viernes, 5 de junio de 2009

Nápoles, motos, y apropiación de la ciudad

La semana pasada estuve otra vez en Nápoles. En esta ocasión fui a impartir una “lectio magistralis” en la Università degli Studi di Napoli Federico II. La lectura fue en el Istituto Italiano per gli Studi Filosofici que tiene su sede en un palacio magnífico (en el Serra di Cassano situado en Via Monte di Dio, 14). En este marco histórico y bellísimo traté de exponer el tema que llevaba por título “Los nuevos territorios del mundo globalizado: Madrid en la encrucijada”. Y digo traté porque el lugar en el que se desarrollo el evento eran tan impactante que casi me impedía la concentración. Pero hoy no voy a contaros nada de la conferencia, sino como encontré Nápoles un año y medio después de mi última visita, que podéis encontrar descrita en un artículo del blog titulado “Spaccanapoli, uso total de la calle”. La hipótesis de aquel artículo era que en ciudades tradicionales, con cascos históricos potentes (Nápoles cuenta con uno de los cascos históricos más grandes del mundo) todavía la calle se utilizaba como patrimonio de todos, afectando a la mayor parte de usos tradicionales de la misma.

Plano de Nápoles de 1788 de Aloja y Terres
Del libro de Francesco Forte: Politiche urbane, Napoli
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También hablaba de la aparente indisciplina del napolitano que utilizaba la ciudad de una forma ciertamente caótica. “Un caos que funciona” es el lema que siempre utilizo cuando hablo de esta ciudad. Sin embargo, esta vez (probablemente porque haya venido el buen tiempo y la anterior fuera invierno) he notado muchos cambios en el comportamiento “caótico” de sus ciudadanos. Además, después de la experiencia, tengo que repensar algunos de los presupuestos sobre el desplazamiento individual en determinados medios de transporte.

Plano de rehabilitación y expansión de 1911 
Del libro de Francesco Forte: Politiche urbane, Napoli
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Para empezar he notado una mayor disciplina en el comportamiento, tanto de automovilistas como de peatones. Eso no quiere decir que no siga siendo caótico el tráfico producido por ambos colectivos. Pero existen unas ciertas reglas que me ha parecido que son respetadas por casi todos. De forma que podríamos afirmar que, desde este punto de vista, las cosas van funcionando mejor. Y eso que, tanto las infraestructuras como las comunicaciones, en Italia en general y el sur en particular, se están quedando bastante atrasadas. Las infraestructuras de carreteras, orgullo de los ingenieros italianos, se han quedado bastante desfasadas respecto a las francesas o las alemanas (incluso a las españolas) probablemente por falta de inversión. El caso es que esta cuestión es un verdadero drama porque los italianos aman los coches y les gusta conducir.

Intervención en carreteras, de Austostrade per l'Italia 
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La situación del ferrocarril sigue siendo mala (aunque ha mejorado bastante), probablemente porque en este segmento de las comunicaciones nunca ha habido en Italia una tradición al respecto. Las líneas de alta velocidad que tanto en Francia como en España representan la vanguardia en el sistema de comunicaciones sustituyendo al tráfico aéreo en distancias medias, se están desarrollando muy recientemente. Y eso a pesar de que Italia fue el segundo país en el mundo (el primero fue Japón) en poner en funcionamiento trenes pendulares (desde el “381”). El último, el ETR500, que entró en servicio en 1991, ya no es pendular pero puede llegar a los 300 km/hora. Ya operativos los tramos entre Milán y Bolonia, entre Turín y Milán, y a punto de terminar el que enlaza Roma con Nápoles (todavía le faltan 18 kilómetros entre Gricignano di Aversa hasta la Estación Central de Nápoles). En construcción están Bolonia-Florencia y Milán-Venecia. Pero es que en el ferrocarril tradicional podemos encontrarnos con locomotoras eléctricas de los años 20 del pasado siglo. Es un reflejo de las infraestructuras (y, en general, del país) con lo antiguo mezclado con lo ultramoderno. Y eso que su geografía parece idónea para el transporte en tren. Ante esta situación, de momento, al viajero le resulta más cómodo acudir al avión para resolver sus problemas de transporte. La desgracia es que el avión, para distancias medias, es muy ineficiente tanto desde el punto de vista de los tiempos, del coste o de la sostenibilidad por consumo de energía y contaminación.

