martes, 22 de noviembre de 2011

Urbanismo y Salud Pública

Hace ya unos dos meses que se celebró en Mahón, en el Lazareto que hoy es la sede de la Escuela de Salud Pública de Menorca, un Encuentro de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo que reunió a profesionales de la Salud Pública y a urbanistas para hablar de la ciudad. Lo codirigimos entre Begoña Merino y yo, y el título fue “Urbanismo y Salud Pública. Planificación urbana saludable”. La razón de que no haya hecho un artículo hasta hoy es que el proceso de elaboración de conclusiones se hizo con la participación de todos. Y eso, si se quiere hacer de verdad, requiere tiempo. Se organizó en torno a cuatro mesas: “Naturaleza en la ciudad”, “Participación pública y educación ciudadana: construir nuestra ciudad”, “Ciudad y contaminación, la pasividad o la responsabilidad” y “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa”. No querría extenderme demasiado en el relato de lo que fue el encuentro porque mi intención es centrarme en las conclusiones. Sin embargo, sí me gustaría situar el debate de las cuatro mesas.

Mahón, isla de la Cuarentena, del Blog de Cata

En la primera, relativa a la naturaleza y la ciudad, que me correspondió moderar a mí intervinieron José Antonio Corraliza (catedrático de psicología ambiental), Jorge Luis Tizón (neuro-psiquiatra, psicólogo y psicoanalista) y Luis Andrés Orive (Dr. ingeniero de montes y uno de los impulsores del anillo verde de Vitoria-Gastéiz). Previamente, el arquitecto y urbanista Félix Arias, había inaugurado el Encuentro con un repaso histórico a las relaciones en Urbanismo y Salud Pública. El acuerdo fue unánime: la necesidad de que zonas con naturaleza estén al alcance de todos los ciudadanos. Debería haber remarcado la palabra “todos” porque el problema es que, normalmente, no están al alcance de todos sino sólo de “algunos”. Los mayores, los niños, la gente con problemas no tienen ni un trozo de naturaleza a su “alcance”. Es decir, a una distancia a pie razonable. Y resulta imprescindible ya que, por ejemplo, parece demostrado que ayudan a recuperarse del estrés en mucho menos tiempo que un ambiente cementado característico de la ciudad dura.

Lazareto, isla de la Cuarentena, de Pharmacoseías

En la segunda mesa (en la que se habló de participación) moderada por José Ignacio Casar, arquitecto, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, intervinieron Isabela Velázquez, arquitecta urbanista y Fernando Flores, profesor de derecho constitucional de la universidad de Valencia que venía como representante del movimiento ciudadano del Cabanyal-Canyameler. Probablemente fue una de las mesas que menos sorpresas deparó ya que casi todos los asistentes teníamos claro que la participación es una de las bases fundamentales para reencontrar esa relación imprescindible entre Salud Pública y Urbanismo, perdida a lo largo de la historia de la planificación. Y sobre participación y educación ciudadana se habló en esta segunda sesión. Después de los lamentos imprescindibles relacionados con la exclusión real de la ciudadanía en la elaboración del planeamiento urbano, aparecieron cosas verdaderamente interesantes como la consideración de la participación en materia de Salud Pública no como un instante, como un momento, sino como un proceso relacionado, además, con la educación en esta materia.

Cala Fons (Es Castell) frente al Lazareto, de Martin Willescrof

La tercera sesión se dedicó a la contaminación. La moderó Marisa Rebagliato, de la Escuela de Salud Pública de Menorca, investigadora del CSISP y del CIBERESP. Los ponentes fueron José María Ezquiaga, profesor titular de la UPM, Ferran Ballester, investigador y profesor de la unidad de epidemiología y estadística de la Escuela Valenciana de Estudios para la Salud; y Enric Llorca, presidente de la Red Española de Ciudades Saludables. Quizás los temas más interesantes que trataron fueron los relacionados con los ahorros en materia sanitaria que podrían conseguirse con un adecuado tratamiento urbanístico de la contaminación y con la necesidad de establecer una red de vigilancia adecuada que fuera capaz de transmitir la información obtenida de forma clara, ágil y veraz a los ciudadanos.

