jueves, 14 de abril de 2011

Pueblos en transición

Estos últimos días he oído hasta seis veces (que recuerde) la expresión ciudades resilientes. Tal proliferación no puede ser debida a la casualidad. Por otra parte, uno de mis alumnos se ha interesado por el término permacultura (¡!). Además resulta que me ha llegado (ignoro a través de quién) la convocatoria para unas jornadas en Vitoria-Gasteiz a celebrar en este mes de abril tituladas Jornadas decrecimiento y ciudades en transición. Y para rematarlo todo he tenido que explicar en la asignatura de Introducción al Urbanismo la ciudad medieval. Entonces he pensado que quizás el destino me estaba pidiendo que contara algo sobre las “Transition Towns”. En ocasiones anteriores en que me ha asaltado esta tentación me he resistido a hacerlo porque no sabía como conciliar mi postura ante estos Pueblos en Transición (francamente visceral) con un mínimo de racionalidad. Pero creo que, después de la clase de esta mañana estoy en condiciones de ver el tema con mayor frialdad, incluso con simpatía. Así que me voy a poner a ello. Cada vez tengo más claro que vamos a tener que considerar los años setenta del pasado siglo XX como el momento en el que se confirmaron blanco sobre negro algunas ideas de décadas anteriores y se pusieron en marcha iniciativas que, con el paso de los años, se están revelando como el auténtico semillero de las ideas actuales. Además se intuía que algo estaba a punto de cambiar. Algo importante que, todavía hoy, no estamos en condiciones de valorar con suficiente claridad. De estos años es el informe Meadows, las primeras crisis del petróleo, se termina una de las guerras más atípicas producidas en la historia de la humanidad (la guerra del Vietnam), se empieza a deshacer el bloque comunista y los fundamentalistas musulmanes toman el control de Irán.

Imagen de “Permaculture: A Designers’ Manual”
Fragmento de la portada, ilustración de Andrew Jeeves


Pues bien, tenemos que remontarnos a estos años para explicar el concepto de permacultura. En aquella época Bill Mollison y David Holgrem, dos ecologistas australianos, como reacción a la destrucción ambiental a la que estaban llevando las nuevas prácticas agrícolas, publicaron el libro Permaculture One (1978). Este libro, de obligada mención al comenzar un tema como este, tuvo un éxito tremendo en su momento y se tradujo a varios idiomas, entre ellos el español (hoy casi imposible de encontrar). De todas formas probablemente no tenga en la actualidad más interés que el puramente histórico ya que sus planteamientos han sido superados. Y lo han sido porque la permacultura, que en principio tenía que ver casi exclusivamente con otra forma de entender la agricultura, más ligada a las relaciones sostenibles con el medio natural y basada en prácticas tradicionales, fue adquiriendo poco a poco mayor entidad. Después de publicar Permaculture Two, Bill Mollison, con la ayuda de Reni Mia Slay e ilustraciones de Andrew Jeeves, escribe el que se considera como el libro de referencia: Permaculture, a Designers' Manual (1988). Este “movimiento” que empezó más o menos a la vez que la publicación de Permaculture One se originó en una comunidad establecida en ochenta acres de terreno pantanoso en Stanley (Tasmania) creando lo que llamaron Instituto de Permacultura e intentando difundir sus ideas basadas, esencialmente, en una ética. Para conseguirlo han creado una editorial, Tagari Publications, imparten cursos y venden pegatinas o camisetas. Si estáis interesados tenéis el enlace al final de la columna.

Evolución en 8 años a la permacultura, años 1 y 4…
Imagen de “Permaculture: A Designers’ Manual”


El caso es que la idea, ligada en principio a temas puramente agrícolas, pronto adquiere mayores dimensiones y, en la actualidad, se refiere a relaciones más globales entre los seres humanos y el territorio en el que habitan. Por supuesto que son importantes los aspectos técnicos e, incluso teóricos, pero (desde mi punto de vista) lo que distingue a este movimiento de otros es la importancia que se le ha ido dando a las cuestiones éticas. Hasta tal punto que se han producido auténticos debates sobre cómo han ido evolucionando las primitivas ideas expuestas en su texto seminal Permacultura, a Designers Manual. No voy a entrar ahora en esta cuestión porque el artículo no está dedicado a la permacultura, pero si que me gustaría ejemplificarlo para no perderme en puras abstracciones. Así, uno de los principios éticos originales era el de poner límites a la población y al consumo. Este principio, que me habrán oído plantear muchas veces mis alumnos en otros contextos, básico para intentar salir de la situación en la que nos encontramos, según lo puristas de la permacultura se ha reconvertido erróneamente en el de redistribución de excedentes. Ya puede comprenderse la tremenda diferencia entre ambos y la pérdida de profundidad ideológica que significa esta conversión. Luego trataré de hacer un paralelismo entre las respuestas que se produjeron ante el problema planteado por la ciudad de la Revolución Industrial y las que se están proponiendo ante esta otra ciudad global. Pero ahora, para justificar mi planteamiento, sólo quería remarcar el hecho de la recomposición que se produce en las propuestas originales de las comunidades éticas cuando estas “se corrompen” al intentar ampliar su base (puede estudiarse lo sucedido con New Harmony la comunidad creada por Owen en Indiana en 1925, con las sucesivas disidencias, la instalación de una destilería de whisky en comuna…).

