basamento es muy importante y abarca la totalidad de la ciudad si las miradas son del noroeste y es prácticamente inexistente desde el sureste. En cualquier caso, este “poblachón manchego ampliado” como en algunos casos se le denomina atendiendo a su caserío, nunca se ha caracterizado por una silueta aristocrática o de altos vuelos. Esto no quiere decir que no haya tenido sus “incidencias” que se han quedado siempre (hasta hoy) en el ámbito doméstico.


Obviando la imagen más primitiva de la ciudad (centrada en la llamada “cornisa de Madrid” con el Palacio Real como edificio principal mirando al Manzanares) que se reproduce en una foto más arriba, el primer grupo de “incidencias” estaba constituido por el edificio España y la Torre de Madrid. El edificio España fue construido en el año 1953 y cuenta con 25 plantas con una altura de 117 metros. Cuatro años más tarde se terminaba la Torre de Madrid ya con 37 plantas y 142 metros de altura, siendo en su momento el edificio de hormigón más alto del mundo. Los proyectos fueron de los arquitectos Joaquín y Julián Otamendi. El conjunto de ambos edificios junto con la plaza que delimitan fue durante años (todavía lo es) un elemento emblemático de la ciudad. Pero un emblema doméstico. Todavía conservo las fotos de mis padres cuando vinieron por primera vez a Madrid: estaban hechas en esta plaza intentando por todos los medios incluir en la foto la Torre de Madrid lo que obligaba a que aparecieran únicamente sus cabezas de las que surgía el edificio.

El Edificio España y la Torre de Madrid, de Lauris

El problema de este conjunto desde el punto de vista del perfil de la ciudad es que estaba situado en una cota muy baja y, por tanto, no destacaba excesivamente. El edificio de Telefónica, Gran Vía arriba situado a una cota muy superior sobresalía más sobre la masa compacta del zócalo edificado. En cualquier caso no tenían fuerza suficiente para caracterizar de forma inequívoca a la ciudad en el ámbito internacional y eso que la Torre de Madrid fue hasta el año 1967 el edificio más alto de Europa y llegó a gozar de una cierta notoriedad.

El perfil característico de Torrespaña, basado en James T Menendez

Durante veinticinco años la silueta urbana de la ciudad no varió ostensiblemente y para varias generaciones de madrileños parecía que las cosas se estabilizaban. Pero en el año 1982 se inauguró Torrespaña (o Torre España, según versiones) que con sus 220 metros más 12 de la antena se convierte en el edificio más alto del país. “El pirulí” como se le llama popularmente, sí que supuso un impacto importante en la silueta de la ciudad, no sólo por su perfil tan característico, sino también por el hecho de albergar los servicios informativos centrales de TVE lo que hizo que apareciera como “logo” en muchos programas de televisión. Sin embargo tampoco terminó de cuajar como imagen distintiva de la ciudad porque se parecía demasiado a otras torres de comunicaciones que se estaban construyendo en todo el mundo. Además, poco tiempo después se empezó a desarrollar el complejo de negocios de Madrid AZCA (Asociación Mixta de Compensación de la Manzana A de la Zona Comercial de la Avenida del Generalísimo, que tal era su nombre completo) con edificios de gran altura que, aunque no llegaban a los 220 de Torrespaña, al ser varios, influyeron de forma notable en el cambio de silueta de la ciudad.

Parte del complejo AZCA sin la Torre Windsor, de Dgr

En este complejo de negocios se construyeron varios edificios emblemáticos: la Torre Windsor (destruida hace tres años por un incendio), la Torre del Banco de Bilbao de Saénz de Oiza, o la Torre Europa de Oriol. Pero la que destacó de forma inequívoca fue la Torre Picasso del arquitecto japonés-americano Yamasaki (que fue también el proyectista del World Trade Center de Nueva York). Se inauguró en 1988 y sus 157 metros de altura la convirtieron en la más alta de Madrid, si exceptuamos Torrespaña. Aunque Torrespaña nunca ha sido considerada propiamente como edificio, sino más bien como “artefacto” de comunicaciones ello no invalida su fuerza para caracterizar la silueta urbana de la ciudad.