El Lazareto visto desde su torre central, de Marblava

En la última, que llevaba el nombre de “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa” moderada por Begoña Merino, intervinieron: Alfonso Sanz, urbanista especializado en movilidad sostenible; Covadonga Monte, de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía; y José Manuel Ribera, catedrático de Geriatría de la Universidad Complutense de Madrid. En esta sesión, al ser probablemente, la menos específica, inevitablemente se retomaron algunos de los temas anteriores, pero destacaron los relacionados con la necesidad de planificar y construir una ciudad pensada para todos los colectivos sociales pero poniendo especial énfasis en los más vulnerables. También apareció el tema de la evaluación de la actividad urbanística desde el punto de vista del impacto sobre la salud. A continuación voy a reproducir, por su interés, las conclusiones de este Encuentro:

Cartel anunciando el Encuentro

1. Los instrumentos con los que cuenta la planificación urbana en el momento actual son herencia directa de los creados en su momento para resolver el grave problema sanitario producido por la ciudad surgida de la Revolución Industrial. Hasta el punto que las primeras leyes urbanísticas eran, en realidad, leyes sanitarias.  La salubridad se constituyó en el objetivo central de la ordenación urbana y el resultado fue una disminución espectacular de las desigualdades en salud y un aumento notable de la esperanza de vida. Desde entonces, y a pesar de algunos encuentros esporádicos, urbanismo y salud pública se han ido alejando de forma paulatina.

Dudley Street, grabado de Gustavo Doré, 1872

2. Sin embargo, la planificación urbana sigue directamente ligada a la salud pública. Las principales causas de muerte y discapacidad en el siglo XXI son debidas a las enfermedades no trasmisibles -principalmente las cardiovasculares, respiratorias, cáncer y diabetes-, todas ellas enormemente influenciadas por las condiciones de vida de las personas. Los planes, políticas e iniciativas de los planificadores urbanos y las profesiones relacionadas pueden tener un gran impacto en las condiciones en las que las personas viven y trabajan, en el acceso a instalaciones, bienes y servicios, en sus estilos de vida y en su habilidad para desarrollar fuertes redes sociales. La urbanización sigue vinculada a muchos problemas de salud relacionados con el agua, la contaminación, el medio ambiente o los brotes epidémicos. Pero también a otros nuevos como el sedentarismo, la contaminación atmosférica, el ruido, la soledad o la falta de vínculos y apoyos sociales. 

Imagen de Gregory Crewdson el fotógrafo de la soledad, en Iberarte

3. Disfrutar de la mejor salud posible es un derecho y la responsabilidad de respetar este principio es de cada persona, la sociedad civil y los gobiernos. Es necesario reorientar los enfoques tradicionales de cómo se gana salud y bienestar y reconectar el urbanismo con la salud publica en un marco de buena gobernanza que reduzca las desigualdades y facilite el desarrollo y el potencial de salud de cada individuo tanto en los aspectos físicos y psíquicos como en los sociales. Los estilos y condiciones de vida han cambiado de manera notable. Una ciudad se va haciendo generación a generación intentando dar respuesta a las necesidades de cada momento histórico muchas de las cuales ni tan siquiera se sospechaban cuando se aprobaron las primeras leyes higienistas. La sociedad de la información, la globalización, los límites de los recursos y de la biocapacidad del planeta y, en algunos países, una población mucho más envejecida, obligan a que urbanismo y salud pública vuelvan a necesitarse mutuamente.

La sociedad globalizada, de Cadena de suministro

4. El primer derecho de la ciudadanía es que el lugar de residencia posibilite una vida sana que permita su bienestar y el desarrollo físico, psíquico y social. Para ello, tanto el planeamiento como el diseño urbano han de considerar de forma prioritaria los avances y conocimientos del área de salud pública. Los expertos de ambos campos deberían trabajar conjuntamente estableciendo un vocabulario común que permitiera el intercambio de información de forma fluida. Parece, por tanto, necesario que en los equipos encargados de organizar y diseñar la ciudad se integren profesionales de la salud pública y que éstos consideren las posibilidades que ofrece el urbanismo para conseguir disminuir la incidencia de determinadas patologías, bien con carácter general o disminuyendo las desigualdades derivadas de patrones espaciales específicos.

Toneladas de residuos para una sociedad desigual, de Manejo Sólido

5. Resultaría de gran ayuda para planificadores y diseñadores urbanos que se elaboraran, por parte de la administración, guías y recomendaciones que recogieran con bases y consenso científico suficiente los conocimientos en salud pública aplicables a la construcción de la ciudad. Asimismo que se desarrollaran trabajos de investigación conjuntos encaminados a relacionar ambas áreas de conocimiento. También que las autoridades locales, autonómicas y estatales, en el marco de sus competencias, revisaran la legislación para introducir los cambios necesarios para adaptarla a las necesidades actuales. Algunas ordenanzas municipales contienen en su articulado obligaciones para el planificador, el diseñador urbano o incluso para arquitectos o ingenieros, que se aprobaron en su momento para resolver el problema de la ciudad surgida de la Revolución Industrial y que cuentan con más de un siglo de antigüedad. Los avances en urbanismo y arquitectura bioclimática aconsejan una revisión a fondo de la normativa, así como la introducción de elementos nuevos, particularmente en el campo de la salud mental y la contaminación.