…Evolución en 8 años a la permacultura, año 8
Imagen de “Permaculture: A Designers’ Manual”


En el año 2005 Rob Hopkins en un curso de permacultura en el centro de Formación Profesional de Kinsale (Irlanda), y junto a sus alumnos, diseñó un “Plan de acción para el descenso del consumo energético” analizando qué cosas había que cambiar para afrontar dos cuestiones clave en este comienzo de siglo: el pico de producción del petróleo y el cambio climático. Las estudiantes de ese curso Louise Rooney y Catherine Dunne desarrollaron el concepto de comunidades en transición que intentaba conseguir la independencia energética en el seno de una comunidad específica, y se presentó el proyecto en el ayuntamiento de Kinsale. El propio Rob Hopkins completa y adapta el planteamiento teórico y, en septiembre de 2006, plantea el proyecto en su pueblo natal de Totnes. No está claro quién es el primer pueblo “en transición”. Oficialmente el primero de la red de Pueblos en Transición (formada más tarde) es Totnes, el segundo Penwith, ambos en Reino Unido, y el tercero Kinsale. A partir de ese momento la idea de “comunidades en/de transición”, “pueblos en/de transición” o “ciudades en/de transición” (según las traducciones y el sustantivo que adjetiven, en inglés la denominación más corriente es la de “Transitions Towns”) se propaga con gran éxito por todo el mundo. A día 6 de abril de 2011 hay contabilizadas en la página de Transition Network.org hasta 367 iniciativas oficiales aunque las comunidades que siguen estas ideas sin formar parte de la red parece que son muchas más. La primera es Totnes (Devon, United Kingdom) y la última en añadirse a la lista es Barcelona en transiciò (Barcelona, España).

Totnes, pueblo en transición (Play in de Soup)

Los proyectos de pueblos en transición se basan en dos pilares: sostenibilidad y resiliencia. Y se resumen en uno: autosuficiencia. Sobre sostenibilidad ya he escrito bastante en el blog, pero no sobre resiliencia. De forma que parece imprescindible dedicarle unas líneas. Y resulta imprescindible porque las expresiones comunidad resiliente o ciudad resiliente tienen diferentes interpretaciones y han sido acogidas con entusiasmo en otros foros que no tienen nada que ver con “Transition Towns”. A los arquitectos nos suena bastante el concepto ya que se estudia en resistencia de materiales. Según el avance de la 23ª edición del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua tiene dos acepciones: la primera es la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”; y la segunda, “capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”. Desde un punto de vista de su aplicación en las ciencias sociales su significado suele derivarse del ecológico. Desde el célebre trabajo de Holling de 1973 (“Resilience and stability of ecological Systems”, Annual Review of Ecological Systems, nº 4) se entiende como la capacidad de los sistemas o los organismos para resistir condiciones adversas particularmente extremas. Se supone que el pico de producción de petróleo y el cambio climático son dos de estas “condiciones adversas particularmente extremas” a las que las comunidades en transición deben conseguir resistir para ser perdurables en el tiempo. Es decir, para ser sostenibles. Y aquí es donde interviene la permacultura, ya que mediante sus métodos las comunidades que los sigan serán más resilientes y, por tanto, sostenibles. Por supuesto que los métodos no son sólo los creados por la permacultura sino que se amplían a otras cuestiones. Pero la base, el núcleo duro, sí. Hasta tal punto que en el documento de Brangwyn y Hopkins Transition Initiatives Primer se puede leer cuando se refieren a los criterios para preparar una iniciativa de transición (criterio 15): “Finalmente, recomendamos que al menos una persona del equipo impulsor de la iniciativa asista a un curso de diseño de permacultura… esto si que realmente establece la diferencia”.

