domingo, 15 de mayo de 2011

Riesgos naturales y planeamiento

A lo largo de los artículos que he ido publicando estos años he comentado muchas veces la necesidad de distinguir entre sostenibilidad local y global. Pues bien, los llamados riesgos naturales solemos relacionarlos con consideraciones locales. Normalmente cuando nos referimos a cuestiones como el cambio climático o la disminución de la capa de ozono que implican cambios que afectan a una parte muy importante del planeta no solemos calificarlos como riesgos naturales en sí mismos. Hablamos de riesgos naturales al referirnos a la actividad sísmica, corrimientos de tierra, inundaciones, erupciones volcánicas, huracanes o, incluso, a veces a los incendios forestales. También a los efectos sobre áreas concretas del territorio de las cuestiones más globales como el cambio climático. Y, además, el tema de los riesgos va íntimamente asociado al de catástrofes. Pero hoy no quería escribir sobre cuestiones terminológicas sino sobre el estupor que siento cuando leo frases como “cinco centrales nucleares de las 65 operativas en Estados Unidos están construidas en zonas de alta actividad sísmica”. Y el que por ejemplo, millones de personas estén viviendo encima de una bomba de tiempo, sobre la falla de San Andrés en California, no deja de ser sorprendente.

Enfriamiento de la central de Fukushima, Japón (Telesurtv)

Debido a la serie de terremotos ocurridos hace pocos días en la localidad española de Lorca con numerosos destrozos y pérdida de vidas humanas, se ha puesto en primer plano la expresión riesgos naturales. Y eso, después de lo sucedido en Japón recientemente, ha supuesto una atención tan grande de los medios de comunicación acerca de estas cuestiones que llega a desbordar lo puramente informativo. La expresión se ha popularizado para significar un funcionamiento más o menos extraordinario de elementos de la naturaleza que no somos capaces de controlar y que produce daños en las personas o en sus bienes. Francisco Ayala-Carcedo en el libro Riesgos Naturales del que es coordinador junto con Jorge Olcina, distingue entre Riesgos Naturales, Tecnológicos, Económico-financieros o Sociales. Apunta que muchos de los tecnológicos son, en realidad, sociales. Y luego dice “Esto sucede también a menudo en el campo de la Gestión de Riesgos Naturales, bien por incompetencia, por miedo o por presunción (ver casos Nevado del Ruiz, Titanic o Biescas), una muestra más del carácter interdisciplinar, natural y social de esta disciplina”. A las de incompetencia, el miedo o la presunción añadiría también la frase “el dinero por encima de todo”. Porque el problema no está en la Naturaleza y su funcionamiento que es así, y punto. Está en la relación que se establece en el territorio con los seres humanos y los artefactos que estos producen.

Terremotos en Lorca, Murcia, España (Terra.noticias)

A nuestros alumnos de Introducción al Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Madrid siempre les ponemos una práctica que consiste en analizar un territorio y determinar (de forma muy elemental, por supuesto) la llanura de inundación del río que pasa por el área a estudiar. Sistemáticamente nos preguntan por qué buena parte de las áreas ya construidas resulta que están situadas en zonas inundables. La contestación suele ser “que eso ya estaba edificado de toda la vida”, “que hay que equilibrar la relación entre las medidas de seguridad y las posibilidades económicas”, y otras parecidas (aunque todo hay que decirlo sin mucho convencimiento por nuestra parte). Una de las primeras condiciones para conseguir sostenibilidad local es minimizar los riesgos naturales sabiendo que nunca existe riesgo cero. Aunque pueda parecer increíble, hasta hace pocos años, en los planes de urbanismo en España este tema sólo se consideraba de forma muy lateral. El punto de inflexión fue la catástrofe del camping Las Nieves de Biescas ocurrida en el año 1996. Debido a una riada producida en el mes de agosto de ese año murieron 87 personas (y 183 resultaron heridas) acampadas en el cono de deyección del torrente de Arás. La conmoción que se produjo en la opinión pública fue enorme y se tomaron una serie de medidas, algunas de gran calado, relacionadas con los riesgos de inundación.

Camping Las Nieves, Biescas, España (Danger-Radioactive)

Ahora, al ocurrir otra catástrofe como la de Lorca (esta vez de carácter sísmico) vuelve a plantearse la “necesidad de revisar la normativa”. Está claro que conforme la experiencia demuestra la insuficiencia de las medidas preventivas consideradas hasta el momento, el sentimiento de culpa hace que la sociedad se sienta obligada a hacer algo. Claro que la normativa se cambiará para hacerla más exigente, pero no creo que el problema sea de normativa. Resulta que Lorca se asienta sobre una fractura de unos treinta kilómetros, de poca profundidad, y que forma parte de la falla de Alhama que va moviéndose muy poquito (1 mm cada 10 años). Pero se mueve, y como resultado pasan cosas. Tomás Rodriguez Estrella un geólogo que conoce muy bien la falla, decía hace unos meses: “No pretendo alarmar, pero cada 100 años aproximadamente se produce un terremoto de unos seis grados, y cada 1.000, uno de siete u ocho” (El periódico.com, 14 de mayo de 2011). Supongo que los habitantes de Lorca pensarán que a ellos no tiene porque pasarles y que sería muy mala suerte que les tocara. En la catástrofe de Biescas resulta que el período de retorno de la riada fue superior a los 500 años que marca la ley actualmente en muchos sitios. Es decir, que la probabilidad de que ocurriera algo así era de medio milenio ¿cómo los técnicos que autorizaron la instalación del camping podían imaginar que iba a sucederles a ellos (precisamente a ellos) en lo que les restaba de vida?