Todavía problemas sin resolver, de Asturias Verde

6. Parece imprescindible reconsiderar tanto la información como la formación en estas materias. Respecto a la información el propósito es que sea veraz, en tiempo real y cercana (comprensible para la ciudadanía). Y respecto a la formación se trata de introducir en los planes de estudios de los profesionales en estas materias los conocimientos mínimos que permitan luego proyectar, planificar, investigar y trabajar de forma conjunta con un vocabulario mínimo que facilite la comprensión entre especialistas.

Necesidad de lugares verdes en la ciudad, de Re-moto

7. Algunas conclusiones ya más específicas de la mesa en la que se trató el tema de “La naturaleza en la ciudad”, fueron las siguientes:
  • La introducción de la naturaleza en la ciudad puede ayudar a evitar problemas físicos y mentales. Parece existir una relación directa entre ambientes naturales y recuperación más rápida de los niveles normales de estrés. Asimismo la existencia de entornos naturales propicia la actividad física, básica en la prevención de muchas enfermedades.
  • Las áreas de naturaleza deben estar adecuadamente repartidas por la ciudad de forma que sean accesibles a todos sus habitantes, incluidos niños y personas mayores por lo que las distancias a las viviendas deben calcularse de forma que sea posible llegar a pie a las mismas. Además su configuración y diseño deben ser adecuados para que hagan posible las relaciones sociales entre usuarios facilitando las mismas.
  • Se debería conceder una mayor importancia en el planeamiento a las áreas agrícolas y de naturaleza periurbanas de forma que existiera una relación fluida y, a ser posible, con acceso a pie entre dichas áreas y los centros urbanos. Así como los espacios verdes de proximidad deben cumplir una función de socialización y equipamiento, los menos urbanos parecen fundamentales para conseguir compensar el excesivo número de estímulos que son característicos de la ciudad.

Participación y educación ciudadana, del Ayto. de Candelaria

8. Las relativas a la mesa “Participación pública y educación ciudadana: construir nuestra ciudad”, fueron las siguientes:
  • La ciudad debería construirse y organizarse por sus propios ciudadanos mediante mecanismos de participación reales. Se constata que en la mayor parte de los planes urbanísticos esta participación es un simple requisito casi burocrático. Para que la participación sea verdadera los participantes en el proceso deberían contar con información y formación suficiente para poder decidir conociendo el alcance y consecuencias de las decisiones que tomen.
  • La planificación y organización de la ciudad debería entenderse como un proceso, de forma que la participación no se reduzca a un momento puntual sino que abarque todas las etapas, desde la fijación de objetivos hasta el seguimiento de las actuaciones que se lleven a cabo. Esto significa que debería de existir alguna estructura permanente que lo posibilitara. En particular, las decisiones que afectan a la salud ciudadana deberían ser consideradas de prioritarias por su manifiesta importancia.

Ciudad y contaminación, del Blog más verde

9. Las de la mesa “Ciudad y contaminación, la pasividad o la responsabilidad”:
  • La contaminación ambiental tiene una importante responsabilidad en la carga de enfermedad que padecen las poblaciones. Reduciendo la exposición a factores ambientales de riesgo se consigue un beneficio muy importante en salud con una alta rentabilidad económica. En los costes ambientales habría que incluir los gastos en salud lo que probablemente haría variar el balance global, aún sin tomar en consideración los dramas personales que se producen. Al considerar esta incidencia no habría que hacerlo a partir de las personas sanas sino precisamente desde los grupos de población más vulnerables tales como ancianos, niños,  enfermos crónicos o grupos desfavorecidos, ya que sufren más al ser sometidos a estos factores ambientales de riesgo.
  • En áreas urbanas se debería desarrollar un sistema integrado de vigilancia en salud y medio ambiente mediante la coordinación de los diferentes sectores y administraciones implicadas. Asimismo sería necesario  establecer mecanismos de comunicación efectivos entre los gobernantes y la ciudadanía, con el fin de facilitar la aplicación de medidas de control ambiental y evaluación de su impacto en salud.
  • Las medidas correctoras en materia de contaminación se deben llevar a cabo de manera constante y progresiva, no sólo cuando se alcanzan los niveles máximos, ya que sólo de esta manera se podrá reconducir la situación tendencial desfavorable a otra más deseable. Además, estas medidas deberían incidir en las dos partes del problema: reduciendo las emisiones y aumentando los sumideros capaces de neutralizarlas. Para conseguirlo resulta imprescindible cambiar el modelo de organización urbana mediante un urbanismo participativo.
  • Los impactos generados por la contaminación pueden ser de dos tipos. Aquellos que influyen de manera directa sobre la salud humana y los que lo hacen de forma indirecta incidiendo sobre el entorno, los animales y las plantas con las que conviven los seres humanos. Las actuaciones, tanto de mitigación como de adaptación a las nuevas condiciones, por ejemplo las generadas por el cambio climático, habrán de considerar estos dos aspectos.