Bill Mollison (a la izquierda) impartiendo un curso sobre Permacultura
Imagen de
Permaculture Research Institute of Turkey

Sin embargo resiliencia no se puede asimilar directamente a resistencia ya que implica en casi todos los casos una modificación, un cambio en la dirección de la comunidad, una adaptación a nuevos objetivos que permitan al cuerpo social volver a alcanzar el equilibrio roto por el acontecimiento que produjo la perturbación. El concepto de resiliencia aplicado a la ordenación del territorio está ya corrompido (lo mismo que el de sostenibilidad) de forma muy importante por una multivocidad imparable que lo convierte directamente en una simple imagen casi sin significado científico. Y eso a pesar de los intentos, en uno y otro tema, de utilizar indicadores de medición, de precisar el concepto o de explicar una y otra vez su significado para una persona concreta o un grupo determinado. Y eso por no hablar de que, en el caso de la resiliencia, casi nunca se distingue en si el factor desestabilizante es un factor puramente externo o inducido por el comportamiento del propio grupo. Pero desde el punto de vista de pueblos en transición esto no tiene la menor importancia. Se trata de una imagen muy potente y, dado que detrás está la permacultura, con fundamentos esencialmente éticos, es un recurso válido para visualizar de forma rápida y eficaz el objetivo básico a conseguir. Porque este movimiento se basa en lemas como, por ejemplo: “alimentos a pié, no alimentos a kilómetros” que fomentan la creación de huertos comunitarios. O la reparación de objetos en lugar de tirarlos cuando se rompen. O el reciclaje de elementos obsoletos…

“Porque queremos y necesitamos ser más resilientes en nuestras casas…”
De la presentación “Zarzalejo en transición 2011”

Zarzalejo (Madrid) se añadió a la iniciativa el pasado 20 de febrero


Por tanto, desde mi punto de vista, los conceptos de sostenibilidad o de resiliencia que se plantean son meramente poéticos (lo que no es ningún demérito sino todo lo contrario) y su finalidad es didáctica. Escribía párrafos atrás acerca de la similitud que se empieza a producir respecto a las respuestas sociales frente a una situación crítica del sistema. Según todos los indicios estamos ante un momento de clara desestabilización (el Peak Oil y el cambio climático como manifestaciones de la perturbación), lo mismo que sucedió con la ciudad como consecuencia de la Revolución Industrial. E igual que entonces, las reacciones son de dos tipos. Unas, de carácter utópico, basadas en la necesidad de cambios globales importantes y en planteamientos éticos y, en cierta medida, revolucionarios. Normalmente sustentadas en compromisos sociales y morales, con objetivos radicalmente distintos a los de la sociedad anterior, y que se materializan en un cierto aislamiento de partes de la comunidad que se consideran pioneras e, incluso, son capaces de formalizar una forma de vida distinta. En definitiva, basadas en el voluntarismo pretenden cambios globales en valores y comportamientos que, en principio, afectan sólo a las personas mas “concienciadas”. El otro conjunto de reacciones que se producen, más en la línea de las reformas parciales pero que pretenden afectar a “todos” y no sólo a “una parte” de la sociedad, están basadas en la imposición de las necesidades colectivas sobre las individuales. En el momento de la ciudad producida por la Revolución Industrial un ejemplo del primer grupo sería Owen y su New Harmony, y del segundo la aprobación de las Leyes Sanitarias. Sin embargo hay una diferencia esencial respecto a crisis anteriores: la actual es una crisis global. Una crisis que afecta a la totalidad del planeta y no sólo a los países, a las ciudades o a los territorios que habían hecho la Revolución Industrial. Una crisis en la que, además, todos sus elementos están fuertemente interconectados.

El pico de producción del petróleo según Hubbert

Al comenzar el articulo decía que, después de haberles contado a los alumnos de Introducción al Urbanismo la ciudad medieval, se habían despejado mis dudas sobre si ya estaría en condiciones de plantear el tema de las “Transition Towns”. Y es que la ciudad medieval, primera recreación urbana después de su invención, resulta ser el modelo en el que, sin decirlo, se miran estos colectivos. La segunda sería la ciudad sanitaria (por supuesto), y la tercera se correspondería con el momento actual: ciudad postindustrial, global, sostenible o como se quiera llamar. La invención de la ciudad ya la he descrito en muchos lugares del blog (es mi tema favorito), tiene que ver con un acto de rebeldía frente a la naturaleza. En realidad un acto de afirmación puramente humano que se concreta en la implantación de un orden diferente en una parte pequeña del planeta y tiene un carácter sagrado (aunque también podría verse como un acto de creación sólo posible por delegación divina). La recreación de la ciudad en la época medieval es diferente. Se trata de la afirmación de lo colectivo sobre lo individual, sea dios, rey, o cualquier ente que encarne el poder unipersonal. Y para hacerlo fue necesario replantear las bases de la convivencia y lograr la libertad, centímetro a centímetro, frente al poder feudal. Paradójicamente lo que se consiguió de forma colectiva fueron libertades individuales: “el aire de las ciudades hace hombres libres”. Pero lo colectivo, en realidad, estaba basado en la autosuficiencia. Hasta tal punto que una ciudad sitiada podía resistir, en algunos casos, casi de forma indefinida sin relacionarse con el exterior. Y era el ejército sitiador el que tenía que abandonar porque era incapaz de mantenerse por si mismo. La ciudad sana fue una reacción en otro momento crítico. Una imposición para limitar estas libertades individuales en nombre de las necesidades colectivas. Todo un correctivo a la ciudad medieval, necesario para poder seguir adelante.