Chile, 2010, terremoto de 8,8 grados (AER)

Hasta puedo comprender la autorización de un camping. Es decir, de una instalación provisional que, si en un momento dado entra en conflicto con una normativa más exigente pueda cambiarse de sitio sin apreciables problemas. Sin embargo la urbanización de un territorio es algo muy diferente. Se hace con vocación de permanencia. Desde el punto de vista de la sostenibilidad global la reversibilidad de una actuación urbanizadora es tan costosa que debería evitarse en la medida de lo posible. Normalmente, cuando hablo de planeamiento, suelo decir que en una situación de incertidumbre como la actual la única norma debería ser conseguir actuaciones lo más reversibles que seamos capaces por si en unos años es necesario cambiar de rumbo. Pero resulta que la actividad urbanizadora es, precisamente, de las menos reversibles que se pueden llevar a cabo sobre nuestros territorios. En estas condiciones, la cuestión de los riesgos naturales adquiere otra dimensión distinta. Así como para un edificio el período vital se podría cifrar en decenios, para una ciudad o para cualquier asentamiento importante el orden de magnitud sería de centenas o de miles de años. Pero se sigue construyendo en las ramblas, en las fallas, en las zonas volcánicas activas o en las áreas de costa expuestas a crecidas importantes (bien debidas al cambio climático o a maremotos).

Corrimiento de tierras en Italia (Planeta en Peligro)

Decía en párrafos anteriores que el problema no es de normativa. O por lo menos de la normativa con la que contamos hoy en este país. Si nos fijamos en la actual Ley del Suelo española, el texto refundido aprobado por Real Decreto Legislativo 2/2008 dice en su artículo 15: “1. Los instrumentos de ordenación territorial y urbanística están sometidos a evaluación ambiental de conformidad con lo previsto en la legislación de evaluación de los efectos de determinados planes y programas en el medio ambiente y en este artículo, sin perjuicio de la evaluación de impacto ambiental de los proyectos que se requieran para su ejecución, en su caso. 2. El informe de sostenibilidad ambiental de los instrumentos de ordenación de actuaciones de urbanización deberá incluir un mapa de riesgos naturales del ámbito objeto de ordenación”. Esta exigencia ya venía reconocida en la legislación desde el año 2006 cuando se aprobó la Ley 9/2006, de 28 de abril, sobre evaluación de los efectos de determinados planes y programas en el medioambiente, que transcribía la directiva comunitaria Directiva 2001/42/CE. Por tanto es obligatoria una evaluación ambiental con un informe de sostenibilidad que incluya un mapa de riesgos naturales.

Tragedia del volcán Nevado del Ruiz, Colombia, 1985 (Pamplomax)

A raíz de lo ocurrido en Biescas se formó una comisión especial en el Senado español sobre la Prevención y Asistencia en Situaciones de Catástrofe que, en el año 1998 elaboró un informe que alertaba sobre la necesidad de cartografiar los riesgos (básicamente inundaciones, sismología y volcanismo). Todo el informe es muy interesante y debería ser de obligada lectura en todos los cursos de planificación urbana y territorial de este país. Al final de la columna pueden encontrarse los enlaces para conseguirlo. A pesar de que esta cartografía nunca llegó a realizarse de forma generalizada, pienso que las propuestas son todavía válidas. El problema es que, como tantos otros aspectos, la organización territorial del Estado Español dificulta algunas cosas. Por ejemplo, para el riesgo de inundaciones es fundamental la consideración unitaria de la cuenca hidrográfica. Pero resulta que, excepto el caso del Guadalquivir, la mayor parte de las grandes cuencas hidrográficas de este país no se corresponden con las divisiones autonómicas. Como tantas veces hemos señalado para el caso de la planificación y gestión territorial resulta que las divisiones administrativas, entre países o de otro tipo, no se corresponden con las naturales (ni tan siquiera con las sociales y económicas) lo que produce disfunciones.

Plan de prevención de riesgos naturales por inundación
Ejemplo de Villeneuve-les-Béziers (Francia)
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Por su parte las Comunidades Autónomas también han legislado y han planificado en estos temas. En la materia relativa al riesgo de inundaciones Andalucía, Aragón, Baleares, Cataluña, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, el País Vasco, Valencia, cuentan con planes de protección civil. Respecto al riesgo sísmico son menos las que han legislado algo: Baleares, Cataluña, Murcia y el País Vasco. Sería interesante tener algún sistema como el francés que abarca todo el territorio de la nación delimitando dos áreas (a partir de la ley del 95, antes eran tres): de riesgo, donde está prohibido construir aunque puede autorizarse en casos justificados; y sin exposición directa, donde lo que se haga puede agravar los riesgos. Ya puede comprenderse la dificultad de conseguir algo así cuando las competencias en planeamiento urbano y ordenación del territorio son de las Comunidades Autónomas. Todo ello independientemente de la existencia de muchas iniciativas puntuales. En Cataluña se ha planificado una zonificación de las áreas inundables en función del riesgo. En la Comunidad Valenciana ya está incluso revisado el Plan de Acción Territorial de Riesgo de Inundaciones (PATRICOVA) y se están elaborando otros sobre riesgo sísmico, de sequía, sobre deslizamientos y hundimientos o de incendios. También otras comunidades como el País Vasco están trabajando en estos temas.