Una sociedad envejecida exige adaptar la ciudad, de Salud para mayores

10. Las conclusiones de la última mesa en la que se trató el tema de “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa”:
  • Planificar pensando en todos los colectivos sociales, pero poniendo un énfasis especial en los más vulnerables, como las personas ancianas y menores. El segmento de población mayor de 65 años representa ya el 17% del total, se ha multiplicado por 2.5 en el último siglo y la tendencia es a seguir aumentando. 
  • Proporcionar espacio público con cabida para la diversidad y que fortalezca el tejido social.
  • Las ciudades deberían diseñarse de forma que los servicios y equipamientos básicos fueran accesibles a pie. De cualquier forma, en caso de conflicto habría que establecer claramente las prioridades: en primer lugar el peatón, luego el ciclista y el transporte colectivo y, en último lugar, el automóvil privado. Asimismo, los elementos que configuran el espacio público deberían proyectarse para su uso por las personas más vulnerables.
  • Parece imprescindible integrar las diferentes políticas e instituciones que inciden en la organización y construcción de la ciudad en el escalón local, único que parece adecuado para conseguirlo. Pero, a la vez, la participación ciudadana real aparece como un elemento necesario de buena gobernanza.
  • La reciente Ley General de Salud Publica posibilita la evaluación del impacto de las actuaciones urbanas sobre la salud. Desde el punto de vista técnico habría que configurar un método efectivo que permitiera valorar este impacto integrándolo en el actualmente existente de planes y programas, y en concreto del planeamiento urbanístico, de forma que se garantizara una tutela efectiva de la salud pública previa al proceso urbanizador.

Los participantes en el Encuentro pretendemos que esta reunión tenga continuidad y se difundan sus resultados. Por ello algunos de los participantes decidimos constituirnos en el Colectivo Lazareto de Urbanismo y Salud Pública, con el objetivo de promover el diálogo y el intercambio de conocimientos así como de dar visibilidad a estas conclusiones.

10 comentarios:

Anton Ozomek, Geógrafo Outsider dijo...

Estimado José, muchísimas gracias por tan estupenda síntesis, que tu buen tiempo te habrá llevado. El tema, sin la menor duda es de gran relevancia, sobre todo en una sociedad cada vez más urbanita. Interesantísimos todos los puntos que se trataron en las cuatro mesas temáticas.

El concepto de lo verde en la ciudad me apasiona desde hace más de una década, cuando intenté en vano (me miraron como quien mira a un loco huido del manicomio) regalar al Ayuntamiento mi estudio sobre la potencialidad del uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo en la ciudad de Málaga (paradójicamente, varios años después me pagaron por redactar algunos capítulos del Plan Director ahora vigente, y aún me arrepiento de haber vendido mi nombre y mi esfuerzo, ya que lo que están haciendo es una chapuza descomunal que además va a acabar provocando graves accidentes de circulación, además de lograr que los peatones odien más a los ciclistas que a los automóviles, a pesar de que estos últimos matan a varios cientos -e hiriendo gravemente a varios miles- de personas cada año dentro de las ciudades españolas).

Y es que lo verde no es solo la vegetación en forma de parques y jardines; es fundamental pero no puede ser lo único. Lo verde es, por ejemplo, la actitud de la gente que vive en la ciudad: cómo consume, cómo se mueve, cómo construye los edificios en los que vive... Y parece que, por desgracia, los gobernantes van a tardar algunas décadas en darse cuenta de que o se toman medidas, tanto activas como pasivas y preventivas, o cada vez habrá ciudadanos más enfermos, física y mentalmente, porque al igual que somos "hijos" de nuestra dieta, también somos "hijos" del lugar donde vivimos.