Rob Hopkins (Transition Books)

¿Y ahora? Las reacciones que se están produciendo, aunque aparentemente se pueden agrupar en los dos tipos a los que ya me he referido al hablar de la ciudad producida por la Revolución Industrial (reacción utópica con tintes revolucionarios y reacción reformista), presentan características claramente diferentes. Las globales, utópicas o revolucionarias (Decrecimiento, Transition Towns, Ecoaldeas) se están empezando a organizar en forma de redes a través de la herramienta que es Internet. Esto hace que superen la principal limitación que tenían las propuestas de Fourier, Owen o Saint-Simont: el hecho de su aislamiento, tanto de la inmensa mayoría del tejido social, como entre las mismas comunidades que se formaban. No había forma de que las cuatro gotas de agua que en realidad constituían estas experiencias calaran en la inmensidad del arenoso tejido social. De todas formas esta visión optimista de las posibilidades de expandir su mensaje al constituirse en forma de redes no está clara, porque el hecho cierto es que la mayor parte de mis alumnos no tienen ni la más ligera idea de qué son las "Transition Towns". Y considerando que, en teoría, ellos son los elementos más avanzados de esta sociedad global la cosa da que pensar. Es decir, que en los seis años transcurridos desde la creación de la primera, y a pesar de las 367 iniciativas oficiales que conforman la red, a día de hoy el tema no parece que haya calado demasiado en la mayor parte de la sociedad.

¿Sólo el mundo desarrollado se prepara? ¿Sera que el resto
ya vive en estos momentos en situación de colapso?

La Red de Pueblos en Transición, de
Transition Network. Org

Esto sucede porque, probablemente, se ha tomado de forma errónea (e inconsciente) como modelo a conseguir la relación que se establecía en la sociedad medieval entre la ciudad y el territorio. Si se repasan los lemas, los objetivos y los mantras que se repiten una y otra vez por parte de estos grupos se verá esto con toda claridad. Incluso, en el colmo de la autarquía, en Totnes se ha llegado a emitir dinero propio (más de 10.000 billetes con 65 negocios involucrados). Pero el problema es que la sociedad del siglo XXI no es la sociedad medieval y que la lucha (la afirmación) implícita en toda praxis política sería un milagro que desembocara en los mismos resultados que entonces. A la sociedad actual no se le puede decir que vuelva a la Edad Media, ni aún de forma metafórica, y que su objetivo sea la plantación en su pueblo de “tantos nogales de nuez comestible como sea posible” (como se dice en el Compendio de iniciativas de transición) sin saber si ya los han plantado en los pueblos vecinos o si sobrepasan nuestras necesidades y resulta que, dentro de diez años, vamos a quedar sepultados en un mar de nueces.

Una libra Totnes, dinero local de un Transition Town (Treehugger)

A pesar de que el propio Hopkins se da cuenta del problema que plantea la vuelta a lo local y las injusticias que conlleva (George Monbiot las ha analizado de forma magistral) y pretende resolverlo señalando que se trata de ser autárquico sólo “en la medida de lo posible” acaba por admitir que este escenario le parece el más previsible: “Cuando el decrecimiento petrolero se convierta en una verdadera cuesta abajo, la vuelta a lo local ya no será una opción, sino la dirección inevitable hacia la cual nos dirigiremos todos. Unos no harán nada, otros empezarán a trabajar ante las nuevas posibilidades, y algunos se aferrarán a las cosas y al estilo de vida que están a punto de perder. La Era del Petróleo puede verse como un período de 200 años gracias al que pudimos escapar transitoriamente de una economía local enfocada a la producción básica, para luego tener que volver a ella” (Rob Hopkins, The transition handbook). Esta vuelta a la autarquía que se desprende de muchas de estas iniciativas no parece un “momento de transición”, sino la imagen final de lo que ocurrirá si sobreviene definitivamente el colapso. Entiendo que existe todavía la opción de aquellos que no se resignan y luchan por superar el momento crítico en que nos encontramos sin mimetizar modelos que, claramente, no se pueden volver a repetir porque las relaciones sociales, las necesidades, la cultura y la historia producen momentos únicos con soluciones únicas.