El Saladar según el PATRICOVA valenciano (Xabialdia)

Por su interés me gustaría detenerme, aunque solo sea un momento, en el caso de Cataluña y su regulación del uso de los espacios fluviales. En el artículo 6 de la Ley de Urbanismo aprobada por decreto 305/2006 de 18 de julio se distinguen tres zonas: la fluvial (el río y zonas inundables con período de retorno de 10 años); la del sistema hídrico (con período de retorno de 100 años); y de episodios extraordinarios (período de retorno de 500 años). Pues bien, en la fluvial el planeamiento urbanístico no puede permitir ningún uso, excepto aquellos previstos en la legislación aplicable en materia de dominio público hidráulico. En la correspondiente al sistema hídrico “no puede admitir ninguna nueva edificación o construcción ni ningún uso o actividad que suponga una modificación sensible del perfil natural del terreno, que pueda representar un obstáculo al flujo del agua o la alteración del régimen de corrientes en caso de avenida” (art. 6.3). Se permiten algunos usos compatibles como los agrarios (pero no las construcciones), parques o infraestructuras siempre que no impidan el flujo del agua. La zona de episodios extraordinarios se subdivide a su vez en otras tres según la probabilidad de inundación: grave, moderada o leve. En la primera las condiciones son muy estrictas y se van relajando hasta llegar a la leve.

Espacios fluviales en Catalunya (Agencia Catalana del Agua)

También el Instituto Geológico y Minero de España ha elaborado una serie de mapas sobre riesgos geológicos. Son de muchos tipos y podríamos agruparlos según el ámbito: unos son de ciudades y municipios y otros autonómicos. También los hay temáticos, centrados en la erosión, volcanismo, sismicidad, movimientos del terreno o inundaciones, frente a los integrados o multiriesgo que agrupan varios factores de riesgo. Asimismo el llamado Plan PRIGEO realizado por hojas del MTN50 o el MTN25 y núcleos urbanos acerca de sismicidad y tsunamis, avenidas e inundaciones, movimientos de tierras, volcanismo y dinámica litoral. También diferentes comunidades autónomas e incluso la administración central han elaborado guías para realizar estudios de riesgos naturales. Por ejemplo, la Guía Metodológica para la elaboración de cartografías de riesgos naturales en España publicada por el Ministerio de Vivienda y el Colegio Oficial de Geólogos. Y en muchos países latinoamericanos como en Perú o Chile. En definitiva, a pesar de las disfunciones señaladas en párrafos anteriores existe la legislación y la información suficientes, o en su defecto la metodología necesaria, para hacer frente de forma razonable a esta cuestión. Entonces, la pregunta es evidente ¿qué es lo que no funciona?

Instituto Geológico y Minero de España
Susceptibilidad a deslizamientos y desprendimientos

Porque algo no debe de funcionar cuando, a pesar de la existencia de una norma sismorresistente que todos los arquitectos españoles conocen se producen daños, y lo que es peor con víctimas, como los de hace unos días en Lorca. Se podrá decir que la norma se refiere exclusivamente a la estabilidad de la estructura y que el resto del elementos de los edificios no están regulados. Y que, además, resulta que precisamente estos elementos son los que han producido los problemas y las muertes. Pero llama la atención el elevado número de edificios con daños estructurales. También para un período de retorno para los cálculos es de 500 años, la totalidad de Almería y Granada, y parte de Alicante, Murcia y Málaga están en zona 7 de intensidad sísmica y una parte más pequeña de Murcia y Alicante, así como la mitad de la provincia de Granada están en zona de intensidad 8. Aunque el mapa sísmico de la norma sismorresistente clasifica el territorio español según la llamada aceleración sísmica el mapa se corresponde aparentemente con el mapa de peligrosidad sísmica con un período de retorno de 500 años que el IGN publicó en el 2003 ¿Cómo es posible que un terremoto de intensidad escasamente superior a 5 haya producido daños tan desproporcionados? Por supuesto que no voy ni a intentar responder a un pregunta que rebasa ampliamente mis posibilidades pero sí quería destacar este hecho para argumentar lo que sigue.

Peligrosidad sísmica en España (IGN)
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En otras ocasiones he escrito sobre la vocación del territorio y, siguiendo a Unwin, la necesidad de que el urbanista, el planificador o el arquitecto se acerque con respeto a su conocimiento. Acercarse con respeto quiere decir, como mínimo, no violentarlo. Estoy de acuerdo que, en muchas ocasiones, la violencia planificadora se produce por desconocimiento tanto de su funcionamiento como de las consecuencias de la actuación. Pero ello no exime a nadie de culpa. A veces es imprescindible que uno de los componentes de un equipo de planificación sea geólogo (o médico, o ecólogo, o ingeniero agrónomo, según los casos) para que explique a todo el grupo qué cosas son relevantes en el área que está organizando y cuáles son los procesos que subyacen. Es decir, es imprescindible contar con la información necesaria para tomar las decisiones adecuadas. Y esto, en algunos casos, no es así. Se habla de la necesidad de formar equipos multidisciplinares una y otra vez, pero lo cierto es que no siempre se acierta con su composición. Tampoco hoy es el día para hablar de este tipo de equipos, cómo se deberían de formar y cómo elegir a los profesionales que los componen porque, básicamente, depende del territorio y del tema al que se enfrente el plan. Sólo querría apuntar que debería estar constituido por tres grupos: uno de carácter más analítico que sería el encargado de suministrar información elaborada, otro con experiencia en el proyecto que fuera capaz de convertir esta información en propuestas, y un tercero que se encargara de integrar a la ciudadanía en el plan.