Ahora debo "cortar" pero si puedo otro día seguimos "charlando". Saludos cordiales y hasta pronto.

P.D. Curiosidad: ¿sabías que existe un Colectivo Lazareto que agrupa a las mariscadoras de una zona de la Rïa de Arousa?

Anónimo dijo...

¿Cómo es posible que no haya médicos en los equipos de planificación urbana? Va a tener razón Fariña cuando dice que el plan de urbanismo sólo sirve "para garantizar las inversiones inmobiliarias". Los dos primeros derechos de las ciudadanas y los ciudadanos deberían ser la salud y la seguridad. Charo.

Antonio Folgado dijo...

Pepe: Tal y como van las cosas, por lo menos en Galicia, la Salud Pública no es que no se tenga en consideración en la ciudad. Es que, poco a poco, va desapareciendo como un derecho porque se está desmontando el estado del bienestar. En definitiva, el que quiera estar sano que se lo pague. Desde la socarronería gallega te diría que si no existe ningún desaprensivo que se pueda beneficiar económicamente de que se considere la salud en la planificación urbanística, no tenéis ninguna oportunidad de que esas conclusiones ssean consideradas. Ahora bien, si "alguien" puede sacar algunos euros a costa de los demás es posible que os hagan caso. Estamos llegando a unos extremos tan insultantes para las inteligencias medias que, necesariamente, va a tener que haber una revolución. Aconsejo a los navegantes que busquen en Google el nombre de Christian Felter, lean algo de la Economía del Bien Común y luego piensen en la Sanidad y el Urbanismo que tenemos. Unha aperta.

Antonio Folgado dijo...

Pepe: perdón, he escrito Felter en lugar de Felber por copiar el nombre de otro sitio en lugar de ir a las fuentes. El nombre es Christian Felber y el libro tiene ya un par de años pero es de total actualidad. Supongo que lo conocerás. Unha aperta.

José Fariña dijo...

Anton: gracias por tu comentario. Ignoraba la existencia de ese colectivo de mariscadoras aunque el nombre del nuestro es más largo: Colectivo Lazareto de Urbanismo y Salud Pública. En Galicia fue famoso el de la isla de San Simón (y no sólo como Lazareto), supongo que a ese se referirá el colectivo de mariscadoras aunque esté en la ría de Vigo.

Charo: a veces ni médicos, ni biólogos, ni ecológos, ni geógrafos, ni policías, ni expertos en catástrofes. Eso sí, los abogados son imprescindibles.

Antonio: la verdad es que no conocía a Felber. Prometo buscar el libro y leerlo entre tren y tren o en los mismos trenes.

Perdón a los tres por tardar tanto en contestar y a Charo y a Antonio no haberles dado paso hasta hoy pero tengo un mes con tantos viajes y trabajo que no soy capaz de más. Todavía me queda terminar el mes en Vitoria pero en diciembre ya estoy un poco más libre y me dedicaré algo más al blog (y a vivir).

Eduardo dijo...

Aunque sé que no te gustan los comentarios tipo tuit: ya era hora de que se volviera a hablar de salud en urbanismo.

Guindal dijo...

Es una vergüenza que se discuta sobre como deben ser las farolas que si la luz debe dirigirse hacia abajo o lateralmente, sobre el color de los pavimentos o el tipo de señales que se ponen en las calles, y no se diga nada de que determinados ruidos nos matan o que el nivel de ozono sobrepasa la mayor parte de los días de verano los niveles admisibles. Es una vergüenza que cambien de sitio los medidores de contaminación para dar a entender que todo va bien. Pero sobre todo es una vergüenza que ningún político haga nada, que los técnicos se dediquen estudiar tonterías y que la sociedad entera mire a otro sitio. Los dos primeros derechos de los ciudadanos son la salud, física y mental, y la seguridad. Luego necesitamos otras cosas pero sin estos dos toda la vida urbana es un sinvivir. Es decir, es un morir. Claro que ciudadano muerto es ciudadano callado. Aparte del precio que hay que pagar en materia de desarrollo individual y equidad está el precio en dinero que hay que pagar en curar y en cuerpos de seguridad para remediar y reprimir algo que nunca se debería haber producido. De verdad que no entiendo a los llamados "urbanistas". Alberto Guindal.