Rob Hopkins: “The Transition Handbook”
Fragmento de la portada del libro


Pero todo lo anterior no quiere decir que el movimiento de las "Transition Towns" sea una lucha inútil. El segundo grupo de respuestas, las que corresponden a los reformistas (cuotas de CO2, introducción de energías alternativas, tasa Tobin), no plantean sus reformas con una visión global del problema y necesitan conductores, objetivos holísticos a largo plazo y colectivos que planteen las utopías que les faltan. Incluso experiencias concretas a pequeña escala, porque cualquier equivocación en las reformas planteadas en el mundo global en que nos movemos puede tener consecuencias catastróficas. Resulta imprescindible interiorizar y asumir la obviedad de que la sociedad del siglo XXI no puede relacionarse con el territorio de la misma forma que lo han hecho otras sociedades (como la medieval en su momento o la industrial en el suyo). Aparentemente, un mundo global no debería encapsularse en miles de quistes con sus territorios anejos por muchas razones, pero la más sencilla es que estos territorios son muy distintos unos de otros (con débitos ecológicos diferentes) y esta segmentación encierra una injusticia radical. La nueva ciudad que necesitamos hoy no puede ser el resultado de mirarnos en las ciudades que correspondían a sociedades anteriores. Y mucho menos una copia de las mismas. Pero resulta imprescindible conocerlas, analizarlas y amarlas porque contienen muchas lecciones que aprender. Habréis observado que esto se termina y no me he referido casi para nada al segundo tipo de respuesta: la reformista. Pero es que hoy tocaban Pueblos en Transición (prefiero esta expresión a la de Pueblos de Transición, indica una componente dinámica imprescindible para entender el planteamiento “resiliente”). Las tasas ecológicas y las cuotas de CO2 quedan para otro día.

Jornadas a las que me refería al comienzo del artículo
Vitoria-Gasteiz, 1, 8, 12 de abril de 2011


En cualquier caso, parecen necesarios los intentos que se están produciendo de proponer vías alternativas a la forma de vida imperante en la sociedad actual. Sobre todo si se observa la falta de ideas, la inflexibilidad, la obcecación en persistir en planteamientos económicos imposibles y la total obsolescencia de un neoliberalismo que no funciona en sociedades globales. Cada vez que los responsables económicos de la actual crisis financiera se manifiestan, parece que se oyen los ecos del Economist en aquel célebre párrafo publicado el 13 de mayo de 1848 refiriéndose a la Public Helth Act: “Sufrimientos y males son castigos de la naturaleza. No pueden ser eliminados, y los impacientes intentos de la filantropía por proscribirlos del mundo por medio de leyes, antes de haber descubierto su objeto y su fin, han hecho siempre más daño que bien”. Sobre todo si los sufrimientos y males sólo afectan a “los otros”, que era exactamente lo que pasaba en aquella terrible ciudad industrial en la que la esperanza de vida de los ricos casi duplicaba la de las clases más desfavorecidas. La teoría es: dejemos que el sistema se ajuste solo, tal y como se ha demostrado a lo largo de la historia es suficientemente “resiliente” como para adaptarse. El problema es que “el sistema” se ajusta persiguiendo dos objetivos básicos. El primero es el de la supervivencia de sí mismo sin que importen demasiado los daños colaterales. Y el segundo que el ajuste se haga respetando las canonjías de los poderosos que consisten en un crecimiento ilimitado de sus bienes y de su poder. Lo que sucede es que ahora, en un mundo global, los daños colaterales pueden ser tan importantes e imprevisibles (la sociedad del riesgo) que no entren en las posibilidades de supervivencia del sistema sin cambiar los objetivos. Es decir, sin variar el rumbo. Y ahí tropezamos con una dificultad seria: no hay alternativas por la sencilla razón de que el sistema ha sido tan eficiente que las ha eliminado todas. Y cualquier ecólogo sabe que sin posibilidades alternativas, sin diversidad, hablar de resiliencia es como hablar del sexo de los ángeles. Bienvenidas las Transition Towns.


Páginas de interés
Páginas del blog relacionadas


Materiales utilizados:
  • Brangwyn, B. y Hopkins, R.: Transition Initiatives Primer: becoming a Transition Town, City, District, Village, Community or even Island. Version:26. Este documento se actualiza regularmente. Puede encontrarse aquí. También hay una versión no oficial en español.
  • Cohen, Danielle K. M.: Reaching out for resilience: Exploring approaches to inclusion and diversity in the Transition movement. Department of Geography and Sociology / Humanities and Social Sciences. University of Strathclyde, Glasgow. September 2010. Puede bajarse el pdf aquí.
  • Holling, C.S.: “Resilience and Stability of Ecological Systems”, Annual Review of Ecology and Systematics, Volume 4 , pp. 1-23, 1973. Se puede obtener en pdf aquí.
  • Hopkins, R.: Energy Descent Pathways: evaluating potential responses to Peak Oil. University of Plymouth, Transition Culture.org., Totnes, 2006. Este texto en inglés se puede encontrar aquí.
  • Hopkins, R.: The Transition Handbook: From Oil Dependency to Local Resilience (Transition Guides), Green Books, Foxhole, Dartington, UK, 2008.
  • Mollison, B. y Holmgren, D.: Permaculture One: A Perennial Agriculture for Human Settlements, la edición que he consultado es la USA publicada por el International Tree Crop Institute en Junio de 1981. La edición original de Tagari Press y Corgi de 1978 se publicó en varios idiomas, entre ellos el español, pero no he podido acceder a ella.
  • Mollison, B.: Permaculture: A Designers' Manual. 2ª edición, Tagari Publications, Tyalgum, Australia, 2002 (la primera edición es de 1988).