Alta velocidad en Europa, 2009, Barnese Media 
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Para mayor desgracia Alitalia (abanderada de las líneas aéreas italianas) entró en quiebra financiera en septiembre de 2008 debido a la desafortunada compra de Gandalf Airlines (a su vez también en quiebra) para conseguir más slots de vuelos en algunos aeropuertos europeos. Actualmente, desde enero de este año, forma parte de Alitalia con el 25%, el consorcio Air France – KLM. A su vez Alitalia opera en muchos vuelos con la empresa Air One de forma que uno no sabe muy bien, en realidad, con quien vuela. En estas condiciones resulta, como hemos razonado en el párrafo anterior, que la gente no tiene más remedio que utilizar el avión para distancias medias ante los atascos que se producen (sobre todo en las cercanías de las grandes ciudades) en las carreteras y la todavía ineficiente red de ferrocarriles. Esta situación colapsa los aeropuertos y crea verdaderos problemas de organización. En mi caso sólo puedo decir que en el vuelo de ida me perdieron las maletas entre Milán y Nápoles (a todo el mundo le parecía una cosa normal) aunque las recuperamos al día siguiente. Y a la vuelta estuve esperando una hora en el aeropuerto de Nápoles y dos horas y media (ya en el avión) en el de Roma. Resultado: que entre los tiempos de espera reglamentarios y “extra-reglamentarios” estuve desde las nueve de la mañana hasta las nueve treinta de la noche (que fue cuando recogí las maletas en Madrid) en un “caos aeroportuario”.

Aeropuerto de Nápoles, colas hasta el exterior, de Jos Beckers

Porque el problema denunciado por mis amigos napolitanos y por los pasajeros de los aviones en los que volé, no procede solamente de Alitalia o de la falta de organización, sino probablemente de la falta de inversión en infraestructuras, tantos en los aeropuertos como en los ferrocarriles o las carreteras. Aunque no tengo pruebas de que esto sea así me fío de lo que me cuentan mis compañeros de la universidad Federico II. He escrito este largo preámbulo antes de meterme con el tema de las motos en Nápoles porque probablemente ayude a comprender algunas de las cosas que voy a exponer a continuación (aunque no las justifique). En primer lugar debo de manifestar una percepción personal: durante los días que estuve en Nápoles sufrí un nivel de estrés muy importante durante mis paseos por la ciudad. Esa ciudad de la que tanto disfruté hace un año y medio se ha vuelto insoportable (tanto para mí como para los turistas que residían en el hotel). Siguiendo las enseñanzas de Jane Jacobs decidí observar qué estaba pasando. Supongo que los napolitanos estarán ya acostumbrados y tendrán sus rutinas para convivir a centímetros de sus cuerpos con miles de motos que continuamente les atosigan, les pitan (incluso les insultan en caso de que no se aparten aunque vayan por la acera) y entorpecen su camino.

Motos en cualquier sitio prohibido

Aunque parece que no es sólo cuestión de los turistas, sino que los propios napolitanos lo empiezan a sentir como un verdadero problema. Así, en Report on line con fecha de 21 de mayo puede leerse lo siguiente: “Ahora para caminar por las aceras de las calles del Vomero hay que ser un experto en slalom -dice Capodanno Genaro, presidente de la colina-. Entre los agujeros de siempre, las ocupaciones ilegales de los comerciantes ambulantes, y los lugares permanentes y perennes de motocicletas aparcadas, las aceras del barrio se pueden definir como cualquier cosa menos para "andar a pié". La situación empeora de día a día, incluso por falta de controles adecuados”. Y más adelante: “Particularmente problemático es el fenómeno en la calle Solimena, donde las aceras, ya estrechas, son literalmente invadidas por el estacionamiento prohibido de motos, pero la situación se va extendiendo por todas partes. A pesar de todo, en el Vomero se diseñaron en las calzadas espacios especialmente dedicados a los ciclomotores. La verdad es que existe una actitud de indisciplina casi total por parte de los conductores de dos ruedas”.