Nueva Orleans, el desastre del Katrina (Nova Science Now)

Aún con todo esto funcionando como un cuento de hadas, la sociedad en general debería ejercer la labor de fiscal defendiendo a todos para que localmente no se tomaran decisiones que permitieran trasvases de valor de lo colectivo a lo particular. Trataré de explicarlo lo más rápidamente que pueda. Supongamos que tenemos el territorio a planificar dividido en tres grandes zonas como hemos visto para el caso francés, o en cuatro como en Cataluña para las inundaciones. En ambos casos hay un suelo que no está afectado por riesgos “según el estado actual del conocimiento”. Y otra parte en que los riesgos son más o menos probables. Si la propuesta del plan es urbanizar en la zona sin riesgos conocidos o de riesgo muy débil se acabó el problema. La pregunta es ¿por qué se urbanizan las zonas de riesgo? La respuesta suele ser económica. Porque es más barato realizar las infraestructuras, porque al suelo le pasa lo mismo, porque las plusvalías son mayores. La justificación suele ser también parecida. O bien que la relación entre los costes de hacerlo en otro sitio respecto a que aquello se inunde de vez en cuando es muy favorable a que se inunde de vez en cuando, o que se pueden modificar los riesgos introduciendo medidas correctivas.

Dibujo de El Roto (El Pais), foto (Elblogoferoz)

Prefiero ni comentar la primera justificación porque es tan evidente el trasvase que se produce de lo general a lo particular que casi sonroja. Total, que más da que se inunde de vez en cuando si resulta que luego el país, la comunidad o el ayuntamiento correspondiente, además de las almas caritativas que socorren a los desvalidos, van a ir en auxilio de los damnificados. Y esto sin contar que las presiones de éstos van a obligar a introducir “medidas correctoras” a cargo de todos como, por ejemplo, poner diques en los márgenes o regular el caudal mediante embalses de tormenta. Claro, los que han obtenido unas plusvalías espectaculares ya las tienen en las Caimán, Gibraltar o Suiza. Respecto a las medidas correctoras pre o post urbanización hay abundantes estudios que demuestran que lo único que hacen es conseguir que el desastre sea más espaciado pero con unos daños mayores. El caso tópico es el de las zonas inundables con períodos de retorno de cinco años que, mediante medidas de este tipo, se convierten en zonas inundables con períodos de retorno de treinta años. Esos territorios tienden a colmatarse y cuando se produce la catástrofe es todavía peor que las que se producían cada cinco. Se vuelven a pedir más medidas correctoras y los diques se elevan con lo que la catástrofe se produce con períodos de cien años pero los daños se multiplican por mil. El esquema que se recoge abajo incluido en mi libro La ciudad y el medio natural (otra vez perdón por la autocita) y que, originalmente es de Costa y Baker probablemente lo explique mejor.

Imagen de mi libro “La Ciudad y el Medio Natural”

Nunca terminaré de entender muy bien la mecánica del proceso. Comprendo el trasvase monetario de la bolsa común a los bolsillos particulares. Incluso que para conseguirlo el especulador (que en estos casos puede llegar a adquirir la categoría de criminal) muchas veces cuente con la complicidad de los propios afectados que cierran los ojos a las advertencias o piensan que ya solucionarán sus problemas los demás. Pero bastantes veces ¡ni tan siquiera esto se produce! Son casos de pura ineptitud (la incompetencia a la que se refería Francisco Ayala-Carcedo en la cita que hacía al comienzo del artículo). Por supuesto que ahora no me estoy refiriendo a otro problema dramático. Las “tomas” de tierras en muchos lugares del mundo que generalmente se producen en zonas de dominio público que suelen coincidir con áreas de riesgos importantes constatados: inundaciones, deslizamientos, volcanismo o terremotos. La necesidad de vivienda y el drama de no poder acceder a ella obligan a muchas personas a vivir en peligro permanente. Ni tampoco a la ciudad heredada que se ha construido en unas condiciones concretas y unas necesidades que ahora están resueltas (como la obligada cercanía a un curso de agua). Pero esto no tiene que ver con el objeto de esta columna. Hoy sencillamente he tratado de destacar el hecho de que el territorio no es un elemento abstracto, una superficie horizontal, una hoja en blanco sobre la que podemos dibujar a nuestro antojo. Es algo vivo, con unas características que se concretan en forma diferente según el lugar, con una vocación, unas limitaciones y unas propiedades que nos indican (unas veces más claramente y otras menos) como debe ser la relación con nuestras necesidades de urbanizarlo. El urbanista, el arquitecto, el ingeniero, el planificador físico que no lo entienda así, lo mejor que pueden hacer es dejarlo y dedicarse a otra cosa. Todos saldremos ganando.


Materiales utilizados
  • Ayala-Carcedo, F: "La ordenación del territorio en la prevención de catástrofes naturales y tecnológicas. Bases para un procedimiento técnico-administrativo de evaluación de riesgos para la población", Boletín de la AGE, nº 30, pp. 37-49, 2000.
  • Ayala-Carcedo F J y Olcina Cantos F, coordinadores: Riesgos naturales, editorial Ariel, Barcelona, 1ª edición: octubre 2002.
  • Decreto 305/2006, de 18 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley de Urbanismo de Catalunya. Puede consultarse en este enlace.
  • Grupo de trabajo GT-RIES: Mapas de riesgos naturales en la ordenación territorial y urbanística, documento final, CONAMA 9, diciembre 2008. El documento puede obtenerse en este enlace.
  • Informe de la comisión especial del Senado español sobre la Prevención y Asistencia en Situaciones de Catástrofe. Puede consultarse en el Boletín Oficial de las Cortes Generales correspondiente a la sexta legislatura del Senado, nº 596 publicado el 9 de diciembre de 1998. Este es el enlace a este informe.
  • Ministère de l’Écologie et du Développement durable: Cahier de recommandations. Sur le contenu des PPR, France, janvier 2006. Puede obtenerse en pdf en este enlace (El documento está en francés).
  • Olcina Cantos, J: "El tratamiento de los riesgos naturales en la planificación territorial de escala regional", Papeles de Geografía, 51-52, pp. 223-234, 2010.
  • Regueiro M. (ed.): Guía Metodológica para la elaboración de cartografías de riesgos naturales en España. Ministerio de Vivienda y Colegio Oficial de Geólogos, Madrid, 2008.
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10 comentarios:

Anónimo dijo...