Torre Picasso en AZCA, de Lau

Ya en el año 1996 se inauguran las Torres KIO (ahora rebautizadas como Puerta de Europa). Se trata de dos torres gemelas inclinadas 15º respecto a la vertical proyectadas por Philip Johnson y John Burgee y cuya forma las ha dotado de una cierta notoriedad. Aunque cuentan tan sólo con 27 plantas repartidas en sus 114 metros de altura el hecho de encontrarse en el remate del eje de La Castellana (vía norte-sur que ha organizado la ciudad siendo un referente durante muchos años) y su extraña disposición, hicieron que pronto gozaran de gran popularidad.

Las torres KIO hoy, al fondo las Cuatro Torres, de Nada Nunca es Nada

Existe una cierta “leyenda urbana” respecto a estas torres que dice representan el mal. Leyenda no se sabe muy bien si acrecentada o creada por el director de cine Álex de la Iglesia cuando las señaló como símbolo del diablo en su película “El Día de la Bestia”. Pero claro, un símbolo de este tipo (aunque sea la única obra en España de Philip Johnson, premio Pritzker de arquitectura en 1979) no puede pretender llegar a convertirse en elemento característico de la imagen en ninguna ciudad (?). Estas torres, junto a Torrespaña y Torre Picasso constituyen el segundo grupo de elementos configuradores de la silueta urbana de Madrid. Pero las cosas se aceleran y no pasarán ni doce años para que vuelva a cambiar.

Torrespaña con las Cuatro Torres al fondo
También Torres Blancas de Javier Saénz de Oiza
y el Hotel Puerta América de Jean Nouvel
ambos en primer plano (imagen de Lauris)

En el año 2008 en los antiguos terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid reconvertidos legalmente en suelo urbano apto para albergarlas (muchos hablan de una de las mayores operaciones especulativas de los últimos años) se levantan las Cuatro Torres Business Area. Estas torres rompen definitivamente la escala tradicional del caserío de Madrid.

Las Cuatro Torres y el caserío tradicional, de La Región

Los números son impactantes si los comparamos con lo anteriormente existente: Torre Espacio (224,5 metros de altura, 53 plantas), Torre Sacyr Vallehermoso (236 metros, 52 plantas), Torre de Cristal (249 metros, 52 plantas), Torre CajaMadrid (250 metros, 45 plantas, el edificio más alto de España).

Imagen basada en una foto de Peruarki

Son visibles desde casi todos los puntos de la ciudad y desde los alrededores se observan como cuatro grandes gigantes andando sobre una masa de liliputienses.


Si observamos el plano de situación de estos elementos que configuran la silueta urbana de Madrid puede verse como, a partir de la construcción de AZCA se han ido colocando a lo largo del eje norte-sur de la ciudad, y cada vez más hacia el norte. Incluso las Cuatro Torres están alineadas paralelas a este eje. El significado sobre la imagen de la ciudad es obvio: sólo las vistas desde el este o desde el oeste ofrecen un despliegue de los elementos configuradores que tiene interés. El problema formal es que en estos casos la masa potente de las torres que han asomado este año al cielo de Madrid queda muy lateral y descompensada. Como si la ciudad no tuviera que ver con ellas.

Skyline de Madrid, Alberto Racatumba, 2008

Me temo que en estas condiciones tendremos que seguir esperando “a que acaben Madrid” (aunque que yo sepa, gracias a Dios, nadie tiene la concreta misión de hacerlo). Al fin y al cabo si los madrileños han esperado ya dos siglos desde que José Bonaparte empezó las obras en 1809 bien pueden esperar unos añitos más. Lo cual, desde el punto de vista de muchos de los que vivimos en este aglomerado que es actualmente la capital, probablemente sea lo que mejor le pueda pasar. La ciudad sin imagen (tal parece el titulo de una película) probablemente esté mejor preparada que otras para reconvertirse una vez más en algo nuevo, que no necesariamente tenga que ver con su silueta recortada en el cielo de Velázquez o con la ciudad de los topos que están creando año a año las tuneladoras en el subsuelo.