José Fariña dijo...

Lamento otra vez haber tardado tanto en dar salida a los comentarios pero he estado casi una semana fuera y no he tenido tiempo material de hacerlo.

Eduardo: te disculpo no haber llegado ni a los cien caracteres (ja ja) porque pronto podremos hablar unas cuantas horas del tema.

Alberto: comprendo tu nivel de frustración contra los "urbanistas" (bueno, contra todos: políticos, técnicos y sociedad en general) pero me parece que deberíamos plantear las cosas más en positivo. El asunto es ¿cómo se organiza esto? ¿de qué herramientas nos podemos valer para conseguir unos ciudadanos más sanos? (y seguros, estoy de acuerdo que sin seguridad aparece el miedo y el miedo trae consigo la inseguridad que es el germen de destrucción de la urbanidad) ¿cómo considerar estas cuestiones con la prioridad que tienen? Por supuesto lo primero es plantear el tema con toda la información posible para saber realmente lo que está sucediendo y las implicaciones de construir las ciudades que estamos construyendo. Luego ver como transmitimos esta información de la forma más comprensible y, a la vez, desarrollamos un proceso de participación real que es siempre educativo en su sentido más noble. Y, por último, cambiar el rumbo entre todos. No es fácil. Pero algunos estamos en ello desde hace bastante tiempo aunque a veces nos desmoralicemos un poquito.

Anónimo dijo...

Yo creo que si la ciudad no se cargara al medio natural, e intentara convivir, y generarse dentro de ella. En armonía, en consonancia, con respeto, no estaríamos hablando ahora de estos temas. Ni de salud en la ciudad, ni de cómo insertar la naturaleza dentro de la misma. Puesto que la habríamos diseñado la ciudad de la mano de ésta, y no cargándonosla.

Hay casos muy bonitos en Zaragoza, de cómo cargarse la huerta para poner una Expo, de cómo cargarse una zona de pinar (de las escasas zonas periurbanas con vegetación tradicional y de gran porte) para ensanchar toda la zona de VPO, que nadie va a comprar; y de cómo la Industria rodea toda la ciudad en sus bordes, aproximándose a las vías de más capacidad y velocidad de tránsito y circulación, impidiendo unos ensanches vegetados, humanos y naturales, asfixiando en un abrazo eterno y ensuciando a la ciudad con sus imágenes, ruidos y sustancias nocivas derivadas de las zonas industriales más decadentes, inapropiadas, descapitalizadas, abandonadas y deprimentes que puede ofrecer hoy en día la ciudad como "grandes residuos sólidos urbanos".
Atrapando la zona tradicional de la ciudad, los ensanches de hace 20-30 años y a un fragmento del recorrido del río Ebro en su interior.

Es preciosa Zaragoza, de verdad, no se quién pudo hacer un derroche semejante de imaginación y desarrollo potente en esta ciudad, probablemente la conjunción de políticos desorientados y planificadores mal formados.

Porque ahora tenemos allí a los de los trifásicos, a los de los monofásicos y más recientemente a los aprobadores de oposiciones. Pues nada, sólo desearnos suerte a todos, como colectivo, cada uno con su ciudad y sus temas.

Pero sí Fariña, hay que ser positivo, y de éstas se sale con trabajo, esfuerzo y valentía, yo solo digo que cuando veo una ciudad pequeña que no ha sido desgraciada pienso..."Menos mal, tienen una oportunidad, espero que la sepan aprovechar".

Me hace gracia lo de que la administración debería promover los estudios de salud. Significa que todavía no nos ha quedado claro de qué bando, y de qué palo va la Administración Española...

En fin, estoy de acuerdo en que al menos hay que intentarlo.

Gracias a todos,
Seguro que las mesas redondas o cuadradas, fueron una fuente de sabiduría y buenas maneras.

Un saludo,
Adriana

jared leonel sosa quispe dijo...

Las modalidades de urbanización acelerada, sin planificar e insostenible están determinando que las ciudades de los países en desarrollo sean el foco de muchos nuevos peligros ambientales y sanitarios. A medida que las poblaciones urbanas crezcan, la calidad de los ecosistemas mundial y locales, así como el medio ambiente urbano, desempeñarán un papel cada vez más importante en la salud pública por lo que respecta a cuestiones que van desde la eliminación de residuos sólidos, el abastecimiento de agua potable y saneamiento, y la prevención de traumatismos hasta el punto de contacto entre la pobreza, el medio ambiente y la salud urbanos.