Tengo la impresión de que este artículo peca de cierto optimismo, pues parte de la premisa de que todos los desastres naturales podrían evitarse por medio del planeamiento urbanístico o el análisis científico, en definitiva: por medio de la razón.

Se sugiere, si no lo he entendido mal, que deberían delimitarse las áreas urbanizables del territorio como la intersección de todas aquellas áreas exentas de riesgos naturales, o de aquéllas con un umbral de riesgo lo suficientemente bajo. Pero este último parámetro en sí mismo resultaría ya muy difícil y paradójico de establecer, pues si se prohibiera edificar en una zona con cincuenta años de período de recurrencia de un riesgo, ¿por qué no habría de hacerse en una de cien? Y aunque se estableciera en diez mil años el límite lo bastante seguro, eso no sería óbice para que, alguna vez, una gran catástrofe se diera, moviendo a los urbanistas del momento a preguntarse, igual que ahora, qué es lo que falla.

De igual modo, con el mismo criterio con el que alguien podría determinar que no se construya en la zona de actividad sísmica española, debería esa misma persona aconsejar despoblar, siguiendo el mismo criterio, Italia entera, o prácticamente toda ella, afectada de un riesgo más alto que las zonas de más riesgo que tenemos aquí.

Por otra parte, podría intentar establecerse una normativa extraordinaria para que los edificios y las ciudades soportaran los riesgos, por bajos que sean (de uno cada cincuenta/cien años, por ejemplo), en el momento en que se den. Pero, ¿no tendría esto un sobrecoste desproporcionado, algo que ya no sería una cuestión de obtener el máximo beneficio sino de comprometer la viabilidad económica del país en sí? La pregunta es, ¿hasta qué punto es viable invertir en riesgos que con poquísima probabilidad podrían producirse? Podría llegar a ser como si alguien gastara un porcentaje sustancial de su escaso sueldo en un seguro de vida específico para macetas que caen de los balcones (desgraciada muerte para la que también podría establecerse un "periodo de recurrencia" X).

En ese aspecto, Japón nos ha dado un ejemplo apabullante, con la construcción antisísmica probablemente más evolucionada del mundo, y esas imágenes de los edificios balanceándose como si fueran flanes. Sin embargo, ni toda esa tecnología le ha bastado a Japón para evitar la desgraciada pérdida de miles de vidas o para evitar una catástrofe nuclear. Ojo, porque se trataba de un caso donde los riesgos estaban perfecta y científicamente cuantificados, afrontados y previstos.

En definitiva, creo que por supuesto es importantísimo el papel del planeamiento para no habitar de forma bárbara, por ejemplo, una riada, para establecer una racionalidad que evite asumir más riesgos de los consustanciales al género humano, al hecho mismo de habitar. Pero también creo que las catástrofes seguirán produciéndose con planeamiento o sin él, y que nosotros jamás seremos del todo indemnes ante ellas, por lo que quizá sólo tenga sentido "hacer enmienda" cuando la desgracia se derive de algo que fácilmente podría haberse evitado, y no cuando sea producida por la Naturaleza, de forma súbita, en esos periodos de cientos de años.

Quizá sería más honesto reconocer que estamos vendidos. Que por mucho avance científico y muchas prestaciones tecnológicas que ahora tengamos, seguimos siendo impotentes cuando habla la Naturaleza. Me llama mucho la atención el hecho de que los únicos que saben anticiparse a los terremotos sean los propios animales, sin que los científicos hayan encontrado aún una explicación para ello. Quizá sea un exceso de optimismo pensar que llegaremos al punto en que la Naturaleza, por mucho que ruja, no nos afecte. Creo que aún estamos demasiado lejos.

Un saludo

José Flores dijo...

El tema de los riesgos es complicado por eso nadie quiere emplearse a fondo y posicionarse claramente. Yo tampoco estoy muy seguro de lo que voy a decir pero no me resisto a hacerlo.

La primera cosa que se me ocurre es que no hay ningún lugar en el mundo en el que estemos libres de algún riesgo natural. Se me ocurre por ejemplo la caída de un meteorito una tormenta con rayos o un huracán. Por tanto el riesgo cero en este aspecto no existe.

La segunda es que hay lugares que cuentan con todas las papeletas para que en algún momento les toque en la rifa de riesgos alguna catástrofe gorda. Y esto es bastante conocido de forma que no se pueden cerrar los ojos ante la evidencia.

Lo que parece absurdo es colocar una central nuclear en uno de estos lugares en los que se sabe que más pronto que tarde va a pasar algo. En lugar de colocarla en otro que aunque no sea de riesgo cero la probabilidad de que pase algo es mucho menor. Si no se hace así estoy de acuerdo en que es debido a temas que normalmente tienen que ver con la economía.

Cuando estamos ante una ciudad consolidada y ya construída el razonamiento es más complicado porque intervienen otros factores como los culturales o las sinergias de aglomeración. Pero aún en estos casos el conocer que zonas pueden ser más afectadas y cuales menos puede ser importante para miniminar los daños o las desgracias si ocurre la catástrofe.

Me parece que los riesgos y no sólo los naturales tienen que ser considerados en el planeamiento como una variable más o menos importante según las consecuencias que se deriven de que ocurra una catástrofe y la probabilidad de que ocurra. Como siempre en esta materia hay que conciliar mcuhas fuerzas opuestas. Pero estoy totalmente de acuerdo en que no considerar los riesgos con el argumento de que "igual no se produce la catástrofe" o "si los consideramos no es rentable" es una falta de sentido común.