Skyline de Madrid, Anton Van der Wyngaerde, 1562
Vista desde el Cerro Garabitas

El dicho popular es sabio: “De Madrid al cielo, y en el cielo, un agujerito para verlo”. Y es que, según la leyenda, las almas de los que han muerto en Madrid se reúnen, de madrugada, en la Casa de Campo (quien quiera ir a contemplar el espectáculo es en el Cerro Garabitas) y suben todas juntas hacia el cielo en una nube de rosas y violetas (con alguna pincelada de verde perdida entre los vapores). Cuando llegan parece ser que abren un agujerito en el cielo para ver desde allí la ciudad de sus amores. Por eso hay que tener cuidado con los edificios altos en esta ciudad, no sea que tapen el agujerito y las almas de los difuntos se queden sin saber como será Madrid “cuando lo acaben” no se sabe quienes.


12 comentarios:

Martín dijo...

No me esperaba el desenlace que ha tenido el artículo. Durante todo el artículo me preguntaba si esa "falta de personalidad" en la identidad de la silueta urbana de Madrid no podría ser en sí misma una peculiaridad, un rasgo identitario que pudiese resultar positivo.
Ese desenlace retomando la necesidad de rediseñar el asentamiento humano sobre el territorio me ha resultado agradable como punto final a un artículo plagado de denuncias.
Veo en la ciudad de Vigo rasgos similares, puesto que durante décadas se han intentado erigir como iconos diferentes construcciones de la ciudad, cuando lo que se hace es construír una y otra vez sobre lo ya construído.
Una "nueva identidad" suelo imaginarla vinculada al orgullo que puedan generar intervenciones que permitan (de una vez por todas) vivir de forma sustentable. Al igual que la campaña de "Pure Chile" no tenía en cuenta que el factor humano pudiese estar justificado por el simple cometido comunitario de actuar como "guardianes de la naturaleza", y eso bastaría para resumir en la campaña publicitaria la puesta en valor de la identidad del país. Una ciudad, un barrio, un edificio... podría obtener su identidad en el hecho de habitar la materialización de la sostenibilidad real. (Alejándonos de todo lo ECO, por supuesto).
Un saludo.

Sara dijo...

El último párrafo del articulo me ha parecido genial. Había oído eso de "Madrid al cielo" pero no sabía nada de la leyenda. Cuando vaya al Cerro Garabitas miraré hacia Madrid por si consigo reconocer algo de la vista de Anton Van der Wyngaerde. No creo que me atreva a ir de madrugada -y menos sola- pero si llego a ir, me acordaré del blog. Madrid está bien sin imagen, de esta forma todos los que no somos madrileños podemos identificarnos con ella. Las Cuatro Torres son unos engendros indescriptibles que no me gustan ni como esculturas.

Federico García Barba dijo...

No pensaba yo que el profesor Fariña tuviera desentrañar el "brand" de su ciudad entre sus aficiones . Pero ya puestos, creo que es una tarea muy compleja, propia de publicistas contemporáneos. En el caso concreto de Madrid, hace faltas un esfuerzo mayor de cineastas, fotográfos, escritores, etc. Algo han hecho con las torres KIO, Alex de la Iglesia y Almodovar, creo. No obstante, la imagen de una ciudad concreta se construye con impactos múltiples, reiterados desde perspectivas y posiciones muy diversas.
Algunos consideran que esto es imprescindible para la competición y posicionamiento de las ciudades en un escenario de globalización, donde la imagen de marca y el atractivo urbano es un factor de venta cada vez mayor. Algo de esto intentaron en mi pueblo (Santa Cruz de Tenerife) con el Auditorio de Calatrava, con nefastas consecuencias para los que lo usamos.

Andrés dijo...

Lo que yo encuentro curioso de esas 4 torres (feísmos aparte) es que constituyan un skyline por sí mismas; es decir, quedan del todo ajenas a la lógica tradicional del skyline de un dowmtown americano, que supone siempre un gradiente hacia la máxima densidad, con un punto culminante. Interesante análisis, JF. Abrazos, Am

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con Sara en la fealdad de las torres. Sin embargo he visto en algunos foros que la mayoría de los arquitectos las defienden por lo menos estéticamente. Yo no tengo nada que ver con la arquitectura, lo mío es la naturaleza, pero no puedo entender como el gusto de los arquitectos puede estar tan alejado del que tiene el resto de la gente. Aunque me esté arrogando una representatividad que no tengo estoy harto de ver esta discrepancia respecto a muchos edificios. Me gusta este blog porque mezcla temas de naturaleza con temas urbanos. Felicito a su autor, me hubiera gustado haber sido alumno suyo.