13 comentarios:

Antonio Folgado dijo...

Pepe: poco antes de salir de viaje de vacaciones leo este artículo. Tremendo artículo. Acabo de ver colocadas en su sitio muchas cosas que tenía por ahí dispersas y que no terminaba de digerir. Como todo lo que haces requiere varias lecturas. Lo imprimo y me lo llevo para leer en el viaje. Te contaré más despacio a la vuelta. Unha aperta.

Eduardo dijo...

Acabo de ver el comentario de Antonio y como él yo también estoy saliendo. No se cuanto tiempo estaré saliendo porque los imbéciles que con toda probabilidad formaremos la caravana no escarmentamos ¿no sería posible inventar algo para evitar estas tremendas diásporas urbanas qué sólo sirven para consumir y contaminar? Comprendo que hoteleros, bareros y restauranteros estén alegres como cochinillas pero esta vida es absurda. En el fondo las comunidades en tránsito ¿hacia donde? tienen razón. Lo que no tenemos es lo que hay que tener para liarnos la manta a la cabeza y dar un cambio radical. Pero bueno ¿dónde habré puesto el bañador?

Javier de Castro (Ecotierra) dijo...

Me considero una de esas personas más o menos idealista que intentan que su comunidad sea más solidaria con las otras y no entiendo muy bien el significado de la "radical injusticia" que puede producir la vuelta a lo local como se afirma en el post. Creo que es más bien lo contrario. Probablemente estemos equivocados en muchas cosas pero en nuestra comunidad intentamos evitar que nuestro consumo no implique a los demás para no arrastrarlos en una carrera de despilfarro y dado como está organizado el mundo no veo otra forma más que la de encerrarnos en áreas no contaminadas por una forma de vida imposible y que además no tiene futuro. Según se desprende de lo que he leído en otros lugares del blog su opinion parece dubitativa acerca de estas cuestiones y si fuera posible me gustaria que me respondiera a la siguiente pregunta ¿no piensa que la solución a los problemas globales se encuentra en una vuelta a las comunidades locales? Y en caso de no ser así ¿hay otra alternativa? Las dos personas que han hecho los comentarios anteriores son una prueba bastante clara de las dificultades de evitar las imposiciones sociales a menos que de alguna forma haya posibilidad de salir del sistema social que nos impide vivir de otra forma más razonable. Gracias de todas formas por ocuparse de estos temas.

valerio dijo...

Resulta muy interesante su artículo, didáctico el paralelismo de la ciudad a través de la historia y las respuestas dualizadas desde la utopía y el pragmatismo... Compartimos profesión y tampoco entiendo que lo local (a pesar del apoyo las redes) consiga trascender de lo anecdótico, como movimiento emergente... no obstante tengo que reconocer su valor simbólico ante la desarticulación efectiva de lo colectivo. Ante esta aparente epidemia de resignación e indiferencia, aunque estén lejos de ser la posible solución, es posible que sean un pragmático comienzo para la escala adecuada.

Anónimo dijo...

La diferencia hoy es, profesor Fariña, que podemos actuar localmente, sin que ello signifique necesariamente desconocer lo que sucede al lado. Para ello Internet es una herramienta poderosísima que podría jugar un papel determinante en la puesta en práctica, de ese modelo alternativo tan necesario.

Por otro lado, el lema está en la calle "piensa globalmente, actúa localmente".

Por otro lado, uno de los problemas que yo analizo, es que este cambio se enfrenta directamente a los objetivos y anhelos de una clase de políticos y poderosos, que difícilmente permitirán unos cambios tan directos en el rumbo de las sociedades del mundo. Aunque he de decir, que creo que lo tenga que ser, será imparable.

Además, añadir a todo esto, el tipo de sociedad que nos rodea, cuando en las facultades de Económicas (véase la de Zaragoza), se instruye, a los alumnos, a especular en bolsa, en una aplicación informática diseñada al efecto; (probablemente la bolsa sea la imagen viva de un sistema basado en el máximo beneficio, falta de escrúpulos, ética, y necesaria sociedad consumista, como soporte); uno se plantea hasta qué punto la sociedad como conjunto, está concienciada de la obsolescencia del modelo económico, que mencionas en el texto; o por el contrario, es verdad, que el ser humano posee una estupidez infinita, y necesita llegar al mismo borde del precipicio, para darse cuenta del tamaño de la caída.

A partir de ahora no soy ecologista, soy resiliente; y no quiero ensanches en la ciudad, sino "Transition Town" integrales.

En fin, en el mundo del lenguaje, podemos caer en el error de dejarlo todo en el aire, o en blanco sobre negro. Cuando lo verdaderamente interesante es que cada uno, actúe en su entorno, en la medida de lo posible, en el camino* que conocemos, al menos unos pocos, y que parece ser el único posible.