La gente que va a habitar esas zonas tiene que ser consciente del proceso azaroso al que van a estar sometidos. Me parece que en buena parte de los casos este conocimiento se le hurta. O por lo menos se minimiza.

Y respecto a la rentabilidad habría bastante que decir empezando porque no se internalizan todos los costes. En buena parte de los casos la rentabilidad aparece porque el país entero asume costes que deberían de corresponder a los que se instalan en lugares donde no deberían haberse instalado nunca. Es decir habría que responder a la pregunta ¿rentable para quién?

Resummiendo: el planeamiento no puede ser ajeno a este tema. Incluso tendría que considerarse de forma prioritaria frente a otros a los que normalmente se les da una importancia que no tienen. Y por supuesto tal y como se dice en el artículo el territorio no puede mirarse simplemente como un plano preparado para ser arrasado y posteriormente urbanizado sino como la base que hace posible esta urbanización. Base de la que hay que conocer las ventajas y las desventajas que nos ofrece.

Anónimo dijo...

No se debería permitir poner instalaciones peligrosas en lugares de alto riesgo, ni urbanizar las áreas de naturaleza protegida, ni eliminar los lugares de alto valor agrícola, ni cargarnos el patrimonio cultural, ni declarar como urbanizables territorios sólo por presiones especulativas, ni romper la ciudad en pedazos y dispersarlos por el territorio, ni favorecer la propiedad de la vivienda frente al alquiler, ni permitir que se construyan edificios emblemáticos con un alto coste energético, ni que los corruptos salgan elegidos como nuestros representantes. Pero lo permitimos. Asco de sociedad.

Anónimo dijo...

Bueno, yo estando en parte de acuerdo con la entrada de Fariña, y con el primer comentario anónimo diré que el ser humano peca de ser fuertemente egocentrista.

Lo único que importa es nuestra superviviencia. Al coste que sea.

La naturaleza plantea el mecanismo de la vida como un "continuum", en el que los descendientes de la especie vienen a sustituirte en funciones. No como una aglomeración de individuos de la misma especie que arrasan con los recursos del planeta.

Creo que desde la disciplina del Urbanismo, el haber sopesado las zonas de menor riesgo de catástrofes naturales donde urbanizar, era una tarea de 30 años atrás a esta parte, que es cuando más se ha urbanizado en la historia de la Península, y probablemente esta coyuntura no se vuelva a dar jamás. Luego con esto quiero decir, que llegamos tarde (otra vez).

¿De qué nos serviría ahora imponer normas estrictas respecto a la urbanización y las catástrofes naturales?quiero decir, ¿a qué porcentaje del urbanismo total llegarían a afectar? Y lo mejor, ¿qué solucionaría eso? Las zonas ya construidas no podrían moverse, luego tendríamos los mismo riesgos sobre ellas.Resumiendo: lo que se haya hecho mal, por desconocimiento, por intereses ocultos o por lo que sea, hecho está; y las catástrofes que sobre ellas tengan que acontecer, acontecerán.Y el coste que de ello de derive al bolsillo de todos, pues derivado estará. La lección que hay que aprender es que las cosas hay que hacerlas bien, no porque alguien sea un bicho raro, incorrompible y "que va de responsable", sino porque las cosas tienen consecuencias, y muchas veces económicas y para todos, durante mucho tiempo. Pero parece que la gente se resiste a convertirse en gente consciente y responsable, pues nada, pagaremos todos.

Ese es otro tema, parece que el ser humano se asombra de un signo mínimo de presencia de la Naturaleza...No se, es que vivimos dentro de ella, formamos parte de ella, y no podemos irnos a otro lugar, es nuestro hábitat, luego me asombra el desconocimiento del alcance de la Nauraleza sobre el ser humano. Máxime cuando el caso de Lorca podría haber ocasionado muchísimas más muertes y daños. De todos modos, la Naturaleza sigue tratándonos muy muy bien, si nos devolviera la mitad de lo que le hacemos a ella, probablemente no estaría tecleando para este blog. Tengamoslo presente, todavía hay que estarle muy agradecidos.

Por otro lado creo que el Planeamiento o el Urbanismo, o la gestión del Territorio en general, tiene un reto muy superior al de pretender prevenir daños de catástrofes naturales sobre sectores parciales del urbanismo nacional, en realidad, no es que se trate de un reto muy distinto, porque de él se derivan también situaciones igual de catastróficas que un terremoto en mal momento; me estoy refiriendo al urbanismo que desatiende delitos urbanísticos de cualquier índole, atentados al medio ambiente, construcciones ilegales...¿alguien paga por los daños que ocasionan estas catástrofes?¿quién valora las cuantías que se deben abonar a los damnificados por estas situaciones igualmente catastróficas?

(continua)

Anónimo dijo...

NO me gusta la ley del suelo que hay en España, entre otras cosas ha sido el marco perfecto para desarrollar el sistema especulativo con el suelo, pero la única cosa que tenía bondadosa, era que en principio, fuera de la línea de urbanizable se ponían muchas trabas a la construcción, y por tanto se preservaba el entorno tras la línea; tampoco se ha hecho, es decir;hemos conseguido lo peor de cada casa: lo peor del sistema de acotación de suelo urbanizable (convertirlo en un bien escaso en momento de alta demanda, con lo cual el precio era de lujo) y no preservar el "otro lado de la línea" (que precisamente es el "problema" o inconveniente del sistema contrario a al que habíamos adoptado en España, que todo el suelo es urbanizable y el resultado de la actividad constructiva se presenta "sin aparente orden, control o protección sobre el medio"). Luego, ¿alquien me puede explicar qué hemos conseguido?.