José Fariña dijo...

Por fin los médicos me han dado una tregua en el fin de semana y he podido dar paso a los comentarios que estaban acumulados debido al sistema que moderación que tiene el blog. Además me encuentro en condiciones de discutir sobre lo dicho hasta ahora.

Martín: comparto tu análisis sobre Vigo y sus similitudes con Madrid. Incluso pienso que el caso de Vigo es más complejo ya que las ciudades portuarias tienen unas características visuales especiales. La vista entrando o saliendo en barco es siempre impactante. Existen canciones populares gallegas sobre la marcha de los emigrantes a América y su vuelta: "Vexo Vigo, vexo Cangas, tamén vexo Redondela; vexo a Ponte de Sampaio, camiño da miña terra". Por supuesto que al hablar de Vigo estoy hablando de la ría ya que es imposible concebirlo separado de Redondela, Mos o Nigrán (¡cómo añoro a veces las viejas áreas metropolitanas!...) Los puertos con tráfico de pasajeros importante tienen una silueta urbana especial que viene dada por la horizontalidad del agua que imprime carácter.

Sara: te agradezco los elogios (eres un encanto). La verdad es que a mí no sé si me gustan arquitectónicamente las cuatro torres. Siempre las he visto como un "paquete". Es decir, de forma conjunta y más bien como hitos en el cielo de Madrid que como arquitectura. Un día me voy a acercar para verlas con ojos de arquitecto. Pero mejor cuando estén funcionando (no entiendo las obras de arquitectura sin gente).

Federico: no pretendía desentrañar la marca de ciudad de Madrid. Y si el articulo ha dado esa impresión es que está mal escrito (cosa probable porque no estoy pasando precisamente mis mejores momentos). Entre otras cosas porque pienso que, más que desentrañarla, se crea. Además resulta que Madrid, desde este punto de vista (marca urbana) no está nada mal posicionada en el ranking mundial por lo menos hace una par de años (ver "CityBrand") estaba en el puesto 12 (Barcelona en el 9). Y tampoco en el ranking europeo (ver "CityMayors"). Más bien intentaba reflexionar sobre la especial idiosincrasia de Madrid en aspectos relativos a la identidad ciudadana. Sobre todo relacionados con su silueta urbana, denunciando de paso (como dice Martín) algunos aspectos erráticos de su crecimiento y planificación.

Andrés, veo que has heredado la perspicacia de tu padre en el análisis urbano. Estoy totalmente de acuerdo contigo en la diferencia con las ciudades americanas y la variación del gradiente. Es lo que quería hacer notar cuando decía que "El problema formal es que en estos casos la masa potente de las torres que han asomado este año al cielo de Madrid queda muy lateral y descompensada. Como si la ciudad no tuviera que ver con ellas". Pero tú lo has dicho mucho mejor. Sería interesante saber si esta afirmación sobre el gradiente podría ser aplicable a la mayor parte de las ciudades históricas europeas (bonito tema de tesis).

Anónimo: gracias también por tus elogios. El tema del "canón de belleza de los arquitectos" se ha planteado muchas veces y en diferentes foros. Es de discusión compleja. Se trata de una cuestión que tengo pensada para discutir algún día en clase. Cuando lo haga trataré de traer aquí el resultado.

Anónimo dijo...