* Beneficio justo, coste medio ambiental mínimo, actuaciones reversibles, autosuficiencia del medio local próximo, y viajar en bicicleta.

Un saludo,
Adri

Anónimo dijo...

Valerio, leyendo tu texto, yo creo que lo emergente siempre es anecdótico, pero si trasciende más, si se expande, puede llegar a ser una cuestión global.

Las mismas palabras puestas de otra manera, dejan más esperanza y son más reales ¿cuando lo incipiente se pudo comparar con el sistema preponderante anterior? Por algo hay que empezar. Lo que hay que hacer es creer en ello, trabajar duro, aplicarlo a la vida de cada uno y no temer confundirse.

Digo lo siguiente reitero, manos a la obra, cada uno en la medida de lo que pueda, en su entorno...
Decirles a Antonio y a Eduardo, que lo que han hecho esta Semana Santa no es resiliencia; y que si quieren pueden vencer ese momento de salir por la puerta de casa, y ponerse en caravana, se consigue de dos formas: viviendo en otro lugar o yendo contracorriente. Deberíamos empezar con la economía de ajuste, aunque hasta antes de ayer, el confort y la lujuria nos extasiaran el cuerpo y embriagaran el alma.

Estoy viendo acercarse el momento en el que baja Moisés con los mandamientos y nos pilla a todos dándonos de leches por el becerro de Oro. Y esta vez, no serán ni diez mandamientos, ni los habrá escrito Dios.

Será el encuentro directo con las leyes de la Naturaleza, y el lema:
"de donde no hay, no se saca para 6 millones de habitantes".

A ver entonces la risa tonta que nos entra, a las nuevas generaciones, y a las viejas.

Es necesario un cambio ya, directo y radical.

un saludo;
Adri

Amaya dijo...

Me imagino que las injusticias que conlleva la vuelta al autoconsumo local se refiera a lo que el propio Fariña indica en su artículo: los diversos territorios de la tierra poseen débitos ecológicos muy diferentes. Creo que es muy fácil hablar de autoabastecimiento en un país como el nuestro, con el enorme potencial de agricultura y materias primas que posee, no en vano se la considera el "granero de europa", entiendo que en otros territorios no les sea tan fácil acceder a una producción local. Y otro aspecto que me sobreviene, es precisamente el potencial económico que supone para España esas exportaciones alimentarias. Si impera el autoabastecimiento, ¿habrá alguna manera de redirigir todos esos puestos de trabajo derivados de las exportaciones de alimentos?No solo eso, sino en el sentido contrario del café colombiano, del cacao ecuatoriano... Gracias por tus reflexiones en alto, José.

José Fariña dijo...

Perdón por haberme retrasado tanto en las contestaciones pero decidí que durante algunos días, y puesto que era un período de vacaciones lo mejor que podía hacer era dedicarme a ello (a las vacaciones) y a las labores mínimas imprescindibles. Vegetando un poco, vamos. Entre tanto veo que a la pregunta de Javier ya le ha contestado en parte Amaya (que, por cierto, junto con Arantxa tienen una página que os recomiendo que visitéis) planteando el problema básico de la vuelta a lo local. A saber, el hecho de la "suerte" de haber nacido en determinado lugar del planeta en lugar de otro. El lugar de nacimiento no debería condicionar las posibilidades de desarrollo individual. Y lo hace. Además de forma determinante. Pero es que, además, las capacidades individuales son también diferentes cosa de la que se aprovecha la organización social. Es decir, la sociedad (en teoría) está para asignar trabajos a los más capaces para esos trabajos de forma que, haciendo entre todos las mismas labores se hacen mucho más eficientemente si se distribuyen tareas que si todos hacen todo. Por supuesto cuando mayores sean las "áreas de reparto" la cosa funciona mejor. Así explicado en un comentario veo que no queda muy razonable aunque la idea se vislumbra. Pero hay muchas más razones que van en contra de esta vuelta a lo local entendida como un proceso hacia la autarquía. En el artículo me refería a Georges Monbiot. Para los que no lo conozcáis os recomiendo que, para empezar, leáis algunos de los artículos recogidos en la página de Rebelión. Pienso que es un personaje bastante lúcido en sus análisis. Por supuesto que no sé donde está la solución. Lo que sí tengo claro es en algunos sitios donde no está. Por ejemplo, no está en una vuelta a lo local por el camino de la autarquía. Y menos en una sociedad global como la que tenemos. Eso no quiere decir que debamos eliminar lo local. De ninguna forma. Lo local, indefectiblemente, debe formar parte de la respuesta. Porque sólo en lo local, en el grupo primario, es posible una parte de la realización del individuo como persona. Pero hay otra parte que es su realización como ciudadano que no se puede conseguir en lo local. Aunque el concepto de ciudadano nos daría para varios artículos incluyendo el de ciudadano del planeta como planteaba Morin. Están siendo interesantes los comentarios de hoy pero voy a parar porque, de lo contrario, este párrafo sería más largo que el propio artículo.