Triple fila de motos en la acera, de Report on line

Capodanno describe en pocas líneas las impresiones de cualquier turista que visite la ciudad. La indisciplina comienza por los propios comerciantes. Para separar la calzada de las aceras se utilizan bolardos. Pues bien, en muchos casos las aceras están interrumpidas porque los comerciantes llenan totalmente el espacio entre sus comercios y los bolardos exponiendo sus productos e impidiendo que los peatones puedan circular por las aceras y tengan que seguir por la calzada. Pero los sitios no ocupados por los comerciantes los ocupan las motos, bien aparcadas o circulando por las aceras puesto que se pueden meter entre los bolardos. Pero lo peor es en las calles con preferencia para el peatón. En estos casos las motos se apoderan del espacio urbano sencillamente porque son más fuertes que los peatones. Se ha creado así un estado de opinión entre los motoristas que se podría resumir con la frase siguiente: puesto que soy una mezcla de coche y peatón tengo todos los derechos de las máquinas y de los peatones, y los ejerzo pasando por encima de los dos.

Motos y más motos, de Bricàbrac

Este razonamiento llega a extremos verdaderamente caricaturescos. Según Padova.news del 13 de mayo de este año: “Revuelta en el centro de Nápoles por el control de un niño interceptado por una patrulla urbana en la plaza plebiscito, mientras conducía una motocicleta sin casco”. Y más adelante: “El niño de 10 años fue retenido por los agentes de policia para su identificación y luego devuelto a su casa. Pero durante el viaje el coche de la policía fue perseguido por decenas de personas a bordo de ciclomotores y motocicletas. Eran familiares y amigos del niño que intentaron por todos los medios obstaculizar el camino de la policía municipal incluso con puñetazos y patadas contra el coche y atravesándose delante del mismo. El coche de los vigilantes urbanos se vio obligado a realizar un brusco frenazo que causó heridas a dos oficiales. Cuando el coche quedó atrapado algunas personas trataron de abrir las puertas para dejar salir al niño. La policía solicitó por radio refuerzos”.

Con los niños en la moto y sin casco

Pero el incidente siguió: “Entre los seguidores estaban también su tío y un hermano del niño, ambos reconocidos por la policía. Luego se les buscó en sus casas y fueron arrestados por violencia, resistencia y lesiones a funcionario públicos. Pero la historia no terminó ahí. El policía que reconoció a los asaltantes fue, a su vez, reconocido por ellos y su nuera, propietaria de una tienda sufrió represalias siendo atacado por algunas personas”. Esta historia que puede parecer increíble no es más que el resultado de una forma de pensar que asume todos los derechos y niega cualquier obligación en el tema de las motos. Esto también se refleja, por supuesto, en el casco, en el hecho de que vayan tres ocupantes en una moto que es para uno, el que se pite continuamente y a todas horas sin respetar a los demás, etc. Hasta tal punto esto está asumido que la propia policía entiende que el uso del casco en lugar de voluntario es obligatorio. Quien esté interesado puede ver este vídeo en YouTube. O este otro donde la mayoría de los y las motoristas pasan del casco, de las aceras, de los dos ocupantes por ciclomotor, y de casi todo. Supongo, después de lo expuesto respecto a las infraestructuras, que los napolitanos estarán hartos de las carreteras, los ferrocarriles y los aeropuertos, y se habrán creado una especie de “reino independiente de las motos”, para poder liberarse de algunas frustraciones.

Ocupación de las “aceras” por los comerciantes

En realidad, como empieza pasar en tantas situaciones del espacio urbano, las calles, las plazas y los parques pueden ser colonizados por grupos concretos que los hacen suyos. Esta apropiación del espacio urbano para uso exclusivo del grupo no sólo se produce con las motos en Nápoles sino en muchos sitios con los parques o las plazas. Por ejemplo, grupos de inmigrantes que, sistemáticamente usan las canchas de baloncesto que el Ayuntamiento de Madrid pone a disposición de todos los madrileños, para celebrar sus reuniones masivas determinados días de la semana impidiendo cualquier otro uso del espacio urbano. O bandas que ocupan áreas territoriales de las que expulsan a todos los que no son de su facción particular. Estamos ante otro problema clave para entender la deriva a la que están siendo sometidas algunas de nuestras calles, parques o plazas. De forma que, además de la pérdida de funciones (con su desplazamiento a los espacios privados) estamos ante una auténtica apropiación que reduce la complejidad y expulsa a determinados colectivos a favor de otros. Mi contento de hace año y medio en mi anterior visita a Nápoles por el uso total del espacio público que observé en la ciudad se ha vuelto perplejidad al comprobar como un colectivo, el de los motoristas, se apropia de esos espacios e intenta convertirlos en uso exclusivo.