Me ha interesado mucho este artículo por lo que a la ciudad de Madrid se refiere, pero me quedo con la denuncia del último anónimo que ha realizado un comentario respecto de la belleza de los edificios entendida sólo por los arquitectos y la naturaleza. Yo he llegado a una conclusión, simplemente se trata de la mayor o menor adecuación del edificio al medio, en términos de impacto, visuales, colores, formas y todas esas variables de percepción. Además en la historia de la arquitectura encontramos ejemplos muy diversos que podríamos englobar en familias de obras de arquitectura que han entendido el lugar y la implantación del edificio de una determinada manera.
Yo creo simplemente que las cosas son racionales o coherentes, y de alguna manera justifican su formalización física de uno u otro modo, cuando se derivan de una necesidad humana. Por ejemplo se entienden así bien los rascacielos de N.Y.e incluso desde una postura, más o menos, naturalista podemos juzgarlos y valorarlos en su belleza, fealdad, o cualquier otro aspecto, y esto es porque de alguna manera son construcciones inevitables, que buscan optimizar espacio,y surgen de acuerdo a la posibilidad técnica o a la adecuación de usos, etc. Sin embargo cuando el concepto generador de la arquitectura es ajeno a ese movimiento germinal general, social, en una ciudad, o cualquier agrupación humana, entonces yo al menos, dejo de entender, y toda mi crítica gira entorno al concepto motor de la obra. Es exactamente lo que me sucede con las cuatro torres de
Madrid.
Quizá estoy confundida, pero creo que una vez más se demuestra que la importación de modelos urbanísticos o tipologías constructivas no funciona, se mire por donde se mire, estética, funcionalidad, eficacia, adecuación...
Yo creo que el mismo intento de que cuatro torres constituyan un Skyline por sí mismas, fracasa desde que se plantea como un objetivo forzado, y no como una consecuencia derivada de la historia constructiva de una ciudad.En este sentido estoy de acuerdo con Andrés, claro.
Respecto a la belleza sólo entendida por los arquitectos hay mucho que decir. Por un lado está la corriente histórica, quizá más académica con su teoría de la arquitectura, de los estilos, y que en la mayor parte de los casos, según los autores, acaba por realizar un ranking de mejores obras, empezando por las más prematuras del estilo, luego las obras cumbre y finalmente las que arrastran el estilo a su extinción, y en casi todos se puede establecer este esquema, hablando muy a grandes rasgos, que quede claro.Estas publicaciones suelen ser aceptadas sin crítica, o sin la información ampliada, por el mayor porcentaje de individuos de la disciplina, quedando las visiones minoritarias sobre el asunto en otros círculos. Actualmente, por lo menos, en lo que puedo percibir por la escuela de arquitectura de Madrid, se empiezan a ver arquitecturas con preocupaciones diferentes, pero cuidado con ellas, porque quizá precisan un análisis más profundo, justificado y exacto, debido a que algunos conceptos de partida quedan muy bien como contexto teórico en el que se desenvuelve el proyecto, pero luego no son tan trasladados a la práctica como sería deseable. En cualquier caso a mi me resultan positivas estas propuestas. Y luego hay casos y casos, de modo que no se puede generalizar nunca.
Probablemente una arquitectura respetuosa al máximo con el medio y pensada desde el medio y para el medio es lo que a Anónimo le parecería lo más bello y la mejor opción, al margen de consideraciones puramente
estéticas, porque prima el logro natural de la obra, y todo medio que contribuya a la causa primera es bienvenido, y genera una estética determinada claro, sometible a crítica.
Pero me parece una buena causa la verdad, y creo que la estética en la arquitectura y su percepción, como todo, es una cuestión de cultural, es decir, de educación...

Yo creo que arquitectura no tiene por qué ser sinónimo de destrucción, y cuando lo es, es un despropósito Humano.

Un saludo a todos.
Adri

Andrés dijo...

El gradiente de densidad: desde luego que es aplicable y estudiable en la mayoría de las ciudades europeas, incluso la falta de él. La densidad (y su gradiente) es un dato crucial (por lo que tiene de condensar y sintetizar todos los otros problemas) sorprendentemente ausente de los métodos de diseño urbano y enseñanza del ídem. Un fuerte abrazo. Andrés

Jorge dijo...

Mas que skyline Madrid tiene subline. Estoy de acuerdo que una cosa es la "marca urbana" y otra la identidad -reconocimiento de los madrileños en el objeto Madrid como suyo-. A pesar del aforismo "desde Madrid al cielo", Madrid desde siempre ha tendido a ser de forma chaparra. Desde las "casas a la malicia" hasta la decisión sobre el límite máximo de cuatro alturas de Dña. Esperanza esta ciudad no ha tendido hacia el cielo. Más bien ha tendido hacia el infierno. La estatua al diablo, el Ángel Caído en el Retiro, es un caso único y paradigmático. Por tanto el subsuelo es la esencia de esta ciudad de tuneladoras. Incluso la publicidad incide en que lo mejor de nuestra ciudad es el metro. Por eso suscribo totalmente el final del artículo: "por eso hay que tener cuidado con los edificios altos en esta ciudad no sea que tapen el agujerito" para verlo desde el cielo. Siempre a la vanguardia de la modernidad, o eso nos quieren hacer creer nuestros gobernantes, Madrid se ha colocado a la cabeza de lo "sub". ¿Qué nos importa el skyline si forma parte de lo caduco, de un futuro en el que el agujero en la capa de ozono nos obligará a refugiarnos debajo?

josé manuel dijo...