Ricardo dijo...

Es todo taaaaaaaaaan aburriiiido. Otra vez a reinventar los hippies. Ecoaldeas, pueblos en transición, vuelta al campo... ¡Por Dios, si es que hay casi 4.000 millones de personas viviendo en ciudades! ¿Qué vamos a hacer, 40 millones de chiringuitos a 100 habitantes por chiringuito? Fariña, eres muy benevolente. La idea no sirve ni como experiencia. Y luego el mapa de la red mundial de pueblos en transición. Si yo fuera uno de los impulsores lo quitaba. Qué vergüenza sólo los ricos se preparan.

Agradezco la documentación, la mayor parte de los sitios a los que acudes para enterarte de que va esto no sirven para nada. Dicen lo que les parece sin apoyo de ningún tipo, sin razonar las cosas y prácticamente sin crítica. Luego están las descalificaciones por ambas partes. Estoy de acuerdo en lo que decías en otra entrada anterior sobre la necesidad de los artículos largos y difíciles de leer. Ya está bien de slogans de tres líneas. Habría que rebelarse contra la dictadura del twitter, no crea más que borregos. Para las tonterías intrascendentes está bien o para las descalificaciones, también puedes pasar un rato en un muro en lugar de hacer crucigramas, incluso insultar a cualquiera de vez en cuando es muy sano sobre todo cuando lo haces de forma anónima, sin costarte ningún trabajo y sin responsabilidad de ningún tipo. Pero la sociedad no puede avanzar a golpe de slogan a algunos les tiene que tocar eso que nadie quiere, trabajar y pensar.

José Fariña dijo...

Ricardo: la cuestión que planteas no termino de verla con claridad. Es decir, no tengo elementos que me permitan formarme un criterio acerca de si una sociedad rural y autárquica podría ser la alternativa a la sociedad urbana y global actual. Probablemente podría tener alguna posibilidad si ocurriera una catástrofe. Aunque creo cada vez menos en la teoría de las catástrofes, si esto sucediera no se me ocurre otra alternativa. De cualquier forma me parece una cuestión complicada sobre la que es complicado pronunciarse con un mínimo de racionalidad. Comprendo que la contestación es poco clara e insegura. Pero sobre este tema no soy capaz de pensar con mayor lucided. Gracias por el comentario.

Luis Alberto Reming dijo...

Ricardo lo dice como lo pienso. Es la voluntad lo que mueve estos seres buenos no la justicia. La justicia con los que no tienen o con lo poco que tienen. Para que el 5% tenga algo el 60% se muere y no es de caridad el caso, es justicia. No es que todos seamos buenos y nos vayamos a vivir al pueblecito sin pretender nada y sin exigir nada. Hay que exigir a ese 5% y eso no se hace encerrándose en nosotros y dejándole todo libre a ellos para que sigan haciendo lo que han hecho siempre. Al reves hay que juntarse todos los de aquí y los de allí y ponerse duros con los deshonestos que consumen gasofa por mil y enmierdan el aire por mil.

Dr. Igor Calzada, Ph.D. dijo...

Interesante. Le quiero linkear o estar en contacto con usted mediante alguna red social. ¿Está en alguna? Un saludo desde Co.Clare-Ireland.
http://www.igorcalzada.com/the-power-of-local-ennystymon-coclare-ireland-arts-cultural-festival-2011

José Fariña dijo...

Igor: lo siento, pero tengo una cierta prevención acerca de las redes sociales como sistema útil para formar pensamiento crítico. Bueno, lo he expresado mal, no es exactamente prevención, sino falta de conocimiento sobre las consecuencias de utilizar un sistema sobre el que existen poca experiencia en la formación de este pensamiento crítico. Reconozco que no tengo claro como trabajar en un medio que desborda mi capacidad de análisis, aunque también que es imprescindible hacerlo. Mientras no sepa cómo utilizar mensajes cortos e impactantes y cómo, en realidad, se conforma un pensamiento común a base de que cientos o miles de personas escriban lo primero que se les ocurra sin reflexionar ni un minuto, trataré de mantenerme como espectador y no implicarme de forma activa. No es que las desprecie (me refiero a las redes sociales), nada más lejos de mi ánimo, es que, sencillamente, no tengo el conocimiento suficiente sobre ellas para que pueda hacer algo que considere útil. Llevo tiempo intentando comprender algunas cosas de su funcionamiento pero, francamente, mido mi velocidad en años caracol (como diría Cortázar) mientras ellas miden las cosas en años luz. De esta forma no creo que alcance nunca a comprenderlas, a menos que se produzca un milagro o que giren ciento ochenta grados y podamos encontrarnos algún día. Gracias por leer lo que escribo.