Las motos entre los peatones, de Wikimedia

Siempre he pensado que el tipo de transporte ideal para la ciudad (sobre todo para los centros históricos de las ciudades) era, o bien la bicicleta o bien el ciclomotor o las motos. Por supuesto que lo mejor es ir a pie. Pero no siempre se puede sobre todo si las distancias a recorrer son algo largas. En ese caso la bicicleta es ideal en muchos casos. Pero también la bicicleta tiene sus problemas. Sobre todo para personas que no pueden hacer esfuerzos, etc. En estos casos siempre he pensado que las motocicletas o aparatos similares serían los ideales. Pero después de haber experimentado el caso de Nápoles ya no estoy tan seguro. La apuesta por la bicicleta que se está haciendo en muchas ciudades del mundo cada vez me parece mejor. Probablemente para solucionar el problema del esfuerzo (presente en muchas más personas de las que parecen) se podría dotar a las bicicletas de unos pequeños motores eléctricos recargables en la red normal que ayudaran en las subidas, etc. Y, sobre todo, se debería concienciar a todos aquellos que están “por encima” del peatón (bicicletas incluidas) que también tienen deberes que cumplir además de derechos que exigir.


10 comentarios:

Andrés dijo...

¡Qué horror!

En la ciudad mediterránea en la que vivo, aunque sin llegar a estos extremos, la tolerancia con la moto es total: ¿cómo puede ser que en ella se multe por atar con candado una bicicleta al mobiliario urbano, y al tiempo se permita -y a veces se fomente, pues muchas veces se les dibuja su espacio en el suelo- el aparcamiento de las motos en la acera?

Como vehículo contaminante y ruidoso que es, la motocicleta debe ser controlada en la ciudad: su supuesta contribución a la movilidad general (argumento cínico que suele utilizar el Ayuntamiento de Bcn) sólo es un beneficio para el motorista como individuo, y para nadie más. Un saludo, AM

Eduardo dijo...

Andrés

Y no solo en la ciudad mediterránea donde vives. La dictadura de las motos y de las bicicletas en algunos casos también, es algo con lo que se deberían de meter los encargados de mantener el orden en la mayor parte de nuestras ciudades. En último término lo que se debería intentar es preservar a toda costa al peatón que es el eslabón más débil de la cadena del transporte. Además de ser el más versátil y el más económico. Luego la bicicleta incluso como dice Fariña con motorcitos de escasa potencia para ayudar a quien no pueda. El resto del transporte privado es caro, contaminante y sobre todo las motos ruidoso.

La descripción de Fariña valdría para buena cantidad de ciudades del sur de España cuando hace buen tiempo. Probablemente sin llegar a los extremos de niños de 10 años conduciendo una moto, sin casco y sin madurez. Habría que concienciar al motorista, no sólo para que se ponga el casco, sino para que se comporte cívicamente. Luego mucho lamentarse pero ningún motorista es capaz de permanecer en la línea que le corresponde sino que van realizando verdaderos slaloms entre los coches sin que muchas veces el automovilista tenga tiempo de ver lo que se le viene encima. Luego mucho lamentarse.

Anónimo dijo...