Por otro lado diré que en España el dominguero de caseta en el campo es especialista en ubicar su "chamizo ilegal" en lugares de alto riesgo de catástrofes naturales. Conozco el caso de una caseta ilegal bajo un peñasco de barro y piedra que amenazaba con caerse desde que el Planeta es Planeta. El señor construyó su casa debajo, y durante años no pasó nada, pero un día llovió y el peñasco cayó sobre parte de su vivienda...¿quién paga ahí los destrozos?¿la Administración también?

Por mi pueblo natal pasa el Ebro. Muchas personas han construido casas, viviendas, chalets, parcelas de ocio y otras cuestiones ilegales, en la vega del río, es decir, en la llanura de inundación. El Ebro tiene riadas cada 5 años aproximadamente que llegan hasta las contenciones actuales, cada 50 años inunda parte del valle, y cada 5 siglos inunda el total del valle...Esto se sabe.Nunca pasa nada porque desde la pequeña alcaldía del Barrio se cuidan muy mucho de mantener las motas cuidadas y de que no entre ni una gota de agua a esta zona, porque cada gota de más sería un voto de menos, o un problema de más. ¿Quién responde por esta actitud urbanística imprudente doblemente? Doble porque primero el ciudadano actúa irresponsablemente, segundo porque la Administración le extiende la alformbra roja...

¿quién se tiene que responsabilizar de que la conducta de la ciudadanía se torne caprichosa y arbitraria, cuando no temeraria? ¿quién se tiene que responsabilizar de la desidia de la Administración, de la corrupción y sus efectos a medio y largo plazo? ¿quién paga porque el ciudadano se mantenga en el papel de niño malcriado y la Administración en el de Padres consentidores?

¡Decidme!¿quién?

No es una cuestión (sólo) de catástrofes naturales, es una cuestión de catástrofe social.

Un saludo,
Adri

Ramón dijo...

Quiero ser breve en mi comentario y de la lectura del artículo saco una conclusión: Falta decisión política. Porque digo esto, porque a pesar de la numerosa normativa y además cambiante, no queda reflejada en los instrumentos de ordenación que al fin y al cabo son los que se ocupan de la ordenación del territorio y que son aprobados por ayuntamientos y comunidades autónomas. Como bien se ha indicado, las catástrofes se dan según la localización y el nivel de preparación. En Japón a pesar de u preparación les ha pasado algo impensable para ellos. En nuestro país ni quiero pensar en lo que hubiera ocurrido.
Si podemos observar año tras año, las innumerables inundaciones que se producen en nuestra geografía, y en las soluciones que se dan, y no solo desde la planificación urbanística, sino desde el punto de vista de la solución a un problema existente.
Aproximadamente en los años 50 en la zona de California pasaba lago parecido lluvias torrenciales que arrasaban todo por eso, y la cinematografía es esplendida en ejemplos podemos ver esos canales enormes y casi siempre secos. Otras soluciones más modernas ha sido incluir esos "canales" como elementos de parques, como una alfombra de césped donde el ciudadano pude disfrutar del territorio.
Para finalizar, siempre es mejor la prevención que la curación y es determinante conocer los factores de riesgo por improbables que parezcan.
Hace un par de años, en Ciudad Real, se produjo un incendio a 9 km del núcleo urbano, por las condiciones y dirección del viento llegó hasta la ciudad pero un cambio de viento propició que la rodeara ¿suerte?

Eduardo dijo...

Uno de estos días por la mañana oí en la radio un programa sobre el terremoto de Lorca al que invitaron a dos geólogos y un representante de las aseguradoras. Decían que habían invitado también al colegio de arquitectos de Murcia que había declinado la invitación a pesar de la insistencia de los organizadores del programa. A pesar de que la presentadora intentó una y otra vez que los "coloquiantes" entraran al trapo incluso con preguntas directas tales como: ¿no pensáis que la población está poco informada sobre los riesgos? o ¿por qué se construye en zonas de alto riesgo? ninguno de los participantes dijo nada. Me parece una vergüenza la cobertura informativa que se le da a estos temas centrándola exclusivamente en los aspectos emotivos para conseguir audiencia y excluyendo la crítica. El caso de Lorca es más difuso pero por ejemplo en el caso de las inundaciones el enfoque no tiene nombre ¿es que a nadie se le ocurre por qué unas partes del mismo pueblo o ciudad resultan sin ningún daño y otras siempre las mismas año tras año son las damnificadas? ¿por qué se ha permitido construir en estas zonas? ¿quién lo ha permitido? ¿es que no hay responsables? ¿por qué tenemos que pagar entre todos los daños cuando es responsabilidad de personas concretas que ni se mencionan? ¿por qué la cartografía de riesgos no es vinculante? ¿a quién beneficia que tengamos que soportar las quejas de los habitantes de estas zonas que le hechan la culpa a que las autoridades no canalizan o entuban o limpian o toman unas medidas que se sabe son imposibles de tomar o que tienen unos costes desproporcionados cuando nunca se debería haber permitido edificar en esos sitios? ¿A QUIÉN VAMOS A VOTAR HOY?

José Fariña dijo...