Lo del skyline parece evocador, nos recuerda a John Denver o Frank Sinatra, recoge con fuerza una imagen de otro mundo, del mundo Americano de la abundancia. "la linea del cielo", the city, la ciudad, el skyscraper y el rascacielos......
La escala evidencia la destrucción de esa línea del cielo, de ese azul otoñal borgiano, y aparece el skyline de la city, siento indignación, siento impotencia,
técnicamente los documentos que sirven para justificar tamaña osadía, seran irrepochables, pero el espectador confiado no habría podido imaginar ese resultado, esa facilidad para trasformar, la "linea del cielo".
La imagen de la ciudad desde dentro, la vida que encierra y sus características, la línea del cielo de madrid, sútil y enigmática ha desaparecido irremediablemente, algo funciona mal, el ciudadano convertido en espectador no da crédito, todo esto ha llevado un desarrollo procedimental con intervalos visibles, madrid, su sociedad, el ciudadano, se acercan al desierto se sumergen en el ruido, se esconde, parece inevitable la inhabitabilidad, la linea del cielo ya no engaña: se define. La referencia cultural, la opinión pública, el debate social que pueda provocar suficiente tensión como para que se mantenga alguna esperanza, no existen. La cosa se "aclara" y se divisa un panorama desolador: "obscuro"....globalizado
jm

Andrés dijo...

Muy interesante análisis - aunque muy descorazonador. ¿Qué ha pasado con los arquitectos en Madrid? ¿Por qué no parece haber propuestas que tengan verdadero vuelo? Creo que sería fabuloso que Madrid entrara en serio en esos grupos de ciudades con sello fuerte reflejado en su "skyline".

Javier... dijo...

Siento comentar la entrada con años de retraso pero la he encontrado casualmente buscando imágenes del skyline de Madrid. Me ha parecido tan interesante que no he podido reprimir el impulso de escribir.

Yo sí tuve la suerte de tener al Sr. Fariña como profesor un arquitecto atípico por la falta de arrogancia y su capacidad de ser objetivo y de arrancar su argumentación desde cero, poniéndose con humildad al nivel del alumno más ingenuo (que seguramente era yo).

De la Escuela me han quedado algunos conceptos, ideas o frases lapidarias que recuerdo vivamente.
Un profesor de proyectos en una corrección: "a mí enseñadme cosas feas que las bonitas ya sé que están mal". Serviría para ilustrar el por qué el concepto de belleza de los arquitectos difiere del de [el resto de] los mortales, huye de -lo bonito- como algo peyorativo y tiende a una justificación estética más conceptual o intelectual. El solo hecho de que las torres sean polémicas (en su día lo fue la torre Eiffel) ya es un punto a su favor.

Si algo recuerdo de las enseñanzas del profesor Fariña es que Madrid es una conurbación y por tanto no posee un único centro; la sabiduría popular dice "los Madriles", no hay un único Madrid, por tanto parece razonable que no exista una única imagen que identifique a Madrid sino muchas estampitas que pierden potencia por esa representación parcial.
Discrepo de la opinión de que las torres han nacido con la intención de crear un skyline. Nadie se gastaría un euro en eso. Es una operación especulativa que pretende el mayor rendimiento posible. Una torre tiene vocación de significarse y estas lo consiguen mucho más que si estuvieran rodeadas de cientos de torres de diversos tamaños y participando con cierto anonimato en el skyline.

Me ha encantado el comentario de Sara: "Madrid está bien sin imagen, de esta forma todos los que no somos madrileños podemos identificarnos con ella." Como bien reflexiona el profesor Fariña, tal vez lo más característico de Madrid es no tener nada muy característico, sino un gran crisol de pequeños rasgos característicos de los madriles: el Madrid comercial, el cultural, el financiero, el histórico, el castizo, el señorial, el vallekano... la falta de una única gran identidad hace que sus habitantes de diversos orígenes se sientan integrados en la ciudad rápidamente pudiendo convertirse en madrileños compatibilizando la doble nacionalidad con "su pueblo".

Un saludo.
Javier