Ahora en Zaragoza la cosa está cambiando, después de expoagua 08, se han instalado los magníficos servicios de bicicleta pública (pudiendo acceder a su uso por un precio moderado), en el centro se pueden ver estos parkings de bicicletas y muchos usuarios, incluso al otro lado del río; además de la gente que normalmente ya circulábamos en bicicleta. Por eso el descontento del peatón es más que palpable en el espacio público, porque las bicis invadimos, aunque a escasa velocidad, las aceras, nos ubicamos en el paso de peatones y cruzamos con ellos; y eso incomoda mucho al peatón, sobre todo al peatón de cierta edad (tercera)y de cierta mentalidad. Pero por la calzada, en según que viales, (la mayoría), es muy peligroso circular, y los carriles bici sólo se han hecho en las zonas periféricas de la ciudad, donde la actual planificación de los viales permite una anchura suficiente donde introducir esta función. Así que estamos en las mismas: con los servicios en el centro de la ciudad, el volumen principal de habitantes en las afueras (o como poco a cierta distancia de los mismos), y los medios de movilidad enfocados a la misma máquina infernal.
Hay una realidad, que disfruta de una dualidad muy perniciosa para el ciclista,y se llama: acera + calzada. Por la acera eres un invasor peligroso, porque puedes atropellar a los peatones, y a cierta velocidad les puedes causar daños, se han apropiado de este espacio, lo sienten como suyo, aunque en la mayor parte de las ciudades según la ley de movilidad las bicicletas puedan circular por las aceras hasta una velocidad de 10 km/h, pero ya no es eso, es que en esa franja del espacio eres desagradable. Por la calzada eres un incordio, un vehículo (con motor animal), lento, frágil, un elemento a adelantar cuanto antes, (aunque sea a un palmo de distancia y con una velocidad ni siquiera permitida en la vía) porque molestas, retrasas, agotas y consumes la paciencia de un conductor que está muy quemado y muy estresado, la mayor parte de las veces...Entonces ¿qué?¿cuál es el sitio por el que debemos circular?
Sinceramente prefiero una invasión de bicicletas en las ciudades que una invasión de coches. Que también la hay, y desde hace ya unos cuantos años.
El problema es no tomar decisiones radicales, como exigiría una actuación seria con respecto a los planes de movilidad de las ciudades españolas... señores: que no se puede circular con vehículos por el centro de las ciudades, ¿y cómo vamos a hacer las gestiones al centro?; pues dejará usted el coche en los parkings municipales que vamos a hacer al afecto, en el solar tal, y tal, y tal y tal.Y allí mismo dispondrá de un servicio de alquiler público de bicicletas o pequeños ciclomotores, o si lo prefiere caminando, que para eso el centro es un área bastante reducida, se gestiona su tiempo y se las apaña con la nueva situación, situación muy democrática, porque será para todos igual. Y los residentes entran y sacan sus vehículos con controles de acceso de pivotes, como ya existe en muchas zonas.
Se acabó con el problema del parking, se acabó con el problema de los ruidos y de la contaminación en el centro de la ciudad, pero esto no se hará nunca: no mientras pesen más los intereses de los parkings privados del centro de la ciudad, que el bienestar general, no mientras el deseo de especulación con las plazas de garaje en el centro de las ciudades sea más interesante que la solución de los problemas, no mientras los propios ciudadanos no vean en este tipo de soluciones, la única salida a una invasión desproporcionada del espacio público por los vehículos...Pero claro, desde la mayor parte de los ayuntamientos se está fomentando que el vehículo "te traerá al centro de tu ciudad" porque "nosotros ya nos encargamos de ponerte tres carriles en cada sentido en el centro de la ciudad".
Indignante, vergonzoso y lamentable.
Un saludo:
Adri

Anónimo dijo...

La semana pasada un peatón, con casco de moto en la cabeza a medio sacar, 130 kg de peso, y dos metros de altura, me amenazó públicamente en pleno paseo independencia de zaragoza con denunciarme a la policía, a grito pelado, durante 5 minutos, y aspavientos incluidos, porque yo circulaba por la acera en bicicleta. Y sí, circulaba por la acera en bicicleta, así: con un pie en tierra (casi parada), sobre la bici, por mi derecha, prácticamente pegada a la pared de los edificios, porque en el centro de la acera había terrazas y objetos varios de una obra. Paré totalmente a dos metros de él que venía de frente, situación que se da muchas veces entre peatones a dos palmos uno de otro, y él caminó hasta mí, a impactar con su pierna en la rueda delantera de la bicicleta, para mi sorpresa, probablemente para justificar su show. Se enfureció, probablemente porque que yo y mi bicicleta estuviésemos allí, paradas, le obligaba a esquivarnos, y eso era demasiado, demasiado esfuerzo añadido al que traía, a juzgar por las gotas de sudor que recorrían su frente, y sus sienes. Cuando yo le intenté explicar algo, me dijo que era una "jeta", y que "ya me daría lo mío la policía", y que "en esta mierda de país yo tengo que dejar la moto aparcada en la acera y vosotros váis por ahí como os da la gana"...Le dejé hablar todo lo que quiso, mientras yo: con la bicicleta entre las piernas, y las manos agarradas al manillar, veía como cada vez más gente se arremolinaba alrededor de aquel personaje desbocado, mi bicicleta y yo...Y cuanto menos expresaba mi cara, más se enfurecía, hasta el punto de arrojar unos papeles que llevaba en la mano al suelo con fuerza...Detrás venía mi pareja, que se encontró con aquello, y que le indicó con mucha tranquilidad que se alejara, me consta que hubo personas que hacían ademán de decir algo, o saltar al ruedo, incluso hubo algún anónimo que gritó "¡cállate hombre!" desde atrás del tumulto, pero para entonces yo estaba absorta, mi mente volaba lejos, lejos de semejante espectáculo penoso del que sólo me interesaba analizar la cantidad de situaciones desagradables e irracionales, que iba a evitar viviendo en el campo...