He estado viajando parte de estos días y no he tenido tiempo de atender el blog adecuadamente. Pero hoy sí y la lectura detenida de todos los comentarios me ha llevado a reflexionar algunas cosas que intentaré precisar lo más concisamente que pueda. La primera es que, por supuesto no existe el riesgo cero en ningún sitio. Estoy totalmente de acuerdo. La segunda es que no hay duda de que existen determinadas zonas con más probabilidad que otras de que ocurra una catástrofe. Y algunas con una altísima probabilidad de que ocurra. Lo que parece fuera de toda lógica y racionalidad es que se urbanicen precisamente estas. Siguen sin ocurrírseme más que dos cosas por las que se hace: por ineptitud y desidia (que viene a ser lo mismo) o por especular con el suelo. Con ello no digo que el especulador sea siempre "el corrupto forrado de millones", puede ser el pobrecito "aprendiz de especulador" cuyo héroe es "el corrupto forrado de millones" (como es su héroe luego le vota). En cualquier caso muchas veces no es necesario hacer complicados estudios para saber hasta donde llega una llanura de inundación (cualquier agricultor lo sabe). Además hay un hecho cierto como dice Eduardo: en la misma ciudad hay zonas que no sufren nunca casi nada mientras que otras lo sufren casi todo. Y no se me diga que no se sabe cuales son. Eduardo, la respuesta no está en el viento: ya se sabe a quién han votado los españoles el otro día. Claro que hay otros acampados por ahí en las plazas de este país o en los sitios donde les dejan (cuando les dejan), que directamente pasan porque entienden que es inútil hacerlo.

Anónimo dijo...

Buenos dias prof!

Hoy no escribo como Pilar la doctoranda absorta con este blog, hoy casualmente escribo como la Lorquina que soy y que lleva desde 2011 esperando a la finalizacion de la reconstruccion de su casa. (Con esto no quiero adoptar una pose victimista, cosa que no creo que sirva para nada, quiero aclarar ciertos aspectos con los que estoy muy de acuerdo con usted).

Primero de todo hablaré del territorio y el mal uso que hacemos de nuestros recursos naturales. (Quiza por desconocimiento, si, pero un Lorquino debe, ante todo, conocer Lorca, su geografia y su historia.. Que menos!)
Lorca, y el entero valle del Guadalentín y adyacentes, son zonas de sobreexplotación agrícola a niveles desorbitados (los plasticos se ven desde el espacio) a pesar de no ser una zona que brille por su cantidad de agua.... Esto nos ha llevado a ser los eternos mendigantes de agua a otras comunidades, moneda de cambio muy atractiva para algunos, pero sobre todo, nos ha llevado a un uso desmesurado del agua de nuestros queridos acuíferos, que llevaban almacenándola desde vaya usted a saber cuando, hasta casi agotarlos. Este dato puede resultar poco relacionado con el tema pero si pensamos en enormes bolsas bajo el suelo lorquino, que estaban llenas de agua y por tanto absorbían impacto, que pasaron a estar vacías, huecas.... Podemos con facilidad imaginar como aumento la vibración por este tema.... De hecho se vio en el desastre.

Segundo, hablar de que fueron los edicifios mas nuevos y fruto de la epoca de la burbuja los mas afectados, cosa que en mis labores de ayuda en el ayuntamiento pude comprobar, asi como conocer de primera mano que ciertos personajes fueron colocandose a si mismos puntos verdes y amarillos en edificios que eran rojos o negros con todo lo que ello conllevaba.... (En las primeras revisiones de urgencia los tecnicos nos calificaban los inmuebles segun la gravedad en verde, amarillo, rojo o negro. Se puede entrar sin problemas, se puede entrar a recoger cosas pero hay daño estructural, daños graves, no se puede pasar y demolicion directa, ruina). Aqui vengo a decir que como arquitectos hemos hecho autenticas y verdaderas chapuzas vergonzosas olvidando que trabajamos al servicio de la sociedad y preocupandonos solo por don dinero...

Tercero, que fue un terremoto atípico. Por lo visto los terremotos son como un punto de fuerza que como si fuera el vertice de un cono va extendiendo la fuerza conicamente hasta la superficie y el impacto se siente en toda esa seccion de cono. El de Lorca fuende 5,2 pero tan superficial que toda la fuerza del impacto se concentro en un area muy pequeña, la ciudad de Lorca basicamente.

Finalmente, obviare la parte del tema de la falta de un gabinete que medie entre vecinos, aseguradoras, administracion, constructoras, bancos, etc... En todos estos casos. Estas vendidito cuando te pasa algo asi, y mucho mas si estas pagando una hipoteca de una casa que no tienes....

Concluyo por tanto diciendo que no, no podemos evitar las catastrofes ni su magnitud, pero, cuando ocurre una catastrofe y hay perdidas humanas y materiales, ¿quien tiene la culpa (no me gusta esta palabra pero 'responsabilidad' no me encaja aqui muy bien)? ¿La catastrofe o nuestra mala praxis (bien como tecnicos, bien como desconocedores del territorio o como irresponsables)? Puedo aventurarme a decir que hace mas daño lo segundo que lo primero....

Un saludo profesor, estoy descubriendo un mundo nuevo con este blog, gracias.

Pilar Lopez

José Fariña dijo...

Pilar: voy a ser parco en la contestación porque estos teclados táctiles que tengo que usar cuando estoy fuera... Las catástrofes son inherentes a la naturaleza. Por tanto tienen siempre un punto de imprevisibles. Lo que sucede es que qué, cuando sabemos que por una rambla va a pasar el agua resulta absurdo colocar en ella una vivienda. O cuando incrementamos los riesgos con determinadas actuaciones antrópicas (rellenando esa rambla para que pase una carretera con lo cual el agua va a pasar por otros sitios donde nunca antes ha pasado, anegándolos). En ese caso a mí me gusta hablar de responsabilidades, incluso penales, para los que (a sabiendas) permiten determinadas actuaciones que incrementan los riesgos. Para que te hagas una idea: determinadas comunidades autónomas tienen hasta el 30% de su suelo urbanizable en zonas inundables para períodos de retorno de cincuenta años. Esto es sencillamente vergonzoso y los responsables (no culpables) de tal dislate deberían asumir las consecuencias. Sería un largo debate. A ver si este año me da tiempo a montar una discusión sobre el tema en alguno de los cursos que voy a impartir.