Un saludo:

Adri

Fiorella dijo...

(Primera parte)

Querido José,
como pasa a menudo, estaba de paso por tu blog.
Te puedes imaginar lo que me ha provocado, esta mañana, leer otra vez un artículo sobre "mi ciudad".

No es nada simple ser "napolitano".
Lo digo como ciudadana y como joven arquitecta, interesada en todas las dinámicas del tejido urbano y en los fenómenos sociales que lo recorren.

Y si pudiera aumentar la escala de mis personales sentimientos, te diría que en este preciso momento histórico no es nada fácil ser italiano.

Y por esta razón, así de difícil se propone, intentar hacer un comentario sobre lo que has escrito en ambas las ocasiones en que has querido dedicar una mirada atenta, sobre la complejidad que lleva en sí una ciudad como Nápoles.

Es que a la hora de intentar escribir algo, no se sabe por dónde empezar.
Lo que se quiere explicar, contar, expresar.

Leo tu articulo y por un instante sonrío por la capacidad que tienes, como experto y como hombre, de coger algunos detalles fundamentales en la descripción de lo que es el contexto donde me he cultivado, donde he pasado el mejor tiempo de mis años universitarios, donde a menudo vuelvo casi buscando todavía raíces, sabores, razones, respuestas.

Leo y un instante más tarde se me quema el corazón por el sentimiento de impotencia que conozco profundamente y que no puedes evitar sentir, delante de tanta exasperación.

Nápoles es como si fuera una canción maravillosa, aunque cantada a un nivel de decibelios que ya superan lo que puede aguantar el oído humano.
Te sientes enganchado pero no la puedes aguantar.

Tantas veces he intentado, hacer conmigo misma, un ejercicio parecido a lo que me propusiste en clase, (buscar unas cuantas palabras para describir un entorno urbano).
Pero en el caso de Nápoles el desafío se presenta realmente arduo.
Porque las contradicciones se superan entre sí y te vas perdiendo en un laberinto de conclusiones que a veces parecen no tener sentido.

¿Qué problema tiene esta ciudad?

Tal vez sería más sencillo contar los problemas que no tiene.
Sobre todo porque para conseguir alguna explicación sobre las peripecias que vive, deberíamos empezar haciendo un análisis histórico económico y social que debería acordarse de los Borbones.

Queriendo priorizar de una forma algunos datos, no puedo escapar de considerar la degradación social que vive la ciudad, como uno de los temas “clave” sobre que se debería trabajar mucho.
La falta de sentido cívico y a menudo de “sentido común”, choca contra todas las potencialidades que pertenecen a una ciudad, que en un pasado no demasiado lejano, supo albergar la semilla de la cultura mediterránea y europea.

Que fue capital.
Que fue Urbe.

Fiorella dijo...

(Segunda parte)


Y cuando hablo de degradación social, la verdad es que no me quiero referir, sólo, a esa parte de la población que ocupa los bajos del casco histórico y que finalmente pagan la cuenta de un sistema que se los come cada día, de un sistema que se llama Estado Ausente, de un sistema que se llama Camorra, de un sistema que se llama Ilegalidad (¡¡ el caso del niño de 10 años sintetiza el tema en todos sus aspectos!!).

Cuando hablo de degradación social, hablo y quiero hablar sobre todo de administraciones que no consiguen coger el toro por los cuernos.
Que no lo quieren muchas veces.
Que aunque lo quieran, no pueden abarcar una solución definitiva, porque la ciudad se presenta como un escurridor lleno de agujeros.

Hablo de algo, que permanece mucho más arriba del mal olor de la basura que ha invadido durante demasiado tiempo las calles de “mi ciudad”.

Si todo se permite, si nadie arregla nada, si todo el amor que tenemos hacia esta ciudad encantadora, se despilfarra en la incapacidad de ser coherentes, concretos y crueles cuando se debe, ya es inútil cualquier tipo de consideración sobre el tema.

Cierro los ojos, esto ya te lo conté una vez.
Me aíslo del escritorio desde el cual estoy escribiendo y como ciudadano, no como arquitecto, intento pensar en Nápoles.

Y es verdad, si con mi imaginación puedo trasladarme hasta allí, sé que en esta temporada del año, el caos de las motos ya ha invadido todos mis sentidos.
El ruido del tráfico y la contaminación parecen quitarme el aliento.
La cantidad de gente y turistas, que cruza mi camino, luchando a lo largo de las aceras, ¡me vuelve loca!

Lo único que quiero es huir, a pesar de la magnificencia de los edificios y de las plazas, del mar, del Vesubio… a pesar del folclor que siempre me enamora… a pesar del perfume de comida que percibes pasando delante de un pequeño restaurante o de una casa en planta baja… a pesar de lo Sacro y lo Profano…

¡Es paralizante!

Luego respiro, me tomo un tiempo de espera, me quedo otro rato como un sacerdote budista en la búsqueda de la luz, tal vez la encuentro.
Porque he tenido la suerte de conocer y reconocer mi ciudad en todos sus aspectos.
Lo hice “ayer” y lo puedo hacer “hoy”.
Lo hice andando por sus calles en un día cualquiera, cuando todavía tienes la suerte de escuchar sus latidos profundos, antiguos y te emocionas.


Y lo hago ahora, viviendo a muchos kilómetros de distancia, siendo consciente de no haber olvidado.

No creo que pronto llegaremos a sustituir las motos con las bicis en el casco de Nápoles, lo siento mucho.
¡Como me gustaría pensar, sin embargo, que este fuera su problema más grande!

José Fariña dijo...

Andrés: tu blog ha vuelto a impedir realizar comentarios. No entiendo esas fluctuaciones. Te doy desde aquí mi enhorabuena.

Eduardo: tienes razón. En este aspectos muchas ciudades del sur empiezan a sufrir el síndrome de la motocicleta.

Adri: te doy las gracias por tus comentarios tan elaborados y siento tus experiencias desagradables con las motos. Yo también las he tenido.

Fiorella: me alegra muchísimo que una napolitana quiera a su ciudad. Es que a Nápoles hay que quererla. No queda más remedio cuando se la conoce. Pero si te digo la verdad, y aunque sea un problema menor al lado de otros más graves que tiene la ciudad (que los tiene) me sentiría mucho más feliz si pudiera pasear tranquilamente por sus calles sin el acoso permanente de las motos.

Gracias por vuestros comentarios.

Anónimo dijo...

No se por qué razón me he acordado de una conversación: “Aquí en España, en una empresa, el mejor ordenador lo tiene el jefe por los cojones del jefe”. También me he acordado de otra conversación (contada, no escuchada), y al leer a Fiorella más: En un pequeño estudio de arquitectura se habla de que la gente aquí marcha, de la “fuga de cerebros”, y una chica italiana, que cobra una miseria por no se qué programa, dice: “pero ya venimos los italianos””

Uf, no se. Cómo lograr que la gente no sea tan cómoda... Repartir el cargo de conciencia en la masa es muy fácil: si lo hacen “todos” yo también lo puedo hacer, uno más no se nota y qué cómodo que ya tengo dónde aparcar. Algo parecido al botellón: si aquí están “todos”, aquí estoy yo. Molestamos, lo se, pero qué cómoda esta plaza al lado de la zona de marcha, y como vienen todos, qué voy a hacer yo. Un poco más de ruido, una meada o una vomitona más en el portal “no se nota”.
Y los del otro lado: uf, es demasiado, yo solo no puedo hacer nada. Vamos a pedir responsabilidad al gobierno. Si se te pasa por la cabeza hablar con los “afectados”, probablemente te será difícil. He tenido esta experiencia con lo de la vivienda: conversaciones agotadoras y manifestaciones... ¿Contra quién te manifiestas? ¿Sirve para algo?

O sea, ¿que nos unimos espontáneamente para aplastar a los más débiles, por intereses egoístas, pero para conseguir algo por el bien común, por una convivencia más justa, no hay manera de unirse? ¿?¿?¿? ¿qué leches nos pasa? ¿qué es lo que ocurre para que los que abusan se queden tan tranquilos y los abusados no se unan para protestar?

Si trabajase en la televisión y viviese en Nápoles, y pudiese, provocaría una avería y luego de estar un tiempo sin televisión, aunque sea poco, trataría de reunirlos y hablar (quizás también sea necesaria una avería que los dejase sin luz para que no pudiesen ver escaparates tampoco o llenar el depósito de la moto)

Fuera bromas, hace poco he visto un documental del Movimiento de los Sin Techo en una ciudad de Brasil. Me dejó pensativa. Tenía la sensación de que se unían únicamente por su propio interés, lo único que querían era una casa, a costa de lo que fuese y de quién fuese incluso. Que no se me malinterprete; pienso que es totalmente comprensible. Si se han olvidado de ti, por qué no olvidarte tú de los demás. Si invirtiésemos la situación, los que están abajo arriba y los que están arriba abajo, nada cambiaría; “hay burgueses con y sin burgo”.
Pensé que quizás tenga que ver (no pretendo que sea el único factor) con que el referente cultural de ambos es la televisión: el sueño americano. No se. Cuando veo las luchas campesinas de Bolivia contra la privatización del agua, o las luchas mexicanas por la conservación de la divesidad del maiz, es diferente. O a mi me lo parece. Luchan por el bien común y por sus intereses, que entienden, creo, relacionados. Y quizás lo que lo posibilite sea su cultura, sus tradiciones de pertenencia a un lugar. En el otro caso, el gobierno ofreció vivienda a una parte de la gente, y aceptaron. Lo entiendo, de verdad que lo entiendo, pero me pregunto si simplemente los intereses individuales llevan a buen puerto. Pienso que no. No es que sean “malos” en sí mismos. Pero necesitamos los otros intereses también, y buscar un lugar en el que ambos tengan cabida.
Me recuerda al párrafo de Murray Bookchin: un fin en sí mismo que conduce a una existencia dolorosamente incompleta.

Andrés dijo...

José,

como ni yo ni mi programadora sabemos ya qué hacer con ese problema (que sólo te pasa a tí, y sólo en mi página) no puedo hacer otra cosa que ofrecerte colgar tu comentario si me lo envías por mail.

Lo siento, y más siento quedarme sin tus comentarios. Un abrazo! AM

Anónimo dijo...

(continuaba...)

¿Cuál puede ser la solución? Me pregunto si la causa de la no protesta peatonal (a lo mejor si que protestan pero no se les escucha), es que tienen moto o quieren tenerla. He entendido que hace tiempo que las motos se han apropiado de la ciudad, así que mucha paciencia tienen. O quizás tanto esto, como la incapacidaz social de socializar, vayan juntas. ¿Hay asociaciones vecinales?
Un gobierno al que presionar para que éste a su vez presione, visto lo visto... Y solamente pensar en la burocracia emitida por los gobiernos para tratar de “solucionar algo”... pone los pelos de punta.
Y a otra escala, este sistema moribundo, estos monopolios que devoran su propio sustento, estos gobiernos que nos paralizan con sus leyes, con su burocracia, con sus impuestos y sus soluciones únicas, y devoran también quizás su propio sustento... provocan frustración en la población. A ver quién es el valiente que monta un negocio diferente, o simplemente un negocio propio en una ciudad (no es que resulte imposible, pero cualquier contratiempo te puede hundir, casi no puedes permitirte un error, y casi solamente tienes que pensar en una pronta rentabilidad, y a ti no van a venir a “rescatarte”; los empresarios pagan los sueldos a base de líneas de crédito...); o puede elegir vivir de otra manera o en otro lugar, sin tener que mendigar un trabajo que lo único que le aporta en un sueldo, y que ello sea lo máximo a lo que se pueda aspirar; o dedicarse al conocimiento, a revertir el daño ecológico y social, a la filosofía, yo qué se... o a estar sencillamente más tiempo con sus hijos.

Pero los monopolios no son “los malos de la película”. La culpa la tenemos “todos nosotros”

¿Qué es lo que nos hace "felices"? ¿Qué es lo que puede evitar frustrarnos para que lo vayamos a pagar con los "débiles"? (Aunque no lo justifico)

No se

Un abrazo

Olivia